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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

“Viva” o cómo satisfacer el deseo de drama de forma conmovedora

Por Carolina Laferre (@femnia), de Trans·socialmedia – Identidades 3.0,

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Escena de la película Viva con Jorge Perugorría y Héctor Medina

Localizado en la vieja Habana, con toda su magnífica arquitectura colonial y ese “esplendor” de pintura descascarillada en tonos brillantes y llenos de exuberancia tropical, se encuentran las calles y callejones decrépitos que puebla el elenco, muy bien dibujado, de parias extravagantes e inadaptados diversos. Es todo tan cinematográfico y tan fotogénico, que casi no necesita más… pero detrás de todo este paisaje de arqueología urbana reside un inconmensurable valor; el valor humano.

El director Paddy Breathnach y su guionista Mark O’Halloran han conseguido crear un hermoso mundo con “Viva”, que no deja de ser una historia difícil de ver pero que conecta inmediatamente con el espectador. A pesar de que se trata de una situación bastante extrema, la idea de tratar de conseguir la aceptación de un padre -o el sentido de su incomprensión- es algo con lo que muchos de nosotros, en 1 de cada 10, estamos muy familiarizados seguramente.

Que un padre te mire y/o admire es algo que todos anhelamos desde bien pequeños… y no siempre es fácil. Paddy consigue excelentes actuaciones de todo el reparto principal, un arduo trabajo que logra suscitar empatía desde el inicio de la cinta, incluso con los personajes más cuestionables. De nuevo, y particularmente, me parece fascinante la actuación de Héctor Medina. Fundamental en casi prácticamente todas las escenas del film, cuya representación andrógina es absolutamente convincente y en donde puede apreciarse la evolución de su propio personaje: de ser la víctima pasiva e introvertida, a “crearse” y “crecerse” dentro de un ser que finalmente toma posesión de su vida.

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Jesús (Medina) trabaja como peluquero para un grupo de artistas transformistas de La Habana, aunque en secreto sueña con pisar el mismo escenario mientras encuentra el valor necesario para llevarlo a cabo. La oportunidad de ser una reina en la escena drag llega cuando el propietario del club -y su mentor- le da la oportunidad de realizarse como nuevo talento del antro que regenta. Pero su padre (Jorge Perugorría), un homófobo intransigente, le exige que renuncie a “ese” su sueño. Ya desde su infancia, Jesús trató de construir una relación con éste sin saber quizás que esto sólo podría llegar a producirse a expensas de abandonar “su” carrera, años después. Los dos -padre e hijo- se esfuerzan por encontrar un lugar en la vida en el que ambos puedan ponerse de acuerdo y en paz con los errores del pasado. Sin embargo, nos encontramos con que el protagonista debe hacer frente a la repentina aparición del ex-boxeador que entra de nuevo en su vida y con cuya actitud áspera se origina una situación aún más conflictiva, demasiada, como para esperar una reconciliación definitiva entre ambos, tras años de ausencia y rechazo parental. Este dilema no deja de provocar una sensación que puede percibirse siempre que se suceden inflexiones “entre hombres” con el fin de seguir adelante en la subsistencia personal e individual de cada cual. Y eso es la vida.. y ese es el grito desgarrador de Viva.

Medina lleva a cabo un trabajo excepcional en el que muestra perfectamente esa lucha emocional que sostiene con su padre porque considera una necesidad vital ser amado por él pero también percibirlo y sentirlo en sus ojos. Por el contrario, la relación se hierve a fuego lento durante la hora y media de película, reflejando un odio como causa de la desidia y desapego familiar, así como el hecho de que un padre no esté de acuerdo con la elección de vida de su hijo. Paradójicamente, no es la homosexualidad el problema (lo que sería demasiado fácil para resolver el guión) sino el “rendimiento” que Jesús provoca encima de un escenario lo que conduce al padre a abrazar elementos de homofobia tras saber que su hijo, no sólo no disfrutaría jamás estar entre mujeres, sino que nunca se convertiría en el hombre “recto” que  él deseaba ver.2

“Viva” cuenta además con una serie de actuaciones de “labios sincronizados” de varios miembros del reparto, aunque de nuevo es Héctor Medina quien destaca. La canalización de la emoción que crea con su personaje, así como sus intervenciones, es cautivadora, logrando que algunas secuencias sean de las más conmovedoras de la película, como síntoma de liberación esencial de todo ese desasosiego reprimido que se acumula antes de cada escena.

Además de las imprescindibles transformistas malintencionadas, tienen carga emocional en la pantalla una madre espiritual, un borracho ex-convicto, un prostituto masculino y un peluquero gay, sin cuyas actuaciones no se darían pautas imprescindibles a este dramático pero inconmensurable guión. “Viva” es una voz de aceptación y amor por los demás, allende de nuestras propias creencias o experiencias personales; una película sobrecogedora y palpitante, que araña el alma hasta rasgar el corazón.

1 comentario

  1. Como minimo parece entretenida

    04 diciembre 2016 | 18:33

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