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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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¿En qué profesiones nos encontraremos más psicópatas?

¿Conoces a algún psicópata? Solo por probabilidad, seguramente sí. Y si no estás muy seguro ya os conté: doce señales no verbales para identificar a los psicópatas. Las personas con trastorno psicopático, o psicópatas, suelen estar caracterizadas por tener un marcado comportamiento antisocial, una empatía y remordimientos reducidos, y un carácter desinhibido.

Según el experto Robert Hare: “Los psicópatas nacen… no se hacen (…) no son solo los fríos asesinos de las películas. Están en todas partes, viven entre nosotros y tienen formas mucho más sutiles de hacer daño que las meramente físicas. Los peores llevan ropa de marca y ocupan suntuosos despachos, en la política y las finanzas. La sociedad no les ve, o no quiere verles, y consiente”.

Están entre nosotros pero no todo psicópata termina convirtiéndose en criminal, no son monstruos (al menos aparentemente), se casan, tienen hijos, conviven en sociedad y, por supuesto, también deben trabajar para subsistir. Pero, dadas las peculiares características de personalidad de estos perfiles psicopáticos ¿qué trabajos preferirán? En un entorno laboral, ¿dónde podemos encontrarnos más psicópatas?

En el libro de Kevin Dutton, con el peculiar título de: La sabiduría de los psicópatas: lo que los santos, los espías y los asesinos en serie pueden enseñarnos sobre el éxito, se enumeran las diez profesiones con más y menos presencia de personas con psicopatía.

Y la siguiente cuestión que viene a la mente es: ¿Por qué ?

La mayoría de las profesiones de la derecha requieren conexión humana, tratar con los sentimientos y la mayoría de ellos no ofrecen mucha sensación de poder. Los psicópatas, por su propia naturaleza, no pueden identificarse ni ser buenos en esas profesiones.

Por otro lado, la mayoría de los roles de la izquierda sí ofrecen poder o liderazgo y muchos requieren una habilidad para tomar decisiones objetivas, racionales, alejadas de los sentimientos. Los psicópatas se sienten atraídos por estos trabajos  y por prosperar y ascender en éstos.

*Fuente: Time

El poder de los introvertidos

Ser introvertido está (injustamente) condenado socialmente. Ya desde niños somos sometidos a órdenes e imposiciones directas enfocadas a sonreír constantemente, a socializar, jugar con los demás, dar besos y ser cariñosos, a ser hablador, a dar grandes fiestas de cumpleaños… Yo soy extrovertida pero me pongo en la piel de quién es opuesto a mí, sobre todo porque he estado rodeada de ellos, enamorada de ellos incluso, y conozco de cerca la presión constante a la que son sometidos de pequeños pero también de adultos.

“Debes ser más extrovertido”, ¿por qué?, no puede imponerse transformarse, ir contra nuestra propia carga genética, y sí, estos rasgos de la personalidad (extroversión/introversión) nacen con nosotros, podemos matizar y suavizar nuestro comportamiento a través de la experiencia y el aprendizaje pero es prácticamente imposible pasar de un polo a otro, y lo que es más, no es necesario.

Más o menos, la mitad de la población es introvertida, casi un tercio, y son descritos de una forma errónea, desvirtuándose así el concepto real del rasgo, En primer lugar, no es sinónimo de “timidez”, que es el miedo al juicio social, la introversión está ligada a cómo se responde a la estimulación que nos rodea, se sienten más activos, capaces y seguros en ambientes tranquilos con menor estimulación. Este hecho, por supuesto, no ocurre siempre, pero sí existe esa tendencia, esa preferencia.

De acuerdo con la experta Susan Cain, la sociedad, la escuela, las universidades, las empresas están hechas a medida para los extrovertidos, diseñadas para ‘funcionar’ con estimulación diversa y constante, y que sostiene que toda creatividad y productividad nacen de un lugar sociable, del contacto, de la participación y el trabajo grupal y, lamentablemente, a los niños a los que no les gusta formar parte de ello se les tacha como atípicos, incluso como un problema; también a los adultos.

Existen cientos de estudios que reflejan los éxitos de los introvertidos en creatividad, puestos de liderazgo, en influencia y persuasión, en resolución de conflictos… pero también hay numerosas investigaciones sobre lo mismo asociadas al rasgo de extroversión y las habilidades sociales. En mi opinión, no es que haya contradicción, es que esta variedad de resultados demuestra que cada uno, con su forma de ser puede llegar donde quiera, conseguir sus metas y ser bueno en lo que se proponga, independientemente de su forma de relacionarse con el mundo.

Os dejo una charla TEDx de Susan Cain, con una duración de 20 minutos, cada segundo de su discurso merece la pena, espero que la disfrutéis tanto como yo, ya seáis introvertidos o extrovertidos 🙂

 

¿Por qué a los extrovertidos les gustan las fiestas y los introvertidos las evitan?

He leído auténticas barbaridades sobre la extroversión y la introversión, bueno, más bien sobre la segunda, ya que normalmente está asociada al polo más negativo y pesimista de la personalidad cuando esto no es así. Se ha desvirtuado popularmente el término introversión, relacionándose únicamente con el aislamiento social, la apatía y el malhumor, algún día (no muy lejano) os contaré (con mayor profundidad) las ventajas de ser introvertido, qué es realmente y cómo se manifiesta.

Hoy nos centraremos en un solo comportamiento: el contacto social con la multitud. Era asumido por la comunidad científica que el cerebro del extrovertido y del introvertido funcionaban de un modo muy diferente. Recientemente, un estudio publicado en la revista Frontiers in Human Neuroscience descubrió que los extrovertidos son más propensos a asociar una sustancia química (dopamina), relacionada con la sensación de bienestar, con el medio ambiente en el que se encuentran en en ese momento.

Estos hallazgos podrían ayudar a explicar por qué los extrovertidos buscan el contacto social de las multitudes, mientras que los introvertidos prefieren permanecer tranquilamente en casa. Los investigadores encontraron que los extrovertidos prefieren la gratificación inmediata y se centran más en los rostros. En el otro extremo, los introvertidos tienden a sentirse abrumados por el exceso de estimulación y prestan más atención a los detalles, lo que se refleja en un aumento de la actividad cerebral al procesar la información visual.

Para desenterrar las raíces de la extraversión, Yu Fu y Richard Depue, neurobiólogos de la Universidad de Cornell en Nueva York, realizaron test de personalidad a estudiantes de primer año seleccionando una muestra aleatoria de 70 personas con una mezcla de introvertidos y extrovertidos. Les fue administrada una sustancia generadora de dopamina y fueron posteriormente puestos a prueba en un entorno de laboratorio.
Las conclusiones del estudio fueron claras: Los extrovertidos asocian fuertemente su entorno y contexto con recompensa, mientras que los introvertidos mostraron poca o ninguna asociación entre el contexto y la estimulación.
Los resultados sugieren que los efectos de la dopamina no se tradujeron en recompensa o motivación para los introvertidos. La diferencia fundamental en la intensidad con que los introvertidos procesan las recompensas de su entorno tiene que ver con un mayor peso de la estimulación interna frente a las señales externas de motivación y recompensa.
Los resultados son un gran paso hacia adelante ya que permiten vincular un rasgo básico de la personalidad como la extraversión con un determinado conjunto de procesos del sistema nervioso, circunstancia que no se había producido anteriormente.

 

 

*Fuente: Livescience

 

¿Te muerdes las uñas? Esto es lo que indica sobre tu personalidad

Tradicionalmente siempre se ha asociado que un sujeto que se muerda las uñas tiene un alto grado de neuroticismo (o inestabilidad emocional). Un indicador inequívoco de un temperamento nervioso, inestabilidad, tensión constante y ansiedad. Sin embargo, y de acuerdo con un nuevo estudio, este y otros comportamientos repetitivos “centrados en el cuerpo” podrían ser señales de algo diferente.

La investigación, publicada en la Revista de Terapia de Comportamiento y Psiquiatría Experimental asegura que el morderse las uñas puede ser un indicador de perfeccionismo.

“Creemos que individuos con estos comportamientos repetitivos pueden ser perfeccionistas, significaría que son incapaces de relajarse y realizar sus tareas a un paso normal. Ellos son, por tanto, propensos a la frustración, la impaciencia e insatisfacción cuando no logran alcanzar sus objetivos“, comenta el Doctor Kieron O’Connor, autor del estudio.

En el experimento, las personas que se mordían las uñas fueron identificados como perfecccionistas organizacionales, un tipo de personalidad marcada por la tendencia a hacer planes detallados y a sobrecargarse de trabajo, y muchas veces se frustran por la falta de actividad. El morderse las uñas y otros comportamientos repetitivos similares es sólo una forma de liberar esa energía reprimida.

“Estos descubrimientos sugieren que los individuos que sufren de comportamientos repetitivos podrían beneficiarse con tratamientos diseñados para reducir la frustración y el aburrimiento, modificando su perfeccionismo”, dijo Sarah Robert, quien ayudó al autor del estudio.

 

 

*Fuente: Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry

 

Los estados de Facebook que revelan problemas de autoestima y narcisismo

Las redes sociales se han convertido en las nuevas herramientas de perfilación indirecta de la personalidad del individuo. De forma tradicional, los psicólogos utilizábamos test para delinear si una persona era extrovertida o no, si era impulsiva o racional, etc. Incluso para diagnosticar trastornos, estas medidas no eran del todo seguras ya que son test autoinformados y por lo tanto falseables o manipulables según la deseabilidad de la persona.

Ahora, estas pruebas estandarizadas, prácticamente no son necesarias sino para corroborar lo que ya podemos extraer por otros métodos más sutiles y fiables. Cada cosa que hacemos proyecta nuestro estado de ánimo, nuestras tendencias de pensamiento, en definitiva, nuestra personalidad, sana o no. Uno de los conocimientos más valorados y útiles es la información sobre el modo de ser, sentir, y actuar de un individuo; sus motivaciones, gustos, hábitos y aficiones pueden permitir la predicción de su comportamiento en distintos escenarios y a lo largo del tiempo.

Centrándonos en esta novedosa ‘vía de proyección’ (Facebook), una revolucionaria investigación científica de la Universidad de Brunel en Reino Unido y publicada en la prestigiosa revista Personality and Individual Differences ha encontrado que las personas que publicaban más estados acerca de sus parejas románticas tenían más probabilidades de tener una autoestima baja.

Por otro lado, las personas que publicaban frecuentemente sobre sus dietas, ejercicios y logros personales tenían más probabilidades de ser narcisistas. Lo cual está motivado por la necesidad de llamar la atención y de ser validados por sus amigos en Facebook. Sus publicaciones también recibieron una mayor cantidad del poderoso “Me gusta” y más comentarios. Para los autores, esto indica que, además, los narcisistas son reforzados por la atención que se les da en la red.

La directora de la investigación, la Dra. Tara Marshall, explica que es importante entender que las personas eligen Facebook porque sus estados son recompensados con los ‘likes’ y comentarios de sus amigos. Las personas que reciben esas aprobaciones tienden a sentirse más incluidos socialmente, mientras que aquellos que no reciben nada se sienten apartados.

Pero también esas conductas pueden repercutir negativamente. A nadie le gusta ver a cada hora actualizaciones sobre la pareja o la dieta de otras personas. Por un momento está bien, pero después terminas evadiendo esos estados.

 

¿Por qué confiamos en un extraño y no en un amigo?

Aplicaciones como BlaBlaCar, Airbnb, eBay, o Uber nos convierten en personas totalmente confiadas, esto ha dado paso a un nuevo efecto social, conocido como ‘el autostop de la era digital‘. Y es que como usuarios, entregamos dinero a un ‘ente virtual’ a cambio de un (supuesto) servicio, un beneficio del que apenas tendremos garantías de recibir correctamente.

Las últimas investigaciones psicosociológicas al respecto muestran que, cuando estas plataformas digitales están bien diseñadas, pueden construir una mayor confianza entre desconocidos que lo que se esperaría entre colegas. El estudio está diseñado en coautoría entre Arun Sundarajan, profesor de la Universidad de Nueva York, Frédéric Mazzella, CEO de BlaBlaCar, y Verena Butt D’Espous, responsable de comunicación de la misma empresa.

Los resultados fueron sorprendentes, el 88% de los encuestados daba total confianza a un miembro con un perfil totalmente digital. Este porcentaje era superior a los niveles de confianza de la gente en compañeros de trabajo o vecinos, sólo el 58% de los encuestados admitió confiar ciegamente en un colega y el 42% en un vecino. De hecho, cuando se trataba de confiar en perfiles extraños de BlaBlaCar para compartir trayecto, los niveles eran casi tan elevados como la confianza en miembros de la familia.

Eso sí, el motivo del éxito de estas empresas virtuales y de esta confianza en los extraños depende de cómo uno se presente en línea. De algún modo en este ámbito también perfilamos las ‘señales virtuales’ de las que disponemos para inferir información que nos haga fiarnos o no.

La receta del avatar en BlaBlaCar para generar confianza es una combinación de características, como por ejemplo: biografías breves, exponer información personal como el nombre real, el número de teléfono y dirección de correo electrónico, las valoraciones que tenga de otros usuarios, o que aparezca el link al perfil de Facebook o LinkedIn. Estos elementos son la clave para incrementar el porcentaje de confianza y seguridad en el servicio que contrataremos.

Y vosotros, ¿os fiáis o no? 😉

 

 

*Fuente de consulta: http://theconversation.com/why-people-trust-sharing-economy-strangers-more-than-their-colleagues-70669

 

Eres lo que hablas: la personalidad se refleja en el lenguaje

8969074091_54be8d8060_bLa polémica está servida. El prestigioso psicólogo James W. Pennebaker asegura poder desenmascarar la personalidad de los escritores con un programa de análisis de textos. “Las estadísticas no mienten” añade. Las investigaciones de este autor mantienen dividido al gremio de los estudiosos de la lengua. Desde hace una veintena de años Pennebaker viene indagando en los escritos la personalidad de sus autores sin analizar la sintaxis, ni considerar los matices del significado, ni siquiera leer el texto, en cambio, sí que tiene muy en cuenta el recuento de palabras insignificantes.

Este investigador de la Universidad de Texas desarrolló su principal instrumento a mediados de los años noventa. Lo llamó Linguistic lnquiry and Word Count (LIWC). El programa de recuento de palabras por ordenador ocupa desde entonces cantidades ingentes de textos. El software extrae del escrito las palabras que denotan alguna señal o característica: ¿Cuán optimista es el autor? ¿Le preocupan temas del pasado o, por el contrario, dominan cuestiones del futuro? ¿Utiliza expresiones que apuntan a argumentaciones complejas? Todo ello junto al propio programa de recuento de palabras ha propiciado la elaboración de un diccionario con 4500 entradas, distribuidas a su vez en más de 70 campos léxicos. De esa manera, se registra la frecuencia con que aparecen en el texto las palabras incluidas en las distintas categorías.

“Soledad”, “llorar”, o “feliz”, por ejemplo, se encuentran agrupadas bajo el epígrafe de “palabras emocionales“, que a su vez se subdivide en los grupos de “afectos positivos” y “negativos”. En estas subcategorías se describen de manera más específica conceptos relacionados con estados emocionales concretos, como “miedo” o “duelo”. Otras de las categorías que recoge el trabajo son “palabras de percepción inespecíficas” (“ver”, “oír”, “sentir”) y de “procesos cognitivos” complejos (”debería”, “pensar”, “porque”). A ello se suma un total de 22 categorías generales referentes a partes de la oración: pronombres, verbos auxiliares, artículos numerales o conjunciones, es decir, palabras funcionales.

Según Pennebaker, el contenido de un texto no supone la clave para desentrañar la personalidad de su autor, sino las palabras aparentemente insignificantes -como pronombres, artículos o conjunciones-, ya que su uso resulta menos consciente. (Captura ejemplar del funcionamiento del software).

Según Pennebaker, el contenido de
un texto no supone la clave para desentrañar la personalidad de su autor, sino las palabras aparentemente insignificantes -como pronombres, artículos o conjunciones-, ya que su uso resulta menos consciente. (Captura ejemplar del funcionamiento del software).

En estudios anteriores la atención se centraba en el contenido. “Ha pasado inadvertido para la psicología el hecho de que las palabras ‘pequeñas’ (‘yo’, ‘nosotros’, ‘uno’, ‘todos’ y similares) permitieran, de una manera particular, atar cabos sobre el comportamiento”, argumenta Pennebaker. “El cómo”, añade, “revela la personalidad”. “El estilo de un texto que se expresa a través de las palabras “pequeñas”, entre otros elementos, resulta poco accesible a la manipulación consciente. Así, la persona que quiere resultar agradable elige las expresiones adecuadas, pero no controla el número de artículos o pronombres que utiliza para ello”, indica.

El problema viene a la hora de interpretar algunos resultados más complejos, ¿qué significa una acumulación de pronombres? Una persona que utiliza muchas negaciones (“no hago eso de mala gana”), ¿es más prudente o sensata que alguien que formula las relaciones de forma directa (“prefiero eso”)?Cuando en un texto aparece con frecuencia el pronombre ‘nosotros’, ¿significa eso que el paciente se halla socialmente bien integrado? ¿O que es tímido y busca ‘escolta’ en el grupo?” Pennebaker y Wolf se muestran de acuerdo: los métodos como el LIWC representan sólo una primera aproximación; la interpretación de los hallazgos se encuentra todavía en pañales.

Os animo, mis queridos lectores, a que a partir de ahora observéis los textos que os llegan por correo electrónico o whatsapp, os sorprenderá descubrir cómo tu pareja, por ejemplo, utiliza recurrentemente una alusión al precio de las cosas, o un amigo utiliza constantemente palabras de índole negativo, o algún familiar que repite exceso un “yo”. Y es que, aun con todas las limitaciones del programa, todos filtramos nuestra forma de ser o de ver la vida a través de nuestra expresión, de las palabras que utilizamos.

Los estudios específicos de este autor con algunos casos reales son muy sorprendentes y reveladores, como la relación del pronombre “yo” con la muerte, el lenguaje de los terroristas, o la aplicación a debates políticos en EEUU… pero estas interesantes aplicaciones dan para otro post en el futuro… ¡no os lo perdáis! 🙂

 

 

 

*Fuente: MenteyCerebro.

¿Qué podemos descubrir a través de la Grafología?

manuscript-1072355_960_720La Grafología es una materia controvertida, no dudo de su utilidad y de un futuro prometedor, pero aun queda mucha investigación científica por delante para poder extraer conclusiones válidas al respecto. No obstante es una conducta personal e irremediablemnte debe filtrar ciertos patrones estables o anímicos de la persona. Por ello resulta muy interesante y la tratamos aquí hoy de la mano de un experto grafólogo como es César Martín.

Si partimos de la premisa de que todo lo que hacemos es una proyección de nosotros mismos, nuestra forma de andar, vestir o cómo damos la mano dan pista de nuestro carácter o de nuestras emociones. También nuestro estilo de escritura revelará rasgos de personalidad, así como otros factores de distinta relevancia. Hay personas que comparan la escritura de una persona con su huella digital, consideran que no hay exactamente dos iguales, porque no hay dos personas que sean exactamente idénticas.

Aunque la grafología viene de lejos, no fue hasta el año 1871 cuando Hippolyte Michón publicó su libro “Sythema de Graphologie” empezando a considerar la grafología como objeto de estudio propiamente dicho. Por ello a Michón se le conoce como 'el padre de la Grafología'.

Aunque la grafología viene de lejos, no fue hasta el año 1871 cuando Hippolyte Michón publicó su libro ‘Systeme de Graphologie’ empezando a considerar la grafología como objeto de estudio propiamente dicho. Por ello a Michón se le conoce como ‘el padre de la Grafología‘.

La Grafología podría definirse como el estudio de los rasgos y trazos de la escritura con el objeto de determinar aspectos de la persona relacionados con los planos afectuosos, volitivos, sociales e intelectuales. A través de un análisis grafológico, la persona entrenada y experta en la materia será capaz de identificar en la escritura manuscrita características inherentes a la personalidad y el modo en que éstas interactúan.

El suizo Max Pulver fue un importante representante de la grafología moderna. Habló sobre el simbolismo del espacio de la escritura en relación al papel. Consideraba la hoja como el mundo donde las personas nos movemos escribiendo. La hoja la dividía en partes, la Zona superior que reflejaba la parte espiritual, las ideas, la nobleza; la zona inferior donde se encontraría todo lo material, lo práctico, la zona media en donde se localizaban los afectos, la zona derecha en donde se situaría el futuro, la extroversión, el progreso y finalmente la zona izquierda en donde encontraríamos el pasado, los orígenes, la introversión.

Dentro de la escritura hay dos zonas muy marcadas donde se debe enfocar el análisis grafológico, el texto y la firma. El texto representa nuestra expresión hacia los otros y la imagen que ofrecemos ante los demás. La firma es un signo muy identitario de la persona, no hay reglas ni normas de cómo debe realizarse. Es por ello el gran valor que tiene, porque refleja nuestro ‘Yo personal’, nos individualiza frente al resto.  Es un reflejo gráfico de nuestros rasgos más íntimos y personales que puede ir acompañado de la rúbrica, un dibujo inconsciente que simboliza los mecanismos psicológicos de defensa de ese ‘Yo personal’. Es sumamente interesante la comparación entre la firma y el texto, pues podemos apreciar si existen diferencias entre nuestro yo social y nuestro yo personal, es decir, si nos comportamos de una manera con los demás aunque  no seamos así.

Cuando se realiza un estudio grafológico se enfoca la atención en lo que se denominó ‘géneros gráficos‘:

  • Orden. Donde se observa el equilibrio interno de la persona, la visión que tenemos de nuestro mundo y como nos desenvolvemos en él.
  • Tamaño o dimensión. Se alude a la autoestima y el autoconcepto, a aspectos de la inteligencia, a nuestra capacidad de concentración.
  • Forma. Se puede determinar la manera de comportarnos socialmente o nuestro nivel cultural.
  • Dirección. Marca las fluctuaciones del estado de ánimo, del humor y de la voluntad, así como nuestro estado de estabilidad y constancia en el carácter.
  • Presión. Expresa la energía vital y la fuerza de nuestro carácter, sentimientos e instintos.
  • Velocidad. Se aprecia el tiempo habitual de reacción, muy ligado a la actividad y a la agilidad mental que tenemos.
  • Cohesión o continuidad. Como nos adaptamos al entorno, si somos más instintivos o lógicos, así como los vínculos que establecemos con los demás.
  • Inclinación. Se aprecia la tendencia de los sujetos en el ámbito más afectivo, sentimental y pasional. Se observa la importancia que la persona otorga a objetos externos y las relaciones con las personas.

El análisis grafológico tiene múltiples aplicaciones, pero siempre partiendo que se trata de una técnica o herramienta con ciertas limitaciones.  Es útil como herramienta de conocimiento personal, pero también en áreas de recursos humanos como selección de personal. Se puede aplicar en compatibilidad de parejas o para ver tus puntos fuertes en relación de una orientación profesional o vocacional. Existen otras áreas que empieza a tener relevancia como el campo de la criminología, en la docencia o en la salud mediante la utilización de la grafopatología o grafoterapia entre otras.

“La escritura es el espejo encantado donde se refleja la faz misteriosa del alma” Matilde Ras.

¿Qué dice tu forma de caminar sobre tu personalidad?

caminar 1¿Qué nos dice sobre Putin su forma de caminar? Casi sin querer, todos nosotros al verlo podríamos extraer conclusiones inmediatas sobre su personalidad, basándonos tan solo en su manera de andar. A través de los diferentes canales de comunicación no verbal también podemos inferir ciertos rasgos de la personalidad de alguien. Toda conducta refleja patrones internos más o menos estables, y una de ellas es la acción de caminar. Un fantástico artículo de la BBC: What your walk really says about you, pone de manifiesto las diferentes investigaciones al respecto con asombrosos resultados.

Una de las primeras investigaciones científicas sobre la relación entre el caminar y la personalidad fue publicada en 1935 por el psicólogo Werner Wolff. En su estudio filmó a cinco hombres y tres mujeres sin que lo supieran, mientras realizaban una prueba de lanzar aros. Los sujetos vestían con un mono de trabajo, que impedía que se vieran características adicionales sobre sus respectivas personalidades. Wolff encontró que los observadores sacaron conclusiones sobre los sujetos grabados basándose en la manera en la que caminaban, y que muchas veces coincidían entre sí. Los experimentos modernos son más sofisticados, y la tecnología permite transformar el caminar de una persona en un punto de luz en un fondo negro, o puntos blancos que demuestren la movilidad de cada parte del cuerpo humano. De esta manera quedan fuera otros elementos y nos podemos concentrar en lo que nos dice el movimiento al caminar.

En los años 80, psicólogos estadounidenses determinaron dos grandes formas de caminar, a través de experimentos con sensores de luz conectados al cuerpo de los individuos: un modo más juvenil y uno más viejo. El primero implica un ritmo más dinámico, más vaivén de las caderas, movimiento de brazos más acentuado y los pasos más rápidos; mientras que el segundo es rígido y lento, con el cuerpo más inclinado hacia adelante. Los observadores asumieron que las personas que caminaban con un estilo juvenil eran más felices y más potentes. Esto fue así incluso cuando la edad se hizo más aparente al descubrir la cara y el cuerpo de los participantes en los experimentos.

Resultados posteriores coinciden con los estudios anteriores sobre los dos grandes estilos de caminar, aunque los describieron de manera algo distinta: El primer estilo es más extrovertido, despreocupado, cálido, confiable, y con un cierto toque aventurero, de acuerdo con los observadores. El segundo fue percibido como lento, relajado, que transmite estabilidad emocional.

Más allá de lo seguros o inseguros que parecemos al caminar, hay un elemento más alarmante en lo que proyectamos: el hecho de ser percibidos como vulnerables. Ya comentamos que ciertos patrones de nuestra comunicación no verbal nos pueden convertir en más vulnerables de diferentes ataques. Algunos de los primeros hallazgos en estos estudios mostraron que los hombres y las mujeres con unas zancadas más cortas, y con un balanceo más reducido y lento de los brazos, tienden a ser vistos como más vulnerables (nótese la similitud con el estilo de caminar de más edad encontrada en la investigación de la personalidad). Un estudio japonés bastante inquietante, publicado en 2006, agregó más elementos sobre este punto.

caminarEl experimento pedía a un grupo de hombres decir qué tan probable era que charlaran con intenciones de seducir o, inapropiadamente, tocar a diferentes chicas jóvenes vistas en una pantalla a través de los sensores de luz y movimiento. En base al caminar de las mujeres, los hombres decían sentirse más propensos a hacer avances indeseados hacia las mujeres con rasgos de personalidad más vulnerables, tales como ser más introvertidas y emocionalmente inestable. Esta característica adquiere un rasgo escalofriante si se tiene en cuenta que otras investigaciones demuestran que sujetos que se encuentran en prisión, con amplios registros por conductas psicópatas, son particularmente precisos al detectar a personas que han sido atacadas en el pasado, solo con ver un vídeo de ellas caminando. Esto concuerda con la evidencia aportada en casos dramáticos como los del asesino en serie Ted Bundy, quien dijo que podía “identificar a una víctima por la forma de caminar por la calle”.

Cuidado con imitar, estas investigaciones traen a colación otro tema de estudio: ¿podemos adaptar nuestra forma de movernos para cambiar la percepción que proyectamos a los demás? Algunos estudios sugieren que puedes aprender a caminar de cierta forma que transmitas un mensaje de invulnerabilidad: pasos rápidos, largas zancadas y fuertes movimientos de los brazos. Esto ha sido una recomendación para las mujeres en ambientes menos seguros. No obstante, los psicólogos que han estudiado los perfiles de personalidad asociados con estos estilos de andar dicen que no hay claridad sobre la posibilidad de aprender aspectos específicos del caminar. De modo que lo más recomendable es no empeñarse con mucha intensidad en aparentar ser otro, porque lo más probable es que termines siendo una imitación cómica de John Wayne.

 

¿Cómo es el mejor mentiroso?

4341684232_f89c70578e_z (1)La detección de la mentira es uno de los campos más intrigantes de la conducta humana, está íntimamente relacionada con el análisis de la conducta, de la comunicación, y también de la tipología de personalidad que poseemos. En prácticamente todos los foros a los que acudo me preguntan: “¿quién puede ser el mejor mentiroso?” y a mi siempre me encanta devolver la pregunta “¿cómo crees tú que será el buen mentiroso?” Y es que la investigación científica al respecto da la razón a las creencias populares sobre la personalidad del individuo tendente al engaño, en cantidad y calidad.

Las personas que son más manipuladoras (medido este rasgo por una escala de maquiavelismo y habilidad social) engañarán a los demás con más frecuencia que las personas que son menos manipuladoras. Los manipuladores tienden a cuidar muy bien de sí mismos, de su imagen, por lo que también cabría pensar que los mentirosos son por lo general las personas que no se preocupan por los demás. Pero esto no es totalmente cierto. Los mentirosos frecuentes también pueden ser personas que se preocupan mucho por los demás. Lo que les importa, en particular, es lo que otras personas piensan de ellos.

Este tipo de personalidad describe a las personas que siempre están preocupados por la impresión de qué están proyectando hacia el resto del mundo: “¿Qué va a pensar de mí si le digo la verdad?”, “¿Va a pensar que soy un perdedor si hago esto?” Curiosamente, estas personas son conscientes de todo lo que mienten más de lo que podría reconocer cualquiera. Este hecho es digno de mención, puesto que normalmente la gente se auto-evalúa en el top de la escala de honestidad cuando realmente esto se demuestra que no es así.

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