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La Isla de las Tentaciones: Por qué Fani se ríe al ver su infidelidad y Cristopher reacciona con ese grito desgarrador

Me lo habéis preguntado muchísimo. ¿Las emociones que vemos en el exitoso programa de televisión son reales o fingidas? Y lo cierto es que el reality de ‘La Isla de las Tentaciones‘ ha ido adquiriendo una trama de comportamientos y relaciones complejas que parecen más propias de un guion hollywodiense que de la vida cotidiana. Pero la realidad supera casi siempre a la ficción, y no hay mayor prueba que el caso que nos ocupa.

El análisis daría para mucho y para centrarse detenidamente en cada uno de los protagonistas del programa pero nos vamos a quedar con Fani y Cristopher, por razones obvias. Sus conductas son las que más han trascendido e incluso viralizado en redes sociales.

Al grito de ¡Estefaníiiiiiaaaaaa! hemos podido ver (pincha aquí para acceder al vídeo) una de las reacciones más desgarradoras de la historia de la ‘telerrealidad‘. Cristopher se muestra fuera de sí cuando ve en una pantalla que su pareja durante 7 años le ha sido infiel, y, en principio, podemos descartar que tanto Cristopher como Fani se dediquen a la interpretación profesional, ni están formados ni preparados para fingir de tal manera.

Sí, su lamento fue sentido, espontáneo y totalmente impulsivo. Podemos ver el alto grado de la emoción de ira que se dibuja en su rostro, mezcla además de la desesperación y la tristeza con rabia extrema que podemos observar en su lenguaje corporal, se levanta de forma rápida, agresiva, los movimientos del cuerpo están descontrolados.

Cuando la furia es muy fuerte, la emoción va acompañada de cambios fisiológicos, como el aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial; así como una elevación de ciertas hormonas en sangre. Esta ira que observamos es una respuesta natural ante la amenaza (física o sentimental) con un comportamiento de lucha y defensa cuando nos sentimos atacados.

La rabia surge ante condiciones que generan frustración, interrupción de una conducta motivada, situaciones injustas, o atentados contra valores morales. Como vemos, en este contexto está más que justificada esta reacción.

Cristopher continúa con un proceso mental también propio de esta emoción de ira real: Focaliza toda su atención en los obstáculos externos que impiden la consecución del objetivo o son que son responsables de su frustración, cae en un estado de obnubilación e incapacidad para racionalizar la situación. Corre hacia la playa para ir en su búsqueda, la llama gritando su nombre, ignorando que era físicamente imposible llegar hasta ella o que ésta le escuchase.

Por otra parte observamos la insólita reacción de Fani cuando, en la confrontación con Cristopher, visualizan juntos las imágenes de su infidelidad. Se tapa la cara (siente la emoción de vergüenza), pero se ríe. Y se ríe mucho. ¿Por qué reacciona de esa forma?

Hay dos posibilidades: Tiene un ataque de lo que se conoce como risa nerviosa o inapropiada por los nervios o, segunda opción, muestra tal indiferencia porque la que ya considera su expareja que la situación le resulta cómica.

Respecto a la primera, a todos nos ha pasado alguna vez, estás hablando de algo muy tenso, y tu cuerpo responde riendo, esta sonrisa o carcajada nerviosa es una respuesta psicológica a la ansiedad y la tensión, nuestro cerebro nos hace reír para aliviar la tensión, incluso si realmente no queremos. Se trata de un mecanismo de defensa que se activa cuando nos enfrentamos a algo traumático o angustiante.

La segunda hipótesis no es tan benevolente. Decía Schopenhauer que “gozar de la desgracia de otros es demoníaco”. Disfrutar de la desgracia ajena se debe principalmente a tres causas: la agresión, es decir, regocijarte de que tú ganas y el otro pierde; el sentimiento de justicia al ver roto a alguien que consideramos que se lo merece y por último, una rivalidad personal profunda motivada por la venganza, la envidia o el rencor.

¿Qué pensáis que le puede haber ocurrido?

¿Miente Ábalos? Análisis no verbal

La polémica con el ministro José Luis Ábalos, por la ‘reunión-no-reunión’ con la vicepresidenta de Venezuela en España, continúa dando de qué hablar. Parece que no llegamos a conocer del todo lo que ocurrió y ya van hasta 5 versiones diferentes sobre el encuentro.

Anoche el ministro de Transportes se enfrentó, en el programa de ‘El Objetivo’ de la Sexta, a las preguntas de Ana Pastor (por cierto, no os perdáis su rostro de incredulidad durante casi toda la entrevista).

Prácticamente al inicio ya se produce un lapsus linguae muy significativo. “Ha dado hasta cinco versiones diferentes, ¿de verdad cree que lo ha hecho bien? “No-sí”, responde un apresurado Ábalos. Parece que ya no empieza con buen pie…

Lo que está claro es que no es una situación relajada que aprovecha para dar sus sinceras explicaciones. Está tenso y con importante estrés, sus gestos automanipuladores son los protagonistas, se entrelaza los dedos de la mano con más y menos presión durante toda la entrevista y se ajusta la chaqueta en numerosas ocasiones.

Son gestos sin significado en sí mismos, sin función concreta más que la de descargar tensión, nuestro cuerpo las realiza de forma involuntaria como ‘muletillas’ del nerviosismo experimentado internamente.

Otro gesto que repite frecuentemente es el de encogerse de hombros, ¿cuándo lo hacemos? cuando dudamos; este movimiento es un emblema que tenemos muy interiorizado del ‘no lo sé’, ‘no estoy seguro’, duda, falta de convicción en lo que uno dice o falta de memoria.

También es destacable el titubeo cuando relata el momento de la visita, va a la pista, sube al avión, está solo… Fijaos cómo desciende de forma notable la velocidad del habla, ralentiza el ritmo. Esto es producto de lo que se conoce con ‘carga cognitiva‘, su cerebro está tan focalizado en controlar lo que va a decir que consume todos los recursos descuidando o siendo incapaz de mantener un ritmo normal del habla.

Ábalos intenta por todos los medios parecer despreocupado y tibio ante la importancia de la situación, véase su rostro en el momento de pronunciar que el encuentro “dura unos 20 o 25 minutos”, pliega los músculos de la cara y entrecierra los ojos, es una emoción social de indiferencia para conseguir neutralidad y credibilidad.

Refuerza también lo anterior con sonrisas y carcajadas breves pero intensas, en cualquier caso desmedidas y fuera de contexto, de esta manera quiere proyectar igualmente indolencia y despreocupación, pero no son coherentes ni al momento ni al resto de su comunicación no verbal.

No os perdáis el vídeo y espero vuestros comentarios!! Y os hago pregunta para nota: ¿Echáis en falta alguna emoción? ¿Qué emoción cabe esperar en el rostro de alguien acusado injustamente de algo no cometido?

 

Luis Enrique, un enfado que traspasa el terreno profesional

El puesto de seleccionador de nuestro equipo de fútbol nacional se ha convertido en todo un culebrón (pincha aquí para conocer la historia en detalle). El caso es que tras la vuelta de Luis Enrique en la dirección del equipo ya no quiere a su sustituto, Robert Moreno (y anterior segundo) a su lado. Esta mañana ha concedido una rueda de prensa para comunicar la decisión y explicar sus motivos para ello.

Efectivamente su lenguaje corporal es coherente con lo que dice al inicio de su intervención: se siente obligado a dar más explicaciones de las que debería. Aunque su vuelta debería ser un motivo de alegría (mínima aunque sea, tras la tragedia personal) y de satisfacción, no lo está siendo para nada, se ha convertido en una fase amarga, no hay un ápice de felicidad ni si quiera de serenidad en su actitud.

Lo que podemos apreciar en toda su aparición pública es la tensión, lo vemos con las arrugas marcadas constantemente en su frente y las cejas arqueadas, proyecta un rostro espantado, con esfuerzo mental y concentración, mide cada una de sus palabras y controla todo lo pronunciado, de ahí ese estrés emocional que se filtra en su rostro y en su cuerpo.

Además aprieta constantemente los labios, indica represión emocional y del discurso (refuerza el control antes mencionado) y también va asociado con la ira. Realiza asimismo fuertes y profundas respiraciones, le falta el aire e intenta autocalmarse a través de la inspiración honda.

Fijaos por ejemplo en el momento en el que dice que él es el único responsable de la decisión, en la vehemencia de su defensa y en la claridad con la que lo comunica, realmente se compromete con las palabras y con los gestos. También está claro que la afectación emocional que padece no se reduce al terreno meramente profesional, las emociones más intensas y el impacto que proyecta por su conducta se relacionan con un daño más profundo, más personal.

De hecho, también deja entrever con sus palabras que el ‘reproche’ a Robert es más íntimo: “El desencuentro con Robert Moreno acontece el 12 de septiembre (tiene la fecha exacta bastante presente, recordamos lo que nos emociona y nos marca, tanto para bien como para mal) el único día que tengo contacto con él” (remarca ‘el único día’, es decir, no se ha interesado por él en todo ese tiempo).”Desgraciadamente no es una cosa que me pille de sorpresa. Lo veía venir, por los no acontecimientos en todo este tiempo” (echa en falta algunos gestos por su parte que esperaba que se dieran y no lo hicieron).

Continúa. “Es ambicioso (terreno profesional) pero para mí es desleal (terreno personal)“, fijaos como exhala la palabra ‘desleal’, le libera pronunciarla, le desahoga. Seguidamente, dice “no lo quiero a mi lado, es así de sencillo y de claro“. La expresión en su rostro de desprecio en este momento es bastante visual (elevación unilateral de la comisura labial) indica rechazo y superioridad moral hacia el otro, se considera en un plano más elevado (es un ‘yo estoy por encima de esto y de ti’).

Yo resumiría esta rueda de prensa en dos aspectos: Primero, está enfadado y muy tenso, obvio, pero también muy dolido a nivel personal con Robert. Y por otro lado, está claro que lo que sí ha sido es sincero, su lenguaje corporal es totalmente congruente con cada palabra que pronunciaba, lo hacía con ahínco en los hechos más centrales, las pausas, la tonalidad de la voz y el dinamismo corporal denotan la convicción en lo que uno dice, los gestos ilustradores y la movilidad en el cuerpo se asocian con un mensaje sentido, cuando mentimos nos paralizamos, no realizamos gestos con las manos ni con el rostro, al mentir se produce tanta carga cognitiva que el resto de recursos de la oratoria se paralizan, y este no es el caso.

 

Las primeras reacciones de Susana Díaz tras la sentencia de los ERE de Andalucía

Tras 48 horas después de la publicación de la sentencia condenatoria a los responsables del caso ‘ERE de Andalucía‘,  Susana Díaz concede una esperada entrevista al programa de ‘Al rojo vivo’ de la Sexta.

Susana Díaz en 'Al Rojo Vivo' tras la sentencia del caso ERE de Andalucía

Susana Díaz en ‘Al Rojo Vivo’ tras la sentencia del caso ERE de Andalucía

Verbalmente se limita a eludir toda responsabilidad, suya, por supuesto, pero también del partido, remarca una y otra vez que es pasado, que no hay ningún implicado en activo, pero también pide perdón porque “ocurrió algo bochornoso y lamentable”.

En esta frase se observa la evasiva, “ocurrió” indica una acción azarosa e incontrolable, indeterminada sin responsable de la acción; la palabra “algo” se desmarca de describir el hecho central, evidentemente Díaz elude pronunciar palabras de impacto como pudieran ser: desfalco, corrupción, malversación, etc. Palabras genéricas como ‘algo’, ‘cosas’, ‘eso’, sirven para enmascarar aquello que no queremos oír ni asumir.

Respecto a la ‘lectura’ de su comportamiento no verbal, Susana nos lo pone fácil, es una persona muy expresiva y su lenguaje corporal filtra emociones que ella controla y maneja pero también otras espontáneas, prácticamente inconscientes para ella, como el gesto que observamos con sus manos, un gesto que prácticamente se vuelve postura porque se mantiene en el tiempo, y es el de agarrarse fuertemente las manos, vemos la presión y la tensión que se ejerce a sí misma.

Es un gesto automanipulador que proyecta el estrés y la ansiedad del momento, por mucho que intente sonreír y transmitir tranquilidad, su cuerpo tiene que descargar la tensión de alguna forma, lo hace a través de sus manos, en algún momento abandona este gesto para realizar otro con diferente forma pero similar significado.

Es muy curioso, se abraza a sí misma, cruza sus brazos de una forma muy peculiar, se autoconsuela, es otro gesto automanipulador pero que además de comunicar el nerviosismo y la incomodidad, intenta autoreconfortarse, porque el cerebro así lo cree conveniente, pone todos los medios a su alcance para ‘relajar’ la rigidez corporal.

En su rostro vemos perfectamente las emociones de culpa y vergüenza, aprieta los labios, mirada baja, en algunos momentos incluso perdida, encogiendo los hombros con una postura muy apocada, también vemos tristeza, con la triangulación de las cejas, asco en ciertos momentos, con la contracción del músculo nasolabial, expresando así su rechazo, e ira, frunce el ceño cuando habla de ‘lo ocurrido’.

De alguna manera, se siente responsable y sinceramente le parece deshonroso e inmoral aunque su ‘papel’ y lo que le toca ahora es tratar de minimizar la implicación directa del partido.

Sí, lo sé, me falta una emoción que aparece repetidamente. Los más expertos ya en análisis no verbal veréis desprecio, elevación unilateral de la boca, pero es cierto que forma parte de la línea base de su expresión habitual, ella normalmente habla con desprecio de casi todo y en muy diferentes contextos, es casi como un tic en la pronunciación de las palabras, forma parte de su repertorio de comunicación, de su personalidad, denota ciertos rasgos de superioridad moral e intelectual y tiene una actitud condescendiente con el resto.

¿Qué os parece!

 

La contención emocional de Rivera para no derrumbarse

Albert Rivera siempre ha sido un orador fantástico, sobre todo cuando corrigió su nerviosismo y aceleración en el discurso que le impedía conectar con la audiencia.

Aprendió la calma en el ritmo o el poder de los silencios, pero de forma natural, siempre ha sido muy generoso en la expresión facial de sus emociones y en sus gestos ilustradores, aquellos que acompañan y bailan armónicamente con las palabras proyectando credibilidad en lo que uno dice.

Pero sin duda, su dimisión ha sido su comparecencia más sincera y emotiva. Todo un ejemplo que ilustra que los políticos también saben hablar ‘de verdad’,y  que otra cosa es que no quieran o no les interese porque se exponen, porque ser emocional está ‘mal visto’, porque pueden fallar, porque cuando una comunicación no se prepara puedes brillar pero también desbaratar la ‘digna’ imagen que quieren mantener.

Su mensaje se estructura en dos partes: la dimisión y el abandono por completo de la política, de la vida pública. En la primera parte es coherente, emocional, si dice que ha disfrutado lo expresa con sinceridad, si dice que se siente orgulloso su cuerpo exterioriza ese sentir.

Pero en el tercio final de su comunicado comienza una lucha encarnizada contra sí mismo. Cuando comienza a nombrar a su familia, pareja y amigos, la conmoción se intensifica hasta tal punto que debe controlar su escalada emocional para no desmoronarse; su lenguaje corporal cambia por completo, en esta parte se dispara y exhibe la contención y la represión afectiva que experimenta.

Le tiembla la voz, se alteran las respiraciones, realiza cabeceos, de ésta manera ‘sacude’ los pensamientos que le bloquean, aprieta los labios y la mandíbula, el indicador más visible de represión emocional, inspira fuertemente, traga saliva y cierra los ojos, es decir, se concentra en controlarse y recomponerse.

Lo pasa realmente mal pero nos ofrece una clase magistral sobre cómo las emociones nos influyen, no pueden controlarse en situaciones de alto impacto y nuestro lenguaje corporal filtra irremediablemente lo que sentimos en cada momento.

Un incómodo pero convincente Abascal en El Hormiguero

No fue así toda la entrevista, al inicio, Santiago Abascal entraba alegre, tranquilo, amigable y hasta divertido. Veíamos cómo todo eran sonrisas sinceras por la activación del músculo orbicular del ojo (patas de gallo), estaba realmente contento de estar ahí, relajado.

Duró poco. Su rostro, gestos y posturas se fueron transformando en seriedad, nervios, contrariedad, parálisis corporal (por el aumento de la tensión y el estrés) y a nivel fisiológico llegó la consecuente sudoración corporal y la sequedad de boca.

Parece que las preguntas de Pablo Motos pillaron totalmente descolocado al líder de VOX, quien no se esperaba una entrevista tan áspera; el lenguaje corporal del entrevistador también es para analizar, intenta mostrarse afable y neutral pero está claro que no lo consigue, es una persona muy expresiva y se nota a la legua cuando sí que conecta y es benevolente (caso Rivera) y cuándo le ocurre todo lo contrario (Abascal o Iglesias). Ayer, anormalmente, se le veía notablemente nervioso también.

Abascal, en alguna ocasión incluso contestaba titubeante, recurría a eternos silencios (en un contexto de comunicación en público) antes de responder y escoger unas palabras nada políticamente correctas. Si algo destacaría de este líder político es precisamente eso, creo que estamos ante la primera ocasión en la que un aspirante al Gobierno de España no elige lo que quiere decir, lo suelta sin más.

Admite sin tapujos que su experiencia laboral fuera de la política ha sido nula (como la de casi todos los políticos de este país, por cierto) y que además fracasó con su empresa privada, a la que solo mantuvo unos meses antes de cerrarla. Que no se siente orgulloso de su paso por un ‘chiringuito’ de la comunidad autónoma de Madrid y que por eso precisamente ahora representa a propuestas políticas que intentan eliminarlos.

Y continúa con respuestas que ‘suenan mal’: ¿Qué hacer con los menores extranjeros no acompañados que entran ilegalmente? “Deberíamos expulsarlos”. ¿Qué haría con las vallas de Ceuta y Melilla? “Las haría más grandes y enviaría al Ejército”.

Hay palabras de alto impacto emocional que no deberían utilizarse en un discurso público… ¿o sí?

Estas palabras pueden resonar en nuestro cerebro casi como si de palabrotas se trataran, entran directamente a nuestra parte más profunda y emocional por ser directas, férreas y por tanto, se convierten en memorables. Una estrategia arriesgada pero eficaz para desmarcarse en las formas de la política tradicional y marcar un punto de novedad que capta, cuanto menos, la atención de los espectadores.

Sus convicciones son muy polémicas, pero las tiene y las expresa como tal, le da igual convencer (tal y como él mismo manifestaba) y esta premisa despierta la credibilidad de la audiencia. Un político que no me quiere convencer de nada y dice las cosas tal y como las piensa es todo un acontecimiento en el mundo de la comunicación. Y puede que funcione.

Mientras anoche analizaba la entrevista, un familiar mío me escribía un mensaje que decía: “El tema está en que yo no estoy de acuerdo con más de la mitad de las cosas que dice, y aún así no tengo ninguna duda en que les votaría.”

 

A pesar de las sonrisas, Pedro Sánchez no está contento con las elecciones

El rey de las sonrisas del panorama político siempre ha sido Pedro Sánchez, sonrisas además bien ejecutadas, de esas sonrisas bonitas y creíbles. Pero como ya sabemos, las sonrisas nunca son aisladas y se interpretan en un contexto, que en el caso de anunciar las elecciones, no fue muy positivo.

El actual presidente del Gobierno intentó gestionar las emociones positivas para transmitir optimismo y confianza y no parecer alterado o enfadado. Pero es difícil. Finalmente cuando se relajó se filtraron emociones que no iban en consonancia con la auténtica expresión sincera de la alegría.

Lo que más destaca es la represión emocional, el control más absoluto de su lenguaje corporal; visible por la presión continua en su mandíbula y labios, los aprieta con fuerza casi a lo largo de toda su intervención, lo cuál proyecta tensión y contención.

Tal y como detecta mi compañero y amigo José Luis Martín Ovejero en su blog, hay tres momentos de intensidad emocional muy negativa: Ira, cuando anuncia la fecha de las elecciones. Tristeza, cuando habla del bloqueo de sus presupuestos y desprecio cuando dice que “vivimos en un país en el que cabemos todos”.

Podréis observar cómo a veces las sonrisas son solo un decorado de nuestro estado emocional, y por más que intentemos que sea nuestra carta de presentación, es difícil mantener el control en una situación de alto impacto emocional.

Cómo reconocer a una persona neurótica

Tradicionalmente, siempre necesitábamos de test de personalidad para reconocer los rasgos que cada uno tiene. La tendencia última, en este sentido, ha evolucionado hacia la perfilación indirecta de la personalidad, es decir, detectar ciertos rasgos a través de la mera observación de la conducta, esto es, de sus movimientos, de su forma de hablar, de caminar, e incluso por sus rutinas diarias, su coche, su nevera, su mesa de trabajo… Las investigaciones científicas en psicología de la personalidad han ido asociando cada uno de estos comportamientos con ciertos patronés genéticos y estables del carácter, de modo que no sean necesarias las pruebas estadísticas para hacerte una idea del tipo de personalidad que tienes ante ti.

Está mucho más claro saber valorar si una persona es extrovertida o introvertida, racional o emocional, pero se complica con el rasgo del neuroticismo. Éste se define como inestabilidad emocional, ansiedad, preocupación, tensión y con tendencia a la culpabilidad (no tienen por qué estar presentes todos, pueden cumplirse unos u otros, depende del nivel del rasgo que tengamos). Los rasgos de personalidad nos encasillan pero también, según su nivel y su combinación con otros rasgos, marcan las diferencias, no será igual una persona extrovertida que puntúa 96 en neuroticismo a una persona introvertida que puntúa 72 en neuroticismo.

Tomando como referencia el estado más puro y amplio del neuroticismo, observarémos que incluso en conversaciones informales, parece que se mueven más y constantemente que el común de los mortales, ya sea mordiéndose o clavándose las uñas o sacudiendo las piernas, se conocen como gestos automanipuladores, nos tocamos a nosotros mismos, a nuestra ropa o a objetos de alrededor para soltar tensión e inquietud.  Estas conductas repetitivas pueden ser puntuales, por un estado concreto de nerviosisimo, pero si son habituales en la línea base de comunicación de alguien son muestra de personalidades neuróticas.

Según Atsushi Oshio, de la Universidad de Waseda (Japón), los malos hábitos de morderse las uñas y agitar las piernas pueden ser perjudiciales para la salud. Particularmente en Japón, sacudir las piernas se considera altamente indeseable. Esta conducta puede que no tenga repercusiones tan graves en otras culturas pero sí transmiten falta de confianza, por ejemplo en una entrevista de trabajo, y da pista de una personalidad inestable, tal y como apunta el experto “tales hábitos contribuyen a un sentimiento de desintegración en lugar de un sentimiento unificado y equilibrado“.

Se ha observado que el morderse las uñas generalmente desaparece como comportamiento integrado cuando pasamos la etapa de la adolescencia, por tanto, de entrada ya se asocia a una conducta infantil, imadura e insegura. Muchas personas con neuroticismo alto pueden cambiar morderse las uñas por otras conductas repetitivas que no están tan ‘mal vistas’ socialmente, por ejemplo, masticar chicle o girar el cabello. Según Oshio, estas acciones se producen como un mecanismo para afrontar el estrés, como un comportamiento inconsciente que las personas no pueden inhibir fisiológicamente.

 

*Fuente:  Psychology Today – Oshio, A. (2018). ¿Quién agita las piernas y se muerde las uñas? Comportamientos repetitivos autoinformados y rasgos de personalidad. Estudios psicológicos.

El lenguaje corporal de Ariana Grande con el obispo gritaba miedo

La imágen de Ariana Grande con el obispo que ofició el funeral de Aretha Franklin ha dado la vuelta al mundo, ya que éste agarró a la cantante de forma férrea e inapropiada, los dedos de su mano tocan el pecho de la joven. Algunos han dudado de las intenciones del obispo, y esto efectivamente no podemos saberlo. Lo que sí que podemos afirmar con seguridad es que Ariana no se sintió bien ese momento.

Su rostro es expresivo de la emoción de miedo, los ojos están espantados, reacción propia del estado intesivo de alerta; esta emoción se refleja en el sistema límbico, que se encarga de regular las conductas relacionadas con la huida, la lucha y la conservación, normalmente a través de la parálisis, en este caso, a la cantante no le quedaba otra que la parálisis, aunque su cuerpo intentaba huir de forma involuntaria.

Esto ocurre en un lapso mínimo de tiempo. Su risa era nerviosa y de circunstancia, todo su cuerpo emanaba tensión e incomodidad. Vemos perfectamente además cómo ella intenta alejarse para poner distancia entre los dos cuerpos. Esta imágen habla por sí sola, su lenguaje corporal gritaba escapar del momento.

Cristiano Ronaldo ¿feliz en la Juve?

Cristiano Ronaldo. EFE (Imagen de archivo)

Cristiano Ronaldo. EFE (Imagen de archivo)

Actualmente, el portugués está en el candelero por su traslado del Real Madrid a la Juve, hecho que no trascendería más allá si no fuera porque sus últimas declaraciones parecen ser demasiado halagadoras y repletas de elogios a su nuevo Club en detrimento del anterior, por el cuál parece que ahora siente cierto rencor.

Cristiano Ronaldo nunca decepciona en sus apariciones públicas, tiene un perfil de personalidad bastante expresivo y le cuesta reprimir sus emociones, es un claro ejemplo de que el ‘rostro es el espejo del alma’, para bien o para mal al exmadridista se le nota todo en la cara y no puede disimular sus verdaderos sentimientos a pesar de que intente controlar su mensaje verbal.

Recientemente ha respondido a unas preguntas sobre su nueva vida (que por el formato más bien parece el vídeo de un interrogatorio) en las que aparece en un super primer plano bien iluminado; las imágenes son perfectas para analizarlas porque se pueden apreciar las microexpresiones del rostro con bastante nitidez, algo que no suele ser frecuente (el vídeo original fue publicado en el canal de YouTube del Real Madrid).

¿Y qué nos dice Cristiano Ronaldo a través de su lenguaje corporal? De entrada parece que le cuesta hablar del tema, no comunica con naturalidad cuando habla de su cambio a la Juve, le cuesta dar explicaciones, está tenso e incómodo; esta reacción no suele ser habitual cuando hablamos sobre algo de lo que nos sentimos orgullosos y nos hace sentir alegres.

Esta actitud se refuerza con las numerosas expresiones de desprecio que podemos apreciar durante el vídeo. La que más me ha llamado la atención es la que se observa cuando dice que ahora sí que está en su momento top. El desprecio no es una emoción positiva, indica aversión, odio, indignación, rechazo y amargura, por supuesto, en diferentes niveles de intensidad, pero sea el nivel que sea, la persona que la emite no está experimentando sensaciones agradables.

Os dejo el vídeo editado por mi compañero José Luis Martín Ovejero, fantásticos los detalles que se aprecian a cámara lenta.

¿Qué os ha parecido? 🙂