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Pablo Iglesias se disculpa con Mariló Montero ¿es sincero?

El principal representante de Podemos, Pablo Iglesias, reconoció hace unos días que se arrepentía de sus apreciaciones en el pasado sobre la situación en Venzuela porque sí, ahora reconoce, “la situación allí es nefasta”. Además, se disculpaba con Mariló Montero ya que hace años se filtraron unos comentarios de él hacia ella que no fueron nada afortunados (“la azotaría hasta que sangrara”).

Sus palabras exactas fueron: “Siento mucha vergüenza de haber hecho en un mensaje de Telegram privado una broma machista imperdonable. A veces he hecho comentarios que cuando lees después dices: es impresentable. Ahí lo que uno puede hacer es pedir disculpas y decir: Lo siento mucho y esto lo hice mal“.

A nivel de análisis textual, existe una evidente evasiva, se distancia del hecho hablando de forma indeterminada, distanciandose de su acción, eludiendo su responsabilidad, utiliza generalizadores y evita decir un ‘yo’ y comprometerse (‘lo que uno puede hacer’, ‘esto lo hice mal’). Este criterio determinaría que siente más culpa y vergüenza por las repercusiones (sociales y/o personales) que arrepentimiento sentido.

Analizando su expresión facial, sí que apreciamos un rechazo manifiesto hacia el error cometido. Sus expresiones al pronunciar las palabras anteriores son de ira y de asco (tal y como se aprecia en el fotograma). Tal y como comentaba mi colega de profesión José Luis Martín Ovejero en su análisis: “Se detectan miradas bajas y perdidas propias de la vergüenza“. Se implica a nivel personal, no con sus palabras pero sí con sus gestos, señalándose a sí mismo.

En mi opinión, las disculpas son sinceras pero hay un punto evasivo en su lenguaje que le distancia del hecho, no admitiendo del todo su responsabilidad, este patrón puede ser coherente también con un estilo de personalidad dominante, racional y con predominancia del orgullo propio.

¡Me gustaría conocer vuestras opiniones!

 

Los dos Pablo Iglesias

Pablo Iglesias reaparece tras su baja paternal en informativos telecinco con Pedro Piqueras, la entrevista se inicia con la temática personal para acabar hablando de la actualidad política. Y éste es un ejemplo perfecto para poder analizar las dos caras del líder de Podemos, su lado más íntimo y personal y su rol de político luchador y reivindicativo.

En estas dos partes le cambian prácticamente todos los rasgos de su morfología y comunicación, observamos cómo al inicio, al tratar temas de su vida privada, habla en un tono muy bajo, pausado, lento, casi no se le oye. Sus gestos son serenos, al igual que su rostro, relajado y sin acción muscular significativa salvo para expresar sonrisas auténticas. Se dibuja con este patrón una personalidad introvertida, tímida y recelosa a la hora de enfrentar hablar en público sobre su vida personal, se muestra más distante, inaccesible y más inseguro en este terreno.

Todo lo contrario ocurre cuando el tema cambia y se habla de política, su gesto se endurece pero también se crece y cobra una fuerza y seguridad propias de un auténtico líder. Realmente parece otra persona diferente, su expresión emocional ya no es sonriente y serena, vuelve al ceño fruncido marca registrada Pablo Iglesias, la ira le caracteriza, es su forma natural de expresar sus ideas y argumentar su posición, es vehemente y muy convencido con lo expresa en su mensaje oral. Su voz es alta y fuerte y aumenta la velocidad del ritmo, su postura gestual se yergue y se abre, volviéndose más dinámica e ilustrativa.

En definitiva, es un claro ejemplo de cómo el lenguaje corporal se modula y se adapta a lo que sentimos realmente en cada momento y ante diferentes estímulos en una misma situación.

[Puedes ver las diferentes secuencias de la entrevista pinchando aquí]

 

Me encontré a Pablo Iglesias por la calle, le observé y no sé qué pensar

(JAVIER LIZÓN / EFE) Pablo Iglesias, durante el acto de la Universidad Complutense en el que le plantó la prensa.

(JAVIER LIZÓN / EFE).

El pasado viernes por la noche fui al teatro Kamize, la obra se titulaba ‘El Amante’ (muy recomendable, por cierto). El caso es que desde que me dedico a esto de la comunicación no verbal he analizado a los políticos de este país cientos de veces, sus posturas, sus gestos, cada expresión emocional ejecutada en un debate o en un mitin, incluso en juicios; he registrado cada detalle a través de fotografías, de vídeos, fotograma a fotograma (ni os imagináis el trabajo que hay detrás).

Y el viernes allí estaba él. Tenía a Pablo Iglesias a pocos metros de distancia. Yo os cuento lo que vi y me gustaría conocer vuestra opinión porque yo misma tengo dudas sobre cómo interpretar su comportamiento. En primer lugar, yo estaba situada en una inmensa cola de entrada, el aforo era bastante grande y allí esperamos unos 15 minutos para entrar. Él no. Lo vi llegar a lo lejos y me sorprendió su actitud.

Caminaba agazapado por la calle lateral del teatro, rápido, por las zonas no iluminadas, miraba hacia todos lados, encorvado, nervioso, con expresión facial de preocupación, casi de miedo, tocándose la frente para intentar ocultar su rostro y entonces entró por la puerta de atrás del teatro. Aún así, mucha gente que salía de esa calle lateral al teatro lo reconoció y venía diciendo “¡era Pablo Iglesias! Sí, sí, era él. Tenía que haberle pedido una foto o algo!”

A continuación, y sin querer hacer demasiado spoiler, la primera parte de la obra se desarrollaba en una fiesta como parte previa al espectáculo, todos entrábamos a una sala y ofrecían bebidas y comida a los asistentes. Él no entró en esta parte del teatro. Cuando nos dirigimos a la sala de las butacas él ya estaba allí sentado en las primeras filas, prácticamente agachado en su asiento, casi avergonzado. Y al finalizar la obra salió velozmente, y con la misma actitud que entró, por otra puerta que no era la habilitada para el resto de los mortales allí presentes.

Bien, por un lado, y empatizando, me impactó bastante ver a una persona inquieta y tan ‘vigilante’ ante una situación tan cotidiana como es la de ir al teatro, preocupado constantemente por que no le reconozcan por la calle. Y pensé que debe ser muy incómodo para cualquiera, más aún, cuando hay fuertes convicciones ideológicas políticas a favor o en contra de esa persona que pueden despertar tantos ‘amores y odios’.

Por otro lado, también me surge la duda sobre si ese comportamiento es coherente o no con el significado de la política, término que etimológicamente significa «de, para o relacionado con los ciudadanos». No quiero relacionar esta idea sólo con Pablo Iglesias, es la persona que pude observar de cerca, pero pongo la mano en el fuego de que el resto de políticos lo harán igual o incluso aún peor.

Si pierden el contacto del día a día con el ciudadano, si no esperan una cola de entrada, si no saben lo que cuesta un café, si no escuchan a esa gente que les quiera parar por la calle se alejan de la realidad y eso creo que un futbolista o un cantante se lo pueden permitir, pero ¿un político puede permitirse mantenerse al margen del contacto social? ¿siempre, a veces…? o ¿es algo que siempre irá implícito en su trabajo?

No sé qué pensar… se admiten opiniones al respecto. 🙂

[Inciso tras leer vuestros comentarios: En primer lugar, GRACIAS a todos los que habéis entendido el post como planteamiento a debatir: vida privada/pública de los políticos a partir de mi encuentro con Pablo Iglesias. Gracias por vuestros comentarios y opiniones al respecto (de eso se trataba). En segundo lugar, Pablo Iglesias iba efectivamente acompañado de Irene Montero, sin más, yo vi entrar solo a Iglesias y en las butacas estaba con ella, no opino sobre ello ni la nombro si quiera porque yo no la vi entrar. Por último, en ningún momento critico el comportamiento de Pablo Iglesias, solo describo lo que vi, de hecho admito que, poniéndome en su lugar, me cuesta saber cómo actuaría yo misma en su situación y reconozco que debe ser muy difícil saber gestionar o conciliar su vida privada con la pública, a mi me causó bastante impresión y quería compartirlo con vosotros. Reitero mi agradecimiento a los que así lo entendieron 🙂

* A partir de ahora, tras reflexionar sobre la repercusión que puede tener una opinión sobre una persona conocida en el ámbito privado y el respeto que merecen en dicho ámbito, he decidido que mis análisis y valoraciones sobre los protagonistas de la actualidad se restringirán a sus apariciones públicas.

“Prefiero a Irene Montero que a Pablo Iglesias”. Moción de censura y gazapos no verbales

De verdad que no me gusta ser tan crítica con algo tan personal como es la comunicación no verbal. Pero es que nuestros políticos suspenden en oratoria y lenguaje corporal. Prácticamente no se salva ninguno de caer en la verborrea y artificialidad al expresar sus ideas o rebatir la posición contraria.

Pablo Iglesias ha perdido mucha fuerza, mide y racionaliza demasiado, perdiendo esa esencia espontánea y vehemente de hace años. ¿Las manos en los bolsillos? Sí, Iglesias ha intervenido en el hemiciclo, en su momento más álgido, con una mano en el bolsillo. Esta acción se asocia al pasotismo, la indiferencia, e incluso a cierta chulería, desde luego, no es la postura más idónea para dirigirse a una audiencia. Igualmente este recurso ha sido utilizado por Rafael Hernando, del Partido Popular, muy socarrón y con desprecio en sus palabras y actitud.

Mariano Rajoy, a pesar de sus ya virales lapsus linguae, se ha manifestado bastante natural para lo que nos tiene acostumbrados. En palabras del experto J.L Martín Ovejero:

“He analizado muchísimas veces tanto a Iglesias como a Rajoy, pues en esta ocasión, a nivel no verbal ha comunicado mejor Rajoy, excepcional en esta contienda cara a cara. Tampoco es que haya sido un modelo comunicativo, pero ha sido menos esclavo del papel, sus manos han estado mas libres, ha sido menos plano en su paralenguaje. Iglesias casi no levanta la mirada de los folios y su postura es muy estática, le veo el más nervioso, con el recurso al vaso de agua en cada parada, como un gesto apaciguador más que para hidratarse la garganta.”

Sin embargo, me ha sorprendido gratamente Irene Montero, ha sido sin duda la intervención más emocional, vehemente y con ira, emoción negativa, pero emoción al fin y al cabo; ha expresado la fuerza de sus convicciones, al menos su lenguaje corporal es totalmente congruente con su discurso verbal. Recordemos que en la transmisión del mensaje no es sólo importante lo que se está diciendo, sino como la voz del orador te guía y te dice como deberías sentirte.

Las palabras no son tan relevantes, puede que no recuerdes el mensaje cuando deje de hablar, pero sí que sientes algo muy potente dentro de ti asociado a una idea. Hay que evitar ciertas expresiones negativas y potenciar las positivas para completar el discurso y, en general, nos encontramos con excesivas expresiones faciales de ira y desprecio, dedos acusadores, esclavos de la lectura del papel y del bolígrafo en la mano, principales enemigos de un buen orador, de un líder.

¿Serán conscientes del poder que tiene su comunicación no verbal? Desde luego hay mucho que mejorar y un largo camino por delante…

La proxémica habla: el saludo distante entre Doña Letizia y Rita Barberá en el besamanos

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Captura de la retransmisión en TVE

Ha sido polémico el tradicional besamanos a Sus Majestades Don Felipe VI y Doña Letizia, que tuvo lugar el pasado jueves, día en que se celebró el acto de apertura de la legislatura en la Cámara Baja. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha señalado que su formación no asistió a este besamanos porque “le da asco” hacer cola con la exalcaldesa de Valencia y senadora Rita Barberá (imputada en un importante caso de corrupción) para darle la mano al Rey Felipe VI.

Todos los focos estaban puestos en Barberá, cada gesto, cada mirada, su saludo con los reyes, su expresión facial, todo cuenta para tratar de identificar si hay en ella preocupación, o si ha perdido la aceptación de su círculo político y social. En este caso nos da la pista el canal proxémico, es decir, la organización del espacio en la comunicación lingüística; el estudio de las relaciones, de proximidad, de alejamiento, etc, entre las personas y los objetos durante la interacción, las posturas adoptadas y la existencia o ausencia de contacto físico.

No podemos valorar el saludo entre Rita Barberá y el Rey Felipe VI, ya que justo en ese momento (casualidad o no) cambiaron de plano en la emisión a uno más general. Pero sí se ha captado esa instantánea con la Reina, y como vemos en la imagen, su valor no verbal es muy potente.

En primer lugar, destaca el ángulo formado por el brazo derecho de Doña Letizia. Teniendo en cuenta que, si el brazo de la persona se extiende más hacia su interlocutor, la actitud es más positiva que si se extiende menos, ésta es una postura muy significativa. Se trata de la diferencia del ofrecimiento de uno mismo hacia el otro, es decir, el interés por mostrar dicha actitud se vería reflejado, en parte, por la mayor o menor extensión del brazo.

Como podemos apreciar en este caso, no es que el brazo de la Reina se extienda poco, es que más bien se retrotrae detrás de la vertical, no hay ofrecimiento ni proximidad alguna por su parte. Podría ser una conducta habitual en Doña Letizia, pero si observamos el resto de interacciones con el resto de asistentes, este gesto no se ejecuta de esta forma con nadie más.

Pero hay un segundo punto importante que reforzaría también esta interpretación de rechazo. Fijaos en qué comportamiento tiene la mano. En la fotografía con Rita Barberá, la mano de Doña Letizia no está cerrada, en un gesto antinatural para esta acción, no coge la mano de la otra persona.

 

 

*Fuentes de consulta:

http://analistasdelamentira.blogspot.com.es/

Hall, E. T. (1994). Proxémica. La nueva comunicación. Barcelona. Kairós. 199-299.

 

La lectura de labios y los gestos protagonistas del debate de investidura

Lo que no se dice, o lo que se dice creyendo inaudible, adquiere cada vez mayor relevancia en los debates políticos. Me declaro fan incondicional de los micrófonos cerrados y la lectura de labios, que revelan por ejemplo el “qué sinvergüenza” de Cospedal o el “vaya gilipollas” de Rivera. Realmente eso es lo que comunica la conducta no verbal, esos calificativos suelen ser coherentes o se sustituyen por expresiones faciales de asco, desprecio, o ira, mucha ira.

Estas expresiones faciales las podemos apreciar repetidamente en el rostro de ‘todos’, no se libra nadie. Muy significativa la ira de Rivera cuando ha hecho referencia a lo que ha denominado “viejas cañerías” que se seguirán manteniendo con el nuevo Gobierno. La agresividad de Iglesias, con su ya típico ceño fruncido, gestos elevados, y mucho puño cerrado, al hablar de corrupción, por ejemplo, pero también mientras abandona el pleno de investidura (junto a sus diputados) en señal de protesta contra Ana Pastor por no darle la palabra cuando creía que le correspondía el derecho a réplica.

Mariano Rajoy ha mostrado un lenguaje corporal comprometido e implicado con su mensaje, se ha evidenciado con su gestualidad de manos congruente con lo expuesto y por los golpes de voz marcados en aquello que consideraba más importante. Aunque la ira vuelve a aparecer, en ocasiones, su dedo acusador se manifiesta en sus momentos más agresivos. Hernando fue de menos a más, comenzó muy tenso, sobre todo al referirse a la abstención y al deber que su partido tenía para con los ciudadanos. Sus brazos estirados así lo demostraban. Según fue entrando en contenidos se relajó y se le ha visto muy implicado a nivel gestual con sus palabras, muy convencido de las mismas en las críticas a Rajoy.

Merecida mención también para Pedro Sánchez, que reaparece con atuendo informal; a veces se le veía muy ido, ausente y distraído. En los aplausos dirigidos para el ahora el representante del PSOE, en ocasiones, Hernando era interrumpido por los aplausos de su grupo, y Sánchez no solo no aplaudía, sino que incluso miraba hacia otro lado. Ahora bien, al concluir su intervención sí se ha levantado e hizo lo propio.

El punto de afecto positivo se lo lleva la formación de Unidos-Podemos, que se lo ha pasado genial con las ironías de Mariano Rajoy.

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*Fuente de referencia: martinovejero.com

La emoción de ira, protagonista en el debate de investidura

Captura de pantalla 2016-08-31 a la(s) 16.55.58Salvando la socarronería momentánea de Mariano Rajoy que despertaba algunas sonrisas en la audiencia, sobre todo la de Pablo Iglesias, las emociones predominantes han sido muy negativas e intensas, sorprendentemente intensas. Este nivel de expresión emocional de ira da buena cuenta de que todo el cruce de acusaciones entre unos y otros es tomado como un ataque personal, que no hay una simple disparidad de opiniones entre partidos con ideologías diferentes, sino agresividad directa de un candidato a otro.

Todo ello se refleja en las expresiones faciales (ira, asco y desprecio), en la ruda gestualidad que acompañaba al discurso (puños cerrados, dedos acusadores, gestos de látigo, inclinación vehemente al hablar), y en una prosodia emocional excesivamente alta y acelerada. Esta ha sido la tónica general en la conducta observable del debate.

Mariano Rajoy fue retomando la emoción en el transcurso del encuentro y tras los ataques directos, porque antes de esto su pasión, energía, fuerza, y emoción para comunicar estaban totalmente aletargadas, se mostró muy plano, leyendo sin parar, con una total falta de espontaneidad en su expresión.

Albert Rivera pareció el más conciliador de todos, su comunicación no verbal era coherente con el rol que desempeña ahora en la coyuntura política, gestos mediadores, mantenía una calma más natural, no reprimía sus emociones y como viene siendo ya costumbre en él, su discurso era menos leído, más sentido y todo ello acompañado siempre de los gestos ilustradores, que son los que denotan sinceridad y compromiso con lo que se dice.

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Foto extraída de El Mundo

Sin duda, los dos candidatos que más han adolecido de un constante ceño fruncido son Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, en el primero es un gesto más habitual en su línea base de expresión, porque también utiliza la ira como medio para canalizar la intensidad y pasión de lo expuesto. Pero me ha sorprendido especialmente la de Sánchez, es un rostro de ira de un nivel muy elevado (en un momento determinado), podemos observar la presión en los labios y la mandíbula, que indican un intento por reprimir la emoción, las aletas de la nariz muy abiertas, muestra de la agresividad contenida, y el ceño fruncido que termina por formar esta elocuente expresión hostil.

Esta emoción de ira es bastante relacional con el contexto en el que aparece, se relaciona sobre todo con la impaciencia y con una necesidad imperiosa por solucionar una circunstancia problemática. La provocan factores cómo la frustración, situaciones injustas, inmovilidad, o atentados contra los valores morales. Como podemos comprobar todos estos estímulos son congruentes con la experiencia vivida por Sánchez y por todos los candidatos en estos difíciles momentos políticos.

 

Análisis de las fotografías de Obama en su reunión con Sánchez, Rivera e Iglesias

En su reciente visita a España, el encuentro del presidente Barack Obama con los tres líderes de la oposición fue breve, muy breve, apenas tres minutos compartiendo conversación con cada uno de ellos; y además no disponemos de la secuencia en vídeo del evento. La Casa Blanca es la que publica estas tres fotografías ilustrativas del momento.

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Y es curioso precisamente ese dato, teniendo en cuenta que la política estadounidense es extremadamente controladora en la imagen que se exhibe de su presidente, estos fotogramas no han sido elegidos al azar. Como se aprecia, es bastante singular la diferencia gestual que adopta Obama en las tres capturas, y la foto junto a Pablo Iglesias es, sin duda, la que proyecta una apariencia más favorable, es la única en la que vemos al presidente de los Estados Unidos más relajado, con una inclinación significativa hacia su interlocutor, expresión facial afable y gestos con las manos de apertura e ilustrativos. Si analizamos las tres imágenes da la sensación de que con Iglesias es con el único que está cómodo e interesado y que con Sánchez y Rivera está aburrido, incómodo, cerrado a la conversación. Como sabemos, no podemos extraer conclusiones determinantes de una sola fotografía, si bien es cierto (no podemos saber por qué) que es lo que han querido transmitir desde Casa Blanca.

Por otro lado está el análisis de la corporalidad de los tres representantes españoles. El líder socialista ejecuta un gesto automanipulador, se sujeta las manos, está tenso, su rostro denota cierto nerviosismo, los músculos están agarrotados, la expresión facial no es natural. Algo muy similar podemos percibir en Albert Rivera, vuelve su tic más característico, agarrarse los dedos para descargar su ansiedad, la expresión facial en ese momento es aun más tensa que la de Sánchez, podría relacionarse con miedo, parece que ambos se ven superados por la mera presencia de Obama.

Pablo Iglesias se desmarca de lo anterior adoptando una posición algo soberbia, mano a la cadera, indicativa de poder, de dominancia, marcando territorio, no se deja achantar por la planta de Obama. Todo indica relajación salvo una parte de su cuerpo: sus pies le delatan, fijaos como en su postura no hay una dirección directa hacia su interlocutor, su cuerpo y, sobre todo, sus pies apuntan fuera de la línea de conversación, parece que está deseando finalizar el encuentro.

Las diferentes conductas no verbales en las reuniones de Rajoy con Rivera, Iglesias y Sánchez

Mariano Rajoy ya ha culminado su primera ronda de reuniones con los principales líderes políticos del país ante la inminente sesión de investidura. Ya sabemos que en estas ocasiones nada queda a la improvisación, todos son muy conscientes de que son observados con lupa e intentan controlar al máximo cada movimiento. Aun así, esto no es del todo posible, por esto podemos observar distinciones notables que hacen peculiar cada uno de los encuentros.

Fotografía de agencia EFE

Fotografía de agencia EFE

En primer lugar Mariano Rajoy se reúne con Albert Rivera, en esta cita se observa, en general, buena sintonía, afecto, saludo distendido… Pero no estuvo exento de controversia no verbal, y es que el candidato de Ciudadanos se negó a repetir el protocolario apretón de manos ante la petición expresa de los medios de comunicación. ¿Cómo podemos interpretar esta contrariedad? Hay que tener siempre muy en cuenta la personalidad del individuo en cuestión, ya que es una variable siempre presente que condiciona cada una de las conductas que realizamos. En este caso, son sobradamente conocidos los rasgos de impulsividad, ansiedad e impaciencia de Rivera, por ello, yo apostaría más a interpretar esta negativa como producto de su ímpetu y prisas por cumplir el objetivo que por una aversión o hastío hacia ese contacto.

Fotografía de Juan Carlos Hidalgo/EFE

Fotografía de Juan Carlos Hidalgo/EFE

En el caso de Pablo Iglesias de nuevo hay que aludir a la tipología de personalidad para entender las diferentes posturas que adoptan ambos en su aparición pública. Pablo Iglesias se sienta en el sillón como si fuera el de su propio salón, si bien es cierto, que no es la primera vez que lo hace. Normalmente esta es la figura que adopta en estos encuentros, distendida, cómoda, informal, algo desaliñado mostrando la suela del zapato. Es algo que el líder del PP nunca haría, porque su condición le incapacita a perder la solemnidad, las formas reglamentarias de la política clásica. ¿Se trata entonces de un desdén hacia Rajoy? La respuesta sería afirmativa solo si estos gestos los hiciera con él, pero es que este ademán forma parte de su ser, Iglesias es indisciplinado, nada tradicional o protocolario en general y es por ello que esta pose no adquiere mayor relevancia.

Por último, lo más esperado, la cita entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, ya que en su anterior encuentro fue polémico el rechazo (con orgullo) del presidente en funciones al estrechar la mano del candidato socialista. Solo hay que ver las dos fotografías ilustrativas para corroborar que nos encontramos ahora un panorama totalmente dispar al descrito previamente. Rajoy significativamente más condescendiente y amable. Ambos líderes políticos se muestran mucho más sonrientes, relajados, con menos tensión y una postura entre ellos bastante similar, sincrónicos en sus movimientos y posiciones. Justo antes de estrechar sus manos ante los numerosos medios de comunicación se puede detectar, durante un par de segundos, una mirada y sonrisa cómplice entre los dos, parecieran que evocan en su foro interno la controversia desatada por justo aquel gesto que ahora afrontan con humor.

Cómo podemos observar el lenguaje corporal es una muestra de la personalidad pero también va evolucionando con el devenir de los acontecimientos, experiencias, motivaciones, intereses…

 

 

 

 

 

 

 

Comparecencias 26J: la elocuencia corporal de Errejón, la culpa de Sánchez, la conformidad de Rivera y la euforia de Rajoy

Los líderes de los principales partidos políticos comparecen tras una nueva campaña electoral y después de unos nuevos resultados electorales. Se trata de un momento interesante para el análisis de conducta puesto que es un instante que aunque ‘preparen’, todo lo que puedan y más, la situación posee un impacto emocional muy intenso, difícil de controlar. En este enlace también os dejo el análisis de las comparecencias tras los resultados de las pasadas elecciones para establecer diferencias y evolución (pinche aquí).

(Foto EFE)

Alberto Garzón, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en su comparecencia tras los resultados del 26J. (Foto EFE)

En Unidos Podemos desaparecen las sonrisas por las que abogaban, rostros serios, muy serios; regresa el ceño fruncido en Pablo Iglesias, fruto de la carga cognitiva (concentración y esfuerzo por declarar) y también por la ira producto de la decepción y el abatimiento. Alberto Garzón, aparece con cara de circunstancia, inquieto, aunque intentando mantener la compostura. Pero si hay que destacar una comunicación no verbal muy elocuente, esa es la de Íñigo Errejón, y no ha sido la primera vez, ya hemos visto en momentos anteriores cómo su expresión le da significados interesantes a ocasiones importantes. En la noche de ayer apareció visiblemente afligido, y mientras posa ante los medios su rostro expresa un abanico de emociones muy amplio, aunque todas apuntan en la misma dirección: mirada perdida, suspirando profunda y frecuentemente, tragando saliva con dificultad, con el ceño fruncido por momentos en señal de enfado, con tristeza y decepción en otros y apretando la mandíbula en señal de tensión contenida.

Lo relevante en este sentido además no es que detectemos con dificultad todos estos elementos, es que se ven superficialmente a la perfección. Nos encontramos expresiones faciales completas, auténticas, bien ejecutadas, duraderas, repetidas, intensas, no son breves ni se intentan reprimir, es decir, Errejón está muy enfadado, triste y tenso con la situación, y lo más importante, quiere expresarlo, transmitirlo a conciencia, que todos lo sepamos.

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