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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

Insólita sumisión de Trump ante el Rey Felipe VI

El lenguaje corporal de Donald Trump siempre trasciende. Su comunicación gestual es muy potente y suele gritar más que sus propias palabras. Habitualmente nos encontramos posturas de apertura que avasallan al resto de los presentes, orgullo, desprecio, agresividad en sus gestos y movimientos, y, sobre todo, los ya famosos apretones de mano, con la palma hacia abajo y una fuerza desproporcionada que transmite la dominación y el interés por la superioridad más absoluto de Trump.

En el momento del saludo, se produce un gesto regulador de los más importantes para marcar las relaciones interpersonales desde el primer contacto. Este sencillo gesto tiene la capacidad de mediar, potenciar o arruinar la futura relación entre dos personas, conectar o desconectar la vía emocional y los vínculos de confianza entre ambos. Es un gesto muy revelador para la formación de primeras impresiones, por ello, siempre requiere de una atención especial por parte de los analistas de conducta.

Sorprendentemente, todo esto cambia con el Rey de España, Felipe VI; la atmósfera de cordialidad ha sido la protagonista en su primer encuentro en la Casa Blanca, Trump hizo de anfritión y trató a su invitado como se debe, su gestos eran pausados, afectuosos, denotaba relajación, no estaba a la defensiva ni pendiente de demostrar nada. Sus emociones eran serenas, las sonrisas sinceras…

¿Y el momento del apretón de manos? ¡Sumiso! Este fotograma es clave; vemos cómo Trump ofrece su mano con la palma hacia arriba, relajada, dejando que el Rey sea quién la sujete con fuerza desde arriba, cediendo así la posición de poder. Bueno… parece que Felipe VI ha ganado (o le han dejado ganar) la batalla por el poder gestual, Trump le respeta, por el momento, seguiremos observando… 🙂

(EFE/Chris Kleponis)

Psicópatas y liderazgo ¿Por qué tienen éxito?

¿Conoces a algún psicópata? Por probabilidad… seguramente sí. ¿Sabrías identificarlos? Esto es más complicado, pero hace unos meses escribí un post con las claves para reconocerlos (picha aquí para acceder a la entrada). Y desde que descubrí a la experta en psicopatía Paz Velasco de la Fuente, no puedo dejar de recurrir a ella para profundizar más sobre este perfil de la personalidad, aterrador y atractivo a partes iguales. No dudéis en seguir el blog “Criminal-mente” de esta autora y acudir a su libro, de igual nombre, “Criminal-mente: La criminología como ciencia” como fuente de consulta muy valiosa sobre la mente psicopática. ¡A mí me tiene totalmente enganchada!

Aquí os dejo una nueva colaboración de Paz para este blog, espero que lo disfrutéis tanto como yo:

Debemos romper con el tópico alimentado por el imaginario popular, el cine, las series de televisión y algunas novelas negras, de que los psicópatas son sujetos con ojos de tiburón que esconden un hacha tras su espalda y que cometen crímenes aberrantes. Hay psicópatas que jamás cometerán un crimen, que viven totalmente integrados en la sociedad, que te harán vivir un infierno profesional o personal, que vacían a las personas por dentro o vacían sus cuentas corrientes. Estamos ante los psicópatas corporativos, de éxito, delincuentes de cuello blanco e incluso líderes políticos y religiosos que pueden llegar a arruinar economías y sociedades enteras, tomando decisiones totalmente alejadas de las emociones (no pueden sentirlas) o del bienestar de terceros.

Por lo tanto, la diferencia fundamental entre un psicópata criminal (del que ya hablé en una entrada anterior) y un psicópata integrado, está en las conductas que llevan a cabo, ya que ambos comparten la misma estructura emocional y de personalidad: encanto personal, locuacidad, manipulación, mentira patológica, falta de empatía, ausencia de miedo ante conductas arriesgadas etc… El psicópata integrado, es lo que hace a diario con las personas que le rodean, con todo su entorno. Son sus obras y sus actos los que hablan por él, no sus palabras. A ellos se les puede aplicar la frase que aparece recogida en El Príncipe, la obra de Nicolás Maquiavelo publicada en 1513: “Todos ven lo que aparentas, pocos advierten lo que eres”. Esta obra es el precedente de los psicópatas que alcanzan el éxito en la política. Maquiavelo nos presenta a César Borgia como un hombre que alcanza el poder utilizando la intriga, el terror y la manipulación.

Los psicópatas tienen la capacidad y la habilidad de controlar su entorno y para ello utilizan la manipulación y las mentiras que acompañan de una excelente imitación y simulación de emociones que ni tienen, ni entienden, ni sienten y de palabras que abren puertas. Dominan a la perfección el arte de la observación y tienen un olfato especial para encontrar a las “víctimas” adecuadas, además de tener una gran destreza para saber lo que la persona elegida necesita, de modo que no duda en ofrecérselo.

Somos objetos para ellos y se mueven por el puro egoísmo de modo que instrumentalizan a las personas para lograr sus fines, su bienestar eligiendo a las personas que les son útiles y de las que pueden obtener beneficios (profesionales, académicos, sociales, económicos, mediáticos, etc.). Estamos ante la “maldad” más insidiosa, al ser simples peones en su tablero de ajedrez, moviéndonos a su antojo y marcando en todo momento el ritmo, sin que apenas nos demos cuenta. Estos hombres y mujeres mienten, engañan y manipulan, con la única intención de beneficiarse, hacer daño y de provocar caos en las vidas de las personas que les rodean o en la sociedad.

Hay entornos profesionales donde la psicopatía está socialmente aceptada no solo como un comportamiento adecuado, sino incluso deseable. En nuestra sociedad se tiende a valorar como beneficiosas determinadas aptitudes que tienen estos sujetos, llegando incluso en determinadas profesiones y puestos de trabajo a ser potenciadas como valores positivos. La combinación de determinadas conductas arriesgadas, la ausencia de remordimientos, su gran habilidad para manipular y el hecho de la búsqueda de éxito a corto plazo pueden llevar a los psicópatas a una exitosa carrera delictiva (delincuentes de cuello blanco) o a una exitosa carrera en las finanzas o en los negocios, como el caso de Michael Milken, el inventor de los bonos basura o de Bernard Madoff y su exitosa estafa piramidal (50.000.000 de dólares).

Lo que está haciendo nuestra sociedad es exaltar y valorar de modo positivo determinadas características de los psicópatas asociándolas al éxito y liderazgo profesional o político, sin ser realmente consciente de la peligrosidad social y a veces personal que pueden generar algunos de sus actos y de sus decisiones. Las profesiones que implican poder, autoridad, liderazgo, prestigio, alta reputación y una capacidad especial para tomar decisiones racionales alejadas de los sentimientos, son donde podemos ver una mayor presencia de psicópatas integrados.

¿Qué rasgos comparten los psicópatas integrados con los líderes y personas de éxito?

• Carisma, locuacidad y habilidad para comunicar.
• Estratégicos, persuasivos y con gran capacidad analítica.
• Pierden el miedo ante determinadas situaciones. En el caso de los psicópatas, no es que lo pierdan, es que no lo sienten.
• Control emocional y seguridad en sí mismos.
• Asumen riesgos. En el caso de los psicópatas aunar las conductas arriesgadas con la ausencia total de remordimientos es una bomba para la sociedad.
• Capacidad para establecer metas y objetivos, aunque en el caso de los psicópatas son a muy corto plazo.
• Cuidan la imagen que dan ante los demás.
• Habilidades sociales.

¿Te viene alguien a la cabeza…? 🙂

El lenguaje corporal de Maxim Huerta en su dimisión

Máxim Huerta anuncia su dimisión. RODRIGO JIMÉNEZ / EFE

Máxim Huerta anuncia su dimisión. Foto: Rodrigo Jiménez / EFE

Maxim Huerta dimite de su reciente cargo de Ministro, pasando a ser el más breve de la historia. Era un momento muy complicado, y ya sabemos que a situaciones difíciles, mayor impacto emocional, por tanto, su cuerpo habla a gritos a través de un lenguaje no pronunciado.

Las palabras fluyen leídas pero por ese impacto también lo hacen a veces sin control, y comienza su discurso con una notable contradicción, “Mirando al futuro hemos tomado una decisión, y lo he hecho de manera autónoma”. Plural y singular. Nos quedará la duda de si la decisión es suya o no…

Está claro que no asume ni un ápice de culpabilidad a lo largo de su intervención, se proclama inocente, habla de causas externas y ajenas a él para tomar la decisión, y que todo forma parte de un bien común superior a sus intereses.

En este sentido su lenguaje corporal es coherente, ya que esta idea se asocia durante toda su manifestación a la emoción de ira, nos encontramos constantemente ceño fruncido, tensión en la parte inferior del rostro, miradas directas y penetrantes, severas; sonrisas unilaterales que se corresponden con el desprecio. La ira ante una acusación es la emoción del que ‘se cree inocente’, no significa que lo sea en realidad, pero sí que está realmente convencido de su total inocencia.

No hay gestos de duda, todo su cuerpo va en consonancia en este sentido. Su sonrisa no es reflejo de la alegría sino del orgullo, la superioridad, se va con la cabeza alta, gesto que también corresponde con la identificación de la inocencia. También es importante lo que no vemos, hay una ausencia total de la emoción de tristeza, gesto que sí que apreciamos, por ejemplo, en la reciente dimisión de Cristina Cifuentes, tampoco hay vergüenza, sino todo lo contrario, se muestra vehemente, directo, agresivo (comunicacionalmente hablando), no tiene gestos manuales hostiles, pero sí lo expresa con su rostro y con su voz, utiliza los silencios y las pausas en su discurso como una herramienta enfática y combativa.

¿Veis alguna cosa más que os llame la atención? 😉

 

Tu voz puede acercarte o alejarte de los demás

La proxémica “se refiere al empleo y a la percepción que el ser humano hace de su espacio físico, de su intimidad personal (…)” (Wikipedia). Manejamos las distancias con quienes nos rodean acercándonos, alejándonos, modificando nuestra postura…, pero no solo nuestro cuerpo juega con las distancias; el volumen y tono de nuestra voz pueden acercarnos o alejarnos de nuestros interlocutores, es una proxémica sonora. Y quién mejor para profundizar sobre este tema que nuestra ya conocida experta en este blog, Carmen Acosta, psicóloga, máster en comportamiento no verbal/logopedia y fundadora de OHLAVOZ.com

  • Volumen:

Las modificaciones que vamos realizando en la intensidad con la que hablamos inciden en la distancia a la que vamos situándonos de nuestro interlocutor.

El susurro nos acerca y crea un espacio íntimo, mientras que los gritos marcan una gran distancia, aún cuando los hablantes se encuentren próximos.

Piensa en cómo se dirige un alto mando del ejército a un soldado, el elevado volumen de la voz que utiliza informa de que no están en absoluto compartiendo un espacio íntimo, aunque sus cuerpos estén físicamente cercanos.
Si escuchas y te escuchas saludar o intercambiar un par de frases con desconocidos en un espacio reducido, un ascensor por ejemplo, descubrirás que la intensidad de tu voz es mayor que la que sería necesaria para hacerte oír. Ello es así porque intentarás atenuar la incomodidad de estar tan cerca de cuerpos desconocidos, situándolos con tu volumen un poco más lejos.

Por el contrario, tu volumen descenderá hasta acercarse al susurro si estás hablando con alguien a quien deseas aproximarte. Fíjate la próxima vez que tengas una cita con una persona que te resulte atractiva, comprobarás que tu voz hará por acortar las distancias.

Pero no solo nuestra voz marca distancias, también el volumen del sonido circundante lo hace de manera efectiva. Así, en una discoteca el alto volumen de la música de alguna manera actúa como barrera que nos mantiene a distancia de los otros, mientras que una música suave enuncia el deseo de establecer un espacio de intimidad.

  • Tono:

Cuando gritamos también nuestra voz se vuelve más aguda, quizá en ello esté la razón de que los tonos agudos nos transmitan una mayor distancia que los graves.
En entradas anteriores hemos hablado de que las voces que percibimos como más seductoras o atractivas, son voces moderadamente graves, es decir: que acortan distancias.

Un dato curioso: todos los actores saben que si desean darle valor a una palabra, no deben subir el volumen sino bajarlo, porque al hacerlo obligan al espectador a acercarse (simbólicamente) a escucharla.

Y tú: ¿cómo manejas tu volumen cuando tratas temas importantes?

 

 

*Texto aportado por Carmen Acosta en exclusiva para este Blog

¿Machismo, dominancia, superioridad…? El gesto de Monedero a Soraya Sáenz de Santamaría

Lo he visto muchas veces estos días; el gesto que tuvo Juan Carlos Monedero con la ya exvicepresidenta del Gobierno ha trascendido, y con razón. En este blog siempre destacamos el protagonismo del lenguaje corporal para comunicar mucho con un solo movimiento, esta ocasión es un buen ejemplo de ello. Y también es un buen ejemplo para mostrar que los gestos por sí solos no suelen significar nada concreto, no son buenos o malos por sí mismos, no ocurre igual con las emociones primarias en el rostro (sorpresa, alegría, miedo, ira, tristeza o desprecio) que sí son universales y tienes asociación directa con un estado propio.

Los gestos deben ser analizados con su correspondiente contexto, siempre. El gesto a simple vista llama la atención, porque implicaría intimidad, relación cercana y afectuosa, hay una clara invasión del espacio personal, Monedero toca a Soraya en los hombros, una zona que delata una relación de compadreo, y que si esto no es así será incómodo y, claro, Soraya, como habréis podido adivinar, lo estaba y mucho. Pero este gesto no es malo por sí solo, imaginad que se produce entre dos hombres, futbolistas, por ejemplo, para darse ánimos tras perder un partido, el gesto sería positivo. De hecho, es un gesto bastante masculino, tosco, pero típico entre dos hombres que muestran trato frecuente.

La clave está en el mensaje verbal al que acompaña este gesto, un mensaje hostil: “Oye me alegro de que os vayáis”. En ese momento, considero que él ‘se aprovecha’ de una altura superior para enfatizar y ganar fuerza en su mensaje. Creo que no se trata tanto de un gesto machista como sí de un gesto de dominancia y condescencia, es decir, se mezcla un sentimiento de superioridad con una amabilidad mal entendida hacia la persona a la que supuestamente se intenta ‘beneficiar’, en este caso, despedir. Si hubiera sido un hombre podría haberlo hecho de igual forma, eso sí, con un hombre de una estatura inferior a la de él; ya que este gesto sería imposible con Mariano Rajoy o con Pedro Sánchez, por ejemplo.

Tal y como el mismo Monedero reconoció, no es un gesto de buen gusto, él proyecta la imagen del fuerte. Por supuesto, hay sonrisa social, pero no es signo de alegría ni de un estado positivo, no hay cordialidad, se jacta con sus palabras y posición, él no se inclina para hablar, se mantiene erguido en su postura y le habla ‘desde arriba’ y con contacto de por medio para marcar la hostilidad. En definitiva, no me parece un gesto machista pero sí un gesto inapropiado, fuera de lugar y que marca una posicion dominante y hostil por su parte, con un contacto de una duración más duradera de lo ‘normal’ para provocar incomodidad y tensión en Soraya.

Un amable y sabio lector del blog 🙂 me ha enviado esta fotografía que ejemplifica perfectamente lo que os comentaba más arriba. ¿Sabéis quién es el ganador? Gracias por tu aportación J.L.M.C… Sois geniales!

Mariano Rajoy dimite entre incómodas lágrimas #LenguajeCorporal

De nada le ha servido a Mariano Rajoy el intento de represión emocional que ha procurado mantener durante su comparecencia pública de hoy, en la que ha dimitido sin utilizar la palabra dimisión. Desde el inicio, la tensión era evidente. Evitaba el contacto visual, leía cada punto con raciocinio y plena atención pero finalmente las emociones afloran. El momento que ha desencadenado esta reacción ha sido cuando agradecía a los ciudadanos el cariño y la lealtad brindadas. La emoción dirigida a sus votantes.

Las palabras utilizadas también dan cuenta de su intención por evitar el impacto emocional de la situación, “ha llegado el momento de poner punto y final a esta etapa”, realmente es una frase azarosa, sin decisión, sin compromiso, ni implicación personal. “El PP debe seguir avanzando bajo el liderazgo de otra persona. Por dos razones: es lo mejor para mí y para el PP, y creo que también para España.” El orden de las razones es interesante, aquí sí que deja claro que dimite en primer lugar por su bien, y en segundo lugar, y con dudas (ya que solo lo cree) orienta su abandono al bien de España.

Por supuesto, sus lágrimas y conmoción son sinceras, le transforman la expresión emocional, le bloquean el habla, le modulan la tonalidad vocal y le acompaña la mirada triste. Lo ha pasado realmente mal en este momento, no era algo planeado, y ha intentado por todos los medios cortar la ovación de sus compañeros de partido y asistentes, con gestos adaptadores, contundentes y agresivos (gestualmente hablando) para acallar los aplausos.

La tristeza es la emoción que ha protagonizado su discurso, bloqueando emociones intensas negativas como la ira, el asco o el desprecio, que no aparecen en ningún momento de su aparición pública.

Moción de censura: Enfrentamiento no verbal Sánchez vs. Rajoy

Fotografia Carlos Serrano

Fotografia Carlos Serrano

Hoy se ha celebrado la moción de censura impulsada por Pedro Sánchez para acabar con el Gobierno de Rajoy. El líder socialista entra al hemiciclo triunfante, orgulloso ante los aplausos de sus compañeros. Rajoy llega con aparente tranquilidad y seguridad.

Siempre he comentado que Mariano Rajoy no es muy ducho en esto de la comunicación, el arte de la palabra y la expresión en público, gana mucho en el cara a cara pero pierde la habilidad en los debates numerosos o en sus comparecencias públicas. Si bien es cierto, que cuando la situación recobra importancia inminente, el líder Popular se crece ante la adversidad. Mantiene la serenidad dialéctica y domina su oratoria.

Hemos visto como incluso manejaba con éxito la técnica de los silencios para enfatizar las ideas principales de su mensaje, estrategia complicada y que bien utilizada da mucha fuerza a las ideas expresadas, la ha activado en el momento más importante, haciendo referencia al proceso de los ERE de Andalucía, su mayor baza para contraatacar la moción del PSOE por corrupción.

En las réplicas de Pedro Sánchez hay mucha energía, gestos ilustradores y dinamismo, está muy comprometido con su decisión, pero también nos encontramos mucha ira, expresiones muy intensas de ceño fruncido, mandíbula tensa y dedos acusadores, además de las microexpresiones de asco y desprecio constantes al hablar del gobierno del PP (rechazo profundo y superioridad moral). Toda la carga emocinal es proyectada contra Rajoy. En mi opinión, se ha focalizado bastante hacia su persona de forma exclusiva y agresiva, el momento álgido ha sido la pregunta directa al presidente del Gobierno instándole a dimitir, Mariano Rajoy le sostenía la mirada, no ha eludido el golpe, pero lo ha encajado con una ‘cara de póquer’ fascinante, no ha realizado ni la más mínima microexpresión, el control ha sido máximo en un momento de alto impacto emocional.

A menudo, Rajoy y Sánchez se han mostrado jocosos, despertando risas en un claro intento de ridiculizar al adversario; una estrategia típica en política pero efectiva a los ojos de los espectadores, que perciben la dominancia/debilidad de quién la emite/la recibe, aunque por otro lado y en exceso, puede dar la sensación de que ambos banalizan una situación importante para la ciudadanía.

El resto de miembros políticos allí presentes observaban la moción con expectación y sorpresa, el momento más interesante es cuando Pedro Sánchez anima a Mariano Rajoy a dimitir para ahorrarse este proceso, el rostro de asombro genuino de los presentes no deja lugar a dudas de que les pilló del todo desprevenidos.

Un detalle reseñable: Parece ser que Pedro Sánchez no tiene muy claro su triunfo en la Moción, puesto que habla de ello en presente pero a veces en pasado condicional, dándola por perdida: “esta moción podría haber salido adelante”, “puede que mi apoyo no sea absoluto pero sí grande”, etc. Estos lapsus dan cuenta de su inseguridad.

Los gestos pueden revelar si nuestras emociones son positivas o negativas

Curiosamente los seres humanos somos los únicos diestros y zurdos; el resto de primates no tienen preferencia por una mano u otra al realizar cualquier tipo de tarea, las utilizan indistintamente. En comunicación no verbal se suele decir que los gestos con la izquierda significan ‘x’ y los de la derecha ‘y’, aunque en este blog siempre remarcamos que en ciencias del comportamiento no existen las ecuaciones matemáticas.

Hay investigaciones cuyos resultados apuntan a que sí que existe una relación entre emociones positivas/negativas y los gestos de lateralidad manual. En concreto, se ha demostrado que las personas tendemos a asociar nuestro lado dominante a una valencia emocional positiva y el lado no dominante a una valencia negativa, es decir, los diestros tienden a valorar positivamente la derecha y los zurdos la izquierda.

Los gestos que realizamos con las manos son bastante inconscientes, no solemos controlarlos, entonces, ¿cuándo hablamos, por ejemplo, de éxito u optimismo, un diestro realizará gestos ilustrativos con su brazo derecho? ¿y viceversa cuando hable del fracaso o la pérdida, por ejemplo? Para dar respuesta a estas hipótesis, el experimento político habla por sí solo…

Los autores Casasanto y Jasmin observaron los gestos que se realizaban durante discursos de políticos en debates finales de la campaña en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. En 2004 los dos candidatos que participaron eran diestros: John Kerry, demócrata, y George Bush, republicano. En cambio, en las elecciones de 2008 ambos eran zurdos: John McCain, republicano, y Barack Obama, demócrata.

Para el estudio analizaron el habla y los gestos de cada uno de ellos durante los debates presidenciales (concretamente fueron 3012 oraciones habladas y 1747 gestos). Se valoraron de forma independiente, por un lado, la valencia (positiva, negativa o neutra) de cada una de las cláusulas habladas y, por otro, cuando había un gesto simultáneo a la cláusula, si éste se realizaba con la mano derecha o la izquierda.

Los jueces que llevaron a cabo la tarea de valorar las cláusulas escucharon el discurso sin imagen y los que llevaron a cabo la tarea de contar los gestos y anotar qué mano se usaba vieron la imagen sin audio.

Los resultados mostraron que los candidatos diferían en la asociación entre gestos y habla. En ambos candidatos diestros, los gestos de la mano derecha aparecían con mayor frecuencia en cláusulas de valencia positiva y los gestos de la mano izquierda en cláusulas de valencia negativa. En ambos candidatos zurdos se encontró el patrón opuesto.

Por tanto, basándonos en esta muestra, cabe decir que hay una mayor probabilidad de asociar los mensajes positivos con gestos de la mano dominante y los mensajes negativos con gestos de la mano no dominante, revelando un vínculo oculto entre la acción y la emoción.

Este estudio revela que la asociación entre el lado dominante y la valencia emocional va más allá del laboratorio y se manifiesta de forma inconsciente en los gestos. De este modo, los gestos pueden revelar nuestra valoración emocional sobre lo que estamos hablando.

 

*Fuente: Ciencia cognitiva – ¿Lo aprecias o lo odias? Tus gestos al hablar pueden delatarte

¿Por qué mentimos si (se supone que) nos hace sentir mal?

Mentir está mal. Esto nos enseñan desde que somos pequeños, pero lo cierto es que la mentira forma parte del engranaje social de la comunicación, es necesaria para no herir a los demás o para autoprotegernos; aunque también se utiliza con fines más egoístas, maquiavélicos y pueden ser muy dañinas. Se supone que, con mejores o peores intenciones, el ser humano se siente mal mintiendo, engañar nos causa culpa, remordimientos, ansiedad, miedo (de que nos pillen por ejemplo)… entonces, si tan negativas son para nuestro estado de ánimo, ¿por qué lo hacemos?

La respuesta nos ha sido desvelada por la neurociencia, simple y concisa: Nuestro cerebro se acostumbra. La Resonancia Magnética funcional utilizada por los investigadores de la University College of London ha sido la clave para resolver el enigma. El experimento publicado en Nature Neurosciencie no deja lugar a dudas, cuanto más mentimos menos nos pesan los sentimientos negativos al hacerlo, al principio las emociones de culpabilidad son muy intensas, pero van descendiendo con la práctica. Una parte importante de nuestro cerebro relacionada con la emoción, la amígdala, se activa cuando engañamos para lograr nuestro propio beneficio. La respuesta de esta área disminuía con cada mentira. Cuando mentimos, nuestra amígdala produce una sensación negativa que se desvanece a medida que continuamos engañando.

Según explica Tali Sharot, investigador de psicología experimental y coautor del trabajo: “Cuando mentimos interesadamente, nuestra amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir. Sin embargo, esta respuesta se desvanece a medida que continuamos mintiendo y cuanto más se reduce esta actividad más grande será la mentira que consideremos aceptable. Esto conduce a una pendiente resbaladiza donde los pequeños actos de insinceridad se convierten en mentiras cada vez más significativas”.

Los datos obtenidos son muy reveladores y aplicables a otras conductas, en este caso se estableció la relación entre la habituación y el engaño, si bien, este mismo principio podría aplicarse a la progresión de otras conductas de riesgo como los comportamientos violentos.

 

 

Lo que todavía no sabes sobre las lágrimas

Podemos llorar de alegría, por afectación emocional, tristeza, miedo, dolor… emociones variopintas y contradictorias desatan una misma respuesta fisiológica: el llanto. Hay animales que derraman lágrimas con el puro objetivo de mantener húmedo el globo ocular, parece que las ‘lágrimas emocionales’ son exclusivas del ser humano, de un modo universal, todos lo hacemos independientemente del género, la cultura, la edad… Aunque es obvio que esta conducta adquiere una importancia mayor en la edad infantil, pura comunicación no verbal, cuando no conocemos las palabras, nuestras emociones básicas hablan por nosotros para comunicar nuestras necesidades más primarias.

Lo curioso del tema es que los expertos en la materia aún no saben con certeza por qué lloramos, hay muchas teorías e hipótesis al respecto, las más aceptadas apuestan por el sentido evolutivo de la indefensión, de la necesidad de comunicarle a los demás que necesitamos ayuda sin hacer mucho ruido, es decir, sin llamar la atención del resto de ‘depredadores’. No podemos resistirnos a consolar/ayudar a una persona que llora, según los estudios sociales estamos programados para ello y nuestra sensibilidad aumenta irremediablemente, inhibiendo nuestros instintos más agresivos.

Llorar sienta bien. Las lágrimas contienen hormonas del estrés, es una buena forma de expulsar el malestar de nuestro organismo. Tras el llanto nuestro cuerpo libera endorfinas, provoca que nuestro estado de ánimo se reactive equilibrando nuestras emociones, nos sentimos más tranquilos, liberados y reconfortados. Llorar ayuda al cuerpo a volver a un estado de homeostasis después de estar excesivamente excitado, ya sea positiva o negativamente.

Otro dato, en general, las mujeres lloran con más frecuencia y de forma más prolongada que los hombres. Puede existir aquí un componente cultural que provoque un sentimiento de vergüenza o debilidad en el hombre que le haga reprimir el llanto en etapas adolescentes y habitúe a su organismo a no reaccionar de este modo. Aunque según el Wall Street Journal también hay genética en esta diferencia: Las mujeres están programadas biológicamente para derramar más lágrimas que los hombres. Bajo un microscopio, las células de las glándulas lagrimales femeninas se ven diferentes a las de los hombres. Además, el conducto lagrimal masculino es más grande que el de la hembra, por lo que si un hombre y una mujer se rompen, emocionalmente hablando, las lágrimas de la mujer se derramarán sobre sus mejillas más rápido.

Continuando con el género, en 2011 se realizó un estudio que demostraba la correlación del llanto con la excitación sexual, los resultados fueron contundentes: la testosterona y la excitación sexual descienden en los hombres después de que huelan las lágrimas de una mujer. “Concluimos que hay una señal química en lágrimas humanas, y al menos una de las cosas que hace la ‘quimioseña’ es reducir la excitación sexual” determinaban los autores de la investigación.

También hay rasgos de personalidad que se relacionan con una mayor facilidad para llorar, personas que han experimentado fuertes traumas en el pasado, niveles elevados de ansiedad/neuroticismo, extroversión y empatía, por ejemplo.

¿Y qué hay de las lágrimas de cocodrilo? ¿Realmente existen? Sí, los cocodrilos lloran continuamente, pero no de dolor físico o emocional, su función es meramente la de lubricar el ojo, tienen un tercer párpado y es importante que el lacrimeo sea constante para no causar daños o infecciones.

 

 

 

*Referencia: https://www.huffingtonpost.com.mx/entry/tear-facts_n_4570879