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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

Detecta las 7 diferencias en el besamanos de la Reina Letizia el 12-O

Las deferencias y diferencias que revelan los gestos la Reina Letizia en el 12-O son de libro. Y es que la forma de saludar puede ofrecernos importantes pistas sobre las emociones, simpatías, recelos o tensiones entre dos personas. Un simple apretón de manos puede revelar la verdadera conexión en cualquier situación interpersonal.

No sólo en este gesto obtienen el protagonismo nuestras manos, también es interesante analizar el contexto y el resto de canales de expresión: duración, contacto visual, postura, distancias entre sí y expresión emocional en el rostro.

Y para amplia muestra, mi compañero J.L Martín Ovejero ha hecho una excelente labor de recopilación de los fotogramas más significativos para analizar las diferentes reacciones de la Reina Letizia al recibir a distintas personalidades en el besamanos del desfile del 12-O.

Os doy algunas claves para que os animéis a observar las imágenes y podáis sacar vuestras propias conclusiones, me gustaría conocerlas, así que comentad y veremos diferentes puntos de vista.

  • Existen tres estilos: Dominante, este sería el apretón de manos a lo Trump, enérgico, movido y agresivo e invadiendo el espacio vital del otro, se ofrece la mano con la palma hacia abajo. Cooperativo, existe una igualdad en la horizontalidad de los brazos y las manos, se respeta el espacio del otro. Sumiso, hay debilidad y falta de fuerza en el contacto, la mano se ofrece con la palma hacia arriba.
  • El contacto visual debe ser directo y constante en el tiempo breve que dura un apretón de manos. La expresión facial natural es una sonrisa social, si no conocemos bien a la persona, o una sonrisa que refleje realmente alegría, si la conocemos y estamos encantada de reencontrarnos. Veréis como en Doña Letizia se dan emociones muy diferentes y no siempre aparece una sonrisa…
  • Gestos posibles: El guante: Se utilizan ambas manos para cubrir o envolver la mano del otro. Es un saludo que usan mucho los políticos que desean impresionar aunque puede producir el efecto contrario y despertar desconfianza. El apretón doble: La mano libre toca el antebrazo de la otra persona para aumentar la sensación de cordialidad y compenetración. El apretón de muñeca: se emplea exclusivamente cuando existe una relación personal íntima. El apretón de hombro: La mano libre sube y se coloca en el brazo del interlocutor aumentando el grado de intimidad. Sólo para personas cercanas y puede resultar algo dominante.

 

Análisis no verbal: Puigdemont y los gestos de contención en el 10-O

Fotografía EFE

Todas las miradas estaban puestas en Carles Puigdemont y su discurso en el 10-O… la mía también. Estoy algo decepcionada porque el presidente de la Generalitat se caracteriza normalmente por su espontaneidad en la comunicación, por improvisar y expresar con naturalidad sus ideas.

En esta ocasión no ha sido así, ha leído cada palabra y esto coarta bastante la posibilidad de poder expresar emociones reales. Aún así, pueden destacarse algunas claves no verbales relevantes para interpretar su estado emocional y aportar más significado al momento.

Al inicio de su intervención se produce un bloqueo gestual muy significativo si lo comparamos con su línea habitual de expresión. No encontramos a penas movimientos ilustradores del mensaje, este descenso notable en el movimiento da cuenta de un exceso de energía racional. Es decir, está tan concentrado y destina tantos recursos al mensaje verbal que su cuerpo se bloquea y no puede acompasar su discurso.

Esto ocurre cuando hay un fuerte impacto emocional en lo que vamos a pronunciar, cuando tenemos una tensión extrema, temor y estrés y/o con un importante grado de densidad en el flujo de pensamiento.

Este indicador también se refuerza si analizamos el canal fisiológico, se pasa constantemente la lengua por los labios, le cuesta tragar saliva (por la ausencia de ésta) y tiene la garganta seca, visible por la tos repetida, carraspeo y voz más aguda. La tensión y el nerviosismo es muy palpable.

Respecto a su expresión facial, ha habido un movimiento estrella, repetido en más de una treintena de ocasiones durante su alegato. Aprieta los labios, éste es un gesto de contención y represión. Se produce cuando retenemos una idea, una emoción, una reacción, etc. Se trata de una señal de tensión o una señal de intentar mantener el control sobre uno mismo. Muy coherente con el contexto en el que se produce.

Por último, no soy muy fan de esto de los micropicores y de que si me rasco en el codo o en la rodilla significa ‘x’ o ‘y’. Pero es que en esta alegación de media hora se produce un ‘picor’ en un momento tan clave que me cuesta no darle importancia. Puigdemont se rasca la sien justo antes del momento de (semi) declarar la independencia de Cataluña. No le había visto este gesto antes y no lo hace en ningún otro instante de su intervención, lo hace justo ahí, antes de pronunciar la frase más esperada por todos.

No hay nada científico que de explicación a estos micropicores, yo lo interpreto más como un gesto automanipulador, es decir, la acción de tocarse a sí mismo ante la tensión o el nerviosismo del momento. Se infiere duda, inseguridad o temor ante lo que se va a manifestar a continuación, ¿tiene sentido, no?

La réplica (no verbal) de Puigdemont al Rey Felipe VI

El presidente de la Generalitat reaparece, con una escenografía solemne y una sola bandera (la catalana), tras la intervención del Rey después de lo acontecido el 1-O. Ya vimos cómo la comunicación no verbal dotaba de un plus de significado el mensaje de Felipe VI, y de nuevo con Puigdemont le expresión emocional vuelve a dar pistas sobre la profundidad de las palabras.

En general, su comunicación ha sido más espontánea y natural que la del Rey, no estar sentado ha contribuido a esta diferencia, ya que tenía más libertad de movimiento y esta dinámica provoca que el cuerpo ‘se suelte’ y ‘hable’ más (con el riesgo de que esto nos beneficie o no…).

Sorprendentemente, me ha parecido muy relajado, su rostro aparecía sereno cuando no suele ser habitual. El ceño fruncido forma parte de su línea base de comportamiento y en este caso solo mostró ira mientras enunciaba la intervención policial en Cataluña contra el pueblo civil catalán, acompañado después de tristeza.

Su expresión gestual es muy ilustrativa, coherente con el mensaje, armónica, con lo cuál denota credibilidad y convicción total en lo que dice. Los gestos de sus manos fueron muy adecuados, juntaba los dedos en forma de pirámide, transmitiendo así reflexión, calma y seguridad. Todo marchaba en una línea positiva hasta que menciona al rey y le devuelve (inconscientemente) el gesto del dedo acusador, levanta su dedo índice y señala a cámara con su mano izquierda, con la derecha y finalmente con las dos.

Este gesto tan sutil y aparentemente inofensivo entraña un significado nada positivo, de forma no consciente nuestro cuerpo quiere culpar, obligar o señalar de forma agresiva a nuestro interlocutor. Las personas que habitualmente realizan este gesto suelen creer que están en un nivel por encima de la persona a la que señalan, pueden pensar que tienen más autoridad. Sin embargo, también puede ocurrir que las personas que con frecuencia no señalan con el dedo, lo hagan, por ejemplo, en el caso de que estén enfadadas y crean que llevan la razón o pueden apuntar con el dedo para señalar que es la otra persona la que tiene la culpa de lo ocurrido…

¿Cuál es vuestra hipótesis?

 

 

 

Análisis no verbal de la aparición de Felipe VI tras el 1-O

El Rey Felipe VI aparece para pronunciarse sobre la situación en Cataluña tras el 1-O. El mensaje verbal ha sido directo y contundente contra el Gobierno Catalán y su lenguaje corporal no ha sido menos. Su comunicación ha estado encorsetada por la lectura del telepronter, al final, no deja de ser un discurso muy, muy, preparado, medido y leído.

Esto deja poco margen para la espontaneidad de las emociones, aun así, podemos detectar algunas claves emocionales reveladoras.

Ha sido especialmente interesante la evolución de las emociones en pocos minutos. En el inicio se filtran expresiones de ira intensa, muy significativa la asociada a la palabra “ilegal”, ha sido el momento más contundente en su expresión emocional, tonalidad y gestualidad.

Pero a medida que avanza en su intervención, la ira se convierte en profunda tristeza, que se mantiene casi constante en la mitad de su discurso, sobre todo cuando habla de la irresponsabilidad de las autoridades catalanas y cuando alude a la “unidad de España”.

Respecto a sus gestos, ha utilizado muchos más ilustradores de lo que suele manifestar, lo cuál significa que está comprometido y cree en lo que dice. Se esfuerza por enfatizar sus palabras y que el mensaje llegue a través de la pantalla. Destaca especialmente la apertura de manos y brazos en señal de ofrecimiento al dirigirse al pueblo catalán.

Y a vosotros… ¿os ha convencido?

 

Análisis no verbal: Inés Arrimadas muy hundida

Foto – EFE

Se han producido numerosas reacciones en el panorama político tras el 1-O que iré analizando estos días. Algunas trascienden por su contenido verbal y otras destacan por la elocuencia en la expresión corporal. Ha sido especialmente comentada la comunicación no verbal de Inés Arrimadas durante la rueda de prensa del líder de Ciudadanos, Albert Rivera (vídeo).

Mi colega de profesión J.L Martín Ovejero calificaba a Arrimadas como “muy hundida“. Efectivamente he podido cuantificar más de una decena de microexpresiones de tristeza en pocos minutos, su mirada estaba perdida, a veces, ni parpadeaba, su actitud era pensativa, muy reflexiva en la mayor parte de su aparición ante los medios.

Es una mujer muy expresiva y filtraba también emociones variopintas mientras escuchaba al representante de Ciudadanos, por ejemplo, sonrisas irónicas y desprecio cuando Rivera se pronunciaba al respecto del gobierno catalán. Pero también orgullo cuando se llamaba a la unión de la nación y cuando se sentía satisfecha de lo pronunciado por el presidente de su partido.

Inés Arrimadas has sido la responsable de la coherencia en el discurso de Albert Rivera, con su cuerpo asentía cada palabra e ilustraba el mensaje constantemente dándole fuerza y emocionalidad. El cansancio, el estrés y la tensión padecida también se hacía visible por su asimetría facial. Mi compañero Francisco Campos Maya escribe un artículo muy interesante al respecto.

 

El lenguaje corporal de Puigdemont revela sus intenciones

Programa ‘Salvados’. Puigdemont y Évole

Charla tensa, muy tensa a mi parecer, entre Carles Puigdemont y Jordi Évole, a quien felicito como entrevistador por sus preguntas sorpresivas, por el modo en que las realiza, su insistencia y su réplica vehemente. Quizá hable/corte demasiado en algunas ocasiones pero en general su estilo de entrevista, desde luego, da pie a un buen material interpretable.

Puigdemont comienza seguro en su discurso y su corporalidad pero se desestabiliza rápidamente ante los planteamientos ‘complicados’ de Évole.

Se nota sobre todo en: la fluidez del habla (acaba prácticamente tartamudeando), en los silencios (las latencias de respuesta al principio son casi nulas y se amplían significativamente hacia el final), el contacto visual (en el inicio es constante con su interlocutor y acaba desapareciendo) y en las pistas fisiológicas (bebe constantemente agua y traga saliva, lo que indica la sequedad en la garganta producto de la tensión experimentada).

Respecto a las emociones clave durante la entrevista, destacaría las siguientes:

  • Convicción total de que “sí se va a celebrar el referéndum”, independientemente de lo que pasé el 1-O, Puigdemont siente y cree que se llevará a término, su lenguaje corporal es coherente con las respuestas verbales afirmativas en este sentido.
  • Falta de convicción, sin embargo, al hablar de las “garantías del referéndum”, su gestualidad aquí queda paralizada, su cuerpo no ilustra el mensaje, hay un cambio de actitud que genera duda.
  • Emociones muy intensas de ira cuando se refiere al gobierno español y sus acciones ante la consulta del 1-O.
  • Muy curioso, sin embargo, que cuando manifiesta la negativa de Mariano Rajoy al diálogo con él podamos apreciar en su rostro una microexpresión de tristeza (caracterizada por la elevación del músculo central de la frente, las cejas quedan formando un triángulo).
  • Microexpresiones de asco y desprecio ante la idea de la retirada de urnas por los Mossos.
  • Finalmente, emoción de miedo y postura de huida ante la pregunta de sobre su posible detención, curioso que no muestre ira y sí dudas por la elevación de hombros, podemos pensar que contempla todas las posibilidades.

“No amo a mi hijos”. Soy psicópata

Tenéis a algún psicópata a vuestro alrededor, seguro. Por probabilidad puede ser vuestra madre, hermano, pareja, jefe, vecino… Están en todas partes y normalmente son personas muy influyentes (aquí 4 pruebas científicas que lo demuestran). Reconocerlos no es difícil si se sabe cómo buscar, lo primero de todo es saber qué es la psicopatía y cómo identificarla en la gente que nos rodea (pincha aquí para descubrirlo).

Realmente, hay muchos psicópatas adaptados en la vida real, conviven socialmente y además suelen ser personas de éxito. Y lo cierto es que no todos son criminales porque sí que son muy conscientes de los resultados que pueden tener sus acciones, aunque romper la ley suele ser una manera muy fácil de cumplir sus objetivos, deben ‘capear’ ciertos límites para llegar a la meta sin caer en el intento.

No reciben satisfacción social pero la autorrealización es una de las pocas necesidades de nivel superior que pueden ‘saborear’. Son capaces de llegar hasta donde sea mientras no se les pare los pies y no tienen en consideración a nadie. En esas circunstancias, es raro que una persona psicópata (desgraciadamente) no tenga éxito en su vida.

Al ser humano en general no sólo le dan miedo las consecuencias legales de sus actos, también las consecuencias sociales, pero el psicópata no tiene freno. Allá donde la ley no sea capaz de pararles los pies los psicópatas tendrán una tendencia criminal que pueda reportarle los suficientes beneficios.

El término ‘psicopatía’ está bien definido, el término ‘buena persona’ es bastante más complejo y subjetivo. La psicopatía es un síndrome genético, no aparece de repente en la edad adulta, por tanto la persona está habituada desde bien pequeña (sí, también hay niños psicópatas) a hacer daño y destruir lo que hay a su alrededor (no tiene por qué ser físicamente), sin consideración, aunque sus intenciones sean buenas.

Por supuesto muchos psicópatas se adaptan sin demasiada dificultad a la sociedad y no causan grandes problemas, pero sus métodos muchas veces nos impiden pensar que son buenas personas. Si bien es cierto que las personas con psicopatía son capaces de aprender a comportarse bien, ser educados, tener modales, pudiéndose convertir en personas ‘no perjudiciales’ para su entorno, siempre tienen un fin individual y no poseen sentimientos/emociones reales de amor, empatía, compasión, generosidad, admiración, etc, ni por sus hijos ni por nadie.

Lo define muy bien un ejemplo traído por Guillermo Jiménez en su (muy recomendable) blog ‘Lecturonauta’ y que os dejo para la reflexión y el debate:

En Quora, plantearon la siguiente cuestión: ¿Pueden los psicópatas amar a sus hijos?

Una madre diagnosticada con psicopatía nos da su respuesta:

No, yo no “amo” a mis hijos… pero ellos ciertamente creen que lo hago. Veo a mis hijos como posesiones. Esto va a “sonar mal”, pero yo los veo como una especie de mascotas o muñecas. Son míos para entrenar, educar y moldear.

  1. Les decía lo que hacer y lo hacían. Punto.
  2. Respondía a sus preguntas, pero ellos sabían preguntarlas en privado (no en público). Normalmente no mentía a la hora de responder estas preguntas…

(Por ejemplo, preguntaban “¿De dónde vienen los bebés?” y les daba la charla sobre el sexo [mi hija tenía 5 años cuando preguntó esto por primera vez, y mi hijo, 8 años]. Sin embargo, si preguntaban “Mamá, ¿nos quieres/amas?”, yo, por supuesto, les decía algo por el estilo de “¡Con todo mi corazón!” porque reconocía que tienen sentimientos y yo no los tengo, y quería que mis “mascotas” estuviesen felices y contentas. No deseo hacerles daño emocional).

  1. Nunca tuvieron permitido creer en Santa, el conejo de Pascua, el hada de los dientes, o cualquier otro sinsentido.
  2. Empezaron a aprender meditación y yoga cuando fueron muy jóvenes (hija, 2 años; hijo, 3 años).
  3. Las personas que interactuaban con mis hijos (jóvenes) no tenían permitido usar el sarcasmo cuando se comunicaban con ellos o “bromear” con ellos. Los niños jóvenes no entienden el sarcasmo y “bromear”. Les permití aprenderlo con sus compañeros en la escuela (cerca de 5º/6º curso (N. del T: Entre 10 y 12 años)).
  4. A mis hijos se les enseñó acerca de todos los tipos diferentes de religión y tuvieron permitido elegir cualquiera de ellas que sintieran que se adecuaba mejor a ellos (Mi hija eligió la Wicca y mi hijo es “espiritual”).

Mis hijos tienen buenos modales, se graduaron con honores (tanto en el instituto como en la universidad), y tienen carreras exitosas y florecientes en sus respectivos campos. Entienden como jugar al juego sin ser eclipsados o consumidos por él. Han sido entrenados para ser lobos, no ovejas.

Y aunque estoy orgullosa de que sean míos y los apruebo, no los amo.

 

Me encontré a Pablo Iglesias por la calle, le observé y no sé qué pensar

(JAVIER LIZÓN / EFE) Pablo Iglesias, durante el acto de la Universidad Complutense en el que le plantó la prensa.

(JAVIER LIZÓN / EFE).

El pasado viernes por la noche fui al teatro Kamize, la obra se titulaba ‘El Amante’ (muy recomendable, por cierto). El caso es que desde que me dedico a esto de la comunicación no verbal he analizado a los políticos de este país cientos de veces, sus posturas, sus gestos, cada expresión emocional ejecutada en un debate o en un mitin, incluso en juicios; he registrado cada detalle a través de fotografías, de vídeos, fotograma a fotograma (ni os imagináis el trabajo que hay detrás).

Y el viernes allí estaba él. Tenía a Pablo Iglesias a pocos metros de distancia. Yo os cuento lo que vi y me gustaría conocer vuestra opinión porque yo misma tengo dudas sobre cómo interpretar su comportamiento. En primer lugar, yo estaba situada en una inmensa cola de entrada, el aforo era bastante grande y allí esperamos unos 15 minutos para entrar. Él no. Lo vi llegar a lo lejos y me sorprendió su actitud.

Caminaba agazapado por la calle lateral del teatro, rápido, por las zonas no iluminadas, miraba hacia todos lados, encorvado, nervioso, con expresión facial de preocupación, casi de miedo, tocándose la frente para intentar ocultar su rostro y entonces entró por la puerta de atrás del teatro. Aún así, mucha gente que salía de esa calle lateral al teatro lo reconoció y venía diciendo “¡era Pablo Iglesias! Sí, sí, era él. Tenía que haberle pedido una foto o algo!”

A continuación, y sin querer hacer demasiado spoiler, la primera parte de la obra se desarrollaba en una fiesta como parte previa al espectáculo, todos entrábamos a una sala y ofrecían bebidas y comida a los asistentes. Él no entró en esta parte del teatro. Cuando nos dirigimos a la sala de las butacas él ya estaba allí sentado en las primeras filas, prácticamente agachado en su asiento, casi avergonzado. Y al finalizar la obra salió velozmente, y con la misma actitud que entró, por otra puerta que no era la habilitada para el resto de los mortales allí presentes.

Bien, por un lado, y empatizando, me impactó bastante ver a una persona inquieta y tan ‘vigilante’ ante una situación tan cotidiana como es la de ir al teatro, preocupado constantemente por que no le reconozcan por la calle. Y pensé que debe ser muy incómodo para cualquiera, más aún, cuando hay fuertes convicciones ideológicas políticas a favor o en contra de esa persona que pueden despertar tantos ‘amores y odios’.

Por otro lado, también me surge la duda sobre si ese comportamiento es coherente o no con el significado de la política, término que etimológicamente significa «de, para o relacionado con los ciudadanos». No quiero relacionar esta idea sólo con Pablo Iglesias, es la persona que pude observar de cerca, pero pongo la mano en el fuego de que el resto de políticos lo harán igual o incluso aún peor.

Si pierden el contacto del día a día con el ciudadano, si no esperan una cola de entrada, si no saben lo que cuesta un café, si no escuchan a esa gente que les quiera parar por la calle se alejan de la realidad y eso creo que un futbolista o un cantante se lo pueden permitir, pero ¿un político puede permitirse mantenerse al margen del contacto social? ¿siempre, a veces…? o ¿es algo que siempre irá implícito en su trabajo?

No sé qué pensar… se admiten opiniones al respecto. 🙂

[Inciso tras leer vuestros comentarios: En primer lugar, GRACIAS a todos los que habéis entendido el post como planteamiento a debatir: vida privada/pública de los políticos a partir de mi encuentro con Pablo Iglesias. Gracias por vuestros comentarios y opiniones al respecto (de eso se trataba). En segundo lugar, Pablo Iglesias iba efectivamente acompañado de Irene Montero, sin más, yo vi entrar solo a Iglesias y en las butacas estaba con ella, no opino sobre ello ni la nombro si quiera porque yo no la vi entrar. Por último, en ningún momento critico el comportamiento de Pablo Iglesias, solo describo lo que vi, de hecho admito que, poniéndome en su lugar, me cuesta saber cómo actuaría yo misma en su situación y reconozco que debe ser muy difícil saber gestionar o conciliar su vida privada con la pública, a mi me causó bastante impresión y quería compartirlo con vosotros. Reitero mi agradecimiento a los que así lo entendieron 🙂

* A partir de ahora, tras reflexionar sobre la repercusión que puede tener una opinión sobre una persona conocida en el ámbito privado y el respeto que merecen en dicho ámbito, he decidido que mis análisis y valoraciones sobre los protagonistas de la actualidad se restringirán a sus apariciones públicas.

“Si quieres pillar a un mentiroso hazle hablar” (y cuál es la mejor mentira)

Con el revuelo independentista de Cataluña y a tenor de las declaraciones de unos y otros, filtraciones, ruedas de prensa, mentiras y ‘desmentiras’, promesas, intenciones, etc, la comunicación no verbal toma protagonismo y no pasa desapercibida a la hora de intentar desentrañar este juego de tronos.

Así me lo planteaba Juan Fernández, periodista de ‘elPeriódico‘ de Cataluña, que decidió hacerme una entrevista (que podéis leer pinchando aquí) para ver qué era esto de la detección de la mentira y cómo podía aplicarse a la política y a nuestra vida en general.

La pregunta del millón: –Algún truco para saber si me engañan. En mi oficio, la máxima es: por la boca muere el pez. Si quieres pillar a un embustero, hazle hablar. Los que nos dedicamos a esto, desde el policía que interroga a un detenido hasta el encargado de selección de personal.

A menudo pensamos que la detección de la mentira basta con la mera observación, esta tendencia ha cambiado por completo tras la investigación científica. Debemos ser sujetos activos ante nuestro interlocutor para obtener información sensible que nos permita comprobar la veracidad de lo que nos cuentan. Debemos hacer que el interlocutor baje la guardia, sea nuestro amigo, dejar que hable y de vez en cuando lanzar preguntas inesperadas sobre lo que nos interese.

Si se desconcierta es que esconde algo. Y hay trucos que parecen juegos, como el del dibujo. –Cuente, cuente. Usted llega tarde a casa y dice que viene de un bar. Su mujer no le cree y le pide un dibujo del bar. ¿A que no se lo espera? Su seguridad al trazar ese dibujo le delatará. Otro truco consiste en cansar al embustero. Mentir es agotador, obliga al cerebro a inhibir la verdad y construir una mentira. Si lo sobrecargas, al final cometerá errores.

La mejor mentira es la que siempre se elabora a partir de una verdad, de una realidad vivida pero cambiando un pequeño detalle. Por ejemplo, en el caso del asesinato de la niña Mariluz. Santiago del Valle fue su asesino y su mujer lo sabía todo, aunque en las declaraciones públicas que hizo esta señora siempre lo desmentía, sin embargo, todos los indicadores eran de credibilidad, ¿por qué? porque lo único que hizo fue contar todo el relato con detalles tal y como pasó, exactamente tal y como pasó pero cambiando de protagonista, en lugar de su marido nombraba a su cuñada. Por tanto, todo era real salvo por el ‘protagonista’ de la historia, como más tarde se demostró por el resto de pruebas.

Análisis no verbal: el desafío independentista catalán ¿Quién miente?

En estos días hay planteada una especie de partida de póquer entre el Govern de la Generalitat y el Gobierno Español por el referéndum independentista del 1 de octubre. Unos dicen que se va a celebrar, Puigdemont y Oriol Junqueras, por ejemplo, (aunque saben que está complicado) y otros dicen que no se va a celebrar, Mariano Rajoy y Soraya S. de Santamaría, por ejemplo, (aunque va a ser difícil gestionar la prohibición).

Entonces ¿quién miente? Sería interesante saber si la comunicación no verbal permite deducir algo de sus intenciones… Pues bien, si analizamos a las partes implicadas y tenemos que detectar quién está faltando a la verdad mi respuesta es contundente: Nadie, ninguno miente. Todos dicen la verdad, al menos, su verdad, porque todos tienen una fuerte convicción ideológica en lo que manifiestan. Todos expresan sus ideas y están convencidos de lo que dicen.

Por cierto, esa es la única clave para que no te pillen en una mentira. Podemos detectar incongruencias entre la comunicación verbal/no verbal pero tenemos que reconocer que no hay ningún método infalible para detectar mentirosos. La razón es simple de entender: las intenciones verdaderas de la conducta de una persona son, al menos de momento, inescrutables. Una de las herramientas básicas del buen mentiroso es, sin duda, hacer un esfuerzo por creerse sus propias mentiras. Y este es un claro ejemplo de ello.

Si observamos esta muestra de declaraciones sobre el tema (pinchando en el nombre de cada político), podemos ver cómo Carles Puigdemont manifiesta sus intenciones con una clara convicción en lo que cuenta, total serenidad, contacto visual, pausas y tonalidad fluidas, gestos ilustradores, etc. Está totalmente convencido de lo que dice y de lo que no, evita responder o dar detalles.

Oriol Junqueras muestra más dudas pero también porque su estilo no verbal habitual suele ser más inseguro. Se encoge de hombros, no mantiene tanto el contacto visual, baja la tonalidad de su voz y no habla con tanta fluidez. Provoca, al menos, carencias o inconsistencias en la credibilidad de su mensaje.

Mariano Rajoy es contundente, está muy enfadado con este tema especialmente, su rostro es severo, de ira y está en modo ataque, con el dedo acusador constantemente activo en su discurso. Suele ser muy plano y poco emocional en sus intervenciones y aquí se le advierte un claro impacto emocional a nivel casi personal, por el contacto visual, la fluidez en el lenguaje, las pausas, la tonalidad de la voz y los gestos.

Soraya Saenz de Santamaría ídem, pero además de ira se le detecta una microexpresión de asco cuando habla de ‘a un mes vista del ‘referendum’, que significa un total rechazo y repudio a ese acto, el asco se expresa cuando hay amenaza. Y al finalizar su intervención podemos ver como muestra orgullo, se siente orgullosa de manifestar ‘la poca vergüenza’ que, para ella, hay asociada a este acto.

Parece que por ahora todos se creen victoriosos en esta contienda, veremos a ver hasta dónde son capaces de llegar cada uno para materializar estas ideas de fuerte convicción ideológica por ambas partes…