Tendrás una vida más corta, literalmente, con un trabajo estresante

El estrés es un sentimiento/estado de tensión física o emocional que puede provenir de cualquier situación o pensamiento que lo haga sentir a uno frustrado, furioso o nervioso. Se trata de una reacción corporal a un desafío o demanda.

Fotografía de uso libre: Pixabay License

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Pequeños episodios de estrés pueden resultar incluso positivos, ya que nos puede ayudar a evitar un peligro o a cumplir con una tarea importante en fecha, pero ya conocíamos que los efectos del estrés prolongado son nefastos para nuestra salud física y mental.

Ahora, los autores Mark Borgschulte, Marius Guenzel, Canyao Liu y Ulrike Malmendier, han publicado recientemente un estudio que relaciona los efectos de estrés con el envejecimiento y muerte prematura de las personas que ocupan puestos ejecutivos.

Analizaron las fechas de nacimiento y muerte de casi dos mil directores de grandes empresas y utilizaron herramientas de aprendizaje automático para evaluar el envejecimiento visible, usando una muestra de 3.086 fotos de los directores ejecutivos de Fortune de 2006 en el transcurso de su mandato.

Los resultados fueron sorprendentes: “Cuando los directores ejecutivos se encontraban bajo un estrés significativo, durante una recesión económica por ejemplo, redujeron su esperanza de vida en 18 meses. Por el contrario, su vida útil aumentó en dos años cuando estaban aislados de las presiones del mercado“.

Además, el análisis de las imágenes mostró que la exposición a un evento significativo, como la Gran Recesión Económica, también aumentó la edad visible de los directores ejecutivos, desmejorando su rostro de forma muy significativa, según la investigación.

Los regímenes de liderazgo corporativo más estrictos, que generalmente se consideran deseables y que supuestamente mejoran el bienestar, realmente imponen importantes costos para la salud personal a los directores ejecutivos“, concluyeron los investigadores.

Si bien carecemos de una medida física o médica, cuantificable o irrefutable, de mayor estrés, la evidencia implica que una gobernanza severa y las recesiones económicas sí constituyen un daño personal sustancial para los directores ejecutivos en términos de salud y esperanza de vida real.

Y tú, ¿qué tipo de trabajo tienes? 🙂

 

El éxito del fenómeno influencer explicado por la psicología

Es indudable que las influencers triunfan ya entre diferentes generaciones y sus opiniones, recomendaciones y estilo, marcan tendencias, publicidad y ventas. ¿Pero qué tienen que engancha tanto? ¿Por qué consiguen influir en millones de seguidores?

Tanto la psicología como la comunicación no verbal tienen mucho que decir al respecto.

Tradicionalmente los líderes de opinión solían pertenecer a las clases altas de la sociedad, por su estilo de vida aspiracional y porque obviamente tenían un mayor acceso a la formación y educación más especializada, por tanto, su preparación, relaciones y conocimientos les dotaban de mayor credibilidad.

Hoy esta tendencia ha cambiado, en buena parte gracias al desarrollo de las tecnologías y la conexión que han logrado las redes sociales. El boca a boca es la nueva modalidad del marketing más eficaz.

Los estudios demuestran que ahora percibimos la publicidad convencional como una amenaza, sin embargo, si un influencer se dedica a establecer vínculos y cultivar relaciones de apego con su comunidad, esa persona nos empieza a resulta familiar, ya tomamos su ‘sugerencia’ como si fuera la de un amigo, alguien conocido, de nuestra total confianza.

Y no solo es fundamental lo que nos cuentan, también importa el cómo lo hacen.

Con un lenguaje muy cercano y coloquial, los influencers conectan contigo a través de un directo, de un vídeo, cara a cara, porque nos tienen que mostrar sus emociones, observamos rostros de placer al oler una determinada crema, o felicidad y diversión en un viaje o en tal hotel… Y además lo combinan sutilmente con días malos, también nos enseñan su tristeza, su ansiedad, su agobio o indignación con los haters, esto nos hace ponernos en su lugar, querer ayudarles, nos conectan aún más a ellos.

Casi podemos sentirlo, nos contagian emociones a través de su conducta no verbal y esa es la mejor forma de influir y convencer, pura empatía positiva. Nuestro cerebro se engancha a esa visión y querrá repetir cada día, sin perderse nada.

Porque no podemos olvidar el fenómeno del ‘deseo de pertenencia‘ para cerrar el círculo. El influencer se apoya en las aspiraciones de pertenencia de su audiencia a ese universo ‘mejor’, bello, atractivo, lujoso,  cuando recomiendan una peluquería, un perfume o un determinado restaurante. Su comunidad experimenta la necesidad de imitar en algún sentido ese estilo de vida para sentirse más cerca de ese mundo glam que proyecta.

 

 

Analizamos la carta de ‘El Prenda’, ¿arrepentido?

El arrepentimiento es un sentimiento muy intenso que genera pesar por algo que se ha hecho, dicho o dejado de hacer. El pesar es tristeza, un dolor interior, profundo, sobre todo cuando el acto tan aberrante que provoca esa culpa es tan grave como el acometido por “La Manada”.

 

Uno de sus miembros, conocido como ‘El Prenda‘ ha escrito una carta de supuesto arrepentimiento en la que declara de forma escueta lo siguiente:

“Mi total arrepentimiento por el delito por el cual cumplo esta condena, y mi solicitud personal de perdón a la víctima por los daños causados, los cuales lamento profundamente, y así mismo a sus familiares directos”.

La comunicación no verbal no trata solo de examinar caras o gestos, también explora lo que proyectan las palabras que elegimos, su coherencia emocional y una interpretación psicológica del discurso.

Si analizamos el contenido emocional de la frase es fácil apreciar una carencia absoluta de implicación del afecto (no hay alusión a descriptores que afronten lo que hizo ni a sus consecuencias).

La terminología que se utiliza es formal, fría, técnica, no hay verdad, no hay desgarro, no hay sentimientos.

Ni siquiera se dirige a ella por su nombre, la llama “víctima”. Sí, es su víctima, pero ella no se reduce a eso, no era víctima antes de conocerle, es una persona, una mujer, casi una niña por aquel entonces, tiene nombre, un nombre que no se atreve a pronunciar, no la dota de identidad propia.

De igual forma, se muestra evasivo omitiendo lo que hizo con ella, reduciéndolo a “delito por el cual cumplo esta condena”, así, se distancia emocionalmente de ella pero también de los hechos, no quiere destacar su importancia, no le interesa que aparezca en su texto la palabra violación, porque esa palabra resuena muy fuerte, es de gran impacto emocional y le convierte en algo que involuntariamente, o no, todavía no quiere reconocer a las claras.

Por tanto, si profundizamos en las palabras escogidas para demostrar su arrepentimiento, nos costará darle credibilidad, ya que en toda esta impostada retórica no reconoce el dolor, no afronta la realidad llamando a todo por su nombre, no expresa sentimientos ni emociones compatibles con un estado auténtico de sufrimiento, remordimiento o penitencia.

*Te puede interesar:

Que no vuelvan los dos besos al entorno laboral

Hace unos días leía un hilo en Twitter que trataba el tema con este titular, las opiniones al respecto eran variopintas pero la mayoría del género femenino apostaba por el abandono definitivo de saludarnos con dos besos en el contexto profesional.

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La pandemia ha puesto en jaque al contacto físico y ha supuesto un respiro para los amantes de la distancia física. Durante mucho tiempo, todos tuvimos sed de piel, echando en falta los besos y abrazos que poco a poco se vuelven a recuperar dentro de nuestro círculo más íntimo, pero puede que el Covid haya marcado un antes y después definitivo con desconocidos.

El saludo mediante el beso lo iniciaron en la antigua Roma. El cristianismo incorporó muy pronto este gesto y se usaba en ceremonias religiosas. Ya en la Edad Media se daba un beso como señal de fidelidad y sello de acuerdos. Precisamente se cree que durante la terrible epidemia de peste, que asoló Europa en el siglo XIV, esta costumbre pudo haberse abandonado y no se recuperaría hasta después de la Revolución Francesa, en 1789.

De forma indistinta, los dos besos nacen como fórmula de cortesía entre hombres y mujeres, como muestra de confianza y respeto, sí, pero la evolución cultural la ha desmarcado hacia una costumbre asimétrica de género, sin sentido, y quizás sea hora de al menos reflexionar sobre ello.

La comunicación no verbal tiene mucho que decir aquí, la proxémica es el canal que estudia y dota de significado al lenguaje de las distancias interpersonales. Con dos besos se invade el espacio personal del otro, y esto realmente es antinatural.

Animales y humanos rompen la barrera personal para pasar a un espacio íntimo de contacto solamente en tres casos: cortejo, expresión de afecto familiar/amistoso y en la lucha. Cuando saludamos a un desconocido no hay cabida para estas acciones, ni queremos mostrar cariño ni agredirle.

Los estudios científicos sobre este ritual han identificado que al saludar con dos besos, o con tan solo un buen apretón de manos, se activa la misma parte del cerebro que procesa otros estímulos de recompensa, como la buena comida o el sexo.

Nuestro sistema nervioso está diseñado para hacer que el contacto sea una experiencia no solo placentera, sino necesaria para la supervivencia. Eso sí, el contacto debe ser voluntario, si nos incomoda, o lo practicamos por la obligatoriedad de la costumbre, puede causar el efecto contrario al estimado: asco y rechazo.

Y vosotr@s, ¿qué experiencias habéis tenido en este sentido? Comentamos en redes.

*Fuentes:

Se hizo el silencio: Las 22 claves psicológicas para entender la pandemia

Por qué no debes dar dos besos para saludar en un entorno laboral

¿Existe realmente la falta total de empatía?

La empatía es una característica necesaria para establecer relaciones sociales, imprescindible diría yo. Pero su significado no se reduce a ‘ponerse en el lugar del otro’.

En general, se trata de comprender la perspectiva, necesidades, intenciones, sentimientos y experiencias de otra persona, incluso siendo opuestos a los nuestros, sin compartir las mismas circunstancias, y aun así responder mostrando apoyo regulando nuestras propias emociones.

Ahí es nada.

Fotografía con Licencia Creative Commons

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No siempre conduce a la acción porque hay varios tipos de empatía: cognitiva, comprender intelectualmente los sentimientos del otro aunque no experimentemos ninguna sensación; afectiva o emocional, es la tendencia a sentir las emociones de los demás, incluso a nivel físico; y compasiva o preocupación empática, es la suma de las anteriores y es el tipo de empatía que más moviliza a la acción, por ejemplo, tomar la decisión de parar para ayudar a alguien que tiene problemas con su coche, o donar dinero tras una catástrofe.

Hay bastante controversia sobre si la compasión es totalmente altruista o no. Parece que las investigaciones revelan que, siendo puristas, a nivel fisiológico, no lo es, ya que cuando ayudamos a alguien, nuestro cuerpo produce más dopamina, una hormona que provoca “sentirse bien”, activando el sistema de recompensa en el cerebro.

Pero, ¿es posible no tener NADA de empatía?

Las personas con poca empatía se caracterizan por ser excesivamente críticos con los demás, por no conectar con las circunstancias y responsabilizar siempre al otro de su desgracia pensando que a ellos no les tocará o que podrían resolver mucho mejor ese tipo de situaciones complicadas, se muestran crueles, despectivos o indiferentes con las emociones de los demás.

Hay consenso en asegurar que la empatía existe en un espectro y, en la mayoría de los casos nunca está del todo ausente, simplemente está disminuida, en general o en particular, es decir, nos puede costar siempre conectar con las emociones de los demás, o a veces nos resulta imposible hacerlo con alguien en concreto, porque no le tenemos apego, porque pensemos que él/ella ‘no merece’ ya nuestra comprensión, porque nos ha hecho daño previamente, etc.

Los niveles de empatía pueden depender de nuestra genética, tipo de personalidad, cultura, educación, experiencias… Pero la empatía es una habilidad, la capacidad siempre está ahí y se puede desarrollar o aumentar entrenándola.

¿En qué casos nos encontramos una falta de empatía más acentuada o casi completa?

En personas con lesiones cerebrales en la zona de la ínsula (alexitimia), casos de autismo severo, aunque en las últimas revisiones se ha demostrado que pueden tener dificultades con la empatía cognitiva, pero sí que son capaces de desarrollar empatía emocional, lo que ocurre es que no pueden expresarla.

Ocurre lo contrario con las personas que padecen trastorno límite de la personalidad, que pueden tener dificultades para desarrollar empatía emocional (sentir), pero sí que pueden comprender los sentimientos de los demás. También se relaciona una escasa empatía con un bajo nivel de inteligencia emocional y con periodos de mucho estrés prolongado.

Tradicionalmente se pensaba que las personas que puntuaban alto en psicopatía o maquiavelismo, o diagnosticadas de trastorno narcisista de la personalidad, tenían una ausencia total de empatía, los últimos estudios apuntan que esta afirmación no es correcta, que en realidad tienen un cierto grado de empatía; simplemente pueden carecer de la motivación para mostrarlo o actuar en consecuencia.

*Fuente: Psych Central – Is it possible to lack empathy?

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Teorías del color o por qué los presidiarios visten de naranja y los cirujanos de verde

El color nos afecta de una manera profunda y juega un papel muy relevante en la interpretación de la comunicación no verbal. La vista de un cielo azul claro, del mar infinito, nos hace sentir tranquilos y en paz. Casi podemos oler el intenso aroma de una rosa con solo verla de lejos, o saborear el dulce de la visión rosa de un algodón de azúcar. Las consultas de los médicos están pintadas de blanco para dar sensación de limpieza clínica, y funciona, ¿verdad?.

Algunos de los sentimientos y reacciones que tenemos con respecto a los colores que vemos pueden atribuirse a la cultura y a la sociedad, pero algunos de ellos provienen de nuestra composición psicológica.

Existen los investigadores del color, quienes trabajan sobre esta relación entre los colores y la percepción humana. Este tipo de estudio es parte de un campo llamado teoría del color, que se centra en la mezcla de colores y su impacto visual. Fundamental, si os gusta el tema, leer todos los libros de Birren, sus teorías son la Biblia de los mejores artistas, arquitectos, pintores, diseñadores…

Algunas de las curiosidades de este campo son, por ejemplo, que el color está asociado directamente con los estados de ánimo de las personas, su nivel de excitación e incluso con su capacidad de procesamiento cognitivo.

Los colores denominados ‘fríos’, como el azul o el verde tienen efectos calmantes en las personas, mientras que los colores ‘cálidos’, como el rojo, naranja o amarillo son excitantes.

Según algunos resultados experimentales, estas asociaciones pueden haberse formado en los comienzos de la raza humana, cuando se asociaban los colores azul y verde con el mar, el cielo, la noche, todos ellos relacionados con la tranquilidad, la calma, la pureza. Los colores brillantes, denominados cálidos, se asociaron con el sol y el fuego, es decir con la energía, la excitación y el peligro, también las frutas venenosas son normalmente rojas.

Tanto es así, que en una investigación de Crozier en el año 1999 se llegó a la conclusión de que las personas siempre prefieren el color azul, y no por el color en sí, sino por la tranquilidad y la calma con la que lo asociamos. Lo curioso es que no somos los únicos animales para quienes su color favorito es el azul, las polillas y los abejorros también tienen preferencia por estas tonalidades.

El color también afecta a nuestras percepciones de temperatura, es interesante porque las personas suelen percibir una habitación azul con hasta tres o cuatro grados menos que una habitación roja, y en función de estas percepciones también suelen comportarse. Por tanto, las decisiones sobre el uso del color, a niveles casi universales, nunca han sido arbitrarias y tienen su razonamiento detrás.

En 1981 algunas de las instituciones penitenciarias de Estados Unidos pintaron las celdas de los reclusos de color rosa, Alex Schauss eligió el tono para diversas cárceles como las del Nueva Orleans, LA, San José, San Bernardino, Carolina del Norte, entre otras, y concluyó que se redujeron drásticamente los comportamientos violentos de los presos al debilitarse sus músculos por el efecto del color.

Este razonamiento se basa en la posibilidad de que el procesamiento visual de la luz afecta a nivel neurológico y que los tonos rosas puedan provocar la pérdida de fuerza muscular. Sin embargo, un estudio empírico sobre la cárcel rosa no mostró ningún efecto a largo plazo debido al color, y varias investigaciones expresaron escepticismo, aunque la controversia está servida.

Orange is the new black. Lo que está claro es que el naranja sigue siendo el color más utilizado en el atuendo carcelario, en la mayor parte de los países (no en España, que no existe la uniformidad), pero ¿por qué? Parece que la respuesta es simple: el contraste. El naranja es el color más llamativo, destaca en el entorno blanco o gris, por tanto, se advierte en todo momento dónde se encuentran los presos y cómo se van moviendo por el espacio.

Podemos imaginar que ocurre lo mismo con el amarillo y los taxis de Nueva York.

Según un artículo publicado en 2013 en la revista ‘Livescience‘, el verde fue el color elegido para vestir a los doctores a partir del siglo pasado porque, al ser el color opuesto al rojo, les ayuda a ver mejor en el quirófano. Al parecer, cuando un cirujano pasa mucho tiempo mirando las partes del cuerpo que está operando su ojo se vuelve insensible al rojo, pero si durante unos instantes mira el color opuesto logra que su vista se refresque y así pueda volver a diferenciar perfectamente la zona que está interviniendo.

Siempre hay un motivo para todo 🙂

 

*Referencias:

¿CÓMO NOS AFECTA EL COLOR? – Grup Trobat

The Effects of Baker-Miller Pink on Biological, Physical and Cognitive Behaviour

The Physiological Effect of Color on the Suppression of Human Aggression: Research on Baker-Miller Pink

Ya no siento ‘mariposas en el estómago’… ¿No estoy enamorado/a?

Ay las ‘mariposas en el estómago‘… Esa sensación tan increíble de nerviosismo, impaciencia, incertidumbre, ganas… todo un revoltijo literal de sensaciones internas, pero también físicas.

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Sentimos ese pellizco en nuestras entrañas realmente, porque el amor no depende de nuestro corazón, como casi todo en el ser humano, el amor está en nuestro cerebro y también en nuestro estómago, nuestro cerebro secundario (perdón por el daño al romanticismo).

En la fase más inicial de una relación íntima se segrega una sustancia llamada adrenalina, responsable de que nuestro corazón lata más intensamente cuando él/ella está cerca (o recibimos un mensaje/llamada), pero también de que aumente el peristaltismo (movimientos de contracción del tubo digestivo), esas son nuestras ‘mariposas’.

Nervios, estrés y ansiedad, el trío que define el proceso de enamoramiento; y es completamente normal e incluso positivo (eustrés) porque se trata de una ‘alarma’ de nuestro organismo que nos estimula ante la intensa curiosidad, el deseo de gustar, cierto miedo, dudas, las ansias por estar con el otro, por querer que todo salga bien…

Y claro que esas mariposas desaparecen, menos mal ¡Imaginaos si no lo hicieran! Hablaríamos entonces de un amor caótico y destructivo. Cuando pasamos del enamoramiento al amor maduro hablamos de un estado completamente diferente. Cuando pasa el tiempo y nuestra relación se asienta no debemos sentir mariposas porque no debemos sentir estrés.

El amor ya nos tiene que proporcionar paz, tranquilidad, estabilidad emocional, calma, confianza, seguridad… Es decir, todas las sensaciones opuestas a las que experimentábamos al principio con esa persona entonces desconocida.

El enamoramiento no puede ser eterno, el amor sí.

Miénteme si te atreves: las claves de la detección de la mentira

En este blog escribo sobre psicología, comportamiento no verbal, perfiles de personalidad, análisis de conducta y testimonios, comunicación… pero sin duda lo que más interés suscita siempre es hablar de la mentira. Porque es algo natural, innato en nosotros, mentir, pero también no querer ser engañados. Los entresijos de la mentira nos atraen y repelen a parte iguales.

Miénteme... si te atreves: claves para detectar la mentira

Miénteme… si te atreves: claves para detectar la mentira

Si sois asiduos a mis artículos ya sabréis que no existe la receta mágica para detectar la mentira, no hay nada infalible, nada. Si bien es cierto, que conocer ciertas señales conductuales, verbales, no verbales, contextuales, etc, nos pueden ayudar a desconfiar y seguir indagando.

Mi colega de profesión José Luis Martín Ovejero ha reunido muchas de las investigaciones científicas sobre el estudio del comportamiento humano y la mentira en un libro que se convierte en un manual imprescindible si deseas adentrarte en este apasionante mundo.

Explicado de forma sencilla, encontramos numerosos e interesantes resultados de los grandes experimentos sobre el engaño:

Por ejemplo, la influencia de la mentira en el desarrollo de una sociedad, encontrando que los grandes engaños (robar, herir) conducen a la desintegración de las comunidades, pero las mentiras piadosas (para no dañar o hacer sentir bien a alguien) tienen el efecto contario, las conexiones entre las personas mejoraban con el tiempo gracias a estas.

Que, en algunos casos, la mentira hasta puede beneficiar nuestra salud, se ha demostrado que ‘falsear’ nuestra edad, quitándonos unos añitos, genera una mayor expectativa de vida con una tasa de mortalidad más baja.

O que se ha llegado a la conclusión de que a la hora de detectar mentiras, todos somos iguales,no existen diferencias significativas de género, edad, nivel educativo, experiencia… Aunque sí se desgranan ciertos matices al respecto, así como la aplicación en casos muy cotidianos, también relacionados con personajes famosos del mundo de la criminología, la política o el deporte, ni el Papa se escapa del análisis.

Interesante, ¿verdad? Si se os ha despertado el gusanillo, esta tarde el autor estará firmando en la Feria del Libro de Madrid, en las casetas de la editorial Aguilar, una buena oportunidad para comentar con él vuestras inquietudes y conocer a un profesional brillante.

 

Una excusa científica para una buena escapada este invierno

Hoy os muestro los novedosos resultados de un estudio recién publicado por las Universidades de Harvard y Amsterdam. La investigación trata sobre la tristeza, los pensamientos negativos y la prevalencia del suicidio en relación al tiempo (estación del año e incluso horas del día).

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Durante décadas de investigación previas sobre el tema, se habían establecido los efectos de la estacionalidad de episodios depresivos graves con un aumento en las tasas durante la primavera y principios de verano. Tras esta nueva investigación, con una sustancial muestra de población de EE.UU y Reino unido, y con modelos de pronóstico de los estados de ánimo más avanzados, los datos cobran más sentido ya que muestran que:

Efectivamente los patrones estacionales muestran variaciones significativas en la cognición explícita e implícita, seguida también por la hora del día: los pensamientos negativos alcanzan su punto máximo alrededor de las 4 a. M. a 5 a. M.

Los modelos de estudio demostraron que la negatividad era generalmente más baja en verano (concretamente en el mes de junio) y que alcanzaban su punto máximo en invierno (en el mes de diciembre exactamente).

Estas cogniciones negativas son las que preceden al aumento de las conductas suicidas durante la primavera y principios del verano, tal y como demostraban los estudios tradicionales.

Es importante esta aportación porque marca, no solo una pauta de tratamiento cuando el diagnóstico ya existe, sino que apunta a un momento concreto de posible intervención para la prevención de la depresión y el suicidio.

¡Ya sabes! Si sientes que en diciembre te invade la tristeza… escápate cuanto antes a un lugar cálido, al mar, a la naturaleza, con amigos, familia… Ya tienes una excusa científica 🙂

*Referencia: Freichel, R., & O’Shea, B. (2021, August 31). Suicidality and Mood: The Impact of Trends, Seasons, Day of the Week, and Time of Day on Implicit and Explicit Cognitions.

*Os recuerdo que hoy lunes vuelvo a la Feria del Libro de Madrid! De 18 a 20 horas en la caseta 21:

 

Prueba estas 5 formas de practicar atención plena con tus hijos

Esta palabreja de mindfulness no es otra cosa que la referencia moderna de las técnicas de relajación, concentración y meditación de toda la vida. Se traduce como atención plena y puede convertirse en una magnífica herramienta para trabajar con nuestros hijos la conciencia del momento presente, emociones y sentimientos, relajación física, aliviar el estrés, la ansiedad, el mal humor o la frustración.

Fotografía Pixabay License. Gratis para usos comerciales

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En definitiva, se trata de bajar pulsaciones y empezar o terminar el día de una manera positiva. Pero no se trata de traer un maestro externo de mindfulness como si se tratara del profesor de inglés o de piano a domicilio, el modelado es clave, el verdadero beneficio comienza con practicarlo en familia, empezando por los padres.

Aquí algunas ideas para poner en práctica la meditación con tus hijos:

  1. Respiración consciente: Esta es una de las prácticas de atención plena más habitual, se trata de elegir una sensación relacionada con esta acción, como la entrada de aire en las fosas nasales o la subida y bajada del pecho, y poner la atención ahí. Podéis probarlo durante 30 segundos o cinco minutos. Cuando el niño se distraiga, simplemente vuelva a dirigir su atención a la sensación de respirar. Con los más pequeños se recomienda practicarlo con su peluche o juguete de apego favorito, se coloca en su pecho o barriga para que sienta el movimiento de la respiración al mover el juguete hacia arriba y hacia abajo con su respiración. Es un ritual maravilloso para la hora de dormir.
  2. El paseo de la gratitud: Cuando salimos a jugar por las tardes al parque, y están a tope de energía y entusiasmo, no podemos pretender llegar a casa, que se pongan el pijama, cenen y se duerman. Hay que ir ‘preparando’ el momento del sueño de forma paulatina tras una tarde de excitación. Un buen truco es que de vuelta a casa hagamos un ejercicio de relajación positiva: con la mirada en el suelo vamos dando pasos lentos y cada diez pisadas paramos unos segundos, cerramos los ojos y decimos algo por lo que estemos agradecidos (por comer macarrones hoy, porque me hayas recogido de la escuela, porque papá cada noche me lea un cuento…)
  3. La sacudida: Efectivo para liberar tensiones y estados nerviosos. Alternamos un minuto de movimiento por tres minutos de quietud. Entonces, primero sacudimos el cuerpo al ritmo de un “pppprrrrrrrr” bien sonoro, movemos brazos y piernas, paramos, después reflexionamos sobre alguna sensación concreta de ese momento (siente tus pies bien anclados y posados sobre el suelo, respira profundo y escucha el sonido, nos damos las manos y fijamos nuestra atención en el tacto del otro…). Repetimos el proceso un par de veces.
  4. La atención hacia fuera: A veces estamos tan alterados que se nos hace muy difícil relajarnos con introspección y silencio, una tarea que puede irritarnos aún más, ya que lo que necesitamos no es centrarnos en lo feo que estamos sintiendo, sino que precisamos distraernos de ello y no pensar. Una buena manera es ‘jugar’ a algo parecido al ‘veo-veo’, o a que encuentre 3 objetos de color rojo en casa, es decir, concentrarse en el entorno y así reducir su sistema nervioso.
  5. Meditación guiada: Existe una amplia gama de grabaciones gratuitas que os guiarán paso a paso a través de la atención plena, diseñadas además para propósitos específicos depende de la necesidad que tengáis en es momento: calmarse, concentrarse, liberar tensiones, cambiar de humor, reconocer emociones, distraerse, mejorar sus hábitos de comida, etc.

Los estudios con niños aún son escasos pero ya se han demostrado algunos beneficios notables si se practica con regularidad: mejora en la atención, concentración y memoria, por tanto aumenta el rendimiento académico, consiguiendo una mayor capacidad de abstracción, lógica y cálculo; mejor afrontamiento de los conflictos y situaciones estresantes, aumento de la empatía, habilidades sociales y emocionales, escucha activa y autoconocimiento, por último, ayuda a mantener el equilibrio mental y físico, mejorando la regulación cardiovascular y neurológica.

Merece la pena intentarlo, ¿verdad? 🙂

*Fuentes:

CNN-Health

Canal Mapfre Salud

*También estaré el próximo lunes 20 de septiembre en la Feria del Libro de Madrid: