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¿Por qué lo llaman distanciamiento social cuando quieren decir distanciamiento físico?

El Covid-19 ha llegado para desmontar también las costumbres más asumidas y profundas de nuestra forma de comunicarnos y de expresar afecto. Ha fracturado nuestra cercanía social, aquella tan característica y que se define como propia de la cultura española (también de muchas otras).

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¿Sois capaces de imaginar el reencuentro con un ser querido tras el confinamiento sin contacto? Sin besos, abrazos, o un simple apretón de mano, y a dos metros de distancia, sin más. ¿Cuesta, verdad?

La sed de piel es uno de los primeros ‘síntomas’ emocionales que hemos notado en cuarentena, y es normal, no concebimos un mundo sin la comunicación táctil, es un sentido vital, no solo para los seres humanos, también para el reino animal, el roce es puro instinto;y nos piden ahora que lo cortemos de raíz, que debemos delimitar el espacio entre las personas como una de las mejores herramientas para evitar la exposición al virus y desacelerar su propagación.

Y lamentablemente, así es, no nos queda otra. El error en la comunicación de esta medida es utilizar como sinónimo: “distanciamiento social” y “distanciamiento físico”, cuando realmente son dos conceptos totalmente independientes. Para protegernos tenemos que garantizar una separación física, literal, pero no un alejamiento social. ¡Todo lo contrario!

La unión social es más necesaria que nunca, relacionarnos con los demás, aunque sea lógicamente sin presencia. Creo que no seríamos capaces de cumplir un confinamiento tan duro y absoluto como el que hemos experimentado si no tuviéramos la opción de la proximidad social a través de las redes o de las videollamadas.

El coste psicológico tras la pandemia va a ser enorme, pero la conexión virtual ha sido la salvaguarda y un factor de protección fundamental de la salud mental para todos nosotros, ha provocado que la adaptación a este insólito cambio sea más rápida y el impacto emocional mucho menos abrupto, ha funcionado como un paliativo del estrés, de la nostalgia, del duelo, de la depresión, de la soledad o simplemente de nuestra costumbre social.

Transformemos el lenguaje, escojamos bien las palabras que utilizamos. Cortemos la distancia física, cuidemos nuestro mundo social, ni este dichoso virus nos lo puede arrebatar.

Coronavirus: la nueva estrategia de comunicación política de Pedro Sánchez

Desde el principio de esta pandemia por Covid-19, Pedro Sánchez ya manifestaba alguna referencia a que esta situación se trataba de una guerra. En su última comparecencia en la tarde de ayer, directamente ya hablaba continuamente como el General que lidera un gran ejército y quiere motivar el ardor del guerrero para incentivar la lucha y el sacrificio de los combatientes.

No exagero, a continuación os dejo un vídeo con los cortes belicistas de su discurso (autor del vídeo: J.L Martín Ovejero):

No ha sido el único presidente que ha utilizado esta estrategia política. “Estamos en guerra”. Seis veces durante su discurso (el 12 de marzo), Emmanuel Macron utilizó la misma expresión tratando de tomar un tono marcial.

¿Cuál es el objetivo de adoptar este tono bélico en sus discursos políticos?

Por un lado, alentar el trabajo de los sanitarios y profesiones relacionadas, personas anímicamente destruidas tras los esfuerzos poco recompensados y protegidos.

Además de asegurar el mantenimiento del confinamiento del resto de la población. Palabra que por cierto evitan utilizar a toda costa.

Por otro lado, para tratar de conseguir una unión nacional frente a solo un enemigo común, el virus.

El objetivo es que la gente deje atrás la crítica sobre la gestión de los políticos, las medidas tardías, contradictorias y la búsqueda de culpables. Es un magistral desvío de la atención hacia solo un foco.

Tal y como analiza también mi compañero José Luis Martín Ovejero en su blog de comunicación: “Es un clásico de la estrategia política, buscar un enemigo común fuera para desviar la atención de los problemas internos. En el momento actual, se trataría de que la ciudadanía mirase más al virus que al gobierno.”

En palabras del periodista Carlos Alsina: “Esto no es una guerra, es una pandemia, no tenemos ‘armas’ para combatir el virus porque no hay tratamiento que nos lo permita. La única guerra es la que libra el sistema inmunológico de cada uno. A una epidemia se sobrevive, no se la doblega.”

No habrá día de la victoria, ni desfiles por las avenidas. No es más que un mensaje anacrónico que distorsiona a lo que nos enfrentamos.

No queremos héroes en el frente, queremos que nuestros sanitarios estén protegidos.  No somos soldados, somos ciudadanos y no podemos ser gobernados como en tiempos de guerra, no tendría sentido.

Aquí os dejo dos artículos de opinión que hablan más extensamente de este recurso bélico de la comunicación que adoptan algunos de nuestros políticos:

No, no estamos en guerra. Estamos en una pandemia. Eso es más que suficiente. – Basta!

Es una epidemia, no una guerra. – Las Provincias.

“Yo no juzgo a alguien por su aspecto.” Sí, sí lo haces

“Qué más me da la ropa que lleve o su peinado, yo no me fijo en eso”… Imposible.

Lo he escuchado muchas veces y lo he leído repetidamente en los comentarios de este blog en los últimos análisis de comunicación no verbal sobre Pablo Iglesias por ejemplo, o anteriormente en otras entradas de políticos o personas públicas.

Podemos querer no hacerlo, pero es un acto involuntario de nuestro cerebro, que nos ha sido bastante útil, por cierto, para evolucionar e incluso para sobrevivir. Nuestro cerebro necesita constantemente realizar inferencias y predicciones sobre los que nos rodea, para ello toma los pocos datos de los que dispone visualmente cuando por primera vez tenemos delante a un desconocido.

Su postura, caminar, sus gestos, su expresión emocional en el rostro, nos da información válida para saber si una persona se presenta ante nosotros en estado hostil, afiliativo, convincente, seguro, tímido, agresivo y un largo etcétera, pero también su ropa, estilo, complementos, colores o su corte de pelo.

El cerebro también toma esas referencias para complementar su ‘prejuicio’ rápido hacia alguien todavía anónimo. Además, esa primera impresión formada en pocos segundos es difícil de cambiar, se graba a fuego en nuestra mente.

Sin que nos demos cuenta, con las prendas que llevamos estamos dando muchas señales sobre lo que nos gusta, lo que valoramos y la personalidad que tenemos. Investigadores de la Universidad de Princeton, por ejemplo, descubrieron incluso que se esperaba que las personas que usaban ropa “más pija” ​​fueran más competentes que las que se muestran con otro atuendo más informal o deportivo.

El juicio rápido da un nivel completamente nuevo de la importancia sobre la formación de primeras impresiones, pero este resultado va más allá de simplemente hacernos conscientes de nuestro propio impacto en una reunión o evento importante: también indica un sesgo implícito en nuestras opiniones sobre los demás.

“Para superar un sesgo, uno no solo debe ser consciente de ello, sino tener el tiempo, los recursos de atención y la motivación para contrarrestar el sesgo”, escribieron los investigadores. “Conocer un sesgo es a menudo un buen primer paso”, dijo Shafir, coautor de los estudios.

“Reconocer nuestros prejuicios es una parte importante del crecimiento personal, y esta investigación y otros estudios al respecto brindan otra área importante de prejuicios sociales casi inevitables a tener en cuenta en nuestras rutinas diarias.”

Y ojo con los cambios, es la palabra clave. Un cambio de actitud, de estilo, de comunicación, de vestimenta, es la llave que abre un entendimiento más profundo de esa persona, de sus estados, fases, evolución, creencias, aprendizajes, etc.

 

 

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La expresión facial del médico condiciona la eficacia del tratamiento

No sé a vosotros, pero a mí la influencia que ejerce la comunicación no verbal en nuestro día a día no deja de sorprenderme.

Un reciente estudio publicado en la revista ‘Nature Human Behaviour’ confirma que, en el contexto sanitario, si un médico está convencido de que un tratamiento va a ser exitoso, y, por tanto, así se refleja en su rostro y en sus gestos, disminuye la experiencia subjetiva de dolor del paciente e incrementa tanto la efectividad terapéutica (a través de un inmediato efecto placebo) como la buena percepción de la profesionalidad del experto en salud (juzgado como más cálido, empático, fiable y seguro).

Si bien, décadas de investigación han demostrado que las expectativas de los pacientes pueden afectar drásticamente a los resultados del tratamiento, se desconocía hasta ahora la influencia que pudiera tener las expectativas de los profesionales de la medicina.

En palabras de los autores: “Este resultado explica por qué diferentes médicos pueden producir distintos efectos usando el mismo diagnóstico, fármaco, recomendaciones, o incluso placebo de modo que los tratamientos efectivos podrían volverse ineficaces o que el placebo funcione. Y efectivamente, estos efectos diferenciales no se transmiten verbalmente sino a través de señales faciales sutiles, utilizando un modelo placebo-dolor.”

Este hallazgo va a ser fundamental a la hora de valorar la formación y capacitación de los profesionales de la salud, puesto que además de los conocimientos técnicos, es primordial un entrenamiento en la toma de conciencia de la influencia que ejercen las emociones en la interacción médico-paciente.

 

La empatía es racista

La calidad de la comunicación entre individuos de diferentes grupos étnicos depende en buena parte de cómo se interpreten las emociones de los miembros individuales del grupo. Por esta razón, si no logramos entender cómo se siente el otro, ni ponernos en la piel de los demás, las relaciones se verán gravemente afectadas.

Según un metaanálisis que recopila los resultados de 12 estudios diferentes, las expresiones faciales de personas de grupos étnicos/raciales diferentes al propio se perciben como menos intensas y son reconocidas e interpretadas con una notable menor precisión.

Los datos hasta ahora recopilados se centraban en la interpretación errónea de una emoción en exclusiva, la vergüenza, pero los análisis actuales se centraron en la intensidad percibida de nueve manifestaciones emocionales diferentes (ira, asco, miedo, felicidad, tristeza, sorpresa, desprecio, vergüenza y orgullo).

Los autores de la investigación manifiestan que  “estas conclusiones suponen una brecha en la empatía” hacia las personas que no pertenecen a nuestra misma raza o etnia.

Estos resultados fortalecen los fundamentos de la Teoría de la Identidad Social, es decir, la tendencia innata de los individuos a categorizarse a sí mismos en grupos excluyentes («endogrupos»), construyendo una parte de su identidad sobre la base de su pertenencia en ese grupo y forzando fronteras excluyentes con otros grupos ajenos a los suyos («exogrupos»).

Las diferencias aquí entre endogrupos y exogrupo se basan en rasgos raciales, pero pueden también tener lugar con otros rasgos reales, inventados, fundamentados o arbitrarios, como se ha constatado en estudios en los que se usaron imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) para analizar lo que pasaba en el cerebro de las personas al someterse a estas situaciones, como por ejemplo los experimentos del neurocientífico David Eagleman.

En dichos estudios, si se pinchaba la mano de alguien que perteneciera al grupo formado arbitrariamente para el estudio, el área de su cerebro relacionada con el dolor mostraba un pico de actividad más alto que si se pinchaba la mano a un miembro del otro grupo. Es decir, la persona sentía más o menos empatía en función de a quién se le producía el dolor.

 

 

*Fuente: https://islaplad.es/ciencia

La comunicación no verbal también fue protagonista en el debate electoral

En cuanto a lenguaje corporal se refiere, anoche hubo dos debates, hasta la primera mitad los cinco representantes políticos aparecían serios, tensos, inmóviles y presos del papel y la lectura, demasiado encorsetados y preparados, pensé que se avecinaba el debate más aburrido de la historia, pero todo cambió hacia el final.

Para empezar fuerte el post, sin duda, los ganadores del debate fueron Abascal e Iglesias, ambos salieron reforzados, ahora explicaré el porqué. Casado fue el mejor orador y los que quedan al final del ranking son Sánchez y Rivera.

‘Me gustas cuando callas porque estás como ausente’ decía Neruda’. Así se mostró Pedro Sánchez. En mi opinión, el actual presidente del gobierno no puede quedarse en un segundo plano, no debería esconderse en la sombra, tiene que ‘mojarse’, luchar con energía y proyectar fuerza y seguridad. Su lenguaje corporal era el de ‘a mí todo me resbala’, es muy injusta esa posición. Mientras hablaban sobre él, bajaba la mirada, leía sus apuntes, ignoraba por completo a sus adversarios.

Solo se detectaban algunas miradas de reojo y sutiles expresiones de superioridad con la elevación unilateral de la comisura de la boca. Curiosamente cuando más reacciona, negando con la cabeza y sonriendo con desprecio, se produce cada vez que Iglesias pronunciaba el “usted y yo”, le molestaba, rechaza esa unión verbal, le incomoda escuchar esa ‘relación’. Inquietante…

Pablo Iglesias continúa con su varita mágica, sigue aferrándose a su ‘bolidependencia‘ en cada aparición pública, un recurso que le resta seguridad como orador preparado. Pero también continúa con algo más positivo para su imagen, su rol conciliador, esa nueva actitud que ya mostró en la anterior campaña y nos sorprendió a todos. Y es que su discurso fue siempre agresivo, palabras de alto impacto, voz enérgica, ceño fruncido de ira, dedos acusadores y gestos arrolladores.

De repente, parecía que no había ‘roto un plato’ en su vida. Adoptó una postura totalmente contraria, no sé si forzada o espontánea y coherente con un discurso natural más mesurado y prudente. Pero lo mantiene. Su gesto protagonista ahora son los brazos abiertos con las palmas de las manos hacia arriba, la postura de la moderación, cuando todos alzan la voz, él la baja notablemente y así ‘queda bien’, sin duda.

Pierde fuerza en su discurso aunque gana en concordia, ya no proyecta la agresividad de sus comienzos. Es el que más ha cambiado su estilo de comunicación y ha aprendido a proyectar templanza, armonía, convivencia, rasgos muy valorados y esperados en los tiempos que corren…

Iglesias se pone la corbata (de aquella manera) y Abascal se la quita. ¿Cómo podemos interpretarlo? Realmente es una decisión que se puede utilizar para diferenciarte o no del resto. El líder de Unidas Podemos ya no reniega de una imagen más tradicional en sus apariciones públicas, no le interesa desmarcarse y prefiere volver al ‘redil’. Ahora es el representante de VOX quien quiere poner ese límite diferencial, un ‘yo no soy como ellos’.

Fue el primer debate para Santiago Abascal y estaba feliz. Tiene una personalidad introvertida, de baja exteriorización emocional pero en momentos de alto impacto el cuerpo habla, grita, y pudimos apreciar la dicha que experimentaba de verse allí.

¿Por qué? Encajaba los ataques directos con sonrisas de oreja a oreja, incluso intentaba reprimirlas para que no se le notara, ya que realmente no corresponde, pero no podía evitarlo, le hacía ilusión que le nombraran, experimentaba un verdadero deleite, le agradaba sentirse por fin protagonista, que le hayan dado su sitio, haberlo conseguido, aunque sea el foco de la polémica, le da igual, está ahí, es el que más ha disfrutado y el que sale más reforzado de todos.

Pablo Casado tiene el don de la racionalidad y la buena oratoria, avasalla con datos y agilidad mental sin perder los nervios ni alterarse, es el que más controla el debate de manera natural, con maestría. Se exhibe seguro, solvente, experimentado… Las mejores cualidades que se pueden esperar ver en un líder político. Fue muy generoso en cuanto a comunicación no verbal se refiere, el más dinámico con constantes gestos ilustradores, el más expresivo en el rostro, el más expuesto y sentido, por tanto, el que se proyecta con mayor credibilidad.

Es interesante el momento con mayor intensidad emocional para él: Muestra extrema sorpresa (casi se le salen los ojos de las órbitas) cuando Rivera le discute o le ataca mínimamente, casi no puede ni creerlo, es el instante en el que se le ve más desconcertado.

Si Albert Rivera utilizara más las pausas y los silencios tendría mucho más poder en conectar con el público; se acelera demasiado, no controla el ritmo, no da sentido a las palabras con el paralenguaje (tempo, tonalidad, ritmo del lenguaje) y no interiorizamos lo que expresa.

Además, el líder de Ciudadanos sigue fiel a los recursos visuales para captar la atención del público y marcar sus ideas en la memoria de la audiencia. Por supuesto, los objetos de impacto llegan más que las palabras, es una buena estrategia, pero si abusa, en cantidad de elementos y en tiempos de exposición, le acaba restando seguridad y fuerza al contenido verbal, pareciera que ya ‘necesita’ de ese recurso para defender su discurso. Pierde seriedad, coherencia y convicción.

¡Espero vuestras opiniones! ¿Qué os pareció el debate? ¿Quién pensáis que lo hizo mejor?

La unión inevitable de Joaquin Phoenix con Joker #AnálisisNoVerbal

Si no habéis visto la película no os la podéis perder. El trabajo del actor protagonista es magistral, las emociones, los gestos extravagantes, la voz, las posturas estrafalarias, en definitiva, el lenguaje corporal de su interpretación se convierte en el pilar fundamental para representar la degradación del personaje; ilustra su demencia, su desesperación, su tristeza, incluso a través de una tétrica carcajada que será memorable.

El psicólogo y experto en comunicación no verbal, Alan Crawley, autor del canal ‘Sin Verba‘, se percató de la extraña conducta que también manifestaba realmente el actor en sus diferentes apariciones públicas y analizó las posibles causas:

Joaquin Phoenix recorrió varios programas de entrevista tras el exitoso estreno de su más reciente película “Joker”. Al verlo me llamó la atención su comportamiento. Parecía extraño, fuera de lugar. Se mostraba inquieto, por momentos inseguro e incluso avergonzado. Esto me llevó a la siguiente cuestión: ¿los actores son buenos ocultando su nerviosismo? y ¿puede que Phoenix, un actor renombrado, se sienta incómodo durante las entrevistas televisivas?, ¿no se le da bien socializar?

Según el experto en Comunicación No Verbal, el Dr. Jack Brown, los actores son igualmente capaces que las demás personas ocultando su malestar. Cuando se trata de sí mismos y no de un personaje les resulta difícil controlar completamente lo que expresan, y el caso de Joaquin no es la excepción.

Es un ejemplo claro de cómo las habilidades magistrales de un actor pueden ser insuficientes cuando se trata de guardar las apariencias en público. De hecho, el actor mismo reconoce que no disfruta de las entrevistas y creo que quedó clarísimo en su comportamiento.

Durante sus apariciones en los programas de Jimmy Kimmel y Jimmy Fallon fueron sus gestos con las manos, sus expresiones faciales, la manera en la que se tapaba los ojos, sus exhalaciones súbitas y sus posturas tensas las que denotaron incomodidad, más de lo esperable para un actor de su calibre. Por ejemplo, ante preguntas específicas, el actor aumentó la tasa de automanipulaciones faciales, actos en los que una o ambas manos tocan, frotan o rascan la cara, comportamientos asociados directamente con el incremento del estrés.

 

Algunas personas argumentan que Joaquin Phoenix estaba actuando, pero lo cierto es que podemos observar algunas entrevistas anteriores en las que su comportamiento fue similar ¿será que le resulta difícil actuar de sí mismo?

Otro aspecto curioso es su manera tan atípica de sentarse: colocó la planta de su pie derecho sobre el almohadón del sillón. Esta postura de las piernas remite a cuando uno se encuentra distendido en el propio hogar, desligado de las normas sociales ya que es considerada inapropiada en contextos públicos, pero él no parece someterse a esta convención.

Esto es muy curioso. A mí me hace pensar que, tal como afirmó, es una persona solitaria y prácticamente no sale a comer con otras personas. Una hipótesis es que, en contextos de estrés, Phoenix adopta inconscientemente una postura que le resulta cómoda en un intento por recuperar un estado de mayor control sobre sí mismo.

Conclusión: su comportamiento algo excéntrico puede deberse a que (1) no suele socializar demasiado, (2) las relaciones interpersonales pueden ser un punto débil en su comunicación y (3) probablemente le resulta displacentero ser el centro de atención en los eventos públicos.

En su conducta observé muestras de incomodidad excesiva (tocarse el rostro, comerse las uñas, evitar la mirada); emisión abierta de señales de rechazo interpersonal (apoyar la cabeza en un puño en señal de aburrimiento, tedio y molestia); y por último posturas socialmente inadecuadas (pie sobre el sillón).

¿Crees que Joaquin Phoenix actúa en sus entrevistas? y ¿Crees que disfruta de estas apariciones?

 

Un relajado pero combativo Errejón (contra Iglesias) en El Hormiguero

Es imposible no intentar comparar todas las entrevistas con los candidatos al gobierno que se van a suceder en el programa de El Hormiguero antes de las inminente elecciones del 10 -N. Anoche el programa acogió al secretario general del nuevo partido ‘Más País’. Anteriormente analizamos  la visita de Abascal, y podemos encontrar visibles diferencias.

En primer lugar, es importante tener en cuenta la actitud del presentador, Pablo Motos ha estado prácticamente igual de incisivo y ácido en sus preguntas con uno y otro, si bien es cierto que la tensión y el nerviosismo palpable que mostraba con Abascal no lo ha trasmitido con Errejón, anoche estaba mucho más relajado.

Íñigo Errejón es mucho más políticamente correcto que Santiago Abascal. Cuida su lenguaje, sus respuestas son menos firmes, menos agresivas, pero también menos directas. No siempre, pero cuando no le interesa ‘mojarse’ utiliza con habilidad la estrategia de la evasiva para responder sin decir. Caso, por ejemplo, de su opinión sobre Maduro y la situación de Venezuela. “No sería una dictadura porque se respetan ‘algunas libertades’ y se dan ruedas de prensa”. Creo que es de las respuestas más torpes que he oído nunca para argumentar una opinión.

No fue tan tibio al hablar de Pablo Iglesias, no se sentía nada cohibido al lanzar algunas pullas contra quien fuera su compañero en su trayectoria política y, sobre todo, su amigo. Fruncía el ceño cuando argumentaba que para él no había sido una traición salir del partido y crear el suyo propio, sino que se sentía orgulloso de mantenerse coherente con sus ideas y que no entendía cómo si el resto de españoles llegan a acuerdos en su día a día, los líderes políticos no son capaces.

Justamente esta idea es su ‘filón’, la utiliza de forma recurrente, una y otra vez en su discurso, mete esta cuña siempre que puede para proyectarse como única solución al bloqueo en la formación de gobierno. Motos le pidió que estableciera tres diferencias entre su nuevo partido y Podemos, me llamó la atención que esta sencilla pregunta fuera la que le pillara totalmente descolacado, en ese momento se descontrola, pierde la mirada, comienza a hablar más lento para rascar más tiempo y así poder elaborar mentalmente la respuesta y finalmente contesta relativamente airoso.

En general, en cuanto a estilo de comunicación, repito, en base a su estilo de comunicación (no hablo de contenido), suele salir airoso, es una persona que gesticula y es altamente expresivo con su rostro, refuerza mucho su mensaje y esto le aporta credibilidad en lo que dice. Es afable, sonriente y su actitud siempre es muy positiva, cuesta sacarle de sus casillas y ponerle nervioso.

¿Preparados ya para el siguiente? 🙂

Un incómodo pero convincente Abascal en El Hormiguero

No fue así toda la entrevista, al inicio, Santiago Abascal entraba alegre, tranquilo, amigable y hasta divertido. Veíamos cómo todo eran sonrisas sinceras por la activación del músculo orbicular del ojo (patas de gallo), estaba realmente contento de estar ahí, relajado.

Duró poco. Su rostro, gestos y posturas se fueron transformando en seriedad, nervios, contrariedad, parálisis corporal (por el aumento de la tensión y el estrés) y a nivel fisiológico llegó la consecuente sudoración corporal y la sequedad de boca.

Parece que las preguntas de Pablo Motos pillaron totalmente descolocado al líder de VOX, quien no se esperaba una entrevista tan áspera; el lenguaje corporal del entrevistador también es para analizar, intenta mostrarse afable y neutral pero está claro que no lo consigue, es una persona muy expresiva y se nota a la legua cuando sí que conecta y es benevolente (caso Rivera) y cuándo le ocurre todo lo contrario (Abascal o Iglesias). Ayer, anormalmente, se le veía notablemente nervioso también.

Abascal, en alguna ocasión incluso contestaba titubeante, recurría a eternos silencios (en un contexto de comunicación en público) antes de responder y escoger unas palabras nada políticamente correctas. Si algo destacaría de este líder político es precisamente eso, creo que estamos ante la primera ocasión en la que un aspirante al Gobierno de España no elige lo que quiere decir, lo suelta sin más.

Admite sin tapujos que su experiencia laboral fuera de la política ha sido nula (como la de casi todos los políticos de este país, por cierto) y que además fracasó con su empresa privada, a la que solo mantuvo unos meses antes de cerrarla. Que no se siente orgulloso de su paso por un ‘chiringuito’ de la comunidad autónoma de Madrid y que por eso precisamente ahora representa a propuestas políticas que intentan eliminarlos.

Y continúa con respuestas que ‘suenan mal’: ¿Qué hacer con los menores extranjeros no acompañados que entran ilegalmente? “Deberíamos expulsarlos”. ¿Qué haría con las vallas de Ceuta y Melilla? “Las haría más grandes y enviaría al Ejército”.

Hay palabras de alto impacto emocional que no deberían utilizarse en un discurso público… ¿o sí?

Estas palabras pueden resonar en nuestro cerebro casi como si de palabrotas se trataran, entran directamente a nuestra parte más profunda y emocional por ser directas, férreas y por tanto, se convierten en memorables. Una estrategia arriesgada pero eficaz para desmarcarse en las formas de la política tradicional y marcar un punto de novedad que capta, cuanto menos, la atención de los espectadores.

Sus convicciones son muy polémicas, pero las tiene y las expresa como tal, le da igual convencer (tal y como él mismo manifestaba) y esta premisa despierta la credibilidad de la audiencia. Un político que no me quiere convencer de nada y dice las cosas tal y como las piensa es todo un acontecimiento en el mundo de la comunicación. Y puede que funcione.

Mientras anoche analizaba la entrevista, un familiar mío me escribía un mensaje que decía: “El tema está en que yo no estoy de acuerdo con más de la mitad de las cosas que dice, y aún así no tengo ninguna duda en que les votaría.”

 

¿Sabías que no hay dos gritos iguales y por qué lo hacemos?

Tenemos claro que en el reino animal, las distintas especies utilizan el grito como una forma útil de comunicarse, asustar, intimidar, atacar a un posible depredador o, en animales sociales, de reclutar ayuda cuando están en problemas. Sorprendentemente, se sabe mucho menos acerca de cómo funcionan los gritos humanos en la comunicación, o cómo son los gritos humanos de similares o diferentes a los de otras especies.

En el lado opuesto del silencio, que llama a la relajación, el grito es una expresión (no verbal) destinada a alertar. A veces sobre algo positivo, pero casi siempre sobre un hecho no tan agradable. Por lo general, un grito expresa descontrol, desbordamiento de las emociones.

Los seres humanos gritamos porque no encontramos o no queremos encontrar otra manera de expresar lo que sentimos o deseamos. En situaciones felices, el grito es liberador. Permite dar rienda suelta a un sentimiento, sin una razón diferente a la satisfacción de expresarlo. El ejemplo más potente de ello es el gol, ese momento único en donde hay un grito de júbilo casi siempre compartido. También nace de lo inesperado, del dolor, del miedo o de la agresividad, nos ‘carga’ de energía para reaccionar, huir o luchar.

Cuando oímos un grito, nuestro cerebro no lo procesa como cuando escucha un sonido propio de la comunicación verbal, como un fonema, sino que el grito viaja directamente desde el oído hasta la amígdala cerebral, encargada de recibir los ruidos con esas modulaciones y de procesar la información de peligro.

Para ayudar a desentrañar los secretos de los gritos humanos, el profesor de psicología Harold Gouzoules y sus estudiantes en la Universidad de Emory realizaron varias investigaciones sobre el tema, y los resultados fueron sorprendentes.

La mayoría de los voluntarios confundió el sonido de un silbato con un grito humano. Los investigadores descubrieron que los sonidos que se clasificaban con mayor frecuencia como gritos compartían ciertos factores acústicos, entre ellos un tono alto (agudo), así como una gran rugosidad. Extrañamente, hubo un sonido decididamente que no era de grito, un silbato, que el 71% de los participantes calificó como un grito. «Esto tenía sentido, sin embargo, cuando analizamos las cualidades acústicas del silbato, ya que tenía muchos de los rasgos que generalmente se asociaban con los gritos», como el tono alto, el llamado arco, y la rugosidad moderada-alta.

Las vocalizaciones de personas identificadas como gritos provienen de una amplia gama de contextos emocionales, explica Schwartz. «Algunas tenían miedo, mientras que otras estaban enfadadas, sorprendidas o incluso emocionadas», dijo. «En casi todas las demás especies, los gritos están reservados para una situación particular, como un ataque de un depredador o rival; con los seres humanos no ocurre lo mismo».

No hay dos gritos iguales.

El equipo de Gouzoules encontró una gran variación acústica entre los gritos humanos, es decir, no hay dos que suenen igual. Esto plantea la pregunta: ¿Los humanos usan gritos de diferentes sonidos en diferentes situaciones, y podemos discriminar esos gritos e interpretarlos? «En el futuro, planeamos incorporar imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para examinar los fundamentos neurológicos de las reacciones de las personas a los gritos», dice Gouzoules.

«Los gritos son vocalizaciones intrínsecamente interesantes, pero también hay aplicaciones potenciales de la salud humana en la investigación de gritos, ya que existen múltiples trastornos psiquiátricos que involucran el comportamiento de gritar», concluye Gouzoules.

 

 

*Fuente: Información de Agencia – MADRID, 16 May. 2019 (EUROPA PRES) –