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¿Existe un lenguaje corporal universal?

Nuestro rostro, nuestro cuerpo, nuestra forma de vestir o hablar, nuestros movimientos y posturas revelan constantemente información al mundo, comunicamos siempre, hasta sin querer, hasta en silencio.

Fotografía con licencia Creative Commons

Fotografía con licencia Creative Commons

La comunicación no verbal se remonta, evolutivamente hablando, a mucho antes incluso de convertirnos en humanos, forma parte de nuestro cerebro más animal, instintivo, inconsciente y emocional.

Esto demuestra su inevitable influencia en nuestra conducta, personalidad, cultura, género… y por todo ello, no es posible que exista un único lenguaje corporal universal. De ahí su difícil interpretación  y comprensión, pero también su belleza, misterio y riqueza.

Es cierto que algunas emociones básicas, como la alegría, la tristeza, el enfado, el asco, o el miedo se corresponden con expresiones faciales similares en muchos países, pero hasta en esa circunstancia podemos encontrar diferencias en intensidad, exposición, protocolos sociales, activación muscular y contexto.

A día de hoy, y a pesar de los numerosos estudios científicos que así lo avalan, muchos ‘expertos’ y corrientes de la comunicación no verbal, como la popular ‘sinergología’, siguen partiendo (erróneamente) de la base del lenguaje no verbal universal para establecer sus teorías y análisis, aumentando la confusión y el concepto de pseudociencia sobre la materia.

Mi compañero Alan Crawley, psicólogo y experto en comunicación no verbal lo explica de forma magistral en este vídeo de su canal de YouTube ‘Sin Verba’. Si quieres hablar con propiedad sobre la comunicación no verbal ¡no te lo pierdas!

 

 

 

 

Los psicopátas sí tienen empatía

Hace unos días escribía un artículo titulado: “Ser un psicópata también tiene sus ventajas“, en el que describía ciertos rasgos de la personalidad que marcaban una ventaja sobre el resto de la población. Creó cierta controversia la afirmación de que no era exacto que los psicópatas carecieran totalmente de empatía.

Fotografia pxhere / CC0 Dominio publico

Fotografia pxhere / CC0 Dominio publico

Los psicópatas sí que experimentan empatía pero de forma diferente, y esto, tal y como aclaré a algunos lectores en mis redes sociales, no es una simple opinión, así lo dicen los últimos estudios, por ejemplo en esta investigación de 2020 realizada por diferentes universidades suecas.

Para evaluar si las personas que puntuaban alto en psicopatía poseían la capacidad de empatizar, los participantes completaron la Prueba de Empatía Multifacética (Multifaceted Empathy Test), en la que observaron imágenes de personas que expresaban diversas emociones y tenían que identificar qué emoción estaba experimentando cada persona.

Aquellos que obtuvieron puntajes altos en rasgos psicopáticos hicieron esta tarea tan bien como todos los demásLa diferencia es que estas personas expresan una disposición mucho más baja a prestar su ayuda, posiblemente porque a menudo no les permite a lograr sus objetivos.

La creencia predominante de forma tradicional había sido que los piscópatas eran sujetos totalmente insensibles, incapaces de sentir emociones propias y ajenas, sin embargo, los últimos resultados sugieren que este mecanismo no es tan simple. “No les falta empatía, pero tienen un interruptor para encenderlo y apagarlo”.

Por defecto, parece estar apagado.

El polémico cartel electoral de Salvador Illa

El mes pasado la imagen de Salvador Illa en la campaña electoral catalana ya hizo saltar las alarmas por un cartel cuyo eslogan ponía los pelos de punta, en el que decía: “Illa es la vacuna contra el independentismo“. Los partidos opositores pedían por redes sociales que dejaran de banalizar la pandemia y retiraran aquel ignominioso y antidemocrático mensaje. Finalmente el PSC se desmarcó de la creación y difusión de aquel cartel y publicó su propuesta oficial:

Cartel electoral oficial de Salvador Illa

Cartel electoral oficial de Salvador Illa

Pero esta fotografía tampoco escapa a la controversia y muchos destacan el exceso de Photoshop utilizado para rejuvenecer y pulir el rostro del candidato socialista.

No es un recurso nuevo, anteriormente Garzón, Cospedal, Aguirre, Ximo Puig… también fueron objeto de este mismo retoque digital para proyectar una fisonomía más perfeccionada, digamos… de forma excesivamente minuciosa.

Para gusto, los colores, pero en política vender un candidato poco natural, corregido, artificial en definitiva, puede ser un gran error. Los carteles transmiten de forma no verbal lo que un determinado partido político pretende esgrimir con palabras y argumentos, y esto entonces se convierte en una forma más de mentir, de distanciarse de la credibilidad del electorado.

Borrar con Photoshop las arrugas de expresión cinceladas por los años resta la proyección de experiencia y sabiduría de cualquier persona. Además, estas líneas de la cara son las que dibujan a las emociones, no hay alegría sin patas de gallo, o ira sin las arrugas propias del ceño fruncido. Sin marcas en el rostro nos convertimos en seres robóticos, no conectamos con los demás, no transmitimos sensaciones, un pecado mortal en política.

Retoque sí, pero con unos límites, esto es como maquillarse, un buen trabajo de maquillaje apenas se nota, favorece, realza tus facciones y expresiones, un mal maquillaje te disfraza, te transforma, te deja en evidencia, y el supuesto beneficio que se buscaba se acaba desvaneciendo.

 

 

 

Análisis no verbal: el momento más sentido de Joe Biden en su primer discurso como presidente

Joe Biden ya es presidente de los Estados Unidos y todas las miradas estaban puestas en su primer discurso tras la toma oficial del cargo. Toda una declaración de intenciones verbales y no verbales.

No es ningún descubrimiento que Biden es la antítesis de Trump, también esto se evidencia en su lenguaje corporal.

Biden tiene un estilo de comunicación emocional más inexpresivo en el rostro, es complicado captarle alguna fuga de expresión, al contrario que ocurre con Trump, o el hombre de las mil caras por minuto, quien, independientemente del contenido del mensaje, nos regalaba a los analistas de comunicación grandes oportunidades para registrar los interesantes contenidos que nos ofrece una intensa conducta no verbal.

Esa alta actividad que es capaz de movilizar a la masa, de conmover, de apasionar, puede resultar un arma muy poderosa de influencia, pero no es la única. Joe Biden no tiene esa habilidad, su lenguaje corporal no es capaz de asaltar los afectos del espectador, no mueve, pero sí conmueve.

El gesto que más utiliza en su intervención es el de los brazos abiertos, se trata de un abrazo simbólico, el típico que se utiliza en el contexto religioso en un intento por llegar y acoger a todos sus fieles allí presentes. Palabras y gestos que envuelven y contienen, esa es su misión.

Un objetivo no verbal coherente con su alegato, que puede resumirse en dos conceptos: unidad y conciliación, las palabras que pronuncia con mayor sentimiento y movimiento, y eso es justo lo que proyecta su cuerpo, un rol moderador.

También cabe destacar su expresión facial cuando habla de la “guerra” interna del país, un momento efímero en el que se detecta una emoción de dolor e introspección, cerrando los ojos con fuerza, sintiendo realmente la angustia.

Biden consigue transmitir paz y sosiego, logra que empaticemos y es capaz de sentir y contagiar su más insistente propósito: “Tenemos que bajar la temperatura“.

 

Análisis no verbal: de Trump a Biden, las claves para entender el cambio

Para muchos de nosotros Biden era un rostro totalmente desconocido, pero lo cierto es que lleva la friolera de casi 50 años activo en la política estadounidonse, en la que profesionalmente se labró una reputación profesional cimentada en una imagen campechana, conciliadora y habilidosa para llegar a acuerdos.

Fotografía EFE

Fotografía EFE

Cabe preguntarse, ¿estos rasgos han sido suficientes para derrotar al imponente Trump?

Para responder, se podría aplicar la premisa de que “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey“. A pocos les importaba lo que aportaba Biden, lo más importante era salir de Trump.

El estilo de comunicación y personalidad en Trump y Biden es totalmente opuesto. La comunicación no verbal de Biden diremos que es complicada de analizar, impertérrito en sus gestos y expresión facial, no filtra sus sentimientos a través del cuerpo y, por tanto, crea un halo de desconfianza y distanciamiento con el espectador.

Trump es pura energía emocional, movilizador de pasiones en masa, directo, políticamente muy poco correcto, entusiasta y vehemente en su mensaje.

Este exaltado discurso y maneras puede ser efectivo en una etapa apacible y sosegada en todos los niveles, pero la pandemia le arrebató el contexto que necesitaba para hacer alarde de su impetuoso y eufórico carácter.

La campaña se convirtió de repente en una “elección covid” y, en este entorno, la debilidad de Trump florece y favoreció que Joe Biden pareciera la alternativa ideal. El presidente gestionó la emergencia sanitaria de forma nefasta, negacionista, escapista, con meteduras de pata impropias y alejadas de la mente de un líder mundial, así que su opositor recogió con buen tino todo el malestar anti-Trump.

La absoluta incapacidad de Biden para apasionar y entusiasmar a una multitud ya no era una desventaja, en el último año, muchos ciudadanos suspiraban una presidencia relajada, juiciosa y reposada, rechazando la confrontación habitual.

Escuché a una analista política de la BBC describir la llegada de Biden “como una relajante música de jazz después de la música heavy metal sin parar y a todo volumen durante el mandato de Trump”.

El tono grisáceo de la simple cordialidad y neutralidad de Biden ahora eran la clave, la perfecta antítesis de su contrincante. Su capa de invisibilidad no compitió en carisma, pero a la vista está que le fue útil, y atrás quedaban olvidadas la edad del candidato, la comunicación dispersa que había demostrado en algunos soliloquios inconexos, anécdotas sin sentido político, y la falta de exactitud en su proyecto.

El confinamiento por la pandemia supuso toda una bendición para su candidatura, los agotados ciudadanos solo anhelaban el poder de la empatía, de la compasión y la comprensión ante el dolor, y de esto Biden sí sabía mucho (una vez más, se imponen los afectos a la razón política).

Su imagen política encuentra un buen eco en tiempos de tristeza e incertidumbre por su historia personal, porque conoce el sufrimiento ante la pérdida y la capacidad de reconstruirse. “Reconstruir”, una palabra tan crucial en estos tiempos…

Perdió a su esposa e hija de un año de edad en un trágico accidente de tráfico y la otra hija que sobrevivió moriría años más tarde de cáncer. Su experiencia vital le acercó al mismo plano emocional que las miles de familias que han perdido a sus seres queridos durante la pandemia, directa o indirectamente.

Su estrategia fue la de conectar con las personas evocando el alma de los EE. UU, lo convirtió en su eslogan y fue todo un acierto para momentos de gran complejidad social.

En la psicología del electorado, Biden se presentaba como el candidato del cambio, sin embargo, al mismo tiempo, la imagen del nuevo presidente no es nada transgresora o rompedora, todo lo contrario, su estilo retoma las normas de comportamiento por las que siempre se han regido tanto demócratas como republicanos, por tanto, la nueva elección representa también una continuación, más bien, la recuperación de una cadena en la que ahora Trump solo se describe como el eslabón perdido.

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La comunicación no verbal del discurso del Rey (que no hijo)

Como cada año, esperamos el discurso de Nochebuena de Felipe VI, pero en este año 2020 la expectación era mayor tras las presuntas irregularidades del emérito.

El Rey Felipe VI en su discurso de Nochebuena / EFE

El Rey Felipe VI en su discurso de Nochebuena / EFE

Sin embargo, su intervención no se ha orientado como ‘hijo de’, sino como Rey de España, obviando el parentesco y dotando de protagonismo absoluto a la pandemia y a la crisis económica, temas en los que se ha expresado facialmente con una profunda y constante emoción de tristeza, vista por el decaimiento de la mirada y las comisuras labiales y por la triangulación de las cejas.

En esta ocasión no había una decoración festiva colorida, ni fotos familiares, solo la Constitución Española y una fotografía del funeral de Estado en memoria de las víctimas del coronavirus; así, se proyecta la sobriedad y el duelo que merece el contexto actual.

Sin ser explícito, sí que ha habido una breve referencia verbal a la complicada situación de su padre: “Ya en 2014, en mi Proclamación ante las Cortes Generales, me referí a los principios morales y éticos que los ciudadanos reclaman de nuestras conductas. Unos principios que nos obligan a todos sin excepciones; y que están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares”, afirmaba Felipe VI en su discurso.

Utiliza de forma astuta la estrategia de comunicación basada en que la mejor explicación es la que no se da, sus palabras iban a ser analizadas con lupa y objeto de segura controversia, algo que se puede evitar sin nombrar de forma directa al tema polémico, se le puede achacar no ‘mojarse’ pero el debate no pasará de ahí.

Y a vosotros, ¿qué os ha parecido?

 

Propósito para 2021: El crecimiento postraumático

Para la mayoría, cuesta extraer algo positivo de esta pandemia sanitaria, de un 2020 que finaliza plagado de situaciones inimaginables, de miedo, confinamiento, soledad, ansiedad, ‘nuevas anormalidades’, dolor, nostalgia, crisis, muerte. El coronavirus ha protagonizado un año para querer borrar de nuestra vida, ¿o no? En lugar de borrar, ¿se puede aprender del trauma?, ¿incluso crecer?

Fotografía Pixabay License

Fotografía Pixabay License

En psicología positiva hay un concepto, no exento de controversia, que define la irremediable transformación que todos padecemos tras un suceso crítico, se trata del ‘crecimiento postraumático‘ como resultado de una profunda reestructuración individual. Sé que resulta complicado imaginar cómo un trauma emocional puede aportarnos algo positivo, no obstante ocurre con bastante frecuencia.

Tras un ‘tsunami existencial’ nunca volvemos a ser los mismos, pero la psicología nos dice que la tendencia de cambio y resurgir suele ser positiva, a pesar del sufrimiento que dejamos atrás. La lucha implica una revolución en la visión del mundo de las personas y lo que suele provocar es:

  • Una nueva escala de prioridades. La vida se revaloriza y tras el confinamiento es un elemento que todos hemos podido apreciar de cerca: volver a encontrarnos con nuestros seres queridos, un abrazo, el sol en la cara, retomar nuestra actividad social… Nuestros deseos eran simples pero esenciales (antes, rutinas sin nada de especial).
  • Quizás nuestros vínculos sociales y afectivos se han reducido en cantidad, pero los que mantenemos ahora son más fuertes. Al hacer frente a la adversidad común nos unimos más a quienes queremos y aumentamos nuestra empatía, solidaridad y compasión.
  • Se refuerza nuestra autoconfianza. El trauma nos hace conscientes de que somos más fuertes de lo que pensábamos, nos acoraza para afrontar situaciones adversas futuras.
  • Redireccionar nuestra vida personal y profesional. Quizá durante este año te has dado cuenta que la persona con la que tenías una relación no ha estado a la altura, o que tu verdadera vocación es otra, o que tu negocio necesitaba un refuerzo más digital, o de lo importante que ha sido tu personal para salir de esta.

Ha cambiado nuestra forma de vivir y nos toca sanar y poner en marcha una reestructuración de perspectivas, acompañados por estrés y emociones negativas, desagradables en este proceso, pero necesarias para que el crecimiento se produzca.

No todos llegaremos a crecer del mismo modo, se ha demostrado que todo ello depende de nuestra personalidad (optimismo, positividad, resiliencia), quienes recurran a estilos reflexivos y de expresión emocional experimentan en mayor grado los resultados positivos.

Siempre estamos a tiempo para reevaluar todo lo que nos ha ocurrido. Lo sugiero como propósito para 2021, porque nos merecemos un año mejor y esto también pasa por cuidar el diálogo con nosotros mismos.

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La muerte de Maradona: ¿Por qué se llora a un ídolo al que no conocíamos?

Emociones a flor de piel, profunda tristeza, vacío, conmoción, llanto desconsolado. La muerte de Maradona se proyecta como un auténtico drama a nivel mundial, las imágenes en televisión son desoladoras, periodistas, futbolistas, hinchas, compañeros, niños… Todos parecen haber perdido a la persona más importante de sus vidas, aunque la mayoría ni lo conociera personalmente.

Fotografía de REUTERS

Fotografía de REUTERS

Este fenómeno se conoce como el duelo por los ídolos, por los personajes que se convierten en leyenda. Según los estudios, el vínculo emocional que establecemos con ellos puede ser más fuerte que el que tenemos con gente que sí conocemos realmente, con nuestros familiares y amigos.

¿Por qué? Para los más afectados, la muerte de Maradona representa la muerte de muchas cosas, de una época, de un símbolo, de un ejemplo (a pesar de que lo fuera o no objetivamente hablando), de un sueño, de la esperanza.

Ese sentimiento tan intenso se refuerza por un duelo público y colectivo que nos retroalimenta, un dolor lleno de pequeñas historias, de instantes felices, recuerdos, todos nuestros, íntimos y muy emocionales.

En la figura de Maradona, al igual que en tantas otras, depositamos nuestros sueños, vivencias, expectativas, son parte de nuestra vida y aunque no lo conozcamos lo que sentimos es real e incluso más doloroso que cualquier pérdida, porque idealizamos tanto al personaje que le atribuimos unas cualidades de perfección incorruptible.

En nuestra memoria realizamos determinados ‘anclajes’ que conectan ciertos momentos de nuestra historia personal con un referente, cuando éste muere sentimos la debilidad y vulnerabilidad de todo ello y nos topamos con la realidad de que hasta a quién considerábamos una deidad también tiene un final, es mortal, desaparece, y entonces, parte de nuestra identidad se va con él.

El sorprendente lapsus de Pedro Sánchez

Hace poco detectamos el lapsus de María Jesús Montero al anunciar la bajada del IVA de las mascarillas, ahora es Pedro Sánchez quien ha cometido un tropiezo verbal bastante impactante, que no pasó desapercibido en redes sociales y que trascendió por lo llamativo del desliz.

Pedro Sánchez. / EFE

Pedro Sánchez. / EFE

Y es que justo en el momento que intentaba eludir una pregunta sobre el pacto de su Gobierno con EH Bildu, sustituye el “Congreso de los diputados” por el “Congresos de los dictadores”.

Los lapsus linguae suelen producirse como un error inconsciente al hablar en el que aflora el pensamiento real de la persona. A veces no tienen mayor relevancia, pero en algunas ocasiones, las palabras resultantes son susceptibles de tener en cuenta por la relevancia y oportunidad de su significado.

En el libro Psicopatología de la vida cotidiana, se explican estas equivocaciones como la revelación involuntaria de una palabra inhibida -por lo general, de alto contenido erótico o de gran impacto emocional- que desfigura el lenguaje políticamente correcto que la persona quiere utilizar.

Ahí lo dejamos 🙂

El lapsus de MJ Montero al anunciar la bajada del IVA de las mascarillas

Tengo que reconocer que los lapsus linguae son una de mis partes favoritas al analizar comunicación. Es cierto que en la mayoría de ocasiones no tienen mayor importancia, se trata de una simple equivocación en el habla por falta de atención, discurso atropellado, nervios…

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero. / EFE

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero. / EFE

Pero hay momentos en los que sí que resulta interesante analizarlos por su relevancia y nos remontan a su origen, a las teorías psicoanalíticas de Freud, quien aseguraba que son aportaciones del inconsciente y que cuando cometemos este tipo de errores es porque nos topamos de repente con esa parte oculta de nuestros deseos y tendencias, en definitiva, con la realidad de lo que sentimos internamente.

A veces, los lapsus linguae desfiguran el lenguaje políticamente correcto que la persona quiere utilizar. Las palabras se escogen intencionadamente con mucha cautela, sobre todo en política, para mantener siempre una imagen aparentemente perfecta y no incurrir en debilidades.

Se sabía la controversia que había generado que toda Europa rebajara el IVA de las mascarillas menos el Gobierno de España, que seguía defendiendo que no era posible por normativa europea, ahora rectifican pero sin querer reconocer su previa equivocación, tardanza o negativa con esta medida.

De esta forma, la Ministra María Jesús Montero se prepara a conciencia su comparecencia para decir: “Puedo anunciarles que vamos a dar un paso atrás, un paso más, y vamos a bajar el IVA de las mascarillas”. Ojo a la diferencia, no es lo mismo asegurar que dan un paso atrás, esto significaría, que reculan, se corrigen y rectifican una mala decisión, a decir que darán un paso más, o sea, que avanzan, existe una evolución y progresan hacia una medida nueva y positiva.

El desliz lo capturó hábilmente mi colega José Luis Martín Ovejero y así se recoge en la edición en vídeo de este breve instante: