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El insólito gesto de Pedro Sánchez cuando le preguntaron por su tesis

Continuamos con los polémicos másters y tesis de los políticos, tras el caso de Cifuentes, Casado, Montón, ahora llega el turno de nuestro actual presidente de Gobierno. Pedro Sánchez se exponía ayer en el Congreso de los Diputados y Abert Rivera supo aprovechar el momento para preguntarle directamente por su tesis doctoral. Fue un momento visual impactante, no solo mi amigo y experto en comunicación no verbal J.L Martín Ovejero lo detectó y me envió el fotograma con asombro, también vi diferentes reacciones en redes sociales a este instante que no pasó desapercibido por la llamativa actitud de Sánchez.

Tal y como comentamos siempre en este blog, lo más importante para analizar patrones fiables de comportamiento es detectar cambios, es la palabra clave. Si vemos la secuencia completa, Sánchez reacciona dinámico a las acusaciones de la oposición en otros temas, gesticula bastante, con movimientos de apertura, habla alto, firme y seguro, todo ello forma parte de su línea basal de corporalidad. Nos extraña mucho cuando ante un estímulo (una pregunta de gran impacto emocional) se paraliza, su lenguaje corporal queda totalmente inmóvil, encorva la espalda, baja la cabeza y la mirada, entrelaza las manos y aprieta fuertemente la mandíbula.

Es un fotograma de ese justo momento bastante elocuente y, sobre todo, una reacción muy poco habitual en Sánchez. Como sabemos los gestos no son universales y hay emociones sociales que son únicas de interpretación, todo depende del estímulo y el contexto. Frecuentemente se asocia esta secuencia de gestos a las emociones de culpa y vergüenza, ¿significa que no hizo la tesis? ¿que miente? solo él lo sabe y solo las pruebas lo demostrarán. Lo que sí puedo afirmar con seguridad es que este tema de la tesis le provoca intimidación, incomodidad y un cambio impresionante en su línea base de comportamiento.

Las hipótesis posibles sobre la actitud de Carmen Montón

A raíz de los análisis a personas del mundo de la política, sobre todo, en los casos de Cifuentes y Montón por el tema máster, muchos me preguntáis: “pero entonces, ¿dicen la verdad? ¿hicieron el máster? ¿no hubo irregularidades?” Os respondo particularmente a cada uno pero creo que es importante plantearlo aquí, para que todos sepamos entender los análisis de conducta y cómo funciona realmente el intrigante mundo de la credibilidad.

En primer lugar, y esto es sabido por todos, el territorio de la política requiere mención aparte, los políticos son entrenados y asesorados para manejar la comunicación y gestionar las emociones a conveniencia. Muchos lo consiguen y lo hacen muy bien, en general. Dicho esto, a veces nos podemos servir de la detección de ‘microexpresiones‘, breves fogonazos de expresión emocional que se escapan en nuestro rostro y que transmiten realmente lo que sentimos en ese momento. Cuando éstas son incongruentes con lo que decimos, es una alarma para la credibilidad y merecen de nuestra total confianza, ¿por qué? porque se tratan de emociones primarias que suelen producirse en momentos tensos de alto impacto emocional, son inconscientes, poco manipulables y genuinas según los músculos de la cara activados. Son indicadores bastante fiables, pero no siempre se producen.

Sí pudimos apreciarlos en el caso de Cristina Cifuentes, (puedes pinchar aquí para acceder al análisis), visos de culpabilidad, tensión, nerviosismo, desprecio… ¿hizo el máster? ¿cometió alguna irregularidad? no podemos saberlo, lo que sí que puedo decir es que sus patrones de conducta no son congruentes con los de una persona a la que se le acusa injustamente de algo, que está incómoda, tensa, que se siente culpable, pero hasta qué punto ha cometido una ilegalidad o no, no puedo asegurarlo, solo las pruebas tangibles hablarán de forma irrefutable.

Vamos ahora con el caso de Carmen Montón, (pincha aquí para acceder al análisis) donde nos encontramos todo lo contrario, aquí vemos a una persona directa, enfadada, convencida, contundente en su argumentación, sin microexpresiones de culpa, miedo… solo vemos ira, actitud congruente con alguien que dice la verdad y que se siente acusada injustamente de una acción no cometida… Hasta en su dimisión de anoche, donde todo eran sonrisas (fingidas) y actitud orgullosa, salió de la sala con la cabeza bien alta, ausencia de culpa, de miedo, de vergüenza, continuó exactamente con la misma actitud, entonces, ¿es sincera? ¿no cometió ninguna irregularidad? De igual forma, no podemos saberlo, pero por su comportamiento en este contexto podríamos plantear tres hipótesis:

  1. Ella realmente se cree inocente. La universidad le dio una pautas para cursar el máster (por ejemplo, pago de tasas, acudir al menos a dos clases presenciales y presentar un trabajo final) ella lo cumplió a rajatabla y aunque sea una situación injusta para el resto del alumnado e irregular por parte de la Universidad, ella no cree que haya cometido una ilegalidad porque hizo lo que le pidieron y quizás pensó que era habitual en la modalidad a distancia o siguió estas instrucciones a pesar de que supiera de su trato de favor. Un profesor de mi facultad lo llamaba ‘gente de ética y moral distraída‘, el umbral de la injusticia lo tienen poco delimitado y achacan estas faltas a la picaresca cotidiana, sin más.
  2. Cuenta ‘su’ verdad. Ha cometido una irregularidad consciente y voluntaria, sabe perfectamente que ha hecho mal pero hay mucho en juego, por tanto se autoconvence de lo contrario. La máxima para mentir bien, de hecho, diría que es la única forma de elaborar una mentira perfecta es creerse su propia mentira. De esta manera, si estamos totalmente convencidos y creemos en lo que decimos (no es difícil si la motivación es muy alta) nuestro cuerpo transmite efectivamente lo que pensamos y esto puede corresponderse o no con la realidad.
  3. Miente muy bien. Puede pasar, hay gente con un buen cocktail de rasgos y experiencias que le hacen tan buen mentiroso siempre que es muy difícil detectar la realidad detrás de sus palabras, exista alta motivación o no. Ya lo tratamos en este blog anteriormente en el post: ¿cómo es el mejor mentiroso?

Conclusión, no diré jamás en este blog esta persona miente o esta persona dice la verdad, me limito a analizar los patrones de conducta y detecto congruencias o incogruencias entre las emociones esperadas según el contexto y las emociones presentadas. Tras esto, solo podemos establecer hipótesis y plantear diferentes posibilidades. Os animo a que veáis ambos vídeos (caso Cifuentes y caso Montón) y sigáis las líneas de conducta para ver las diferencias y sacar vuestras propias conclusiones. Vuestras observaciones siempre son super interesantes y os agradezco que las comentéis 🙂

Análisis no verbal: salvo el traje blanco, la comparecencia de Montón nada tiene que ver con la de Cifuentes

La ministra Carmen Montón se ha visto envuelta en un nuevo escándalo por un cuestionado título de máster adquirido en la Universidad Rey Juan Carlos, polémica que recuerda inevitablemente a la del caso Cifuentes, aunque en mi opinión, y a pesar de la elección de la vestimenta en blanco impoluto de ambas, las diferencias (a nivel no verbal) son notables. La elección del blanco es una decisión apropiada, indica pureza, claridad y transparencia. Aún así, el batiburrillo de emociones contrapuestas que transmitió Cifuentes (culpa, duda, orgullo, desprecio, ira, alivio, evasivas…) nada tienen que ver con la línea emocional que ha comunicado Montón.

Comienza su intervención nerviosa e impulsiva, directa al grano: “Buenos días, voy a aclarar esta situación, no he cometido ninguna irregularidad”, su rostro es severo, no tiene ira visible porque no tiene el ceño fruncido, aunque su prosodia emocional (su forma de hablar) indica enfado a lo largo de toda su intervención.

En apariencia sí está seria, su mirada es directa, realmente lo que muestra es preocupación, sin embargo no he captado ninguna microexpresión de miedo, emoción frecuente en un testimonio falso. Tanto al inicio, como en diferentes partes de su aparición pública,  muestra las palmas de sus manos, es un gesto inconsciente que revela falta de intenciones ocultas, quiere decir “estoy limpia, no tengo nada que esconder, no soy una amenaza”.

Sus gestos, en general, son muy dinámicos, utiliza gestos ilustrativos con sus manos para ir acompañando el ritmo del mensaje, esta conducta suele asociarse con la credibilidad, o al menos, con la convicción de lo que estamos diciendo en ese momento; cuando mentimos nuestro cuerpo suele paralizarse, ya que todos nuestros recursos de energía se focalizan en la parte cognitiva (nos concentramos en elaborar la mentira y nuestros movimientos descienden visiblemente).

Sus gestos de afirmación y negación gestual también son coherentes con lo que va diciendo en este sentido, por ejemplo, cuando dice no haber solicitado convalidaciones, su lenguaje corporal ilustra tal negación. Sus gestos son contundentes, muestran rotundidad y concisión, acompañan en todo momento a su voz enfadada. Este tipo de enfado es la emoción esperada cuando a alguien se le acusa injustamente de algo, la actitud que muestra Carmen Montón sería congruente con el agravio que siente ante información falsa, en ningún momento duda o se siente insegura, tampoco encontramos expresiones de culpa.

Afirma: “Yo sí hice este máster“. Es una afirmación importante, utiliza la primera persona del singular, en lugar de la forma indeterminada o la tercera persona o la pasiva; es decir, se implica, se responsabiliza de la frase de gran impacto emocional, referida al eje central de su comparecencia, esto indica credibilidad, normalmente cuando mentimos nos distanciamos de frases así para no comprometernos tanto con algo que se sabe que no es verdad. El momento más impactante a nivel corporal ha sido cuando ha hecho una pausa, silencio, respira profundamente y grita dos veces “no todos somos iguales“, sus sentimientos atraviesan la pantalla y estremece escucharla, su enfado es notable y su afectación también, su mirada ha sido muy directa en este momento, ha sido un momento muy potente a nivel visual y sonoro.

Conclusión, el apoyo documental es lo más importante en estos casos, los datos objetivos son los protagonistas, si bien, en este caso, su lenguaje corporal me parece congruente con la defensa de su verdad, ella no cree que cometiera ninguna irregularidad, está totalmente convencida y su cuerpo lo transmite.

Los dos Pablo Iglesias

Pablo Iglesias reaparece tras su baja paternal en informativos telecinco con Pedro Piqueras, la entrevista se inicia con la temática personal para acabar hablando de la actualidad política. Y éste es un ejemplo perfecto para poder analizar las dos caras del líder de Podemos, su lado más íntimo y personal y su rol de político luchador y reivindicativo.

En estas dos partes le cambian prácticamente todos los rasgos de su morfología y comunicación, observamos cómo al inicio, al tratar temas de su vida privada, habla en un tono muy bajo, pausado, lento, casi no se le oye. Sus gestos son serenos, al igual que su rostro, relajado y sin acción muscular significativa salvo para expresar sonrisas auténticas. Se dibuja con este patrón una personalidad introvertida, tímida y recelosa a la hora de enfrentar hablar en público sobre su vida personal, se muestra más distante, inaccesible y más inseguro en este terreno.

Todo lo contrario ocurre cuando el tema cambia y se habla de política, su gesto se endurece pero también se crece y cobra una fuerza y seguridad propias de un auténtico líder. Realmente parece otra persona diferente, su expresión emocional ya no es sonriente y serena, vuelve al ceño fruncido marca registrada Pablo Iglesias, la ira le caracteriza, es su forma natural de expresar sus ideas y argumentar su posición, es vehemente y muy convencido con lo expresa en su mensaje oral. Su voz es alta y fuerte y aumenta la velocidad del ritmo, su postura gestual se yergue y se abre, volviéndose más dinámica e ilustrativa.

En definitiva, es un claro ejemplo de cómo el lenguaje corporal se modula y se adapta a lo que sentimos realmente en cada momento y ante diferentes estímulos en una misma situación.

[Puedes ver las diferentes secuencias de la entrevista pinchando aquí]

 

El lenguaje corporal de Ariana Grande con el obispo gritaba miedo

La imágen de Ariana Grande con el obispo que ofició el funeral de Aretha Franklin ha dado la vuelta al mundo, ya que éste agarró a la cantante de forma férrea e inapropiada, los dedos de su mano tocan el pecho de la joven. Algunos han dudado de las intenciones del obispo, y esto efectivamente no podemos saberlo. Lo que sí que podemos afirmar con seguridad es que Ariana no se sintió bien ese momento.

Su rostro es expresivo de la emoción de miedo, los ojos están espantados, reacción propia del estado intesivo de alerta; esta emoción se refleja en el sistema límbico, que se encarga de regular las conductas relacionadas con la huida, la lucha y la conservación, normalmente a través de la parálisis, en este caso, a la cantante no le quedaba otra que la parálisis, aunque su cuerpo intentaba huir de forma involuntaria.

Esto ocurre en un lapso mínimo de tiempo. Su risa era nerviosa y de circunstancia, todo su cuerpo emanaba tensión e incomodidad. Vemos perfectamente además cómo ella intenta alejarse para poner distancia entre los dos cuerpos. Esta imágen habla por sí sola, su lenguaje corporal gritaba escapar del momento.

El lenguaje corporal también delata a Chris Watts

Chris Watts y su familia (Instagram)

Chris Watts y su familia (Instagram)

Nos encontramos ante otro caso criminológico espeluznante; hace escasos días, el norteamericano Chris Watts, de 33 años, aparecía en diferentes medios de comunicación denunciando la repentina desaparición de su mujer y sus dos hijas, miraba a cámara reclamando su vuelta, pedía ayuda para encontrarlas… hasta que confesó ser el responsable del asesinato de su familia.

No es extraño. (Recordemos el análisis del caso de Ana Julia Quezada y el niño Gabriel). Suele ser una conducta habitual, sobre todo, en personas con marcados rasgos psicopáticos cuya frialdad y ausencia emocional se creen capacitadas para ‘disimular’ su responsabilidad y manipular a la audiencia e investigadores para intentar salir airosos de su crimen. Chris se presenta entonces como una auténtica víctima, (dejé de contar las veces que dice “Yo”) desplaza el foco de atención de los desaparecidos hacia sí mismo, y se atreve a decir frases como “la casa ya no es la misma sin ellas”, “lo paso fatal estando solo aquí por las noches”, “estoy destrozado”; bueno, es cuanto menos llamativo que exprese su estado de ánimo cuando su mujer e hijas pueden estar mucho peor y son realmente las máximas perjudicadas.

Además, presenta cosificación y distanciamiento de los lazos familiares con su lenguaje verbal, en todo momento, Chris Watts, refiere a “las niñas”, nunca “mis niñas” o “mis hijas”, esto es algo también muy común, tras el crimen rompen la unión psicológica con las personas dañadas. Pudimos observarlo también analizando el Caso Bretón. En otro momento de la entrevista, Chris comete un lapsus linguae típico en estos casos, y es el de hablar de las personas desaparecidas en tiempos verbales pasados. “Celeste tenía 3 años”, es solo un ejemplo de que Chris ya conoce el final de su familia y su mente ya no se refiere a ellas en tiempo presente, su mente sabe que ya no están, ya no viven.

Desde los inicios, los investigadores tuvieron serias dudas sobre Watts, que mostraba respuestas vacías, vagas y vacilantes a las preguntas relativas para el esclarecimiento del caso, tal y como se puede apreciar en el vídeo publicado por los medios.

La falta de expresividad de esta persona en su entrevista es bastante significativa, sobre todo, ‘por lo que no se ve’, en ningún momento de la entrevista podremos detectar tristeza, ansiedad, desesperación, o súplica. No hay nada. Bueno, sí, curiosamente hay sonrisas. Se produce una incongruencia emocional brutal, en esta situación, la alegría no puede convertirse en una emoción esperada. Cuando dice “si ella se ha ido, quiero que regrese, quiero a esas niñas de regreso”, se ríe, esta actitud demuestra una inadecuación del afecto, en un contexto así podría producirse una risa nerviosa, una risa tensa, pero van acompañadas de una expresión en el rostro de tristeza o miedo, no de una expresión propia de la alegría, como es el caso, a este fenómeno se le conoce como sonrisa psicopática.

Respecto a los gestos, hay dos que llaman poderosamente la atención, uno es el de humedecerse constantemente los labios, es un acto que indica sequedad en la boca, hecho que se produce cuando aumenta la hormona del estrés, el cortisol. Se incrementa con el nerviosismo y, en estos contextos o similares, se asocia con el hecho de mentir y con el miedo a ser ‘pillado’. Otro gesto significativo es el de los brazos, realmente no está simplemente cruzado de brazos, se autoabraza, se autoprotege, es un gesto manipulador para reforzarse a sí mismo y autoproporcionarse confianza y ánimo emocional.

Os dejo el vídeo en el que aparece Chris Watts reclamando ayuda para encontrar a su familia… Es estremecedor…

¿Veis algun detalle más que os llame la atención?

 

 

Cristiano Ronaldo ¿feliz en la Juve?

Cristiano Ronaldo. EFE (Imagen de archivo)

Cristiano Ronaldo. EFE (Imagen de archivo)

Actualmente, el portugués está en el candelero por su traslado del Real Madrid a la Juve, hecho que no trascendería más allá si no fuera porque sus últimas declaraciones parecen ser demasiado halagadoras y repletas de elogios a su nuevo Club en detrimento del anterior, por el cuál parece que ahora siente cierto rencor.

Cristiano Ronaldo nunca decepciona en sus apariciones públicas, tiene un perfil de personalidad bastante expresivo y le cuesta reprimir sus emociones, es un claro ejemplo de que el ‘rostro es el espejo del alma’, para bien o para mal al exmadridista se le nota todo en la cara y no puede disimular sus verdaderos sentimientos a pesar de que intente controlar su mensaje verbal.

Recientemente ha respondido a unas preguntas sobre su nueva vida (que por el formato más bien parece el vídeo de un interrogatorio) en las que aparece en un super primer plano bien iluminado; las imágenes son perfectas para analizarlas porque se pueden apreciar las microexpresiones del rostro con bastante nitidez, algo que no suele ser frecuente (el vídeo original fue publicado en el canal de YouTube del Real Madrid).

¿Y qué nos dice Cristiano Ronaldo a través de su lenguaje corporal? De entrada parece que le cuesta hablar del tema, no comunica con naturalidad cuando habla de su cambio a la Juve, le cuesta dar explicaciones, está tenso e incómodo; esta reacción no suele ser habitual cuando hablamos sobre algo de lo que nos sentimos orgullosos y nos hace sentir alegres.

Esta actitud se refuerza con las numerosas expresiones de desprecio que podemos apreciar durante el vídeo. La que más me ha llamado la atención es la que se observa cuando dice que ahora sí que está en su momento top. El desprecio no es una emoción positiva, indica aversión, odio, indignación, rechazo y amargura, por supuesto, en diferentes niveles de intensidad, pero sea el nivel que sea, la persona que la emite no está experimentando sensaciones agradables.

Os dejo el vídeo editado por mi compañero José Luis Martín Ovejero, fantásticos los detalles que se aprecian a cámara lenta.

¿Qué os ha parecido? 🙂

 

¿Te gusta Donald Trump? No te sientas incomprendido, tiene explicación

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. EFE

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. EFE

Puedes estar de acuerdo o no con su ideología política pero no se puede negar que Donald Trump sabe conquistar a su público (así lo manifestaron las últimas elecciones y las encuestas). Su vehemente lenguaje corporal agrada y perturba a partes iguales. Levanta pasiones y esto se debe, en gran parte, al modo único en que transmite su mensaje. La comunicación no verbal del presidente de EE.UU se rige principalmente por las siguientes claves:

En primer lugar, destaca su constante expresión facial de ira. El ceño fruncido y la boca en forma de embudo enseñando los dientes suelen ser un habitual en él. Ésta es una emoción negativa, pero es una emoción. Y es que precisamente uno de los atractivos de Trump es la de presentarse al público de una forma honesta, espontánea y transparente. Realmente es coherente entre lo que dice y lo que expresa con su cuerpo y, por tanto, sus apariciones se perciben como sinceras y auténticas. No oculta lo que siente y la gente puede identificarse con él, ya que no es una figura hiératica sin sentimientos, su mensaje es enérgico, fuerte y atrevido. Trump cree en lo que dice. La coherencia con su lenguaje corporal hace que nos fiemos de él de una forma tan férrea como sus propias convicciones.

Sus gestos también siguen este mismo patrón, suelen tener una apertura demesurada, indicando dominancia, orgullo y agresividad. En lugar de conectar y mostrarse colaborativo con sus votantes, ha optado por una postura de ‘macho alfa’ de la manada, proyectando poder, control y seguridad. Algo que le hace extraordinario y le distingue históricamente del resto de presidentes. Además, Trump se mueve mucho, utiliza numerosos gestos ilustradores del mensaje verbal para convencer, lo cuál es muy positivo. Los estudios al respecto determinan que así el espectador entenderá y recordará mucho mejor el discurso pronunciado.

Concretamente, los gestos con las manos más típicos del Presidente, son: el dedo acusador, que comunica amenaza y advertencia, un movimiento que todo orador evita menos él, pero también aporta contundencia y veracidad al mensaje, es una forma no verbal de hablar de tú y saltarse el usted. Perder las formas protocolarias le hace conectar con la gente de a pie. Otro gesto usual en Trump, es el que forma con los dedos la señal de ‘ok’, indica un pensamiento preciso, exhaustivo y disciplinado. Por último, le veremos en no pocas ocasiones los brazos extendidos y las palmas abiertas, este gesto vendría a decir un: “¡Miradme! Estoy con vosotros y no tengo nada que ocultar!”.

Para terminar, no podemos dejar de destacar el apretón de manos marca registrada de Donald Trump. Es uno de los comportamientos gestuales más insólitos que he visto. Sus fuertes sacudidas al saludar han dado la vuelta al mundo. Agarra con fuerza la mano de su interlocutor, la agita violentamente y, literalmente, le arrastra hacia él. La duración de este inquietante ritual ha llegado a durar más de 20 segundos, cuando lo habitual es no superar los 5. Es un apretón de manos muy intimidante, dominante y agresivo, parece una batalla territorial. Esto expresa su afán por quedar por delante del otro, destacar, mostrar su poder y superioridad hacia el otro, intenta someterlo, casi humillarlo, diría yo. Realmente, Donald Trump posee un concepto muy elevado de la puesta en escena. Es consciente de que estos momentos transcienden y los aprovecha para comunicar una imagen de poder al mundo. Además, creo que también utiliza este recurso gestual para ‘medir’ la personalidad, la intención y la resistencia de su interlocutor. De cualquier manera, este gesto también está en consonancia con su personalidad.

Como vemos, Donald Trump tiene luces y sombras en cuanto a comunicación no verbal se refiere, pero está claro que no dejará a nadie indiferente. O te encanta o le odias.

Pablo Casado también ganó por su lenguaje corporal a Sáenz de Santamaría

Pablo Casado. Foto EFE

Pablo Casado. Foto EFE

He de admitir que, hasta el momento, el lenguaje corporal de Pablo Casado me había pasado totalmente inadvertido e indiferente a la hora de analizar la comunicación no verbal en los discursos políticos. Ahora me fascina. En el cara a cara con Soraya Sáenz de Santamaría, luchando por el liderazgo del Partido Popular, se creció, y mucho. Soraya aparecía más artificial y controlada, más fría y preparada. Pablo se mostró tremendamente emocional y esto transmite inteligencia, credibilidad y consigue una conexión directa con el público.

Las expresiones faciales de Casado son muy positivas, estaba contento, seguro de sí mismo, disfrutando el momento, y eso se filtra a través del cuerpo de un modo muy natural. Continuamente sonreía, sus gestos eran dinámicos, fluidos, ilustrando su mensaje. Su nivel de implicación a la hora de comunicar era palpable, sus movimientos eran enérgicos, radiaba ilusión. Tal y como comenta mi colega José Luis Martín Ovejero en el análisis de su blog, Pablo Casado tiene un estilo muy Albert Rivera, así es; tienen muchos aspectos comunes, será interesante analizarlos en futuros cara a cara en los próximos debates electorales.

 

Trump asume el rol de sumisión con Putin

Encuentro de titanes, emociones a flor de piel, vigilancia y control extremo sobre cada movimiento. Trump y Putin dejan poco a la improvisación pero el dominio no verbal en situaciones relevantes de gran impacto también ejerce su labor.

Sin duda, los aspectos predominantes de su encuentro son la tensión, la rivalidad y la dominancia. Observándo la secuencia y los fotogramas del momento no podemos apreciar comodidad, tranquilidad, afabilidad, o gestos relajados, en ninguno de los dos líderes políticos.

En el esperado apretón de manos entre ambos, Trump asume el rol de la sumisión, ofreciendo su mano con la palma hacia arriba, cediendo la posición de líder a Putin, pero su semblante es serio, tosco, con mirada directa, fija y penetrante. Parece que es una declaración de buenas intenciones pero manteniendose defensivo, a la expectativa, es solo una tregua. Le respeta aunque mantiene las distancias.

El gesto entonces de Putin es insólito, le estrecha la mano, pero con la otra se agarra (literalmente) a la silla, gesto que demuestra la tensión máxima del momento, no es un movimiento natural ni cotidiano, denota descontrol, no se sentía cómodo.

Los dos mantuvieros posturas abiertas, dominantes y mentón elevado continuamente, señal de orgullo y prepotencia hacia al otro. El contacto visual entre ambos fue continúo, miradas que duraban más de lo socialmente aceptado, indica desafío, vigilancia, agresividad (intelectual) y reto.