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Emociones: Cómo ayudar a alguien triste

Las emociones básicas siempre están presentes en nuestra vida y siempre son útiles. Es imposible vivir sin ellas, forman parte de nuestra genética más profunda. La alegría, el asco, el miedo, la sorpresa, la ira, también la tristeza, son necesarias, tienen una función primordial para nuestra superviviencia y para un adecuado desarrollo adaptativo y social.

Una de las funciones más importantes de la emoción es la de preparar al organismo para que ejecute eficazmente la conducta exigida por las condiciones ambientales. El objetivo de la tristeza es la reintegración. Esto es lo primero que debemos entender. La represión o el bloqueo de la emoción jamás es saludable, debemos estar triste para superar una situación adversa, una pérdida (emocional o física).

Una buena forma de ayudar a una persona triste pasa por dar el apoyo emocional adecuado, que no pasa necesariamente por sacarla inmediatamente del estado de ánimo en el que se encuentra, esto es lo principal, ya tenemos el 80% del trabajo hecho. Este apoyo emocional puede definirse con tres componentes: no juzgar, escucha activa y afecto.

La tristeza no resulta agradable o cómoda, ni para el que la sufre ni para el que está cerca de esa persona, queremos deshacernos de ella sin aceptarla, sin asumir sus beneficios, y los tiene: La tristeza permite la cohesión social, la búsqueda de apoyo, centra la atención en uno mismo, induce a la reflexión, al autoconocimiento y a la búsqueda de soluciones, sopesar consecuencias y planificar alternativas o un nuevo comienzo.

Cada uno necesita su propio ritmo, hay personas que querrán pasar estos momentos en soledad, otros buscarán acompañamiento, hacer actividades o descender su ritmo ocioso; sea como sea, en definitiva hay que mantenerse relajado, respetar y acompañar; valorando a la tristeza como una emoción más, necesaria y sin querer eliminarla de inmediato sabiendo de los beneficios que también proporciona.

 

La complicidad entre Iglesias y Casado que se filtró en el Debate Electoral

Parece que las emociones y el factor humano a veces se imponen incluso sobre la rivalidad política.

A Pablo Iglesias y Pablo Casado les une una historia personal que ellos mismos han confesado y es que sus respectivos hijos nacieron prematuros y ambos líderes políticos se han brindado ayuda y apoyo desde el principio. Los dos candidatos a la presidencia del Gobierno se deshacen en halagos a nivel personal y no dudan en admitir su buena relación. Iglesias afirmó en una distendida entrevista realizada por niños en el programa de AR que en el supuesto de que hubiera un incendio en el Congreso, “salvaría a Pablo Casado sin duda”.

Esta complicidad no pasó desapercibida para gran parte de la audiencia de los últimos debates electorales antes de las próximas elecciones. Y es que las emociones y afectos se acaban filtrando irremediablemente en nuestra conducta, hasta cuando son muy positivos. De hecho, tras finalizar el debate en sí, las cámaras pudieron seguir grabando los reencuentros de los 4 participantes con compañeros, amigos y familiares. Enternecía ese instante en el que tras la contienda, Iglesias mostraba fotografías de sus hijos a Casado y su mujer.

PP y Podemos mantienen las ideologías políticas más antagónicas de las presentes y lo esperado era una lucha dialéctica encarnizada entre dos posiciones tan contrarias. Esto no se produjo. Todos pudimos apreciar una especie de ‘pacto de no agresión‘ entre los dos líderes. Ningún ataque, ningún reproche, y cuando Iglesias lo hizo, estaba más dirigido a la historia de corrupción y datos escandalosos del Partido Popular, sin referirse a la actualidad o directamente a Casado.

Se respetaron y fue palpable que Iglesias y Casado a nivel afectivo y personal se aprecian mucho. No hubo polémica, nunca se interrumpían, guardaban los turnos de palabra, no solo en silencio sino que su gestualidad era de admiración y escucha activa, incluso se podía apreciar en un momento del debate cómo cuando Iglesias hablaba de propuestas, Casado asentía contundentemente con la cabeza.

Se comprueba una vez más que la emoción pesa mucho más que la razón y solo por eso para mí, los dos fueron los claros vencedores del Debate.