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#Coronavirus “Me da miedo salir”: el síndrome de la cabaña

Parece que las restricciones para frenar la pandemia se van suavizando y, al menos, como poder, podemos hacer más cosas, más salidas. Pero a pesar de ello, hay muchas personas que confiesan que no se sienten preparadas, que todavía tienen cierto miedo a salir a la calle, a mezclarse con la gente.

Fotografía Pixabay License

Fotografía Pixabay License

Una de las secuelas emocionales de este periodo de confinamiento colectivo es el conocido como ‘síndrome de la cabaña‘, y es que muchos hemos podido asumir que nuestro hogar representa un espacio asociado a la absoluta seguridad, mientras que el exterior simboliza un espacio enorme cargado de peligros.

Hasta ahora, sufrir esta alteración estaba restringida a astronautas, población carcelaria, o habitantes de ciudades con climas extremos. Hoy recibo multitud de mensajes que describen este síndrome: “Me da miedo salir”. Hay que aclarar que no es una patología, no es un trastorno psicológico grave, ya que en estos momentos tiene un contexto que lo ‘justifique’.

Si bien, puede acarrar otras alteraciones asociadas que sí debemos vigilar, discernir si es una cuestión de apatía, falta de preparación o apetencia por la salida al mundo o si se trata de un pánico que nos imposibilita poner un solo pie en la calle; si nos crea ansiedad tan solo imaginar que volvemos a salir o incluso si estamos iniciando un desarrollo de pautas compatibles con la depresión, por ejemplo.

Tranquilidad. Durante la cuarentena, nuestra mente ha tenido que adaptarse contra natura a una situación extraordinaria para todos nosotros, acabando por habituarse a la situación de aislamiento propia, a esa particular rutina y a no tener contacto social directo con personas externas a nuestro hogar. Reconfigurarnos de nuevo es difícil y puede llevar más tiempo para algunos, eso no significa en modo alguno que no lo vayas a superar.

Si nos reconocemos en este miedo, ya empezamos a ganar en el proceso de asimilación consciente. Debemos intentar pequeños avances para no perpetuar esta sensación limitante, salidas cortas que aumentaremos gradualmente cada día y con todas las medidas de seguridad que necesitemos, seguir las recomendaciones para evitar el contagio nos mantendrán menos alerta y comenzaremos a disfrutar poco a poco fuera del hogar.

Tenemos que llevar mascarilla, guantes y mantener la distancia física, sí, todos reconocemos que no es nada agradable, pero quédate con la parte positiva de esta ‘excursión’ o quedada exterior: sentir de nuevo el viento, el sol, el olor de la primavera, salir a correr o a montar en bici, una buena conversación, el compartir experiencias entre tu círculo más cercano, las miradas cómplices, el ruido tras el caos silencioso…

Fotografía de Jorge París

Fotografía de Jorge París

 

Pablo Iglesias y su varita mágica marca Bic en #ElHormiguero

En ‘El Hormiguero’ finaliza la tourné de candidatos a la presidencia del gobierno con Pablo Iglesias.

Además del ceño fruncido ‘marca registrada Iglesias’ también apareció en escena su segundo elemento identificador. Como si de una varita mágica se tratara, Pablo Iglesias no abandona a su inseparable bolígrafo Bic para sus intervenciones en público; en efecto, no hay ningún papel, no tiene que tomar apuntes, no lo necesita por su uso, sino por su ‘comodidad’.

El bolígrafo se convierte en el amuleto de su tranquilidad, realmente es un gesto manipulador que le ayuda a descargar el estrés y la ansiedad del momento, lo agarra y a la vez se armonizan los movimientos con las manos, con las que muchas veces no sabemos qué hacer.

Es una buena estrategia de oratoria en público para él pero la proyección no es del todo buena, la gestualidad libre y natural es un tesoro y una persona que es buena oradora (como es su caso) no debería necesitar sujetar un bolígrafo para poder expresarse con seguridad.

Para mí, es un elemento incoherente en Iglesias porque verdaderamente disfruta en este tipo de situaciones. Es realmente notable su deleite en responder a preguntas ácidas y retadoras, se crece, lo hace con agilidad mental, incluso se divierte, se le ve ‘en su salsa’ y no necesitaría, al menos ahora, ningún recurso de apoyo; supongo que su ‘bolidependencia‘ ya es cuestión de costumbre.

Ahora queda lo mejor… ¡los debates políticos!