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¿Por qué es tan difícil cambiar de opinión? La política también crea fieles adeptos

Cabe hacerse esta pregunta en el panorama político en el que nos encontramos ahora.

He escuchado, no en pocas ocasiones, que el voto electoral a un partido u otro se hace por tradición, por costumbre, incluso por el gusto o afecto hacia un representante político en concreto (obviando el resto del envoltorio), “yo es que soy muy de Pedrito”, “en mi familia siempre se ha votado al PP y yo hago igual”, “he votado siempre al PSOE y pase lo que pase lo seguiré haciendo”.

La política también nos fideliza y nos anula el pensamiento crítico, negamos nuestra capacidad para analizar y cambiar de opinión si es que algo de lo que estamos viendo en ‘nuestro partido político’ no nos gusta.

¿Qué nos ocurre? Ceder, negociar o incluso replantearte algo que consideras parte de tu esencia es traicionarte. La resistencia al cambio es una evidencia, y no es un hecho subjetivo, renunciar a una postura o asimilar una idea contraria es un proceso que resulta realmente agresivo para nuestro cerebro.

Cuando nuestros argumentos y pensamientos son confrontados (da igual que sea por hechos contrastados) la química de nuestro cerebro experimenta los mismos mecanismos que cuando nos sentimos amenazados o en peligro. En este momento el sistema límbico toma el control sobre la parte racional de nuestro cerebro, y no importa cuan valiosa sea la nueva idea que tengamos delante o lo evidente que pueda resultar, ya que nuestro cerebro se encuentra en modo defensivo.

Así, cambiar de opinión requiere de un esfuerzo de reflexión y en ocasiones, hasta supone un verdadero acto de voluntad. Interpretamos la realidad no como es, sino como nos conviene, así que no es de extrañar que insconscientemente, al igual que sentimos rechazo por ideas que no compartimos, busquemos refugio en opiniones parecidas a las nuestras, que refuercen lo que creemos. Es entonces cuando nos adentramos en el concepto de ‘sesgo de confirmación‘, es decir, tendemos a aceptar mucho más fácilmente las ideas que ya corresponden con nuestra visión de la realidad.

Al contrario que ocurre cuando nuestras ideas son cuestionadas, cuando nuestras opiniones son valoradas de forma positiva o coinciden con la de nuestros semejantes, en el cerebro se activan los sistemas de recompensa en los que la dopamina serotonina -dos neurotransmisores que regulan las sensaciones del placer, el bienestar y la felicidad- cumplen su función haciéndonos sentir más importantes y afectando positivamente a nuestra autoestima.

La conclusión inmediata parece desoladora. ¿Renunciamos a la información? ¿Desistimos de modificar una idea que ahora vemos equivocada para no desvincularnos de nuestra comunidad cognitiva? Como indica Sloman, no hay soluciones únicas y definitivas, pero eso no significa que no haya cosas que podamos hacer. Él sugiere obligarnos a explicar cómo funcionan las cosas en lugar de describir qué nos parecen. Eso nos haría ser más conscientes de la limitación de nuestro propio conocimiento y por lo tanto más abiertos a aceptar argumentos distintos.

 

 

*Fuente: National Geographic/Ciencia

Análisis no verbal: ¿El afecto entre Sánchez e Iglesias es sincero?

Solo el tiempo lo dirá… pero en sus encuentros públicos para firmar una coalición entre partidos, la comunicación no verbal de ambos deja entrever algunos detalles que pueden darnos pista del sentir de los dos líderes políticos y de si sus afectos personales son reales o fruto del mero interés.

Ayer se produjo un épico abrazo que sellaba un pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar gobierno, y analizamos por qué sorprendió y trascendió tanto, destacamos algunos detalles no verbales que lo hacían único y sincero, pero ¿para ambos por igual?

Respecto al abrazo, es cierto que a simple vista se ve mucho más entregado a la causa a Iglesias que a Sánchez, pero también de este último nos perdemos la visibilidad de sus manos y rostro, fundamentales para ampliar en detalle la emoción sentida.

Pero para darle contexto, sí podemos darle algo más de significado a esta supuesta íntima relación que ha surgido repentinamente entre ambos, no centrándonos solo en el abrazo, sino en el resto de intervenciones previas y posteriores, ruedas de prensa individuales y apretón de manos.

Parece que en este gesto sí hay más distancia entre ellos de la ‘normal’, de la que se da entre dos personas que se dan la mano para cerrar un acuerdo, si os fijáis casi que cabe una persona física entre ellos dos, la postura de Sánchez es la habitual en él cuando saluda a alguien, es decir, no le trata aquí de un modo exclusivo, lo hace como siempre.

Extendiendo muy poco el brazo hacia su interlocutor, lo deja muy pegado al costado, en esta imagen no aparece entrega ni un interés especial, no hace esfuerzos por acercarse al otro, no hay emoción es su rostro, solo una sonrisa social o posada, estira las comisuras labiales pero no hay alegría en sus ojos, no se activa el músculo orbicular (patas de gallo) reflejo de la alegría sincera, cara de circunstancia. Diría incluso que se expone con cierta expresión de vergüenza, sobre todo, tras finalizar el íntimo abrazo.

Acción orbicular que sí que podemos apreciar, aunque de forma sutil, en Pablo Iglesias, está más contento, se expone más orgulloso ante los medios, se orienta totalmente hacia ellos, su postura es muy abierta y expansiva, su lenguaje corporal está pletórico.

Parece que en este sentido, también reforzamos el contexto del análisis en rueda de prensa individual, ya que las palabras de Sánchez no eran muy congruentes con su comunicación no verbal: por más que repitiera que el proyecto era muy ilusionante no puede dejar de filtrar malestar, represión e ira contenida con el gesto de labios fruncidos con presión al terminar su frase, esta acción muscular no se relaciona en modo alguno con la expresión de la ilusión, la alegría, el orgullo o la esperanza, está tenso.

Os dejo también por aquí el análisis en vídeo de mi compañero José Luis Martín Ovejero, muy acertado y en esta misma línea.

¿Qué os parece? ¿Durará esta unión y este afecto entre ambos? ¿Amor sincero o compromiso? 🙂

 

Los dos criterios que más valoramos en un líder político

Nuestro cerebro juzga constantemente a los demás, no puede dejar de hacerlo, sobre todo con desconocidos.

Es un patrón evolutivo que conservamos de nuestros antepasados cavernícolas, ya que entonces, era cuestión de pura supervivencia, era crucial averiguar si tu prójimo se mostraba confiable o no, podía matarte, robarte o ayudarte, querer formar parte del grupo a través de la afiliación emocional y todo ello se tenía que percibir e interpretar a través de la comunicación no verbal.

En nuestros días ya existe un lenguaje desarrollado y complejo para dar y recibir información, pero nuestro cerebro sigue fiándose más de las sensaciones de los primeros minutos de exposición, ya que sabe que el mensaje verbal, nuestras palabras, no es íntegro; es controlable y manipulable a voluntad.

Todos realizamos valoraciones en cuestión de segundos, en política con mayor empeño si cabe para tratar de acertar en nuestra importante ‘apuesta’, pero ¿qué es lo que analizamos exactamente?

La profesora de Harvard, Amy Cuddy, ha realizado estudios longitudinales durante más de 15 años y los primeros resultados son claros, los dos rasgos que queremos ver en los demás, sobre todo si va a gobernar nuestro país, son la ‘calidez’ y la ‘competencia’. Nuestro cerebro trata de indagar continuamente si tiene estos dos rasgos a través de dos preguntas: ¿Puedo confiar en esta persona? y ¿puedo respetar a esta persona?

Podríamos pensar que la segunda dimensión, ser competente, podría ser la principal sobre todo en política o en un contexto laboral, al fin y al cabo queremos que sea lo suficientemente inteligente y capaz de manejar la presidencia. Pero lo cierto es que la calidez, o la confianza, es el factor más importante en la forma en que la gente evaluamos.

También es evolutivo, nuestros antepasados preferían confiar en alguien que no fuera a matarles que confiar en alguien que hiciera bien el fuego.

La competencia es importante y una cualidad muy valorada pero sólo se apreciará después de que ya se establezca la confianza, por tanto, que nuestros políticos se esfuercen en exceso en mostrar sus fortalezas, poderes y habilidades puede llegar a ser incluso contraproducendente, nos resultarán distantes e inaccesibles.

La psicóloga Amy Cuddy lo sintetiza así: “Si alguien a quien estás tratando de influenciar no confía en ti, no vas a llegar muy lejos; de hecho, es posible que hasta despiertes sospechas porque parezcas un manipulador. Una persona cálida y digna de confianza que también es fuerte suscita admiración, pero sólo después de haber establecido la confianza, su fuerza se convierte en un regalo y no en una amenaza“.

¿Lo lograrán?

La comunicación no verbal también fue protagonista en el debate electoral

En cuanto a lenguaje corporal se refiere, anoche hubo dos debates, hasta la primera mitad los cinco representantes políticos aparecían serios, tensos, inmóviles y presos del papel y la lectura, demasiado encorsetados y preparados, pensé que se avecinaba el debate más aburrido de la historia, pero todo cambió hacia el final.

Para empezar fuerte el post, sin duda, los ganadores del debate fueron Abascal e Iglesias, ambos salieron reforzados, ahora explicaré el porqué. Casado fue el mejor orador y los que quedan al final del ranking son Sánchez y Rivera.

‘Me gustas cuando callas porque estás como ausente’ decía Neruda’. Así se mostró Pedro Sánchez. En mi opinión, el actual presidente del gobierno no puede quedarse en un segundo plano, no debería esconderse en la sombra, tiene que ‘mojarse’, luchar con energía y proyectar fuerza y seguridad. Su lenguaje corporal era el de ‘a mí todo me resbala’, es muy injusta esa posición. Mientras hablaban sobre él, bajaba la mirada, leía sus apuntes, ignoraba por completo a sus adversarios.

Solo se detectaban algunas miradas de reojo y sutiles expresiones de superioridad con la elevación unilateral de la comisura de la boca. Curiosamente cuando más reacciona, negando con la cabeza y sonriendo con desprecio, se produce cada vez que Iglesias pronunciaba el “usted y yo”, le molestaba, rechaza esa unión verbal, le incomoda escuchar esa ‘relación’. Inquietante…

Pablo Iglesias continúa con su varita mágica, sigue aferrándose a su ‘bolidependencia‘ en cada aparición pública, un recurso que le resta seguridad como orador preparado. Pero también continúa con algo más positivo para su imagen, su rol conciliador, esa nueva actitud que ya mostró en la anterior campaña y nos sorprendió a todos. Y es que su discurso fue siempre agresivo, palabras de alto impacto, voz enérgica, ceño fruncido de ira, dedos acusadores y gestos arrolladores.

De repente, parecía que no había ‘roto un plato’ en su vida. Adoptó una postura totalmente contraria, no sé si forzada o espontánea y coherente con un discurso natural más mesurado y prudente. Pero lo mantiene. Su gesto protagonista ahora son los brazos abiertos con las palmas de las manos hacia arriba, la postura de la moderación, cuando todos alzan la voz, él la baja notablemente y así ‘queda bien’, sin duda.

Pierde fuerza en su discurso aunque gana en concordia, ya no proyecta la agresividad de sus comienzos. Es el que más ha cambiado su estilo de comunicación y ha aprendido a proyectar templanza, armonía, convivencia, rasgos muy valorados y esperados en los tiempos que corren…

Iglesias se pone la corbata (de aquella manera) y Abascal se la quita. ¿Cómo podemos interpretarlo? Realmente es una decisión que se puede utilizar para diferenciarte o no del resto. El líder de Unidas Podemos ya no reniega de una imagen más tradicional en sus apariciones públicas, no le interesa desmarcarse y prefiere volver al ‘redil’. Ahora es el representante de VOX quien quiere poner ese límite diferencial, un ‘yo no soy como ellos’.

Fue el primer debate para Santiago Abascal y estaba feliz. Tiene una personalidad introvertida, de baja exteriorización emocional pero en momentos de alto impacto el cuerpo habla, grita, y pudimos apreciar la dicha que experimentaba de verse allí.

¿Por qué? Encajaba los ataques directos con sonrisas de oreja a oreja, incluso intentaba reprimirlas para que no se le notara, ya que realmente no corresponde, pero no podía evitarlo, le hacía ilusión que le nombraran, experimentaba un verdadero deleite, le agradaba sentirse por fin protagonista, que le hayan dado su sitio, haberlo conseguido, aunque sea el foco de la polémica, le da igual, está ahí, es el que más ha disfrutado y el que sale más reforzado de todos.

Pablo Casado tiene el don de la racionalidad y la buena oratoria, avasalla con datos y agilidad mental sin perder los nervios ni alterarse, es el que más controla el debate de manera natural, con maestría. Se exhibe seguro, solvente, experimentado… Las mejores cualidades que se pueden esperar ver en un líder político. Fue muy generoso en cuanto a comunicación no verbal se refiere, el más dinámico con constantes gestos ilustradores, el más expresivo en el rostro, el más expuesto y sentido, por tanto, el que se proyecta con mayor credibilidad.

Es interesante el momento con mayor intensidad emocional para él: Muestra extrema sorpresa (casi se le salen los ojos de las órbitas) cuando Rivera le discute o le ataca mínimamente, casi no puede ni creerlo, es el instante en el que se le ve más desconcertado.

Si Albert Rivera utilizara más las pausas y los silencios tendría mucho más poder en conectar con el público; se acelera demasiado, no controla el ritmo, no da sentido a las palabras con el paralenguaje (tempo, tonalidad, ritmo del lenguaje) y no interiorizamos lo que expresa.

Además, el líder de Ciudadanos sigue fiel a los recursos visuales para captar la atención del público y marcar sus ideas en la memoria de la audiencia. Por supuesto, los objetos de impacto llegan más que las palabras, es una buena estrategia, pero si abusa, en cantidad de elementos y en tiempos de exposición, le acaba restando seguridad y fuerza al contenido verbal, pareciera que ya ‘necesita’ de ese recurso para defender su discurso. Pierde seriedad, coherencia y convicción.

¡Espero vuestras opiniones! ¿Qué os pareció el debate? ¿Quién pensáis que lo hizo mejor?

Carteles electorales: Cómo tratan de convencernos

Antes del debate político programado para esta misma noche, podemos hacer un adelanto del mensaje que quieren transmitirnos los principales partidos políticos a través de sus carteles electorales.

El PSOE opta por el lema ‘Ahora sí. Ahora Gobierno. Ahora España‘. Tras los fracasos anteriores quiere ‘vender’ que ahora ya sí que sí puede ser capaz de formar Gobierno, que ésta ya es la buena, la definitiva; de esta manera su objetivo principal es intentar contrarrestar el hartazgo de los votantes por la repetición de elecciones.

Creo que no les beneficia para nada que ellos mismos ‘destaquen’ como idea protagonista el bloqueo generado y tendrían que haberle dado un enfoque más inspirador y desvinculado de toda problemática. De hecho, al hacerlo tan evidente, el resultado esperado llegó y despertó una oleada de memes en Twitter tal y como ocurrió con el anterior lema, poco acertado igualmente, ‘Haz que pase’.

El rostro de Pedro Sánchez lidera la fotografía por completo, ésta es una estrategia muy positiva para personalizar y humanizar al partido y el voto, el problema, al igual que en el cartel anterior, radica en lo gestual. El sutil movimiento hacia arriba del extremo derecho de su boca sugiere una expresión decodificada como desprecio (superioridad moral). Ese gesto no será casi percibido por quienes simpaticen con él pero podría generar distancia y rechazo en un público menos partidista.

En el PP también apuestan por el rostro de su candidato en primera plana, han elaborado distintos carteles con diferentes planos de Pablo Casado, algunos más acertados que otros, en la anterior campaña su imagen era nítida, clara y sonriente, nada preocupada, en esta ocasión apuestan por todo lo contrario, una estética más sombría, más seria, más alarmista. En definitiva más fría, racional y menos emocional que la anterior.

Todo ello se refuerza con su lema ‘Por todo lo que nos une‘. ¿No os recuerda a un brindis con familiares y amigos? Aquí sí hay un mensaje más sentido y claramente en este contexto nos quiere recordar que la unidad de España estará segura con el Partido Popular, en especial ante el desafío secesionista de Cataluña, tema cardinal en estas elecciones tras los graves incidentes provocados por radicales independentistas.

Albert Rivera repite plano americano; un recurso narrativo cinematográfico utilizado por los directores en las escenas donde hay acción. Y es justamente la acción la que caracteriza esta fotografía. El líder de Ciudadanos camina hacia adelante como tal, con energía, fuerza y determinación, pero, en esta ocasión, también ligeramente sonriente (en su anterior cartel electoral se mostraba demasiado serio).

El fondo ahora no es un mar de banderas sino de personas que le siguen, el objetivo es subrayar aún más este liderazgo y su capacidad de movilización. Hay dinamismo, el cartel cuenta una historia y su eslogan refuerza también todo lo anterior, transmite energía y una convocatoria a la acción ‘España en marcha‘. Moviliza emociones. No han arriesgado y han utilizado la estética de su anterior campaña.

Es importante destacar que la energía es uno de los dos rasgos psicológicos que los votantes mejor valoran en los líderes políticos, junto a la afabilidad. Los votantes sienten que necesitan líderes enérgicos, decididos, fuertes y esa es la imagen que comunica este cartel.

Parece ser que Unidas Podemos también se percató y en esta ocasión ha transformado por completo su imagen para ‘reproducirlo’ al estilo del anterior y actual cartel de Ciudadanos. Pablo Iglesias aparece con exactamente el mismo plano americano, pose, gesto, expresión y fondo. Mismo valioso significado pero con la pérdida de impacto que supone no ser la idea original.

Salvan la imagen de campaña por un buen eslogan ‘Un Gobierno contigo‘. Lema inteligente, ya que su significado es nítido y perspicaz, el más emocional de todos: nosotros estaremos junto a ti, es decir, no gobernaremos desde arriba, lo haremos a vuestro lado. Muy bien escogido.

En Vox tiran de auditorio repleto, ya es conocida la capacidad de convocatoria de su líder Santiago Abascal y no han querido dejar pasar la oportunidad para destacarlo, incluso en detrimento del plano en el que aparece su representante, no le favorece nada ese corte por la cintura pero el protagonismo así lo gana el panel de gentío con banderas de España que se vislumbra tras él.

España siempre‘, es su eslogan, no abandonan la costumbre de nombrar el país y el generalizador ‘siempre’, que significa incondicionalidad, es una palabra de alto impacto emocional, pase lo que pase España siempre será la prioridad. Mal elegido el plano de un, además, serio Abascal, pero muy buen lema, directo y conmovedor.

Por último, la nueva formación política de Íñigo Errejón se estrena con cartel electoral de estética totalmente publicitaria. Resulta original y llama la atención por el verde velado que cubre el rostro del representante de ‘Más país’, la fotografía es puro marketing actual, atractiva, aunque no representa emoción alguna, aparece con ‘cara de poker‘, no filtra ningún significado más allá de la identificación de Errejón. El cartel es muy estético pero no me dice nada, le falta garra y comunicación estratégica visual.

Y ahora sí, ¿preparados para el debate de esta noche? 🙂

Un incómodo pero convincente Abascal en El Hormiguero

No fue así toda la entrevista, al inicio, Santiago Abascal entraba alegre, tranquilo, amigable y hasta divertido. Veíamos cómo todo eran sonrisas sinceras por la activación del músculo orbicular del ojo (patas de gallo), estaba realmente contento de estar ahí, relajado.

Duró poco. Su rostro, gestos y posturas se fueron transformando en seriedad, nervios, contrariedad, parálisis corporal (por el aumento de la tensión y el estrés) y a nivel fisiológico llegó la consecuente sudoración corporal y la sequedad de boca.

Parece que las preguntas de Pablo Motos pillaron totalmente descolocado al líder de VOX, quien no se esperaba una entrevista tan áspera; el lenguaje corporal del entrevistador también es para analizar, intenta mostrarse afable y neutral pero está claro que no lo consigue, es una persona muy expresiva y se nota a la legua cuando sí que conecta y es benevolente (caso Rivera) y cuándo le ocurre todo lo contrario (Abascal o Iglesias). Ayer, anormalmente, se le veía notablemente nervioso también.

Abascal, en alguna ocasión incluso contestaba titubeante, recurría a eternos silencios (en un contexto de comunicación en público) antes de responder y escoger unas palabras nada políticamente correctas. Si algo destacaría de este líder político es precisamente eso, creo que estamos ante la primera ocasión en la que un aspirante al Gobierno de España no elige lo que quiere decir, lo suelta sin más.

Admite sin tapujos que su experiencia laboral fuera de la política ha sido nula (como la de casi todos los políticos de este país, por cierto) y que además fracasó con su empresa privada, a la que solo mantuvo unos meses antes de cerrarla. Que no se siente orgulloso de su paso por un ‘chiringuito’ de la comunidad autónoma de Madrid y que por eso precisamente ahora representa a propuestas políticas que intentan eliminarlos.

Y continúa con respuestas que ‘suenan mal’: ¿Qué hacer con los menores extranjeros no acompañados que entran ilegalmente? “Deberíamos expulsarlos”. ¿Qué haría con las vallas de Ceuta y Melilla? “Las haría más grandes y enviaría al Ejército”.

Hay palabras de alto impacto emocional que no deberían utilizarse en un discurso público… ¿o sí?

Estas palabras pueden resonar en nuestro cerebro casi como si de palabrotas se trataran, entran directamente a nuestra parte más profunda y emocional por ser directas, férreas y por tanto, se convierten en memorables. Una estrategia arriesgada pero eficaz para desmarcarse en las formas de la política tradicional y marcar un punto de novedad que capta, cuanto menos, la atención de los espectadores.

Sus convicciones son muy polémicas, pero las tiene y las expresa como tal, le da igual convencer (tal y como él mismo manifestaba) y esta premisa despierta la credibilidad de la audiencia. Un político que no me quiere convencer de nada y dice las cosas tal y como las piensa es todo un acontecimiento en el mundo de la comunicación. Y puede que funcione.

Mientras anoche analizaba la entrevista, un familiar mío me escribía un mensaje que decía: “El tema está en que yo no estoy de acuerdo con más de la mitad de las cosas que dice, y aún así no tengo ninguna duda en que les votaría.”

 

La pregunta que provocó el impactante bloqueo de Pedro Sánchez

España tendrá que volver a las urnas tras el fracaso para formar gobierno. En el día de ayer, Pedro Sánchez compareció en La Moncloa ante los medios para exponer su propia lectura sobre lo acontecido en estos últimos meses, descarta su responsabilidad en la repetición electoral e insiste en culpar al resto de formaciones políticas.

Su discurso ha estado muy preparado, leído y poco emocional, nada llamativo se observa en su lenguaje corporal; pero hubo ronda de preguntas por parte de los periodistas tras finalizar su intervención. Mi parte favorita, la mejor para analizar reacciones espontáneas, ya que las preguntas pueden resultar inesperadas y activar emociones interesantes para profundizar en el mensaje que se quiere transmitir, más allá de las preparadas palabras.

Particularmente el vídeo me parece de una potencia emocional brutal, ya que ante la pregunta de si pediría disculpas a los españoles e incluso dimitiría como líder del PSOE si de nuevo no logra formar gobierno, Sánchez se queda literalmente paralizado, sin habla, no sabe qué decir y esto no suele ser nada habitual en él. Permanecer casi 20 segundos en silencio durante una rueda de prensa, ante una audiencia, es bastante sugerente, no se esperaba para nada esa cuestión, no se la plantea y por tanto no encuentra las palabras para dar respuesta.

A ver qué os parece el momento…

 

El instante ha sido captado por mi fantástico y siempre atento compañero José Luis Martín Ovejero 🙂

 

Las lágrimas de Ada Colau y el gesto de la mano en el pecho #AnálisisNoVerbal

Esta mañana, la todavía alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha admitido en un programa de radio que se ha planteado dejar la política durante las últimas semanas. La noticia continuaría con un: ‘y entonces, se ha emocionado‘. Pero realmente, si analizamos cuándo aparece la emoción, no se relaciona con ella, ni con su decisión sobre seguir o no en política, ni con las acusaciones o insultos que haya podido escuchar.

El estímulo que desencadena la reacción ha sido el pensar en sus hijos. En primer lugar Colau se encoge de hombros cuando le preguntan si ha valorado abandonar la política, es decir, expresa duda. Incluso al principio sonríe irónicamente, denotando la obviedad (para ella) de ese planteamiento. Después asiente con la cabeza reforzando que sí, que claro que se ha planteado dejarlo.

A continuación aprieta los labios fuertemente, en un intento de represión emocional (no quiere llorar, pero no puede frenar la conducta), en ese instante podemos ya entrever que su mente está en su familia, de hecho pierde la mirada, la desvía hacia arriba, su estímulo no está físicamente allí sino en su pensamiento. Cuando vuelve a mirar a su interlocutor ya está visiblemente emocionada, ojos vidriosos, mantiene la mandíbula apretada y los orificios de la nariz se ensanchan. Hay tensión y ansiedad visibles (necesita coger más aire).

Acaba la secuencia con el gesto de la mano en el pecho cuando por fin expresa lo que tiene en mente “pienso en mis hijos“, admite. Éste es un gesto muy antiguo que, además de simbolizar lealtad y sellar juramentos, es un emblema de emociones y sentimientos intensos. Poner (espontáneamente) una mano sobre el corazón se asocia con la sinceridad y honestidad, para ello siempre debe ser coherente con la expresión emocional en el rostro y el mensaje verbal. En este caso, podemos afirmar que sí, es sincero, ya que sus señales fisiológicas, rostro, gestos y mensaje verbal se activan en un mismo sentido .

Anteriormente en el este blog vimos el ejemplo contrario en Otegui. Para que comprobéis vosotros mismos las diferencias al ejecutar un mismo gesto 🙂

El lapsus de Pablo Iglesias en su comparecencia por los resultados electorales #AnalisisNoVerbal

Pablo Iglesias fue el único representante político que no compareció de forma inmediata tras los resultados electorales del 26-M. Ayer reapareció tras una jornada de reflexión ofreciendo una breve rueda de prensa ante diferentes medios para después acudir al programa de ‘Al rojo vivo’.

Lo bueno de tener una ‘jornada de reflexión’ es que puedes pensar, racionalizar y preparar el discurso. Las preguntas inesperadas son las que pueden provocar un impacto emocional y, por tanto, un descontrol en el lenguaje corporal que desvele la realidad de tus emociones internas. Iglesias mantuvo el tipo, su rostro y mirada eran tristes, su voz y ritmo tonal eran planos, de bajo volumen, pausado. Todo coherente con la situación.

Pero hubo una pregunta, que supongo que no preparó, que sí que impactó en el impertérrito semblante del líder de la formación morada. Un periodista le plantea que si está de acuerdo con las declaraciones de Juan Carlos Monedero, en las que afirma que: “Las cloacas han convencido a Íñigo Errejón para destruir Podemos”.

Iglesias niega con la cabeza cuando manifiesta verbalmente que no está a favor de esas declaraciones pero a continuación comete una especie de ‘laspsus interruptus‘ (vamos, un ‘morderse la lengua’ en toda regla). Ya que responde: “no estoy de acuerdo y… no estoy de acuerdo”, en ese momento se ríe y parece que prefiere callar para no alargar la explicación que iba a dar, convirtiendo la respuesta en un acto fallido.

Y hace bien, cuando se sufre algún tipo de incontinencia en el lenguaje y te sales del guión puede ser peligroso; y es que las palabras, a veces, las carga el diablo. 🙂

Os dejo por aquí el vídeo.

La sonrisa incoherente de Rocío Monasterio en el debate de Telemadrid

El debate entre cuatro de los candidatos a presidir la Comunidad de Madrid celebrado este domingo por la noche en Telemadrid fue bastante plano en lo que a expresiones emocionales se refiere. Más que un debate, parecía una concentración de breves mitines de cada uno de los partidos políticos, no había enfrentamiento ni se rebatían prácticamente nada.

El representante de Ciudadanos, Ignacio Aguado, quizá fue el más fluido de todos, con miradas directas a cámara, más gestualidad coordinada con lo que decía y recursos visuales para apoyar su discurso. En contraposición, la representante de Podemos y el respresentante del PSOE, muy encorsetados a nivel emocional, sin dinamizar el discurso y con un lenguaje bastante aprendido, basado en datos, nada espontáneo.

Lo que más llama la atención fue la sonrisa descontextualizada de Rocío Monasterio, en representación del partido VOX. Le ocurrió algo parecido a Pablo Casado en el debate electoral en el que participó. Supongo que son personas más serias a quienes los asesores les aconsejan ‘sonreír más’ y al final queda bastante forzado. No es mal recurso, una sonrisa siempre transmite positividad y optimismo pero hay que saber regular las emociones.

Anoche Monasterio sonreía mientras nombraba problemáticas serias del país, mientras escuchaba acusaciones. Y esto ya no es lógico, es incoherente y proyecta una sensación extraña en el espectador, provocando desconfianza. Normalmente, Monasterio es muy expresiva y espontánea a nivel emocional y utilizar este recurso tan forzado no beneficia en ningún caso a su imagen.

No os perdáis el análisis de mi compañero José Luis Martín Ovejero para Telemadrid, en éste se ejemplifican estos detalles con secuencias concretas.