Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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¿Cuál es nuestro mayor enemigo emocional?

Esta pregunta tan interesante me la hizo llegar un lector del blog, lo pensé un instante y lo tuve claro. El victimismo. Pero, ¿qué es realmente una conducta victimista? ¿Es una emoción, forma parte de nuestra vida, es perjudicial o nos podemos beneficiar de ello? ¿Tiene solución?

La mentalidad victimisma es una forma de vida, no se trata de una emoción momentánea sino de un recurso constante de afrontamiento hacia diferentes circunstancias de una forma poco controlada, es decir, la persona victimista alude siempre a la mala/buena suerte o a la conducta de los demás, de sus aciertos o desaciertos, la responsabilidad nunca es de uno mismo. Dígamos que es una forma de autoprotección (inadecuada) para no asumir un daño a su autoestima por haber fracasado en algún momento. Esta conducta se vuelve automática, muchos no llegan a ser conscientes, lo bueno es que no es un rasgo de personalidad como puede ser la extroversión, por tanto se puede corregir.

Ante todo, hay que distinguir que existe un victimismo real y otro no justificado. Hay situaciones de daño físico y moral que conllevan un proceso lógico de victimización, si por ejemplo hemos sido agredidos, ofendidos, humillados, etc, nuestro cuerpo reacciona y bloquea nuestras emociones y actitudes más positivas, nos volvemos vulnerables y necesitamos un aporte extra de cariño, atención y cuidado por parte de los demás, esto no es cuestionable, pero este plus de apoyo debe ser algo pasajero, un estado provisional necesario, si se prolonga en el tiempo y pasa a forma parte de nuestra personalidad, de nuestra existencia, es insano.

Un acontencimiento traumático no puede ser nuestra carta de presentación al mundo, y menos aún beneficiarnos de este suceso para conseguir siempre un extra de atención. La persona victimista se vuelve egoísta, deja de escuchar e interesarse por los demás, hacen al resto responsables de todos sus males, y solo generan sentimientos de culpabilidad. Niegan siempre su implicación, incluso aunque sea evidente. Afrontan todo a su alrededor de una forma exageradamente drámatica, sienten pena por ellos mismos y actúan a la defensiva.

No es que el victimismo genere un beneficio, pero sí consecuencias positivas en el corto plazo, así la conducta se refuerza y se mantiene. Por ejemplo, la autoestima se mantiene intacta, nada la daña porque se evade la responsabilidad de todo lo que nos suceda por completo. Se recibe atención, compasión de los demás y generan sentimientos de protección, es difícil criticar o negar lo que te pida una persona así, inspira pena, y por tanto consiguen lo que quieren de una forma rápida y segura. Tras un tiempo inicial, la gente que rodea a la persona victimista se siente engañada, se cansa de someterse a sus demandas constantes y comienzan a quedarse solas. El victimismo solo conlleva amargura, insatisfacción, negativismo, toxicidad y dependencia en las relaciones.

Es fundamental acudir a un profesional para corregir esta ineficaz estrategia de afrontamiento, a través de técnicas, como la reestructuración cognitiva, puede reconducirse la conducta. Pero existen pautas complementarias que tienen que ver con la psicología emocional, el lenguaje verbal y no verbal. Al final,  este estilo de comportamiento se caracteriza por una clara represión emocional, sobre todo, de la ira. Sienten rechazo hacia las emociones negativas, cuando realmente éstas nos ayudan a superar nuestras frustraciones. Existe la idea, mal extendida, de que nuestro cerebro, concretamente la amígdala, controla y organiza nuestras respuestas emocionales sin control, que nos enajena de cualquier responsabilidad, que sólo somos víctimas de ellas. Tenemos que, no solo gestionar, sino desarrollar y potenciar todas nuestras emociones, todas son útiles auque sean incómodas. Es necesario que se sean incómodas para que capten nuestra atención, son nuestra alarma y hay que hacerles caso. No te juzgues por lo que sientes.

La comunicación efectiva y asertiva es el enemigo número uno del victimismo. Desarrolla un lenguaje constructivo, elimina los condicionales y el ‘tú’, sustituyelo por el yo, para bien y para mal, por acciones, por un lenguaje responsable y directo, alejado de exigencias, culpabilidades y ataques. Muestra una comunicación no verbal segura, erguida, dinámica. El victimismo se asocia con una postura vencida, apocada, sin fuerza ni energía… Os dejo aquí algunos consejos más en este sentido:

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La ministra Delgado y la teatralidad de su lenguaje corporal

La ministra de Justicia Dolores Delgado continúa ofreciendo declaraciones que dejan ver claramente su nivel infinito de emociones negativas, éstas van en aumento y ahora, además de una ira profusa (que ya analizamos anteriormente en este blog), se pueden contabilizar en este breve vídeo de su última aparición pública una veintena de microexpresiones de asco como la del siguiente fotograma:

La función del asco es la de generar respuestas de escape o evitación de situaciones desagradables o potencialmente dañinas para nuestra integridad. Lo curioso del comportamiento de la ministra no es solo lo que vemos, la ira o el asco, está enfadada y filtra su estado emocional, sino lo que no vemos. Tras los audios filtrados por el Comisario Villarejo no observamos en ella un mínimos de afectación, no está ‘tocada’ a nivel emocional, no se merma ante la adversidad, todo lo contrario, se crece, y entonces su lenguaje corporal se teatraliza y proyecta un estilo de comunicación poco habitual y visualmente muy llamativo.

Si véis el vídeo, es muy curioso como dota de un especial énfasis las frases que pronuncia, sobre todo hacia el final de su declaración. Dota su discurso de una tonalidad en las palabras que marcan los golpes de fuerza y el ritmo de su mensaje verbal y de su cuerpo y con unos movimientos gestuales exagerados. ¿Cómo podemos interpretar esta conducta? Puede haber varias hipótesis, van desde las mejores intencionadas hasta las peores. Desde que quiere que llegue su mensaje y fuerza que la gente le crea a través de este enfásis, también puede ser que su estilo comunicativo sea tan potente y dinámico frecuentemente, o que la incomodidad y la alta tensión provoquen que su lenguaje corporal se descontrole, hasta que realmente el mensaje no es espontáneo y teatraliza su discurso con un dramatismo exagerado para fingir un enfado mayor del que debiera.

Por último, también podemos observar una evolución palpable en su apariencia, ahora aparece mucho más clásica y cuida más su imágen, su vestimenta, peinado y maquillaje. Esto puede ser un recurso para transmitir más seriedad y confianza en los demás, o también podría ser la conciencia de que todo en ella es analizado con lupa y cuida más los detalles de su apariencia.

 

La ira de la ministra Dolores Delgado

Dolores Delgado, la actual ministra de Justicia, salta a la palestra de la actualidad por una filtración de sus controvertidos encuentros con el excomisario José Manuel Villarejo y por referirse en términos poco acertados supuestamente al quién hoy es su compañero en el Gobierno, Fernando Grande-Marlaska.

Analizando sus últimas intervenciones, la emoción más significativa es una profunda ira, con un nivel muy intenso, también asco y desprecio. Ella misma lo afirma, está muy enfadada e indignada, está siendo cuestionada y siente un rechazo personal hacia la situación, más allá de lo estrictamente político, su afectación mayor aparece cuando habla de sí misma, de sus valores y sus principios.

Si bien es cierto que su estado emocional es coherente con la injusticia que siente, recordemos que el instigador de la ira se produce ante condiciones que generan frustración, interrupción de una conducta motivada, situaciones injustas, o atentados contra valores morales y su función principal es la eliminación de los obstáculos que impiden la consecución de los objetivos deseados y generan frustración, sirve para frenar las reacciones indeseables de otros sujetos e incluso evitar una situación de confrontación.

Su discurso verbal está vacío de contenido objetivo, y esto es un dato importante a la hora de valorar su lenguaje corporal. Las emociones saltan por la complicada tesitura en la que se ve envuelta pero sus argumentos son vagos, no explica nada, no diece por qué afirmó no verse con Villarejo nunca y que luego se haya filtrado que sí que lo hizo, solo dice que los audios se escuchan mal, que están entrecortados y que no tienen validez útil. Podríamos realizar un análisis más certero cotejando las expresiones con las explicaciones, pero éstas no se producen como tal.

Seguiré pendiente porque seguramente el caso dará que hablar…

¿Qué os parecen estas imágenes?

 

Los dos Pablo Iglesias

Pablo Iglesias reaparece tras su baja paternal en informativos telecinco con Pedro Piqueras, la entrevista se inicia con la temática personal para acabar hablando de la actualidad política. Y éste es un ejemplo perfecto para poder analizar las dos caras del líder de Podemos, su lado más íntimo y personal y su rol de político luchador y reivindicativo.

En estas dos partes le cambian prácticamente todos los rasgos de su morfología y comunicación, observamos cómo al inicio, al tratar temas de su vida privada, habla en un tono muy bajo, pausado, lento, casi no se le oye. Sus gestos son serenos, al igual que su rostro, relajado y sin acción muscular significativa salvo para expresar sonrisas auténticas. Se dibuja con este patrón una personalidad introvertida, tímida y recelosa a la hora de enfrentar hablar en público sobre su vida personal, se muestra más distante, inaccesible y más inseguro en este terreno.

Todo lo contrario ocurre cuando el tema cambia y se habla de política, su gesto se endurece pero también se crece y cobra una fuerza y seguridad propias de un auténtico líder. Realmente parece otra persona diferente, su expresión emocional ya no es sonriente y serena, vuelve al ceño fruncido marca registrada Pablo Iglesias, la ira le caracteriza, es su forma natural de expresar sus ideas y argumentar su posición, es vehemente y muy convencido con lo expresa en su mensaje oral. Su voz es alta y fuerte y aumenta la velocidad del ritmo, su postura gestual se yergue y se abre, volviéndose más dinámica e ilustrativa.

En definitiva, es un claro ejemplo de cómo el lenguaje corporal se modula y se adapta a lo que sentimos realmente en cada momento y ante diferentes estímulos en una misma situación.

[Puedes ver las diferentes secuencias de la entrevista pinchando aquí]

 

El lenguaje corporal de Maxim Huerta en su dimisión

Máxim Huerta anuncia su dimisión. RODRIGO JIMÉNEZ / EFE

Máxim Huerta anuncia su dimisión. Foto: Rodrigo Jiménez / EFE

Maxim Huerta dimite de su reciente cargo de Ministro, pasando a ser el más breve de la historia. Era un momento muy complicado, y ya sabemos que a situaciones difíciles, mayor impacto emocional, por tanto, su cuerpo habla a gritos a través de un lenguaje no pronunciado.

Las palabras fluyen leídas pero por ese impacto también lo hacen a veces sin control, y comienza su discurso con una notable contradicción, “Mirando al futuro hemos tomado una decisión, y lo he hecho de manera autónoma”. Plural y singular. Nos quedará la duda de si la decisión es suya o no…

Está claro que no asume ni un ápice de culpabilidad a lo largo de su intervención, se proclama inocente, habla de causas externas y ajenas a él para tomar la decisión, y que todo forma parte de un bien común superior a sus intereses.

En este sentido su lenguaje corporal es coherente, ya que esta idea se asocia durante toda su manifestación a la emoción de ira, nos encontramos constantemente ceño fruncido, tensión en la parte inferior del rostro, miradas directas y penetrantes, severas; sonrisas unilaterales que se corresponden con el desprecio. La ira ante una acusación es la emoción del que ‘se cree inocente’, no significa que lo sea en realidad, pero sí que está realmente convencido de su total inocencia.

No hay gestos de duda, todo su cuerpo va en consonancia en este sentido. Su sonrisa no es reflejo de la alegría sino del orgullo, la superioridad, se va con la cabeza alta, gesto que también corresponde con la identificación de la inocencia. También es importante lo que no vemos, hay una ausencia total de la emoción de tristeza, gesto que sí que apreciamos, por ejemplo, en la reciente dimisión de Cristina Cifuentes, tampoco hay vergüenza, sino todo lo contrario, se muestra vehemente, directo, agresivo (comunicacionalmente hablando), no tiene gestos manuales hostiles, pero sí lo expresa con su rostro y con su voz, utiliza los silencios y las pausas en su discurso como una herramienta enfática y combativa.

¿Veis alguna cosa más que os llame la atención? 😉

 

Moción de censura: Enfrentamiento no verbal Sánchez vs. Rajoy

Fotografia Carlos Serrano

Fotografia Carlos Serrano

Hoy se ha celebrado la moción de censura impulsada por Pedro Sánchez para acabar con el Gobierno de Rajoy. El líder socialista entra al hemiciclo triunfante, orgulloso ante los aplausos de sus compañeros. Rajoy llega con aparente tranquilidad y seguridad.

Siempre he comentado que Mariano Rajoy no es muy ducho en esto de la comunicación, el arte de la palabra y la expresión en público, gana mucho en el cara a cara pero pierde la habilidad en los debates numerosos o en sus comparecencias públicas. Si bien es cierto, que cuando la situación recobra importancia inminente, el líder Popular se crece ante la adversidad. Mantiene la serenidad dialéctica y domina su oratoria.

Hemos visto como incluso manejaba con éxito la técnica de los silencios para enfatizar las ideas principales de su mensaje, estrategia complicada y que bien utilizada da mucha fuerza a las ideas expresadas, la ha activado en el momento más importante, haciendo referencia al proceso de los ERE de Andalucía, su mayor baza para contraatacar la moción del PSOE por corrupción.

En las réplicas de Pedro Sánchez hay mucha energía, gestos ilustradores y dinamismo, está muy comprometido con su decisión, pero también nos encontramos mucha ira, expresiones muy intensas de ceño fruncido, mandíbula tensa y dedos acusadores, además de las microexpresiones de asco y desprecio constantes al hablar del gobierno del PP (rechazo profundo y superioridad moral). Toda la carga emocinal es proyectada contra Rajoy. En mi opinión, se ha focalizado bastante hacia su persona de forma exclusiva y agresiva, el momento álgido ha sido la pregunta directa al presidente del Gobierno instándole a dimitir, Mariano Rajoy le sostenía la mirada, no ha eludido el golpe, pero lo ha encajado con una ‘cara de póquer’ fascinante, no ha realizado ni la más mínima microexpresión, el control ha sido máximo en un momento de alto impacto emocional.

A menudo, Rajoy y Sánchez se han mostrado jocosos, despertando risas en un claro intento de ridiculizar al adversario; una estrategia típica en política pero efectiva a los ojos de los espectadores, que perciben la dominancia/debilidad de quién la emite/la recibe, aunque por otro lado y en exceso, puede dar la sensación de que ambos banalizan una situación importante para la ciudadanía.

El resto de miembros políticos allí presentes observaban la moción con expectación y sorpresa, el momento más interesante es cuando Pedro Sánchez anima a Mariano Rajoy a dimitir para ahorrarse este proceso, el rostro de asombro genuino de los presentes no deja lugar a dudas de que les pilló del todo desprevenidos.

Un detalle reseñable: Parece ser que Pedro Sánchez no tiene muy claro su triunfo en la Moción, puesto que habla de ello en presente pero a veces en pasado condicional, dándola por perdida: “esta moción podría haber salido adelante”, “puede que mi apoyo no sea absoluto pero sí grande”, etc. Estos lapsus dan cuenta de su inseguridad.

Los dos perfiles de personalidad que más mienten (según un estudio)

El interés por perfilar al mentiroso a través de características no verbales es una de las prioridades de los estudios socio-psicológicos del momento ¿Mienten más los hombres o las mujeres?, ¿las personas con menos recursos o todo lo contrario?, ¿las más cultas?, ¿los más jóvenes?

Todas estas preguntas hicieron que el psicólogo Arch Woodside y sus colaboradores de la Universidad australiana de Curtin, escogieran una muestra de, nada más y nada menos, 3.350 personas para corroborar si existe alguna ‘receta’ que determine qué patrón social poseen las personas qué más utilizan el engaño en su día a día.

Su propuesta inicial era que ciertas configuraciones (algoritmos de selección individual, socioeconómicos y factores sociales) son capaces de identificar a los grandes mentirosos. Los resultados fueron concluyentes con dos tipos de perfiles:

El primero lo forman hombres solteros de nivel educativo bajopropensos a la conducta antisocial, sin propiedades (viven de alquiler) ni hijos. Según el autor de la investigación: “Un hombre joven con poca educación no es suficiente para determinar directamente que sea un gran mentiroso. Pero un hombre joven con poca educación que muestra un comportamiento antisocial, como, por ejemplo, la ira en la carretera (conductor agresivo), bueno, sí que podemos estar más seguros “.

El segundo grupo lo integran mujeres jóvenes casadas, con elevados ingresos, de carácter fuerte e irascible y propietarias de su vivienda. Woodside especula que puede correlacionarse con el grupo de mujeres que solo se casan por dinero, aunque aún no ha demostrado esta hipótesis. (Qué horror, por cierto).

El caso es que parece que el estudio relaciona directamente la mentira con una personalidad tendente a la agresividad y a la emoción de ira. ¿Las personas que puntúan alto en índices de agresividad mentirían más? Esta es la segunda hipótesis que se plantea el grupo de investigadores para una nueva fase experimental.

 

Análisis no verbal: Ana Julia Quezada

Ana Julia Quezada durante la búsqueda del pequeño Gabriel. EFE/Carlos Barba

Hoy escribo con profunda tristeza uno de los análisis más duros a los que me he tenido que enfrentar. Sois muchos los que me escribisteis ayer pidiéndome que abordara el tema, que dijera algo que hubiera dado pista de la maldad oculta. También vi reproches a mis compañeros analistas diciendo que a “toro pasado” todo es muy fácil. Hay que entender que nosotros vemos ciertas expresiones o patrones de conducta que ya desde el inicio nos resultan incongruentes pero no podemos publicarlo y condenar a nadie por ello. Dentro de los cuerpos de seguridad del estado ya hay profesionales que hacen su trabajo en este sentido, su criterio es el que importa y el que es realmente útil para la investigación.

Dicho esto, en el caso de Ana Julia Quezada eran muchos los patrones de comportamiento incongruentes con la situación por la que estaba pasando. En primer lugar, uno de los indicadores que más nos llamaba la atención era su incapacidad para expresar la emoción completa de tristeza, ésta es una de las emociones primarias, genéticas y con una codificación facial específica difícil de simular, ya que el dibujo facial de la tristeza es una triangulación perfecta y significativa de las cejas. Vemos un claro ejemplo de este profundo sentimiento en el rostro de la madre del pequeño Gabriel y la comparación entre ambos fotogramas es bastante impactante. Podéis ver la diferencia en el siguiente vídeo, explicado por mi compañero José Luis Martín Ovejero.

Durante estos días he podido ver con detenimiento todas las apariciones de Ana Julia y en prácticamente todas sus intervenciones los gestos con su novio son más propios del control, la dominancia y la posesión que del consuelo. Resulta demasiado agresiva al contacto, constantemente le sujeta, le agarra, le abraza delante de las cámaras, he visto como hasta le viste y le sube la cremallera de la chaqueta, parece que su control sobre él es absoluto y continuo.

Hay expertos que también han detectado una sudoración y sequedad de la boca excesivos asociándolo al nerviosismo que realmente experimentaba. Puede ser, pero el problema de todo es que no tenemos la línea base de ella para poder defenderlo con rotundidad, pudiera ser que sea una persona que siempre suda más de lo normal.

Para mí, lo más revelador de todo lo que he podido ver está en unas declaraciones concretas a un periodista que le pregunta por ‘la casualidad’ de que Ana Julia encontrara la camiseta, a lo que ella responde “es extraño pero da igual, lo importante es que aparezca Gabriel” y desvía la mirada con una microexpresión de ira y profundo recelo hacia el periodista. Ese detalle tan importante no puede “dar igual” si realmente te importa y estás comprometido con el esclarecimiento del caso quieres profundizar sobre ello y no restarle importancia, minimizar el hecho, ni responder con evasivas para desviar la atención.

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Análisis no verbal: Arantxa Sánchez Vicario reaparece tras su separación

Foto EFE

Una separación muy controvertida, porque la relación de Arantxa Sánchez Vicario con su ahora ex marido José Santacana siempre tuvo especial interés para los medios de comunicación. Arantxa se enfrentó en el pasado a su familia, que se oponía a que contrajera matrimonio, y luchó por la relación que hoy se rompe.

La ex tenista se refugia desde entonces en la casa de su hermano y desde Miami se hacen públicas unas imagenes en el programa de corazón ‘Sálvame Deluxe‘, en las que reaparece junto a su abogado para ‘hablar’ del tema, entrecomillas porque es su asesor es realmente quien habla por ella, aún así la secuencia es bastante reveladora sobre el estado emocional de Arantxa en estos duros momentos.

En la secuencia se observa el nerviosismo y la tensión de ella a través de varios gestos manipuladores, se toca repetidamente el pelo, se sujeta a sí misma las manos y los brazos, está visiblemente incómoda e inquieta.

Realmente parece obligada a exponerse ante los medios, se pone de pie delante de su abogado, enfadada, con las manos en la cintura y los brazos en jarra, niega con la cabeza y su abogado la ‘convence’ para avanzar “relájate y vamos, empieza” con rostro de indiferencia para quitarle importancia al asunto. Este momento concreto es muy reveladora por el fuerte impacto emocional que se desprende.

Otro instante de alta tensión es en el que Arantxa realiza un gesto emblemático de amenaza al reportero, junta el dedo índice con el pulgar para advertirle de que no hablará, que no tiene por qué dirigirse a ella. Es un gesto homónimo del dedo índice acusador pero con menos agresividad explícita.

Por último, nos encontramos con un rostro muy repetido en el vídeo, aprieta fuertemente los labios y la mandíbula, es un gesto de contención de la ira, de represión de la comunicación, digamos que se calla a sí misma para no ‘meter la pata’ y decir cosas de las que luego pueda arrepentirse.

La verdad es que para no haber dicho una palabra sobre su estado de ánimo y emociones, se le ha entendido todo, no creéis..?

 

 

 

Y el Goya al enfado de la noche es para…

El cantautor Leiva en la Gala de los Goya 2018

El cantautor Leiva en la Gala de los Goya 2018

El cantante Leiva!

La Gala de los Goya 2018 transcurrió sin demasiados sobresaltos ni trascendencia anecdótica. Por mi ‘de-formación’ profesional siempre ando a la caza de las emociones más intensas e impactantes de estos momentos únicos, donde las sensaciones, los nervios y los deseos o anhelos están a flor de piel.

En el año 2016 hubo bastante más juego de análisis, las reacciones de Inma Cuesta, un perdido Tim Robbins y un emocionadísimo Daniel Guzmán no tuvieron desperdicio (podéis leer el post pinchando aquí). En esta Gala de 2018 todo estuvo más comedido, sí, hubo alegría, emoción, sorpresa pero nada que destacara por su intensidad desproporcionada.

Para destacar la reacción que más ha llamado mi atención nos tenemos que remontar a la ‘pre-gala’ de los Goya, donde el cantante Leiva, uno de los premiados de la noche por su canción en la película de ‘La Llamada’, protagonizó un momento tenso con los periodistas. El cantautor es un tipo no demasiado expresivo ni cómodo en estos lares (tal y como él mismo ha admitido) pero esa noche se conviertió en foco de las atenciones por su ‘gesto’ en un momento concreto de su aparición ante los medios en el photocall.

Es muy reveladora la secuencia, ya que podemos comprobar cómo cambia su estado emocional de un polo a otro en cuestión de segundos por una pregunta.

Leiva habla entusiasmado, con alegría e ilusión sobre su proyecto pero cuando es preguntado por su vida privada y la especulación sobre su reconciliación sentimental con la actriz Macarena García, podemos observar una expresión facial de ira muy fuerte y reactiva.

En el fotograma capturado al inicio de este post se puede identificar el ceño fruncido, la mirada directa y penetrante en su interlocutor, tensión en la mandíbula y las aletas de la nariz muy abiertas. Esta hostilidad se manifiesta ante la frustración, la interrupción de una conducta motivada, situaciones injustas, o atentados contra valores morales.

Creo que Leiva en este momento sintió todas ellas…