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Un sencillo truco para detectar personas cabreadas (y que intentan ocultarlo)

Con las expresiones faciales completas de la emoción de ira lo tenemos muy fácil. Evidentemente si nos encontramos ante un rostro con el ceño fruncido, las aletas de la nariz notablemente abiertas y además le acompañan puños cerrados o, yendo aún más allá, grita y se mueve de forma vehemente, está claro, esa persona está muy enfadada.

Sin embargo, no siempre la expresión de rabia es tan explosiva y evidente. A veces, son los pequeños gestos los que delatan el verdadero estado emocional de nuestro interlocutor. Uno de ellos es especialmente interesante a la hora de detectar la ira contenida. Este gesto es el de apretar fuertemente la mandíbula. Revela una significativa hostilidad, tensión, incomodidad, ansiedad y, en definitiva, represión emocional.

Es puro sentido común, a mi siempre me ayuda pensar en diversas situaciones por las que todos pasamos para asociarlas a ciertos comportamientos. ¿Os imagináis a alguien que está contento, tranquilo, cómodo, pasándoselo en grande en una fiesta apretando la mandíbula?

No falla, si tenéis enfrente a alguien en el que observáis una notable tensión en la zona mandíbular algo falla, realmente está tenso, nervioso, incómodo, algo le preocupa o le enfada. Desde luego no se encuentra en un estado positivo y habrá que reconducir la situación.

La estrategia verbal de Javier Arenas en el juicio por la trama Gürtel

Arenas, Rato, Acebes y Mayor Oreja: “No lo sé, no me consta, lo desconozco“. En esto del análisis de contenido del discurso no hay mayor verdad que el popular refrán ‘por la boca muere el pez‘. Ellos lo saben y por esta razón evitan manifestar a toda costa cualquier experiencia vivida que pueda ‘filtrar’ la realidad de la historia.

No sólo el lenguaje corporal expresa nuestras intenciones, el mensaje verbal también tiene un lado oscuro; el modo en que utilicemos las palabras también pueden ser indicadores de mentira o de que no estamos, al menos, diciendo toda la verdad. Este es el vídeo editado que ha analizado mi compañero Francisco Campos Maya, registrando en cada frase la estrategia verbal empleada por el Señor Arenas.

Además de las contradicciones, evasivas, memoria selectiva, exageraciones, generalizadores, palabras absolutas, etc, que se aprecian en el video, podemos ver como su expresión facial y postura son relajadas y tranquilas, incluso convincentes. El canal corporal que filtra su tensión y nerviosismo son sus manos, se sujeta una a otra, en un gesto automanipulador, que da cuenta de represión y control emocional que está ejecutando de forma racional para cohibir y ocultar sus emociones reales.

¿Mentiras en una entrevista de trabajo?

Una empresa de consultoría, Grupo Gerson Lehrman, ha publicado recientemente un artículo sobre el engaño durante las entrevistas de trabajo. Según el artículo, los estudios han demostrado que alrededor del 49% de los solicitantes de empleo mienten en el proceso de la entrevista, y alrededor del 40% de los empleados robarán posteriormente a sus jefes.

Jim McGuffey, autor de esta publicación con casi 40 años de experiencia en este tipo de entrevistas, afirma que la verificación de antecedentes y pruebas de drogas, que se utilizan en multitud de países (también en algunas empresas españolas, aunque nos sorprenda), son las principales pruebas de fuego que los empleadores han estado utilizando para valorar a sus candidatos, y éstas no siempre son 100% exactas.

McGuffey admite que la observación del lenguaje corporal y expresiones faciales de un candidato durante la entrevista juega un papel importante en la determinación de su comportamiento futuro, y que la tendencia de los empleadores a confiar únicamente en la verificación de referencias (que normalmente suelen ser falsas) antecedentes y pruebas de drogas es una de las razones por las que el robo de los empleados, la violencia y el mal comportamiento son tan comunes.

Si bien, los autores reconocen que evaluar el comportamiento no verbal a tiempo real es difícil. Es indispensable establecer una línea base de comportamiento (tendencia natural de comportamiento en cualquier contexto), para después poder comparar esa línea base con las posibles contradicciones verbales y no verbales en situación de entrevista.

Por ello, para salvar esta necesidad, es obligado que durante, al menos, los 10 primeros minutos de entrevista no se hablen de cuestiones importantes para evaluar al candidato, sino mantener una conversación trivial para registrar cómo se expresa de forma natural, hay que dejar que se relaje, que hable de lo que quiera. Es el único modo de poder comparar este patrón con la actitud que adopte ante preguntas diana. Si no se puede establecer esta línea de base, no habrá nada que comparar entre comportamiento verbal y no verbal del candidato.

Por otra parte, hay que dejar claro que no hay ningún comportamiento en particular que sea absolutamente indicativo de engaño. Además, la mayoría de la gente tiene dificultades para leer el comportamiento no verbal; las Microexpresiones, por ejemplo, van y vienen tan rápidamente que la mayoría de las personas no son conscientes de éstas.

¿Creéis que la mayoría de los entrevistadores serían capaces de juzgar con precisión a un empleado potencial basándose en su comportamiento no verbal?

A pesar de los factores explicados, la observación de la conducta de un entrevistado sigue siendo importante. La mayor parte de las personas puede al menos decir que alguien le transmite “malas vibraciones”, y esa impresión no debe ser ignorada, porque significará posiblemente que nuestro cerebro ha codificado alguna incoherencia casi de forma inconsciente, que hay algo que no cuadra en lo que vemos.

 

*Fuente: Humintell (página web del Dr. David Matsumoto)

 

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Personas que parecen mentirosas sin serlo: la amenaza del estereotipo

En psicología, el ámbito que posee más farsantes por metro cuadrado es precisamente la 'detección de la mentira'. Es un área peligrosa, fácilmente tomada por pseudocientíficos que enseñan a detectar el engaño a través de picores y monerías varias.

En psicología, el ámbito que posee más farsantes por metro cuadrado es precisamente la ‘detección de la mentira’. Es un área peligrosa, fácilmente tomada por pseudocientíficos que enseñan a detectar el engaño a través de picores y monerías varias.

Tengo la suerte de conocer y estar en contacto con uno de los investigadores más prestigiosos a nivel nacional e internacional en materia de ‘detección de la mentira’, os puedo asegurar que todo lo que caiga en vuestras manos de este autor tiene fiabilidad 100%; Jaume Masip me acaba de enviar una de sus últimas publicaciones (junto a otros autores, como la célebre Iris Blandon-Gitlin) y lo cierto es que puedo tener más de una decena de post que se nutran de este artículo.

Quería comenzar por un concepto que Masip nos refiere, y que llamó mi atención porque a menudo no solemos tener en cuenta a la hora de valorar el engaño: La amenaza del estereotipo. Sabemos que las emociones influyen sobre la conducta del mentiroso, los seguidores de este blog conocerán la importancia de la comunicación no verbal para poder identificar emociones que en ocasiones no son del todo congruentes con lo que se dice (hipótesis del filtrado de Ekman). Pero además, las emociones influyen, de un modo más sofisticado, por ejemplo, sobre procesos cognitivos tales como la atención, la memoria, el razonamiento, la toma de decisiones o la atribución, entre muchos otros.

Por ende, es concebible que en determinadas circunstancias en las que se cuestiona la credibilidad de una persona se pongan en marcha ciertos procesos emocionales que pueden alterar el proceso de detección del engaño. Valga como ejemplo un estudio reciente realizado por Fenn, Blandón-Gitlin, Pezdek y Yoo (2016) en los Estados Unidos. Los participantes, la mitad de los cuales eran blancos y la otra mitad hispanos, cometieron (culpables) o no (inocentes) un robo simulado. Después, todos fueron entrevistados como sospechosos con una modalidad de entrevista (os hablaré próximamente de ella) para detectar mentiras.

Un grupo de observadores vio las grabaciones de las entrevistas y tuvo que juzgar si cada sospechoso mentía o decía la verdad. El índice de aciertos fue del 62% para los sospechosos blancos, pero sólo del 54%—es decir, sensiblemente inferior—para los hispanos. Resulta interesante ahondar en la razón de esta diferencia. El fin del estudio era examinar el papel de la amenaza del estereotipo sobre la detección de mentiras; que se define como: preocupación y ansiedad que puede sentir una persona en circunstancias en las que pueda ser percibida según un estereotipo negativo referido a su grupo de pertenencia.

Por ejemplo, en los Estados Unidos, las personas de color y los hispanos temen ser percibidos como delincuentes, ya que esto encaja con el estereotipo que se tiene de estos grupos minoritarios. Esta amenaza del estereotipo genera ansiedad y emociones negativas, las cuales, a su vez, pueden interferir sobre el pensamiento y el comportamiento. En la posición de un sospechoso, un hispano puede sentir más amenaza del estereotipo (y, en consecuencia, experimentar mayor miedo, ansiedad y dificultad cognitiva) que un blanco. ¿Fue la amenaza del estereotipo el factor responsable de la menor tasa de aciertos al diferenciar entre inocentes y culpables hispanos que blancos?

Los autores entonces midieron esta amenaza del estereotipo con diferentes pruebas diseñadas para tal fin y encontraron que los hispanos experimentaron más amenaza del estereotipo que los blancos, lo cual presumiblemente incrementó su nerviosismo y la dificultad para pensar y actuar con claridad/naturalidad, ya fueran inocentes o culpables, por tanto, sería muy complicado diferenciar entre inocentes y culpables hispanos en función de indicadores no verbales. Esto explicaría la menor discriminación de los observadores al juzgar la veracidad de los hispanos que al juzgar la de los blancos.

Los autores rastrearon esta explicación. Para ello, mostraron los vídeos de las entrevistas a otra muestra distinta de observadores. Estos no debían juzgar si cada emisor mentía o decía la verdad, sino la medida en que parecía (a) estar ansioso, (b) hacer un esfuerzo mental y (c) mostrarse confiado y convincente. Los resultados indican que los culpables (mentirosos) blancos parecían más ansiosos, más saturados y menos confiados y convincentes que los inocentes (sinceros) blancos. Pero estas diferencias no aparecieron entre culpables y mentirosos hispanos.

De hecho, entre los hispanos aparecieron tendencias en sentido contrario, quizás porque los hispanos inocentes, conscientes de su inocencia, experimentaron mayor preocupación e indignación que los culpables por el hecho de que se sospechara injustificadamente de ellos siendo hispanos.

Está claro, por tanto, que las influencias entre lo emocional, lo social y ciertos comportamientos, pueden afectar a las claves de la mentira y a la detección. El estudio muestra en definitiva que hay aspectos emocionales, como el temor a ser acusado debido al estereotipo y la ansiedad también incrementan la carga mental y las conductas visibles asociadas a la mentira. En situaciones de alta ansiedad, ésta puede influir sobre el funcionamiento habitual de nuestra mente/cuerpo, anulando las diferencias entre sinceros y mentirosos.

También hay otros colectivos, además de estos grupos, susceptibles de sufrir efectos de naturaleza similar. Por ejemplo, existen estereotipos negativos referentes a los menores o a las personas con discapacidad intelectual, que incluyen el considerarlas como testigos poco fiables. Cuando estas personas se enfrentan a una entrevista policial, pudiera darse un fenómeno análogo al anteriormente descrito, es decir, que incluso las personas sinceras presenten dificultades para afrontar el esfuerzo mental adicional que conlleva este tipo de entrevistas para detectar mentiras, y parecer culpables sin serlo.

 

 

*Referencia: Blandón-Gitlin, I., et al. Cognición, emoción y mentira: implicaciones para detectar el engaño. Anuario de Psicología Jurídica (2017).

Paula Echevarría confirma verbal y no verbalmente la crisis con David Bustamante

No soy muy seguidora de la prensa rosa pero he recibido un aluvión de propuestas para analizar el comportamiento no verbal de Paula Echevarría hablando de su situación actual con David Bustamante tras las filtraciones de crisis/ruptura. Lejos de la rumorología  y demás valoraciones, me han parecido ciertamente muy interesantes las imágenes y declaraciones de la actriz en rueda de prensa, ya que son el vivo ejemplo de lo que estudiamos en detección del engaño.

La filtración fisiológica es una de las más visibles que he visto nunca. Sonrisa nerviosa, boca seca (constantemente se moja los labios), sudor, tartamudeo, al inicio se detectan hasta microexpresiones de miedo. Estaba muy, muy, exaltada y aterrada, a lo largo de su aparición también se detectan numerosas expresiones reales de intensa tristeza, sobre todo, al hablar del seguimiento de la prensa y de su hija.

Podemos ver algunos ejemplos de análisis de contenido (aunque daría para cuatro post). Ante la pregunta clave de ¿Qué pasa entre Paula y David? Ella dice que “nada, no pasa nada” para luego añadir “pasan cosas en mi casa“, es decir, admite que hay un acontecimiento novedoso, el caso es que no utiliza nombres calificativos (crisis, separación, etc), evita palabras con impacto emocional, dolorosas para ella en este momento. Continúa con “ese tema”, “si eso es así lo sabréis”, “yo no sé nada”, “cosas que se dicen”, “probablemente sea así”… podría llenar párrafos enteros con frases evasivas, palabras generalizadoras que eluden la verdad.

“Mientras David y yo no hablemos… mmmm… creo que…” (la interrumpen). Rotundamente afirma que, efectivamente, no hay comunicación entre ambos, que no se hablan. A la pregunta ¿Hay separación entre Paula y David? Ella responde: “Yo no he sido la que he sacado esa noticia”. Evidentemente, no está respondiendo a lo que le preguntan y además añade que “hay partes que se han publicado que sí son ciertas”. “David ha ido a su casa…” en ningún momento habla de nuestra casa.

No suelo mentir“… no parece muy creíble entonces el argumento, no suele pero lo hace (?). “El tiempo lo dirá”, se presenta como sujeto pasivo a los acontecimientos, evitando así la responsabilidad e implicación en lo que ocurra. El discurso en general es incoherente, denota falta de credibilidad de principio a fin y es un claro ejemplo de testimonio incongruente.

¿Aun alguien tiene alguna duda? Porque no hay ni un canal de comunicación que transmita unión entre la pareja… Por supuesto está en todo su derecho de no decir lo que no quiera decir, pero lo mejor en estos casos es: o no exponerse o prepararse muy bien un monólogo. La improvisación da lugar a que tu cuerpo y los lapsus respondan por ti…

¿Sabías que hay personas que no pueden dejar de mentir? ¿Cómo detectarlos?

La mentira puede transformarse en una forma de vida, en una enfermedad. “Síndrome de Pinocho”, “mitomanía”, o “mentiroso patológico” son algunos de los conceptos con los que podemos referirnos a este curioso trastornos de la personalidad que, aunque parezca que no, esconde un profundo sufrimiento para quien lo padece.

Esta mentira es consciente, espontánea (no planeada) y compulsiva, para conseguir un beneficio pero con la intención de ocultar algún aspecto de su vida que no acepta por considerarlo indigno, vergonzoso, pobre, que no está a la altura de las expectativas sociales (que él considera) y que finalmente termina creyendo como cierto.

Como podréis adivinar son personalidades con altos componentes de ansiedad, están muy pendientes de la imagen que dan y de la opinión que el mundo tiene sobre ellos. La falta de seguridad y de autoestima son los principales causantes de esta ‘forma de vida’ insana; el mentiroso patológico, como mecanismo de compensación a su narcisismo maltrecho y devaluado, inventa o fantasea situaciones para intentar nivelarse ante los demás.

La clave para detectarles es descifrar la intencionalidad de sus engaños. No cualquier mentiroso es un mitómano; las personas que padecen esta enfermedad no tienen un plan establecido, ni siquiera van buscando nada a medio o largo plazo más que la admiración social inmediata. Y, ojo, este tipo de mentira también puede estar asociada a varias enfermedades mentales como la demencia, el trastorno límite de la personalidad, el trastorno antisocial o el trastorno bipolar.

En palabras del psicólogo Juan Moisés de la Serna:

“El drama de la mitomanía reside en el círculo vicioso que se produce. Por esa razón, suelen ser personas que acaban solas, rechazadas por familiares y amigos cansados de su comportamiento. En los casos más graves, al mitómano le acaba sucediendo lo que a Don Quijote. Se cree sus mentiras, inventa un mundo alternativo donde es el héroe, todos le quieren, y aborrece el mundo real, del que se aleja más y más cada día, hasta que se hace casi imposible regresar.”

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¿Psicópatas como detectores de mentiras?

Los rasgos psicopáticos no dejan de suscitar interés. Uno de los post más leídos de mi blog ha sido el de: ¿Conoces a algún psicópata? Doce señales no verbales para identificarlos. Es un tema apasionante y por suerte muy estudiado por la comunidad científica.

Kevin Dutton, doctorado en psicología y miembro de la Royal Society of Medicine, así como investigador en la Universidad de Oxford, propuso una nueva aproximación al estudio de la mente psicopática. La idea le surgió de una forma muy curiosa. Estando en un aeropuerto se encontró con un compañero suyo con el que comentó, de forma desenfadada, cuan nerviosa se pone la gente cuando debe pasar por los detectores aunque no escondan nada.

Fue aquí cuando Dutton se preguntó, si un psicópata podría hacer un bien a la sociedad, trabajando, por ejemplo, en aeropuertos para detectar personas que están intentando esconder algo y que por lo tanto su forma de caminar, moverse y comportarse no es la habitual por encontrarse en una situación de vulnerabilidad y peligro. Ya vimos anteriormente cómo los psicópatas son expertos en elegir a sus víctimas a través de la comunicación no verbal de éstas, señales que les hacen pensar que serán “presas” fáciles.

El experimento:
Dutton seleccionó a 30 estudiantes universitaros, la mitad de los cuales habían puntuado alto en la Escala Autoinformada de Psicopatía, y la otra mitad bajo. Por otro lado, había cinco personas (amigos del investigador) que debían entrar por una puerta, y salir por la otra, cruzando de este modo toda la clase. De estos cinco había siempre uno que llevaba un pañuelo rojo.

Para aumentar la motivación de los impostores (los que llevan el pañuelo rojo), y el esfuerzo por pasar desapercibidos, el investigador daba 100 libras a los propietarios del pañuelo. De este modo, si conseguía pasar sin ser detectado podría quedárselos.

El propio investigador quedó impresionado con los resultados: Más del 70% de la muestra que puntuaba muy alto en la Escala de psicopatía detectaron correctamente a la persona que escondía el pañuelo, frente al 30% de los que puntuaron bajo.

¿Creéis entonces que los psicópatas podrían ser seres realmente útiles para el bien social? ¿Son humanos con capacidades y habilidades superiores al resto?

 

Fuente de consulta: PsicoWisdom

Un truco neurológico que aumenta tu habilidad para detectar mentiras

El investigador alemán Marc-André Reinard lideró un equipo en la Universidad de Manheim con el objetivo de estudiar los procesos inconscientes ligados a la detección del engaño.

El estudio consistía en evaluar a un grupo de participantes resolviendo rompecabezas (puzzles) durante 3 minutos, para luego escuchar a varias personas enunciando afirmaciones verdaderas y falsas. Un grupo de control hizo lo mismo, pero sin resolver los rompecabezas previamente.

El resultado fue sorprendente. El grupo sometido a los rompecabezas fue 6 veces más efectivo detectando mentiras que el grupo de control. La hipótesis de Reinard es que “el pensamiento inconsciente (al cual recurres cuando resuelves problemas como los puzzles) es el único capaz de integrar todos los datos necesarios (voz, expresión facial, movimientos musculares, entre otros) para la correcta detección de mentiras.”

Lo relevante de este hallazgo es confirmar que la detección de mentiras requiere un gran autocontrol y experiencia, no basta con conocer la teoría, al parecer, permitir que sean tus procesos inconscientes los que descubran las falsedades, sin que intervenga la razón, muchas veces funciona, ya que de esta forma quedamos liberados de la influencia de prejuicios y estereotipos.

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Dime dónde miras y te diré si mientes, ¿es cierto?

 

*Referencia: Lenguajecorporal.org

7 claves para saber si te mienten en un whatsapp

whatsapp-adiccionCuando hablamos cara a cara con alguien podemos apreciar ciertos matices del mensaje a través de la expresión facial, los gestos, la mirada, incluso en la voz, que nos ayudan a interpretar si lo que dice la persona es coherente o no con su lenguaje corporal. Sin embargo, al leer solamente un texto escrito a través del whatsapp, o del correo electrónico, perdemos las pistas de los canales de comunicación no verbales, pero dispondremos de otros para valorar cierta credibilidad o no en lo que nos escriben.

A esta corriente se la conoce como análisis del testimonio, y más concretamente, indicadores estratégicos de la mentira. Aunque detectar a un mentiroso a través de un escrito es más complicado, según ha explicado al Wall Street Journal Tyler Cohen, oficial de inteligencia de la Agencia de Inteligencia de la Defensa estadounidense (una especie de CIA militar), “la mayor parte de las personas prefieren ser sinceras y, por ello, cuando mienten, la verdad se acaba filtrando”.

Para saber si alguien no está siendo del todo sincero con nosotros, Cohen sugiere utilizar una versión modificada de la técnica que utilizan la policía y los jueces para buscar el engaño analizando al detalle las palabras que ha utilizado un acusado. Ojo. No perdamos la cabeza con esto, y nos creamos un ‘detectores de mentiras con patas’. Incurrir en uno de estos tips no implica directamente que nos mientan. Debemos asegurarnos antes de cuál es la forma natural y recurrente que tiene nuestro interlocutor al escribir y detectar cambios, esto siempre será clave para realizar conclusiones más precisas.

  1. Utiliza un lenguaje enfático: Que nuestro interlocutor dé mucha importancia a algo no significa que nos esté mintiendo, pero sí que quiere que nos creamos lo que está diciendo, y esto puede indicar que se trata de un engaño. Si repite la misma idea una y otra vez, pero de distintas formas, también podemos empezar a desconfiar.
  2. Utiliza un lenguaje distante: Al mentir, inconscientemente tratamos de alejarnos de lo que estamos diciendo. Por ello, si estamos contando algo que es falso, preferimos omitir en la medida de lo posible los pronombres personales y hablar de terceras personas o cosas. Frases del tipo “hubo una fiesta después del trabajo y duró más de lo esperado”,  “el tren se retrasó”, “la reunión no acabó a tiempo”, pueden ser motivo de sospecha. Mantente alerta si alguien que suele hablar usando la primera persona deja de utilizarla.
  3. No te contesta a lo que preguntas: Mentir es incómodo, y si una respuesta a lo que preguntas implica tener que fingir o decir una verdad desagradable, tu interlocutor puede simplemente ignorarla, o contestar de forma muy escueta para cambiar de tema de inmediato.
  4. Utiliza expresiones exculpatorias: Las personas que mejor mienten son aquellas que se sienten cómodas en la mentira, y no tienen ningún conflicto moral al engañar a alguien. Pero la mayoría de la gente se siente mal cuando engaña a otra persona y, por eso, antes de soltar una mentira utiliza expresiones exculpatorias del tipo “para ser sincero”, “no hay nada de qué preocuparse”, “odio decirte esto pero…”.
  5. No escribe como suele hacerlo: Todos tenemos estilo propio a la hora de contestar un correo o mensaje, y si estamos mintiendo tendemos a cambiarlo. Si tu interlocutor no está escribiendo de la forma que suele hacerlo puedes empezar a desconfiar. La gente que se enrolla mucho cuando miente suele ser más escueta, y la gente poco habladora escribe más de la cuenta cuando lo que dice no es verdad. Es decir, actúa justo de forma contraria a su patrón base de conducta.
  6. Utiliza expresiones ambiguas: Por ejemplo, “casi seguro”, “probablemente”, “debería” o “quizás”, pueden ser un indicativo de que la persona te está ocultando algo. Para no mojarse se sale por la tangente: ocultar la verdad es mucho más sencillo que mentir.
  7. Cambia repentinamente de tiempo verbal: Cuando estamos describiendo un evento pasado solemos utilizar verbos en pasado. Pero si estamos mintiendo, y nos estamos inventando las cosas sobre la marcha, es sencillo que, sin darnos cuenta, empecemos a hablar en presente, o que los tiempos verbales no cuadren.

¿Lo habéis notado alguna vez? 🙂

El motivo real por el que te mienten

psicopata1La mentira es uno de los quebraderos de cabeza que más padece el ser humano y sin embargo todos lo hemos padecido pero también todos mentimos, de hecho, lo hacemos constantemente (vale, unos más que otros) ya sea por omisión, exageración, minimización, con maldad, por protección, para impresionar…

Responder a la pregunta de por qué la gente engaña es compleja, ya que se explica por factores diversos. Si bien es cierto que en la sociedad actual el engaño adquiere una mayor relevancia por el ambiente ‘competitivo’ en el que nos tenemos que desenvolver, de manera extraordinariamente marcada podemos situarnos en el mundo del deporte, donde los casos de tramposos se repiten una y otra vez, pero también en el núcleo familiar, comunidad de vecinos o el trabajo. Socialmente adquirimos de inmediato la inquietud por competir con todos y por cualquier cosa.

“Ganar tiene un efecto extraño sobre la gente”, asegura el investigador Amos Schurr, una vez que estás arriba no quieres bajar, aunque eso conlleve engañar al resto. El autor publicaba en ‘The Washington Post‘ que cuando alguien tiene éxito compitiendo con los demás parece afectar a sus valores éticos. Les hace mucho más susceptibles de engañar y hacer trampas posteriormente. De hecho, el artículo sostiene que una de las razones por las que, por ejemplo, Armstrong terminase dopándose era precisamente esa: “era un ganador”.

Los resultados de este autor fueron demoledores: Parece existir un tipo muy concreto de éxito: el que implica una comparación social. Uno que implica no que te vaya bien sino que te vaya mejor que a otros. En el primero de los experimentos, en el que era imposible hacer trampas, unos participantes ganaron y otros perdieron. Fueron reorganizados en grupos distintos para un nuevo juego. En este caso era no sólo posible sino muy fácil hacer trampas: si los que tiraban los dados querían ganar más monedas, sólo tenían que mentir. Y mintieron. Pero quienes así lo hicieron fueron, principalmente, aquellos que habían ganado en el juego anterior.

Los resultados de los siguientes experimentos siguieron reforzando la idea de que incluso el simple recuerdo de haber ganado puede llevar a un comportamiento deshonesto.“La gente que se ha salido con la suya se siente con más derecho a seguir ganando”, explica Schurr. El que gana piensa de inmediato que es mejor y que merece seguir siéndolo, sea como sea la situación que venga. Una vez convencidos de que son los justos vencedores, pase lo que pase, se abre la puerta al engaño. Puede sonar infantil, pero el pensamiento resultante, según lo define el experto sería algo así como: “Soy el mejor, así que puedo asegurarme de ganar haciendo trampas porque de todas maneras lo merezco”.

Como decíamos al principio, todo esto va más allá de la mera competición deportiva. Este concepto influye en toda civilización occidental. Y no para bien, sino perpetuando la injusticia social y la desigualdad de ingresos. Así, la gente que ‘gana’ desde una perspectiva socioeconómica tendería, igual que los jugadores, a ‘adaptar’ las reglas a su favor. Numerosos estudios han comprobado que la gente rica tiende mucho más a la mentira, la negociación fraudulenta y la falta de ética en el trabajo, mientras que las personas que provienen de sectores menos favorecidos económicamente tienden más habitualmente a trabajar por el bien común.

Schurr nos lanza una pregunta a tenor de sus resultados: “¿No deberíamos premiar a más gente por hacer algo bien en lugar de premiarlos por hacer algo ‘mejor’ que otros?”. ¿Qué os parece?