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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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Los novedosos detalles en el mensaje navideño del Rey Felipe VI

El rey Felipe VI durante su discurso. (EFE)

El rey Felipe VI durante su discurso. (EFE)

Un año más el discurso navideño del Rey Felipe VI trasciende por su contenido pero también por el argumentario no verbal que rodea el mensaje. Se han producido cambios importantes, pero, como siempre, no ha sido recibido a gusto de todos.

Este año el interés residía en las palabras que pudiera pronunciar al respecto de la delicada situación en Cataluña. Y sí, se pronunció, pero con un discurso muy diferente al que realizó tras el 1-O, en aquel transmitió una ira intensa y una profunda tristeza, gesticuló muchísimo, todo reflejaba un gran impacto emocional; se esforzaba por enfatizar sus palabras y que sus ideas traspasaran la pantalla.

En esta ocasión, en general, su alegato se ha percibido bastante más frío. Ha perdido gesticulación, emocionalidad y fuerza en su comunicación. En particular, al hablar del tema catalán esta conducta se ha mantenido sorprendentemente. Dictaba su posición de un modo sereno, sosegado, cordial, amable, con gestos abiertos y conciliadores.

Eso sí, destacan algunos detalles innovadores este año: una bandera europea mucho más visible que en años anteriores (por supuesto, junto a la española) y un plano insólitamente corto para el Monarca, en mi opinión, este primer plano constante es muy acertado, ya que de esta forma puede conectarse mucho más con el espectador, aparece muy favorecido, cercano, empático y comprometido con lo que dice.

Ojo también al contenido verbal. El año pasado, la palabra más citada por el Rey fue “sociedad”, este año las más repetidas han sido “España” y “convivencia”

El vídeo viral de las hipotecas: Análisis de Silvia Charro y Simón Pérez

Dos economistas expertos en hipotecas, Silvia Charro y Simón Pérez, se han convertido inesperadamente en los protagonistas de un vídeo viral que no ha destacado por su contenido sino por el comportamiento de ambos en una breve grabación. Por si alguien se la ha perdido, aquí la tenéis:

Los comentarios más repetidos sobre ellos apuntan al alcohol o las sustancias estupefacientes como responsables de esta comunicación tan particular. Los economistas se defienden con argumentos variados: les llamaron para grabar en una comida de empresa aunque no habían bebido alcohol, Silvia tenía un flemón en la garganta y por ese motivo movía la mandíbula de forma atípica, que exageraron para darse publicidad, e incluso que ambos están diagnosticados de TDAH.

Para poder comprobar si una conducta está alterada, es decir, que no corresponde con la línea habitual de comportamiento de una persona, solo basta con comparar. En este sentido lo tenemos muy fácil, ya que a los pocos días aparecieron dando explicaciones en el programa de ‘Espejo Público’.

La conclusión general que puede extraerse de la comparativa es que ambos no manifiestan el mismo comportamiento ahora que el que mostraron en el vídeo viral. En la primera toma podemos destacar en él una mirada algo perdida durante toda su intervención, comunicación poco fluida y errores continuados de pronunciación.

En ella destaca una respiración muy sonora y acelerada, los ojos salidos de órbita en varias ocasiones, movimiento constante de mandíbula y labios, las manos se estiran y se aprietan, casi no puede sujetar el micrófono y su argumentación verbal es repetitiva y en algunas ocasiones carente de lógica; de hecho, es su propio compañero quien la corta ‘saliendo al rescate’ para que no meta la pata o cuando se queda sin saber qué decir.

Jamás me atrevería a asegurar que todos estos indicadores se relacionan directamente con el consumo de alguna sustancia tóxica. Lo que sí que está claro es que la comunicación verbal y no verbal del primer vídeo no se corresponde con la comunicación habitual de estas personas. Podéis pinchar en este enlace para acceder a la segunda entrevista.

Es cierto que no tienen tampoco una potencia argumental ni una elocuencia muy hábil en esta segunda aparición pero no se aprecian los mismos indicadores que destacábamos en el anterior. Si sufrieran de una enfermedad o un trastorno de la personalidad, esos patrones deberían aparecer siempre, con mayor o menor intensidad pero deberían apreciarse.

 

 

El 90% de un conflicto es emoción. Aprende a resolverlo.

Es un tema apasionante. El conflicto es inherente a la naturaleza del ser humano, no puede erradicarse ni evitarse, pero sí que se puede gestionar con la figura de un tercero, una parte objetiva. Hay escritos de la antigua Grecia en la que ya se plasmaba la existencia de esta figura a la que hoy en día conocemos como el mediador de conflictos o negociador.

Las emociones juegan un papel fundamental en este proceso. Según la experta mediadora Ana Criado: “Si algo tienen en común todos los conflictos es que el 90% de éstos están formados por emoción, el resto, siempre, es falta de comunicación.” La emoción siempre aparece por una vínculación personal con el otro. De hecho, los conflictos más duros suelen ser los que se dan entre familiares, parejas, amigos o compañeros de trabajo.

Intentamos ser objetivos pero la emoción actúa como una lente que distorsiona la realidad. Por tanto, la clave para resolver situaciones conflictivas está en gestionar de la mejor forma posible estas emociones que surgen, porque estas mismas son las que pueden ayudarnos a comprender lo que pasa y a dar una respuesta adecuada al conflicto.

Se debe tomar conciencia de que en un conflicto todas las partes implicadas cometen el sesgo de confirmación. Nuestro cerebro tiene la imperiosa necesidad de buscar (y encontrar) constantemente aquellas ideas, acciones y datos que ratifiquen nuestra postura. Uno de los autores más duchos en la materia, Kelly J.B, señala que nos pasamos la vida intentando anticiparnos a lo que pasará en el futuro, elaborando teorías sobre lo que pasará. Si todo encaja con nuestras predicciones, perfecto, entonces somos flexibles y coherentes pero si la experiencia no encaja tenemos que forzar un cambio y eso no nos gusta tanto.

Es en este punto donde surge el problema, la persona puede negarse a este cambio de creencias u opiniones y trate de encontrar justificaciones para no modificar su posición. Esto es lo que impide la resolución de un conflicto. La rigidez de pensamiento origina emociones muy negativas como el desprecio o la ira.

Para salir de este ciclo negativo es esencial la figura de un “árbitro” que haga que las partes no solo hablen, sino que escuchen, es la única forma de que afloren las necesidades reales de cada uno. Según la experta hay una pregunta clave para reconducir la situación conflictiva: ¿Por qué quieres lo que quieres y para qué lo quieres? y una pregunta muy efectiva para ‘tocar’ la parte personal: ¿Cómo os gustaría que fuera vuestra relación dentro de cinco años y qué debería ocurrir para hacerla realidad?

Son dos cuestiones muy pontentes que pueden desarmar a los implicados. Lo importante es que se llegue a un acuerdo sin la percepción de que alguien ha ganado. No debe haber vencedores ni vencidos, tiene que convertirse en un ganar-ganar para que el consenso sea duradero en el tiempo. Incluso aunque en ocasiones las partes no logren alcanzar un acuerdo, la relación entre ellas puede salir reforzada ya que han conseguido volver a comunicarse.

¡¡Un mediador para el conflicto en Cataluña, por favor!!

Cómo convencer a alguien que no está dispuesto a cambiar de opinión

Se acercan las cenas de Navidad y con ellas las discusiones trascendentales con compañeros del trabajo o cuñados, suegros o hermanos sobre fútbol, religión y política Parece que la tendencia a la tozudez va creciendo en los últimos tiempos. A estas personas inflexibles en pensamientos y creencias se les conoce como dogmáticas.

Es fácil reconocerlas. Normalmente la gente dogmática tiene una tendencia a acudir a medios de comunicación acordes a sus opiniones como un recurso de protección, así alimentan su postura y evitan la ansiedad que puede generarles un foro en los que saben que van a encontrar posturas contrarias a las suyas. Carecen de humildad y son poco reflexivas, reacias a que las ideas de los demás enriquezcan o modifiquen las suyas.

Un estudio muy reciente de la Universidad de Cleveland, Ohio, ha analizado el rasgo más íntimo de estas personas ‘inconvencibles’. Uno de los autores de la investigación, Jared Friedman, explica que “algunas personas religiosas se aferran a determinadas creencias porque estas concuerdan con sus valores morales”, y por eso son más tendentes al inmovilismo. Por su parte, los defensores de pensamientos no religiosos son muchas veces incapaces de ver algo positivo en aquello que contradice sus conclusiones.

Friedman establece que en cada caso —el religioso y el no religioso— se activa una red neuronal diferente: mientras las redes empáticas son propias de los pensamientos religiosos, las analíticas serían las que activamos en los temas no religiosos; cada persona elige la más adecuada para cada decisión. Moralidad o lógica pueden ser llevadas al extremo, anulando la posibilidad de abrir la mente a nuevas ideas y corrientes de opinión y convirtiendo al individuo en dogmático.

Entonces, ¿cómo negociar con alguien obcecado en sus ideas? ¿podemos hacer razonar a cualquiera? Según la experta en mediación Helena Sotelo: “Cualquiera puede ser convencido, siempre y cuando el punto de encuentro buscado sea razonable y sano” y añade que hay que tener en muy en cuenta la siguiente premisa a la hora de intentar convencer a una persona dogmática: “La opinión que mantienen está ligada a su definición como persona“.

Ese es el quid de la cuestión. Realmente este perfil de personalidad siente que sus opiniones no son negociables y que ponerlas en duda es una agraviante amenaza de todo lo que son. Por tanto hay que actuar con cautela y practicar la escucha activa. Hay que estar pendientes de cómo se siente el otro para intentar marcar las líneas rojas que provocan la tensión, con el objetivo de descubrir qué enfada al otro de nuestra opinión.

Por supuesto, la comunicación no verbal cobrará protagonismo en todo el proceso. No es lo mismo preguntar a alguien cómo se siente mostrando interés por su respuesta con una expresión del rostro coherente con esta buena intención, que acompañándolo de un gesto insultante, despectivo y con cara de ira.

Julio García Gómez aconseja aplicar a los debates las bases de la comunicación: concisión, brevedad y titulares efectivos. “Debemos evitar el ruido con palabras que no conducen a nada y mantener una mirada franca y generosa. Con movimientos pausados, lograremos rebajar el nivel de tensión de las palabras del otro y abriremos la vía del diálogo constructivo”.

Sin duda, habrá nudos imposibles de desenredar. No vamos a convencer al vegano de que coma huevos, pero sí de que respete a aquel que disfruta haciéndolo. Se trata de entender que el otro piense de una forma diferente, pero que siempre se podrán encontrar realidades que promuevan la convivencia pacífica. Puntos de encuentro. Líneas comunes.

 

 

*Fuente: Buena Vida-El País

Cómo se liga desde la ciencia (y con lenguaje corporal)

(Fogografía: Pixabay)

(Fogografía: Pixabay)

Sí, el flirteo puede ser un arte pero también una ciencia. Hay estudios sobre ello como de cualquier comportamiento humano, complejo, eso sí. Llámalo amor, llámalo atracción, llámalo ese no se qué que qué se yo…. pero lo cierto es que se dan ciertas circunstancias que hacen que salte la ‘chispa’ entre dos personas. La comunicación no verbal tiene mucho que decir al respecto, ya que revela nuestros sentimientos más íntimos e inconscientes.

Desde los experimentos sociobiológicos de la conducta se han determinado numerosas estrategias de atracción, como por ejemplo la autopromoción, siempre con la tendencia de estudiar cuál es la mejor ‘técnica’ para ligar, pero la realidad es que los resultados aún no se inclinan por ninguna en concreto, todas puedes ser válidas o no, dependiendo del contexto, la personalidad de los individuos, experiencias previas, etc.

Los autores Jeffrey A. Hall y Chong Xing, de la Universidad de Kansas, son pioneros en el desarrollo de este tipo de investigaciones y a través de sus resultados han creado un Inventario de Estilos de Flirteo para poder realizar comparaciones en las formas de afrontar el cortejo. Delimitan 5 estilos diferentes para transmitir la atracción:

  1. El físico: Implica una eleveda habilidad para detectar el interés de los demás y de comunicar el suyo.
  2. El tradicional: Incluye la creencia en que el hombre debe ser el que inicie los ‘primeros pasos’ y que la mujer no es la que debe ‘perseguir’ al hombre durante la fase de cortejo.
  3. El sincero: Contempla una conexión emocional e interés sincero en su potencial pareja.
  4. El cortés: Implica una cauta aproximación al flirteo, no sexual.
  5. El juguetón: Refleja un estilo divertido, con fines instrumentales, sin el foco en conseguir  una relación posterior.

Esta investigación trató de relacionar estos 5 estilos de cortejo con comportamientos verbales y no verbales asociados a la atracción física. Para ello, se eligieron a 102 personas solteras, dividiéndolas por parejas, a los que se pasó el cuestionario de Hall sobre el estilo de flirteo. Posteriormente, se les invitó a mantener una conversación en pareja, realizándose preguntas entre ellos. Finalmente, y una vez terminada esta conversación, de 12 minutos de duración, se les solicitó que rellenaran una escala de atracción física respecto a la pareja que les hubiera tocado. Las conclusiones fueron las siguientes:

  1. Las personas que puntuaban alto en el estilo físico experimentaban conversaciones más fluidas, lanzando menos cumplidos. Las mujeres hacían menos preguntas, realizando menos gestos automanipuladores (tocarse el pelo, sus manos, su ropa…). También asentían con la cabeza y afirmaban en mayor cantidad de ocasiones en los primeros 3 minutos. En la última mitad de la interacción, los hombres dijeron menos cumplidos y miraron de manera seductora mucho menos que en otros grupos.
  2. En el modo tradicional, se descubre que los individuos tenían una alta tendencia a asentir con la cabeza o decir “sí” durante los tres primeros minutos que otros grupos. Las mujeres tendían a mover las manos más veces durante la interacción y eran más proclives a bromear en los tres primeros minutos de la conversación. Los hombres se inclinaban más hacia su compañera y tenían un tono de voz superior en la primera mitad de la conversación. También cruzaban menos sus piernas durante la mayor parte de la conversación, y movieron sus cabezas más durante la mitad de la misma.
  3. En el grupo sincero, se encontró que los individuos realizaban menos automanipulaciones físicas que la media, particularmente los hombres. Además, tendían menos a bromear con su interlocutor que otros grupos en los primeros tres minutos. Las mujeres mostraban una mayor cantidad de miradas de flirteo, aunque los primeros tres minutos también los hombres lo hacían. Las mujeres movían más las manos que en otros grupos, y sonreían más durante la última mitad de la conversación. Los hombres además tenían un mayor tono de voz durante todo el encuentro. Además, apenas se cruzaban de piernas y brazos, ni se inclinaban hacia el otro.
  4. En el estilo cortés, hacían menos automanipulaciones durante toda la interacción, y tenían un tono de voz más bajo durante la misma. Además, eran los que menos preguntas realizaron, particularmente en el caso de las mujeres. Los hombres afirmaban y decían “sí” más veces  y apenas se movían para acercarse a su compañero. Por último, los hombres de este grupo mostraron una menor tendencia a bromear durante los últimos momentos de la conversación.
  5. Por último, los juguetones, procuraban extender o hinchar el pecho durante la mitad de la conversación y lanzaban más cumplidos durante los tres primeros minutos, especialmente el género masculino. También se automanipularon menos durante los 3 primeros minutos. Las mujeres realizaron menos preguntas durante la primera mitad de la interacción, tuvieron más miradas seductoras y se encogieron más de hombros hacia la mitad de la conversación. Los hombres cruzaron menos sus piernas durante los primeros tres minutos.

Como veis, esto es un experimento de laboratorio en el que se relacionan significativamente algunos patrones específicos del lenguaje corporal con la conducta del ‘tonteo’, aunque como decíamos al principio no hay ‘estrategias’ mejores ni peores no deja de ser interesante cómo se encuentran diferencias entre unos y otros. En mi opinión, me faltan variables (hablo siempre en términos de comunicación no verbal) que también intervienen en el proceso, como por ejemplo el contacto físico, la apariencia, la sincronía/imitación de los gestos, etc. ¿Y a vosotros qué os parece?

 

*Referencia: Hall, J. A., & Xing, C. The verbal and nonverbal correlates of the five flirting styles. Journal of NonVerbal Behavior.

#HablarEnPublico Cómo corregir las muletillas que te quitan autoridad

A todos nos genera cierta ansiedad tener que hablar en público, para algunos incluso es una auténtica pesadilla. Al final es como todo, con la práctica y la exposición constante al gran público iremos sobreponiendonos el estrés que nos genera al principio. Si te da pánico hablar en público pincha aquí para acceder a unos trucos (no tan típicos) que pueden ayudarte a superar tu fobia.

Hablar en público también tiene su técnica. No solo debemos exponernos a ello sin más, sino aprender a comunicarnos con eficacia. Uno de los tips necesarios para ello que comentaremos hoy son las dichosas coletillas que ‘se nos cuelan’ en el discurso. Estas muletillas son frases o sonidos que emites al hablar mientras unes una idea con otra y pueden ser muy molestas para la audiencia. Además transmiten inseguridad y vacilación en las ideas expuestas, perdiendo autoridad y sintonía.

Palabras o frases como “es decir”, “o sea”, “esteeee”, “¿vale?”, “¿me entiendes?” o sonidos como “huummmm” pronunciados múltiples veces mientras hablas, generan la percepción de que posees un precario vocabulario y de que no eres lo suficientemente competente. ¿Y no queremos esto verdad? Porque hemos superado nuestros miedos, nos hemos preparado el tema a conciencia, hemos ensayado y estudiado y no podemos echar a perder todo nuestro trabajo por esta minucia.

(Como para casi todo) El primer paso es reconocerlo y detectar las muletillas que utilizamos. Lo mejor para la toma de conciencia es que grabarte en una de tus exposiciones reales o pedirles feedback a tus compañeros o personas de confianza que comparten tus discursos.  Al revisar el video es más sencillo identificar no solo las palabras recurrentes, sino también los gestos de tu cara. Para John Bates, experto en percepción de la dicción , cuando la persona utiliza en exceso muletillas se muestra confundida o menos segura de sí que en otros momentos de su discurso.

Una de las soluciones más eficaces son las llamadas: Pausas poderosas. La mayoría de personas utiliza las muletillas mientras tratan de verbalizar un pensamiento. Es por ello que se aconseja realizar una “pausa poderosa” que sustituya a la condenada muletilla. En otras palabras, en vez de emitir un sonido o palabra absurda, intenta guardar silencio durante uno o dos segundos y luego expresa la idea que tienes en mente. “Es cosa de entrenarse uno mismo para comprender que con una pausa no se va a perder la atención de la audiencia o el respeto, al revés”, explica Statman.

Un silencio de uno o dos segundos también puede ayudar al público, porque muchas personas procesan la información de manera más lenta que la velocidad del ponente. También hay que tener en cuenta que si se utiliza la pausa, hay que demostrar que se está “presente” en la conversación, evitando distracciones que puedan fácilmente hacerte perder coherencia en tus ideas.

Cambia el focus. El nerviosismo incrementa el uso de las palabras de relleno, por tanto tienes que mentalizarte en identificar cómo las palabras pueden ayudar a tus oyentes, y no tanto en cómo vas a ser percibido. “Hay que darse cuenta de que uno va a estar un poco rígido, por lo que es mejor concentrar la atención en la audiencia”, sugiere Bates.

Por su parte, Cohen recomienda anticipar el uso de muletillas. De esta manera, puedes aprender a hacer cambios en tu discurso. A menudo las personas las emplean al inicio o al final de una oración, o mientras hacen la transición de una idea a otra. Si eres consciente de cuándo se pueden producir estos momentos de riesgo será más fácil evitarlos. Si estás haciendo una presentación, puedes caer en las muletillas durante las etapas de introducción, conclusiones o temas complejos. En lugar de memorizar la presentación completa, el consejo es poner más cuidado en esas etapas. Dominar tus propias palabras ayuda a disminuir el riesgo de utilizar los recursos inapropiados. “Mientras más practiquemos la presentación, más cómodos nos sentiremos con el contenido”, recomienda Cohen.

Sin extremismos. Las palabras que utilizamos como relleno tampoco están prohibidas. Algunas sirven para crear una conexión con tus compañeros de trabajo y pueden hacerte menos formal o rígido. Statman no recomienda eliminar las muletillas por completo, sino quedarse con un 10%. “Quieres sonar como una persona espontánea, y esa clase de autenticidad usualmente permite muletillas”.

De acuerdo con Lesley Stolz, del laboratorio de innovación de Johnson & Johnson, el proceso de aprender a hacer pausas, de hablar de manera más segura sin agregar palabras innecesarias, puede tomar años. Así que… paciencia…

 

*Fuente de consulta: BBC

Análisis no verbal: Puigdemont y los gestos de contención en el 10-O

Fotografía EFE

Todas las miradas estaban puestas en Carles Puigdemont y su discurso en el 10-O… la mía también. Estoy algo decepcionada porque el presidente de la Generalitat se caracteriza normalmente por su espontaneidad en la comunicación, por improvisar y expresar con naturalidad sus ideas.

En esta ocasión no ha sido así, ha leído cada palabra y esto coarta bastante la posibilidad de poder expresar emociones reales. Aún así, pueden destacarse algunas claves no verbales relevantes para interpretar su estado emocional y aportar más significado al momento.

Al inicio de su intervención se produce un bloqueo gestual muy significativo si lo comparamos con su línea habitual de expresión. No encontramos a penas movimientos ilustradores del mensaje, este descenso notable en el movimiento da cuenta de un exceso de energía racional. Es decir, está tan concentrado y destina tantos recursos al mensaje verbal que su cuerpo se bloquea y no puede acompasar su discurso.

Esto ocurre cuando hay un fuerte impacto emocional en lo que vamos a pronunciar, cuando tenemos una tensión extrema, temor y estrés y/o con un importante grado de densidad en el flujo de pensamiento.

Este indicador también se refuerza si analizamos el canal fisiológico, se pasa constantemente la lengua por los labios, le cuesta tragar saliva (por la ausencia de ésta) y tiene la garganta seca, visible por la tos repetida, carraspeo y voz más aguda. La tensión y el nerviosismo es muy palpable.

Respecto a su expresión facial, ha habido un movimiento estrella, repetido en más de una treintena de ocasiones durante su alegato. Aprieta los labios, éste es un gesto de contención y represión. Se produce cuando retenemos una idea, una emoción, una reacción, etc. Se trata de una señal de tensión o una señal de intentar mantener el control sobre uno mismo. Muy coherente con el contexto en el que se produce.

Por último, no soy muy fan de esto de los micropicores y de que si me rasco en el codo o en la rodilla significa ‘x’ o ‘y’. Pero es que en esta alegación de media hora se produce un ‘picor’ en un momento tan clave que me cuesta no darle importancia. Puigdemont se rasca la sien justo antes del momento de (semi) declarar la independencia de Cataluña. No le había visto este gesto antes y no lo hace en ningún otro instante de su intervención, lo hace justo ahí, antes de pronunciar la frase más esperada por todos.

No hay nada científico que de explicación a estos micropicores, yo lo interpreto más como un gesto automanipulador, es decir, la acción de tocarse a sí mismo ante la tensión o el nerviosismo del momento. Se infiere duda, inseguridad o temor ante lo que se va a manifestar a continuación, ¿tiene sentido, no?

La réplica (no verbal) de Puigdemont al Rey Felipe VI

El presidente de la Generalitat reaparece, con una escenografía solemne y una sola bandera (la catalana), tras la intervención del Rey después de lo acontecido el 1-O. Ya vimos cómo la comunicación no verbal dotaba de un plus de significado el mensaje de Felipe VI, y de nuevo con Puigdemont le expresión emocional vuelve a dar pistas sobre la profundidad de las palabras.

En general, su comunicación ha sido más espontánea y natural que la del Rey, no estar sentado ha contribuido a esta diferencia, ya que tenía más libertad de movimiento y esta dinámica provoca que el cuerpo ‘se suelte’ y ‘hable’ más (con el riesgo de que esto nos beneficie o no…).

Sorprendentemente, me ha parecido muy relajado, su rostro aparecía sereno cuando no suele ser habitual. El ceño fruncido forma parte de su línea base de comportamiento y en este caso solo mostró ira mientras enunciaba la intervención policial en Cataluña contra el pueblo civil catalán, acompañado después de tristeza.

Su expresión gestual es muy ilustrativa, coherente con el mensaje, armónica, con lo cuál denota credibilidad y convicción total en lo que dice. Los gestos de sus manos fueron muy adecuados, juntaba los dedos en forma de pirámide, transmitiendo así reflexión, calma y seguridad. Todo marchaba en una línea positiva hasta que menciona al rey y le devuelve (inconscientemente) el gesto del dedo acusador, levanta su dedo índice y señala a cámara con su mano izquierda, con la derecha y finalmente con las dos.

Este gesto tan sutil y aparentemente inofensivo entraña un significado nada positivo, de forma no consciente nuestro cuerpo quiere culpar, obligar o señalar de forma agresiva a nuestro interlocutor. Las personas que habitualmente realizan este gesto suelen creer que están en un nivel por encima de la persona a la que señalan, pueden pensar que tienen más autoridad. Sin embargo, también puede ocurrir que las personas que con frecuencia no señalan con el dedo, lo hagan, por ejemplo, en el caso de que estén enfadadas y crean que llevan la razón o pueden apuntar con el dedo para señalar que es la otra persona la que tiene la culpa de lo ocurrido…

¿Cuál es vuestra hipótesis?

 

 

 

Me encontré a Pablo Iglesias por la calle, le observé y no sé qué pensar

(JAVIER LIZÓN / EFE) Pablo Iglesias, durante el acto de la Universidad Complutense en el que le plantó la prensa.

(JAVIER LIZÓN / EFE).

El pasado viernes por la noche fui al teatro Kamize, la obra se titulaba ‘El Amante’ (muy recomendable, por cierto). El caso es que desde que me dedico a esto de la comunicación no verbal he analizado a los políticos de este país cientos de veces, sus posturas, sus gestos, cada expresión emocional ejecutada en un debate o en un mitin, incluso en juicios; he registrado cada detalle a través de fotografías, de vídeos, fotograma a fotograma (ni os imagináis el trabajo que hay detrás).

Y el viernes allí estaba él. Tenía a Pablo Iglesias a pocos metros de distancia. Yo os cuento lo que vi y me gustaría conocer vuestra opinión porque yo misma tengo dudas sobre cómo interpretar su comportamiento. En primer lugar, yo estaba situada en una inmensa cola de entrada, el aforo era bastante grande y allí esperamos unos 15 minutos para entrar. Él no. Lo vi llegar a lo lejos y me sorprendió su actitud.

Caminaba agazapado por la calle lateral del teatro, rápido, por las zonas no iluminadas, miraba hacia todos lados, encorvado, nervioso, con expresión facial de preocupación, casi de miedo, tocándose la frente para intentar ocultar su rostro y entonces entró por la puerta de atrás del teatro. Aún así, mucha gente que salía de esa calle lateral al teatro lo reconoció y venía diciendo “¡era Pablo Iglesias! Sí, sí, era él. Tenía que haberle pedido una foto o algo!”

A continuación, y sin querer hacer demasiado spoiler, la primera parte de la obra se desarrollaba en una fiesta como parte previa al espectáculo, todos entrábamos a una sala y ofrecían bebidas y comida a los asistentes. Él no entró en esta parte del teatro. Cuando nos dirigimos a la sala de las butacas él ya estaba allí sentado en las primeras filas, prácticamente agachado en su asiento, casi avergonzado. Y al finalizar la obra salió velozmente, y con la misma actitud que entró, por otra puerta que no era la habilitada para el resto de los mortales allí presentes.

Bien, por un lado, y empatizando, me impactó bastante ver a una persona inquieta y tan ‘vigilante’ ante una situación tan cotidiana como es la de ir al teatro, preocupado constantemente por que no le reconozcan por la calle. Y pensé que debe ser muy incómodo para cualquiera, más aún, cuando hay fuertes convicciones ideológicas políticas a favor o en contra de esa persona que pueden despertar tantos ‘amores y odios’.

Por otro lado, también me surge la duda sobre si ese comportamiento es coherente o no con el significado de la política, término que etimológicamente significa «de, para o relacionado con los ciudadanos». No quiero relacionar esta idea sólo con Pablo Iglesias, es la persona que pude observar de cerca, pero pongo la mano en el fuego de que el resto de políticos lo harán igual o incluso aún peor.

Si pierden el contacto del día a día con el ciudadano, si no esperan una cola de entrada, si no saben lo que cuesta un café, si no escuchan a esa gente que les quiera parar por la calle se alejan de la realidad y eso creo que un futbolista o un cantante se lo pueden permitir, pero ¿un político puede permitirse mantenerse al margen del contacto social? ¿siempre, a veces…? o ¿es algo que siempre irá implícito en su trabajo?

No sé qué pensar… se admiten opiniones al respecto. 🙂

[Inciso tras leer vuestros comentarios: En primer lugar, GRACIAS a todos los que habéis entendido el post como planteamiento a debatir: vida privada/pública de los políticos a partir de mi encuentro con Pablo Iglesias. Gracias por vuestros comentarios y opiniones al respecto (de eso se trataba). En segundo lugar, Pablo Iglesias iba efectivamente acompañado de Irene Montero, sin más, yo vi entrar solo a Iglesias y en las butacas estaba con ella, no opino sobre ello ni la nombro si quiera porque yo no la vi entrar. Por último, en ningún momento critico el comportamiento de Pablo Iglesias, solo describo lo que vi, de hecho admito que, poniéndome en su lugar, me cuesta saber cómo actuaría yo misma en su situación y reconozco que debe ser muy difícil saber gestionar o conciliar su vida privada con la pública, a mi me causó bastante impresión y quería compartirlo con vosotros. Reitero mi agradecimiento a los que así lo entendieron 🙂

* A partir de ahora, tras reflexionar sobre la repercusión que puede tener una opinión sobre una persona conocida en el ámbito privado y el respeto que merecen en dicho ámbito, he decidido que mis análisis y valoraciones sobre los protagonistas de la actualidad se restringirán a sus apariciones públicas.

“Si quieres pillar a un mentiroso hazle hablar” (y cuál es la mejor mentira)

Con el revuelo independentista de Cataluña y a tenor de las declaraciones de unos y otros, filtraciones, ruedas de prensa, mentiras y ‘desmentiras’, promesas, intenciones, etc, la comunicación no verbal toma protagonismo y no pasa desapercibida a la hora de intentar desentrañar este juego de tronos.

Así me lo planteaba Juan Fernández, periodista de ‘elPeriódico‘ de Cataluña, que decidió hacerme una entrevista (que podéis leer pinchando aquí) para ver qué era esto de la detección de la mentira y cómo podía aplicarse a la política y a nuestra vida en general.

La pregunta del millón: –Algún truco para saber si me engañan. En mi oficio, la máxima es: por la boca muere el pez. Si quieres pillar a un embustero, hazle hablar. Los que nos dedicamos a esto, desde el policía que interroga a un detenido hasta el encargado de selección de personal.

A menudo pensamos que la detección de la mentira basta con la mera observación, esta tendencia ha cambiado por completo tras la investigación científica. Debemos ser sujetos activos ante nuestro interlocutor para obtener información sensible que nos permita comprobar la veracidad de lo que nos cuentan. Debemos hacer que el interlocutor baje la guardia, sea nuestro amigo, dejar que hable y de vez en cuando lanzar preguntas inesperadas sobre lo que nos interese.

Si se desconcierta es que esconde algo. Y hay trucos que parecen juegos, como el del dibujo. –Cuente, cuente. Usted llega tarde a casa y dice que viene de un bar. Su mujer no le cree y le pide un dibujo del bar. ¿A que no se lo espera? Su seguridad al trazar ese dibujo le delatará. Otro truco consiste en cansar al embustero. Mentir es agotador, obliga al cerebro a inhibir la verdad y construir una mentira. Si lo sobrecargas, al final cometerá errores.

La mejor mentira es la que siempre se elabora a partir de una verdad, de una realidad vivida pero cambiando un pequeño detalle. Por ejemplo, en el caso del asesinato de la niña Mariluz. Santiago del Valle fue su asesino y su mujer lo sabía todo, aunque en las declaraciones públicas que hizo esta señora siempre lo desmentía, sin embargo, todos los indicadores eran de credibilidad, ¿por qué? porque lo único que hizo fue contar todo el relato con detalles tal y como pasó, exactamente tal y como pasó pero cambiando de protagonista, en lugar de su marido nombraba a su cuñada. Por tanto, todo era real salvo por el ‘protagonista’ de la historia, como más tarde se demostró por el resto de pruebas.