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Análisis no verbal del: “¡Viva el 8M!” de Pedro Sánchez

En la sesión plenaria del Congreso de ayer, de nuevo, los reproches entre partidos continuaban. Y como no puede ser de otra manera, la controvertida celebración de la marcha feminista del pasado 8 de marzo continúa siendo el centro de las críticas al Gobierno.

Fotografía EFE

Fotografía EFE

(Aquí vídeo) Pedro Sánchez responde entonces con un reivindicativo: “Lo digo alto y claro: ¡Viva el 8 de marzo!”

Resulta que con su comunicación no verbal no lo dice ni alto, ni tampoco claro.

Su lenguaje corporal al inicio de la frase es coherente al enérgico mensaje: levanta la mirada, su rostro se torna severo, con ciertos visos de ira, en este caso, asociada a la trascendencia de lo que va a decir a continuación. Sacude fuerte el brazo para marcar contundente el “alto y claro”.

Pero finalmente, no sube la voz, de hecho, la baja sutilmente y lo que es más sorprendente, por la incoherencia con el momento, desciende la mirada y agacha la cabeza. No sostiene así la intensidad y convicción en lo que pronuncia con sus palabras. Rompe totalmente el culmen de su protesta.

Parece que hubiera algún estímulo que internamente (idea, pensamiento, recuerdo, emoción) interrumpe el disfrute emocional de tal afirmación, podemos hipotetizar sobre que es consciente de la polémica que despertará tal proclamación, arrepentimiento, culpa, vergüenza

Desde luego, lo que no vemos es orgullo, este sí sería un gesto esperado asociado a sus palabras, definido con una mirada intensa al frente, cabeza alta y postura expansiva.

De ser así, este instante hubiera quedado para la posteridad, pero tal y como lo expresó ayer, proyecta falta de convicción.

 

¿Por qué sacamos la lengua cuando estamos concentrados? #MichaelJordan

Siempre repetimos en este blog que es muy importante, casi obligatorio, interpretar los gestos según un contexto determinado. Las emociones básicas en el rostro (sorpresa, ira, tristeza, alegría, miedo, asco) tienen una codificación facial específica y su significado es único y universal, aunque también pueden matizarse según la situación que acompañen, contenido verbal, gestos con las manos, etc.

Michael Jordan / Fotografía Flickr

Michael Jordan / Fotografía Flickr

Pero los gestos nunca son únicos, deben leerse según cómo ocurran. El gesto de sacar la lengua puede definirse de formas muy variopintas, puede ser un tic, puede significar que estamos nerviosos, incómodos y humedecemos los labios, también puede comunicar una actitud burlesca y pícara, cierta seducción en ocasiones, y además puede indicar concentración extrema.

Probablemente, algunos de vosotros solo lo practiquéis muy de vez en cuando, cuando te maquillas, por ejemplo, o cuando reparas algo en casa, también puedes observarlo en tu hijo cuando hace los deberes. Sin embargo, para otros es una absoluta costumbre, casi no pueden ejecutar tarea alguna sin ese acto de sacar la punta de la lengua hacia fuera, según los expertos, su cerebro quiere comunicar al exterior que está totalmente inmerso en una tarea, nos dice: “No me molestes en este momento”.

Este gesto totalmente inconsciente fue estudiado originalmente por el prestigioso etólogo inglés Desmond Morris, que lo calificó como un gesto hereditario y universal que informa a los demás de que alguien está abstraído, absorto en un quehacer muy específico que requiere de cierta atención y esfuerzo, como en los hoteles, colgamos un cartel de Please do not disturb.

Más recientemente mi colega Alan Crawley realiza una revisión del gesto y la aplica con el ejemplo de Michael Jordan. ¿Quién no ha visto a M.J. machacar el aro con la lengua fuera? Se convirtió en una de sus señas de identidad cuando jugaba en la NBA.

Un estudio de la Universidad de Westminster encontró una relación muy estrecha entre las tareas de motricidad y las áreas cerebrales del lenguaje. En resumen, los niños que participaron de este estudio hacían tareas de motricidad fina (abrir un candado), motricidad gruesa (juegos de manos) o actividades no motoras (recordar una historia).

En todas las tareas los niños sacaron la lengua, pero especialmente durante las motrices. Entonces, sacar la lengua parece ser un comportamiento muy característico de la concentración y la destreza. A pesar de que es una acción más común en infantes y la mayoría de nosotros la reprime, algunos adultos la realizan.

⛹ Lo que me parece más interesante es que el mismo Jordan reconoce que ha adquirido este gesto por herencia. Su padre dijo que su abuelo hacía este gesto cuando trabajaba y que por imitación sus descendientes la copiaron. Más curioso aún, Jordan ha reconocido que este gesto le ayuda a concentrarse, ¿será útil?

¡Contadme impresiones!

Pablo Iglesias se ve sorprendido por Matías Prats #ComunicaciónNoVerbal

La forma más usual de expresar y reconocer la emoción básica de la sorpresa es a través de su expresión específica en el rostro: los ojos se abren como platos, pero con una acción muscular relajada, se arquean las cejas de forma suave o también cae la mandíbula, dejando entreabierta la boca.

Pero no, ayer no vimos este gesto facial en Pablo Iglesias cuando fue entrevistado por Matías Prats en el informativo. Sin embargo, fue otro canal de la comunicación no verbal el que reveló igualmente esta sensación sorpresiva e inesperada en la reacción del Vicepresidente del Gobierno.

En una intervención que dure pocos minutos (como fue el caso) se puede controlar el rostro, se pueden controlar los gestos con los brazos, incluso la postura, pero es muy difícil controlar la parte no verbal de nuestra voz, la prosodia emocional del mensaje (ritmo, velocidad, tonalidad, silencios, etc) y este canal fue el que dejó al descubierto la imprevista entradilla de Matías Prats para el entrevistado.

Solo tenéis que fijaros en el tono y la velocidad del habla que se suceden en el primer minuto de la respuesta de Iglesias y comparar ambos elementos  pero ya transcurridos unos minutos, cuando Iglesias ya ‘ha calentado’ y entra en materia.

Podemos observar como al principio baja la voz y estira las palabras, tanto de hecho, que le deriva como en un extraño acento. En ese momento se evidencia la sorpresa y la consecuente carga cognitiva que ha supuesto la primera apreciación de Prats:

“Vamos a iniciar la desescalada con la mayor tasa de víctimas mortales por habitantes del mundo, ¿qué ha hecho mal el Gobierno, del que usted es Vicepresidente, para arrojar esos datos?

Iglesias no sabe qué decir. La pregunta crítica inicial le pilla totalmente ‘fuera de juego’, desprevenido y necesita de todos sus recursos mentales para pensar y preparar rápidamente lo que va a contestar, algo que no ocurre posteriormente cuando ya se acondiciona al tono de la entrevista.

Se refuerza también este hecho con su ceño fruncido (ya marca registrada de Pablo Iglesias), se aprecia durante toda su aparición pero se intensifica también a medida que van avanzando los minutos. Este gesto facial, como forma parte de su patrón base habitual de expresión, no se interpreta tanto como ira, sino más bien como concentración e implicación emocional en lo que va diciendo con sus palabras

Al principio la acción muscular en el entrecejo es muy sutil y se va acentuando más y más, igualmente cuando va aclimatándose emocionalmente a una (parece que insospechadamente) tensa entrevista para él.

¿Por qué lo llaman distanciamiento social cuando quieren decir distanciamiento físico?

El Covid-19 ha llegado para desmontar también las costumbres más asumidas y profundas de nuestra forma de comunicarnos y de expresar afecto. Ha fracturado nuestra cercanía social, aquella tan característica y que se define como propia de la cultura española (también de muchas otras).

Pixabay License

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¿Sois capaces de imaginar el reencuentro con un ser querido tras el confinamiento sin contacto? Sin besos, abrazos, o un simple apretón de mano, y a dos metros de distancia, sin más. ¿Cuesta, verdad?

La sed de piel es uno de los primeros ‘síntomas’ emocionales que hemos notado en cuarentena, y es normal, no concebimos un mundo sin la comunicación táctil, es un sentido vital, no solo para los seres humanos, también para el reino animal, el roce es puro instinto;y nos piden ahora que lo cortemos de raíz, que debemos delimitar el espacio entre las personas como una de las mejores herramientas para evitar la exposición al virus y desacelerar su propagación.

Y lamentablemente, así es, no nos queda otra. El error en la comunicación de esta medida es utilizar como sinónimo: “distanciamiento social” y “distanciamiento físico”, cuando realmente son dos conceptos totalmente independientes. Para protegernos tenemos que garantizar una separación física, literal, pero no un alejamiento social. ¡Todo lo contrario!

La unión social es más necesaria que nunca, relacionarnos con los demás, aunque sea lógicamente sin presencia. Creo que no seríamos capaces de cumplir un confinamiento tan duro y absoluto como el que hemos experimentado si no tuviéramos la opción de la proximidad social a través de las redes o de las videollamadas.

El coste psicológico tras la pandemia va a ser enorme, pero la conexión virtual ha sido la salvaguarda y un factor de protección fundamental de la salud mental para todos nosotros, ha provocado que la adaptación a este insólito cambio sea más rápida y el impacto emocional mucho menos abrupto, ha funcionado como un paliativo del estrés, de la nostalgia, del duelo, de la depresión, de la soledad o simplemente de nuestra costumbre social.

Transformemos el lenguaje, escojamos bien las palabras que utilizamos. Cortemos la distancia física, cuidemos nuestro mundo social, ni este dichoso virus nos lo puede arrebatar.

Análisis no verbal: Pedro Sánchez coge aire

Algunos de vosotros habéis apreciado con excepcional criterio que Pedro Sánchez ha alterado su patrón normal de respiración en las últimas comparecencias y que además, ejecuta un gesto repetido cuando debe afrontar alguna explicación controvertida o dar respuesta a alguna pregunta complicada, se trata de una leve sacudida corporal acompañada de una intensa inspiración.

Pedro Sánchez durante la rueda de prensa. EFE

Pedro Sánchez durante la rueda de prensa. EFE

Analizando la última comparecencia del pasado sábado podemos observar que confluyen tres circunstancias que sustentan la razón de este gesto.

En primer lugar, una muy simple: la cercanía de los micrófonos. El atril soporta dos micrófonos muy altos que recogen el sonido perfectamente, pero al tenerlos tan cerca y resultar tan nítidos, absorben también el ruido de la respiración, esto es muy molesto para el espectador y hace que perdamos la atención en el mensaje, funciona a modo de distractor y nos desconectan del discurso verbal.

En segundo lugar: Pedro Sánchez está muy cansado. El rostro que ya viene presentando en las últimas semanas da cuenta de su agotamiento, tanto la voz como las emociones se producen muy fatigadas. Cuando estamos agotados la respiración se vuelve mucho más intensa y sonora (a veces incluso se traduce en el conocido bostezo).

Esta respiración profunda es algo así como el sistema de ventilación de nuestro procesador central, una inyección de aire nuevo que permite al cerebro mantener el estado de alerta y un funcionamiento óptimo cuando cree que más lo necesita. 

Además, según un reciente estudio de la Universidad de Pisa, el bostezo o las inspiraciones profundas no solo se asocian con la fatiga, también lo hacen con estados de ansiedad y cuando nos sentimos amenazados, de  esta manera, también se relaciona con la necesidad de aumentar los niveles de atención.

Una explicación que también refuerza con su comunicación no verbal, ya que se observa una fuerte carga cognitiva, es decir, una muy alta concentración en lo que está diciendo, y que se traduce en un descenso notable de la gestualidad corporal (menos ilustradores con las manos, por ejemplo, que dibujen a sus palabras), en un discurso más errático y poco fluido (repleto de rectificaciones, que no suelen ser habituales en él) y en una ralentizada velocidad del habla.

Por último, ese sutil sobresalto corporal antes de responder o pronunciar un contenido verbal, complejo o que se sabe polémico, se asocia a una especie de preparación del organismo para la acción, un calentamiento antes de ‘soltar’ la cuestión crítica, con un ‘allá voy’.

La reacción (verbal y no verbal) de Ayuso tras la dimisión de la directora de salud pública

La presidenta de la Comunidad de Madrid solicitó in extremis avanzar a la fase 1 del plan de desescalada y, tras esta comunicación, dimitió inmediatamente su directora de Salud Pública, Yolanda Fuentes.

Ayuso en el programa Cuatro al dia

Ayuso en el programa Cuatro al día

En su primera aparición pública, Ayuso ya esperaba la obligada pregunta. “¿Sabe usted por qué motivo le ha trasmitido la doctora esta decisión?“, preguntaba el entrevistador del programa ‘Cuatro al día‘ (pincha aquí para acceder al vídeo).

“No, no he tenido ocasión de hablar con ella”, respondía la presidenta. Y a partir de ahí ha alimentado toda una diatriba sobre reuniones, las bondades del hospital de Ifema y nuevas estrategias para combatir el Covid-19, que resultaba estupenda y muy informativa, pero que realmente ha utilizado para no responder directamente a la pregunta. Una evasiva en toda regla.

Cuando se han tratado otros temas (la conversación tiene una duración de 11 minutos) Ayuso ha mirado continuamente a la cámara de manera totalmente fija, pero cuando el entrevistador le vuelve a interpelar por la dimisión de Fuentes, admitiendo que en su primera intervención no le había respondido, Ayuso dice:

“Es que sinceramente no me he reunido con ella”, justo en ese instante baja la mirada durante un tiempo significativo. Es un cambio de conducta a tener en cuenta, no podemos asegurar directamente que mienta porque no son gestos asociados, pero sí que esa alteración de su actitud significa incomodidad, impacto emocional, y rechazo en definitiva.

Lo sorprendente es que, de entre toda la maraña de frases evasivas, a través del análisis de contenido verbal se desprende la sensación indirecta de que lo que quiere transmitir es que en realidad la directora no ha dimitido sino que ha sido ella, Ayuso, quien ha decidido prescindir de sus servicios.

Esto se percibe por las siguientes afirmaciones:

“Desde luego, mi intención era reestructurar esta área con personas al frente como Antonio Zapatero, es una decisión que no se toma en media hora, la que yo he decidido con esta reestructuración de la Consejería de Sanidad”.

“No he hablado con ella pero sí sé lo que quiero hacer en Madrid y es poner a los mejores al frente“.

“Yo lo que quiero es reorientar la Consejería a todo esto”.

“Ahora su sustituto es el mayor experto”.

Al escuchar estos argumentos, ¿os da la sensación que hable de una dimisión? No parece que explique que ha recibido una renuncia, sino más bien que ella es quien voluntariamente ha manejado la reorganización de su grupo asesor.

Parece que niega la naturaleza de la situación y responde con orgullo y a la defensiva. De hecho el presentador añade: “Bueno, habrá que también agradecerle su gestión durante estos cincuenta días”. Entonces Ayuso gira fuertemente la cabeza y ahí sí que ya reniega totalmente del contacto visual, mostrando aún mayor rechazo.

Además, se refuerza esta emoción contrariada encogiéndose de hombros, en un gesto de indiferencia y falta de consentimiento con el reconocimiento sobre la labor de Fuentes al que le insta su interlocutor, y apuntilla con sus palabras: “Bueno, es un trabajo de equipo y una labor de todos”. No solo con sus gestos, también así, con esa respuesta le resta la importancia y el mérito a la ya ex directora de salud.

¿Por qué hay un ambiente festivo en plena pandemia?

Cuando estamos viendo una película de terror agazapados en el sofá y percibimos que se acerca ‘el susto’, cerramos los ojos, es lo único que tenemos que hacer para no sentir miedo, podemos escuchar el estruendo o el grito desgarrador de la actriz, pero no nos estremecemos si no vemos lo que ocurre en la pantalla.

Fotografía EFE / SALAS

Fotografía EFE / SALAS

Este mecanismo es adaptativo, ya que el estímulo que nos asusta en el cine no es real, pero no mirar y no sentir miedo ante situaciones auténticas puede hacer que adoptemos decisiones muy arriesgadas para nuestra propia supervivencia, porque el peligro sigue ahí, delante de nosotros, no desaparece, a pesar de que apartemos la mirada.

Ignorancia, ceguera, desinformación y falta de conciencia global.

Los 4 jinetes del apocalipsis que se han adueñado del período del estado de alarma y del inicio de la desescalada tras el confinamiento.

La mejor defensa, no solo para afrontar una pandemia mundial sino para todo en la vida, sin duda, es la información. La única que nos puede mostrar qué alcance tiene lo que estamos viviendo, qué herramientas y estrategias debo adoptar para superarla, qué decisiones son las más acertadas.

Más de 25.000 muertos en nuestro país. Hemos atravesado una epidemia muy grave, con unas consecuencias devastadoras, entre aplausos, risas, música en los balcones, anécdotas bonitas, actos solidarios, juegos entre vecinos, con humor y memes en redes sociales. Proyectar todo el tiempo esa imagen no corresponde.

No lo desprecio, ni lo rechazo por supuesto, fue necesario, mejoró nuestra adaptación, ayudó a muchísimas personas que sufrían por estrés o soledad, pero esta actitud positiva, festiva, no nos puede arrastrar a una fantasía, debemos relativizar e incluso desdramatizar lo vivido pero no podemos frivolizar y perder el contacto con la realidad, sobre todo, porque esto nos pone en riesgo, que es lo que está ocurriendo ahora.

¿Cómo vamos a cumplir las nuevas normas? ¿Cómo vamos a respetar los horarios que corresponden? ¿Cómo cumplimos con las medidas de protección y prevención del contagio? 

Lo visto en medios de comunicación era parcial, con una tragedia blanqueada, como una película de terror sin sustos, ni malos, ni víctimas.

Nadie ha visto morgues, ni el sufrimiento de las familias de pacientes enfermos o de fallecidos, sin despedidas, ni funerales, nadie ha visto los hospitales, ni los casos de las personas que fueron despedidas de sus trabajos, o empresarios que tuvieron que cerrar sus negocios. No ha habido luto, ni banderas a media asta, ni crespones negros.

No se trata de dar un espectáculo televisivo, de morbo sin escrúpulos ni respeto, pero sí del derecho a la información completa, veraz, a la toma de conciencia, porque por desgracia, el ser humano no aprende por experiencia ajena, a pesar de internet, de redes sociales, de un mundo conectado.

No creemos en lo que no vemos.

Según los estudios, de hecho, el cerebro humano procesa de manera más rápida y eficaz los estímulos emocionales en situaciones de peligro. Nuestra atención, nuestro aprendizaje, nuestra memoria, todo se asienta en la carga emocional, y no la hemos tenido, porque solo hemos oído hablar de números, curvas y picos. Datos, lógica, gráficas, estudios, no vimos caras, dolor, tristeza, duelo, pérdida, pánico.

La desinformación y la controversia tienen consecuencias nefastas. No nos han dejado concienciarnos, no hemos visto el peligro, y ahora retratamos la irresponsabilidad, toca salir en banda, viajar a una segunda residencia, deportistas en grupo, no respetar los horarios, incluso botellones en la calle.

Son las consecuencias, ojo, esperables aunque no justificables. Tenemos el derecho a que nos protejan, pero, también la responsabilidad personal de contribuir a la solución, sin la inmunidad del rebaño. A pesar de todo tenemos un deber cívico que cumplir y anteponer un bien común frente a las actitudes egoístas.

 

Leyendo emociones: humanos vs. máquinas

Para la vida social resulta imprescindible detectar correctamente las emociones de los demás, y según sabemos, estas se manifiestan predominantemente a través del rostro. Hasta los últimos años se creía imposible que las maquinas leyeran las emociones, pero…

¿Sabías que ya hay softwares que reconocen las emociones de la gente?

Fotografía publicada en el perfil Twitter de Affectiva

Fotografía publicada en el perfil Twitter de Affectiva

El psicólogo experto en comunicación no verbal, Alan Crawley, autor del canal ‘Sin verba‘, ha traducido e interpretado, en exclusiva para este blog, un reciente estudio (abril 2020) donde se compara experimentalmente el rendimiento para el reconocimiento facial por parte del hombre con el de la tecnología más avanzada para ello hasta el día de hoy. ¿Quién ganará, el ojo humano o el software?

Las grabaciones de vídeo de lugares tan distintos como aeropuertos, centros comerciales, supermercados y cualquier otro lugar pueden ser analizadas con estos softwares. Su uso incrementa con el paso del tiempo y se extiende a muchos contextos diferentes, aunque aún surgen algunas preguntas: ¿cómo funcionan?, ¿cuán precisos son?

La mayoría de estos softwares trabajan con lo que se conoce como las seis o sietes emociones básicas: alegría, tristeza, temor, ira, asco, sorpresa y desprecio.

Según la teoría neurocultural, éstas son emociones universales que al experimentarlas se manifiestan en el rostro con un determinado conjunto de movimientos faciales únicos e iguales en las personas de todo el mundo.

Prácticamente todos estos softwares funcionan con la misma idea principal de que el rostro es la ventana de los sentimientos reales y ciertas expresiones señalan que se siente una de estas emociones básicas.

En un estudio recientemente publicado en abril de este año 2020, los investigadores Dupré, Krumhuber, Küster, y McKeown, pusieron a prueba la precisión de 8 softwares comerciales en el reconocimiento de estas emociones. Los softwares analizaron 937 videos de expresiones faciales posadas (actuadas) y espontáneas (como respuesta a un estímulo).

Por otro lado, un grupo de 14 participantes evaluó los mismos vídeos. Para descubrir cuál de los grupos lee mejor las emociones, las personas o las máquinas, se compararon las respuestas obtenidas. ¿Qué creen que encontraron?

Las personas identificaron las emociones correctamente en un 72% de las veces en comparación con la precisión claramente menor de entre el 42% y el 62% obtenida por los softwares comerciales.

Fotografía publicada por los autores en la que muestra la comparativa de resultados

Fotografía publicada por los autores en la que muestra la comparativa de resultados

La tasa de acierto de los humanos fue notablemente superior para el reconocimiento de ambas expresiones, posadas y espontáneas, lo que demuestra la valiosa percepción humana.

Para que estos softwares se vuelvan más eficaces, sugieren los autores, deben:

  1. Incluir otras categorías mentales tales como el aburrimiento, interés, dolor y frustración.
  2. Revisar la teoría sobre la que se sustentan.
  3. Contemplar las variables e influencias contextuales.

Y tú, ¿te consideras un buen lector de emociones? ¡Cuéntanos tus experiencias! 🙂

 

*Fuentes:

Dupré D, Krumhuber EG, Küster D, McKeown GJ (2020) A performance comparison of eight commercially available automatic classifiers for facial affect recognition. PLoS ONE 15(4): e0231968. Copyright: © 2020 Dupré et al. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de Creative Commons Attribution License , que permite el uso, la distribución y la reproducción sin restricciones en cualquier medio, siempre que se acredite al autor original y a la fuente.

Softwares comerciales usados: CrowdEmotion’s FaceVideo, Emotient’s Facet, Microsoft’s Cognitive Services, MorphCast’s, EmotionalTracking, Neurodata Lab’s EmotionRecognition, VicarVison’s FaceReader and VisageTechnologies’ FaceAnalysis.

Coronavirus: la nueva estrategia de comunicación política de Pedro Sánchez

Desde el principio de esta pandemia por Covid-19, Pedro Sánchez ya manifestaba alguna referencia a que esta situación se trataba de una guerra. En su última comparecencia en la tarde de ayer, directamente ya hablaba continuamente como el General que lidera un gran ejército y quiere motivar el ardor del guerrero para incentivar la lucha y el sacrificio de los combatientes.

No exagero, a continuación os dejo un vídeo con los cortes belicistas de su discurso (autor del vídeo: J.L Martín Ovejero):

No ha sido el único presidente que ha utilizado esta estrategia política. “Estamos en guerra”. Seis veces durante su discurso (el 12 de marzo), Emmanuel Macron utilizó la misma expresión tratando de tomar un tono marcial.

¿Cuál es el objetivo de adoptar este tono bélico en sus discursos políticos?

Por un lado, alentar el trabajo de los sanitarios y profesiones relacionadas, personas anímicamente destruidas tras los esfuerzos poco recompensados y protegidos.

Además de asegurar el mantenimiento del confinamiento del resto de la población. Palabra que por cierto evitan utilizar a toda costa.

Por otro lado, para tratar de conseguir una unión nacional frente a solo un enemigo común, el virus.

El objetivo es que la gente deje atrás la crítica sobre la gestión de los políticos, las medidas tardías, contradictorias y la búsqueda de culpables. Es un magistral desvío de la atención hacia solo un foco.

Tal y como analiza también mi compañero José Luis Martín Ovejero en su blog de comunicación: “Es un clásico de la estrategia política, buscar un enemigo común fuera para desviar la atención de los problemas internos. En el momento actual, se trataría de que la ciudadanía mirase más al virus que al gobierno.”

En palabras del periodista Carlos Alsina: “Esto no es una guerra, es una pandemia, no tenemos ‘armas’ para combatir el virus porque no hay tratamiento que nos lo permita. La única guerra es la que libra el sistema inmunológico de cada uno. A una epidemia se sobrevive, no se la doblega.”

No habrá día de la victoria, ni desfiles por las avenidas. No es más que un mensaje anacrónico que distorsiona a lo que nos enfrentamos.

No queremos héroes en el frente, queremos que nuestros sanitarios estén protegidos.  No somos soldados, somos ciudadanos y no podemos ser gobernados como en tiempos de guerra, no tendría sentido.

Aquí os dejo dos artículos de opinión que hablan más extensamente de este recurso bélico de la comunicación que adoptan algunos de nuestros políticos:

No, no estamos en guerra. Estamos en una pandemia. Eso es más que suficiente. – Basta!

Es una epidemia, no una guerra. – Las Provincias.

Creadores de bulos: ¿Por qué se inventan información falsa?

Las redes sociales o aplicaciones como Whatsapp son un buen medio para conectarnos, divertirnos e incluso a veces informarnos, pero se han convertido en un magnífico caldo de cultivo para todos aquellos incendiarios que quieren sembrar el caos en momentos de alta susceptibilidad, como el contexto coronavirus en el que nos encontramos ahora.

Fotografía Pixabay Free License

Fotografía Pixabay Free License

Pirómanos de las redes sociales.

La creación de noticias falsas y perfiles de dudosa procedencia son desde hace tiempo habituales, pero durante la crisis del Covid19 y el confinamiento se han multiplicado notablemente. Pero, ¿quién es capaz de improvisar estos bulos?

El perfil psicológico de estas personas es exactamente igual al de un pirómano. Simplemente disfruta haciendo el mal.

Se sienten bien probando el alcance de algún contenido que ellos generan y comprobar las reacciones de los demás, que se viralice, que la difusión se encargue de convertir en real una invención suya, con el único objetivo de hacer daño, crear confusión y miedo.

Se nutren de ese pánico en situaciones caóticas y se aprovechan de éste para tener más éxito en la propagación de sus bulos, por supuesto, casi siempre desde el anonimato que propician las redes o un audio de whatsapp mismamente.

Este perfil también puede participar de un sistema de recompensa social.

Hay personas que, sin embargo, lo que buscan es que sus publicaciones tengan multitud de ‘likes, que se comparta un mensaje suyo y que su contenido llegue a mucha gente, buscando de alguna manera una ‘fama en redes’ (benditos influencers).

Según el nivel de maldad y alarma que originen, para ellos también puede ser un simple juego, una forma de entretenimiento, de divertimento personal para pasar el tiempo y matar su aburrimiento, aunque a veces no sean conscientes de la capacidad destructiva de sus bulos.

Es complicado asignar una motivación única a este tipo de perfiles porque varía en función del mensaje y tipo de contenido que hayan publicado. Habría que analizar caso por caso para estudiar en profundidad el porqué de estos impulsos, y esto resulta casi imposible por lo inaccesible de esta muestra, escondida en el anonimato.

El problema se ha vuelto tan grave que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha visto obligada a recopilar los mitos que van desmontando en su página web.

La población general tiene la tendencia en creer a todo aquello que ve ‘publicado’.

El periodismo tradicional, el noticiario básico, antes de toda esta revolución de las redes sociales era creíble y fidedigno. Jamás se nos hubiera ocurrido que una noticia publicada por los medios, por un periodista cualquiera, era falsa hace 15 años.

Ahora todo está mezclado e incluso algunos medios de comunicación recogen como noticia a los bulos que se propagan por redes sociales.

Por tanto, nosotros los lectores, ya no sabemos ni que creer, pero a su vez necesitamos información en momentos de desconcierto social, sobre todo si atañen a nuestra salud o a nuestra seguridad. El propio Gobierno nos lanza mensajes contradictorios, las fuentes oficiales lanzan también informaciones encontradas, que van cambiando, que anulan a las anteriores…

Pues claro, nos agarramos a ‘un clavo ardiendo’ para intentar darle sentido a todo esto, para intentar protegernos y actuar correctamente, para estar al tanto del desarrollo de la situación, para cuidar de nuestras familias.

Por eso difundimos, por eso creemos en cualquier cosa que nos llegue y que parezca medianamente coherente.

No debemos sentirnos ‘tontos’ por caer en la difusión de bulos. Los tontos son otros. Nosotros únicamente nos sentimos desprotegidos. Y con razón.

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*Fuente de consulta: Huffpost UK