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Blue Monday 2021: y esta vez sí que puede ser el día más triste

Se dice que hoy, 18 de enero, es el día más triste del año según una ecuación matemática basada en el análisis de varias variables que se alinean en esta jornada.

El final de las Navidades, las condiciones climáticas, los propósitos de año nuevo, son algunos de los elementos que intervienen, pero esta afirmación no está libre de polémica y otros expertos aseguran que carece de validez científica y que no se trata más que de una campaña de marketing y publicidad de ciertas compañías de viajes.

De acuerdo. Pero justo este año quizás podemos ver este ‘blue monday‘ con otra perspectiva más realista. Se confirma que los datos de la pandemia son peores ya que en marzo del año pasado, el temporal de lluvia y nieve que nos ha sumido en el caos, una vacuna contra el covid prometedora que parece que no será un remedio tan rápido como se prometía, nuevas cepas del virus, la vida con mascarillacrisis económica y cansancio social.

¿Quién da más?

Estamos agotados de vivir tanto ‘acontecimiento histórico’, no hemos tenido tiempo para coger aire, y lo que es peor, nuestras expectativas y optimismo estaban completamente depositadas en el cambio con el nuevo año.

Lo que sí que es muy real son los índices tan elevados de ansiedad en la población y las patologías crecientes en el ámbito afectivo.

La herencia del coronavirus y del encierro están siendo nefastas y desde el inicio de 2020 hasta la fecha hemos alcanzado un buen nivel de agotamiento emocional, cayendo en el hartazgo, la frustración y la impotencia ante tanta incertidumbre.

El día de hoy, sea cierta la ecuación del blue monday o no, nos recuerda que la salud mental debe ser una prioridad, quizás no podemos controlar las inclemencias del tiempo, la expansión de la pandemia o la desastrosa gestión de ésta por parte de nuestros políticos, pero sí podemos manejar nuestro propio encuadre, nuestra actitud hacia todo lo que nos ocurra.

No podemos cambiar el mundo, pero sí cuidar nuestro micro-mundo, tomar precauciones y ser responsables, ayudar a los que nos rodean, disfrutar de los buenos momentos en casa, en familia, agradecer cada día que despertemos sanos, luchar por nuestro negocio. Pequeñas cosas que suman a un mundo algo más agradable… sí, a pesar de todo…

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#BlueMonday Hoy es el día más triste del año ¿soluciones (no verbales)?

 

Análisis no verbal: de Trump a Biden, las claves para entender el cambio

Para muchos de nosotros Biden era un rostro totalmente desconocido, pero lo cierto es que lleva la friolera de casi 50 años activo en la política estadounidonse, en la que profesionalmente se labró una reputación profesional cimentada en una imagen campechana, conciliadora y habilidosa para llegar a acuerdos.

Fotografía EFE

Fotografía EFE

Cabe preguntarse, ¿estos rasgos han sido suficientes para derrotar al imponente Trump?

Para responder, se podría aplicar la premisa de que “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey“. A pocos les importaba lo que aportaba Biden, lo más importante era salir de Trump.

El estilo de comunicación y personalidad en Trump y Biden es totalmente opuesto. La comunicación no verbal de Biden diremos que es complicada de analizar, impertérrito en sus gestos y expresión facial, no filtra sus sentimientos a través del cuerpo y, por tanto, crea un halo de desconfianza y distanciamiento con el espectador.

Trump es pura energía emocional, movilizador de pasiones en masa, directo, políticamente muy poco correcto, entusiasta y vehemente en su mensaje.

Este exaltado discurso y maneras puede ser efectivo en una etapa apacible y sosegada en todos los niveles, pero la pandemia le arrebató el contexto que necesitaba para hacer alarde de su impetuoso y eufórico carácter.

La campaña se convirtió de repente en una “elección covid” y, en este entorno, la debilidad de Trump florece y favoreció que Joe Biden pareciera la alternativa ideal. El presidente gestionó la emergencia sanitaria de forma nefasta, negacionista, escapista, con meteduras de pata impropias y alejadas de la mente de un líder mundial, así que su opositor recogió con buen tino todo el malestar anti-Trump.

La absoluta incapacidad de Biden para apasionar y entusiasmar a una multitud ya no era una desventaja, en el último año, muchos ciudadanos suspiraban una presidencia relajada, juiciosa y reposada, rechazando la confrontación habitual.

Escuché a una analista política de la BBC describir la llegada de Biden “como una relajante música de jazz después de la música heavy metal sin parar y a todo volumen durante el mandato de Trump”.

El tono grisáceo de la simple cordialidad y neutralidad de Biden ahora eran la clave, la perfecta antítesis de su contrincante. Su capa de invisibilidad no compitió en carisma, pero a la vista está que le fue útil, y atrás quedaban olvidadas la edad del candidato, la comunicación dispersa que había demostrado en algunos soliloquios inconexos, anécdotas sin sentido político, y la falta de exactitud en su proyecto.

El confinamiento por la pandemia supuso toda una bendición para su candidatura, los agotados ciudadanos solo anhelaban el poder de la empatía, de la compasión y la comprensión ante el dolor, y de esto Biden sí sabía mucho (una vez más, se imponen los afectos a la razón política).

Su imagen política encuentra un buen eco en tiempos de tristeza e incertidumbre por su historia personal, porque conoce el sufrimiento ante la pérdida y la capacidad de reconstruirse. “Reconstruir”, una palabra tan crucial en estos tiempos…

Perdió a su esposa e hija de un año de edad en un trágico accidente de tráfico y la otra hija que sobrevivió moriría años más tarde de cáncer. Su experiencia vital le acercó al mismo plano emocional que las miles de familias que han perdido a sus seres queridos durante la pandemia, directa o indirectamente.

Su estrategia fue la de conectar con las personas evocando el alma de los EE. UU, lo convirtió en su eslogan y fue todo un acierto para momentos de gran complejidad social.

En la psicología del electorado, Biden se presentaba como el candidato del cambio, sin embargo, al mismo tiempo, la imagen del nuevo presidente no es nada transgresora o rompedora, todo lo contrario, su estilo retoma las normas de comportamiento por las que siempre se han regido tanto demócratas como republicanos, por tanto, la nueva elección representa también una continuación, más bien, la recuperación de una cadena en la que ahora Trump solo se describe como el eslabón perdido.

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La comunicación no verbal del discurso del Rey (que no hijo)

Como cada año, esperamos el discurso de Nochebuena de Felipe VI, pero en este año 2020 la expectación era mayor tras las presuntas irregularidades del emérito.

El Rey Felipe VI en su discurso de Nochebuena / EFE

El Rey Felipe VI en su discurso de Nochebuena / EFE

Sin embargo, su intervención no se ha orientado como ‘hijo de’, sino como Rey de España, obviando el parentesco y dotando de protagonismo absoluto a la pandemia y a la crisis económica, temas en los que se ha expresado facialmente con una profunda y constante emoción de tristeza, vista por el decaimiento de la mirada y las comisuras labiales y por la triangulación de las cejas.

En esta ocasión no había una decoración festiva colorida, ni fotos familiares, solo la Constitución Española y una fotografía del funeral de Estado en memoria de las víctimas del coronavirus; así, se proyecta la sobriedad y el duelo que merece el contexto actual.

Sin ser explícito, sí que ha habido una breve referencia verbal a la complicada situación de su padre: “Ya en 2014, en mi Proclamación ante las Cortes Generales, me referí a los principios morales y éticos que los ciudadanos reclaman de nuestras conductas. Unos principios que nos obligan a todos sin excepciones; y que están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares”, afirmaba Felipe VI en su discurso.

Utiliza de forma astuta la estrategia de comunicación basada en que la mejor explicación es la que no se da, sus palabras iban a ser analizadas con lupa y objeto de segura controversia, algo que se puede evitar sin nombrar de forma directa al tema polémico, se le puede achacar no ‘mojarse’ pero el debate no pasará de ahí.

Y a vosotros, ¿qué os ha parecido?

 

Propósito para 2021: El crecimiento postraumático

Para la mayoría, cuesta extraer algo positivo de esta pandemia sanitaria, de un 2020 que finaliza plagado de situaciones inimaginables, de miedo, confinamiento, soledad, ansiedad, ‘nuevas anormalidades’, dolor, nostalgia, crisis, muerte. El coronavirus ha protagonizado un año para querer borrar de nuestra vida, ¿o no? En lugar de borrar, ¿se puede aprender del trauma?, ¿incluso crecer?

Fotografía Pixabay License

Fotografía Pixabay License

En psicología positiva hay un concepto, no exento de controversia, que define la irremediable transformación que todos padecemos tras un suceso crítico, se trata del ‘crecimiento postraumático‘ como resultado de una profunda reestructuración individual. Sé que resulta complicado imaginar cómo un trauma emocional puede aportarnos algo positivo, no obstante ocurre con bastante frecuencia.

Tras un ‘tsunami existencial’ nunca volvemos a ser los mismos, pero la psicología nos dice que la tendencia de cambio y resurgir suele ser positiva, a pesar del sufrimiento que dejamos atrás. La lucha implica una revolución en la visión del mundo de las personas y lo que suele provocar es:

  • Una nueva escala de prioridades. La vida se revaloriza y tras el confinamiento es un elemento que todos hemos podido apreciar de cerca: volver a encontrarnos con nuestros seres queridos, un abrazo, el sol en la cara, retomar nuestra actividad social… Nuestros deseos eran simples pero esenciales (antes, rutinas sin nada de especial).
  • Quizás nuestros vínculos sociales y afectivos se han reducido en cantidad, pero los que mantenemos ahora son más fuertes. Al hacer frente a la adversidad común nos unimos más a quienes queremos y aumentamos nuestra empatía, solidaridad y compasión.
  • Se refuerza nuestra autoconfianza. El trauma nos hace conscientes de que somos más fuertes de lo que pensábamos, nos acoraza para afrontar situaciones adversas futuras.
  • Redireccionar nuestra vida personal y profesional. Quizá durante este año te has dado cuenta que la persona con la que tenías una relación no ha estado a la altura, o que tu verdadera vocación es otra, o que tu negocio necesitaba un refuerzo más digital, o de lo importante que ha sido tu personal para salir de esta.

Ha cambiado nuestra forma de vivir y nos toca sanar y poner en marcha una reestructuración de perspectivas, acompañados por estrés y emociones negativas, desagradables en este proceso, pero necesarias para que el crecimiento se produzca.

No todos llegaremos a crecer del mismo modo, se ha demostrado que todo ello depende de nuestra personalidad (optimismo, positividad, resiliencia), quienes recurran a estilos reflexivos y de expresión emocional experimentan en mayor grado los resultados positivos.

Siempre estamos a tiempo para reevaluar todo lo que nos ha ocurrido. Lo sugiero como propósito para 2021, porque nos merecemos un año mejor y esto también pasa por cuidar el diálogo con nosotros mismos.

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La tercera ola de la pandemia: salud mental y riesgo educativo

La pandemia ha traído consigo muchas dificultades que no son percibidas a primera vista y que darán la cara en un breve lapso de tiempo. Las intervenciones psicológicas, logopédicas y educativas especializadas son cada vez más demandadas como consecuencia de las secuelas de esta crisis sanitaria.

Fotografía libre de derechos. Pixabay

Fotografía libre de derechos. Pixabay

Hoy cuento con la experiencia del equipo multidisciplinar del ‘Centro de Psicología Creativa Málaga‘, fundada por la psicóloga Juana María Robles Hurtado, en el que advierten de los resultados que se avecinan como causa de la tercera ola de esta pandemia.

Aunque la necesidad de atención psicológica ha sido siempre una realidad, cada vez es mayor el número de pacientes que la reciben para
poder afrontar la inestabilidad que ha generado esta pandemia. A diario, se aprecia una creciente problemática en el ámbito social, lo que induce al llamado “efecto dominó”, es decir, aquellas dificultades sociales que conllevan a otras que multiplican las consecuencias adversas en el tiempo.

Los trastornos de ansiedad y bajo estado anímico son los más frecuentes dentro de la población clínica tras ver peligrar la salud, economía y vida social. Si nos centramos en el desarrollo social, debido a la disminución de contactos sociales y, por ende, de oportunidades de aprendizaje, se originan mayores dificultades para adquirir las habilidades sociales necesarias tan ligadas al desarrollo afectivo.

Este hecho se agudiza más en aquellos/as niños/as y jóvenes con necesidades educativas especiales. A nivel conductual, nos encontramos que en niños más inquietos, como son los que presentan hiperactividad, se observa una mayor activación conductual originada por falta de actividad física, deportiva o al aire libre.

Todo ello provoca un notable retroceso en las intervenciones conductuales de los psicólogos y familiares en consulta. Si a lo comentado anteriormente, unimos un mayor consumo de recursos digitales, por las horas que pasan en casa, y la falta de tiempo de padres que intentan conciliar su vida familiar y laboral, todo ello resulta en niños y adolescentes con gran dependencia digital y apatía social.

Cuando nos referimos a alumnos con dificultades de comunicación e interacción social, como son los alumnos diagnosticados de trastorno del espectro autista, el distanciamiento social ha revertido su aprendizaje, ya que sus habilidades comunicativas y sociales se han visto muy limitadas, provocando un efecto “boomerang” en la mayoría, por lo que ahora presentan mayor miedo al contacto social y menor interés hacia las personas de su entono.

Cierto es, que la palabra “coronavirus” ha encontrado su lugar hasta en el léxico de los más pequeños, siendo protagonista en las consultas de logopedia, incluso sin ser articulada con precisión.

Como bien sabemos, el estado de alarma ha provocado que las terapias pasen a un segundo plano por un tiempo, y nos ha llevado a empoderar mucho más a las familias, puesto que ellos son el principal motor de la comunicación y del desarrollo del lenguaje en los niños. En muchos de los casos, llevar a cabo los objetivos planteados por los terapeutas, no ha sido precisamente “pan comido”. La pérdida de rutinas, la monotonía del entorno y el teletrabajo, no han sido variables que hayan incentivado la motivación.

En niños con trastornos fonético-fonológicos, el profesional requiere de una visibilidad de la boca, para poder enseñar el correcto posicionamiento de los órganos fonoarticulatorios y la colocación de la lengua, por lo que la barrera de la mascarilla impide avanzar al alumno en un correcto aprendizaje y buen patrón del habla.

Las emociones generadas por la situación pasada, sumadas a las preocupaciones  por la futura situación económica, supone en muchas de las familias un gran
conflicto en esta tercera ola de la pandemia. Algunos de ellos saben que no podrán contar con los recursos necesarios para acudir a especialistas, tal y como les gustaría o con la frecuencia con la que se les recomienda.

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El sorprendente lapsus de Pedro Sánchez

Hace poco detectamos el lapsus de María Jesús Montero al anunciar la bajada del IVA de las mascarillas, ahora es Pedro Sánchez quien ha cometido un tropiezo verbal bastante impactante, que no pasó desapercibido en redes sociales y que trascendió por lo llamativo del desliz.

Pedro Sánchez. / EFE

Pedro Sánchez. / EFE

Y es que justo en el momento que intentaba eludir una pregunta sobre el pacto de su Gobierno con EH Bildu, sustituye el “Congreso de los diputados” por el “Congresos de los dictadores”.

Los lapsus linguae suelen producirse como un error inconsciente al hablar en el que aflora el pensamiento real de la persona. A veces no tienen mayor relevancia, pero en algunas ocasiones, las palabras resultantes son susceptibles de tener en cuenta por la relevancia y oportunidad de su significado.

En el libro Psicopatología de la vida cotidiana, se explican estas equivocaciones como la revelación involuntaria de una palabra inhibida -por lo general, de alto contenido erótico o de gran impacto emocional- que desfigura el lenguaje políticamente correcto que la persona quiere utilizar.

Ahí lo dejamos 🙂

El lapsus de MJ Montero al anunciar la bajada del IVA de las mascarillas

Tengo que reconocer que los lapsus linguae son una de mis partes favoritas al analizar comunicación. Es cierto que en la mayoría de ocasiones no tienen mayor importancia, se trata de una simple equivocación en el habla por falta de atención, discurso atropellado, nervios…

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero. / EFE

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero. / EFE

Pero hay momentos en los que sí que resulta interesante analizarlos por su relevancia y nos remontan a su origen, a las teorías psicoanalíticas de Freud, quien aseguraba que son aportaciones del inconsciente y que cuando cometemos este tipo de errores es porque nos topamos de repente con esa parte oculta de nuestros deseos y tendencias, en definitiva, con la realidad de lo que sentimos internamente.

A veces, los lapsus linguae desfiguran el lenguaje políticamente correcto que la persona quiere utilizar. Las palabras se escogen intencionadamente con mucha cautela, sobre todo en política, para mantener siempre una imagen aparentemente perfecta y no incurrir en debilidades.

Se sabía la controversia que había generado que toda Europa rebajara el IVA de las mascarillas menos el Gobierno de España, que seguía defendiendo que no era posible por normativa europea, ahora rectifican pero sin querer reconocer su previa equivocación, tardanza o negativa con esta medida.

De esta forma, la Ministra María Jesús Montero se prepara a conciencia su comparecencia para decir: “Puedo anunciarles que vamos a dar un paso atrás, un paso más, y vamos a bajar el IVA de las mascarillas”. Ojo a la diferencia, no es lo mismo asegurar que dan un paso atrás, esto significaría, que reculan, se corrigen y rectifican una mala decisión, a decir que darán un paso más, o sea, que avanzan, existe una evolución y progresan hacia una medida nueva y positiva.

El desliz lo capturó hábilmente mi colega José Luis Martín Ovejero y así se recoge en la edición en vídeo de este breve instante:

 

 

 

Kamala Harris: no es lo que dice, sino cómo lo dice

Kamala Harris, en principio, la nueva Vicepresidenta de los EE.UU ofrece el toque emocional a la victoria del partido Demócrata, su sonrisa es sincera, expresión profunda de alegría y euforia, el brillo en su mirada es notable y las palabras escogidas hacen constante referencia a un discurso profundo y sentimental.

Foto: Reuters

Foto: Reuters

Habla de tiempos difíciles por la pandemia: dolor, preocupación, dificultades; pero también de esperanza, valentía y generosidad.

Ella sabe perfectamente manejar los tiempos en el habla, los silencios. Enfatiza con su voz, cuerpo y rostro las palabras impactantes a las que quiere dar protagonismo, acompaña este hecho con miradas directas a cámara y a los asistentes, todo ello conducido con firmes gestos definidos con sus manos.

La comunicación no verbal de Kamala Harris es potente y muy carismática.

Muy inteligente la estrategia del uso del sufrimiento personal de Biden (aludiendo de forma velada a la superación de la muerte de sus familiares en trágicas circunstancias) para ejemplificar su capacidad para sanar las heridas de la nación y superar conflictos complicados como en el que nos encontramos.

Pone acento en el amor de Biden como padre y esposo y recuerda también a su propia familia, y a su dura historia de superación, remarcando el papel de la mujer migrante, de nuevo desprendiendo un mensaje de emoción y optimismo.

Da paso a un Joe Biden más racional y comedido, con un estilo de comunicación muy diferente al de Harris.

Es mucho más inexpresivo tanto en el rostro como en el movimiento corporal y las palabras escogidas, teñidas por un tono monótono, tienen una intención más lógica y política, en el que resalta la humildad y la proyección de equidad, inclusión y unión como núcleo de su comparecencia (consciente de la polarización de la ciudadanía).

Sí, también habla de su familia y de sus sensaciones internas pero no logra conectar con el espectador. Kamala atraviesa la pantalla, empatizas con ella, te contagia de su entusiasmo, algo que no consigue Biden a pesar de las sonrisas que intente ejecutar o de los términos emocionales impostados en su oratoria.

Creo que la personalidad y comunicación de Kamala Harris eclipsarán desde su segundo puesto al Presidente Joe Biden.

Cómo afecta el uso de la mascarilla al desarrollo emocional de los niños

Hay niños que han nacido ya entre rostros con mascarilla, los efectos a largo plazo de todo esto se evaluarán en el futuro pero podemos realizar ciertas predicciones en base a lo que ya conocemos sobre el funcionamiento de la expresión emocional en el rostro.

Fotografía libre de derechos. Pixabay

Fotografía libre de derechos. Pixabay

En el laberinto de conexiones que suceden dentro de nuestro cerebro, existen unas neuronas conocidas como “células de la empatía”. Se trata de las neuronas espejo, a éstas les debemos llorar o sentir miedo cuando vemos una película, bostezar si vemos a otra persona hacerlo o contagiarnos de la risa de los demás.

Las neuronas espejo son las responsables de la empatía y de la regulación emocional en la relación con los demás; son especialmente importantes cuando somos pequeños, porque es entonces cuando desarrollamos (a partir de los 6 meses o al año de edad) la referencia social, es decir, nuestra capacidad de utilizar y reconocer expresiones emocionales, e intenciones en los demás. La raíz de la empatía.

La mascarilla provoca un bloqueo emocional y en las aulas puede generar una desconexión significativa en la relación entre profesor y alumno, una cuestión que puede interferir de forma negativa en la atención, la memoria o el aprendizaje, áreas donde la comunicación con emoción es imprescindible para integrar cualquier conocimiento en el alumno.

Los profesores intentan suplir esta carencia con una tonalidad de voz más pausada y emocional aunque también más alta y ya se refieren los primeros problemas de afonía en el profesorado. Se necesita un periodo de adaptación para que tanto alumnos como profesores se acostumbren al uso de la mascarilla.

De base, el que un maestro lleve mascarilla tendrá ciertos efectos en el aprendizaje del alumno, el impacto es seguro, pero afectará en mayor o menor medida dependiendo de la edad del niño y necesidades y estilos de aprendizaje.

En los niños más pequeños que aún requieren de un modelado vocal (para aprender a pronunciar los sonidos del lenguaje) o que necesitan más tiempo de expresión facial para entender conceptos, o que tienen necesidades especiales, como en el autismo, las complicaciones aumentan.

¿Qué podemos hacer para reducir el impacto de la mascarilla?

En cuanto a los profesores, pueden apoyarse en más recursos complementarios, como dibujos, esquemas, pizarras digitales, y fomentar aún más el movimiento gestual en el cuerpo para expresar los contenidos.

También fomentar un lenguaje verbal más emocional, ya que no podemos expresar tanto con el rostro, podemos transmitir en nuestro mensaje las emociones que sentimos al ver el resultado de cierta tarea o actividad para no perder el vínculo afectivo, preguntarles a los niños cómo están, cómo se sienten, que entiendan que estáis ahí, como siempre, a pesar de que la mascarilla nos haga parecer más distantes.

En casa, los padres pueden trabajar una educación multisensorial, por ejemplo, con juegos dirigidos mediante el sentido del tacto o con actividades de comunicación a través de los ojos, jugando a adivinar expresiones emocionales parciales y completas.

No os alarméis, los niños se adaptan de forma rápida a los cambios por su gran plasticidad cerebral, quizás pierdan capacidades completas e inmediatas para detectar y reconocer emociones pero se entrenen en una mirada más empática y en ser capaces de conectar con el otro con gestos mínimos, que se vuelvan más perceptivos y perspicaces para captar los sentimientos en los demás.

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*Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-52856765

 

Síndrome de boreout: otra posible consecuencia de la pandemia

Has leído bien ‘boreout‘. Todos conocíamos ya el famoso síndrome de ‘burnout’ (estar quemados en el trabajo) pero este nuevo concepto es precisamente todo lo contrario, no por ello menos frecuente y más ahora, con el teletrabajo y en tiempos de pandemia.

Fotografía CC0 Dominio publico. Pxhere

Fotografía CC0 Dominio publico. Pxhere

El síndrome de boreout se describe como una situación de permanente aburrimiento y desmotivación en el trabajo que también es capaz de desencadenar problemas de salud mental, como la ansiedad, el estrés o sintomatología depresiva.

Podemos pensar que el estrés y la ansiedad solo surgen cuando las demandas y estímulos externos son constantes y urgentes y debemos responder rápidamente a numerosas peticiones, sin embargo, la ansiedad y el estrés emergen tanto por exceso como también por defecto de actividad, la falta de demanda del exterior, la monotonía y una inacción permanente en tu puesto de trabajo también puede asumirse como un suplicio y provocar efectos similares al burnout.

En el boreout te inunda una constante sensación de infravolaración y falta de realización que puede empujarte también a abandonar tu puesto. Según un estudio de la Universidad de Lancashire (Inglaterra), las personas aburridas tienen un desempeño laboral precario y comenten muchos más errores en sus tareas diarias.

Es importante aclarar que el aburrimiento y la desidia pasajera o puntual en el trabajo es normal, incluso sano, ya que significa que simplemente puedes tener un mal día o que tienes ganas de disfrutar de tu familia o tu vida personal fuera de la jornada. De lo que hablamos es de un estado cronificado de un sentimiento de inutilidad, ansiedad, tristeza, desgana, etc que te afecta y te limita ya en todos los ámbitos de tu vida.

Te influye en tu rutina diaria, lo pagas con tu pareja y familiares, ya no tienes ganas de hacer nada tampoco fuera del trabajo, no comes ni duermes bien y adoptas una actitud pasiva en tu vida general.

En muchas ocasiones, la parte más positiva de esta monotonía laboral era la de salir de casa, arreglarte para la oficina, socializar con tus compañeros, el descanso para el café, algunas agradables charlas, reuniones y comidas. El virus también nos ha arrebatado nuestra vida social en el trabajo, aquella que nos hacía más llevadera la labor y que amenizaba nuestras jornada.

Solo cabe tener en mente que esta situación es temporal y recuperaremos nuestra bendita monotonía habitual 🙂

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