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El increíble cambio de imagen de Rodrigo Lanza tiene explicación

Comienza el juicio en el que Rodrigo Lanza se enfrenta a 25 años de prisión por el crimen de Víctor Laínez. El acusado recriminó a la víctima llevar puestos unos tirantes con los colores de la bandera española, después emprendió una brutal agresión contra él que acabó con la vida de Laínez tras tres días en coma.

Tal y como se aprecia en la fotografía, Lanza se presenta a la primera sesión del juicio con una apariencia muy diferente a la que lucía con anterioridad: cresta en el pelo, rastas, dilataciones en las orejas, diversos piercings, pañuelo palestino, ropa con mensajes reivindicativos y grupos de death metal… Todo ello caracterizaba su aspecto físico. Y en el juicio todo ello desapareció, casi ni se le reconoce.

Forma parte de la asesoría jurídica: dulcificar la apariencia, exhibir formalidad, responsabilidad, pulcritud, etc, es indispensable para proyectar inocencia. En el caso de Rodrigo Lanza, el asunto del aspecto físico tiene aún más relevancia. La pena solicitada se asocia a la consideración de que mató a Víctor Laínez por motivos ideológicos. Por tanto, cualquier elemento que distancie a Lanza del movimiento antisistema de extrema izquierda con el que se le vincula será muy necesario para tratar de reducir la condena.

Pero, ¿de verdad nuestra apariencia puede influir en juicios de valor?, ¿y nuestra fisionomía?, ¿acaso podemos persuadir manipulando nuestro aspecto físico? Aquí os dejo las respuestas, fantástico artículo de mi compañero Jorge García en el que colaboro aportando la perspectiva psicológica que interviene en estos contextos judiciales: Cambios de imagen para ir a juicio: ¿Hasta que punto influye nuestra apariencia en el veredicto?

¿Qué os ha parecido? Los límites de la comunicación no verbal son insospechados… 🙂

 

Por qué Ana Julia Quezada no muestra arrepentimiento #ComunicacionNoVerbal

En el día de ayer, analizamos la reaparición de Ana Julia Quezada en su primer día de juicio con una apariencia muy diferente a la que recordábamos durante la búsqueda del pequeño Gabriel. Hoy ha comenzado a declarar y podemos analizar sus primeras palabras y confesiones.

Ana Julia, en el juicio de hoy (Carlos Barba / EFE)

Ana Julia, en el juicio de hoy (Carlos Barba / EFE)

De nuevo, ha hablado entre sollozos y ha manifestado que sólo va a responder a las preguntas de su abogado. Como dijimos ayer, el llanto por sí mismo no es directamente indicativo de arrepentimiento o culpa, la tristeza puede ser real pero lo que activa esa emoción puede ser puramente egoísta, la pena por uno mismo, por el miedo a la condena, por la ‘situación’ a la que se ha llegado, por sentirse realmente una víctima, hecho que se ve reforzado además por lo siguiente:

Entrando en el análisis de contenido, lo que me parece más revelador es la técnica que utiliza para intentar ‘justificar’ un asesinato, para intentar darle sentido a lo que hizo, para que la gente pueda entender e incluso empatizar con ella. Y es que pretende degradar y trasladar la maldad a la víctima, manifiesta: “Alguna vez (el niño) me dijo: ‘qué nariz más fea tienes, parece que te han dado una hostia’”; o que Gabriel fue quien cogió el hacha y le gritó: “Negra tú a mí no me mandas”.

Da a entender, de este modo, que ella sufrió sus ataques verbales y que como respuesta lo asesinó, que ella ‘también sufrió y padeció’, que no lo hizo sin motivo. Cuando recuerda al niño no hay ni una sola lágrima ni una emoción de tristeza, la actitud totalmente contraria la observamos cuando sí que rememora a su hija fallecida, en este caso, sí se aprecia sufrimiento (independientemente de lo que finalmente ocurriera), con Gabriel no, nada, lo hace impasible y con absoluta frialdad emocional.

Por último, llama la atención su respuesta a la pregunta realizada por la Fiscal: ¿Por qué no llamó a la familia o al 112? “Porque no pude, ni a mi hermana se lo pude decir. Yo sólo pensé que le he quitado la vida al hijo de mi pareja, ¿cómo se lo digo yo a Ángel?”.  Esta contestación da mucho de sí. En primer lugar, se trata de una respuesta evasiva que realmente no argumenta un motivo posible sino que transmite que se actúa de forma irremediable, esconde un ‘yo quería pero no podía’, no, la voluntad no funciona así, no estaba incapacitada para hacerlo, no llamó de forma consciente porque no quiso.

“Le he quitado la vida” es la frase más tibia y, en cierto modo, poética con la que se puede expresar el acto de ‘matar’, ‘asesinar’, ‘golpear’, ‘asfixiar’ y un sin fin de sinónimos que serían más fieles a la realidad. De esta manera, no solo suaviza su apariencia sino también sus actos criminales para evitar proyectar violencia y no generar rechazo.

“¿Cómo se lo digo yo a Ángel?”. Nuevamente, ¿dónde sitúa el foco y el protagonismo? En ella misma. Se preocupa más por cómo va a ser capaz de relatar y afrontar lo que hizo que por el daño y el sufrimiento causado tanto al niño como a la familia.

 

Analizamos la comunicación no verbal de una ‘renovada’ Ana Julia Quezada

Muchas eran las alarmas conductuales que manifestaba Ana Julia Quezada durante la desaparición del pequeño Gabriel Cruz, el hijo de su pareja. En el proceso de la todavía búsqueda del desaparecido, Ana Julia se expuso ante los medios y analizamos en este blog aquel lenguaje ocultosus gestos gritaban agresividad, recelo, dominancia y tristeza fingida.

Ahora reaparece, acusada de asesinato, para declarar ante el jurado que dictará su veredicto. Vemos claramente como ha cambiado completamente su imagen. La apariencia también es un canal del comportamiento no verbal que aporta bastante información, sobre todo cuando se producen cambios drásticos, como es el caso. Los estudios han comprobado que la apariencia es una de las variables que más influye en la persuasión.

Por más que intentemos sustraernos de los estereotipos, nuestra imagen exterior sigue siendo la principal fuente de información a la hora de formarnos una primera impresión de alguien. Y Ana Julia ha intentado ‘suavizar’ la suya, ha prescindido de las lentes que antes utilizaba, ahora su rostro es más limpio y descubierto, su mirada es más clara. Ha alisado su cabello para dulcificar su imagen, ya que el pelo rizado y alborotado podría trasmitir más carácter, desenfado, rebeldía. Su atuendo en cuanto a ropa es bastante formal.

En el vídeo que recoge la parte inicial del juicio, se la aprecia llorando, me preguntan, ¿está triste? ¿llora de verdad? ¿está arrepentida? Claramente llora, la clave de la cuestión es ‘por qué’, quiero decir ¿cuál es el estímulo que activa su ‘pena’? El foco no tiene porque ser la víctima, ni su arrepentimiento; puede llorar por ella misma, porque le de pena verse en esa situación, porque tiene miedo de su condena… Es algo que piensa y no por ejemplo a causa de una pregunta concreta que le hagan, por tanto, no podemos saberlo. Tendremos que esperar a analizar sus reacciones a cada pregunta.

Lo que sí que no veo, en este primer momento, es culpa o vergüenza, su mirada sigue siendo fría, directa, no se manifiesta cabizbaja, más bien mira a su alrededor con atención, localiza los puntos de cámara, no es un patrón de conducta propio de alguien ultrajado, compungido, que siente bochorno, ni sentimientos de culpabilidad. Tampoco vemos ira, emoción propia del sentimiento de injusticia, de ser acusada de un acto no cometido.

Vimos anteriormente un ejemplo muy similar y todavía más claro en el análisis de una reciente entrevista al ‘asesino de la catana’ que os dejo por aquí.

 

El bloqueo en la víctima de La Manada tiene explicación

El juez que votó la absolución total de ‘La Manada’ aludió al lenguaje corporal de la víctima para justificar su resolución.

No sintió disgusto, rechazo, asco, sufrimiento, dolor o descontento“. “No aprecio en los vídeos cosa distinta a una cruda y desinhibida relación sexual en un entorno sórdido”. “No puedo interpretar en sus gestos, ni en sus palabras intención de burla, desprecio, humillación, mofa o jactancia de ninguna clase. Sí de una desinhibición total y explícitos actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo en todos ellos, y, ciertamente, menor actividad y expresividad en la denunciante. Y tampoco llego a adivinar en ninguna de las imágenes el deleite que describe la sentencia mayoritaria salvo que con el término se esté describiendo la pura y cruda excitación sexual”. “La expresión de su rostro es en todo momento relajada y distendida y, precisamente por eso, incompatible a mi juicio con cualquier sentimiento de miedo, temor, rechazo o negativa“, añade.

Es interesante en este caso explicar la respuesta del miedo en términos de exprexión emocional y los mecanismos de bloqueo que a veces pueden surgir en situaciones de impacto emocional intenso. Efectivamente trabajamos con emociones esperadas-emociones presentadas. Pero el miedo es una emoción reactiva muy peculiar ya que tiene 3 respuestas posibles: lucha, huída o bloqueo (inmovilidad absoluta). Es un mecanismo de defensa que ocurre también en el mundo animal, cuya función es la autoprotección ante una amenaza o peligro inminente para nuestra supervivencia.

Nuestro cerebro es capaz de paralizarnos a nivel mental y muscular, hay regiones que actúan como un importante punto de convergencia para las diferentes redes de supervivencia con el fin de reaccionar ante una situación emocionalmente difícil, capaz de ralentizar la actividad cardíaca (bradicardia) y paralizar los movimientos, incluyendo la activación expresiva de los músculos de nuestro rostro.

El miedo funciona de forma autónoma, no podemos racionalizar cuál será nuestra respuesta hacia una amenaza, nuestro sistema nervioso autónomo (apenas genera reacciones conscientes) es el que evalúa por nosotros, en décimas de segundo, si tenemos posibilidades de sobrevivir luchando, si tenemos alguna vía de escape, o si la respuesta defensiva de inmovilidad y pasividad es la más adecuada en ese momento.

Por tanto, no podemos juzgar la parálisis como una respuesta incongruente asociada al terror que sufre una víctima de cualquier tipo de agresión sexual.

 

La comunicación no verbal ha sido determinante en la resolución de un caso de abuso

Quería compartir con vosotros una noticia relacionada con la comunicación no verbal y su cada vez mayor inmersión en la resolución de casos judiciales. Desde hace años hay un protocolo de análisis de contenido del testimonio del menor, víctima de abuso sexual, que se utiliza por peritos especialidades y se admite como prueba definitoria en juicios de esta índole. En esta prueba hay criterios que se refieren al cómo se cuenta la historia y si hay o no adecuación del afecto. Es decir, si la expresión emocional y gestual del menor es congruente con un episodio vívido de abusos.

Ahora se ha avanzado un paso más, en este sentido, y un Juez de Barcelona ha suspendido las visitas de un padre acusado de abusos sexuales a su hija a partir de un informe sobre las microexpresiones faciales y el lenguaje corporal la niña, de seis años, según ha podido constatar la Agencia EFE tras tener acceso al auto del caso:

En concreto, este informe detalla las “expresiones espontáneas de felicidad” de la niña al ver fotos de su madre y como la menor muestra una mayoría de expresiones de ira, tristeza y vergüenza al narrar los periodos de abusos sexuales presuntamente cometidos por el padre. Asimismo, acredita la credibilidad del relato de la menor respecto a las vejaciones cometidas por su padre.

Se trata de un informe pericial que realiza un estudio exhaustivo de las microexpresiones faciales y comunicación gestual de las víctimas, que concluyó, en el presente caso, que la menor fue sincera cuando narró los abusos sexuales supuestamente cometidos por el padre y cuando dijo que no quiere volver a verlo.

Según remarca el juez, el relato de la menor es “escaso en su lenguaje verbal” y “muy rico” en el lenguaje no verbal, como expresividad corporal, acciones y gestos, de los que se podría concluir que ha estado involucrada en situaciones de contenido sexual no acorde a su edad.

Para el juez, las “verbalizaciones y gestos” de la menor son “relevantes e indicativas” de “conductas sexuales inadecuadas compatibles con abusos sexuales”, por lo que da credibilidad al relato de “tocamientos y prácticas de perversión sexual” narradas por la niña.

 

El lenguaje no verbal delata a Mariano Rajoy

Mariano Rajoy durante su comparecencia (EFE).

Mariano Rajoy durante su comparecencia (EFE).

Mariano Rajoy comparece como testigo por el caso Gürtel, preparado, preparadísimo. Tanto es así, que su mensaje verbal ha sido tajante, más consistente y fluido de lo habitual, proyectando una imagen de seguridad, convicción y credibilidad en lo que argumentaba. Pero, como se suele decir, ‘la procesión va por dentro’ y esta zozobra interior se filtra irremediablemente a través de la comunicación no verbal.

La palabra es un canal muy controlable, salvo algún lapsus linguae que, en esta ocasión, no se ha producido (y ya me ha sorprendido). Si analizamos el contenido es cierto que ha abusado en exceso del “jamás” (acompañado de un rostro de amenaza e ira intensa) y del “absolutamente”. Son palabras que, aunque pueda parecer lo contrario, no van asociadas a la credibilidad porque realmente solo sirven para ‘adornar’ una negación y demuestran preocupación por parecer convincentes.

El movimiento gestual de las manos también es controlable, de hecho, Rajoy ha ilustrado constantemente su mensaje con el vaivén de sus manos y brazos, una conducta que no forma parte de la línea base de su expresión, por lo que podemos pensar que ha sido realizado a conciencia o preparado. A priori, con buen resultado ya que esto provoca igualmente que parezca cómodo, tranquilo, sereno y sincero ante las preguntas comprometidas.

Hasta aquí toda su intervención podría haber sido perfecta, pero hay gestos que delataron su verdadero estado emocional, que era totalmente contrario a la serenidad que intentaba transmitir. En primer lugar, todos conocemos los tics de Rajoy, que, ojo, no significa que mienta cuando los hace pero sí que aumentan cuando se desestabiliza y se pone nervioso. Tal y como apunta mi colega de profesión José Luis Martín Ovejero, son especialmente signigicativos en dos momentos clave: cuando le preguntan por la contabilidad B del partido y por las obras de Génova. Interesante…

Otro gesto destacable es el que realiza cuando habla sobre su relación con Correa, eleva los hombros, un pequeño desliz gestual que significa duda, falta de convicción sobre lo que se está diciendo en ese momento. Todo esto se acompaña de numerosas muestras de tensión, como los gestos automanipuladores, es decir, rotar su alianza, tamborilear los dedos, o entrelazar fuertemente sus manos.

Si bien, el gesto más trascendente que nos delata su estado real ha sido el de los ‘botes’ que ha realizado en el asiento en varias ocasiones, sacudía sus piernas de forma tan frenética que podía apreciarse perfectamente como su cuerpo temblaba fuertemente. Esta es la parte que Mariano Rajoy no ha podido controlar, sus pies y sus piernas han filtrado todo el estrés del momento. Y tiene sentido.

Normalmente, le damos menos importancia a los movimientos de la parte inferior del cuerpo que a los de la parte superior. Cuando intentamos reprimir u ocultar una emoción estaremos más pendientes de nuestro rostro, de controlar qué cara poner para acompañar lo que decimos, o de qué expresiones evitar para no parecer incongruentes, pero vamos descuidando los movimientos que están más alejados de nuestra cabeza.

Su actitud era hostil. Ante el miedo o la ansiedad que le ha generado la situación, su mecanismo de defensa ha optado por el ataque, estaba a la defensiva, agresivo y descortés pero sus piernas han asumido toda la responsabilidad para descargar esa tensión y se han activado para huir

 

Y otros ‘lapsus’ y momentazos no verbales de Mariano Rajoy:

La estrategia verbal de Javier Arenas en el juicio por la trama Gürtel

Arenas, Rato, Acebes y Mayor Oreja: “No lo sé, no me consta, lo desconozco“. En esto del análisis de contenido del discurso no hay mayor verdad que el popular refrán ‘por la boca muere el pez‘. Ellos lo saben y por esta razón evitan manifestar a toda costa cualquier experiencia vivida que pueda ‘filtrar’ la realidad de la historia.

No sólo el lenguaje corporal expresa nuestras intenciones, el mensaje verbal también tiene un lado oscuro; el modo en que utilicemos las palabras también pueden ser indicadores de mentira o de que no estamos, al menos, diciendo toda la verdad. Este es el vídeo editado que ha analizado mi compañero Francisco Campos Maya, registrando en cada frase la estrategia verbal empleada por el Señor Arenas.

Además de las contradicciones, evasivas, memoria selectiva, exageraciones, generalizadores, palabras absolutas, etc, que se aprecian en el video, podemos ver como su expresión facial y postura son relajadas y tranquilas, incluso convincentes. El canal corporal que filtra su tensión y nerviosismo son sus manos, se sujeta una a otra, en un gesto automanipulador, que da cuenta de represión y control emocional que está ejecutando de forma racional para cohibir y ocultar sus emociones reales.

El pederasta de Ciudad Lineal ¿triste?

Antonio Ortiz, presunto pederasta de Ciudad Lineal (EUROPA PRESS)

Os adelanto que la respuesta es NO, (hay casos que se merecen las mayúsculas y dar una respuesta sin rodeos). Anteriormente analizamos el insólito lenguaje corporal del presunto pederasta de Ciudad Lineal, pero hace escasos días pudimos escuchar por primera vez la voz de Antonio Ortiz en el juicio y podemos fijar la atención en dos partes destacables: el análisis de su discurso y su expresión facial. (Pincha aquí para ver las imágenes de su declaración)

Respecto a la primera, podemos apuntar a que su actitud al inicio del discurso es socarrona, cuando declara por ejemplo  “Quiero decir que decidí no declarar porque la verdad, sinceramente, no iban a creer lo que iba a decir. Resultaba un poco absurdo hacer una declaración”. Solo esa frase ya podría encuadrarse en más de tres indicadores estratégicos de mentira, con un intento de refuerzo de la credibilidad bastante burdo.

A través de sus palabras y conducta podemos inferir que su intención es burlarse o ridiculizar alguna de las acusaciones más nimias (la fuga, la rueda de reconocimiento), por supuesto, en comparación con los hechos principales y atroces por los que se le juzgan, poniendo en duda todo el trabajo policial realizado al respecto pero sin dar una alternativa a lo sucedido.

Es decir, durante todo su testimonio intenta desviar la atención de lo importante y se dedica a dar justificaciones de los detalles más periféricos de la historia, pero en ningún momento intenta explicar la gravedad de los hechos centrales. En la parte final se declara inocente, y sí que hace mención a las violaciones sufridas por las menores, curiosamente como “esto” y por “eso”: “No tengo absolutamente nada que ver con esto. Soy inocente, señoría”. “Eso no tiene nombre”. Bueno, podríamos descifrar la dureza que hay detrás del ‘esto’ y el ‘eso’, pero para ello solo hay que leer el testimonio de las menores.

Asimismo, dice sentirlo mucho por sus familias, pero aquí entra en juego la expresión facial que acompaña a esta declaración de sentimientos y lamentos por lo sucedido. Parece que se le quiebra la voz, algo que podemos falsear, y controla la boca, arrugando los labios hacia dentro, aunque es apreciable su tensión. La parte más inconsciente de la tristeza son las cejas y aquí nos encontramos una clara incoherencia entre lo que dice y lo que expresa con su rostro.

Como vemos en el fotograma comparativo, esta tristeza sí corresponde con una emoción real, muy difícil de simular, ya que la acción muscular del rostro que se activa con esta expresión emocional no es un movimiento controlable por nosotros mismos y por tanto cuando se produce, le debemos dar total credibilidad. El movimiento se describe como: descenso leve de las comisuras labiales (sin tensión en la barbilla, si no, sí que sería un gesto adrede) y una elevación de la zona interna de las cejas, (éstas forman un triángulo), podéis intentarlo vosotros mismos frente al espejo para comprobar la complejidad de reproducirla exactamente así.

Vemos cómo este caso no se produce nada de lo descrito, y por tanto, nos encontramos ante una simulación de la tristeza y no ante una aflicción real.

¿Por qué el pederasta de Ciudad Lineal se rió y mostró un insólito lenguaje corporal durante su (no) declaración en el juicio?

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Foto EFE

Antonio Ortiz entra en la sala esposado y con ropa deportiva, ni siquiera se ha molestado (de poco le iba a servir) en intentar aparentar buena presencia o formalismo ante la jueza. No ha mostrado ni un solo gesto de nerviosismo, su expresión facial era impasible, en cambio, sí que ha hecho algunos movimientos en la espera, levanta un hombro, se rasca la nuca y realiza estiramientos con su otro hombro. Son los gestos tipo de preparación ante un combate físico, de la lucha cuerpo a cuerpo.

Gran parte de su explicación conductual se relaciona directamente con el comportamiento psicopático. El contacto visual suele ser constante y muy directo con el tribunal, es casi desconcertante (para esta situación) el alto mantenimiento de una mirada firme, fría e impasible, nada esquiva, y atenta a todo lo que ocurre y a todas las personas que se encontraban en la sala, una clara muestra de la ausencia de las emociones de culpa o vergüenza. No tiene empatía, su amígdala es distinta, la función de este área involucra emociones negativas como el miedo, la tristeza y la culpa.

No hay afectación o impacto emocional alguno, tanto en su rostro como en su cuerpo, cuando la jueza le manifiesta si tiene conocimiento sobre los hechos de los que se le acusan, o la condena a la que se va a enfrentar, o refiere el informe de la psicóloga que atendió a las víctimas, nada, no hay alteración alguna en su estado emocional. La excitación de su sistema nervioso autónomo es prácticamente nulo, esto quiere decir que su fisiología es también diferente a la del resto de las personas. Su ritmo cardiaco en reposo es más bajo, al igual que la conductancia de la piel y las alteraciones de cada latido de su corazón también difieren de los demás. Por lo que logran mantenerse calmados, cuando los demás reaccionarían.

Captura del vídeo adjunto

Captura del vídeo adjunto

Entonces Ortiz se acoge a su derecho de no declarar, y a continuación esboza una sonrisa, asiente levemente y se levanta de la silla realizando un gesto emblemático, levantando los dedos índice de ambas manos (sustituyendo al “disculpa pero me voy”). Pero no será la última expresión de afecto positivo, vuelve a reírse cuando la jueza niega la lectura de las preguntas por parte de la acusación. ¿Qué significan estas sonrisas?

Bueno, no son unilaterales, hay acción muscular en ambas partes de la cara, es decir, la sonrisa es completa y no de medio lado, por lo tanto no es desprecio, es una sonrisa de regocijo, muy común en personas con rasgos psicopáticos, que sienten continuamente el placer de ‘ganar’. Su narcisismo les hace pensar que son los mejores y cómo queda su imagen es una de sus mayores preocupaciones, de ahí su expresión facial sonriente, en esos dos momentos, él se ha sentido triunfador.

 

Miradas, silencios y lágrimas: Análisis no verbal del juicio por el asesinato de Isabel Carrasco

Las acusadas por el crimen de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, Monserrat González (2d), Triana Martínez (i), y la policia local Raquel Gago (d), durante la decimocuarta jornada del juicio en la Audiencia Provincial de León. (EFE / J.Casares)

Las acusadas por el crimen de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, Monserrat González, Triana Martínez, y la policia local Raquel Gago. (EFE / J.Casares)

En el día de hoy cuento con la colaboración de mi colega de profesión y amigo, José Luis Martín Ovejero, experto en comunicación no verbal: martinovejero.com. Pero que además, cuenta con un plus muy valioso para el análisis de conducta en los juicios, y es que ha ejercido la abogacía durante más de 25 años, por tanto, conoce a la perfección el contexto y los entresijos propios de este ‘mundillo’: cuáles son las pautas típicas o comunes de comportamiento, qué emociones se esperan en determinadas situaciones, qué reacciones son más o menos incongruentes, etc. A continuación nos deleita con el análisis de la comunicación no verbal de las tres personas hoy ya condenadas en el caso por el asesinato de Isabel Carrasco, espero que lo disfrutéis:

La Comunicación No Verbal descubre lo que más celosamente guardamos: el mundo de nuestras emociones. Un momento de especial implicación emocional, de esos que quitan el sueño antes, y a veces no dejan dormir después, son las comparecencias en juicio. Y si esto sucede hasta con un litigio sencillo, ¿qué no se vivirá en el interior de cada persona en el juicio por un crimen, donde pueden estar en juego unos 20 años de su vida?

Como muestra de ello, acudo al juicio, que acaba de concluir, por el crimen de Isabel Carrasco en la ciudad de León. Tres mujeres: Montserrat González (autora confesa de los disparos), Triana Martínez (su hija) y Raquel Gago (policía municipal) han sido condenadas. Pero ¿qué pudimos observar durante el juicio, más allá de las palabras de las tres protagonistas? Vamos a resaltar 5 momentos:

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