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Lo que no vimos en el ‘perdón’ de Otegi

Las encuestas de opinión tras las declaraciones de ayer de Arnaldo Otegi le siguen sin dejar en buen lugar. La mayoría de personas dicen no dotar de credibilidad ni coherencia a su exposición, y es que todos podemos percibir que algo no cuadra. Analicemos algunos detalles que podrían explicar esta sensación.

EFE

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Coincidiendo con el décimo aniversario del cese de la actividad de ETA, el líder de EH Bildu pronunció unas palabras que pretendían ser una nueva declaración de intenciones en pos de la paz, la vía democrática y el esperado perdón a todas las víctimas de ETA.

En general, las palabras no estuvieron mal escogidas, al contrario que destacaba en el análisis del perdón de la carta de ‘El Prenda’ (miembro de la condenada Manada), en esta ocasión, sí se habla de sentimientos y emociones, se pronuncian referencias al sufrimiento, al dolor, pero precisamente el concepto más importante es inexistente, falta un simple pero urgente: ‘pido o pedimos perdón a cada una de las víctimas’.

Pero hacerlo así, directamente y a las claras, significaría un reconocimiento de la culpa, del delito, de la responsabilidad de muerte, que parece que aún no está preparado para asumir. Un fallo garrafal en la credibilidad total del discurso y una evasiva innecesaria si el sentimiento de arrepentimiento es sincero.

Otra característica que resta realidad emocional y del afecto es la lectura del discurso, no podemos pretender que cualquier disculpa resulte sentida si leemos el mensaje que queremos transmitir, al menos en las partes más emotivas, el perdón debe salir de uno mismo, mirar al de enfrente y ‘dar la cara’ sin escondernos detrás de un guion preparado con antelación. 

Otegi pone énfasis en algunos momentos importantes de su comunicado, como al dar acento al «absolutamente todas las víctimas» (hasta ahora solo reconocían el daño a las víctimas colaterales) y al afirmar que «nunca debió haberse producido», pero todo ello pierde fuerza por la vuelta a la lectura.

Por último, y lo más importante, es que no se detectan gestos corporales o emociones en el rostro que acompañen coherentemente sus palabras. Si vemos el vídeo de su comparecencia sin sonido, podemos comprobar como podría estar hablando de cualquier cosa, no hay tristeza, ni compasión, ni culpa, ni siquiera ira…

Hay personas que son menos expresivas sí, pero cuando el mensaje tiene tanto peso e impacto afectivo, la reacción corporal debe ir en sintonía con las palabras expresadas, sentidas. Con sus manos posadas sobre el atril y su rostro impertérrito, solo observamos una inmovilidad total de su corporalidad, hecho que los estudios científicos relacionan con la falta de credibilidad.

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El arrepentimiento es un sentimiento muy intenso que genera pesar por algo que se ha hecho, dicho o dejado de hacer. El pesar es tristeza, un dolor interior, profundo, sobre todo cuando el acto tan aberrante que provoca esa culpa es tan grave como el acometido por «La Manada».

 

Uno de sus miembros, conocido como ‘El Prenda‘ ha escrito una carta de supuesto arrepentimiento en la que declara de forma escueta lo siguiente:

«Mi total arrepentimiento por el delito por el cual cumplo esta condena, y mi solicitud personal de perdón a la víctima por los daños causados, los cuales lamento profundamente, y así mismo a sus familiares directos».

La comunicación no verbal no trata solo de examinar caras o gestos, también explora lo que proyectan las palabras que elegimos, su coherencia emocional y una interpretación psicológica del discurso.

Si analizamos el contenido emocional de la frase es fácil apreciar una carencia absoluta de implicación del afecto (no hay alusión a descriptores que afronten lo que hizo ni a sus consecuencias).

La terminología que se utiliza es formal, fría, técnica, no hay verdad, no hay desgarro, no hay sentimientos.

Ni siquiera se dirige a ella por su nombre, la llama «víctima». Sí, es su víctima, pero ella no se reduce a eso, no era víctima antes de conocerle, es una persona, una mujer, casi una niña por aquel entonces, tiene nombre, un nombre que no se atreve a pronunciar, no la dota de identidad propia.

De igual forma, se muestra evasivo omitiendo lo que hizo con ella, reduciéndolo a «delito por el cual cumplo esta condena», así, se distancia emocionalmente de ella pero también de los hechos, no quiere destacar su importancia, no le interesa que aparezca en su texto la palabra violación, porque esa palabra resuena muy fuerte, es de gran impacto emocional y le convierte en algo que involuntariamente, o no, todavía no quiere reconocer a las claras.

Por tanto, si profundizamos en las palabras escogidas para demostrar su arrepentimiento, nos costará darle credibilidad, ya que en toda esta impostada retórica no reconoce el dolor, no afronta la realidad llamando a todo por su nombre, no expresa sentimientos ni emociones compatibles con un estado auténtico de sufrimiento, remordimiento o penitencia.

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¿Sabrías diferenciar a un psicópata de un sociópata?

La personalidad psicopática suscita mucho interés en la población. Solo tenemos que fijarnos en el éxito de películas o series como Dexter, Hannibal Lecter, Psicosis o American Psycho, para darnos cuenta. A pesar de que la incidencia pura de este perfil no supera, de media, el 1%, sí que prácticamente todos nos hemos topado alguna vez con personas que exhibían marcados rasgos psicopáticos (aprende a identificarlos mediante estas doce señales).

Personas totalmente integradas en la sociedad (no siempre son criminales), exitosas, encantadoras a simple vista, pero profundamente insensibles, frías y despiadadas.

Tanto la psicopatía como la sociopatía comparten elementos comunes. Una característica principal de ambas es su naturaleza engañosa y manipuladora.

Es importante aclarar que ninguna es una enfermedad mental, se describen como dos trastornos de la personalidad y se manifiestan con falta de remordimiento o empatía por los demás, la ausencia de culpa o de la capacidad de asumir la responsabilidad de sus acciones, el desprecio por las leyes o las convenciones sociales y la inclinación a la violencia.

Ambos trastornos actúan en un continuo y muchos especialistas todavía debaten si en realidad deben ser diferenciados. Pero para aquellos que sí que los distinguen, hay una cuestión que sí que está ampliamente consensuada: los psicópatas nacen y los sociópatas se hacen.

Se usa el término psicopatía para ilustrar que la causa del trastorno de personalidad antisocial es hereditaria, con una base genética y, sin embargo, la sociopatía describe comportamientos que son el resultado de una lesión cerebral, o abusos/traumas emocionales, y/o negligencia en la infancia.

También se establecen las diferencias poniendo como ejemplo el comportamiento criminal que a veces desarrollan ambos perfiles. Según los estudios, los sociópatas son generalmente más inestables emocionalmente y más impulsivos que los psicópatas. Por tanto, su comportamiento tiende a ser más errático, compulsivo y con menos paciencia, careciendo de una planificación detallada.

Los psicópatas, sin embargo, planearán sus crímenes con mayor determinación y precisión, asumiendo solo riesgos calculados para evitar la detección, no se dejan llevar por el momento y, como resultado, cometen menos errores.

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La comunicación no verbal de la infidelidad: ‘La Isla de las Tentaciones’ (Tom y Melyssa)

La comunicación no verbal ofrece muchos indicios visibles sobre una infidelidad, otra cosa es que queramos asumirlas o no. Me llamó mucho la atención la percepción de Melyssa desde el principio al ver las imágenes de su pareja Tom, vio secuencias mucho más subidas de tono con Luzma (lametón de cuello incluido), sin embargo la pareja de Tom lo tuvo claro enseguida, «el peligro lo veo con Sandra».

¿Por qué su intuición apuntaba a esa chica con una relación más ‘inocente’ con Tom?

No es magia, según los resultados de la investigación llevada a cabo por el psicólogo Nathaniel Lambert, y su equipo en la Universidad de Brigham, «los seres humanos tenemos la capacidad de realizar juicios muy precisos sobre otros viendo sólo un breve ejemplo de su comportamiento (sobre todo, si ya conocemos a esa persona previamente). En vídeos de cinco minutos podemos evaluar ciertas pistas verbales o visuales que ya apuntan a una cierta ambivalencia y/o falta de credibilidad”.

Seguramente Melyssa no supo ponerle nombre a aquella intuición inicial, pero ésta no proviene más que del rápido y acertado análisis que hizo sobre el sutil comportamiento no verbal de Tom, en el que observó las miradas, el trato, su tono de voz, la vigilancia hacia a ella y ciertas actitudes de afecto más profundo con Sandra que con Luzma. No se equivocó.

Anoche culminó la infidelidad, aunque la deslealtad ya comenzara mucho antes y su lenguaje corporal le delatara desde el principio ante los ojos de la atenta Melyssa. ¿La reacción de Tom? Tremendamente egoísta e inmadura. Destaca su deseo de ver que Melyssa también le había traicionado en la otra casa, era su única esperanza para tratar de desprenderse de la culpa.

Una actitud que demuestra una carencia absoluta de gestión emocional y de empatía por los demás (más si cabe por la persona a la que supuestamente amabas). No quiere enfrentarse a sus actos ni responsabilizarse de lo que él sabe perfectamente que es un comportamiento más que reprobable, solo quiere centrarse en sus impulsos y que el sufrimiento de Melyssa ‘no le moleste’ en su nueva etapa.

 

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Análisis no verbal del: «¡Viva el 8M!» de Pedro Sánchez

En la sesión plenaria del Congreso de ayer, de nuevo, los reproches entre partidos continuaban. Y como no puede ser de otra manera, la controvertida celebración de la marcha feminista del pasado 8 de marzo continúa siendo el centro de las críticas al Gobierno.

Fotografía EFE

Fotografía EFE

(Aquí vídeo) Pedro Sánchez responde entonces con un reivindicativo: «Lo digo alto y claro: ¡Viva el 8 de marzo!»

Resulta que con su comunicación no verbal no lo dice ni alto, ni tampoco claro.

Su lenguaje corporal al inicio de la frase es coherente al enérgico mensaje: levanta la mirada, su rostro se torna severo, con ciertos visos de ira, en este caso, asociada a la trascendencia de lo que va a decir a continuación. Sacude fuerte el brazo para marcar contundente el «alto y claro».

Pero finalmente, no sube la voz, de hecho, la baja sutilmente y lo que es más sorprendente, por la incoherencia con el momento, desciende la mirada y agacha la cabeza. No sostiene así la intensidad y convicción en lo que pronuncia con sus palabras. Rompe totalmente el culmen de su protesta.

Parece que hubiera algún estímulo que internamente (idea, pensamiento, recuerdo, emoción) interrumpe el disfrute emocional de tal afirmación, podemos hipotetizar sobre que es consciente de la polémica que despertará tal proclamación, arrepentimiento, culpa, vergüenza

Desde luego, lo que no vemos es orgullo, este sí sería un gesto esperado asociado a sus palabras, definido con una mirada intensa al frente, cabeza alta y postura expansiva.

De ser así, este instante hubiera quedado para la posteridad, pero tal y como lo expresó ayer, proyecta falta de convicción.

 

Las primeras reacciones de Susana Díaz tras la sentencia de los ERE de Andalucía

Tras 48 horas después de la publicación de la sentencia condenatoria a los responsables del caso ‘ERE de Andalucía‘,  Susana Díaz concede una esperada entrevista al programa de ‘Al rojo vivo’ de la Sexta.

Susana Díaz en 'Al Rojo Vivo' tras la sentencia del caso ERE de Andalucía

Susana Díaz en ‘Al Rojo Vivo’ tras la sentencia del caso ERE de Andalucía

Verbalmente se limita a eludir toda responsabilidad, suya, por supuesto, pero también del partido, remarca una y otra vez que es pasado, que no hay ningún implicado en activo, pero también pide perdón porque «ocurrió algo bochornoso y lamentable».

En esta frase se observa la evasiva, «ocurrió» indica una acción azarosa e incontrolable, indeterminada sin responsable de la acción; la palabra «algo» se desmarca de describir el hecho central, evidentemente Díaz elude pronunciar palabras de impacto como pudieran ser: desfalco, corrupción, malversación, etc. Palabras genéricas como ‘algo’, ‘cosas’, ‘eso’, sirven para enmascarar aquello que no queremos oír ni asumir.

Respecto a la ‘lectura’ de su comportamiento no verbal, Susana nos lo pone fácil, es una persona muy expresiva y su lenguaje corporal filtra emociones que ella controla y maneja pero también otras espontáneas, prácticamente inconscientes para ella, como el gesto que observamos con sus manos, un gesto que prácticamente se vuelve postura porque se mantiene en el tiempo, y es el de agarrarse fuertemente las manos, vemos la presión y la tensión que se ejerce a sí misma.

Es un gesto automanipulador que proyecta el estrés y la ansiedad del momento, por mucho que intente sonreír y transmitir tranquilidad, su cuerpo tiene que descargar la tensión de alguna forma, lo hace a través de sus manos, en algún momento abandona este gesto para realizar otro con diferente forma pero similar significado.

Es muy curioso, se abraza a sí misma, cruza sus brazos de una forma muy peculiar, se autoconsuela, es otro gesto automanipulador pero que además de comunicar el nerviosismo y la incomodidad, intenta autoreconfortarse, porque el cerebro así lo cree conveniente, pone todos los medios a su alcance para ‘relajar’ la rigidez corporal.

En su rostro vemos perfectamente las emociones de culpa y vergüenza, aprieta los labios, mirada baja, en algunos momentos incluso perdida, encogiendo los hombros con una postura muy apocada, también vemos tristeza, con la triangulación de las cejas, asco en ciertos momentos, con la contracción del músculo nasolabial, expresando así su rechazo, e ira, frunce el ceño cuando habla de ‘lo ocurrido’.

De alguna manera, se siente responsable y sinceramente le parece deshonroso e inmoral aunque su ‘papel’ y lo que le toca ahora es tratar de minimizar la implicación directa del partido.

Sí, lo sé, me falta una emoción que aparece repetidamente. Los más expertos ya en análisis no verbal veréis desprecio, elevación unilateral de la boca, pero es cierto que forma parte de la línea base de su expresión habitual, ella normalmente habla con desprecio de casi todo y en muy diferentes contextos, es casi como un tic en la pronunciación de las palabras, forma parte de su repertorio de comunicación, de su personalidad, denota ciertos rasgos de superioridad moral e intelectual y tiene una actitud condescendiente con el resto.

¿Qué os parece!

 

Analizamos la comunicación no verbal de una ‘renovada’ Ana Julia Quezada

Muchas eran las alarmas conductuales que manifestaba Ana Julia Quezada durante la desaparición del pequeño Gabriel Cruz, el hijo de su pareja. En el proceso de la todavía búsqueda del desaparecido, Ana Julia se expuso ante los medios y analizamos en este blog aquel lenguaje ocultosus gestos gritaban agresividad, recelo, dominancia y tristeza fingida.

Ahora reaparece, acusada de asesinato, para declarar ante el jurado que dictará su veredicto. Vemos claramente como ha cambiado completamente su imagen. La apariencia también es un canal del comportamiento no verbal que aporta bastante información, sobre todo cuando se producen cambios drásticos, como es el caso. Los estudios han comprobado que la apariencia es una de las variables que más influye en la persuasión.

Por más que intentemos sustraernos de los estereotipos, nuestra imagen exterior sigue siendo la principal fuente de información a la hora de formarnos una primera impresión de alguien. Y Ana Julia ha intentado ‘suavizar’ la suya, ha prescindido de las lentes que antes utilizaba, ahora su rostro es más limpio y descubierto, su mirada es más clara. Ha alisado su cabello para dulcificar su imagen, ya que el pelo rizado y alborotado podría trasmitir más carácter, desenfado, rebeldía. Su atuendo en cuanto a ropa es bastante formal.

En el vídeo que recoge la parte inicial del juicio, se la aprecia llorando, me preguntan, ¿está triste? ¿llora de verdad? ¿está arrepentida? Claramente llora, la clave de la cuestión es ‘por qué’, quiero decir ¿cuál es el estímulo que activa su ‘pena’? El foco no tiene porque ser la víctima, ni su arrepentimiento; puede llorar por ella misma, porque le de pena verse en esa situación, porque tiene miedo de su condena… Es algo que piensa y no por ejemplo a causa de una pregunta concreta que le hagan, por tanto, no podemos saberlo. Tendremos que esperar a analizar sus reacciones a cada pregunta.

Lo que sí que no veo, en este primer momento, es culpa o vergüenza, su mirada sigue siendo fría, directa, no se manifiesta cabizbaja, más bien mira a su alrededor con atención, localiza los puntos de cámara, no es un patrón de conducta propio de alguien ultrajado, compungido, que siente bochorno, ni sentimientos de culpabilidad. Tampoco vemos ira, emoción propia del sentimiento de injusticia, de ser acusada de un acto no cometido.

Vimos anteriormente un ejemplo muy similar y todavía más claro en el análisis de una reciente entrevista al ‘asesino de la catana’ que os dejo por aquí.

 

La culpa, la vergüenza y la tristeza de Theresa May en su dimisión #AnalisisNoVerbal

Theresa May anuncia su dimisión arrastrada por su incapacidad de completar el ‘brexit’, las expresiones emocionales de May son desgarradoras, algo que llama especialmente la atención, ya que la cultura inglesa se caracteriza por ‘mantener el tipo’ en todo momento, reservar la expresión de sus emociones y controlar las ‘formas’ en comunicación. Aunque ya sabemos que en momentos de alto impacto… el cuerpo grita nuestros sentimientos de forma irrefrenable.

Fotografía EFE

En esta fotografía se aprecia perfectamente la profunda tristeza en su rostro, la tensión mandibular, la elevación de cejas y la mirada baja, refuerzan las emociones de vergüenza y de culpa. Aunque el momento que más lo refleja ha sido su salida de Downing Street, caminando hacia el atril y periodistas, su postura corporal cabizbaja y apocada proyectan un sentimiento de incapacidad para poder enfrentar el momento con orgullo y la cabeza alta.

Trapero baja la cabeza ante la Policía Nacional

Hay gestos difíciles de interpretar, siempre lo dejo bien claro, los gestos no son universales, dependen del contexto, la cultura, la personalidad y de un largo etcétera. Si bien es cierto que hay gestos que sí que están muy estudiados y avalados por las investigaciones, como por ejemplo, el sentimiento de triunfo: asociado a la elevación de los brazos; o las emociones de culpa/vergüenza: asociadas a un descenso de la mirada y de la cabeza.

Mi compañera Ana de Puig, autora del blog «En Clave No Verbal» ha detectado un ejemplo muy visual de éste último gesto (agachar la cabeza) en Josep Lluís Trapero, quien imputado en la Audiencia Nacional por sedición  acudía al juicio en calidad de testigo. En su entrada al recinto del Supremo, se topa con un agente de la Policía Nacional, el agente le saluda protocolariamente y él seguidamente baja la cabeza y no la eleva hasta que llega a la puerta de entrada.

«¿Qué significado puede tener este lenguaje no verbal? Bajar la cabeza de esta manera forma parte del repertorio conductual de la culpa, la vergüenza y la derrota. La culpa y la vergüenza son emociones autoconscientes en las que ponemos el “yo” bajo la lupa y percibimos que ha fallado en algún sentido. La derrota, que otro ha ganado y tiene más poder, y muestro sumisión.» Asegura la experta.

No os perdáis la secuencia y el análisis completo de su conducta pinchando aquí. ¡Muy interesante! Enhorabuena Ana por captar el gesto, tenemos un equipazo de ‘cazadores’ de microexpresiones y gestos no verbales. 🙂

Tus ojos hablan por ti

Decía Bécquer que el alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.

Podemos controlar, en cierta medida, nuestra cara, nuestros gestos y posturas, pero no podemos ‘manipular’ a nuestro antojo la tasa de parpadeo o la dilatación pupilar. El comportamiento de nuestros ojos en relación al lenguaje corporal es el más inconsciente de todos, por tanto, interpretar sus movimientos será fiable para establecer significados reales en base a la comunicación no verbal del individuo.

Por lo general y en condiciones de luz similares, se ha demostrado por la investigación que las pupilas se dilatan cuando tenemos delante un estímulo que nos resulta atractivo, que nos agrada; ocurre al contrario cuando algo nos genera rechazo, temor o asco, las pupilas se contraen. Este recurso ha sido muy utilizado en las pruebas de producto por las grandes empresas de marketing y publicidad.

El bloqueo del contacto visual, tapando o cerrando los ojos, es una de las cosas más obvias y comunes que hacemos cuando estamos preocupados, frustrados o luchando contra algo (emocionalmente hablando). También cuando sentimos vergüenza o culpa, así dejamos de ver y creemos que podemos dejar de ser vistos por los demás, es un modo de desaparecer, de autoprotegerse.

Según el experto Joe Navarro: «La investigación también muestra que cuando estamos nerviosos o tenemos problemas, nuestra tasa de parpadeo aumenta, un fenómeno que se observa a menudo con mentirosos, pero también con frecuencia con personas que están bajo un gran estrés. No llamaría mentiroso a nadie solo porque su índice de parpadeo aumenta, aunque mientras estudiaba a Richard Nixon, noté que cuando debatía con la prensa, su índice de parpadeo iba de aproximadamente de 12 por minuto a 68 veces por minuto. Bill Clinton durante su deposición mostró una alta tasa de parpadeo, en ocasiones por encima de 92 por minuto, pero nuevamente estos eran individuos bajo mucho estrés.»

«Al interpretar el comportamiento de los ojos, existen muchos conceptos erróneos. Algunos perciben erróneamente el poco o ninguno contacto visual como un signo clásico de engaño , especialmente durante un interrogatorio, mientras que la persona sincera debe «cerrar los ojos». Esto no está respaldado por la investigación y es completamente falso. De hecho, Alder Vrij y otros han descubierto que los mentirosos tienden a tener un mayor contacto visual porque saben que estamos buscando señales de engaño

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