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"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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Luis Alfredo Garavito, la bestia, ¿arrepentido? #LenguajeCorporal

Luis Alfredo Garavito, apodado ‘la bestia’, el violador y asesino de casi 200 niños en Colombia podría salir de prisión. Éste fue el titular de una noticia publicada hace unos días en 20 minutos. Recordé que hace unos años revisé el análisis de una compañera también psicóloga y experta en comunicación no verbal (que prefiere mantenerse en el anónimato por trabajar para los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado) las declaraciones que Garavito ofreció desde prisión a un medio público, en unas condiciones inmejorables para un análisis certero, por la duración, tipo de testimonio y el primer plano tomado del rostro del entrevistado.

El objeto del análisis era el de comprobar si presentaba un comportamiento propio de un individuo arrepentido y apto para reinsertarse en sociedad, tal y como él mismo manifiestaba. Se analizaron más de 3 horas de grabaciones, entre entrevistas y documentales, de los vídeos se extrajeron 104 fotogramas que fueron analizados junto al contexto verbal.

En cuánto al análisis de contenido (declaraciones verbales) nos encontramos patrones que no corresponderían con el lenguaje propio del arrepentimiento. Por ejemplo, minimización de sus crímenes: “…Yo actualmente soy una persona muy distinta a la que cometió las diferentes conductas punibles que ya son de público conocimiento.…” “…Cometí los homicidios…bueno, llámese como se llame.” Justificaciones sobre su conducta: “…Fui una persona maltratada, fui una persona que en sus años de juventud su papa lo maltrató. Eso me llevo… ¿no es cierto?” “…Yo no puedo justificar ni echarle la culpa a nadie, porque me tendría que volver a mis primeros padres, Adan y Eva“.

Intenta dar una imágen positiva sobre sí mismo, asegurando querer entregar ‘los restos’ a las familias para que reciban cristiana sepultura, e intenta incluso negociar afirmando que sí saliera de prisión sí podría dar más datos. Elude totalmente su responsabilidad y su culpa, cosificando a las víctimas y justificando de nuevo sus actos: “casualmente, yo llegaba; de un viaje, ¿sí? Y había una víctima ahí…y entonces yo utilizaba mi ¿cómo le explicaría?…“. Ausencia explícita de arrepentimiento: “…Pero yo no…personalmente…yo no, yo no voy a ponerme ya en más martirio ni más nada. Que ventilen los homicidios, está bien, pero hay cosas tan intimas que yo, ¿por qué tengo? A mi nadie me va a solucionar nada…” “…Ya tampoco pienso… yo ya no mas colaborar con más. Yo ya cerré, doblé la página…¿ya? qué pesar ¿si me entiende?

Respecto al lenguaje corporal, muestra ira al hablar del juicio social al que está siendo sometido, es decir, le parece injusto. Igualmente expresa ira cuando habla del ofrecimiento de ‘ayuda’ a las familias de las víctimas, emoción incompatible con la solidaridad y el respeto. Ausencia de emociones cuando relata asesinatos, violaciones o referencias, en general, a sus víctimas, de aquí se desprende la frialdad y falta de empatía, tristeza, remordimiento o culpa; de hecho, en ocasiones llega a sonreir al referirse a las víctimas, con una sonrisa desdeñosa y cruel, lo cuál indica satisfacción, regodeo y desprecio por éstas.

Las conclusiones (tras el extenso análisis, lo anterior es solo una breve muestra) eran claras: Se trata de un individuo tendente a la SUPERFICIALIDAD, muestra tintes de GRANDIOSIDAD y una clara TENDENCIA AL ENGAÑO, hay una AUSENCIA DE REMORDIMIENTO, CULPA Y EMPATÍA, NO EXISTE ACEPTACIÓN DE LA RESPONSABILIDAD y por tanto es incoherente con el arrepentimiento, es un individuo IMPULSIVO y tiene un BAJO CONTROL DE LA CONDUCTA y sin metas de futuro definidas a ningún nivel.

 

 

 

 

 

El insólito gesto de Pedro Sánchez cuando le preguntaron por su tesis

Continuamos con los polémicos másters y tesis de los políticos, tras el caso de Cifuentes, Casado, Montón, ahora llega el turno de nuestro actual presidente de Gobierno. Pedro Sánchez se exponía ayer en el Congreso de los Diputados y Abert Rivera supo aprovechar el momento para preguntarle directamente por su tesis doctoral. Fue un momento visual impactante, no solo mi amigo y experto en comunicación no verbal J.L Martín Ovejero lo detectó y me envió el fotograma con asombro, también vi diferentes reacciones en redes sociales a este instante que no pasó desapercibido por la llamativa actitud de Sánchez.

Tal y como comentamos siempre en este blog, lo más importante para analizar patrones fiables de comportamiento es detectar cambios, es la palabra clave. Si vemos la secuencia completa, Sánchez reacciona dinámico a las acusaciones de la oposición en otros temas, gesticula bastante, con movimientos de apertura, habla alto, firme y seguro, todo ello forma parte de su línea basal de corporalidad. Nos extraña mucho cuando ante un estímulo (una pregunta de gran impacto emocional) se paraliza, su lenguaje corporal queda totalmente inmóvil, encorva la espalda, baja la cabeza y la mirada, entrelaza las manos y aprieta fuertemente la mandíbula.

Es un fotograma de ese justo momento bastante elocuente y, sobre todo, una reacción muy poco habitual en Sánchez. Como sabemos los gestos no son universales y hay emociones sociales que son únicas de interpretación, todo depende del estímulo y el contexto. Frecuentemente se asocia esta secuencia de gestos a las emociones de culpa y vergüenza, ¿significa que no hizo la tesis? ¿que miente? solo él lo sabe y solo las pruebas lo demostrarán. Lo que sí puedo afirmar con seguridad es que este tema de la tesis le provoca intimidación, incomodidad y un cambio impresionante en su línea base de comportamiento.

‘Deleite del engaño’. Qué es y por qué sucede

Os animo a que sigáis a Paul Ekman, es uno de los mayores referentes sobre comunicación no verbal y detección de la mentira, asesoró la trama de la serie ‘Lie to me‘ (muy recomendable la primera temporada) y no cesa de investigar los entresijos de la expresión emocional y el atractivo mundo de la psicología de la mentira.

Este autor destaca un concepto insólito a la par que frecuente. El deleite del engaño. Los ejemplos explicativos son maravillosos: El suboficial de la Armada John Anthony Walker, Jr. fue declarado culpable de espionaje para la Unión Soviética en 1987 y está cumpliendo cadena perpetua. El New York Times dijo que había sido el espía más dañino de la historia, ya que ayudó a los soviéticos a descifrar más de 200,000 mensajes navales encriptados. No fue el polígrafo lo que lo atrapó, ni la vigilancia de los oficiales de contraespionaje de los EE. UU. Fue su esposa Bárbara quién lo ‘entregó’ al FBI. Walker presumía de todo el dinero que estaba ganando, pero Barbara era su exmujer y él se retrasaba en los pagos de la pensión alimenticia.

¿Qué motivó a este tipo brillante y astuto a descuidar un detalle tan simple? Probablemente el deleite engañoso , la emoción casi irresistible que sienten algunas personas al tomar un riesgo y salirse con la suya. Algunas veces incluye el desprecio por el objetivo que está siendo explotado con despiadado éxito. Es difícil contener el deleite engañoso; ya que realmente deseamos fervientemente compartir los logros (aunque sean maliciosos) con otros, buscando siempre la admiración por nuestras hazañas.

Cuando Hitler logró engañar a Chamberlain, ocultando que ya había movilizado al ejército alemán para atacar a Polonia, solicitó un ‘tiempo muerto’ en la reunión con sus generales, que habían estado presenciando sus mentiras más exitosas. Entonces, Hitler entró en una antesala, donde, según los informes, saltó de alegría y, después de haber reducido su deleite engañoso, regresó a la reunión.

La presencia de otros testigos ante el farsante exitoso  intensifica, generalmente, el deleite experimentado y aumenta las posibilidades de que parte de la excitación, el placer y el desprecio se filtren en algún momento, delatando así al mentiroso. No todos tienen esta tendencia a sentir el deleite del engaño, algunas personas lo que sienten realmente es terror por ser ‘pillados’ en el engaño. Las personalidades más manipuladoras son los perfiles más vulnerables a esta emoción de embeleso y placer en la mentira. Por tanto, podemos establecer que las emociones que delatan al mentiroso pueden ser: el deleite, el miedo o la culpa, que es la tercera emoción que interviene en este proceso, el sentimiento de infracción y responsabilidad ante un engaño.

Pero cuidado, siempre hay que contextualizar y sumar indicadores. La culpa o el miedo por sí solos no acusan directamente a un sospechoso. Una persona inocente puede temer no ser creída, lo que complica la interpretación del miedo como prueba concluyente. De igual modo, las personas pueden mostrar culpabilidad por algún otro aspecto de la situación, que no sea relevante para la fechoría que el interrogador está investigando. Paul Ekman cita un caso en el que un sargento, que no asesinó a la esposa de su vecino, se sentía culpable (y así lo transmitía con su lenguaje corporal en el interrogatorio) pero por algo bien distinto (extraño pero no un delito), haberse sentido excitado sexualmente al haber descubierto el cuerpo de la mujer desnudo.

Como siempre decimos, las emociones congruentes/incongruentes son señales de alarma para identificar las mentiras en un relato, pero siempre hay que contextualizar, ir más allá, y descubrir por qué y ante qué estímulo exactamente se desencadenan esas reacciones…

Evasiva, culpa, orgullo, alivio, duda… La comunicación no verbal en la dimisión de Cifuentes

Fotografía de Cristina Cifuentes en el momento de su dimisión. EFE

Fotografía de Cristina Cifuentes en el momento de su dimisión. EFE

Cristina Cifuentes ha dimitido hoy tras el escándalo del Máster y por la filtración a los medios del vídeo de una cámara de seguridad en la que aparece sacando dos cremas de su bolso en un Hipermercado, acompañada por un vigilante de seguridad que supervisa todo este proceso.

Cifuentes ha convocado a los medios en una rueda de prensa breve y sin opción a preguntas. En ésta no ha negado que ella sea la persona que aparece en el vídeo, reconoce su autoría pero manifiesta que “fue un error involuntario. Me llevé por error y de manera involuntaria unos productos por importe de 40 euros.” En esta frase reconoce que estuvo mal, que el acto no fue correcto, pero apuntilla que ocurrió de manera inconsciente, sin voluntad por su parte, lo repite en dos ocasiones seguidas para reforzar la idea. Según los estudios al respecto cuanto más repetimos una frase más veraz puede parecer a los demás, por inverosímil que sea.

“Me lo dijeron a la salida y los aboné”. En esta frase lanza una evasiva, ya que omite datos importantes para entender un hecho: el tiempo de los acontecimientos, objetos, lugares en los que se desarrolló o las personas implicadas en la interacción (vigilante de seguridad, registro en el almacén y una supuesta visita de la policía), se distancia así del impacto emocional de un supuesto robo. Según la frase parece que no hubo tensión, ni problema, que fue un simple despiste y lo pagó sin más a la salida.

Su expresión facial es muy significativa, siempre se muestra emocionalmente muy expresiva y en esta ocasión no defrauda el rostro inequívoco de la culpa. Ya lo habíamos descrito anteriormente y aquí de nuevo podemos observar otro ejemplo. Cuando renuncia a la presidencia, aparece una expresión facial de desprecio, caracterizada por la elevación unilateral de la comisura labial, que puede inferirse como superioridad moral, no hay tristeza ni ira, mantiene el orgullo hasta el último momento. Justo después convierte esta mueca en sonrisa y mira hacia arriba, este gesto se interpreta como alivio.

A lo largo de su comparecencia aparecen numerosos gestos de duda, se encoge de hombros constantemente, el momento más destacable es cuando dice tener prevista ya su dimisión para el día 2 de mayo, encoge muchísimo los hombros es un gesto de inseguridad y falta de convicción asociados a lo que pronuncia en ese momento.

He realizado este análisis según el visionado superficial de su aparición, continuaré el análisis para ‘cazar’ la aparición de algunas microexpresiones, que al final, son las que más información real nos dan sobre su estado emocional verdadero en un momento de alto impacto como este.

 

 

Análisis no verbal: El ‘asesino de la catana’, ¿arrepentido?

Nos encontramos ante un insólito documental: ‘Yo fui un asesino’, en el que aparece José Rabadán, más conocido como el ‘asesino de la catana‘, diecisiete años después de asesinar a sus padres y a su hermana pequeña para contar qué sucedió, por qué lo hizo y cuál es su vida actual, totalmente reinsertado en la sociedad.

Ha suscitado bastante interés su perfil psicológico y la manera que ha tenido de relatar lo sucedido. Los expertos psicólogos forenses le han descrito como psicópata, narcisista y sádico y ‘choca’ este cambio al ver ahora a un adulto con una buena expresión, un trabajo, una familia… ¿Qué hay realmente detrás de esta imagen benevolente? ¿Siente culpa, está arrepentido? ¿Carece de emociones al recordar la historia?

En el documental se proyectan imagenes suyas en el momento de su detención y juicio que, efectivamente, contrastan con su expresión actual. En el momento pasado su actitud en todo momento es de orgullo, cabeza alta, sonrisa socarrona ante la presencia de medios, mirada fría, carente de emociones compatibles con el terrible crimen que acababa de cometer.

Ahora, durante toda su entrevista, aparece como una constante la emoción de tristeza, la podréis apreciar muy bien, porque es intensa y se describe por la elevación continua de la zona central de las cejas (éstas forman un triángulo). Habla en todo momento con una profunda tristeza, pero el quid de la cuestión es: tristeza ante qué. No podemos saber con exactitud qué estimulo le provoca realmente esa tristeza, pero hay algunos detalles a destacar que son bastante sugerentes:

  • En primer lugar, llama la atención que todo el relato periférico, es decir, el que no alude a los hechos centrales son contados con muchísimo detalle y precisión, sin embargo no recuerda la secuencia del asesinato en movimiento ni cómo, ni por qué desplazó los cadáveres, por ejemplo. “Ha quedado en mi subconsciente y no tengo la intención de sacarlo”, en este sentido parece que evita el castigo que le supone el dolor de recordar, se autoprotege. Conducta egoísta que no es compatible con la emoción de culpa.
  • Otro momento muy esclarecedor es cuando admite que “si hubiera pensado en las consecuencias no lo hubiera hecho“, está reconociendo que se arrepiente de todo lo que le ha sucedido a él después de su delito, su ingreso en prisión, en el reformatorio y a la repercusión en su vida. De nuevo, este es un pensamiento egocéntrico que no pone el foco en las víctimas sino en él mismo.
  • Recuerda a su madre y a su padre sin ninguna emoción intensa, no se rompe, no siente desgarro emocional al hablar de cómo los asesinó. Solo al hablar de su hermana pide un momento para retirarse de delante de la cámara en lo que parece un instante de llanto, pero que no podemos corroborar porque se retira.
  • Uno de los indicadores más reveladores son las palabras que utiliza en el momento justo de narrar el crimen: “Sucedió algo terrible, en ese momento no fui yo, fue muy cuerpo pero no fui yo. Levanté la espada pero no fue con la intención de atacarle y te lo digo con sinceridad y mi corazón, en ese momento no fui yo, pero la espada bajó, bajó con mis brazos, pero bajó sola. Mi cuerpo continuó atacando a mi familia”. Se aprecia perfectamente cómo elude su responsabilidad total, no admite ni acepta lo que hizo.
  • En su defecto, achaca la culpa a un ente tercero: el satanismo. El síndrome de down de su hermana hizo que se alejara de Dios y se acercó al satanismo que, según él, le llevó a realizar los actos que cometió. Proyecta, en este caso, que no fue una decisión suya, sino que entre el satanismo, los videojuegos, su imaginación y casi que la alineación de los planetas, fueron los responsables del asesinato de su familia.

Entonces, si una persona no interioriza la terrible acción ni su carga ¿realmente podemos pensar que está arrepentido o reinsertado? José Rabadán sigue disociando su persona del asesino y eso implica que hay una gran dificultad para asumir una responsabilidad. El lenguaje verbal y no verbal es un fiel reflejo de los pensamientos más internos y de las etapas no superadas…

La réplica (no verbal) de Puigdemont al Rey Felipe VI

El presidente de la Generalitat reaparece, con una escenografía solemne y una sola bandera (la catalana), tras la intervención del Rey después de lo acontecido el 1-O. Ya vimos cómo la comunicación no verbal dotaba de un plus de significado el mensaje de Felipe VI, y de nuevo con Puigdemont le expresión emocional vuelve a dar pistas sobre la profundidad de las palabras.

En general, su comunicación ha sido más espontánea y natural que la del Rey, no estar sentado ha contribuido a esta diferencia, ya que tenía más libertad de movimiento y esta dinámica provoca que el cuerpo ‘se suelte’ y ‘hable’ más (con el riesgo de que esto nos beneficie o no…).

Sorprendentemente, me ha parecido muy relajado, su rostro aparecía sereno cuando no suele ser habitual. El ceño fruncido forma parte de su línea base de comportamiento y en este caso solo mostró ira mientras enunciaba la intervención policial en Cataluña contra el pueblo civil catalán, acompañado después de tristeza.

Su expresión gestual es muy ilustrativa, coherente con el mensaje, armónica, con lo cuál denota credibilidad y convicción total en lo que dice. Los gestos de sus manos fueron muy adecuados, juntaba los dedos en forma de pirámide, transmitiendo así reflexión, calma y seguridad. Todo marchaba en una línea positiva hasta que menciona al rey y le devuelve (inconscientemente) el gesto del dedo acusador, levanta su dedo índice y señala a cámara con su mano izquierda, con la derecha y finalmente con las dos.

Este gesto tan sutil y aparentemente inofensivo entraña un significado nada positivo, de forma no consciente nuestro cuerpo quiere culpar, obligar o señalar de forma agresiva a nuestro interlocutor. Las personas que habitualmente realizan este gesto suelen creer que están en un nivel por encima de la persona a la que señalan, pueden pensar que tienen más autoridad. Sin embargo, también puede ocurrir que las personas que con frecuencia no señalan con el dedo, lo hagan, por ejemplo, en el caso de que estén enfadadas y crean que llevan la razón o pueden apuntar con el dedo para señalar que es la otra persona la que tiene la culpa de lo ocurrido…

¿Cuál es vuestra hipótesis?

 

 

 

¿El error de los Óscar estaba preparado?

(GTRES)

Quedé aislada del mundo (sin internet) y ayer me encuentro con el revuelo producido por lo que ya se ha denominado el mayor desastre de la historia de la entrega de los premios Óscar. Faye Dunaway y Warren Beatty entregaban por error el premio a ‘mejor película’ a La La Land en lugar de a Moonlight. Muchos de vosotros me preguntábais si realmente las reacciones de presentadores, actores/actrices y los allí presentes fueron naturales y espontáneas ante el insólito acontecimiento.

Pues, sí, aunque la interpretación es lo suyo, y pudiéramos pensar que han actuado al más puro estilo hollywoodiense, las reacciones de sorpresa, confusión y duda fueron muy reales. A cuál más intensa por cierto. Aunque la estupefacción hecha persona fue sin duda el emisor de ese premio, Warren Beatty; el rostro de desconcierto que manifiesta cuando lee el nombre en el sobre fue de libro. Tal fue su duda y desconcierto que no se le ocurre otra cosa que pasarle el aprieto a su compañera Faye Dunaway para no ser el responsable de lo que allí pasara.

Cuando reconoce el error, su actitud y expresión facial eran de verdadera vergüenza y culpabilidad. Aunque solo se limitara a seguir adelante con lo que había leído denotaba por su expresión corporal la responsabilidad del desaguisado, observable por ejemplo en movimientos rápidos y descompensados, mirada evasiva y buscando apoyos visuales, risa nerviosa, o el volumen de la voz más alto y agudo de lo habitual en él.

Por último, tengo que decir que me encantó la reacción de Ryan Gosling (actor protagonista de La La Land) y estoy muy de acuerdo con el análisis en Vogue sobre el actor y su reacción ejemplar ante lo sucedido. ¿Os fijasteis en él? Lo cierto es que se mantuvo en un segundo plano, observando, sin hacer drama. Se limitó a sonreír y a tomar la situación con humor, dándole la importancia justa. ¡Bravo por Ryan!

¿Por qué el pederasta de Ciudad Lineal se rió y mostró un insólito lenguaje corporal durante su (no) declaración en el juicio?

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Foto EFE

Antonio Ortiz entra en la sala esposado y con ropa deportiva, ni siquiera se ha molestado (de poco le iba a servir) en intentar aparentar buena presencia o formalismo ante la jueza. No ha mostrado ni un solo gesto de nerviosismo, su expresión facial era impasible, en cambio, sí que ha hecho algunos movimientos en la espera, levanta un hombro, se rasca la nuca y realiza estiramientos con su otro hombro. Son los gestos tipo de preparación ante un combate físico, de la lucha cuerpo a cuerpo.

Gran parte de su explicación conductual se relaciona directamente con el comportamiento psicopático. El contacto visual suele ser constante y muy directo con el tribunal, es casi desconcertante (para esta situación) el alto mantenimiento de una mirada firme, fría e impasible, nada esquiva, y atenta a todo lo que ocurre y a todas las personas que se encontraban en la sala, una clara muestra de la ausencia de las emociones de culpa o vergüenza. No tiene empatía, su amígdala es distinta, la función de este área involucra emociones negativas como el miedo, la tristeza y la culpa.

No hay afectación o impacto emocional alguno, tanto en su rostro como en su cuerpo, cuando la jueza le manifiesta si tiene conocimiento sobre los hechos de los que se le acusan, o la condena a la que se va a enfrentar, o refiere el informe de la psicóloga que atendió a las víctimas, nada, no hay alteración alguna en su estado emocional. La excitación de su sistema nervioso autónomo es prácticamente nulo, esto quiere decir que su fisiología es también diferente a la del resto de las personas. Su ritmo cardiaco en reposo es más bajo, al igual que la conductancia de la piel y las alteraciones de cada latido de su corazón también difieren de los demás. Por lo que logran mantenerse calmados, cuando los demás reaccionarían.

Captura del vídeo adjunto

Captura del vídeo adjunto

Entonces Ortiz se acoge a su derecho de no declarar, y a continuación esboza una sonrisa, asiente levemente y se levanta de la silla realizando un gesto emblemático, levantando los dedos índice de ambas manos (sustituyendo al “disculpa pero me voy”). Pero no será la última expresión de afecto positivo, vuelve a reírse cuando la jueza niega la lectura de las preguntas por parte de la acusación. ¿Qué significan estas sonrisas?

Bueno, no son unilaterales, hay acción muscular en ambas partes de la cara, es decir, la sonrisa es completa y no de medio lado, por lo tanto no es desprecio, es una sonrisa de regocijo, muy común en personas con rasgos psicopáticos, que sienten continuamente el placer de ‘ganar’. Su narcisismo les hace pensar que son los mejores y cómo queda su imagen es una de sus mayores preocupaciones, de ahí su expresión facial sonriente, en esos dos momentos, él se ha sentido triunfador.

 

Analizamos el supuesto arrepentimiento de ‘Popeye’, el jefe de los sicarios de Pablo Escobar

Este viernes 2 de septiembre la plataforma Netflix estrena los 10 capítulos de la segunda temporada de Narcos, protagonizada por Wagner Moura dando vida a Pablo Escobar, uno de los mayores narcotraficantes colombianos y fundador del Cartel de Medellín. La serie refleja la historia real de los cabecillas de la droga en los años ochenta y los esfuerzos de la policía por acabar con los responsables del sangriento conflicto.

La realidad supera toda ficción y hoy pongo la lupa del análisis no verbal en Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, el que fue jefe de los sicarios integrado en la organización criminal colombiana de Pablo Escobar y que actualmente ha abierto un canal de YouTube titulado: ‘Popeye_Arrepentido’, no solo en este medio se hace llamar así, también lo hace en su correo electrónico (Popeye.arrepentido@…). Así es cómo él mismo se presenta ahora al mundo, arrepentido, tras asesinar a más de 300 personas directamente y a unas 3.000 indirectamente, siempre a las órdenes de Escobar. 20minutos ha podido entrevistarle y ha elaborado un especial analizando los 40 años del cártel y la fascinación por la narcocultura.

Volvamos a Popeye. Tras 23 años en prisión queda en libertad y actualmente se considera una persona resocializada, arrepentida y preparada para abandonar su pasada vida de mafia y muerte y reconvertirse profesionalmente en escritor y variedades del mundo del cine y televisión. Pero, ¿qué hay de cierto en esta transformación?, ¿realmente sus emociones son compatibles con el arrepentimiento?

El ex-sicario ofrece numerosas entrevistas desde la cárcel y fuera de ella, he escogido para el análisis esta entrevista realizada por Adela Micha por su duración, extensa, de dos horas, en las que las preguntas son muy completas y aborda temas sensibles para el estudio de su comunicación emocional.


Encontramos indicadores muy interesantes para revelar su verdadero parecer respecto a su antigua y nueva vida: Lee el resto de la entrada »

Final de Champions: la desolación de Juanfran ¿es necesaria la tristeza?

Expresión de tristeza. Foto EFE

Expresión de tristeza. Foto EFE

Es fascinante observar el abanico emocional que se produce en la competición, de la euforia y la alegría más intensas a la desolación y la tristeza más absolutas. Lo que más me maravilla del mundo del deporte es la realidad del sentimiento y por tanto de la expresión de la emoción, todas reales, todas sinceras, aquí no es necesario fingir ni vender nada. Pero si tengo que destacar la expresividad corporal, de entre todas las que pudimos apreciar, me quedo con la de Juanfran, el defensa del Atlético de Madrid no pudo contener las lágrimas producto de la profunda tristeza, decepción y culpa que sentía tras fallar el penalti que le dio la victoria al Real Madrid.

La revelación sincera de la tristeza puede identificarse por la forma triangular que adquieren las cejas, que se elevan por la parte interior, tal y como se muestra en las fotografías. La tristeza es una emoción primaria que viene de serie en nuestro ADN, y por tanto ha sido vital para la supervivencia del ser humano, se mantiene a través del desarrollo evolutivo porque tiene una función, un sentido importante. La principal función de la tristeza consiste en ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable. La tristeza provoca la disminución de la energía y del entusiasmo por las actividades vitales, este encierro introspectivo, reflexivo, nos brinda la oportunidad de llorar una pérdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias y planificar, cuando la energía retorna, un nuevo comienzo.

El defensa del Atlético de Madrid Juanfran tras fallar su penalti durante la final de Liga de Campeones que se disputa hoy contra el Real Madrid en el estadio de San Siro, en Milán. EFE/Ballesteros

El defensa del Atlético de Madrid Juanfran tras fallar su penalti durante la final de Liga de Campeones. EFE/Ballesteros

La tristeza y la agonía en el rostro y en las expresiones verbales, evolutivamente hablando, sirven para llamar y pedir ayuda o disculpas a los demás. No es una acción deliberada, estas expresiones son involuntarias, no intencionales. Otra de las funciones de la expresión de la tristeza es enriquecer la experiencia de lo que ha significado la pérdida, no es que no sepamos qué significa la pérdida si no hay expresión, pero no se siente
plenamente si la reprimimos. La tristeza también permite a la persona armarse de sus recursos, conservar su energía y reintegrarse (superar la pérdida).

Y lo más importante es que, en este contexto de auto-conflicto intenso, expresar a los demás la aflicción que sentimos refuerza los vínculos sociales, buscamos ayuda, apoyo, cierta aprobación. Es lo que consiguió Juanfran con su afición, que se rindió a sus pies en una clamorosa ovación, el público supo valorar y empatizar con su pesar gracias a la expresión sincera del jugador. Si es que, es muy fácil, para parecer triste solo hay que estar triste, es la única clave para transmitir, y comprobamos que esta realidad sí que llega.

 

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