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La comunicación es el arma que convierte a Zelenski en un héroe

En un contexto de guerra, Volodomir Zelenski ha sido capaz de fabricar una extraordinaria estrategia de comunicación, consiguiendo así erigirse como un ejemplo de liderazgo político para los suyos pero también para el mundo.

Volodímir Zelenski.Henar de Pedro

El inesperado líder se ha convertido en pura inspiración a través de unas claves concretas de su personalidad, actitud y comunicación. Muchos ya le nombran como un héroe de carne y hueso de la era moderna y ciertamente la descripción no se aleja de la realidad.

Socialmente se considera héroe a aquel personaje que posee habilidades y ciertos rasgos que le permiten llevar a cabo hazañas extraordinarias para salvar a las personas de un peligro.

Siempre necesitan un antagonista, un villano que represente todo lo contrario a él, en este caso Zelenski destaca aun más porque, tal y como analizamos recientemente, Putin resulta totalmente opuesto en su estilo de liderazgo (agresivo) y en rasgos de personalidad (menos emocional, frío, distante, hierático…)

La figura heroica debe ser valiente, honesta, pensar en los demás, tener valores, ser seguro de sí mismo, y perseguir sus objetivos sin importar los obstáculos. Esta descripción del héroe coincide con la consideración que Zelenski proyecta públicamente a través de sus palabras pero también de su acciones y actitudes.

El héroe se sitúa a sí mismo, y a pesar de su superioridad, al mismo nivel de la gente común a la que aquejan los problemas. Esto es lo que hace que el héroe nos atraiga y nos identifiquemos con él. Zelenski dijo en una de sus intervenciones: «Usted es presidente de Ucrania como lo soy yo. Y yo soy un soldado más al servicio de Ucrania como los son todos ustedes».

No se esconde, se graba diariamente en Ucrania, no ha huido, se queda, lucha, como hacen todos. Esta acción es la que le dota de la fuerza del ejemplo, la coherencia y la autenticidad.

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Análisis no verbal de la intervención de Zelenski en el Congreso: más enfadado que de costumbre

El Presidente ucraniano Volodimir Zelenski ha intervenido hoy en el Congreso de los Diputados de nuestro país y, como siempre, deja constancia de que, sin duda, su arma más poderosa es su comunicación política, convirtiéndose ya en todo un ejemplo de liderazgo para el mundo.

Las expectativas eran altas y no ha defraudado. Zelenski se caracteriza por personalizar siempre sus discursos y realizar alusiones directas a hechos históricos (normalmente atentados o guerras) del país al que se dirige.

Para España ha destacado que: «En lugar de estar en el mes de abril del año 2022 pudiera parecer que estamos en abril del año 1937, cuando ocurrió el desastre de Guernika«.

Este recurso de la personalización despierta la empatía y la conexión con una audiencia concreta, refleja un poder similar al que conseguimos llamando a las personas por su nombre. Consigue que las personas seamos más receptivas con su causa y nos pongamos en su lugar. Agita nuestras conciencias.

De hecho, la palabra más repetida en su mensaje a la población española ha sido la de: «Imaginen…» Nos implora que de verdad podamos pensar en pasar por una situación de guerra a día de hoy. Nos pone en su piel evocando sensaciones. Relatando todo por lo que están pasando las familias ucranianas.

Sin embargo, y a diferencia de otras ocasiones, la expresión facial predominante en su rostro durante casi toda su intervención ha sido la emoción de ira. El ceño fruncido y la severidad en el tono de sus palabras nos revelan a un hombre más enfadado y rígido.

Es comprensible, las condiciones que generan ira son: la frustración, la interrupción de una conducta motivada, situaciones injustas, o
atentados contra valores morales e inmovilidad.

En otras conexiones pasadas se podían detectar en él más expresiones de tristeza, imploraba ayuda desde una posición más victimista, hoy se mostraba más imperativo e irritado, con el hartazgo natural del paso del tiempo en un contexto de guerra.

 

Comunicación no verbal: Zelenski vs Putin

Las formas importan en el liderazgo. A través de la voz, apariencia, palabras y escenarios elegidos, gestos, actitudes, expresiones, etc, podemos transmitir emociones, intenciones, expectativas, estilos de personalidad…

Todo ello también comunica y todo ello también puede provocar influencia, empatía, admiración, o todo lo contrario. El caso de Putin y Zelenski es ejemplar precisamente para advertir estas diferencias radicalmente opuestas.

Ya analicé hace unos días al Putin como simio agresivo, desde una perspectiva etológica y en sus comparecencias para el mundo.

Pero además, en las relaciones con su propio equipo, lo que nos llega de Putin son intentos de humillación a sus ministros, se ríe de ellos con sonrisas maquiavélicas en el rostro bien definidas, les ridiculiza y disfruta haciéndolo, le interroga, infunde miedo a quien muestre una opinión diferente.

Recrea atmósferas frías, impone sus propios protocolos para los encuentros, se reúne con líderes de otros países en ambientes surrealistas, con mesas de 6 metros de largo de por medio.

La constantes proyecciones de poder, dominancia y superioridad de Putin contrastan la emocionalidad, cercanía y la actitud agradable de Zelenski, a pesar de todo.

En la batalla mediática e imagen mundial, gana por mucho un Zelenski que, como líder, pone en valor la inteligencia emocional e induce al respeto en lugar de miedo. Se muestra, al mundo y a los suyos, como uno más, lucha y resiste como uno más, no le importan las apariencias.

El estilo político de Putin es muy agresivo, tóxico, basado en el sometimiento, recuerda a dictadores pasados. Y tal y como apuntaba la periodista Patrycia Centeno: «Putin es un abusón, y este hecho realmente revela miedo, no poder». Gran apunte.

Putin vencerá o no en esta guerra, pero no convencerá jamás en la batalla mediática. Ya no hay vuelta atrás.

Captura de video / Wikimedia

El éxito del fenómeno influencer explicado por la psicología

Es indudable que las influencers triunfan ya entre diferentes generaciones y sus opiniones, recomendaciones y estilo, marcan tendencias, publicidad y ventas. ¿Pero qué tienen que engancha tanto? ¿Por qué consiguen influir en millones de seguidores?

Tanto la psicología como la comunicación no verbal tienen mucho que decir al respecto.

Tradicionalmente los líderes de opinión solían pertenecer a las clases altas de la sociedad, por su estilo de vida aspiracional y porque obviamente tenían un mayor acceso a la formación y educación más especializada, por tanto, su preparación, relaciones y conocimientos les dotaban de mayor credibilidad.

Hoy esta tendencia ha cambiado, en buena parte gracias al desarrollo de las tecnologías y la conexión que han logrado las redes sociales. El boca a boca es la nueva modalidad del marketing más eficaz.

Los estudios demuestran que ahora percibimos la publicidad convencional como una amenaza, sin embargo, si un influencer se dedica a establecer vínculos y cultivar relaciones de apego con su comunidad, esa persona nos empieza a resulta familiar, ya tomamos su ‘sugerencia’ como si fuera la de un amigo, alguien conocido, de nuestra total confianza.

Y no solo es fundamental lo que nos cuentan, también importa el cómo lo hacen.

Con un lenguaje muy cercano y coloquial, los influencers conectan contigo a través de un directo, de un vídeo, cara a cara, porque nos tienen que mostrar sus emociones, observamos rostros de placer al oler una determinada crema, o felicidad y diversión en un viaje o en tal hotel… Y además lo combinan sutilmente con días malos, también nos enseñan su tristeza, su ansiedad, su agobio o indignación con los haters, esto nos hace ponernos en su lugar, querer ayudarles, nos conectan aún más a ellos.

Casi podemos sentirlo, nos contagian emociones a través de su conducta no verbal y esa es la mejor forma de influir y convencer, pura empatía positiva. Nuestro cerebro se engancha a esa visión y querrá repetir cada día, sin perderse nada.

Porque no podemos olvidar el fenómeno del ‘deseo de pertenencia‘ para cerrar el círculo. El influencer se apoya en las aspiraciones de pertenencia de su audiencia a ese universo ‘mejor’, bello, atractivo, lujoso,  cuando recomiendan una peluquería, un perfume o un determinado restaurante. Su comunidad experimenta la necesidad de imitar en algún sentido ese estilo de vida para sentirse más cerca de ese mundo glam que proyecta.

 

 

¿Existe realmente la falta total de empatía?

La empatía es una característica necesaria para establecer relaciones sociales, imprescindible diría yo. Pero su significado no se reduce a ‘ponerse en el lugar del otro’.

En general, se trata de comprender la perspectiva, necesidades, intenciones, sentimientos y experiencias de otra persona, incluso siendo opuestos a los nuestros, sin compartir las mismas circunstancias, y aun así responder mostrando apoyo regulando nuestras propias emociones.

Ahí es nada.

Fotografía con Licencia Creative Commons

Fotografía con Licencia Creative Commons

No siempre conduce a la acción porque hay varios tipos de empatía: cognitiva, comprender intelectualmente los sentimientos del otro aunque no experimentemos ninguna sensación; afectiva o emocional, es la tendencia a sentir las emociones de los demás, incluso a nivel físico; y compasiva o preocupación empática, es la suma de las anteriores y es el tipo de empatía que más moviliza a la acción, por ejemplo, tomar la decisión de parar para ayudar a alguien que tiene problemas con su coche, o donar dinero tras una catástrofe.

Hay bastante controversia sobre si la compasión es totalmente altruista o no. Parece que las investigaciones revelan que, siendo puristas, a nivel fisiológico, no lo es, ya que cuando ayudamos a alguien, nuestro cuerpo produce más dopamina, una hormona que provoca «sentirse bien», activando el sistema de recompensa en el cerebro.

Pero, ¿es posible no tener NADA de empatía?

Las personas con poca empatía se caracterizan por ser excesivamente críticos con los demás, por no conectar con las circunstancias y responsabilizar siempre al otro de su desgracia pensando que a ellos no les tocará o que podrían resolver mucho mejor ese tipo de situaciones complicadas, se muestran crueles, despectivos o indiferentes con las emociones de los demás.

Hay consenso en asegurar que la empatía existe en un espectro y, en la mayoría de los casos nunca está del todo ausente, simplemente está disminuida, en general o en particular, es decir, nos puede costar siempre conectar con las emociones de los demás, o a veces nos resulta imposible hacerlo con alguien en concreto, porque no le tenemos apego, porque pensemos que él/ella ‘no merece’ ya nuestra comprensión, porque nos ha hecho daño previamente, etc.

Los niveles de empatía pueden depender de nuestra genética, tipo de personalidad, cultura, educación, experiencias… Pero la empatía es una habilidad, la capacidad siempre está ahí y se puede desarrollar o aumentar entrenándola.

¿En qué casos nos encontramos una falta de empatía más acentuada o casi completa?

En personas con lesiones cerebrales en la zona de la ínsula (alexitimia), casos de autismo severo, aunque en las últimas revisiones se ha demostrado que pueden tener dificultades con la empatía cognitiva, pero sí que son capaces de desarrollar empatía emocional, lo que ocurre es que no pueden expresarla.

Ocurre lo contrario con las personas que padecen trastorno límite de la personalidad, que pueden tener dificultades para desarrollar empatía emocional (sentir), pero sí que pueden comprender los sentimientos de los demás. También se relaciona una escasa empatía con un bajo nivel de inteligencia emocional y con periodos de mucho estrés prolongado.

Tradicionalmente se pensaba que las personas que puntuaban alto en psicopatía o maquiavelismo, o diagnosticadas de trastorno narcisista de la personalidad, tenían una ausencia total de empatía, los últimos estudios apuntan que esta afirmación no es correcta, que en realidad tienen un cierto grado de empatía; simplemente pueden carecer de la motivación para mostrarlo o actuar en consecuencia.

*Fuente: Psych Central – Is it possible to lack empathy?

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Los psicopátas sí tienen empatía

Hace unos días escribía un artículo titulado: «Ser un psicópata también tiene sus ventajas«, en el que describía ciertos rasgos de la personalidad que marcaban una ventaja sobre el resto de la población. Creó cierta controversia la afirmación de que no era exacto que los psicópatas carecieran totalmente de empatía.

Fotografia pxhere / CC0 Dominio publico

Fotografia pxhere / CC0 Dominio publico

Los psicópatas sí que experimentan empatía pero de forma diferente, y esto, tal y como aclaré a algunos lectores en mis redes sociales, no es una simple opinión, así lo dicen los últimos estudios, por ejemplo en esta investigación de 2020 realizada por diferentes universidades suecas.

Para evaluar si las personas que puntuaban alto en psicopatía poseían la capacidad de empatizar, los participantes completaron la Prueba de Empatía Multifacética (Multifaceted Empathy Test), en la que observaron imágenes de personas que expresaban diversas emociones y tenían que identificar qué emoción estaba experimentando cada persona.

Aquellos que obtuvieron puntajes altos en rasgos psicopáticos hicieron esta tarea tan bien como todos los demásLa diferencia es que estas personas expresan una disposición mucho más baja a prestar su ayuda, posiblemente porque a menudo no les permite a lograr sus objetivos.

La creencia predominante de forma tradicional había sido que los piscópatas eran sujetos totalmente insensibles, incapaces de sentir emociones propias y ajenas, sin embargo, los últimos resultados sugieren que este mecanismo no es tan simple. «No les falta empatía, pero tienen un interruptor para encenderlo y apagarlo».

Por defecto, parece estar apagado.

Ser un psicópata también tiene sus ventajas

Cuando pensamos en un psicópata todos imaginamos a un ser despiadado, criminal, monstruoso y desadaptado en nuestra convivencia y estructura social. Este estereotipo nos sirve para obtener cierta (falsa) sensación de seguridad, ya que no percibimos que sea probable que nos topemos con una persona así y lo incorporemos con confianza a nuestro círculo más íntimo, pero nada más lejos de la realidad.

Todos nos hemos codeado en alguna ocasión con una personalidad psicopática, amigos, parejas, jefes, profesores, o incluso padres, madres, hijos… y lo sorprendente es que puede que hayan sido personas encantadoras, carismáticas, privilegiadas, con relativo éxito en la vida, reconocimiento y buena posición social.

Según los estudios, este tipo de personalidad posee una gran capacidad de persuasión, que les permite ‘venderse’ mejor a sí mismos y presentarse como los candidatos más aptos para cualquier proyecto o empleo. Son capaces de centrar toda su atención y recursos posibles en su objetivo y se entregan totalmente a éste sin que el riesgo o la posibilidad de fracaso le impidan conseguir lo que quieren.

Además, es importante señalar que a pesar de lo que se suele publicar, no es exacto que los psicópatas carezcan totalmente de empatía, si bien, la experimentan de manera totalmente diferente, sienten el sufrimiento de los demás, viven el placer y el resto de emociones, pero con menor intensidad y, con la importante clave de que relegan ese sentimiento a un rincón irrelevante en caso de que se interponga en su camino.

La mayoría de los psicópatas no chorrean la sangre de sus víctimas, sino que aplican los rasgos más sobresalientes de su personalidad alterada para obtener una notable ventaja en su vida y adaptarse a determinados medios casi mejor que cualquiera.

La tendencia evolutiva de este mundo se orienta hacia un clima hostil, competitivo, agresivamente capitalista, en el que el engaño, la frialdad emocional  y la manipulación se convierten en buenas armas de supervivencia y progreso.

Libres de culpa, ansiedad, miedos y remordimientos, algunos expertos sostienen incluso que necesitamos psicópatas porque hay empleos y duelos personales tan arriesgados, desafiantes y con tal rivalidad que nadie estaría dispuesto a asumirlos sin un buen chute psicopático.

Reflexionemos por tanto sobre la premisa de que aquello que nos parece moralmente indeseable no tiene por qué ser “castigado” por la naturaleza y así la evolución va manteniendo y estimulando a personalidades cada vez más cercanas a un alto nivel de psicoticismo/psicopatía.

El autor del libro: «La sabiduría de los psicópatas«, Kevin Dutton, defiende que nos resultaría beneficioso desarrollar siete principios básicos de la psicopatía: la impasibilidad, el encanto, la concentración, la fortaleza mental, la intrepidez, la atención plena y la capacidad de acción.

«El secreto, incuestionablemente, es el contexto. No se trata de ser un psicópata. La cosa va más bien de ser un psicópata ‘metódico’. Ser capaz de interpretar a un personaje cuando la situación lo exige. Pero, cuando la exigencia ha pasado, también volver a su personaje habitual. En el momento en que empecemos a pensar en reformar nuestro sótano para instalar unos grilletes, a lo mejor deberían saltar ya las alarmas».

 

*Referencias:

Ser un psicópata puede tener ventajas, según un estudio. – Psicología y Mente –

¿Podemos aprender algo de los psicópatas? – LeoNoticias –

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Análisis no verbal: el momento más sentido de Joe Biden en su primer discurso como presidente

Joe Biden ya es presidente de los Estados Unidos y todas las miradas estaban puestas en su primer discurso tras la toma oficial del cargo. Toda una declaración de intenciones verbales y no verbales.

No es ningún descubrimiento que Biden es la antítesis de Trump, también esto se evidencia en su lenguaje corporal.

Biden tiene un estilo de comunicación emocional más inexpresivo en el rostro, es complicado captarle alguna fuga de expresión, al contrario que ocurre con Trump, o el hombre de las mil caras por minuto, quien, independientemente del contenido del mensaje, nos regalaba a los analistas de comunicación grandes oportunidades para registrar los interesantes contenidos que nos ofrece una intensa conducta no verbal.

Esa alta actividad que es capaz de movilizar a la masa, de conmover, de apasionar, puede resultar un arma muy poderosa de influencia, pero no es la única. Joe Biden no tiene esa habilidad, su lenguaje corporal no es capaz de asaltar los afectos del espectador, no mueve, pero sí conmueve.

El gesto que más utiliza en su intervención es el de los brazos abiertos, se trata de un abrazo simbólico, el típico que se utiliza en el contexto religioso en un intento por llegar y acoger a todos sus fieles allí presentes. Palabras y gestos que envuelven y contienen, esa es su misión.

Un objetivo no verbal coherente con su alegato, que puede resumirse en dos conceptos: unidad y conciliación, las palabras que pronuncia con mayor sentimiento y movimiento, y eso es justo lo que proyecta su cuerpo, un rol moderador.

También cabe destacar su expresión facial cuando habla de la «guerra» interna del país, un momento efímero en el que se detecta una emoción de dolor e introspección, cerrando los ojos con fuerza, sintiendo realmente la angustia.

Biden consigue transmitir paz y sosiego, logra que empaticemos y es capaz de sentir y contagiar su más insistente propósito: «Tenemos que bajar la temperatura«.

 

¿Sabrías diferenciar a un psicópata de un sociópata?

La personalidad psicopática suscita mucho interés en la población. Solo tenemos que fijarnos en el éxito de películas o series como Dexter, Hannibal Lecter, Psicosis o American Psycho, para darnos cuenta. A pesar de que la incidencia pura de este perfil no supera, de media, el 1%, sí que prácticamente todos nos hemos topado alguna vez con personas que exhibían marcados rasgos psicopáticos (aprende a identificarlos mediante estas doce señales).

Personas totalmente integradas en la sociedad (no siempre son criminales), exitosas, encantadoras a simple vista, pero profundamente insensibles, frías y despiadadas.

Tanto la psicopatía como la sociopatía comparten elementos comunes. Una característica principal de ambas es su naturaleza engañosa y manipuladora.

Es importante aclarar que ninguna es una enfermedad mental, se describen como dos trastornos de la personalidad y se manifiestan con falta de remordimiento o empatía por los demás, la ausencia de culpa o de la capacidad de asumir la responsabilidad de sus acciones, el desprecio por las leyes o las convenciones sociales y la inclinación a la violencia.

Ambos trastornos actúan en un continuo y muchos especialistas todavía debaten si en realidad deben ser diferenciados. Pero para aquellos que sí que los distinguen, hay una cuestión que sí que está ampliamente consensuada: los psicópatas nacen y los sociópatas se hacen.

Se usa el término psicopatía para ilustrar que la causa del trastorno de personalidad antisocial es hereditaria, con una base genética y, sin embargo, la sociopatía describe comportamientos que son el resultado de una lesión cerebral, o abusos/traumas emocionales, y/o negligencia en la infancia.

También se establecen las diferencias poniendo como ejemplo el comportamiento criminal que a veces desarrollan ambos perfiles. Según los estudios, los sociópatas son generalmente más inestables emocionalmente y más impulsivos que los psicópatas. Por tanto, su comportamiento tiende a ser más errático, compulsivo y con menos paciencia, careciendo de una planificación detallada.

Los psicópatas, sin embargo, planearán sus crímenes con mayor determinación y precisión, asumiendo solo riesgos calculados para evitar la detección, no se dejan llevar por el momento y, como resultado, cometen menos errores.

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Cómo afecta el uso de la mascarilla al desarrollo emocional de los niños

Hay niños que han nacido ya entre rostros con mascarilla, los efectos a largo plazo de todo esto se evaluarán en el futuro pero podemos realizar ciertas predicciones en base a lo que ya conocemos sobre el funcionamiento de la expresión emocional en el rostro.

Fotografía libre de derechos. Pixabay

Fotografía libre de derechos. Pixabay

En el laberinto de conexiones que suceden dentro de nuestro cerebro, existen unas neuronas conocidas como “células de la empatía”. Se trata de las neuronas espejo, a éstas les debemos llorar o sentir miedo cuando vemos una película, bostezar si vemos a otra persona hacerlo o contagiarnos de la risa de los demás.

Las neuronas espejo son las responsables de la empatía y de la regulación emocional en la relación con los demás; son especialmente importantes cuando somos pequeños, porque es entonces cuando desarrollamos (a partir de los 6 meses o al año de edad) la referencia social, es decir, nuestra capacidad de utilizar y reconocer expresiones emocionales, e intenciones en los demás. La raíz de la empatía.

La mascarilla provoca un bloqueo emocional y en las aulas puede generar una desconexión significativa en la relación entre profesor y alumno, una cuestión que puede interferir de forma negativa en la atención, la memoria o el aprendizaje, áreas donde la comunicación con emoción es imprescindible para integrar cualquier conocimiento en el alumno.

Los profesores intentan suplir esta carencia con una tonalidad de voz más pausada y emocional aunque también más alta y ya se refieren los primeros problemas de afonía en el profesorado. Se necesita un periodo de adaptación para que tanto alumnos como profesores se acostumbren al uso de la mascarilla.

De base, el que un maestro lleve mascarilla tendrá ciertos efectos en el aprendizaje del alumno, el impacto es seguro, pero afectará en mayor o menor medida dependiendo de la edad del niño y necesidades y estilos de aprendizaje.

En los niños más pequeños que aún requieren de un modelado vocal (para aprender a pronunciar los sonidos del lenguaje) o que necesitan más tiempo de expresión facial para entender conceptos, o que tienen necesidades especiales, como en el autismo, las complicaciones aumentan.

¿Qué podemos hacer para reducir el impacto de la mascarilla?

En cuanto a los profesores, pueden apoyarse en más recursos complementarios, como dibujos, esquemas, pizarras digitales, y fomentar aún más el movimiento gestual en el cuerpo para expresar los contenidos.

También fomentar un lenguaje verbal más emocional, ya que no podemos expresar tanto con el rostro, podemos transmitir en nuestro mensaje las emociones que sentimos al ver el resultado de cierta tarea o actividad para no perder el vínculo afectivo, preguntarles a los niños cómo están, cómo se sienten, que entiendan que estáis ahí, como siempre, a pesar de que la mascarilla nos haga parecer más distantes.

En casa, los padres pueden trabajar una educación multisensorial, por ejemplo, con juegos dirigidos mediante el sentido del tacto o con actividades de comunicación a través de los ojos, jugando a adivinar expresiones emocionales parciales y completas.

No os alarméis, los niños se adaptan de forma rápida a los cambios por su gran plasticidad cerebral, quizás pierdan capacidades completas e inmediatas para detectar y reconocer emociones pero se entrenen en una mirada más empática y en ser capaces de conectar con el otro con gestos mínimos, que se vuelvan más perceptivos y perspicaces para captar los sentimientos en los demás.

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*Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-52856765