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¿Te gusta Donald Trump? No te sientas incomprendido, tiene explicación

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. EFE

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. EFE

Puedes estar de acuerdo o no con su ideología política pero no se puede negar que Donald Trump sabe conquistar a su público (así lo manifestaron las últimas elecciones y las encuestas). Su vehemente lenguaje corporal agrada y perturba a partes iguales. Levanta pasiones y esto se debe, en gran parte, al modo único en que transmite su mensaje. La comunicación no verbal del presidente de EE.UU se rige principalmente por las siguientes claves:

En primer lugar, destaca su constante expresión facial de ira. El ceño fruncido y la boca en forma de embudo enseñando los dientes suelen ser un habitual en él. Ésta es una emoción negativa, pero es una emoción. Y es que precisamente uno de los atractivos de Trump es la de presentarse al público de una forma honesta, espontánea y transparente. Realmente es coherente entre lo que dice y lo que expresa con su cuerpo y, por tanto, sus apariciones se perciben como sinceras y auténticas. No oculta lo que siente y la gente puede identificarse con él, ya que no es una figura hiératica sin sentimientos, su mensaje es enérgico, fuerte y atrevido. Trump cree en lo que dice. La coherencia con su lenguaje corporal hace que nos fiemos de él de una forma tan férrea como sus propias convicciones.

Sus gestos también siguen este mismo patrón, suelen tener una apertura demesurada, indicando dominancia, orgullo y agresividad. En lugar de conectar y mostrarse colaborativo con sus votantes, ha optado por una postura de ‘macho alfa’ de la manada, proyectando poder, control y seguridad. Algo que le hace extraordinario y le distingue históricamente del resto de presidentes. Además, Trump se mueve mucho, utiliza numerosos gestos ilustradores del mensaje verbal para convencer, lo cuál es muy positivo. Los estudios al respecto determinan que así el espectador entenderá y recordará mucho mejor el discurso pronunciado.

Concretamente, los gestos con las manos más típicos del Presidente, son: el dedo acusador, que comunica amenaza y advertencia, un movimiento que todo orador evita menos él, pero también aporta contundencia y veracidad al mensaje, es una forma no verbal de hablar de tú y saltarse el usted. Perder las formas protocolarias le hace conectar con la gente de a pie. Otro gesto usual en Trump, es el que forma con los dedos la señal de ‘ok’, indica un pensamiento preciso, exhaustivo y disciplinado. Por último, le veremos en no pocas ocasiones los brazos extendidos y las palmas abiertas, este gesto vendría a decir un: “¡Miradme! Estoy con vosotros y no tengo nada que ocultar!”.

Para terminar, no podemos dejar de destacar el apretón de manos marca registrada de Donald Trump. Es uno de los comportamientos gestuales más insólitos que he visto. Sus fuertes sacudidas al saludar han dado la vuelta al mundo. Agarra con fuerza la mano de su interlocutor, la agita violentamente y, literalmente, le arrastra hacia él. La duración de este inquietante ritual ha llegado a durar más de 20 segundos, cuando lo habitual es no superar los 5. Es un apretón de manos muy intimidante, dominante y agresivo, parece una batalla territorial. Esto expresa su afán por quedar por delante del otro, destacar, mostrar su poder y superioridad hacia el otro, intenta someterlo, casi humillarlo, diría yo. Realmente, Donald Trump posee un concepto muy elevado de la puesta en escena. Es consciente de que estos momentos transcienden y los aprovecha para comunicar una imagen de poder al mundo. Además, creo que también utiliza este recurso gestual para ‘medir’ la personalidad, la intención y la resistencia de su interlocutor. De cualquier manera, este gesto también está en consonancia con su personalidad.

Como vemos, Donald Trump tiene luces y sombras en cuanto a comunicación no verbal se refiere, pero está claro que no dejará a nadie indiferente. O te encanta o le odias.

Psicópatas criminales: depredadores de su propia especie

Soy consciente de lo atractivo que resulta el perfil psicopático. La mayor parte de vuestras consultas y sugerencias se relacionan con la inquietud de cómo reconocer al psicópata, qué hacer si nos encontramos con uno de ellos, en el trabajo, en nuestra familia…

Para profundizar más sobre la psicopatía he invitado a este blog a una de las mejores expertas de nuestro país, seguramente la hayáis visto en alguna tertulia televisiva, en radio, hablando con propiedad sobre la psicopatía. Es enorme la pasión y conocimiento que apaorta Paz Velasco de la Fuente, abogada-criminóloga, profesora colaboradora en la Universidad Católica de Ávila y Especialista en Evaluación Criminológica (CESC), es la autora del exitoso libro “Criminal-mente: La criminología como ciencia” y del blog “Criminal-mente“. Ambas son fuentes inequívocas para documentarse con seguridad sobre esta materia. Os dejo con su artículo de inmenso valor para mí, y espero que también para vosotros:

De pequeños, para evitar que tuviéramos miedo a la oscuridad o a dejar la puerta del armario abierta, nos contaron que los monstruos solo existían en los cuentos. Pero nos mintieron… porque los verdaderos monstruos, visten piel de persona, sonríen, abrazan, incluso son simpáticos y encantadores. Son algunos seres humanos que viven entre nosotros y sí, debemos tenerles miedo. Estamos ante los psicópatas criminales, aunque no debemos olvidar, que también hay psicópatas “malotes” que no llegan jamás a cometer un delito, o aquellos que los cometen sin utilizar la violencia a través del engaño, las mentiras y la manipulación.

No se les puede identificar a simple vista, porque se disfrazan de “normalidad”, de personas corrientes. Algunos son maravillosos padres de familia, otros encantadores estudiantes de universidad, madres abnegadas o enfermeras volcadas en su trabajo. Y esto nos desconcierta, porque creemos que alguien capaz de cometer determinados crímenes debería ser un sujeto diferente al resto, pero no es así. Nadie puede saber que esas personas (hombres y mujeres), que pasan totalmente desapercibidas, pueden llegar a tener “tu vida” en sus manos en el momento que ellos decidan: o porque te eligen o porque estás en el lugar idóneo y es el momento oportuno para ser atrapado. Son voraces depredadores camaleónicos, que aparentan llevar una vida absolutamente normal y socializada, pero en realidad y tras esa máscara de “buenos tipos” se esconden los seres humanos más peligrosos del planeta, y nosotros somos sus presas.

Su falta absoluta de empatía, su inmunidad emocional, su incapacidad para establecer relaciones afectivas sinceras y reales con los demás, y la ausencia total de remordimientos y culpabilidad los convierten en peligrosos cazadores de seres humanos. Son estos rasgos interpersonales y emocionales, lo que les hace ser tan letales, ya que su ausencia les permiten llevar a cabo conductas crueles y aberrantes sin que le importe el dolor que puede causar a los demás. Porque no nos ven como personas, sino como objetos a los que utilizar para satisfacer sus necesidades y sus fantasías de las que se alimentan hasta que salen a buscar a su primera víctima, sin que exista ya un punto de retorno.

Muchos de estos psicópatas criminales, son homicidas múltiples secuenciales (asesinos en serie) pero… ¿qué rasgos les definen como criminales?

  • Son depredadores sociales y grandes estrategas, siendo el más peligroso el psicópata sexual, un cazador en el más puro sentido de la palabra.
  • Cada víctima significa un logro, un placentero estímulo que se va disipando con el paso del tiempo, hasta que da lugar a una nueva compulsión para cometer un nuevo crimen.
  • Gran habilidad para camuflarse en la sociedad a través de la manipulación y el engaño, para acechar y localizar “cotos de caza”.
  • La mayoría son extremadamente crueles, despiadados, muy violentos y algunos de ellos sádicos. Son absolutamente conscientes de la criminalidad de sus actos.
  • Capacidad para agredir, violar, torturar o matar sin mostrar la más mínima compasión o empatía por sus víctimas. Como dice Eduard PunsetLos psicópatas nos enseñan que la falta de empatía alimenta nuestra crueldad”.
  • Su reacción ante el dolor y el miedo de las víctimas es una fría y absoluta indiferencia, así como una excitante sensación de poder, placer y satisfacción personal.
  • Cosifican a sus víctimas, convirtiéndolas en meros objetos al despojarlas de su humanidad.
  • La violencia ejercida sobre sus víctimas tiene diferentes formas e intensidades: desde la violencia psicológica, a la violencia más extrema y cruel (sadismo).
  • Para ellos es una simple cuestión de procedimiento: acechar, secuestrar, torturar, violar y matar (las tres últimas conductas no siempre las llevan a cabo en este orden).
  • Sólo dejaran de matar cuando sean detenidos.

Estos son los monstruos a los que debemos temer, enemigos invisibles de nuestra sociedad y ocultos entre la multitud. Pueden ser nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra pareja o incluso formar parte de nuestra familia. Y no están en los cuentos, salen en los periódicos y en la televisión. Comparten mesa, impresora o cama con nosotros. Y lo más perturbador: algunos en España tras cumplir su condena, han vuelto a vivir en sociedad como si fueran personas inofensivas, porque podemos afirmar que no aprenden del castigo. Pero están ahí simulando normalidad, incluso bondad.

El poder depende de las distancias y la cultura

handeschuttelnLas distancias importan, y mucho, sobre todo en diferentes culturas pueden convertirse en las protagonistas para una adecuada o incorrecta comunicación. Podemos encontrarnos ante culturas de “alto contexto” y culturas de “bajo contexto”. Como primer antecedente de este interesante concepto pueden citarse las investigaciones del prestigioso antropólogo norteamericano Edward T. Hall quien identifica cuatro categorías de variables culturales que afectan, por ejemplo, a la forma de hacer negocios: relación personal/profesional, formas de comunicación, el tiempo y el espacio.

Este autor definía a las culturas de bajo contexto como aquellas donde los mensajes se transmiten verbalmente de forma clara y directa, es decir, se dice lo que se quiere decir. Por el contrario, en las culturas de alto contexto es más importante el ambiente y los mensajes no verbales; prima la ambigüedad e incertidumbre. Alemanes, holandeses o estadounidenses son ejemplos de “bajo contexto”, mientras que chinos, japoneses, o árabes, conforman culturas de “alto contexto”. Los países de América Latina y los del sur de Europa (España, Italia, Grecia) se sitúan más cerca del “alto contexto”.

Distancia al poder (jerarquía): Es el grado en que los miembros de una organización aceptan el hecho de que existan otros miembros con más poder y, en consecuencia, se someten a ellos con más o menos agrado. En los países donde existe una elevada distancia al poder (Asia, América Latina, África), los jefes o gerentes de cualquier tipo de organización toman decisiones y los subordinados las ejecutan sin cuestionarlas. La estructura de las organizaciones es vertical, los jefes tienen pocos subordinados que les reportan directamente y la responsabilidad individual es escasa.

En los países con moderada o baja distancia al poder (Estados Unidos, Canadá, UE), los gerentes consultan con sus subordinados antes de tomar decisiones, la organización es más plana, cada jefe supervisa a un mayor número de empleados, existiendo un alto grado de independencia y responsabilidad entre ellos.

Aquí os dejo un ejemplo práctico: Cultura de Negocios en América Latina, de la publicación ‘Cómo negociar con éxito en 50 países’:

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En definitiva, para el empresario extranjero que llevará a cabo negocios en mercados exteriores, la toma en consideración y adaptación a las diferencias culturales de cada país será un requisito imprescindible para lograr acuerdos satisfactorios con clientes, proveedores, o socios internacionales.

*Fuente: LeaderShip

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