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Un prestigioso neurocientífico investiga el cerebro del psicópata y descubre que él también lo es

Está muy extendida la creencia (errónea) de que el psicópata es aquel ser despiadado que ha cometido con sus propias manos los crímenes más horribles que os podáis imaginar y vive marginado, agazapado en la oscuridad, sin integrarse en la actividad diaria de los seres humanos. Nada más lejos de la realidad; desde luego se relaciona con la delincuencia pero lo cierto es que la psicopatía no llega a ser una enfermedad mental, es un trastorno antisocial de la personalidad que se caracteriza, sobre todo, por la falta de sentimientos (anestesia afectiva), ausencia de empatía, culpa o miedo, son seres muy egoístas, fríos y manipuladores, no sienten pero sí que ‘simulan’ muy bien ciertas emociones para conseguir sus objetivos.

Foto Pixabay. Creative Commons

James Fallon, ahora lo sabe bien. Se trata de un prestigioso neurocientífico estadounidense y asesor del Pentágono, sus aportaciones a la ciencia son muy extensas, su carrera es brillante, pero nunca pensó que investigando el cerebro criminal realizaría el descubrimiento más asombroso de toda su vida. Un colega le pidió que examinara los escáneres cerebrales de varios asesinos en serie condenadosPara ello, recibió cientos de resultados de los escáneres cerebrales de una gran muestra de criminales condenados, mezclados con los de personas sin historial delictivo.

Su cometido era discernir a las personas con trastorno psicopático de la personalidad del resto de la población a través de esas imágenes. Uno de los escáneres presentaba con claridad todos los rasgos de un asesino psicópata. “Como se imaginarán, ese escáner era el mío” reconoció Fallon hace ya cuatro años en una entrevista para ‘The Verge. Su reacción inmediata fue pensar que todo era un error, él se considera buena persona y jamás ha cometido un asesinato ni tiene un pasado delictivo en cualquier forma.

No le dio mayor importancia hasta que lo comenta, meses después, con su madre y ésta le confiesa que en sus antepasados por parte de padre había habido hasta 7 asesinos (que ellos supieran). Esto despertó entonces su atención y siguió investigando esta línea. Tal y como él mismo constató, los psicópatas son bombas de relojería pero “no siempre acaban siendo asesinos. Si no sufren malos tratos durante la infancia, existe una pequeña posibilidad de que crezcan y evolucionen de forma normal”.

Fallon continúo evaluando su caso y resultó ser un psicópata secundario. “Los secundarios llevamos los genes que nos hacen psicópatas, pero, a diferencia de los primarios, necesitamos obligatoriamente un factor desencadenante para convertirnos en asesinos. Haber recibido palizas de niño es uno de ellos, pero también, por ejemplo, sufrir acoso en el colegio. Estoy convencido: Si en mi infancia no hubiese recibido un trato tan bueno por parte de mis padres y de mi entorno, difícilmente habría llegado a la adolescencia. Me habría suicidado o habría acabado matando a alguien.”.

Aún así, Fallon reconoce en él rasgos psicopáticos en su comportamiento, se describe como frío y tremendamente vengantivo. “Me gusta vengarme. Eso es algo totalmente psicopático. Puedo esperar durante años. Si alguien me pone furioso, no reacciono en ese mismo instante, pero me la guardo y, llegado el momento, respondo con una eficacia quirúrgica. Algunas personas han perdido su trabajo por mi culpa”. “Creo, sé, que amo a Diane. Pero nunca he estado vinculado emocionalmente a ella de verdad, igual que me ocurre con todos los demás”. En cuanto a sus hijos: “Al principio eran como juguetes. Más tarde, cuando se hicieron mayores, se convirtieron en amigos. Pero nunca he tenido hacia ellos los sentimientos que tienen los padres normales hacia sus hijos”.

Me parece un testimonio muy sugestivo. Nótese cómo en sus propias respuestas denota distanciamiento emocional cuando habla de su familia, en primer lugar dice que “cree” que ama a Diane, la llama por su nombre eliminando el artículo posesivo propio, no pronuncia ‘mi mujer‘, por ejemplo; por tanto se desvincula totalmente del lazo de unión entre ambos. Se refiere a sus hijos como juguetes, los cosifica como si no tuvieran vida. El lenguaje que utiliza es propio del discurso psicopático y ya nos dice efectivamente que su emocionalidad no está normalizada. No os perdáis su entrevista completa porque es un texto fascinante.

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La insólita reacción de Màxim Huerta al reaparecer tras su dimisión

Hace unos días el exministro de cultura y deportes, Màxim Huerta, reaparece antre los medios de comunicación tras un período de silencio absoluto. Ahora ha retomado su actividad literaria y aparecía aparemente más calmado ante las cámaras. Respondió amable a las preguntas de la periodista pero denotaba tensión; ciertamente, es un momento interesante para analizar por su alto impacto emocional (pincha aquí para acceder al vídeo) en el que las emociones están a flor de piel.

Él mismo dijo, para dar respuesta a cómo se había sentido tras el mal trago, que “sus emociones se las guardaba para él“. La cuestión es que, al exponerse, las emociones se filtran irremediablemente a través de su rostro y todos pudimos observar sus sentimientos más profundos al hablar de su época vital y profesional más negra.

¿Qué sentiste al dimitir? (muy buena pregunta, por cierto) – tras una pausa, “Según mi madre tranquilidad”. Le cuesta hablar del tema, se queda paralizado antes de contestar, y lo hace con una clara evasiva aludiendo a una tercera persona (su madre) para expresar sus propios sentimientos, se niega a expresar sus emociones, a hablar de sí mismo en primera persona, no está preparado para hacerlo. Pero lo curioso es que continúa diciendo que “las emociones me las guardo y si necesito soltarlas me basta con haberlo contado a mis amigos y ya está”, su expresión facial en este momento es la ira y el desprecio. Por tanto, podemos hacernos una idea de lo que realmente ‘soltaría’ a su gente de confianza.

Y la segunda pregunta ‘caliente’ (muy bien elegida también): ¿Volverías a ser ministro? su reacción es impactante, tal y como se aprecia en el fotograma anterior, abre intensamente los ojos, tensa los músculos del rostro y se echa lentamente hacia atrás, es una respuesta clara de miedo y rechazo, de huida; solo de imaginarlo su cuerpo reacciona como si tuviera delante un estímulo de peligro inminente, muy locuaz. ¿Su respuesta verbal? de nuevo evasiva, no sabe qué responder y le devuelve la pregunta para tomar tiempo – ¿tú qué crees?

Tras el análisis, queda la sensación de que aún no ha curado las heridas emocionales de un período repleto de claroscuros y que todavía no sabe ni él mismo dar respuesta a sus estadíos emocionales para superar esta etapa. Para acabar en positivo, destacar también la sonrisa sincera que expresa al hablar de su madre y de lo orgullosa que se siente de él, realmente transmite que esto es así.

 

 

¿Qué aroma desprendes al hablar?

Que las palabras contienen emociones por sí mismas es innegable. Continuamente asociamos sensaciones a todo lo que escuchamos, y es que las palabras pueden usarse también para transportarnos; tienen vida. Podemos usar este poder o no, todo dependerá de nuestro objetivo. Nuestra ya conocida experta en este blog, Carmen Acosta, psicóloga, máster en comportamiento no verbal/logopedia y fundadora de OHLAVOZ.com nos desvela en este artículo que nuestra comunicación puede evocar mucho más que simple información objetiva y transformarnos en armas persuasivas.

Espero que su aportación os fascine tanto como a mí.

Hay palabras que desprenden aromas embriagadores mientras que otras son frías e inodoras como el acero. Las palabras que embriagan lo hacen evocando imágenes, sensaciones, colores, emociones… mientras que las inodoras se limitan a transportar, de la manera más aséptica posible, el significado.

La poesía es el reino de las palabras olorosas, mientras que la ciencia o el BOE lo son de las inodoras. Dependiendo del contexto y de nuestras intenciones será interesante utilizar unas u otras. Y esto es muy importante, porque si nuestro modo de expresarnos implica la preferencia constante por un tipo de palabras o por el otro, podremos tener serios problemas comunicativos. “Amanecer” desprende más aromas que “salir el sol”. Significan lo mismo, pero su poder evocador es diferente. Y eso puede facilitar o entorpecer la comunicación dependiendo de la situación en la que nos encontremos.

Cuanto más delimitado está el significado, menos espacio para la evocación queda, la expresión se vuelve más objetiva y, por tanto, menos sugerente. Pierde capacidad emocional, pero gana concreción. De las palabras olorosas nos servimos cuando queremos poner en juego las emociones. Así para seducir, persuadir o crear un slogan acudimos a buscarlas en la poesía y no en un acta notarial.

Sin embargo, si estamos sumidos en una discusión, redactando un comunicado o vamos a abordar temas no personales, será mejor que limitemos y vigilemos las palabras que puedan resultar más embriagadoras, porque no sabemos qué tipo de evocación van a producir en la mente de los interlocutores. “Amaneció a la vida” transporta más contenidos y más potencial de desencadenar emociones , que “nació”, pero los contenidos de “nació” son más claros y compartidos que los de su versión metafórica. Por eso las metáforas son tan útiles para disparar los aromas y con ellos las emociones.

Usar metáforas implica asumir el riesgo que supone abrir la caja de los vientos en la mente de nuestro interlocutor, pero tiene la enorme ventaja de permitirnos mover las emociones de quienes nos escuchan. En cada situación comunicativa deberemos valorar cuánto riesgo queremos y podemos asumir.

 

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La importancia de los gestos con nuestras manos

Tal y como apunta el experto Joe Navarro, nuestras manos humanas son únicas, las acciones que se pueden llevar a cabo con ellas son infinitas (pueden crear, pintar, escribir, tocar un instrumento, acariciar, golpear, sentir, sujetar…) todas son habilidades funcionales, vitales para nuestra vida diaria, pero nuestras manos también son extremadamente expresivas; pueden ‘hablar’ sin palabras para la gente con discapacidad auditiva, ayudar a contar una historia o revelar nuestros pensamientos más íntimos.

Tenemos fijación por las manos, en la comunicción, el contacto visual hacia las extremidades es mayor que hacia otras partes del cuerpo. A veces, incluso pueden convertirse en un símbolo, en una marca de identidad (evoquemos la imágen de Hitler, por ejemplo). Nuestros cerebros aún están programados para involucrar a las manos en la comunicación precisa de nuestras emociones, pensamientos y sentimientos. Por lo tanto, ya sea para las personas que hablen o no, los gestos con las manos merecen nuestra atención como una fuente rica de comportamiento no verbal para ayudarnos a comprender los pensamientos y sentimientos de los demás.

En el libro de Navarro: “Louder Than Words” se recogen algunos datos interesantes sobre qué pueden expresar nuestras manos y cómo podemos interpretarlo, os recomiendo su lectura, pero os adelanto aquí algunas de sus apreciaciones:

  • La forma en que tocamos a los demás está determinada por cómo nos sentimos con respecto a ellos. El contacto total con la palma de la mano es cálido y cariñoso, mientras que tocar con la punta de los dedos revela menos afecto.
  • Cuando estamos cómodos y contentos la sangre fluye hacia las manos, lo que las hace cálidas y flexibles. El estrés hace que nuestras manos se sientan más frías y rígidas.
  • Cuando te sientes fuerte y seguro, el espacio entre tus dedos crece haciendo que tus manos sean más territoriales y dominantes. Cuando te sientes inseguro, ese espacio desaparece, de hecho, es posible que te encuentres metiendo los pulgares debajo de los dedos cuando estás bajo mucho estrés.
  • El movimiento manual (gestos ilustradores) es importante para expresar su opinión y que está convencido de lo que está diciendo, es probablemente la muestra de confianza más poderosa que poseemos.
  • Cuando estés estresado habrá más frotamiento de las manos (auto masaje o “auto-pacificación”), lo que aumentará la frecuencia y la fuerza en proporción con el estrés.
  • La primera vez que tocamos a otros es generalmente a través de un apretón de manos. Puede parecer trivial, pero hazlo mal y dejarás una impresión negativa duradera. Hazlo bien y obtendrás puntos emocionales.
  • Debido a que cualquier contacto afecta nuestro centro emocional (ya sea de manera positiva o negativa), la forma en que tocamos o estrechamos las manos es muy importante.
  • Recuerde que en algunas culturas, un apretón de manos es un gesto de saludo secundario. Un abrazo o  incluso un beso puede ser lo correcto.

 

 

*Referencia: Psychology Today

¿Cuál es nuestro mayor enemigo emocional?

Esta pregunta tan interesante me la hizo llegar un lector del blog, lo pensé un instante y lo tuve claro. El victimismo. Pero, ¿qué es realmente una conducta victimista? ¿Es una emoción, forma parte de nuestra vida, es perjudicial o nos podemos beneficiar de ello? ¿Tiene solución?

La mentalidad victimisma es una forma de vida, no se trata de una emoción momentánea sino de un recurso constante de afrontamiento hacia diferentes circunstancias de una forma poco controlada, es decir, la persona victimista alude siempre a la mala/buena suerte o a la conducta de los demás, de sus aciertos o desaciertos, la responsabilidad nunca es de uno mismo. Dígamos que es una forma de autoprotección (inadecuada) para no asumir un daño a su autoestima por haber fracasado en algún momento. Esta conducta se vuelve automática, muchos no llegan a ser conscientes, lo bueno es que no es un rasgo de personalidad como puede ser la extroversión, por tanto se puede corregir.

Ante todo, hay que distinguir que existe un victimismo real y otro no justificado. Hay situaciones de daño físico y moral que conllevan un proceso lógico de victimización, si por ejemplo hemos sido agredidos, ofendidos, humillados, etc, nuestro cuerpo reacciona y bloquea nuestras emociones y actitudes más positivas, nos volvemos vulnerables y necesitamos un aporte extra de cariño, atención y cuidado por parte de los demás, esto no es cuestionable, pero este plus de apoyo debe ser algo pasajero, un estado provisional necesario, si se prolonga en el tiempo y pasa a forma parte de nuestra personalidad, de nuestra existencia, es insano.

Un acontencimiento traumático no puede ser nuestra carta de presentación al mundo, y menos aún beneficiarnos de este suceso para conseguir siempre un extra de atención. La persona victimista se vuelve egoísta, deja de escuchar e interesarse por los demás, hacen al resto responsables de todos sus males, y solo generan sentimientos de culpabilidad. Niegan siempre su implicación, incluso aunque sea evidente. Afrontan todo a su alrededor de una forma exageradamente drámatica, sienten pena por ellos mismos y actúan a la defensiva.

No es que el victimismo genere un beneficio, pero sí consecuencias positivas en el corto plazo, así la conducta se refuerza y se mantiene. Por ejemplo, la autoestima se mantiene intacta, nada la daña porque se evade la responsabilidad de todo lo que nos suceda por completo. Se recibe atención, compasión de los demás y generan sentimientos de protección, es difícil criticar o negar lo que te pida una persona así, inspira pena, y por tanto consiguen lo que quieren de una forma rápida y segura. Tras un tiempo inicial, la gente que rodea a la persona victimista se siente engañada, se cansa de someterse a sus demandas constantes y comienzan a quedarse solas. El victimismo solo conlleva amargura, insatisfacción, negativismo, toxicidad y dependencia en las relaciones.

Es fundamental acudir a un profesional para corregir esta ineficaz estrategia de afrontamiento, a través de técnicas, como la reestructuración cognitiva, puede reconducirse la conducta. Pero existen pautas complementarias que tienen que ver con la psicología emocional, el lenguaje verbal y no verbal. Al final,  este estilo de comportamiento se caracteriza por una clara represión emocional, sobre todo, de la ira. Sienten rechazo hacia las emociones negativas, cuando realmente éstas nos ayudan a superar nuestras frustraciones. Existe la idea, mal extendida, de que nuestro cerebro, concretamente la amígdala, controla y organiza nuestras respuestas emocionales sin control, que nos enajena de cualquier responsabilidad, que sólo somos víctimas de ellas. Tenemos que, no solo gestionar, sino desarrollar y potenciar todas nuestras emociones, todas son útiles auque sean incómodas. Es necesario que se sean incómodas para que capten nuestra atención, son nuestra alarma y hay que hacerles caso. No te juzgues por lo que sientes.

La comunicación efectiva y asertiva es el enemigo número uno del victimismo. Desarrolla un lenguaje constructivo, elimina los condicionales y el ‘tú’, sustituyelo por el yo, para bien y para mal, por acciones, por un lenguaje responsable y directo, alejado de exigencias, culpabilidades y ataques. Muestra una comunicación no verbal segura, erguida, dinámica. El victimismo se asocia con una postura vencida, apocada, sin fuerza ni energía… Os dejo aquí algunos consejos más en este sentido:

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Susana Díaz anuncia elecciones autonómicas con una curiosa emoción

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha anunciado elecciones anticipadas para el próximo 2 de diciembre, ya que realmente estaban previstas para el mes de marzo. Un momento para ella de alto impacto emocional que requiere toda nuestra atención. Y no ha defraudado. Susana Díaz tiene un estilo de comunicación altamente expresivo, le cuesta ocultar y reprimir sus emociones, es muy transparente en cuanto a sus sentimientos sean cuáles sean. Éste es uno de los fotogramas captados durante su intervención, pero he contabilizado más de diez microexpresiones iguales en su breve exposición (podéis ver el vídeo al final del post).

Esta configuración facial corresponde con la emoción primaria de tristeza. Una insólita reacción. Esta emoción se caracteriza por una elevación de la zona interior de las cejas, vemos como se triangulan hacia arriba. Es difícil fingir o forzar esta expresión, es un movimiento muy automatizado e inconsciente, practicamente no se puede manipular. Puede tener sentido en este contexto. La tristeza, por definición, se corresponde con el sentimiento de pérdida o fracaso. Decepción, especialmente si se han desvanecido esperanzas puestas en algo. Situaciones de indefensión, ausencia de predicción y control. Normalmente, la tristeza aparece después de una experiencia en la que se genera miedo debido a que la tristeza es el proceso oponente del pánico y actividad frenética.

Anuncia esta noticia compungida. De hecho, el resto de su lenguaje corporal también es coherente con este estado emocional. Sus movimientos son lentos, su postura está abatida, su lenguaje es demasiado pausado en comparación con su línea base o habitual de comunicación.

No podemos saber realmente qué piensa o cuáles son sus sensaciones, pero desde luego parece que éstas no son muy halagüeñas o esperanzadoras para ella…

Las hipótesis posibles sobre la actitud de Carmen Montón

A raíz de los análisis a personas del mundo de la política, sobre todo, en los casos de Cifuentes y Montón por el tema máster, muchos me preguntáis: “pero entonces, ¿dicen la verdad? ¿hicieron el máster? ¿no hubo irregularidades?” Os respondo particularmente a cada uno pero creo que es importante plantearlo aquí, para que todos sepamos entender los análisis de conducta y cómo funciona realmente el intrigante mundo de la credibilidad.

En primer lugar, y esto es sabido por todos, el territorio de la política requiere mención aparte, los políticos son entrenados y asesorados para manejar la comunicación y gestionar las emociones a conveniencia. Muchos lo consiguen y lo hacen muy bien, en general. Dicho esto, a veces nos podemos servir de la detección de ‘microexpresiones‘, breves fogonazos de expresión emocional que se escapan en nuestro rostro y que transmiten realmente lo que sentimos en ese momento. Cuando éstas son incongruentes con lo que decimos, es una alarma para la credibilidad y merecen de nuestra total confianza, ¿por qué? porque se tratan de emociones primarias que suelen producirse en momentos tensos de alto impacto emocional, son inconscientes, poco manipulables y genuinas según los músculos de la cara activados. Son indicadores bastante fiables, pero no siempre se producen.

Sí pudimos apreciarlos en el caso de Cristina Cifuentes, (puedes pinchar aquí para acceder al análisis), visos de culpabilidad, tensión, nerviosismo, desprecio… ¿hizo el máster? ¿cometió alguna irregularidad? no podemos saberlo, lo que sí que puedo decir es que sus patrones de conducta no son congruentes con los de una persona a la que se le acusa injustamente de algo, que está incómoda, tensa, que se siente culpable, pero hasta qué punto ha cometido una ilegalidad o no, no puedo asegurarlo, solo las pruebas tangibles hablarán de forma irrefutable.

Vamos ahora con el caso de Carmen Montón, (pincha aquí para acceder al análisis) donde nos encontramos todo lo contrario, aquí vemos a una persona directa, enfadada, convencida, contundente en su argumentación, sin microexpresiones de culpa, miedo… solo vemos ira, actitud congruente con alguien que dice la verdad y que se siente acusada injustamente de una acción no cometida… Hasta en su dimisión de anoche, donde todo eran sonrisas (fingidas) y actitud orgullosa, salió de la sala con la cabeza bien alta, ausencia de culpa, de miedo, de vergüenza, continuó exactamente con la misma actitud, entonces, ¿es sincera? ¿no cometió ninguna irregularidad? De igual forma, no podemos saberlo, pero por su comportamiento en este contexto podríamos plantear tres hipótesis:

  1. Ella realmente se cree inocente. La universidad le dio una pautas para cursar el máster (por ejemplo, pago de tasas, acudir al menos a dos clases presenciales y presentar un trabajo final) ella lo cumplió a rajatabla y aunque sea una situación injusta para el resto del alumnado e irregular por parte de la Universidad, ella no cree que haya cometido una ilegalidad porque hizo lo que le pidieron y quizás pensó que era habitual en la modalidad a distancia o siguió estas instrucciones a pesar de que supiera de su trato de favor. Un profesor de mi facultad lo llamaba ‘gente de ética y moral distraída‘, el umbral de la injusticia lo tienen poco delimitado y achacan estas faltas a la picaresca cotidiana, sin más.
  2. Cuenta ‘su’ verdad. Ha cometido una irregularidad consciente y voluntaria, sabe perfectamente que ha hecho mal pero hay mucho en juego, por tanto se autoconvence de lo contrario. La máxima para mentir bien, de hecho, diría que es la única forma de elaborar una mentira perfecta es creerse su propia mentira. De esta manera, si estamos totalmente convencidos y creemos en lo que decimos (no es difícil si la motivación es muy alta) nuestro cuerpo transmite efectivamente lo que pensamos y esto puede corresponderse o no con la realidad.
  3. Miente muy bien. Puede pasar, hay gente con un buen cocktail de rasgos y experiencias que le hacen tan buen mentiroso siempre que es muy difícil detectar la realidad detrás de sus palabras, exista alta motivación o no. Ya lo tratamos en este blog anteriormente en el post: ¿cómo es el mejor mentiroso?

Conclusión, no diré jamás en este blog esta persona miente o esta persona dice la verdad, me limito a analizar los patrones de conducta y detecto congruencias o incogruencias entre las emociones esperadas según el contexto y las emociones presentadas. Tras esto, solo podemos establecer hipótesis y plantear diferentes posibilidades. Os animo a que veáis ambos vídeos (caso Cifuentes y caso Montón) y sigáis las líneas de conducta para ver las diferencias y sacar vuestras propias conclusiones. Vuestras observaciones siempre son super interesantes y os agradezco que las comentéis 🙂

Los dos Pablo Iglesias

Pablo Iglesias reaparece tras su baja paternal en informativos telecinco con Pedro Piqueras, la entrevista se inicia con la temática personal para acabar hablando de la actualidad política. Y éste es un ejemplo perfecto para poder analizar las dos caras del líder de Podemos, su lado más íntimo y personal y su rol de político luchador y reivindicativo.

En estas dos partes le cambian prácticamente todos los rasgos de su morfología y comunicación, observamos cómo al inicio, al tratar temas de su vida privada, habla en un tono muy bajo, pausado, lento, casi no se le oye. Sus gestos son serenos, al igual que su rostro, relajado y sin acción muscular significativa salvo para expresar sonrisas auténticas. Se dibuja con este patrón una personalidad introvertida, tímida y recelosa a la hora de enfrentar hablar en público sobre su vida personal, se muestra más distante, inaccesible y más inseguro en este terreno.

Todo lo contrario ocurre cuando el tema cambia y se habla de política, su gesto se endurece pero también se crece y cobra una fuerza y seguridad propias de un auténtico líder. Realmente parece otra persona diferente, su expresión emocional ya no es sonriente y serena, vuelve al ceño fruncido marca registrada Pablo Iglesias, la ira le caracteriza, es su forma natural de expresar sus ideas y argumentar su posición, es vehemente y muy convencido con lo expresa en su mensaje oral. Su voz es alta y fuerte y aumenta la velocidad del ritmo, su postura gestual se yergue y se abre, volviéndose más dinámica e ilustrativa.

En definitiva, es un claro ejemplo de cómo el lenguaje corporal se modula y se adapta a lo que sentimos realmente en cada momento y ante diferentes estímulos en una misma situación.

[Puedes ver las diferentes secuencias de la entrevista pinchando aquí]

 

Cuidado con detectar mentiras

Cuando se habla de comunicación no verbal es inevitable pensar en utilizarla para intentar detectar las mentiras de nuestro alrededor. Y no me extraña, es un comportamiento totalmente adaptativo, ha sido importante desde tiempos primitivos hasta nuestros días. Hay mucha investigación al respecto, desde la psicología se han utilizado todos los recursos para desentreñar el misterio de descubrir el engaño de forma inequívoca, pero a día de hoy hay que dejar claro que no se ha conseguido.

El “efecto Pinocho” no existe, no hay un solo comportamiento (o grupos de ellos) indicativo en exclusiva de engaño. Es muy irresponsable creer lo contrario y cada vez más se extiende como la pólvora la convicción de que tras ir a un curso o leer algún libro sobre la psicología de la mentira seremos capaces de convertirnos en detectores andantes; peligroso, muy peligroso, cuando esto cae en manos de instructores de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, por ejemplo, o en el mundo judicial, criminológico… con consecuencias graves.

En investigación se ha avanzado sobre los indicadores de la falta de honestidad, y son reales, el problema surge a la hora de interpretarlos, obviando otras variables tan importantes como la personalidad, la inteligencia, la cultura, el contexto, y la confusión entre el estrés, la ansiedad de evaluación o la incomodidad psicológica con un discurso deshonesto. Soy la primera que sigo bien de cerca la divulgación sobre el tema y me encanta compartir toda la investigación en el blog con vosotros; a partir de ahí creo que todos somos conscientes que ese tipo de valoraciones hay que dejarlas en manos de personal cualificado, psicólogos, forenses, etc, expertos en entrevistas e interrogatorios.

Lo que sí que podemos ser todos capaces de hacer, siguiendo a las buenas fuentes sobre comunicación no verbal, es detectar las ‘alarmas’ de la incoherencia, identificando los estados emocionales de los demás a través de su lenguaje corporal (un canal más fiable que las palabras por se más inconsciente). Tenemos que reenfocar para qué podemos servirnos de la comunicación no verbal, que no es poco. En palabras del experto Joe Navarro (autor que recomiendo) “Todos transmitimos a través de nuestro lenguaje corporal lo que pensamos, sentimos, deseamos y tememos; y eso lo comunicamos de manera efectiva en tiempo real. Que cuando estamos estresados, molestos, decepcionados, inquietos, ansiosos, preocupados, preocupados, inseguros, exasperados o enojados, nuestros cuerpos revelan esa información de forma no verbal por cualquier cantidad de expresiones en todo el cuerpo, incluso mediante el uso de lo que Paul Ekman llama “comportamientos adaptativos”. En esencia, todos nosotros, podemos ser “detectores de problemas”, pero eso es todo. Eso es todo lo que podemos decir, que algo está mal o no, que hay una incongruencia visible, pero no más.”

Nuestro rol debe ser el de hacer más y más preguntas como recopiladores neutrales de hechos. Hacemos preguntas y cuando vemos un comportamiento particular como resultado de esa pregunta, volvemos a ese tema y hacemos más preguntas, o tratamos de determinar por qué esa pregunta ha provocado que la persona reaccione de esa manera. Lo usamos para identificar pistas, o cosas que son preocupantes para la persona que está siendo cuestionada, pero no para acusar directamente de engaño.

 

 

¿A qué suena tu nombre?

No es la primera vez que hablamos del paralenguaje en este blog. Es un canal fundamental del lenguaje corporal que trasmite mucha información emocional del mensaje. El paralenguaje contiene todos aquellos aspectos no verbales de la voz, por ejemplo, el acento, volumen, silencios, pausas, tonalidad, ritmo, etc, que matizan el significado de lo que se dice. Para profundizar en este tema, siempre acudo a Carmen Acosta, logopeda, psicóloga, experta en comunicación no verbal y fundadora de OHLAVOZ.com

¿A qué suenan las palabras? Interesantísima aportación que hoy comparto con vosotros/as:

Los sonidos de las palabras son los vestidos de las ideas, y del mismo modo que nuestro atuendo afecta a la impresión que causamos, también el sonido que envuelve a la palabra afecta a su percepción y desencadena unas reacciones u otras. Podemos decir una misma cosa con distintas palabras, pero elegir unas u otras cambiará el efecto de lo que digamos.

Y es que en realidad no existen los sinónimos. Por ejemplo, cuando escogemos llamar a nuestro progenitor “papa´”, “padre” o “papi” , esa elección aporta un plus informativo, habla de nuestras percepciones, de cómo estamos viendo en ese momento a esa persona o de cómo nos sentimos con ella…

Compruébalo, tómate un minuto para visualizar a tu progenitor y nómbralo cada vez de una manera, verás como tus sensaciones hacia él no son exactamente iguales. ¿Por qué? Pues porque el contorno sonoro de cada una produce un efecto distinto en tu cerebro, ya que por un lado activa unas imágenes y experiencias guardadas en tus recuerdos y, por otro, despierta a las palabras que tienen un sonido parecido.

Así la presencia de la /i/ en “papi” volverá a tu padre más pequeño, más cercano, quizá más dinámico y activo. Y si te pidiera asociarlo con un color, es muy probable que lo asociaras con el amarillo. Sin embargo, “padre” al contener la /e/ y la /r/ es muy posible que te lo hagan percibir más sólido, más oscuro, más cercano a la textura y al color de la tierra.

Y es que, nos dice Alex Grijelmo (La seducción de las palabras. ed Taurus), tendemos a percibir las erres como enérgicas y fuertes, porque la fuerza y la energía se encuentra en palabras como: “resurgir”, “romper”, “reactivar”, “rasgar”… La /r/ vuelve más potente la palabra “patraña” que a su sinónimo “embuste”. ¿A que sí?

Y “papá” ¿de qué color lo ves?. Quizá lo estés imaginando blanco, como la cal, las sábanas, las nevadas o los fantasmas, todas ellas repletas de aes. Piensa ahora en qué evocaciones te produce alguien que se llama Mª Dolores, pero se presentas como “Loli” o como ”Lola”.

Aunque no seamos conscientes, el poder del sonido actúa sobre nosotros y sobre la imagen que proyectamos. Tenlo en cuenta la próxima vez que acudas a una cita importante o a una entrevista de trabajo.