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Coronavirus: Por qué los sanitarios no son héroes

Tercera ola y España es ya uno de los países del mundo con más profesionales sanitarios contagiados por coronavirus, pero poco se habla del alto coste en su salud mental. Los resultados preliminares ya ponen de manifiesto que alrededor del 50% de los trabajadores de la salud presentan estrés postraumático, casi el 80% manifiesta sintomatología compatible con trastornos de ansiedad.

Ilustración de Mauricio Muñoz San Román para el libro "Se hizo el silencio".

Ilustración de Mauricio Muñoz San Román para el libro “Se hizo el silencio”.

El ser humano tiene la tendencia a no creer en lo que no ve. Ellos sí lo ven, a diario, con la visión más cruel y desagradable posible de este virus, lo conocen con sus cinco sentidos y experimentan el sufrimiento, la soledad, la desesperación, el miedo, la muerte. Y nuestros sanitarios van sumando cicatrices, invisibles pero imborrables.

Debemos tomar conciencia de que la cantidad de personas que sufre una conmoción a nivel emocional después de tales vivencias suele ser bastante mayor y más duradera que las personas con secuelas físicas.

La angustia moral, la preocupación y el miedo excesivos que padecen ocurren por las difíciles decisiones que deben tomar y por sentirse ‘en guardia’ todo el tiempo, sin desconexión y con pensamientos recurrentes que limitan su vida diaria fuera del entorno hospitalario.

En mi libro, “Se hizo el silencio: las 22 claves para entender la pandemia“, doy algunas pautas para el auto-cuidado psicológico destinado a todo el mundo, pero con un capítulo exclusivo dedicado al personal sanitario, y es importante, pero no por ello debe abandonarse la atención de la prevención y el tratamiento psicoterapeútico por parte de las Instituciones y Organismos Oficiales.

Los sanitarios no son héroes, ni ángeles, son como tú y como yo, no les hacemos ningún bien con ese calificativo que, aunque bien intencionado, solo aumenta la presión y la autoexigencia que ya sienten, parece que tienen que asumir la precariedad de sus condiciones y sacrificarse hasta tal punto de morir luchando contra el virus.

Adornar su imagen con un halo sobrenatural puede provocar más culpabilidad e incluso bloquea o anula su capacidad para expresar o reconocer cómo se sienten realmente, que en la mayoría de ocasiones pasa por encontrarse muy alejados de la victoria, el orgullo o el triunfo de un ‘héroe’.

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Blue Monday 2021: y esta vez sí que puede ser el día más triste

Se dice que hoy, 18 de enero, es el día más triste del año según una ecuación matemática basada en el análisis de varias variables que se alinean en esta jornada.

El final de las Navidades, las condiciones climáticas, los propósitos de año nuevo, son algunos de los elementos que intervienen, pero esta afirmación no está libre de polémica y otros expertos aseguran que carece de validez científica y que no se trata más que de una campaña de marketing y publicidad de ciertas compañías de viajes.

De acuerdo. Pero justo este año quizás podemos ver este ‘blue monday‘ con otra perspectiva más realista. Se confirma que los datos de la pandemia son peores ya que en marzo del año pasado, el temporal de lluvia y nieve que nos ha sumido en el caos, una vacuna contra el covid prometedora que parece que no será un remedio tan rápido como se prometía, nuevas cepas del virus, la vida con mascarillacrisis económica y cansancio social.

¿Quién da más?

Estamos agotados de vivir tanto ‘acontecimiento histórico’, no hemos tenido tiempo para coger aire, y lo que es peor, nuestras expectativas y optimismo estaban completamente depositadas en el cambio con el nuevo año.

Lo que sí que es muy real son los índices tan elevados de ansiedad en la población y las patologías crecientes en el ámbito afectivo.

La herencia del coronavirus y del encierro están siendo nefastas y desde el inicio de 2020 hasta la fecha hemos alcanzado un buen nivel de agotamiento emocional, cayendo en el hartazgo, la frustración y la impotencia ante tanta incertidumbre.

El día de hoy, sea cierta la ecuación del blue monday o no, nos recuerda que la salud mental debe ser una prioridad, quizás no podemos controlar las inclemencias del tiempo, la expansión de la pandemia o la desastrosa gestión de ésta por parte de nuestros políticos, pero sí podemos manejar nuestro propio encuadre, nuestra actitud hacia todo lo que nos ocurra.

No podemos cambiar el mundo, pero sí cuidar nuestro micro-mundo, tomar precauciones y ser responsables, ayudar a los que nos rodean, disfrutar de los buenos momentos en casa, en familia, agradecer cada día que despertemos sanos, luchar por nuestro negocio. Pequeñas cosas que suman a un mundo algo más agradable… sí, a pesar de todo…

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Coronasomnia: La relación entre pandemia y alteraciones del sueño

¡Con este virus no se puede dormir! Una de las rutinas que más se ha visto afectada desde la llegada del coronavirus ha sido el patrón de sueño. Para algunos esta alteración ha sido muy sutil, para otros, un auténtico infierno.

Fotografía gratuita: Flickr

Fotografía gratuita: Flickr

El sueño, la alimentación y el cuidado personal y social son los pilares fundamentales sobre los que se asientan una buena salud mental. Si una falla estrepitosamente, los efectos y limitaciones son muy importantes para el ser humano.

Según un estudio realizado por el Grupo de I+D en Economía de la Salud: “Un 62% de la población tuvo problemas de sueño significativos durante el confinamiento” (casi la mitad de este porcentaje necesitaron medicación para poder dormir). En la actualidad, esta cifra habría descendido pero todavía rondaría el 40%, un dato que sigue siendo relevante.

Esta problemática se vinculó con el miedo y la ansiedad ante la situación excepcional que causó la Covid, pero ahora, además se mantiene por la recesión económica y la crisis social en la que nos vemos inmersos.

Ya sabíamos que ciertas crisis o traumas, como los desastres naturales o ataques terroristas, desembocan irremediablemente en un insomnio importante en el corto plazo. Sin embargo, los expertos afirman que el impacto global y el carácter prolongado sin precedentes de la pandemia amenazan con expandir la tasa de insomnio crónico, el cual es mucho más difícil de tratar.

Según el director del Centro de Investigación del Sueño en la Universidad de Quebec: “El insomnio no es un problema simple ni benigno. El impacto que tiene el insomnio en la calidad de vida es enorme”.

No es ninguna sorpresa. Nuestro sueño es reflejo de nuestro día y es normal que éste se encuentre en un estado de afectación muy alto, depende también de cómo estemos viviendo ahora la situación, pero es importante observar y controlar este problema, y buscar ayuda profesional si reconocemos que está limitando nuestra vida y nuestra salud. 

El futuro es incierto y el fin del crisis imprevisible, de este modo, el sueño se convierte en un centinela, una señal de que las cosas están mal en nuestro entorno y en el mundo.

Coronavirus y harina: La repostería también tiene efectos terapéuticos

Tras el desabastecimiento del papel higiénico y de productos de limpieza (‘linkea‘ para acceder al análisis psicológico de estos comportamientos) hemos pasado a la misión imposible de encontrar harina y levadura en el supermercado.

Las reacciones ante el coronavirus son insospechadas pero todo (o casi) tiene su porqué.

Para una muestra solo hay que dar una vuelta por redes sociales. Nuestros amigos y familiares no paran de subir a sus perfiles bizcochos recién horneados, pan artesanal, tartas, magdalenas y galletas caseras…

De repente vivimos en el boom de la repostería por coronavirus.

Las estadísticas nos dan el dato: El consumo de harina se ha disparado hasta un 196% con respecto a semanas anteriores. ¿Qué nos lleva a realizar frenéticamente esta actividad durante el confinamiento?

La razón más obvia es que se trata de una actividad útil pero ociosa que ocupa nuestro tiempo y que podemos compartir en familia, puede ser entretenida y muy divertida para los más peques de la casa.

Consumir dulce (con moderación) es beneficioso para nuestra salud mental.

La repostería es una tarea relativamente sencilla, estructurada y demandante de toda tu atención.

La cocina, y la repostería en concreto, nos hace no pensar en nada más, nos focaliza plenamente en una actividad, por lo que incluso se suele recomendar practicar esta actividad como terapia psicológica para tratar ciertas enfermedades mentales.

En estos tiempos de estrés, ansiedad e incertidumbre, nuestro sistema de recompensa se dispara. Nuestro cerebro nos pide ‘caprichos’ para equilibrar la balanza de emociones y experiencias dispares.

Nos apetece comer dulces y saltarnos la dieta porque esto nos ayuda a sentirnos mejor, nos damos un premio y calmamos la ansiedad a corto plazo.

John Whaite, ganador en 2012 del reality show The Great British Bake Off y diagnosticado de trastorno bipolar desde 2005, contaba a la BBC que, aunque obviamente cocinar no cura su trastorno pero sí que le ayuda a sobrellevarlo.

“Cuando estoy en la cocina, midiendo la cantidad de azúcar, harina o mantequilla que necesito para una receta o cascando la cantidad exacta de huevos, siento que tengo el control. Esto es muy importante, porque una de las claves de mi trastorno es el sentimiento de que no tienes control”.

Así que… ¡Seguid con la repostería! Las actividades creativas nos ayudan a relajarnos, afectan positivamente a nuestras emociones y nos proporcionan una sensación de control y crecimiento personal.

Eso sí, no olvides combinar el consumo de dulce con actividad motora intensa. Practica ejercicio en casa. Ambas actividades forman la combinación perfecta para pasar lo mejor que podemos esta extravagante etapa que nos ha tocado vivir.

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*Referencia: María Arranz para Freedamedia.es

El duelo en tiempos de coronavirus: El drama de no poder despedirnos

No me puedo imaginar lo duro y terrible que debe ser perder a un ser querido en estas circunstancias de aislamiento obligado total. De vernos privados del último adiós, de no poder verle o hablarle por última vez, de no haberle acompañado en su enfermedad, en sus últimos momentos… No quiero ni pensarlo.

Pero el duelo está presente, es un acto humano primitivo. Nuestro cerebro necesita de ese proceso para recolocar nuestras emociones, para asumir y reintegrarnos de ese fuerte dolor inevitable que experimentamos ante la muerte.

El coronavirus también nos ha devastado con esta consecuencia colateral, pone a prueba nuestros vínculos sociales más férreos y nuestras tradiciones más profundas, no respeta ni a los rituales ante la pérdida. Parece que un entierro o un funeral no tienen tanta importancia hasta que nos resulta imposible hacerlos.

A nivel psicológico esta obstrucción tiene un alto impacto en el proceso de aceptación ante la pérdida. Nuestra mente precisa participar de esta experiencia para fijar el punto de partida de un proceso natural de duelo.

Pasar por éste es fundamental para nuestra salud mental. No evites sentirte mal, triste, enfadado, desgarrado por dentro. Es incómodo pero no lo deseches, puedes pensar en ello, habla de ello con tus familiares y amigos, con un profesional.

No te aísles, siente tu dolor pero compártelo. Conversa con tus allegados sobre la persona que se va, recuerda tus mejores y peores momentos con él, tiempos complicados entre ambos, episodios divertidos que te hicieran reír, instantes entrañables…

Y lo más importante de todo, organizar una despedida sigue siendo posible aún con este confinamiento. No hay reglas ni una pautas concretas. Haz lo que sientas que puede tener un significado para vosotros, para el vínculo que existía entre tú y la persona que se va.

Si sabes pintar, refleja a través de este medio tu despedida particular, puedes componer una canción, escribir un poema, redactarle una carta, plantar una planta, fabricar un símbolo, un amuleto. Lo que quieras, lo que necesites.

No hay duelo que no necesite una despedida, es un momento dificilísimo para afrontarlo pero los rituales y homenajes siempre son importantes.

 

La emoción de esperanza y sus extraordinarios efectos

La esperanza es un estado emocional secundario o social, no es una emoción primaria, por tanto no tiene una expresión facial específica y universal, se detecta y se interpreta en el lenguaje corporal según el contexto.

No por ello deja de ser fundamental para nuestra salud mental e incluso para la supervivencia de nuestra especie ya que es el motor que nos impulsa a mantener la ilusión y a conseguir lo que deseamos. Es el antídoto de la depresión.

Se trata de una emoción ambigua porque, en ocasiones, aflora cuando uno lo está pasando mal, pero confía en superarlo y salir reforzado de la situación. Se mueve entre la dimensión de la tristeza y la alegría, actúa como un puente de transición emocional de una a otra y por tanto es fundamental para superar el pesimismo y reintegrarnos después de cualquier experiencia negativa.

Los beneficiosos efectos de la esperanza han sido ampliamente estudiados por investigadores del ámbito de la salud y la educación y determinan, tomando como ejemplo los resultados de Snyder, que las personas con niveles altos de esperanza se comprometen más con conductas y hábitos saludables.

Además, cuando padecen una enfermedad, las personas con niveles altos de esperanza tienen una mejor adherencia a los tratamientos y presentan mejores estrategias de afrontamiento y ajuste a la enfermedad.

Por otra parte, la esperanza ha demostrado ser un fuerte mediador entre los efectos negativos del estrés y la satisfacción con la vida, disminuyendo los efectos negativos que el estrés tiene sobre ésta. Las personas con mayores niveles de esperanza presentan menores niveles de afecto negativo (ansiedad, tristeza, etc.); es decir, presentan un mejor ajuste psicológico general.

Finalmente, hay una amplia evidencia en diferentes poblaciones y culturas que apoya la relación positiva entre la esperanza y la felicidad, así como con el desarrollo psicológico óptimo (Alarcon, Bowling y Khazon, 2013 ; Peterson, Ruch, Beermann, Park y Seligman, 2007). Por tanto, las personas con buenos niveles de esperanza tienen una mejor salud mental.

Los efectos beneficiosos de la esperanza también se han demostrado en el ámbito educativo con estudiantes de diferentes niveles de escolarización.

Tanto los estudios de Snyder y sus colaboradores, como los de otros autores han mostrado que los estudiantes con buenos niveles de esperanza tienen mayor éxito académico, se comprometen más con sus estudios y con las tareas escolares, presentan menor tasa de abandono escolar, tienen mejores relaciones sociales con sus compañeros y presentan mayor motivación hacía el estudio y las tareas escolares (Day, Hanson, Maltby, Proctor y Wood, 2010; Flores-Lucas y Martínez-Sinovas y Choubisa, 2018).

 

 

*Fuente: TheConversation

La ciencia lo confirma: Nunca te vayas a dormir enfadado

Siempre lo digo en este blog. No debemos reprimir e ignorar a las emociones negativas, son alertas necesarias, debemos hacernos autoconscientes de ellas pero tenemos que gestionarlas de manera cuidadosa para poder afrontarlas de manera constructiva, ya que con el tiempo pueden resistirse a desaparecer y afectarán peligrosamente a nuestra salud mental.

Foto Pixabay Free License

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Los investigadores de la Universidad china de Beijin mantenían la hipótesis de que la superación de las emociones negativas sería más difícil cuanto más tiempo pasara, y así lo demostraron con un estudio publicado en la revista científica ‘Nature Communications, los resultados mostraron que cuando solo había pasado media hora, los participantes habían logrado borrar de su mente las imágenes negativas (a las que anteriormente fueron expuestos) con mayor facilidad que cuando transcurrían 24 horas posteriores.

El proceso fue controlado a través de un escáner cerebral, esta prueba fue la clave para desvelar el porqué de los resultados, cuando solo habían pasado 30 minutos la actividad neuronal estaba concentrada en la zona del hipocampo (centro de la memoria del cerebro). Pero cuando habían pasado 24 horas, la zona más activa se había distribuido por la corteza cerebral. Por tanto, mientras los participantes dormían las emociones negativas se habían asentado y expandido por todo el cerebro… 

¡Nunca te acuestes enfadado!

 

*Referencia: Liu, Y. et al . La consolidación de la memoria reconfigura las vías neuronales involucradas en la supresión de los recuerdos emocionales. Nat. Comun. 7, 13375 doi: 10.1038 / ncomms13375 (2016).