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Se suicida tras someterse al polígrafo en un programa de televisión

Triste titular relacionado con la detección de la mentira, en este caso, con el famoso polígrafo.

El presentador Jeremy Kyle al mando del programa que lleva su nombre

El programa de entretenimiento británico Jeremy Kyle Show dejará de emitirse definitivamente tras el terrible suceso. Uno de sus invitados, Steve Dymond, de 63 años, se sometió a una prueba con un detector de mentiras para probar a su mujer que le había sido fiel. Según publicó el diario The Sun, la relación se rompió después de que el aparato afirmase que Dymond mentía, lo que habría podido influir en que, una semana después de la grabación del programa, se quitara la vida.

Ya lo decía yo en un artículo anterior: ¿El polígrafo es realmente eficaz para detectar mentiras? ¡Ojo con el aparatito! Este sistema está totalmente integrado en FBI, CIA, Agencia Nacional de Seguridad, Espionaje y Seguridad del Ejercito, etc, pero siempre ha habido mucha polémica en torno a su utilización y fiabilidad y desgraciadamente existen pocas pruebas científicas sobre su precisión. Según las investigaciones, su eficacia (como la de cualquier otra técnica para detectar mentiras) depende de la naturaleza de la mentira, del mentiroso y del evaluador.

El principal problema de la prueba poligráfica es la subjetividad a la hora de interpretar los resultados obtenidos. Se puede hacer mucho daño si se utilizan herramientas no científicas para juzgar si una persona miente o dice la verdad, y éste ha sido un terrible ejemplo.

Hombres y mujeres mentimos al hablar de sexo (pero de forma muy distinta)

De acuerdo con las investigaciones, las personas somos muy propensas a mentir sobre el historial sexual para cumplir con las expectativas típicas y propias de cada género y cultura. Es un tema único e incomparable, muy sensible a la hora de tratarlo, realmente le damos mucho peso a la hora de proyectar nuestra mejor imagen. La sexualidad parece ser la única área donde se siente verdadera ansiedad si no se cumple con los estereotipos establecidos de un hombre o mujer.

Fotografía Pixabay. Free License

Hace unos años, la investigadora Terri Fisher, profesora de psicología en la Universidad Estatal de Ohio, corroboraba su hipótesis. Se analizaron las respuestas de 293 estudiantes de ambos sexos de entre 18 y 25 años. Lo curioso de los resultados es la diferencia en el engaño, los hombres mienten por exceso y exageración de los ‘datos’, las mujeres minimizamos al hacerlo.

Por ejemplo, las mujeres mentían sobre cuándo había sido su primera vez (todas se agregaban años), el número de amantes (todas dijeron menos de lo real) y la cantidad de noches de sexo casual (todas reconocieron muy pocas).

En el caso de los hombres, fue exactamente lo contrario: se agregaban amantes a la lista, decían que se habían iniciado en el terreno sexual a muy temprana edad y hacían alarde de la cantidad de noches de sexo casual que habían tenido.

Posteriormente, Fisher también constató que el mito se cumple, los hombres piensan en sexo más que las mujeres, con una muestra de 300 personas estableció que la mayoría de los hombres tienen 19 pensamientos sexuales al día, aunque algunos llegan a alcanzar la friolera cantidad de 388. Por término medio,una mujer piensa en sexo 10 veces al día, y la que más pensamientos registra sumaba 140 veces en 14 horas. En la investigación, se demostraba además que los hombres también piensan más en otras necesidades básicas, como la comida y el sueño, que las mujeres.

Tus ojos hablan por ti

Decía Bécquer que el alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.

Podemos controlar, en cierta medida, nuestra cara, nuestros gestos y posturas, pero no podemos ‘manipular’ a nuestro antojo la tasa de parpadeo o la dilatación pupilar. El comportamiento de nuestros ojos en relación al lenguaje corporal es el más inconsciente de todos, por tanto, interpretar sus movimientos será fiable para establecer significados reales en base a la comunicación no verbal del individuo.

Por lo general y en condiciones de luz similares, se ha demostrado por la investigación que las pupilas se dilatan cuando tenemos delante un estímulo que nos resulta atractivo, que nos agrada; ocurre al contrario cuando algo nos genera rechazo, temor o asco, las pupilas se contraen. Este recurso ha sido muy utilizado en las pruebas de producto por las grandes empresas de marketing y publicidad.

El bloqueo del contacto visual, tapando o cerrando los ojos, es una de las cosas más obvias y comunes que hacemos cuando estamos preocupados, frustrados o luchando contra algo (emocionalmente hablando). También cuando sentimos vergüenza o culpa, así dejamos de ver y creemos que podemos dejar de ser vistos por los demás, es un modo de desaparecer, de autoprotegerse.

Según el experto Joe Navarro: “La investigación también muestra que cuando estamos nerviosos o tenemos problemas, nuestra tasa de parpadeo aumenta, un fenómeno que se observa a menudo con mentirosos, pero también con frecuencia con personas que están bajo un gran estrés. No llamaría mentiroso a nadie solo porque su índice de parpadeo aumenta, aunque mientras estudiaba a Richard Nixon, noté que cuando debatía con la prensa, su índice de parpadeo iba de aproximadamente de 12 por minuto a 68 veces por minuto. Bill Clinton durante su deposición mostró una alta tasa de parpadeo, en ocasiones por encima de 92 por minuto, pero nuevamente estos eran individuos bajo mucho estrés.”

“Al interpretar el comportamiento de los ojos, existen muchos conceptos erróneos. Algunos perciben erróneamente el poco o ninguno contacto visual como un signo clásico de engaño , especialmente durante un interrogatorio, mientras que la persona sincera debe “cerrar los ojos”. Esto no está respaldado por la investigación y es completamente falso. De hecho, Alder Vrij y otros han descubierto que los mentirosos tienden a tener un mayor contacto visual porque saben que estamos buscando señales de engaño.”

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Luis Alfredo Garavito, la bestia, ¿arrepentido? #LenguajeCorporal

Luis Alfredo Garavito, apodado ‘la bestia’, el violador y asesino de casi 200 niños en Colombia podría salir de prisión. Éste fue el titular de una noticia publicada hace unos días en 20 minutos. Recordé que hace unos años revisé el análisis de una compañera también psicóloga y experta en comunicación no verbal (que prefiere mantenerse en el anónimato por trabajar para los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado) las declaraciones que Garavito ofreció desde prisión a un medio público, en unas condiciones inmejorables para un análisis certero, por la duración, tipo de testimonio y el primer plano tomado del rostro del entrevistado.

El objeto del análisis era el de comprobar si presentaba un comportamiento propio de un individuo arrepentido y apto para reinsertarse en sociedad, tal y como él mismo manifiestaba. Se analizaron más de 3 horas de grabaciones, entre entrevistas y documentales, de los vídeos se extrajeron 104 fotogramas que fueron analizados junto al contexto verbal.

En cuánto al análisis de contenido (declaraciones verbales) nos encontramos patrones que no corresponderían con el lenguaje propio del arrepentimiento. Por ejemplo, minimización de sus crímenes: “…Yo actualmente soy una persona muy distinta a la que cometió las diferentes conductas punibles que ya son de público conocimiento.…” “…Cometí los homicidios…bueno, llámese como se llame.” Justificaciones sobre su conducta: “…Fui una persona maltratada, fui una persona que en sus años de juventud su papa lo maltrató. Eso me llevo… ¿no es cierto?” “…Yo no puedo justificar ni echarle la culpa a nadie, porque me tendría que volver a mis primeros padres, Adan y Eva“.

Intenta dar una imágen positiva sobre sí mismo, asegurando querer entregar ‘los restos’ a las familias para que reciban cristiana sepultura, e intenta incluso negociar afirmando que sí saliera de prisión sí podría dar más datos. Elude totalmente su responsabilidad y su culpa, cosificando a las víctimas y justificando de nuevo sus actos: “casualmente, yo llegaba; de un viaje, ¿sí? Y había una víctima ahí…y entonces yo utilizaba mi ¿cómo le explicaría?…“. Ausencia explícita de arrepentimiento: “…Pero yo no…personalmente…yo no, yo no voy a ponerme ya en más martirio ni más nada. Que ventilen los homicidios, está bien, pero hay cosas tan intimas que yo, ¿por qué tengo? A mi nadie me va a solucionar nada…” “…Ya tampoco pienso… yo ya no mas colaborar con más. Yo ya cerré, doblé la página…¿ya? qué pesar ¿si me entiende?

Respecto al lenguaje corporal, muestra ira al hablar del juicio social al que está siendo sometido, es decir, le parece injusto. Igualmente expresa ira cuando habla del ofrecimiento de ‘ayuda’ a las familias de las víctimas, emoción incompatible con la solidaridad y el respeto. Ausencia de emociones cuando relata asesinatos, violaciones o referencias, en general, a sus víctimas, de aquí se desprende la frialdad y falta de empatía, tristeza, remordimiento o culpa; de hecho, en ocasiones llega a sonreir al referirse a las víctimas, con una sonrisa desdeñosa y cruel, lo cuál indica satisfacción, regodeo y desprecio por éstas.

Las conclusiones (tras el extenso análisis, lo anterior es solo una breve muestra) eran claras: Se trata de un individuo tendente a la SUPERFICIALIDAD, muestra tintes de GRANDIOSIDAD y una clara TENDENCIA AL ENGAÑO, hay una AUSENCIA DE REMORDIMIENTO, CULPA Y EMPATÍA, NO EXISTE ACEPTACIÓN DE LA RESPONSABILIDAD y por tanto es incoherente con el arrepentimiento, es un individuo IMPULSIVO y tiene un BAJO CONTROL DE LA CONDUCTA y sin metas de futuro definidas a ningún nivel.

 

 

 

 

 

¿Cómo interpretar la asimetría facial?

Hemos de partir de la base de que nuestro rostro no es simétrico, hay diferencias leves en la estructura facial izquierda y derecha (un ojo más grande que otro, diferentes cejas, pómulos más o menos prominentes, la anchura de la nariz, etc), la asimetría, en general, es prácticamente imperceptible.

Fotografía de Drew Peterson, Wikipedia

Fotografía de Drew Peterson, Wikipedia. Ejemplo de asimetría facial en el momento de un arresto, tras asesinar a su mujer. El lado izdo. demuestra emocionalmente satisfacción, el dcho. frialdad.

No quiero centrarme en qué significa por sí mismo tener un lado de la cara de una manera u otra; lo comento porque hay una corriente lllamada psicomorfología facial que asocia directamente que si, por ejemplo, tienes un ojo más grade que el otro eres muy extrovertido y agresivo, y que un lado de la cara refleja el pasado y el otro el futuro… en fin, puede ser que algún día se hagan estudios con sólida base científica sobre el tema y lleven razón, pero por el momento no los hay y no podemos darle credibilidad.

Lo que quiero contaros es que cuando nuestro rostro expresa una emoción, en ocasiones, ésta no está clara, transmitimos un mensaje ambigüo porque nuestra emoción no está bien definida. La experiencia me demuestra que la mayoría de personas cree que controla perfectamente la cara que pone en todo momento, que su lenguaje corporal es totalmente consciente y se puede dominar fácilmente. Si seguís este blog ya sabemos que esto no es así.

Las expresiones sinceras son rápidas y simétricas; cuando la expresión es falsa, forzada o reprimida, observaremos una mayor asimetría facial, con la expresión más marcada en solo uno de los lados del rostro. Cuando reímos, con una sonrisa genuinamente feliz, se produce la simetría de la emoción en el rostro, aunque nuestros rostros no sean en sí mismos simétricos. Por tanto, aunque ambos lados son ligeramente diferentes, las emociones verdaderas se verán por igual en ambos lados de la cara, en esencia, simetría emocional. En otras palabras, cuando estamos realmente enojados o verdaderamente felices, ambos lados de la cara reflejarán esa emoción.

En palabras del experto Joe Navarro:

Cuando experimentamos múltiples emociones al mismo tiempo o cuando intentamos ocultar una emoción, nos sentimos traicionados por la asimetría emocional de la cara, lo que llamo quiralidad facial ( quirality – pronunciado ki ra li ti ). La quiralidad es un término que nos viene del griego y se usa para describir dos objetos que pueden parecer idénticos, pero cuando están doblados sobre sí mismos, no son simétricos.

La ira, el miedo , así como otras emociones, aparecen libremente en ambos lados de la cara cuando realmente las experimentamos. Sin embargo, cuando hay una supresión de estas emociones, cuando hay un intento de engañar a los demás respecto a cómo realmente nos sentimos, o hay problemas o sentimientos ocultos, muchas veces, vemos esa emoción que se muestra solo en un lado de la cara y no en el otro. El hecho de que veamos una pantalla emocional quiral debería servir como una advertencia de que algo está mal.

Una pantalla quiral a menudo se percibe subconscientemente y nos permite saber que algo es extraño. Cuando vemos la quiralidad facial como resultado de múltiples emociones, esta falta de simetría genera una alerta sobre cuál es la causa de este comportamiento. ¿Hay algún problema de fondo que esté en conflicto o se esté suprimiendo?

Las pantallas quirales no son indicativas de engaño directamente, y no deben tomarse de esa manera, aunque sí revelan múltiples emociones. La pregunta es ¿por qué? He visto estas muestras muchas veces, por ejemplo, cuando un esposo abusivo es llevado con las esposas y el cónyuge muestra alivio y miedo al mismo tiempo, cada lado de la cara representa una emoción diferente. También lo he visto donde alguien se disculpa verbalmente por algo que hizo y la mitad de la cara parece arrepentida, mientras que la otra parte parece que se están saliendo con la suya.

 

Qué es el sincericidio

Me suelen preguntar con frecuencia si la verdad está sobrevalorada. Sin duda, sí, lo está.

Fotograma del videoclip de la canción 'Sincericidio' de Leiva.

Fotograma del videoclip de la canción ‘Sincericidio’ de Leiva.

Desde bien pequeños nos enseñan que mentir está mal, pero lo cierto es que el engaño forma parte irremediable del engranaje social de la comunicación, una vida sin mentiras sería un auténtico caos para todos. Una de las funciones más importantes de la mentira es la de ‘lubricante social’, es necesaria para no herir a los demás o para autoprotegernos; engañar ‘ligeramente’ a los demás y proyectar incluso una imagen ensalzada de ti mismo es una parte natural de la vida.

No podemos decirle, por ejemplo, a nuestra pareja que lleva toda la mañana cocinando para nosotros que la comida está asquerosa. No aporta nada bueno. Hay gente que dice “yo siempre digo lo que pienso”, primero, eso es imposible, porque no duraría en un trabajo ni 24 horas, ni tendría pareja, ni amigos; no podemos recibir constantemente críticas ni buenas ni malas. Todos nos sentimos más cómodos con la cordialidad y el respeto. Precisamente se suele decir que los niños siempre dicen la verdad por esto mismo, porque aún no han desarrollado la capacidad de empatizar y no son conscientes de que pueden hacer daño con las simples palabras.

Si bien, la mentira también puede ser dañina, maquiavélica y utilizada con fines más egoístas. Además nos causa culpa, remordimientos, ansiedad, o miedo a nosotros mismos y en este sentido, la pregunta de ‘¿la verdad está sobrevalorada?’ quizás tiene más sentido. Si es una conducta repobable y además nos hace sentir mal, ¿por qué lo hacemos? La respuesta nos la da la neurociencia, simple y concisa: Nuestro cerebro se acostumbra a mentir. Cuanto más mentimos menos nos pesan los sentimientos negativos al hacerlo, al principio las emociones de culpabilidad son muy intensas, pero van descendiendo con la práctica.

La mentira duele pero la verdad también. Al final, la verdad bien entendida debe ser honesta y constructiva. El sincericidio es destructivo, tiene más que ver con la falta de prudencia y en utilizar una verdad como un arma arrojadiza para herir al otro. La verdad es mejor que la mentira, pero no siempre la verdad aporta valor, a veces es inútil e incluso dañina y como su nombre indica podría ser un suicidio social, nadie querría relacionarse con nosotros. El sincericida es egoísta y tiene una falta de empatía total, puede hacerse incluso más daño con una verdad dañina que una mentira.

Cuidado con detectar mentiras

Cuando se habla de comunicación no verbal es inevitable pensar en utilizarla para intentar detectar las mentiras de nuestro alrededor. Y no me extraña, es un comportamiento totalmente adaptativo, ha sido importante desde tiempos primitivos hasta nuestros días. Hay mucha investigación al respecto, desde la psicología se han utilizado todos los recursos para desentreñar el misterio de descubrir el engaño de forma inequívoca, pero a día de hoy hay que dejar claro que no se ha conseguido.

El “efecto Pinocho” no existe, no hay un solo comportamiento (o grupos de ellos) indicativo en exclusiva de engaño. Es muy irresponsable creer lo contrario y cada vez más se extiende como la pólvora la convicción de que tras ir a un curso o leer algún libro sobre la psicología de la mentira seremos capaces de convertirnos en detectores andantes; peligroso, muy peligroso, cuando esto cae en manos de instructores de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, por ejemplo, o en el mundo judicial, criminológico… con consecuencias graves.

En investigación se ha avanzado sobre los indicadores de la falta de honestidad, y son reales, el problema surge a la hora de interpretarlos, obviando otras variables tan importantes como la personalidad, la inteligencia, la cultura, el contexto, y la confusión entre el estrés, la ansiedad de evaluación o la incomodidad psicológica con un discurso deshonesto. Soy la primera que sigo bien de cerca la divulgación sobre el tema y me encanta compartir toda la investigación en el blog con vosotros; a partir de ahí creo que todos somos conscientes que ese tipo de valoraciones hay que dejarlas en manos de personal cualificado, psicólogos, forenses, etc, expertos en entrevistas e interrogatorios.

Lo que sí que podemos ser todos capaces de hacer, siguiendo a las buenas fuentes sobre comunicación no verbal, es detectar las ‘alarmas’ de la incoherencia, identificando los estados emocionales de los demás a través de su lenguaje corporal (un canal más fiable que las palabras por se más inconsciente). Tenemos que reenfocar para qué podemos servirnos de la comunicación no verbal, que no es poco. En palabras del experto Joe Navarro (autor que recomiendo) “Todos transmitimos a través de nuestro lenguaje corporal lo que pensamos, sentimos, deseamos y tememos; y eso lo comunicamos de manera efectiva en tiempo real. Que cuando estamos estresados, molestos, decepcionados, inquietos, ansiosos, preocupados, preocupados, inseguros, exasperados o enojados, nuestros cuerpos revelan esa información de forma no verbal por cualquier cantidad de expresiones en todo el cuerpo, incluso mediante el uso de lo que Paul Ekman llama “comportamientos adaptativos”. En esencia, todos nosotros, podemos ser “detectores de problemas”, pero eso es todo. Eso es todo lo que podemos decir, que algo está mal o no, que hay una incongruencia visible, pero no más.”

Nuestro rol debe ser el de hacer más y más preguntas como recopiladores neutrales de hechos. Hacemos preguntas y cuando vemos un comportamiento particular como resultado de esa pregunta, volvemos a ese tema y hacemos más preguntas, o tratamos de determinar por qué esa pregunta ha provocado que la persona reaccione de esa manera. Lo usamos para identificar pistas, o cosas que son preocupantes para la persona que está siendo cuestionada, pero no para acusar directamente de engaño.

 

 

Usar máscaras emocionales para lograr el engaño

Las emociones son recursos para expresar lo que sentimos o lo que queremos que los demás ‘crean’ que sentimos. Sobre todo la sonrisa es un arma letal para manipular a los demás en una primera toma de contacto, su poder puede ser muy beneficioso para conseguir lo que deseamos; y no solo de adultos… ¡lo hacemos desde que somos bebés! Hay estudios que demuestran que los bebés sonríen cuando se sienten felices pero también expresan la mejor de sus sonrisas deliberadamente para complacer, despertar la atención y para que los demás incluso repitan conductas que quieren ver de nuevo; dulce y tierno, pero es una forma más de sutil persuasión.

Cualquier expresión emocional puede ser falsificada y utilizada para ocultar cualquier otra emoción. La máscara de la sonrisa, que es la más utilizada de las máscaras emocionales, sirve como la expresión opuesta de las emociones negativas: miedo, ira, angustia, disgusto, etc. Esta máscara se utiliza a menudo porque muchas mentiras requieren de alguna señal de felicidad o similar para lograr engañar con éxito. Otra razón por la que la sonrisa se usa como máscara es porque la sonrisa forma parte de muchos saludos estándares y, por tanto, tenemos asimilado que significa cortesía en la mayoría de los intercambios sociales.

Las máscaras emocionales funcionan porque la ignorancia es felicidad. Parece que, independientemente de conocer las diferencias entre una sonrisa real y una sonrisa falsa, los verdaderos sentimientos de una persona no se detectan. Esto no se debe a que la sonrisa sea una máscara infalible, sino a que en las relaciones sociales superficiales, rara vez nos importa cómo se siente realmente la otra persona; todo lo que se espera es un pretexto de amabilidad y agrado sin más.

Este ‘engaño’ (no) se realiza siempre con mala intención. En raras ocasiones las sonrisas se escudriñan con atención, la gente está acostumbrada a pasar las mentiras por alto en el contexto de un simple saludo cortés. Uno podría argumentar que es incorrecto llamar a estas máscaras emocionales “mentiras” debido a la regla implícita de que la mayoría de los saludos educados no permiten la expresión de emociones verdaderas y negativas. Quizás hemos tenido un día horrible pero no queremos contarlo a una persona con la que no tenemos confianza, o simplemente no nos apetece dar explicaciones y respondemos que ‘estamos bien’ con una sonrisa fingida. Otra razón, quizás más sencilla que todas las anteriores, de la popularidad de usar la sonrisa como máscara sea que se trata de la expresión facial emocional más automática y fácil de realizar de forma voluntaria.

 

 

*Fuente: “Telling Lies” de Paul Ekman

¿Por qué mentimos si (se supone que) nos hace sentir mal?

Mentir está mal. Esto nos enseñan desde que somos pequeños, pero lo cierto es que la mentira forma parte del engranaje social de la comunicación, es necesaria para no herir a los demás o para autoprotegernos; aunque también se utiliza con fines más egoístas, maquiavélicos y pueden ser muy dañinas. Se supone que, con mejores o peores intenciones, el ser humano se siente mal mintiendo, engañar nos causa culpa, remordimientos, ansiedad, miedo (de que nos pillen por ejemplo)… entonces, si tan negativas son para nuestro estado de ánimo, ¿por qué lo hacemos?

La respuesta nos ha sido desvelada por la neurociencia, simple y concisa: Nuestro cerebro se acostumbra. La Resonancia Magnética funcional utilizada por los investigadores de la University College of London ha sido la clave para resolver el enigma. El experimento publicado en Nature Neurosciencie no deja lugar a dudas, cuanto más mentimos menos nos pesan los sentimientos negativos al hacerlo, al principio las emociones de culpabilidad son muy intensas, pero van descendiendo con la práctica. Una parte importante de nuestro cerebro relacionada con la emoción, la amígdala, se activa cuando engañamos para lograr nuestro propio beneficio. La respuesta de esta área disminuía con cada mentira. Cuando mentimos, nuestra amígdala produce una sensación negativa que se desvanece a medida que continuamos engañando.

Según explica Tali Sharot, investigador de psicología experimental y coautor del trabajo: “Cuando mentimos interesadamente, nuestra amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir. Sin embargo, esta respuesta se desvanece a medida que continuamos mintiendo y cuanto más se reduce esta actividad más grande será la mentira que consideremos aceptable. Esto conduce a una pendiente resbaladiza donde los pequeños actos de insinceridad se convierten en mentiras cada vez más significativas”.

Los datos obtenidos son muy reveladores y aplicables a otras conductas, en este caso se estableció la relación entre la habituación y el engaño, si bien, este mismo principio podría aplicarse a la progresión de otras conductas de riesgo como los comportamientos violentos.

 

 

Análisis no verbal: Cristina Cifuentes cree y defiende su verdad

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, a su llegada a su comparecencia en un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid. ZIPI / EFE

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, a su llegada a su comparecencia en un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid. ZIPI / EFE

Cristina Cifuentes se enfrenta a uno de los momentos más tensos de su carrera política, quién le iba a decir que todo ello sería por un Máster. Existen evidencias a favor y en contra para demostrar que realmente cursó ese Máster y lo finalizó con la entrega del TFM. Al final, esos datos son los que demostrarán la validez o no del testimonio de la Presidenta de la Comunidad de Madrid.

Si analizamos su comunicación no verbal en la comparecencia de Cifuentes sobre el tema, podemos apreciar el comportamiento de alguien que defiende ‘su verdad’. Las emociones y gestos presentados son congruentes con las de alguien que se revela contra acusaciones que cree falsas e injustas. Poneos en situación, ¿cómo actuaríais vosotros si os acusan de un acto no cometido? La reacción esperada es el enfado, no con levedad, una ira significativa.

Las expresiones faciales de Cifuentes se dibujan con un ceño muy fruncido y dedo acusador que dan muestra del malestar que experimenta. No hay visos de la emoción de duda o inseguridad. Sus gestos son ilustradores del mensaje, se mueve constantemente para acompañar con su lenguaje corporal lo que dice con sus palabras con total sincronía entre ambos canales de expresión (verbal y no verbal). Cuando mentimos el cuerpo se paraliza ya que todos los recursos energéticos de nuestro cuerpo están en atención plena hacia lo que vamos a pronunciar (para no meter la pata).

El engaño va acompañado de un descenso de gestos ilustradores y de movimiento postural del tronco y extremidades. Aspecto que en este caso no observamos, pero que también puede suceder por el ensayo repetido de lo que vamos a decir. Si alguien memoriza su declaración, sus recursos cognitivos ya sí podrán estar más libres para controlar no solo el ‘qué digo’ sino el ‘cómo lo digo’. Sin embargo, cuando el discurso es aprendido no suele asignarse variablidad tonal. Cifuentes no pronuncia sus palabras de un modo lineal, da golpes de intensidad en ciertas palabras y momentos, le asigna impacto emocional, esto también es indicador de credibilidad.

En definitiva, no observo ningún indicador de engaño en su discurso, esto no quiere decir que no mienta, lo que tengo claro es que ella cree totalmente en lo que dice, mentira o verdad, ella tiene muy interiorizada esta versión, solo el tiempo y las evidencias podrán demostrar realmente lo sucedido.