BLOGS
Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

Entradas etiquetadas como ‘engaño’

Cuidado con detectar mentiras

Cuando se habla de comunicación no verbal es inevitable pensar en utilizarla para intentar detectar las mentiras de nuestro alrededor. Y no me extraña, es un comportamiento totalmente adaptativo, ha sido importante desde tiempos primitivos hasta nuestros días. Hay mucha investigación al respecto, desde la psicología se han utilizado todos los recursos para desentreñar el misterio de descubrir el engaño de forma inequívoca, pero a día de hoy hay que dejar claro que no se ha conseguido.

El “efecto Pinocho” no existe, no hay un solo comportamiento (o grupos de ellos) indicativo en exclusiva de engaño. Es muy irresponsable creer lo contrario y cada vez más se extiende como la pólvora la convicción de que tras ir a un curso o leer algún libro sobre la psicología de la mentira seremos capaces de convertirnos en detectores andantes; peligroso, muy peligroso, cuando esto cae en manos de instructores de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, por ejemplo, o en el mundo judicial, criminológico… con consecuencias graves.

En investigación se ha avanzado sobre los indicadores de la falta de honestidad, y son reales, el problema surge a la hora de interpretarlos, obviando otras variables tan importantes como la personalidad, la inteligencia, la cultura, el contexto, y la confusión entre el estrés, la ansiedad de evaluación o la incomodidad psicológica con un discurso deshonesto. Soy la primera que sigo bien de cerca la divulgación sobre el tema y me encanta compartir toda la investigación en el blog con vosotros; a partir de ahí creo que todos somos conscientes que ese tipo de valoraciones hay que dejarlas en manos de personal cualificado, psicólogos, forenses, etc, expertos en entrevistas e interrogatorios.

Lo que sí que podemos ser todos capaces de hacer, siguiendo a las buenas fuentes sobre comunicación no verbal, es detectar las ‘alarmas’ de la incoherencia, identificando los estados emocionales de los demás a través de su lenguaje corporal (un canal más fiable que las palabras por se más inconsciente). Tenemos que reenfocar para qué podemos servirnos de la comunicación no verbal, que no es poco. En palabras del experto Joe Navarro (autor que recomiendo) “Todos transmitimos a través de nuestro lenguaje corporal lo que pensamos, sentimos, deseamos y tememos; y eso lo comunicamos de manera efectiva en tiempo real. Que cuando estamos estresados, molestos, decepcionados, inquietos, ansiosos, preocupados, preocupados, inseguros, exasperados o enojados, nuestros cuerpos revelan esa información de forma no verbal por cualquier cantidad de expresiones en todo el cuerpo, incluso mediante el uso de lo que Paul Ekman llama “comportamientos adaptativos”. En esencia, todos nosotros, podemos ser “detectores de problemas”, pero eso es todo. Eso es todo lo que podemos decir, que algo está mal o no, que hay una incongruencia visible, pero no más.”

Nuestro rol debe ser el de hacer más y más preguntas como recopiladores neutrales de hechos. Hacemos preguntas y cuando vemos un comportamiento particular como resultado de esa pregunta, volvemos a ese tema y hacemos más preguntas, o tratamos de determinar por qué esa pregunta ha provocado que la persona reaccione de esa manera. Lo usamos para identificar pistas, o cosas que son preocupantes para la persona que está siendo cuestionada, pero no para acusar directamente de engaño.

 

 

Usar máscaras emocionales para lograr el engaño

Las emociones son recursos para expresar lo que sentimos o lo que queremos que los demás ‘crean’ que sentimos. Sobre todo la sonrisa es un arma letal para manipular a los demás en una primera toma de contacto, su poder puede ser muy beneficioso para conseguir lo que deseamos; y no solo de adultos… ¡lo hacemos desde que somos bebés! Hay estudios que demuestran que los bebés sonríen cuando se sienten felices pero también expresan la mejor de sus sonrisas deliberadamente para complacer, despertar la atención y para que los demás incluso repitan conductas que quieren ver de nuevo; dulce y tierno, pero es una forma más de sutil persuasión.

Cualquier expresión emocional puede ser falsificada y utilizada para ocultar cualquier otra emoción. La máscara de la sonrisa, que es la más utilizada de las máscaras emocionales, sirve como la expresión opuesta de las emociones negativas: miedo, ira, angustia, disgusto, etc. Esta máscara se utiliza a menudo porque muchas mentiras requieren de alguna señal de felicidad o similar para lograr engañar con éxito. Otra razón por la que la sonrisa se usa como máscara es porque la sonrisa forma parte de muchos saludos estándares y, por tanto, tenemos asimilado que significa cortesía en la mayoría de los intercambios sociales.

Las máscaras emocionales funcionan porque la ignorancia es felicidad. Parece que, independientemente de conocer las diferencias entre una sonrisa real y una sonrisa falsa, los verdaderos sentimientos de una persona no se detectan. Esto no se debe a que la sonrisa sea una máscara infalible, sino a que en las relaciones sociales superficiales, rara vez nos importa cómo se siente realmente la otra persona; todo lo que se espera es un pretexto de amabilidad y agrado sin más.

Este ‘engaño’ (no) se realiza siempre con mala intención. En raras ocasiones las sonrisas se escudriñan con atención, la gente está acostumbrada a pasar las mentiras por alto en el contexto de un simple saludo cortés. Uno podría argumentar que es incorrecto llamar a estas máscaras emocionales “mentiras” debido a la regla implícita de que la mayoría de los saludos educados no permiten la expresión de emociones verdaderas y negativas. Quizás hemos tenido un día horrible pero no queremos contarlo a una persona con la que no tenemos confianza, o simplemente no nos apetece dar explicaciones y respondemos que ‘estamos bien’ con una sonrisa fingida. Otra razón, quizás más sencilla que todas las anteriores, de la popularidad de usar la sonrisa como máscara sea que se trata de la expresión facial emocional más automática y fácil de realizar de forma voluntaria.

 

 

*Fuente: “Telling Lies” de Paul Ekman

¿Por qué mentimos si (se supone que) nos hace sentir mal?

Mentir está mal. Esto nos enseñan desde que somos pequeños, pero lo cierto es que la mentira forma parte del engranaje social de la comunicación, es necesaria para no herir a los demás o para autoprotegernos; aunque también se utiliza con fines más egoístas, maquiavélicos y pueden ser muy dañinas. Se supone que, con mejores o peores intenciones, el ser humano se siente mal mintiendo, engañar nos causa culpa, remordimientos, ansiedad, miedo (de que nos pillen por ejemplo)… entonces, si tan negativas son para nuestro estado de ánimo, ¿por qué lo hacemos?

La respuesta nos ha sido desvelada por la neurociencia, simple y concisa: Nuestro cerebro se acostumbra. La Resonancia Magnética funcional utilizada por los investigadores de la University College of London ha sido la clave para resolver el enigma. El experimento publicado en Nature Neurosciencie no deja lugar a dudas, cuanto más mentimos menos nos pesan los sentimientos negativos al hacerlo, al principio las emociones de culpabilidad son muy intensas, pero van descendiendo con la práctica. Una parte importante de nuestro cerebro relacionada con la emoción, la amígdala, se activa cuando engañamos para lograr nuestro propio beneficio. La respuesta de esta área disminuía con cada mentira. Cuando mentimos, nuestra amígdala produce una sensación negativa que se desvanece a medida que continuamos engañando.

Según explica Tali Sharot, investigador de psicología experimental y coautor del trabajo: “Cuando mentimos interesadamente, nuestra amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir. Sin embargo, esta respuesta se desvanece a medida que continuamos mintiendo y cuanto más se reduce esta actividad más grande será la mentira que consideremos aceptable. Esto conduce a una pendiente resbaladiza donde los pequeños actos de insinceridad se convierten en mentiras cada vez más significativas”.

Los datos obtenidos son muy reveladores y aplicables a otras conductas, en este caso se estableció la relación entre la habituación y el engaño, si bien, este mismo principio podría aplicarse a la progresión de otras conductas de riesgo como los comportamientos violentos.

 

 

Análisis no verbal: Cristina Cifuentes cree y defiende su verdad

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, a su llegada a su comparecencia en un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid. ZIPI / EFE

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, a su llegada a su comparecencia en un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid. ZIPI / EFE

Cristina Cifuentes se enfrenta a uno de los momentos más tensos de su carrera política, quién le iba a decir que todo ello sería por un Máster. Existen evidencias a favor y en contra para demostrar que realmente cursó ese Máster y lo finalizó con la entrega del TFM. Al final, esos datos son los que demostrarán la validez o no del testimonio de la Presidenta de la Comunidad de Madrid.

Si analizamos su comunicación no verbal en la comparecencia de Cifuentes sobre el tema, podemos apreciar el comportamiento de alguien que defiende ‘su verdad’. Las emociones y gestos presentados son congruentes con las de alguien que se revela contra acusaciones que cree falsas e injustas. Poneos en situación, ¿cómo actuaríais vosotros si os acusan de un acto no cometido? La reacción esperada es el enfado, no con levedad, una ira significativa.

Las expresiones faciales de Cifuentes se dibujan con un ceño muy fruncido y dedo acusador que dan muestra del malestar que experimenta. No hay visos de la emoción de duda o inseguridad. Sus gestos son ilustradores del mensaje, se mueve constantemente para acompañar con su lenguaje corporal lo que dice con sus palabras con total sincronía entre ambos canales de expresión (verbal y no verbal). Cuando mentimos el cuerpo se paraliza ya que todos los recursos energéticos de nuestro cuerpo están en atención plena hacia lo que vamos a pronunciar (para no meter la pata).

El engaño va acompañado de un descenso de gestos ilustradores y de movimiento postural del tronco y extremidades. Aspecto que en este caso no observamos, pero que también puede suceder por el ensayo repetido de lo que vamos a decir. Si alguien memoriza su declaración, sus recursos cognitivos ya sí podrán estar más libres para controlar no solo el ‘qué digo’ sino el ‘cómo lo digo’. Sin embargo, cuando el discurso es aprendido no suele asignarse variablidad tonal. Cifuentes no pronuncia sus palabras de un modo lineal, da golpes de intensidad en ciertas palabras y momentos, le asigna impacto emocional, esto también es indicador de credibilidad.

En definitiva, no observo ningún indicador de engaño en su discurso, esto no quiere decir que no mienta, lo que tengo claro es que ella cree totalmente en lo que dice, mentira o verdad, ella tiene muy interiorizada esta versión, solo el tiempo y las evidencias podrán demostrar realmente lo sucedido.

 

Los dos perfiles de personalidad que más mienten (según un estudio)

El interés por perfilar al mentiroso a través de características no verbales es una de las prioridades de los estudios socio-psicológicos del momento ¿Mienten más los hombres o las mujeres?, ¿las personas con menos recursos o todo lo contrario?, ¿las más cultas?, ¿los más jóvenes?

Todas estas preguntas hicieron que el psicólogo Arch Woodside y sus colaboradores de la Universidad australiana de Curtin, escogieran una muestra de, nada más y nada menos, 3.350 personas para corroborar si existe alguna ‘receta’ que determine qué patrón social poseen las personas qué más utilizan el engaño en su día a día.

Su propuesta inicial era que ciertas configuraciones (algoritmos de selección individual, socioeconómicos y factores sociales) son capaces de identificar a los grandes mentirosos. Los resultados fueron concluyentes con dos tipos de perfiles:

El primero lo forman hombres solteros de nivel educativo bajopropensos a la conducta antisocial, sin propiedades (viven de alquiler) ni hijos. Según el autor de la investigación: “Un hombre joven con poca educación no es suficiente para determinar directamente que sea un gran mentiroso. Pero un hombre joven con poca educación que muestra un comportamiento antisocial, como, por ejemplo, la ira en la carretera (conductor agresivo), bueno, sí que podemos estar más seguros “.

El segundo grupo lo integran mujeres jóvenes casadas, con elevados ingresos, de carácter fuerte e irascible y propietarias de su vivienda. Woodside especula que puede correlacionarse con el grupo de mujeres que solo se casan por dinero, aunque aún no ha demostrado esta hipótesis. (Qué horror, por cierto).

El caso es que parece que el estudio relaciona directamente la mentira con una personalidad tendente a la agresividad y a la emoción de ira. ¿Las personas que puntúan alto en índices de agresividad mentirían más? Esta es la segunda hipótesis que se plantea el grupo de investigadores para una nueva fase experimental.

 

Es bueno que tu hijo mienta

Los niños comienzan a desarrollar la capacidad de mentir a partir de los 2 o 3 años. Al principio son engaños muy simples pero van perfeccionando la técnica a medida que crecen. Que no cunda el pánico. Esta habilidad es una competencia social más que el niño debe adquirir, forma parte de su desarrollo y se relaciona con su inteligencia y habilidades sociales adecuadas.

Los estudios al respecto, recogidos en este reciente artículo del New York Time, relacionan directamente que cuanto más y mejor mienta un niño mayor coeficiente intelectual tendrá. Los niños que mienten tienen mejores ‘funciones ejecutivas’, facultades y habilidades que les permiten controlar sus impulsos y que les mantienen concentrados en una tarea. Los pequeños mentirosos incluso son más equilibrados emocionalmente y adeptos socialmente, según estudios recientes en estudiantes de preescolar.

Pero si tu hijo está quedándose atrás, no te preocupes: puedes acelerar el proceso. Capacitar a los niños en funcionalidad ejecutiva y en la teoría de la mente mediante diversos juegos interactivos y ejercicios en los que desempeñan algún rol pueden convertir a los honestos en mentirosos en cuestión de semanas, según descubrió el profesor Lee. Y enseñar a los niños a mentir mejora sus calificaciones en pruebas de funcionalidad ejecutiva y teoría de la mente. En otras palabras, mentir es bueno para su cerebro.

Vale. No nos pasemos. Desarrollar su imaginación y habilidades para el engaño será positivo pero hay que acompañar todo este proceso con una educación en honestidad. Premiar y potenciar la honestidad tiene mejores efectos que castigar la mentira. Una buena estrategia es hacerlo a través de la moraleja de historias y cuentos infantiles.

También funcionará una simple promesa. Varios estudios muestran que los niños son menos propensos a mentir acerca de sus fechorías y las de otras personas si antes prometieron decir la verdad; es un resultado que se ha replicado en varios análisis.La clave para alentar un comportamiento honesto, tal y como lo afirman el profesor Lee y sus colegas, es dar mensajes positivos que enfaticen los beneficios de la honestidad en lugar de las desventajas del engaño.

¿Por qué mentimos tanto?

Hay mucho mito sobre la mentira y ciertamente tiene un ‘lado oscuro’ pero ¿te imaginas un mundo sin mentiras? Suena bien… Pero la realidad es que una vida sin mentiras sería un auténtico caos para todos. Una de las funciones más importantes de las mentiras es la de ‘lubricante social’. Nuestras relaciones diarias se basan en la consideración y respeto a las ideas, actitudes e incluso imagen de los demás y, por supuesto, esperamos que hagan lo mismo con nosotros.

Según Douglas Peters, profesor de psicología en la Universidad de Dakota del Norte, “mentir constantemente puede parecer contraproducente, pero engañar ‘ligeramente’ a los demás y proyectar incluso una imagen ensalzada de ti mismo, es una parte natural de la vida.”

Todos lo hacemos. De hecho lo hacemos bastante. Si mantenemos una conversación superior a 10 minutos, mentiremos en el 20% de lo que digamos, ya sea por exageración, omisión, minimización o evasivas. ¿Y por qué lo hacemos de una forma tan habitual? Porque es un acto que se nos enseña desde bien pequeños. Forma parte de nuestra educación más temprana.

Nuestros propios padres nos enseñan a mentir. Peters señala que “aprendemos a mentir desde niños a través de la observación; vemos a nuestros papás mentir y normalmente esas mentiras pasan sin consecuencias ni castigos, así que el hábito de mentir se vuelve una manera aceptable de interactuar con los demás.”

Realmente, transmitimos la acción de mentir con benevolencia (en ocasiones, se deforma la intención), para ser precisos una de cada cuatro mentiras se dice con la intención de proteger a otros. Peters ha focalizado sus investigaciones en testigos infantiles. En uno de sus experimentos, un niño veía cómo un adulto robaba algo de la habitación mientras le decía: “No le digas nada de esto a nadie“, “Éste será nuestro secreto“, o “No quiero que nadie se meta en problemas por esto“. A continuación, otro adulto interrogaría al niño sobre lo que pasó.

El resultado apunta a la benevolencia de la mentira, ya que dependiendo de las palabras que utilizaba el adulto, el niño decidía revelar o no lo sucedido. Con órdenes como “No le digas nada a nadie”, el robo era revelado casi sin problemas, mientras que con sugerencias más emocionales “No quiero que nadie se meta en problemas”, los niños eran más propensos a ocultar el suceso.

Una entrevista posterior reveló que los niños mentían para proteger a otras personas, para mantener una promesa o porque tenían miedo de las consecuencias… todas eran “razones emotivas”.

*Fuente: Lenguajecorporal.org

 

¿Sabías que hay personas que no pueden dejar de mentir? ¿Cómo detectarlos?

La mentira puede transformarse en una forma de vida, en una enfermedad. “Síndrome de Pinocho”, “mitomanía”, o “mentiroso patológico” son algunos de los conceptos con los que podemos referirnos a este curioso trastornos de la personalidad que, aunque parezca que no, esconde un profundo sufrimiento para quien lo padece.

Esta mentira es consciente, espontánea (no planeada) y compulsiva, para conseguir un beneficio pero con la intención de ocultar algún aspecto de su vida que no acepta por considerarlo indigno, vergonzoso, pobre, que no está a la altura de las expectativas sociales (que él considera) y que finalmente termina creyendo como cierto.

Como podréis adivinar son personalidades con altos componentes de ansiedad, están muy pendientes de la imagen que dan y de la opinión que el mundo tiene sobre ellos. La falta de seguridad y de autoestima son los principales causantes de esta ‘forma de vida’ insana; el mentiroso patológico, como mecanismo de compensación a su narcisismo maltrecho y devaluado, inventa o fantasea situaciones para intentar nivelarse ante los demás.

La clave para detectarles es descifrar la intencionalidad de sus engaños. No cualquier mentiroso es un mitómano; las personas que padecen esta enfermedad no tienen un plan establecido, ni siquiera van buscando nada a medio o largo plazo más que la admiración social inmediata. Y, ojo, este tipo de mentira también puede estar asociada a varias enfermedades mentales como la demencia, el trastorno límite de la personalidad, el trastorno antisocial o el trastorno bipolar.

En palabras del psicólogo Juan Moisés de la Serna:

“El drama de la mitomanía reside en el círculo vicioso que se produce. Por esa razón, suelen ser personas que acaban solas, rechazadas por familiares y amigos cansados de su comportamiento. En los casos más graves, al mitómano le acaba sucediendo lo que a Don Quijote. Se cree sus mentiras, inventa un mundo alternativo donde es el héroe, todos le quieren, y aborrece el mundo real, del que se aleja más y más cada día, hasta que se hace casi imposible regresar.”

También te puede interesar:

Un truco neurológico que aumenta tu habilidad para detectar mentiras

Cómo detectar una mentira a través del lenguaje corporal (y nueve mitos a desterrar)

El lado oscuro de las palabras: once indicadores estratégicos de la mentira

¿Cómo es el mejor mentiroso?

Un truco neurológico que aumenta tu habilidad para detectar mentiras

El investigador alemán Marc-André Reinard lideró un equipo en la Universidad de Manheim con el objetivo de estudiar los procesos inconscientes ligados a la detección del engaño.

El estudio consistía en evaluar a un grupo de participantes resolviendo rompecabezas (puzzles) durante 3 minutos, para luego escuchar a varias personas enunciando afirmaciones verdaderas y falsas. Un grupo de control hizo lo mismo, pero sin resolver los rompecabezas previamente.

El resultado fue sorprendente. El grupo sometido a los rompecabezas fue 6 veces más efectivo detectando mentiras que el grupo de control. La hipótesis de Reinard es que “el pensamiento inconsciente (al cual recurres cuando resuelves problemas como los puzzles) es el único capaz de integrar todos los datos necesarios (voz, expresión facial, movimientos musculares, entre otros) para la correcta detección de mentiras.”

Lo relevante de este hallazgo es confirmar que la detección de mentiras requiere un gran autocontrol y experiencia, no basta con conocer la teoría, al parecer, permitir que sean tus procesos inconscientes los que descubran las falsedades, sin que intervenga la razón, muchas veces funciona, ya que de esta forma quedamos liberados de la influencia de prejuicios y estereotipos.

También te puede interesar:

¿Detectar Mentiras? Mejor en grupo #estudiocientifico

¿El polígrafo es realmente eficaz para detectar mentiras?

7 claves para saber si te mienten en un whatsapp

¿Cómo es el mejor mentiroso?

Dime dónde miras y te diré si mientes, ¿es cierto?

 

*Referencia: Lenguajecorporal.org

7 claves para saber si te mienten en un whatsapp

whatsapp-adiccionCuando hablamos cara a cara con alguien podemos apreciar ciertos matices del mensaje a través de la expresión facial, los gestos, la mirada, incluso en la voz, que nos ayudan a interpretar si lo que dice la persona es coherente o no con su lenguaje corporal. Sin embargo, al leer solamente un texto escrito a través del whatsapp, o del correo electrónico, perdemos las pistas de los canales de comunicación no verbales, pero dispondremos de otros para valorar cierta credibilidad o no en lo que nos escriben.

A esta corriente se la conoce como análisis del testimonio, y más concretamente, indicadores estratégicos de la mentira. Aunque detectar a un mentiroso a través de un escrito es más complicado, según ha explicado al Wall Street Journal Tyler Cohen, oficial de inteligencia de la Agencia de Inteligencia de la Defensa estadounidense (una especie de CIA militar), “la mayor parte de las personas prefieren ser sinceras y, por ello, cuando mienten, la verdad se acaba filtrando”.

Para saber si alguien no está siendo del todo sincero con nosotros, Cohen sugiere utilizar una versión modificada de la técnica que utilizan la policía y los jueces para buscar el engaño analizando al detalle las palabras que ha utilizado un acusado. Ojo. No perdamos la cabeza con esto, y nos creamos un ‘detectores de mentiras con patas’. Incurrir en uno de estos tips no implica directamente que nos mientan. Debemos asegurarnos antes de cuál es la forma natural y recurrente que tiene nuestro interlocutor al escribir y detectar cambios, esto siempre será clave para realizar conclusiones más precisas.

  1. Utiliza un lenguaje enfático: Que nuestro interlocutor dé mucha importancia a algo no significa que nos esté mintiendo, pero sí que quiere que nos creamos lo que está diciendo, y esto puede indicar que se trata de un engaño. Si repite la misma idea una y otra vez, pero de distintas formas, también podemos empezar a desconfiar.
  2. Utiliza un lenguaje distante: Al mentir, inconscientemente tratamos de alejarnos de lo que estamos diciendo. Por ello, si estamos contando algo que es falso, preferimos omitir en la medida de lo posible los pronombres personales y hablar de terceras personas o cosas. Frases del tipo “hubo una fiesta después del trabajo y duró más de lo esperado”,  “el tren se retrasó”, “la reunión no acabó a tiempo”, pueden ser motivo de sospecha. Mantente alerta si alguien que suele hablar usando la primera persona deja de utilizarla.
  3. No te contesta a lo que preguntas: Mentir es incómodo, y si una respuesta a lo que preguntas implica tener que fingir o decir una verdad desagradable, tu interlocutor puede simplemente ignorarla, o contestar de forma muy escueta para cambiar de tema de inmediato.
  4. Utiliza expresiones exculpatorias: Las personas que mejor mienten son aquellas que se sienten cómodas en la mentira, y no tienen ningún conflicto moral al engañar a alguien. Pero la mayoría de la gente se siente mal cuando engaña a otra persona y, por eso, antes de soltar una mentira utiliza expresiones exculpatorias del tipo “para ser sincero”, “no hay nada de qué preocuparse”, “odio decirte esto pero…”.
  5. No escribe como suele hacerlo: Todos tenemos estilo propio a la hora de contestar un correo o mensaje, y si estamos mintiendo tendemos a cambiarlo. Si tu interlocutor no está escribiendo de la forma que suele hacerlo puedes empezar a desconfiar. La gente que se enrolla mucho cuando miente suele ser más escueta, y la gente poco habladora escribe más de la cuenta cuando lo que dice no es verdad. Es decir, actúa justo de forma contraria a su patrón base de conducta.
  6. Utiliza expresiones ambiguas: Por ejemplo, “casi seguro”, “probablemente”, “debería” o “quizás”, pueden ser un indicativo de que la persona te está ocultando algo. Para no mojarse se sale por la tangente: ocultar la verdad es mucho más sencillo que mentir.
  7. Cambia repentinamente de tiempo verbal: Cuando estamos describiendo un evento pasado solemos utilizar verbos en pasado. Pero si estamos mintiendo, y nos estamos inventando las cosas sobre la marcha, es sencillo que, sin darnos cuenta, empecemos a hablar en presente, o que los tiempos verbales no cuadren.

¿Lo habéis notado alguna vez? 🙂