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El éxito del fenómeno influencer explicado por la psicología

Es indudable que las influencers triunfan ya entre diferentes generaciones y sus opiniones, recomendaciones y estilo, marcan tendencias, publicidad y ventas. ¿Pero qué tienen que engancha tanto? ¿Por qué consiguen influir en millones de seguidores?

Tanto la psicología como la comunicación no verbal tienen mucho que decir al respecto.

Tradicionalmente los líderes de opinión solían pertenecer a las clases altas de la sociedad, por su estilo de vida aspiracional y porque obviamente tenían un mayor acceso a la formación y educación más especializada, por tanto, su preparación, relaciones y conocimientos les dotaban de mayor credibilidad.

Hoy esta tendencia ha cambiado, en buena parte gracias al desarrollo de las tecnologías y la conexión que han logrado las redes sociales. El boca a boca es la nueva modalidad del marketing más eficaz.

Los estudios demuestran que ahora percibimos la publicidad convencional como una amenaza, sin embargo, si un influencer se dedica a establecer vínculos y cultivar relaciones de apego con su comunidad, esa persona nos empieza a resulta familiar, ya tomamos su ‘sugerencia’ como si fuera la de un amigo, alguien conocido, de nuestra total confianza.

Y no solo es fundamental lo que nos cuentan, también importa el cómo lo hacen.

Con un lenguaje muy cercano y coloquial, los influencers conectan contigo a través de un directo, de un vídeo, cara a cara, porque nos tienen que mostrar sus emociones, observamos rostros de placer al oler una determinada crema, o felicidad y diversión en un viaje o en tal hotel… Y además lo combinan sutilmente con días malos, también nos enseñan su tristeza, su ansiedad, su agobio o indignación con los haters, esto nos hace ponernos en su lugar, querer ayudarles, nos conectan aún más a ellos.

Casi podemos sentirlo, nos contagian emociones a través de su conducta no verbal y esa es la mejor forma de influir y convencer, pura empatía positiva. Nuestro cerebro se engancha a esa visión y querrá repetir cada día, sin perderse nada.

Porque no podemos olvidar el fenómeno del ‘deseo de pertenencia‘ para cerrar el círculo. El influencer se apoya en las aspiraciones de pertenencia de su audiencia a ese universo ‘mejor’, bello, atractivo, lujoso,  cuando recomiendan una peluquería, un perfume o un determinado restaurante. Su comunidad experimenta la necesidad de imitar en algún sentido ese estilo de vida para sentirse más cerca de ese mundo glam que proyecta.

 

 

La comunicación no verbal contradice el discurso de Biden y Trump

Biden admite creer estar en el camino de ganar las elecciones, y así es, lo contempla como una posibilidad, todavía no como un hecho. El hombre entrañable de la afable sonrisa todavía no ha salido a relucir. Los gestos en su rostro no proyectan orgullo ni la felicidad de saberse triunfador.

EFE

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Es más, las sonrisas que podemos apreciar son tibias y de acción unilateral, esto quiere decir que no son señal de alegría, sino más bien de desprecio, se enfrenta a su audiencia sintiéndose superior a su oponente, de eso sí está seguro, pero sabrá también que esto no es suficiente para ganar.

Su falta de convicción se filtra a través de sus gestos inseguros, muestra duda en su rostro y utiliza adaptadores como corregir su corbata (cuando no era necesario), un indicador de estrés e indecisión. No consigue fluir con sus palabras, está muy contenido, se entrelaza sus propias manos sobre el atril, una posición contraria a la expresión de euforia, orgullo o triunfo.

Trump se proclama vencedor pero su comunicación no verbal dice todo lo contrario. Sus sonrisas no son sinceras, las fuerza tensionando los músculos de la boca hacia atrás apretando los labios, en un gesto más de bochorno y frustración que de alegría sincera. Su tono de voz presenta una tonalidad mucho más baja de la que nos tiene acostumbrados, sin energía y sin certeza emocional.

Imagen EFE

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Mientras pronuncia que esto es una celebración y que los resultados son geniales su cuerpo se balancea en sutiles giros laterales, una postura incómoda y vacilante muy poco propia de Trump e incoherente por supuesto con el mensaje verbal.

En el instante en el que dice: “Nosotros ya ganamos”, agacha la cabeza, una conducta opuesta al gesto del éxito o de la victoria.

Trump no está contento, está muy enfadado, se aprecia la ira en su entrecejo y su actitud general es de circunstancia, se encuentra contrariado y realmente insatisfecho, por mucho que intente disimular el impacto emocional que experimenta es tan intenso que se le hace tarea imposible.

Esperemos resultados y observemos lo que no nos cuentan 🙂

 

La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz

El título del post de hoy corresponde con un acertado proverbio escocés. Hoy se celebra el Día Mundial de la Sonrisa, que por cierto, fue instaurado por el artista estadounidense Harvey Ball, creador de la popular Smiley Face, la carita amarilla representada con dos puntos negros como ojos y medio círculo dibujando una expresión de felicidad, precursor del ahora famoso emoji.

Fotografía CC0 Dominio publico

Fotografía CC0 Dominio publico

Sí, ya sé que puede que en este año de pandemia por coronavirus no tengamos muchos motivos para sonreír, pero quizás sea el año en el que más apreciemos una sonrisa, tanto propia como ajena y que además la urgen más que nunca.

Es obvio que cuando nos sentimos tristes o ansiosos tenemos una mayor dificultad para sonreír, pero la sonrisa no solo sirve para expresar felicidad, también comunica presencia, amabilidad, calidez, compasión, comprensión, cortesía, esperanza… Y todo ello es justo lo que necesitamos.

Sonreír genera un proceso concreto en tu cuerpo por el que tu cerebro interpreta que si estás sonriendo es porque debes sentirte bien de alguna manera, por lo tanto, automáticamente aumentan los niveles de endorfinas y provoca un optimismo real en ti mismo y en quien te observa.

Reír supone una recompensa individual y social, la sonrisa siempre deja huella, las investigaciones han demostrado que nuestras neuronas espejo desean y recuerdan a las personas que han sido amables con nosotros.

También revelan que con una sonrisa somos más capaces de influir en los demás, intenta que sea para bien. 🙂

 

La soledad no depende de la compañía

Por necesidad, deseada, impuesta, provocada, terrorífica, odiada, existencial… La soledad puede ser muchas cosas, una muy buena o muy mala compañera y lo importante no es si estás solo, sino si te sientes solo.

Los humanos somos seres sociales por naturaleza.

Fotografía con licencia Pixabay para uso libre

Fotografía con licencia Pixabay de uso libre

Nuestros antepasados cavernícolas pronto aprendieron que si convivían en grupos todo era más fácil, y sobre todo, aseguraban su supervivencia ante las amenazas externas. En grupo se hacían más fuertes, surgían mejores ideas entre todos, colaboraban y repartían las tareas más tediosas y se sentían mejor y más seguros.

Esa carga informativa se grabó en nuestro cerebro más primitivo y, aunque ahora el contexto sea muy diferente al de entonces, nos cuesta deshacernos de esa idea. Es difícil desmontar la creencia sobre que la soledad o sentirse solo es algo muy dramático.

Para muchos, la soledad es una elección personal, un estado donde nace la libertad real, la creatividad, la concentración y el bienestar.

Realmente la soledad no es sinónimo de problema, la clave está en lo que para ti signifique y cómo la afrontes, los pensamientos y mensajes que te diriges a ti mismo al verte en ese estado (que puede ser real o una percepción subjetiva).

Cuida el diálogo contigo mismo/a

Lo que genera miedo, ansiedad o tristeza es decirte a ti mismo: “Voy a estar toda la vida soltero”, “me voy a morir sola”, “nadie me quiere”, “mis amigos no están cuando los necesito”, etc. La ‘culpa’ no será de la soledad sino de esas ideas que te repites en bucle y que además son irreales.

Tu felicidad no puede depender de la compañía.

En modo alguno, no te lo permitas, primero porque la relación con tu compañero/a será dependiente y tóxica, ya pasas a necesitarlo no a elegirlo y a disfrutarlo, segundo porque si perdemos a esa persona perdemos el autoestima, nuestra seguridad, nuestra autonomía, nuestra felicidad en definitiva. Y todo ello no puede depender de algo o alguien externo a ti, a tu control.

Aprender a estar solo es sumamente necesario para poder crecer y madurar psicológicamente. Trata de reevaluar esta cuarentena, y ver el confinamiento impuesto como un buen momento para ello, como una oportunidad para reconducir nuestro diálogo interno.

Recibo muchos mensajes en los que me reconocen que ‘por fin estoy aprendiendo a estar solo‘. Todos podemos hacerlo, hazte consciente y toma medidas.

Eso no pasa por un total aislamiento del mundo, que tampoco es saludable, sino por encontrar el placer de estar con nosotros mismos, sin juzgarnos, cuidándonos como no lo haría nadie.

 

No es un mito, la falta de luz y sol nos causa una profunda tristeza

El aislamiento en casa y la falta de luz está provocando en muchas personas cambios en los ritmos naturales del organismo. Es natural, ocurre lo mismo en otras especies animales; la falta de sol y luz provoca una disminución general de las funciones metabólicas y muchos individuos se retirarían gustosos a hibernar.

Existe un término para este estado: trastorno afectivo estacional (TAE) o “depresión de invierno”. Y es que cuanto más largo sea el período de luz, mayor el sentimiento de bienestar general. Tenemos más energía, nos sentimos más activos, más creativos y felices.

Una glándula en el cerebro que produce melatonina se encarga de controlar qué tan soñolientos nos sentimos. En la oscuridad nos hace sentir con sueño y cuando hay la luz matutina nos ayuda a despertar. Si se mantiene el aislamiento y la falta de luz y sol, la glándula actúa en consecuencia.

Y es que el sol es el mejor antidepresivo natural. Los largos inviernos propios de los países nórdicos, por ejemplo, causan mayores estados de melancolía e incluso de depresión. Con prácticamente la totalidad de días sometidos a una absoluta oscuridad, la tasa de suicidios es la más alta de todo el mundo.

Los síntomas de la falta de vitamina D incluyen dolores musculares, óseos, deterioro cognitivo en adultos mayores, asma severo en niños pequeños e infecciones debilitantes (respiratorias y estomacales).

Incluso un estudio científico publicado en la revista Nature ha demostrado que los ratones expuestos a cantidades de luz menores y más irregulares sufren depresión y experimentan problemas de aprendizaje.

Otros estudios realizados en China concluyen que una exposición moderada a los rayos solares mejora los comportamientos neurológicos diarios, como el estado de ánimo, el aprendizaje y la memoria.

Estamos recluidos en casa para evitar el contagio del dichoso coronavirus, no podemos evitar esta carencia pero hay formas de contrarrestar está tendencia al sendentarismo, sueño e inactividad que nuestro cerebro nos provoca de manera irremediable.

Programate el día, mantén tu ritmo habitual de horas de sueño, haz ejercicio en casa, baila, canta, escucha música, haced muchas videollamadas y seguid la recomendación de mi compañero César Javier Palacios: La ventana indiscreta nos da alas.

¿A mal tiempo, buena cara? No, no siempre es posible

La psicología positiva es una realidad. Poner el foco en las habilidades, virtudes y, en definitiva, preocuparnos igualmente por las fortalezas que por las debilidades, funciona. Pero no hay que confundir la psicología positiva con pensamientos/actitudes positivas.

¿Estamos obligados a sentirnos felices todo el tiempo? Obviamente no. No podemos negarnos la libertad de estar tristes o enfadados, tener un mal día, o pasar por una ‘mala racha’. La psicología positiva también considera que las emociones desagradables son necesarias para aprender, crecer y que son fundamentales para nuestra salud mental.

¿Cuántas veces hemos escuchado aquello de: A mal tiempo buena cara?

La sabiduría popular siempre tiene algo de razón o de realidad, en este caso, la ciencia nos dice que efectivamente la sonrisa, aunque sea fingida o forzada, nos produce felicidad. Y es que los fieles seguidores de este blog ya sabrán que no solo nuestras emociones se reflejan en nuestro cuerpo, sino que también nuestros gestos, posturas y expresiones faciales producen efectos en nuestro cerebro.

Sin embargo, si analizamos con objetividad este mensaje, sabremos que no siempre es fácil cumplirlo, porque a veces los malos tiempos no permiten expresiones alegres. Sin duda, habrá quien pueda lograrlo. Abundan los perfiles resilientes, que son este tipo de personas que se reponen rápidamente con acierto y habilidad a cada revés del destino. Pero la cruda realidad al completo es que no todos disponemos de ese ‘pulsador mental’ que activa la resiliencia, la fortaleza psicológica.

La psicología positiva también nos enseña y nos guía a transitar por esos días no tan claros o incluso muy oscuros. Porque al final, frases como estas, solo generan frustración en aquel que no consigue sonreír en días grises y esto no es solo normal, sino también permisible y recomendable, no mostrar al mundo siempre una buena cara también es aceptable, a pesar de que nos hayan educado para hacerlo, para mantenernos siempre erguidos en la ventana al mundo.

En el libro Segunda ola de la Psicología positiva: abrazando el lado oscuro de la vida, los doctores Tim Lomas e Itai Ivtzan, nos señalan que ha llegado el momento de cambiar el enfoque. Nos hemos pasado demasiado tiempo enseñando a las persona a ser felices. Tal vez sea el momento de mostrar cómo lidiar con la infelicidad. Saber manejar las situaciones complicadas es quizá lo que más necesitamos a día de hoy.

Saber comunicar lo que nos ocurre, ser valientes para pedir ayuda, darnos tiempo para sanar, gestionar emociones o cuidar de la calidad de nuestros pensamientos son siempre buenos «paraguas» que tener a mano. Porque es posible que tras el mal tiempo vuelva a brillar el arco iris, pero hasta ese día, hay que lidiar con la tormenta. El modo en que lo hagamos nos determinará. Tengámoslo en cuenta.

 

 

*Fuentes:

Lomas, Kate, Ivtzan. Itai (2014) Applied Positive Psychology: Integrated Positive Practice. Boston. SAGE

La mente es maravillosa

 

¿El amor es ciego? #Ciencia

Amor: Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser (RAE). En mi opinión, el amor es algo mucho más sencillo (aunque menos poético): Una adicción química entre dos personas.

La ciencia lleva años confirmando, a través de diversas investigaciones, que sí, que el amor es realmente ciego y que los ‘flechazos‘, el amor a primera vista, también son reales. En tan solo un segundo nuestro cerebro ya puede vincularnos a otra persona y liberar al torrente sanguíneo sustancias que impactan a todo nuestro organismo (dopamina, serotonina, adrenalina, oxitocina…)

Este cóctel químico provocará que nuestro corazón vaya más rápido (adrenalina) al pensar o ver a la persona amada, que nos sintamos eufóricos, que toda nuestra atención se centre en ella (dopamina) y que ocupe todos nuestros pensamientos de forma obsesiva (serotonina) en la tormenta emocional que llamamos enamoramiento.

La dopamina es la responsable de que durante esta fase sólo tengamos ojos para esa persona. Su liberación en el núcleo accumbens, una estructura que forma parte del sistema de recompensa del cerebro, estrecha los lazos entre la pareja y limita el interés por otras personas.

Además reduce el sentido crítico, “desactiva” la zona del cerebro encargada del juicio social y de la evaluación de las personas, tal y como apuntan los últimos estudios, literalmente somos incapaces de ver sus defectos, lo cuál confirma aquel refrán que asegura que “el amor es ciego”.

¿Por qué nuestro cerebro nos hace esto? ¿Por qué nos ciega? Se trata de un rasgo evolutivo, que contribuye a preservar la especie aumentando las posibilidades de procreación. Pura supervivencia.

Recordad que podemos sentir atracción por los demás de forma más o menos habitual sin mayores consecuencias, pero es importante tener claro que el enamoramiento tiene que ser recíproco para que nos brinde felicidad.

En las relaciones sanas se ama a quien nos ama, las relaciones equilibradas, estables, y maduras mantienen una intención recíproca, donde ambos se respetan y se preocupan por igual uno del otro. Si no es así, todo este estado hedonista de obnubilación y deleite se transformará en una amarga frustración, estrés, ansiedad, tristeza, o lo que es peor, desesperación si no somos correspondidos.

 

 

La primera reacción de Albert Rivera tras publicarse las fotos con Malú

Tras varios meses de rumorología sobre el romance entre el líder de Ciudadanos Albert Rivera y la cantante Malú, se publicaron las fotografías que podrían confirmar esta relación, ya que la actitud cariñosa entre ambos es palpable.

Al día siguiente de la revelación de estas imágenes, Rivera acudió al Programa de Ana Rosa (vídeo) para analizar el panorama político actual y la periodista no dejó pasar la ocasión; al finalizar la entrevista trató el tema afirmando primero que le vio muy feliz en las fotografías junto a Malú, para después preguntarle directamente a él “¿eres feliz?” Su respuesta: “Juzga tú misma”.

No le hacía contestar verbalmente, su rostro lo decía todo. Asiente con la cabeza y la sonrisa es el auténtico reflejo de la felicidad en el rostro, tal y como aparece en el fotograma adjunto. Sonrisa sincera (intensa acción del musculo orbicular del ojo) y aún contenida, es decir, si fuera por él aún sonreiría más, se aprecian visos incluso de la emoción de vergüenza (aprieta la boca y desciende y aparta la mirada en varias ocasiones).

No sé a vosotros pero me recuerda a un adolescente enamorado 🙂

 

¿Eres adicto a la infelicidad?

Piénsalo. Te cuesta ser feliz, o lo que es peor, a todos nos cuesta reconocer que somos felices. Sí, la felicidad es muy subjetiva, realmente podría existir una definición de felicidad por ser humano sobre la tierra, pero tenemos que revisar nuestras expectativas.

En el libro titulado “Adictos a la infelicidad“, sus autores, investigadores de la Universidad de Chicago, Martha Heineman Pieper y William J. Pieper, exponen el criterio de que los seres humanos tenemos una serie de hábitos y conductas que nos impiden disfrutar de la vida que uno desea.

El origen de esta ‘carga emocional’ puede desarrollarse en la niñez. En la etapa infantil asimilamos los patrones de comportamiento afectivo que nos acompañan en la adultez y que son muy difíciles de modificar, pero no imposible. A lo largo de nuestro crecimiento incorporamos una serie de creencias, hábitos, costumbres y actitudes, que entorpecen la búsqueda de la felicidad. Ésta es una característica del comportamiento adictivo (de ahí el título).

Pero ¿por qué? Según el psiquiatra  Jaime Adán Manes (y creo que no le falta razón): “En la actualidad, estamos acostumbrados a obtener una satisfacción inmediata de todos los caprichos, con lo que desarrollamos una tolerancia muy baja a la frustración.

Esto también fomenta que busquemos una solución rápida a los problemas optando, por ejemplo, por tomar una pastilla para que nos ‘anestesie’, sin solventar realmente la razón por la que nos encontramos mal”.

Muchas personas aprenden a ser felices con el pasar de los años.

A esta conclusión llegaron los investigadores de la Universidad de Stanford, California, en la que utilizaron una muestra de individuos entre 18 a 90 años, mostrando que los ancianos son menos propensos a tener mal humor persistente, que sabían escuchar las críticas de otros y controlar mejor sus emociones y se llegó a la conclusión de que los ancianos aprenden a tener una mejor calidad de vida porque son conscientes de que el tiempo que les queda es menor y evitan las situaciones que puedan desestabilizarles y hacerles sentir mal.

Aún estamos a tiempo de encontrar nuestra felicidad, nuestro bienestar, antes de que sea tarde, sin esperar al final de nuestras vidas. Como si tu día de hoy, tengas 20, 36 o 78 años, fuera el último.

 

¿Cómo definirías el amor en una sola palabra? La ciencia responde

Explicar el amor con una sola palabra… ¿complicado verdad? Cómo definir aquello que experimentamos a modo de explosión de emociones, caóticas, intensas, únicas, pero universales. Todas las culturas en el mundo sienten este estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia que mantenía a los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción.

“El amor es sinónimo de felicidad” A esta conclusión ha llegado una de las últimas investigaciones al respecto de la Universidad de Palermo (Argentina). A una conclusión similar llega el estudio realizado por el Instituto Millward Brown en una muestra española, que afirma: “El amor desbanca a la salud y se coloca, con una gran diferencia, como la prioridad de los españoles para ser felices“.

Estos hallazgos demuestran que ambos conceptos se retroalimentan e interrelacionan entre sí. Sin embargo ‘felicidad’ es la segunda palabra más utilizada para explicar el enamoramiento, entonces, ¿cuál es la primera? El ‘compañerismo’ es la palabra más mencionada para definir al amor con el 26% de las menciones totales; seguida por ‘felicidad’ con el 16%; el ‘afecto’ con el 7%; comprensión con el 6% y sinceridad con el 5%, entre otras.

¡Ah! Y lo más importante… ¿sabéis cuál es la principal barrera para el amor? El mayor obstáculo, según el estudio, es la ‘falta de comunicación’, seguido por el egoísmo, la mentira o la infidelidad. Una vez más, se hace constancia de la importancia de las habilidades de comunicación para gestionar adecuadamente cualquier tipo de relación humana, es la clave para conectar, para transmitir y para corresponder a los demás.

 

 

*Referencia: http://www.palermo.edu/