Archivo de la categoría ‘estudios’

Los psicópatas y narcisistas son los que más se niegan a usar mascarilla

Ya existen recientes estudios científicos que asocian ciertos rasgos y estilos de personalidad con la negativa a utilizar la mascarilla impuesta para evitar el contagio del virus covid-19.

Fotografía de uso libre Pixabay License

Fotografía de uso libre Pixabay License

Y no solo se obtienen datos sobre el cumplimiento de llevar la mascarilla, sino que los investigadores también han descubierto que el estilo de personalidad de la ‘tríada oscura‘ (rasgos de psicopatía, narcisismo y maquiavelismo) se relaciona con una menor probabilidad para cumplir con otras restricciones o medidas preventivas contra la pandemia, como el uso de gel hidroalcohólico o mantener la distancia física (que no social) necesaria con los demás.

Los rasgos de esta tríada se caracterizan por sus cualidades malévolas y los resultados experimentales correlacionan estos rasgos de personalidad con mayor impulsividad, tendencia al riesgo y a la delincuencia, a sentir menos compasión y empatía y a malos hábitos en general, que se vincula con una esperanza de vida más corta.

En las encuestas del experimento en el contexto del coronavirus, estas personas se creían, por una parte, que eran altamente susceptibles al virus, aunque también creían menos en la eficacia de sus propias acciones; percepciones que ‘explicaban parcialmente’ su renuncia a tomar medidas preventivas como lavarse las manos con frecuencia y limitar los viajes no necesarios, por ejemplo.

Los autores reconocen que aunque esta prediposición (por rasgos de personalidad) interviene en el incumplimiento de las normas, también deben añadir en los estudios futuros otras variables que podrían interponerse en la conducta final, como por ejemplo: la educación, conocimientos, falta de información, valores o el nivel de confianza en los gobernantes e instituciones.

*Aclaración: NO todas las personas que no lleven mascarilla son psicópatas o narcisistas, el resultado del estudio muestras que las personas con rasgos psicopáticos y narcisistas tienen una mayor tendencia que el resto de la población al no cumplimiento de esta norma.

*Referencias:

Comportamiento adaptativo y desadaptativo durante la pandemia de COVID-19: El papel de los rasgos de la Tríada Oscura, el narcisismo colectivo y las creencias de salud en Newsweek

¿Quién cumple con las restricciones para reducir la propagación de COVID-19 ?: Personalidad y percepciones de la situación COVID-19 en Newsweek

Preferimos a los hombres con barba, aunque son más infieles

La apariencia es uno de los canales de comunicación no verbal más utilizado por nuestro cerebro para realizar predicciones y juicios de valor. Es inevitable, ya que su carga evolutiva es muy poderosa tanto en el ser humano, como en el reino animal.

Fotografía Pixabay License

Fotografía Pixabay License

Según los estudios científicos, el vello facial masculino influye fuertemente en los juicios de las personas sobre los atributos socio-sexuales de los hombres. Tanto hombres como mujeres consideraron que: los rostros con barba gruesa eran los más atractivos, más masculinos, más competitivos, maduros y más saludables. Convirtiéndose la barba, de esta manera, en una señal indirecta de aptitud física y social.

La hipótesis explicativa se basa en que el instinto evolutivo nos indica que estas características visuales en los hombres (con más vello facial y corporal) son más capaces de reproducirse y proteger a su familia. Algo así como un ‘macho alfa’.

Pero no todo es positivo, resulta que los hombres con barba, además de tender a la infidelidad, son más problemáticos por su mayor propensión a pelear, en su afán por marcar territorio y demostrar dominancia y superioridad ante los demás.

Sin embargo, es justo aclarar que esta tendencia es más bien europea y que en otras muestras de estudio no se han replicado los mismos resultados.

La investigación sobre las percepciones de la barba se ha centrado en gran medida en los juicios de las personas de ascendencia europea de las culturas occidentales, pero en la ciencia también existen alternativas sobre las preferencias sexuales de las mujeres para el vello masculino en el pecho y el tronco que han demostrado diferencias interculturales. Es decir, la barba no es una preferencia universal del atractivo masculino.

Por ejemplo, las mujeres del Reino Unido declararon una preferencia muy pronunciada por la barba y el pelo en el pecho, las mujeres en Camerún mostraron también preferencia por esta característica masculina pero de una manera mucho más débil, mientras que las mujeres de China, Nueva Zelanda y los Estados Unidos calificaron las imágenes sin vello como las más atractivas.

Y tú… ¿Qué prefieres? 🙂

 

 

 

Dime qué emoji usas y te diré cómo eres

Hoy 17 de julio es el Día Mundial del Emoji y es merecida la dedicación a este nuevo idioma universal propio de la comunicación no verbal, porque, ¿os habéis dado cuenta del cambio que ha supuesto en nuestras vidas?

Creo que casi nadie ya considera comunicarse por escrito sin estas simpáticas caritas que reflejan prácticamente todas nuestras emociones y que son capaces de transformar un mensaje por completo: suavizan a las palabras que puedan sonar severas o exigentes, enfatizan una idea, ironizan, sustituyen incluso a una respuesta o a un mensaje determinado… Solo con una imagen de corazón, una llama de fuego, una risa o un emoji de llanto o enfado ya podemos decir mucho. Incluso todo.

Las estadísticas relevan que entre los emoticonos más utilizados suelen estar el de la carcajada con lágrimas en los ojos 😂 y el beso del corazón 😘, pero curiosamente nuestra costumbre también cambia durante las circunstancias y los nuevos datos determinan que durante la pandemia por coronavirus, los emojis que se posicionan como más frecuentes son el del virus 🦠 y el de la carita con mascarilla 😷.

Un solo icono es un potente activador de emociones. Si recibimos un emoji con una cara sonriente, se activa la misma área cerebral que si vemos sonreír una persona de manera real. Los emoticonos transportan los matices de la comunicación cara a cara, esas sutilezas que se pierden cuando interactuamos con una pantalla de por medio.

Algunos estudios van más allá y han sido capaces de relacionar un determinado uso de los símbolos con ciertos rasgos de la personalidad:  un estudio publicado por la Universidad de Rochester llegó a la conclusión de que las personas más introvertidas son las que utilizan más los emoticonos.

Este tipo de carácter apuesta menos por los mensajes explícitos y han encontrado en los emojis una buena forma de no exponerse tanto y controlar más su comunicación.

Además en el mencionado estudio descubrieron que:

  • El uso de emoticonos con besos o corazones se vinculaban más con personas que puntuaban alto en la característica de ‘amabilidad’. 😍🥰😘😚
  • Las personas que eran más inestables emocionalmente (rasgo de neuroticismo) usaban los rostros con rasgos faciales más exagerados: cara cansada, cara que derrama lágrimas, cara con ojos girados. 😭😢🙄😫
  • Las personas altamente extrovertidas utilizaban más gestos expresivos, como guiños y sonrisas abiertas. 🤗😬😉😃

De un modo u otro, está claro que emplear este lenguaje figurativo en la comunicación digital escrita tiene un valor incalculable, ya que es capaz de compensar la ausencia del lenguaje corporal o emocional e incluso asume la función del ‘tono’ en los mensajes escritos.

En definitiva, humanizan las palabras. 

 

El olor a café: un recurso poderoso

O lo amas o lo odias, pero el café es una de las bebidas más consumidas en el mundo, así que parece que tiene más seguidores que detractores. Y es que no es solo una simple bebida. El café es para muchos un medio de inspiración, una necesidad para empezar el día, el símbolo de una importante conversación, de un reencuentro, de recuerdos, el testigo de muchos comienzos o de algunos finales.

Fotografía Pixabay License

Fotografía Pixabay License

Nuestro cerebro adora el café.

Debido a la estimulación de la dopamina, el consumo de cafeína aumenta nuestra capacidad cognitiva, mejora nuestro estado de ánimo, optimiza la atención, concentración y memoria, y tras su ingesta, nos sentimos más eficientes, vigorosos y motivados por el trabajo. Al contrario, reduce nuestra percepción de somnolencia, fatiga, cansancio y afectos negativos.

Existen centenares de estudios que avalan los ya conocidos efectos beneficiosos del café en nuestro organismo (siempre con un consumo moderado). Pero uno de ellos, publicado recientemente, va aún más allá, ya que no se centra en la ingesta, sino solamente en el poder de su olor.

El aroma a café ya es capaz de mejorar nuestras capacidades cognitivas, es decir, optimiza la atención, la capacidad de análisis, de resolución de problemas y el desempeño laboral y académico en general. Parece producto de la magia, sin embargo, la autora del trabajo, la doctora la Adriana Madzharov, destaca una cuestión tan llamativa como curiosa: se trata de un simple efecto placebo.

Basta con que una sala o una habitación desprenda olor a café, para que el 90% de las personas experimenten bienestar. “Como ya sabíamos, al cerebro le apasiona el café. La cafeína lo estimula, le genera placer y activación. Por tanto, el simple aroma también puede activar todos esos procesos debido a ese recorrido neuronal que se produce entre la corteza cerebral y el sistema límbico: nos sentimos motivados al recordar sus beneficios.”

“A menudo descuidamos el gran efecto que tiene en nosotros el sentido del olfato. Estamos ante un recurso cerebral prácticamente infrautilizado, cuando en realidad, es un vínculo directo hacia nuestras emociones y memoria, un canal excepcional capaz de conferirnos inspiración, calma o activación, de mejorar nuestra atención e introspección, de hacernos más creativos, receptivos al entorno…”

Este hecho es algo que sabe bien la industria del marketing y se está empezando a aplicar al mundo del trabajo y las organizaciones. Ya hay estudios que sugieren que, en ocasiones, basta una fragancia a vainilla, canela, café o chocolate, para mejorar el bienestar y la productividad de los trabajadores. Estamos ante un tema lleno de posibilidades.

 

 

 

*Fuentes de consulta:

El impacto del aroma a café en las expectativas y el rendimiento

Al cerebro le gusta el café

El olor a café estimula el cerebro y mejora los procesos cognitivos

 

 

Leer las emociones en el rostro con mascarilla

Los seres humanos (y muchos animales) expresamos 6 emociones básicas con el rostro: alegría, miedo, ira, tristeza, asco y sorpresa. Su codificación facial es muy específica y universal. Una persona enfadada es fácilmente reconocible aquí y en cualquier parte del mundo. Si bien, es cierto que al llevar mascarilla (impuesta ahora por coronavirus) perdemos indicadores emocionales, también lo es que la parte más importante para el reconocimiento facial está en el tercio superior de la cara, así que no lo demos todo por perdido.

Mujer con mascarilla. Fotografía de pxfuel/Free for commercial use

Mujer con mascarilla. Fotografía de pxfuel/Free for commercial use

¿Qué emociones podemos descubrir en el otro, a pesar de que lleve mascarilla?

Realmente… ¡Todas!

Al contrario de lo que podamos pensar, sabremos si una persona está de verdad contenta si observamos sus ojos, no su boca. La sonrisa verdadera (o sonrisa Duchenne) implica la acción muscular del músculo cigomático mayor y menor de la boca (hace que se eleven las comisuras de los labios), pero además también debe activarse el músculo orbicular que rodea el ojo (hace que se eleven las mejillas y produce arrugas alrededor de los ojos, ‘patas de gallo’ más marcadas).

Esta combinación es la que realmente es genuina de felicidad, ya que la mayor parte de las personas no podemos contraer el área orbicular a voluntad.

Para detectar la emoción de asco, es cierto que la boca y el pliegue nasolabial es importante, pero también se activan unas arrugas propias de la repulsión que producen un cambio de apariencia entre los ojos, en la parte superior de la nariz. Solo tenéis que observaros en el espejo mientras posáis simulando asco.

La distinción entre el miedo y la sorpresa es compleja, ya que en ambas se produce una elevación de los párpados superiores y se arquean las cejas, en el miedo la musculatura es más tensa y enérgica que en la sorpresa, en la cuál el movimiento se describe más suave y relajado a nivel muscular, tendremos que ayudarnos del contexto para interpretar una u otra.

Con la tristeza lo tenemos super fácil, ya que su expresión típica es la de elevar la zona interior de las cejas, las esquinas sobre la nariz, formando así un triángulo con éstas, es muy difícil de fingir, os animo a que lo intentéis y veáis el movimiento.

Por último, igual ocurre con la ira. Se tensa la boca y la mandíbula, también se abren significativamente las fosas nasales, pero su gesto más reconocible es el ceño fruncido.

Vemos que no es tan difícil seguir leyendo las emociones de los más, es solo cuestión de práctica ante este nuevo panorama. La parte beneficiosa es que tener solo una visibilidad parcial del rostro nos proporciona un duro entrenamiento y aumentará nuestra habilidad, nos esforzaremos más en la observación y esto mejorará nuestras capacidades cuando nos veamos desprovistos de mascarilla por fin. Esperemos que sea muy pronto…

Y a vosotros, ¿os cuesta más ahora leer emociones?, ¿conocíais estos trucos? ¡Contádme! 🙂

 

¿Qué ocurriría en el ser humano durante un aislamiento completo?

No llegamos a asumir del todo que aquel tópico de “somos animales sociales” significa mucho más de lo que parece. No es que simplemente nos guste estar con gente, que nos horrorice la soledad o que echemos de menos dar abrazos, es que el contacto físico y social es una necesidad primitiva, un instinto que traspasa nuestras preferencias o costumbres.

Michel Siffre en los años 60 (primer experimento)

Michel Siffre en los años 60 (primer experimento)

El aislamiento tiene profundas consecuencias físicas y psicológicas. Algunos estudios llegan a afirmar que el aislamiento, la soledad, mata. Ya que sus consecuencias son nefastas en nuestra producción hormonal a nivel del sistema central y en nuestro sistema inmunológico.

Estamos en circunstancias complicadas, pero el aislamiento transitorio y parcial que estamos experimentando por la pandemia no debería desembocar en estas alteraciones graves de las que hablamos, aunque nunca está de más estimular con más mimo las relaciones sociales durante este periodo a través de todas las vías posibles a nuestro alcance. Recordad que no es lo mismo distancia física que distancia social.

De forma extrema, algunos científicos intrépidos se pusieron a prueba a sí mismos sometiéndose a una experimentación subterránea de aislamiento severo y así comprobar los efectos y el impacto a todos los niveles en el ser humano. Los resultados fueron sorprendentes.

Uno de los pioneros fue el espeleólogo francés Michel Siffre, quien se adentró en una cueva helada de Scarrasson, en los Alpes, durante 61 días (aunque el francés creyó contar 34 días).

A su salida manifestó: “Cuando uno está rodeado por la noche, con tan sólo una bombilla de luz, la memoria no captura el momento. Se le olvida. Después de uno o dos días, uno no recuerda lo que ha hecho un día antes. Además de eso todo es totalmente negro. Es como un largo día interminable”.

Posteriormente muchos hombres y mujeres se sometieron a estas duras pruebas, aunque el récord lo tiene Milutin Veljkovich: 463 días en la cueva de Samar (antigua Yugoslavia).

Entre las consecuencias más interesantes de los experimentos, encontramos que nuestro ritmo circadiano (el reloj interno que marca el ciclo de sueño/vigilia) cambia al no estar en contacto con el exterior y la luz solar.

Se pierde la noción del tiempo y los períodos de vigilia y sueño ocupan más de lo habitual, entre 26 y 28 horas, pudiendo alcanzar incluso las 48 horas, es decir, 36 horas despierto y 14 dormido, con fases REM también mucho más largas de lo habitual.

En esas condiciones tan extremas, los ritmos de sueño y temperatura corporal se disgregaron en una ‘desincronización espontánea interna’, con la implicación de que dos ritmos circadianos (sueño y temperatura corporal) pueden funcionar en dos periodos diferentes dentro del mismo organismo.

Se comprobó así que la temperatura corporal más baja aparecía al principio del sueño, y no al final, como sucede habitualmente.
También en la mayoría de esos relatos se han descrito fatiga, desorientación, pérdida de memoria a corto plazo, más pesadillas durante el sueño, diferentes alucinaciones y, en mujeres, el ciclo menstrual llega a cesar.

Os animo a que investiguéis un poco más sobre experimentos de aislamiento extremos porque son muy curiosos los efectos que originan en el ser humano. 🙂

También te puede interesar:

No es un mito, la falta de luz y sol nos causa una profunda tristeza

La soledad no depende de la compañía

¿Y tú, ya te has ‘acostumbrado’ al confinamiento o cada vez lo llevas peor? (Procesos psicológicos)

#Coronavirus: Sí, tenemos más pesadillas durante el confinamiento (y tiene explicación)

 

 

 

Leyendo emociones: humanos vs. máquinas

Para la vida social resulta imprescindible detectar correctamente las emociones de los demás, y según sabemos, estas se manifiestan predominantemente a través del rostro. Hasta los últimos años se creía imposible que las maquinas leyeran las emociones, pero…

¿Sabías que ya hay softwares que reconocen las emociones de la gente?

Fotografía publicada en el perfil Twitter de Affectiva

Fotografía publicada en el perfil Twitter de Affectiva

El psicólogo experto en comunicación no verbal, Alan Crawley, autor del canal ‘Sin verba‘, ha traducido e interpretado, en exclusiva para este blog, un reciente estudio (abril 2020) donde se compara experimentalmente el rendimiento para el reconocimiento facial por parte del hombre con el de la tecnología más avanzada para ello hasta el día de hoy. ¿Quién ganará, el ojo humano o el software?

Las grabaciones de vídeo de lugares tan distintos como aeropuertos, centros comerciales, supermercados y cualquier otro lugar pueden ser analizadas con estos softwares. Su uso incrementa con el paso del tiempo y se extiende a muchos contextos diferentes, aunque aún surgen algunas preguntas: ¿cómo funcionan?, ¿cuán precisos son?

La mayoría de estos softwares trabajan con lo que se conoce como las seis o sietes emociones básicas: alegría, tristeza, temor, ira, asco, sorpresa y desprecio.

Según la teoría neurocultural, éstas son emociones universales que al experimentarlas se manifiestan en el rostro con un determinado conjunto de movimientos faciales únicos e iguales en las personas de todo el mundo.

Prácticamente todos estos softwares funcionan con la misma idea principal de que el rostro es la ventana de los sentimientos reales y ciertas expresiones señalan que se siente una de estas emociones básicas.

En un estudio recientemente publicado en abril de este año 2020, los investigadores Dupré, Krumhuber, Küster, y McKeown, pusieron a prueba la precisión de 8 softwares comerciales en el reconocimiento de estas emociones. Los softwares analizaron 937 videos de expresiones faciales posadas (actuadas) y espontáneas (como respuesta a un estímulo).

Por otro lado, un grupo de 14 participantes evaluó los mismos vídeos. Para descubrir cuál de los grupos lee mejor las emociones, las personas o las máquinas, se compararon las respuestas obtenidas. ¿Qué creen que encontraron?

Las personas identificaron las emociones correctamente en un 72% de las veces en comparación con la precisión claramente menor de entre el 42% y el 62% obtenida por los softwares comerciales.

Fotografía publicada por los autores en la que muestra la comparativa de resultados

Fotografía publicada por los autores en la que muestra la comparativa de resultados

La tasa de acierto de los humanos fue notablemente superior para el reconocimiento de ambas expresiones, posadas y espontáneas, lo que demuestra la valiosa percepción humana.

Para que estos softwares se vuelvan más eficaces, sugieren los autores, deben:

  1. Incluir otras categorías mentales tales como el aburrimiento, interés, dolor y frustración.
  2. Revisar la teoría sobre la que se sustentan.
  3. Contemplar las variables e influencias contextuales.

Y tú, ¿te consideras un buen lector de emociones? ¡Cuéntanos tus experiencias! 🙂

 

*Fuentes:

Dupré D, Krumhuber EG, Küster D, McKeown GJ (2020) A performance comparison of eight commercially available automatic classifiers for facial affect recognition. PLoS ONE 15(4): e0231968. Copyright: © 2020 Dupré et al. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de Creative Commons Attribution License , que permite el uso, la distribución y la reproducción sin restricciones en cualquier medio, siempre que se acredite al autor original y a la fuente.

Softwares comerciales usados: CrowdEmotion’s FaceVideo, Emotient’s Facet, Microsoft’s Cognitive Services, MorphCast’s, EmotionalTracking, Neurodata Lab’s EmotionRecognition, VicarVison’s FaceReader and VisageTechnologies’ FaceAnalysis.

Las 5 fases emocionales del cambio: de la negación a la aceptación

Estas etapas suelen ir asociadas al duelo que experimentamos tras el fallecimiento de un ser querido. Así es, pero también las vivimos tras cualquier pérdida, puede ser la de un trabajo, o después de una ruptura sentimental, o ‘simplemente’ por un cambio drástico en nuestras vidas, tal y como nos sucede ahora por la crisis del coronavirus, en mayor o menor medida, debemos despedir un mundo tal y como lo conocíamos y adaptarnos a una nueva realidad.

Escultura: la madre del emigrante en Gijón. Fotografía: Pxfuel (Free for commercial use)

Escultura: la madre del emigrante en Gijón. Fotografía: Pxfuel (Free for commercial use)

No todos pasamos por estas 5 fases de forma definida, ni con la misma intensidad, ni siquiera con un orden determinado, pero sí que muchos de vosotros os veréis reconocidos en esta evolución de emociones y mediante este análisis normalizamos el tornado de sentimientos por el que vamos avanzando durante esta cuarentena.

La psiquiatra suizo-estadounidense, Elisabeth Kübler-Ross, definió en los años 70 estas 5 fases principales:

  1. Etapa cognitiva: negación. 
  2. Etapa emocional: miedo, ira.
  3. Negociación.
  4. Tristeza y culpa en algunos casos.
  5. Aceptación.

Al principio experimentamos una extraña sensación de irrealidad, nos decimos a nosotros mismos que “esto no puede estar pasando”. Se trata de un mecanismo de defensa que suaviza el ‘golpe’, el cambio abrupto al que nos enfrentamos de repente y a mortiguar el sufrimiento.

Vamos tomando consciencia de la cruda realidad a través del tiempo y de la información, de los hechos concretos del día y entonces surgen las emociones. La ira y la frustración por no poder hacer nada, por no tener los medios para frenar o revertir la situación que no deseamos.

Proyectamos estos sentimientos en todas direcciones y centramos nuestra furia en la búsqueda de culpables, alguien que se responsabilice de nuestro sufrimiento.

También negociamos, es decir, fantaseamos con la idea de que se puede revertir o cambiar aquello por lo que estamos pasando. Es común preguntarse, ¿qué habría pasado si…? o pensar en estrategias que hubieran evitado el resultado final, como ¿y si hubiera hecho esto o lo otro?

Tras esta fase volvemos de nuevo al presente con la sensación de pérdida, nostalgia, o vacío, a echar de menos todo lo anterior, lo que hemos perdido, a tener que vivir sin ello. Nos sentimos melancólicos.

El dolor emocional va perdiendo su poder con el tiempo, poco a poco vamos volviendo a la normalidad. No es una etapa de felicidad repentina, pero vamos disfrutando de los momentos de nuestra nueva vida, de las recientes costumbres.

Aunque pueda parecer un tormento, realmente esta transformación emocional es esencial para que nuestro cerebro asimile las revoluciones propias de nuestro mundo.

Es incómodo aceptar una nueva situación, sin embargo es justo la aceptación la que pone a la persona en contacto con la realidad, te permite afrontar lo que verdaderamente está sucediendo, renunciando al pasado tal y como lo conocíamos y asumiendo que el presente es el que es y no podemos hacer nada.

Coronavirus: los jóvenes son los más afectados psicológicamente (según un estudio)

La Universidad Complutense de Madrid y la Cátedra contra el Estigma de Grupo 5 ya han publicado un informe con los datos obtenidos de la primera fase de un estudio sobre el impacto psicológico que ha tenido la pandemia por Covid-19 en la población española general.

Joven en la ventana. Fotografía de: Pxfuel/Creative Commons Zero - CC0

Joven en la ventana. Fotografía de: Pxfuel/Creative Commons Zero – CC0

La situación de confinamiento al que estamos sometidos desde que se inició el estado de alarma para combatir el alto nivel de contagio del virus nos ha pasado factura a nivel psicológico, como era de esperar.

Lo que sorprende de los resultados obtenidos es que el núcleo de edad más afectado ha sido el de la población más joven, que comprende la edad de entre 18 y 39 años.

La muestra utilizada ha sido de casi 3.500 personas de todas las edades, pero los más jóvenes son los que presentan “más ansiedad, depresión y síntomas somáticos, así como un mayor sentimiento de soledad y falta de compañía”. Sin embargo, las personas mayores de 60 años se muestran “más tranquilos y reconocen controlar mejor sus emociones”.

Respecto al estado de ánimo: un 70% de la muestra general reconoce haber experimentado tensión, nerviosismo y angustia en algún momento de la cuarentena, un 55% admite la falta de control sobre el sentimiento de preocupación, un 60% indican falta de interés o placer en hacer cosas y mantener una actividad rutinaria, ya que se sienten sin ganas, sin fuerzas y decaídas, por último, un 45% de la muestra reconoce sentirse muy solo.

En mi opinión, tiene lógica por varios motivos, en un periodo más inicial de la vida nuestra gestión emocional es más inmadura e inestable por sí misma, salvo contadas excepciones y en el mundo en el que vivimos, una persona de 25 años aún no ha tenido tiempo de experimentar situaciones adversas a las que afrontar con fuerza mental.

Esto nos viene grande a todos, pero cuanto menos hayas vivido, menos tiempo has tenido para desarrollar mecanismos de ‘supervivencia psicológica‘.

Como por ejemplo, la resiliencia (adaptación y fortaleza mental), esto es un rasgo de personalidad estable pero también se aprende y se adquiere a través de las experiencias vitales, una persona más madura consigue unos niveles de gestión de las emociones más estables y adaptativos, en definitiva, se toman los problemas y los cambios con más calma.

Una de las pocas transformaciones que se producen en nuestra personalidad, con el paso de los años, es la de suavizar todos los rasgos que definen nuestra forma de ser y la de relativizar tanto lo bueno como lo malo que nos pase. De ahí que el núcleo de la muestra más maduro afronte el impacto de una forma más sosegada.

El estudio será longitudinal y continuará evaluando en las siguientes fases el impacto a largo plazo y la diferencia de género, así como los factores de protección y riesgo que han influido en los diferentes afrontamientos de este periodo aún sin fecha de caducidad. Iremos valorando resultados y consecuencias de esta crisis nueva a todos los niveles.

El alcohol no es un buen aliado para la ansiedad durante el confinamiento

Sí, aclaro que el alcohol no es nunca un buen aliado. Lo contextualizamos ahora en el estado de alarma por coronavirus tras los inquietantes resultados de los estudios y estadísticas de ventas que relacionan directamente el aumento notorio de consumo de tabaco y alcohol durante el confinamiento.

Pexels.com/Fotografía de uso libre

Pexels.com/Fotografía de uso libre

Tras el acopio inicial de papel higiénico y productos de limpieza, pasamos por agotar la harina y la levadura en los supermercados (con su correspondiente efecto terapeútico), y ahora el elemento diferencial en la cesta de la compra de los últimos días lo ha marcado la cerveza (con un incremento de casi el 80% con respecto al mismo mes del pasado año), así como también el vino (superando el 62%) y demás bebidas alcohólicas (con un aumento del 36%).

Parece que las prioridades van cambiando y hemos pasado de la preocupación por los productos básicos a la ingesta del ‘capricho’.

Esto ocurre por varias razones:

Después de más de 30 días ya nos hemos cerciorado de que la alimentación y productos de necesidad siguen disponibles en nuestra tienda habitual, el terror inicial ya ha pasado, ya no hay miedo al desabastecimiento.

Nos dejamos llevar por el sistema de recompensas que nos demanda el cerebro en situaciones complicadas para así equilibrarnos y producir mayores niveles de endorfinas y sentirnos felices a ‘corto plazo’.

En segundo lugar, la propia  ansiedad, la preocupación, la incertidumbre o el aburrimiento suelen ir de la mano con un aumento en la probabilidad de fumar y beber más. Una vía de escape para el estrés.

Por último, no solemos comprar tanto alcohol para casa porque la consumición habitual de bebidas alcohólicas se realiza en un entorno social, bares, cenas con amigos, restaurantes, pubs o discotecas. Realmente ‘compensamos’ ese consumo ahora en casa, a veces con compañía en videollamada de por medio.

Las autoridades sanitarias han tenido que intervenir y recordar los peligros de refugiarnos en el alcohol y el tabaco como remedio para combatir la soledad o el estrés. Sanidad advierte que el tabaco empeora el curso de las enfermedades respiratorias como la enfermedad del Covid-19.

La euforia y bienestar que produce el alcohol será momentánea. Las grandes oleadas de dopamina le ‘enseñan’ al cerebro a buscar alcohol y a dejar de lado otras actividades y fines más sanos.

Después produce un ‘efecto rebote’ que hará que te sientas aún peor que antes de haber bebido, alterará más tus rutinas y profundidad del sueño y asumes un gran riesgo de generar en tu organismo una adicción permanente.

Por último, no olvides que el consumo de alcohol origina una fuerte e inevitable tolerancia. Alguien que abusa del consumo del alcohol termina sintiéndose sin motivación, desanimada o deprimida y no puede disfrutar de las cosas que antes le causaban placer.

Llegado ese momento, la persona necesita continuar consumiendo más cantidad para sentir apenas un nivel normal de recompensa, lo que solo empeora el problema y crea un círculo vicioso.

Esto no es ninguna broma… ¡Cuídate!