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VeriPol, el detector de mentiras de la policía española

VeriPol es la herramienta creada para detectar denuncias falsas con un éxito superior al 90%. Uno de sus principales creadores es el inspector Miguel Camacho Collados, licenciado en matemáticas y estadística, que tras realizar su doctorado internacional sobre policía predictiva pensó en la inteligencia artificial para automatizar la detección de las denuncias falsas a través de la lingüística habitual que utilizaban los denunciantes para establecer patrones de veracidad o falsedad. Por ahora solo se ha trabajado en muestras por robo con violencia e intimidación o hurto con tirón.

¿Cómo funciona? Podemos pensar que nuestras mentiras son únicas pero la realidad es bien distinta. Todas tienen unos patrones tan evidentes que un algoritmo es ideal para identificarlos. Tal y como su creador ha afirmado en una entrevista para El País:

Las denuncias verdaderas aportan, en general, más detalles. En las falsas, el denunciante aspira a eliminar los detalles. ¿Cuál es el mejor modo de hacerlo?  Uno de los mejores predictores de falsedad es la palabra “día”. No porque los robos sean a plena luz, sino porque fueron “hace unos días”, “un día” o “hace dos o tres días”, no “ayer” o “el jueves”. Otras palabras que sirven para detectar denuncias falsas son “tirones” desde “atrás” o por la “espalda”, de la “mochila” o “bolso”, o de algo que la víctima llevara en el “hombro”. Los ataques falsos suelen ser de alguien que lleva “casco” y va vestido de “negro” (los malos siempre van de negro). Los hechos falsos suelen ocurrir por detrás porque salva al denunciante de tener que dar detalles.

Otras palabras relacionadas con falsedades en las denuncias son “seguro”, “abogado”, “móvil”, “Apple”, “iPhone”, “compañía” o “contrato”. Las descripciones en las denuncias falsas no se centran en los hechos, sino en el objeto, su valor y el motivo oculto por el que vamos a la policía. Los investigadores descubrieron que suelen ser más ciertas las denuncias de robos cerca de la “portería” de casa o en el “rellano”. La gente que va con una denuncia falsa pretende alejarla de su hogar, de sus conocidos.

VeriPol también analiza los recursos gramaticales y sintácticos más usados. Los pronombres personales y demostrativos, e incluso los verbos “ser” y “estar” aparecen más en denuncias verdaderas. Los mentirosos, en cambio, son poco dados a concretar con pronombres específicos como “yo”, “él” o “este” y “aquel”. En las falsas, de nuevo, la vaguedad predomina: “Los informes verdaderos están más centrados en contar la historia del delito y las interacciones de la víctima y el agresor”.

Los sintagmas introducidos por el adverbio “apenas” -por ejemplo en “apenas pudo verle” o “apenas recuerda”- indican falsedad. También un alto número de negaciones se relaciona con mentira: aparecen en frases como “no puede dar más datos”, “no ha sufrido heridas”, “no pudo ver”, “no puede reconocer”. Las denuncias verdaderas se centran en el fondo en la acción, mientras que las falsas buscan describir objetos, que es lo único que el denunciante ha visto. Las denuncias reales tienen por ejemplo un alto grado de palabras que describen cualidades y acciones específicas: “barba”, “cara”, “pelo”, “centímetros”, “delgado”, “constitución”, “edad”, “hombre”, “gritar”, “pelear”, “empezar a”.

Hay que clarar que todas estas construcciones, palabras y demás indicadores por sí mismos no implican directamente falsedad o credibilidad, sino su frecuencia y combinación entre el total del mensaje. El algoritmo solo refleja esos matices de una forma más objetiva y realista que la mera opinión o sensación de un ser humano.

Desde luego, esta aplicación tiene todas las posibilidades de convertirse en una auténtica revolución en el mundo policial, VeriPol es el primer modelo a nivel mundial que ha sido validado para su uso oficial. Y se convertirá en el primero en aplicarse en un cuerpo de policía, no existe nada igual, de hecho, VeriPol ha obtenido merecidamente el Premio de Investigación de la Fundación Policía Española.

 

 

P. Vronsky pronostica una nueva oleada de asesinos en serie para el año 2035

Peter Vronsky es un historiador estudioso y apasionado por la conducta criminal. Su interés en ello surgió cuando en su juventud se cruzó con un asesino en serie, mientras esperaba un ascensor intercambió una breve mirada con la persona que bajaba en él, le llamó la atención su aspecto y su mirada esquiva y perdida, meses después descubrió por los medios de comunicación que aquel hombre era Richard Cottingham, conocido como el carnicero de Times Square.

Vronsky quedó anclado a ese momento y su interés por el perfil criminal se convirtió en el centro de su vida, todo ello reforzado por el apogeo de los asesinos en serie en América del Norte, durante un extraño ciclo de tres décadas. Investigó los factores que podían ser los causantes de estos picos significativos de asesinos seriales.

Sus conclusiones fueron controvertidas, en su libro “Los hijos de Caín: una historia sobre los asesinos en serie“, desarrolla la hipótesis  de que el aumento de los asesinos seriales puede rastrearse hasta los estragos de la II Guerra Mundial, que duró de 1939 hasta 1945, y los hijos de los hombres que regresaron de los campos de batalla. En sus investigaciones, el historiador logró determinar que muchos de los asesinos seriales fueron niños durante la II Guerra Mundial y los años de posguerra. “Fue una guerra que llegó a unos niveles de violencia que nunca habíamos visto“, dijo Vronsky.

En el mundo de la criminología no descartan las razones de Vronsky aunque el consenso suele añadir que no hay una sola causa o factor identificable que conduzca al desarrollo de un asesino en serie. Más bien, hay una multitud de factores que contribuyen a su desarrollo. De cara al futuro Vronsky pronostica que los conflictos en Oriente Próximo y la crisis económica de 2008 pueden provocar un repunte de asesinos en serie dentro de dos décadas.

Termino con una de las frases más inquietantes de su investigación “en lo más profundo de nuestro ser —allí donde almacenamos todo lo malo que nos ocurre—, todos llevamos un asesino en serie“. Le preguntaron al autor ¿qué puede salvarnos? Parece que la respuesta es contundente, solo una buena educación puede salvarnos

 

 

*Fuentes de consulta:

BBC News

Vice.com

El sonido de una risa falsa y de una risa real

En el post de ayer (pincha aquí para acceder al artículo) os preguntaba si seríais capaces de distinguir una sonrisa verdadera de una sonrisa fingida a través del sonido. Parece ser que, en general, sí. Las investigaciones al respecto afirman con contundencia que independientemente del genéro o la cultura somos bastante buenos identificando risas sinceras de las que no lo son.

Según Greg Bryant, de la Universidad de California y autor principal del experimento “Cuando las risas falsas no llegan a convencer son por pequeñas sutilezas que nos delatan. Muchas de las risas falsas suenan bastante bien, pero los oyentes parecen prestar atención a ciertas características acústicas que son realmente difíciles de falsificar”.

Bryant cree que la investigación ilustra que los dos tipos de risas, reales y falsas, se producen por dos sistemas de vocalización separados, totalmente independientes. Muchos animales se ríen, pero solo los humanos sabemos cómo fingir la risa. “Las risas genuinas son producidas por un sistema vocal emocional que los humanos comparten con todos los primates, mientras que las risas falsas son producidas por un sistema del habla que es exclusivo de los humanos”.

No es accidental que las risas reales estén asociadas con el sistema vocal compartido con otros animales. Muchos animales se ríen, incluidos los chimpancés, los gorilas y los orangutanes. En el reino animal, las señales de risa quieren comunicar que ‘estoy en modo juego’, explicó Bryant. “De hecho, se cree que la risa evolucionó de la respiración dificultosa que se suele producir durante el juego físico. De esta manera, la risa genuina revela nuestra naturaleza animal“.

En la investigación se analizaron las características acústicas de los dos tipos de risas. Ambas consisten en dos partes: la primera es la vocal, suena el “Ha, ha, ha” y la segunda parde corresponde con los sonidos entrecortados del aire que se producen entre esos sonidos vocálicos. Combinadas, las dos partes constituyen lo que los investigadores describen como una “llamada“.

Descubrió que con risas reales, la proporción de partes respiradas en la llamada era consistentemente mayor que con las falsas. Bryant lo atribuye a las particularidades del sistema vocal emocional. El sistema vocal emocional tiene un control más eficiente sobre la apertura y el cierre de la tráquea, lo que permite a las personas emitir aire rápidamente durante las risas genuinas. De hecho, durante las risas genuinas, la tráquea se puede abrir y cerrar a un ritmo que se acerca al máximo potencial del aparato, según descubrieron los investigadores.

En contraste, el sistema de habla, que es responsable de las risas falsas, controla la dinámica del tracto vocal de manera diferente y no puede abrir y cerrar la tráquea con la misma rapidez. Al acelerar una grabación de risas falsas, Bryant y Aktipis pudieron hacer que el sistema de voz sonara como si se abriera y cerrara la tráquea a un ritmo mucho más rápido de lo normal. Bajo esa condición, las risas falsas suenan mucho más como risas producidas por el sistema vocal emocional.

En la opinión de Bryant, los humanos han desarrollado una sensibilidad particular a las risas falsas porque las consecuencias de cometer un error pueden ser muy altas. Los investigadores descubrieron que la risa genuina libera la hormona calmante oxitocina, que promueve un sentimiento de afiliación y cooperación. Pero la evolución también funciona en la dirección opuesta, advierte, estimulando a los humanos a producir carcajadas falsas bastante convincentes.

Aquí podéis escuchar los diferentes tipo de risas que utilizaron para el experimento… A ver qué tal se os da! 🙂

¿Sabemos distinguir las sonrisas verdaderas de las falsas?

La respuesta es que sí, independientemente del lugar del mundo al que pertenezcamos. Ya sabíamos que la expresión emocional de la alegría es una emoción básica/primaria universal, una sonrisa tiene el mismo significado seas del genéro o de la cultura que seas. Aún así, Greg Bryant, investigador de Universidad de California, se preguntaba si en todas las culturas seríamos capaces de saber reconocer cuándo la risa estaba asociada a una alegría sincera o si era una mera pose.

El experimento ha durado más de una decada y sus resultados afirman que sí somos capaces de discernir la sonrisa genuina de la fingida. Trabajando con la premisa de que la risa es una poderosa y universal “señal de juego” que permite a las personas predecir el comportamiento y la afinidad, Bryant, junto con Daniel Fessler, profesor de antropología evolutiva de la UCLA, y sus coautores, expandieron sus hipótesis previas para incluir 884 participantes en el estudio de EEUU de otros 20 países y que representaban ya a los seis continentes.

Para la risa real, los investigadores extrajeron risas de conversaciones grabadas entre pares de amigos y amigas de habla inglesa. Para las falsas, tomaron la risa producida por mujeres a las que se les pidió que se rieran a la orden. En todas las culturas, los oyentes pudieron aseverar con un nivel superior a lo esperado por azar si la risa era real o no. Pero había alguna variación. Por ejemplo, los oyentes de Samoa solo obtuvieron la respuesta correcta el 56% de las veces, mientras que los oyentes japoneses obtuvieron la respuesta correcta el 69%.

También, y en general, los participantes de las sociedades más pequeñas y menos industrializadas fueron más precisos en la identificación de risas falsas. Los investigadores comentan que el resultado sugiere que en lugares donde las relaciones sociales profundas y complejas son críticas para la supervivencia, las personas están más en sintonía con el compromiso emocional de los demás, y es más probable que utilicen esas señales para predecir el comportamiento de otras personas.

Ma-ra-vi-llo-so 🙂

Mañana continuremos con la segunda parte de la investigación y tendréis alguna muestra auditiva de sonrisas para comprobar vuestra pericia!

 

 

 

*Fuentes de consulta:

http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0956797618778235

http://newsroom.ucla.edu/releases/ucla-s-laughter-guy-dissects-features-of-counterfeit-chortling

Los gestos pueden revelar si nuestras emociones son positivas o negativas

Curiosamente los seres humanos somos los únicos diestros y zurdos; el resto de primates no tienen preferencia por una mano u otra al realizar cualquier tipo de tarea, las utilizan indistintamente. En comunicación no verbal se suele decir que los gestos con la izquierda significan ‘x’ y los de la derecha ‘y’, aunque en este blog siempre remarcamos que en ciencias del comportamiento no existen las ecuaciones matemáticas.

Hay investigaciones cuyos resultados apuntan a que sí que existe una relación entre emociones positivas/negativas y los gestos de lateralidad manual. En concreto, se ha demostrado que las personas tendemos a asociar nuestro lado dominante a una valencia emocional positiva y el lado no dominante a una valencia negativa, es decir, los diestros tienden a valorar positivamente la derecha y los zurdos la izquierda.

Los gestos que realizamos con las manos son bastante inconscientes, no solemos controlarlos, entonces, ¿cuándo hablamos, por ejemplo, de éxito u optimismo, un diestro realizará gestos ilustrativos con su brazo derecho? ¿y viceversa cuando hable del fracaso o la pérdida, por ejemplo? Para dar respuesta a estas hipótesis, el experimento político habla por sí solo…

Los autores Casasanto y Jasmin observaron los gestos que se realizaban durante discursos de políticos en debates finales de la campaña en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. En 2004 los dos candidatos que participaron eran diestros: John Kerry, demócrata, y George Bush, republicano. En cambio, en las elecciones de 2008 ambos eran zurdos: John McCain, republicano, y Barack Obama, demócrata.

Para el estudio analizaron el habla y los gestos de cada uno de ellos durante los debates presidenciales (concretamente fueron 3012 oraciones habladas y 1747 gestos). Se valoraron de forma independiente, por un lado, la valencia (positiva, negativa o neutra) de cada una de las cláusulas habladas y, por otro, cuando había un gesto simultáneo a la cláusula, si éste se realizaba con la mano derecha o la izquierda.

Los jueces que llevaron a cabo la tarea de valorar las cláusulas escucharon el discurso sin imagen y los que llevaron a cabo la tarea de contar los gestos y anotar qué mano se usaba vieron la imagen sin audio.

Los resultados mostraron que los candidatos diferían en la asociación entre gestos y habla. En ambos candidatos diestros, los gestos de la mano derecha aparecían con mayor frecuencia en cláusulas de valencia positiva y los gestos de la mano izquierda en cláusulas de valencia negativa. En ambos candidatos zurdos se encontró el patrón opuesto.

Por tanto, basándonos en esta muestra, cabe decir que hay una mayor probabilidad de asociar los mensajes positivos con gestos de la mano dominante y los mensajes negativos con gestos de la mano no dominante, revelando un vínculo oculto entre la acción y la emoción.

Este estudio revela que la asociación entre el lado dominante y la valencia emocional va más allá del laboratorio y se manifiesta de forma inconsciente en los gestos. De este modo, los gestos pueden revelar nuestra valoración emocional sobre lo que estamos hablando.

 

*Fuente: Ciencia cognitiva – ¿Lo aprecias o lo odias? Tus gestos al hablar pueden delatarte

¿Por qué mentimos si (se supone que) nos hace sentir mal?

Mentir está mal. Esto nos enseñan desde que somos pequeños, pero lo cierto es que la mentira forma parte del engranaje social de la comunicación, es necesaria para no herir a los demás o para autoprotegernos; aunque también se utiliza con fines más egoístas, maquiavélicos y pueden ser muy dañinas. Se supone que, con mejores o peores intenciones, el ser humano se siente mal mintiendo, engañar nos causa culpa, remordimientos, ansiedad, miedo (de que nos pillen por ejemplo)… entonces, si tan negativas son para nuestro estado de ánimo, ¿por qué lo hacemos?

La respuesta nos ha sido desvelada por la neurociencia, simple y concisa: Nuestro cerebro se acostumbra. La Resonancia Magnética funcional utilizada por los investigadores de la University College of London ha sido la clave para resolver el enigma. El experimento publicado en Nature Neurosciencie no deja lugar a dudas, cuanto más mentimos menos nos pesan los sentimientos negativos al hacerlo, al principio las emociones de culpabilidad son muy intensas, pero van descendiendo con la práctica. Una parte importante de nuestro cerebro relacionada con la emoción, la amígdala, se activa cuando engañamos para lograr nuestro propio beneficio. La respuesta de esta área disminuía con cada mentira. Cuando mentimos, nuestra amígdala produce una sensación negativa que se desvanece a medida que continuamos engañando.

Según explica Tali Sharot, investigador de psicología experimental y coautor del trabajo: “Cuando mentimos interesadamente, nuestra amígdala produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir. Sin embargo, esta respuesta se desvanece a medida que continuamos mintiendo y cuanto más se reduce esta actividad más grande será la mentira que consideremos aceptable. Esto conduce a una pendiente resbaladiza donde los pequeños actos de insinceridad se convierten en mentiras cada vez más significativas”.

Los datos obtenidos son muy reveladores y aplicables a otras conductas, en este caso se estableció la relación entre la habituación y el engaño, si bien, este mismo principio podría aplicarse a la progresión de otras conductas de riesgo como los comportamientos violentos.

 

 

Lo que todavía no sabes sobre las lágrimas

Podemos llorar de alegría, por afectación emocional, tristeza, miedo, dolor… emociones variopintas y contradictorias desatan una misma respuesta fisiológica: el llanto. Hay animales que derraman lágrimas con el puro objetivo de mantener húmedo el globo ocular, parece que las ‘lágrimas emocionales’ son exclusivas del ser humano, de un modo universal, todos lo hacemos independientemente del género, la cultura, la edad… Aunque es obvio que esta conducta adquiere una importancia mayor en la edad infantil, pura comunicación no verbal, cuando no conocemos las palabras, nuestras emociones básicas hablan por nosotros para comunicar nuestras necesidades más primarias.

Lo curioso del tema es que los expertos en la materia aún no saben con certeza por qué lloramos, hay muchas teorías e hipótesis al respecto, las más aceptadas apuestan por el sentido evolutivo de la indefensión, de la necesidad de comunicarle a los demás que necesitamos ayuda sin hacer mucho ruido, es decir, sin llamar la atención del resto de ‘depredadores’. No podemos resistirnos a consolar/ayudar a una persona que llora, según los estudios sociales estamos programados para ello y nuestra sensibilidad aumenta irremediablemente, inhibiendo nuestros instintos más agresivos.

Llorar sienta bien. Las lágrimas contienen hormonas del estrés, es una buena forma de expulsar el malestar de nuestro organismo. Tras el llanto nuestro cuerpo libera endorfinas, provoca que nuestro estado de ánimo se reactive equilibrando nuestras emociones, nos sentimos más tranquilos, liberados y reconfortados. Llorar ayuda al cuerpo a volver a un estado de homeostasis después de estar excesivamente excitado, ya sea positiva o negativamente.

Otro dato, en general, las mujeres lloran con más frecuencia y de forma más prolongada que los hombres. Puede existir aquí un componente cultural que provoque un sentimiento de vergüenza o debilidad en el hombre que le haga reprimir el llanto en etapas adolescentes y habitúe a su organismo a no reaccionar de este modo. Aunque según el Wall Street Journal también hay genética en esta diferencia: Las mujeres están programadas biológicamente para derramar más lágrimas que los hombres. Bajo un microscopio, las células de las glándulas lagrimales femeninas se ven diferentes a las de los hombres. Además, el conducto lagrimal masculino es más grande que el de la hembra, por lo que si un hombre y una mujer se rompen, emocionalmente hablando, las lágrimas de la mujer se derramarán sobre sus mejillas más rápido.

Continuando con el género, en 2011 se realizó un estudio que demostraba la correlación del llanto con la excitación sexual, los resultados fueron contundentes: la testosterona y la excitación sexual descienden en los hombres después de que huelan las lágrimas de una mujer. “Concluimos que hay una señal química en lágrimas humanas, y al menos una de las cosas que hace la ‘quimioseña’ es reducir la excitación sexual” determinaban los autores de la investigación.

También hay rasgos de personalidad que se relacionan con una mayor facilidad para llorar, personas que han experimentado fuertes traumas en el pasado, niveles elevados de ansiedad/neuroticismo, extroversión y empatía, por ejemplo.

¿Y qué hay de las lágrimas de cocodrilo? ¿Realmente existen? Sí, los cocodrilos lloran continuamente, pero no de dolor físico o emocional, su función es meramente la de lubricar el ojo, tienen un tercer párpado y es importante que el lacrimeo sea constante para no causar daños o infecciones.

 

 

 

*Referencia: https://www.huffingtonpost.com.mx/entry/tear-facts_n_4570879

 

 

Cómo son las voces masculinas más seductoras

No solo las palabras en sí mismas, la voz también comunica, y mucho. De hecho es un canal poco controlable a nivel racional y por tanto nos aporta una información no verbal muy valiosa. Para hablar del tema con propiedad siempre acudo a mi compañera Carmen Acosta, psicóloga, experta en comportamiento no verbal y máster en logopedia. Fundadora de  OHLAVOZ.com trabaja con actores y profesionales de la comunicación.

En una entrada anterior os hablaba de las modificaciones que las mujeres realizamos en la voz para resultar más atractivas. Pero ¿y los hombres? ¿También maquillan su voz?

Por supuesto que sí, y además parece que no solo los humanos realizan ese tipo de cambios. Algunas investigaciones han comprobado que también los machos de otras especies, ratones y ciervos, modifican el sonido de sus voces durante el cortejo para hacer creer a las hembras que son más grandes y fuertes.

Pero centrémonos en los hombres.

Varias investigaciones (Puts et al., 2006; Wolff y Puts, 2010; Jones et al., 2010; Fraccaro et al., 2013) han descubierto que las mujeres perciben las voces graves de los hombres como atractivas. ¿Por qué?

Pensemos en lo que nos evocan los sonidos… mientras que un sonido agudo nos lleva a imaginar un cuerpo frágil y ligero, un sonido grave nos trae a la imaginación cuerpos grandes y pesados.

Está demostrado que las voces graves transmiten seguridad, mayor tamaño corporal… valores que durante muchos miles de años han estado relacionados con las posibilidades de supervivencia. Así que parece bastante lógico que nuestra programación genética nos lleve a encontrar más atractivos a los hombres que manifiestan esas cualidades . Pese a que ahora el tamaño corporal no sea significativo para sobrevivir, como los cambios profundos en nuestros códigos genéticos aún tardarán millones de años en producirse, seguiremos teniendo predisposición a encontrar más atractivos a los hombres que transmitan esos valores.

Pero, chicos, cuidado, porque si se os va la mano a la hora de sonar graves empezaréis a resultar agresivos y en exceso dominantes. La forma de evitarlo es imitar el patrón seductor de voz femenina aireada, ya que el aire suavizará vuestra voz y la volverá más sugerente y sensual. Escuchad qué bien lo hacía Elvis Presley:

Un dato curioso: así como durante el cortejo las voces sonarán graves y suaves, incluso pueden llegar a sonar aireadas, cuando esa fase se dé por concluida desaparecerá la envoltura aérea y la tendencia hacia los graves para dar lugar a un patrón de voz más parecido al de la pareja femenina. Farley et al., 2013 ven en ello un indicio de imitación para generar vínculos. ¿Qué pensáis?

El placer de robar: Diferencia entre ladrón y cleptómano

A raíz del caso Cifuentes sois muchos los que me habéis preguntado: ¿Por qué? Cómo es que una mujer con recursos económicos, culta, con prestigio y bien posicionada a nivel laboral ‘sustrajera sin querer’ una crema con valor ínfimo para ella, algo que no necesita, que no sirve para su supervivencia, que podría pagar perfectamente si quisiera. No podría asegurar que Cifuentes sufre cleptomanía por el análisis de solo un hecho aislado, habría que profundizar mucho más para el diagnóstico. Pero vamos a ver la diferencia entre un ladrón y un cleptómano para explicar esta incógnita.

Para los cleptómanos robar se convierte en un impulso imparable no planeado. Los objetos del hurto son absurdos, cosas inútiles, de precios no muy elevados, que podrían pagarse perfectamente y que además se suelen regalar, acumular sin darle uso o tirar posteriormente. Antes del robo sienten tensión, ansiedad y una sensación de excitación creciente,  la consecuencia emocional de este acto es el placer, bienestar y alivio. Este impulso suele sentirse en lugares públicos (tiendas, centros comerciales) pero también en lugares íntimos (casas de familiares o amigos, en los que pueden llevarse u ocultar un elemento decorativo o una prenda de ropa).

Según los estudios de población, la cleptomanía es más común en mujeres que en hombres. Se actúa de modo solitario, son plenamente conscientes de lo que hacen y a menudo tienen remordimientos, experimentan sentimientos de culpa y vergüenza. La causa es desconocida, las hipótesis apuntan a niveles bajos de serotonina, asociado a la conducta impulsiva en general. También la dopamina en niveles más bajos de lo normal, otras teorías sugieren que los neurotransmisores asociados a la sensación de placer y que intervienen en otras conductas del tipo adictivo pueden estar influyendo en este trastorno. Es una alteración de la conducta sin cura, pero la terapia y la psicofarmacología pueden ayudar a disminuir la ansiedad y regular el comportamiento impulsivo.

 

 

Psicópatas criminales: depredadores de su propia especie

Soy consciente de lo atractivo que resulta el perfil psicopático. La mayor parte de vuestras consultas y sugerencias se relacionan con la inquietud de cómo reconocer al psicópata, qué hacer si nos encontramos con uno de ellos, en el trabajo, en nuestra familia…

Para profundizar más sobre la psicopatía he invitado a este blog a una de las mejores expertas de nuestro país, seguramente la hayáis visto en alguna tertulia televisiva, en radio, hablando con propiedad sobre la psicopatía. Es enorme la pasión y conocimiento que apaorta Paz Velasco de la Fuente, abogada-criminóloga, profesora colaboradora en la Universidad Católica de Ávila y Especialista en Evaluación Criminológica (CESC), es la autora del exitoso libro “Criminal-mente: La criminología como ciencia” y del blog “Criminal-mente“. Ambas son fuentes inequívocas para documentarse con seguridad sobre esta materia. Os dejo con su artículo de inmenso valor para mí, y espero que también para vosotros:

De pequeños, para evitar que tuviéramos miedo a la oscuridad o a dejar la puerta del armario abierta, nos contaron que los monstruos solo existían en los cuentos. Pero nos mintieron… porque los verdaderos monstruos, visten piel de persona, sonríen, abrazan, incluso son simpáticos y encantadores. Son algunos seres humanos que viven entre nosotros y sí, debemos tenerles miedo. Estamos ante los psicópatas criminales, aunque no debemos olvidar, que también hay psicópatas “malotes” que no llegan jamás a cometer un delito, o aquellos que los cometen sin utilizar la violencia a través del engaño, las mentiras y la manipulación.

No se les puede identificar a simple vista, porque se disfrazan de “normalidad”, de personas corrientes. Algunos son maravillosos padres de familia, otros encantadores estudiantes de universidad, madres abnegadas o enfermeras volcadas en su trabajo. Y esto nos desconcierta, porque creemos que alguien capaz de cometer determinados crímenes debería ser un sujeto diferente al resto, pero no es así. Nadie puede saber que esas personas (hombres y mujeres), que pasan totalmente desapercibidas, pueden llegar a tener “tu vida” en sus manos en el momento que ellos decidan: o porque te eligen o porque estás en el lugar idóneo y es el momento oportuno para ser atrapado. Son voraces depredadores camaleónicos, que aparentan llevar una vida absolutamente normal y socializada, pero en realidad y tras esa máscara de “buenos tipos” se esconden los seres humanos más peligrosos del planeta, y nosotros somos sus presas.

Su falta absoluta de empatía, su inmunidad emocional, su incapacidad para establecer relaciones afectivas sinceras y reales con los demás, y la ausencia total de remordimientos y culpabilidad los convierten en peligrosos cazadores de seres humanos. Son estos rasgos interpersonales y emocionales, lo que les hace ser tan letales, ya que su ausencia les permiten llevar a cabo conductas crueles y aberrantes sin que le importe el dolor que puede causar a los demás. Porque no nos ven como personas, sino como objetos a los que utilizar para satisfacer sus necesidades y sus fantasías de las que se alimentan hasta que salen a buscar a su primera víctima, sin que exista ya un punto de retorno.

Muchos de estos psicópatas criminales, son homicidas múltiples secuenciales (asesinos en serie) pero… ¿qué rasgos les definen como criminales?

  • Son depredadores sociales y grandes estrategas, siendo el más peligroso el psicópata sexual, un cazador en el más puro sentido de la palabra.
  • Cada víctima significa un logro, un placentero estímulo que se va disipando con el paso del tiempo, hasta que da lugar a una nueva compulsión para cometer un nuevo crimen.
  • Gran habilidad para camuflarse en la sociedad a través de la manipulación y el engaño, para acechar y localizar “cotos de caza”.
  • La mayoría son extremadamente crueles, despiadados, muy violentos y algunos de ellos sádicos. Son absolutamente conscientes de la criminalidad de sus actos.
  • Capacidad para agredir, violar, torturar o matar sin mostrar la más mínima compasión o empatía por sus víctimas. Como dice Eduard PunsetLos psicópatas nos enseñan que la falta de empatía alimenta nuestra crueldad”.
  • Su reacción ante el dolor y el miedo de las víctimas es una fría y absoluta indiferencia, así como una excitante sensación de poder, placer y satisfacción personal.
  • Cosifican a sus víctimas, convirtiéndolas en meros objetos al despojarlas de su humanidad.
  • La violencia ejercida sobre sus víctimas tiene diferentes formas e intensidades: desde la violencia psicológica, a la violencia más extrema y cruel (sadismo).
  • Para ellos es una simple cuestión de procedimiento: acechar, secuestrar, torturar, violar y matar (las tres últimas conductas no siempre las llevan a cabo en este orden).
  • Sólo dejaran de matar cuando sean detenidos.

Estos son los monstruos a los que debemos temer, enemigos invisibles de nuestra sociedad y ocultos entre la multitud. Pueden ser nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra pareja o incluso formar parte de nuestra familia. Y no están en los cuentos, salen en los periódicos y en la televisión. Comparten mesa, impresora o cama con nosotros. Y lo más perturbador: algunos en España tras cumplir su condena, han vuelto a vivir en sociedad como si fueran personas inofensivas, porque podemos afirmar que no aprenden del castigo. Pero están ahí simulando normalidad, incluso bondad.