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Los psicopátas sí tienen empatía

Hace unos días escribía un artículo titulado: “Ser un psicópata también tiene sus ventajas“, en el que describía ciertos rasgos de la personalidad que marcaban una ventaja sobre el resto de la población. Creó cierta controversia la afirmación de que no era exacto que los psicópatas carecieran totalmente de empatía.

Fotografia pxhere / CC0 Dominio publico

Fotografia pxhere / CC0 Dominio publico

Los psicópatas sí que experimentan empatía pero de forma diferente, y esto, tal y como aclaré a algunos lectores en mis redes sociales, no es una simple opinión, así lo dicen los últimos estudios, por ejemplo en esta investigación de 2020 realizada por diferentes universidades suecas.

Para evaluar si las personas que puntuaban alto en psicopatía poseían la capacidad de empatizar, los participantes completaron la Prueba de Empatía Multifacética (Multifaceted Empathy Test), en la que observaron imágenes de personas que expresaban diversas emociones y tenían que identificar qué emoción estaba experimentando cada persona.

Aquellos que obtuvieron puntajes altos en rasgos psicopáticos hicieron esta tarea tan bien como todos los demásLa diferencia es que estas personas expresan una disposición mucho más baja a prestar su ayuda, posiblemente porque a menudo no les permite a lograr sus objetivos.

La creencia predominante de forma tradicional había sido que los piscópatas eran sujetos totalmente insensibles, incapaces de sentir emociones propias y ajenas, sin embargo, los últimos resultados sugieren que este mecanismo no es tan simple. “No les falta empatía, pero tienen un interruptor para encenderlo y apagarlo”.

Por defecto, parece estar apagado.

Coronavirus y psicología: la preferencia por la pequeña comunidad

“Vivimos en sociedades muy individualistas que nos llevan a sentir una rotunda división entre el ‘yo’ y el ‘tú’. Tanto es así que hemos olvidado el ‘nosotros’, a pesar de que ese ‘nosotros’ resulta imprescindible para asegurar nuestra supervivencia y constituye nuestra mayor fuente de bienestar”. Thomas d’Ansembourg

 

Las relaciones sociales; una de las consecuencias psicológicas más insoportables durante esta pandemia. Después de un año, qué difícil se nos hace seguir sin vernos, sin abrazarnos, sin salir y conocer gente nueva, sin mezclarnos en multitud. Todo aquello que hacíamos sin pensar ni valorar y que ahora nos parece impensable y echamos tanto de menos.

No es una cuestión de gustos o preferencias, los seres humanos somos animales sociales ‘por naturaleza’, de forma genética e irremediable. Sin embargo, aunque esto tiene un carácter estable, el tipo de sociedad de la que queramos formar parte, sí que puede variar dependiendo de nuestras circunstancias.

De hecho, los estudios nos demuestran que los cambios que se dan en el contexto son capaces de hacernos virar rápidamente en este sentido, pasando de participar en amplios sectores de la sociedad a querer participar casi en exclusiva en micro-sociedades, como por ejemplo la familia y un grupo muy reducido de amistades.

Normalmente, cuando surge el miedo a las pandemias, las personas tienden a querer evitar relaciones sociales poco significativas, funcionando a través de una especie de distanciamiento social instintivo, es decir, nos centramos en la interacción con aquellas personas más relevantes y con las que solemos convivir más (minimizando el riesgo de contagio).

La amenaza de enfermedad nos hace desconfiar más de los extraños. Según algunos experimentos sociales: formamos peores primeras impresiones de otras personas si nos sentimos vulnerables a una enfermedad, tenemos miedo al contagio o no nos sentimos totalmente seguros en contextos peligrosos para la salud.

Si en el contexto social, la emoción que más estamos sintiendo es el miedo, puede que conocer a alguien nuevo, y más, acortar distancias, tocarle, besarle, se convierta en una posible amenaza insuperable por parte de nuestro cerebro más reptiliano.

Malos tiempos si deseas encontrar el amor o renovar tu grupo de amistades…

Paciencia 🙂

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¿Conoces el efecto ‘nocebo’?

Has leído bien, efecto nocebo. Es más común conocer el significado del popular ‘efecto placebo‘, que se describe como aquel resultado positivo y beneficioso producido por un elemento que por sí mismo no tiene acción alguna de curación para la enfermedad que se trata.

Fotografía gratuita: Flickr

Fotografía gratuita: Flickr

Es decir, por el solo hecho de recibir un tratamiento se provoca la creencia de que se va a mejorar, y esta idea por sí misma ya produce una recuperación real en la salud de la persona.

Ahora bien, también existe el efecto nocebo, en el que al contrario que con el efecto placebo, se sufre un empeoramiento, perjuicio, o un efecto secundario debido a la aplicación de un tratamiento o un placebo, siendo éste inexplicable por el efecto biológico de la toma de esa sustancia.

La aparición del efecto nocebo puede verse condicionada por el ámbito psicológico de la persona, por su personalidad (se concluye que el pesimismo, el neuroticismo y las actitudes que subrayan la competitividad tienen mayor probabilidad de sufrir el efecto nocebo), por las experiencias/aprendizaje previos y por sus expectativas, éstas son fundamentales:

Si estoy convencido de que tomando tal sustancia me va a doler la cabeza, no tiene por qué ocurrir directamente, pero evidentemente sí que influye. De esta manera, lo que el sujeto prevé experimentar puede imponerse en la realidad como un resultado tangible sobre sus órganos y tejidos.

Este efecto fue denominado en los años 40 como ‘muerte por vudú’ por investigadores de la Universidad de Harvard, donde observaron que las personas que creían firmemente, debido a su cultura, en el poder de brujos o sacerdotes vudú, de pronto enfermaban y morían después de haber sido objeto de un maleficio o una maldición.

Este fue el trabajo preliminar para el estudio de las respuestas fisiológicas de las emociones, pero también el punto inicial para el análisis del efecto nocebo, que en 1960 ya comenzó a estudiarse científicamente y a denominarse como en la actualidad.

Propósito para 2021: El crecimiento postraumático

Para la mayoría, cuesta extraer algo positivo de esta pandemia sanitaria, de un 2020 que finaliza plagado de situaciones inimaginables, de miedo, confinamiento, soledad, ansiedad, ‘nuevas anormalidades’, dolor, nostalgia, crisis, muerte. El coronavirus ha protagonizado un año para querer borrar de nuestra vida, ¿o no? En lugar de borrar, ¿se puede aprender del trauma?, ¿incluso crecer?

Fotografía Pixabay License

Fotografía Pixabay License

En psicología positiva hay un concepto, no exento de controversia, que define la irremediable transformación que todos padecemos tras un suceso crítico, se trata del ‘crecimiento postraumático‘ como resultado de una profunda reestructuración individual. Sé que resulta complicado imaginar cómo un trauma emocional puede aportarnos algo positivo, no obstante ocurre con bastante frecuencia.

Tras un ‘tsunami existencial’ nunca volvemos a ser los mismos, pero la psicología nos dice que la tendencia de cambio y resurgir suele ser positiva, a pesar del sufrimiento que dejamos atrás. La lucha implica una revolución en la visión del mundo de las personas y lo que suele provocar es:

  • Una nueva escala de prioridades. La vida se revaloriza y tras el confinamiento es un elemento que todos hemos podido apreciar de cerca: volver a encontrarnos con nuestros seres queridos, un abrazo, el sol en la cara, retomar nuestra actividad social… Nuestros deseos eran simples pero esenciales (antes, rutinas sin nada de especial).
  • Quizás nuestros vínculos sociales y afectivos se han reducido en cantidad, pero los que mantenemos ahora son más fuertes. Al hacer frente a la adversidad común nos unimos más a quienes queremos y aumentamos nuestra empatía, solidaridad y compasión.
  • Se refuerza nuestra autoconfianza. El trauma nos hace conscientes de que somos más fuertes de lo que pensábamos, nos acoraza para afrontar situaciones adversas futuras.
  • Redireccionar nuestra vida personal y profesional. Quizá durante este año te has dado cuenta que la persona con la que tenías una relación no ha estado a la altura, o que tu verdadera vocación es otra, o que tu negocio necesitaba un refuerzo más digital, o de lo importante que ha sido tu personal para salir de esta.

Ha cambiado nuestra forma de vivir y nos toca sanar y poner en marcha una reestructuración de perspectivas, acompañados por estrés y emociones negativas, desagradables en este proceso, pero necesarias para que el crecimiento se produzca.

No todos llegaremos a crecer del mismo modo, se ha demostrado que todo ello depende de nuestra personalidad (optimismo, positividad, resiliencia), quienes recurran a estilos reflexivos y de expresión emocional experimentan en mayor grado los resultados positivos.

Siempre estamos a tiempo para reevaluar todo lo que nos ha ocurrido. Lo sugiero como propósito para 2021, porque nos merecemos un año mejor y esto también pasa por cuidar el diálogo con nosotros mismos.

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Coronasomnia: La relación entre pandemia y alteraciones del sueño

¡Con este virus no se puede dormir! Una de las rutinas que más se ha visto afectada desde la llegada del coronavirus ha sido el patrón de sueño. Para algunos esta alteración ha sido muy sutil, para otros, un auténtico infierno.

Fotografía gratuita: Flickr

Fotografía gratuita: Flickr

El sueño, la alimentación y el cuidado personal y social son los pilares fundamentales sobre los que se asientan una buena salud mental. Si una falla estrepitosamente, los efectos y limitaciones son muy importantes para el ser humano.

Según un estudio realizado por el Grupo de I+D en Economía de la Salud: “Un 62% de la población tuvo problemas de sueño significativos durante el confinamiento” (casi la mitad de este porcentaje necesitaron medicación para poder dormir). En la actualidad, esta cifra habría descendido pero todavía rondaría el 40%, un dato que sigue siendo relevante.

Esta problemática se vinculó con el miedo y la ansiedad ante la situación excepcional que causó la Covid, pero ahora, además se mantiene por la recesión económica y la crisis social en la que nos vemos inmersos.

Ya sabíamos que ciertas crisis o traumas, como los desastres naturales o ataques terroristas, desembocan irremediablemente en un insomnio importante en el corto plazo. Sin embargo, los expertos afirman que el impacto global y el carácter prolongado sin precedentes de la pandemia amenazan con expandir la tasa de insomnio crónico, el cual es mucho más difícil de tratar.

Según el director del Centro de Investigación del Sueño en la Universidad de Quebec: “El insomnio no es un problema simple ni benigno. El impacto que tiene el insomnio en la calidad de vida es enorme”.

No es ninguna sorpresa. Nuestro sueño es reflejo de nuestro día y es normal que éste se encuentre en un estado de afectación muy alto, depende también de cómo estemos viviendo ahora la situación, pero es importante observar y controlar este problema, y buscar ayuda profesional si reconocemos que está limitando nuestra vida y nuestra salud. 

El futuro es incierto y el fin del crisis imprevisible, de este modo, el sueño se convierte en un centinela, una señal de que las cosas están mal en nuestro entorno y en el mundo.

Síndrome de boreout: otra posible consecuencia de la pandemia

Has leído bien ‘boreout‘. Todos conocíamos ya el famoso síndrome de ‘burnout’ (estar quemados en el trabajo) pero este nuevo concepto es precisamente todo lo contrario, no por ello menos frecuente y más ahora, con el teletrabajo y en tiempos de pandemia.

Fotografía CC0 Dominio publico. Pxhere

Fotografía CC0 Dominio publico. Pxhere

El síndrome de boreout se describe como una situación de permanente aburrimiento y desmotivación en el trabajo que también es capaz de desencadenar problemas de salud mental, como la ansiedad, el estrés o sintomatología depresiva.

Podemos pensar que el estrés y la ansiedad solo surgen cuando las demandas y estímulos externos son constantes y urgentes y debemos responder rápidamente a numerosas peticiones, sin embargo, la ansiedad y el estrés emergen tanto por exceso como también por defecto de actividad, la falta de demanda del exterior, la monotonía y una inacción permanente en tu puesto de trabajo también puede asumirse como un suplicio y provocar efectos similares al burnout.

En el boreout te inunda una constante sensación de infravolaración y falta de realización que puede empujarte también a abandonar tu puesto. Según un estudio de la Universidad de Lancashire (Inglaterra), las personas aburridas tienen un desempeño laboral precario y comenten muchos más errores en sus tareas diarias.

Es importante aclarar que el aburrimiento y la desidia pasajera o puntual en el trabajo es normal, incluso sano, ya que significa que simplemente puedes tener un mal día o que tienes ganas de disfrutar de tu familia o tu vida personal fuera de la jornada. De lo que hablamos es de un estado cronificado de un sentimiento de inutilidad, ansiedad, tristeza, desgana, etc que te afecta y te limita ya en todos los ámbitos de tu vida.

Te influye en tu rutina diaria, lo pagas con tu pareja y familiares, ya no tienes ganas de hacer nada tampoco fuera del trabajo, no comes ni duermes bien y adoptas una actitud pasiva en tu vida general.

En muchas ocasiones, la parte más positiva de esta monotonía laboral era la de salir de casa, arreglarte para la oficina, socializar con tus compañeros, el descanso para el café, algunas agradables charlas, reuniones y comidas. El virus también nos ha arrebatado nuestra vida social en el trabajo, aquella que nos hacía más llevadera la labor y que amenizaba nuestras jornada.

Solo cabe tener en mente que esta situación es temporal y recuperaremos nuestra bendita monotonía habitual 🙂

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“Llevar mascarilla nos hace más guapos”, ¿por qué? la ciencia responde

El coronavirus ha cambiado profundamente la interacción humana. Es cierto que la mirada siempre ha sido importante para percibir a una persona como atractiva, también la altura, la complexión…

Fotografía de Wikipedia - Girl in mask

Fotografía de Wikipedia – Girl in mask

Pero ahora, desde que la pandemia llegó a nuestras vidas es la única info de la que disponemos para juzgar el físico de los demás, pero ¿cómo es posible que una mascarilla nos favorezca?

La respuesta no es ningún misterio para la psicología si nos basamos en uno de los principios más básicos de las teorías de la percepción: la mente siempre rellena los huecos que no ve. Lo hace con figuras incompletas, también con los rostros.

La mente siempre completa una imagen porque necesitamos darle un sentido a cualquier cosa que tengamos delante y si no nos lo dan, nos la inventamos. Concretamente, en lo que se refiere a la percepción de las personas, entran en juego las leyes de la Gestaltcuando rellenamos la mente atribuye la mejor forma posible a esa percepción.

Si veo a un chico alto, moreno, de ojos verdes, le voy a presuponer de inmediato una dentadura blanca y perfecta, un rostro simétrico y unos labios carnosos, por ejemplo.

Es decir, le atribuimos unas facciones en las que prima una agradable mesura, aunque quizás en realidad sea todo lo contrario, ¡porque una cosa no quita la otra! Pero así funcionamos.

Centrándose en el contexto actual y para corroborar estas teorías de la percepción, investigadores de la Universidad de Pensilvania (EE UU) dispusieron a una muestra de 500 personas a evaluar el atractivo de una serie de congéneres en fotos con y sin mascarillas:

Los rostros cubiertos con mascarillas quirúrgicas pueden ser juzgados como más atractivos que aquellos que no lo están”, han concluido en sus resultados, publicados hace un par de meses con el título de ‘Beauty and the mask.

El documento incluye algunas de las fotos evaluadas; en el caso de una chica, la opinión sobre su belleza mejoró hasta en un 71% cuando apareció con la mascarilla puesta.

“Se demuestra que el parámetro que seguimos para tachar de belleza o no a una persona es la simetría facial: a los rostros más simétricos los consideramos más hermosos. La mascarilla, al ocultar las posibles asimetrías (en nariz, dientes, boca, mentón), hace que ese rostro nos parezca, por así decirlo, menos imperfecto de lo que en realidad podría ser“.

No todo iba a ser malo ¿no?, la mascarilla te protege, salva vidas y te hace más guap@ 🙂

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‘Paltering’: una nueva forma de engaño

El límite entre la sinceridad y el engaño parece que se vuelve cada vez más difuso, tras unas investigaciones de la Universidad de Harvard, se ha originado un nuevo concepto que advierte aún más de la confusión entre los límites de la verdad y la mentira. Y es que ‘paltering‘ se define como: el uso activo de declaraciones veraces para influir en las creencias de un objetivo dando una impresión falsa o distorsionada.

Fotografía de Wikimedia Commons

Fotografía de Wikimedia Commons

Es decir, mentir diciendo una verdad. Parece una acción compleja pero es un acto bien sencillo y que todos utilizamos frecuentemente, un ejemplo muy básico: Le preguntas a tu hijo adolescente si ha terminado los deberes, y te responde que ha hecho una redacción sobre William Shakespeare para su clase de inglés.

Puede ser cierto, pero no te ha respondido a tu pregunta. Quizás la escribió la semana pasada y no ha realizado las tareas de hoy, o quizás de 4 tareas solo ha realizado la redacción.

Pero el caso que despertó la inquietud de los investigadores de Harvard fueron los discursos políticos; analizando con qué frecuencia los políticos esquivan las preguntas durante los debates, se dieron cuenta de que pasaba algo más. Al contar otro hecho veraz, eran capaces de esquivar con éxito una pregunta directa. Así que se propusieron profundizar en este comportamiento.

Descubrieron que el paltering era una táctica extremadamente común política y en negociación. Más de la mitad de los 184 ejecutivos de negocios del estudio admitieron haberla empleado. Además, se demostró que las personas que recurren a esta técnica de paltering creen que es más éticamente aceptable que un simple engaño y que es muy complicado detectar un “hecho” falso cuando escuchamos algo que, a primera vista, suena verdadero.

El psicólogo Robert Feldman cree que esta práctica es realmente preocupante: “Cuando nos miente la gente que hay en el poder arruina nuestra confianza en las instituciones políticas. Hace que la gente desconfíe de sus motivaciones reales y de su propia identidad ideológica. No es ético y empeora nuestra democracia“.

 

*Referencias:

How To Deceive Others With Truthful Statements (It’s Called ‘Paltering,’ And It’s Risky)

El arte de mentir diciendo la verdad – IHODL

 

 

 

¿Eres un buen mentiroso? Descúbrelo en 5 segundos con la prueba de la Q

Cuánto nos inquieta la mentira en nuestro mundo y a la vez cuán necesaria es… Pero no podemos evitarlo, necesitamos mentir a menudo (normalmente con buenas intenciones) y a la vez deseamos fervientemente intentar descubrir si nos engañan o no.

Fotografía con Licencia Creative Commons

Fotografía con Licencia Creative Commons

Cada vez hay más investigaciones sobre este apasionante campo y algunos experimentos son realmente sorprendentes. El famoso psicólogo inglés Richard Wiseman desarrolló una forma muy sencilla y que se ha demostrado bastante efectiva según la investigación realizada en la Universidad de Hertfordshire.

Antes de continuar leyendo este post, con el dedo índice de tu mano dominante, dibujate en la frente una letra ‘Q’ mayúscula.

¿Lo tienes?

Bien, pues Wiseman concluye que: “La forma más efectiva de descubrir a los maestros de la mentira consiste en separar a las personas en dos grandes grupos: Aquellos que se preocupan por cómo son percibidos por los demás y aquellos que no.

La pregunta es, ¿pusiste el palito de la Q sobre tu ojo derecho o izquierdo? O en otras palabras, ¿dibujaste la Q de manera que la lees tú o, por el contrario, la persona de enfrente?

Los resultados de este experimento indican que si pusiste el palito sobre tu ojo izquierdo o para que la persona de enfrente lo lea, tienes una marcada tendencia a pensar en cómo otras personas te perciben y, por tanto, deberías ser mejor mentiroso.

Pero si la dibujas para ti, ves el mundo desde tu punto de vista, tu comportamiento está más determinado por tus valores que por lo que necesitan los demás y tendrás una comunicación más directa y con una tendencia mayor hacia la honestidad.

Quiero leer vuestros resultados por aqui! 🙂

La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz

El título del post de hoy corresponde con un acertado proverbio escocés. Hoy se celebra el Día Mundial de la Sonrisa, que por cierto, fue instaurado por el artista estadounidense Harvey Ball, creador de la popular Smiley Face, la carita amarilla representada con dos puntos negros como ojos y medio círculo dibujando una expresión de felicidad, precursor del ahora famoso emoji.

Fotografía CC0 Dominio publico

Fotografía CC0 Dominio publico

Sí, ya sé que puede que en este año de pandemia por coronavirus no tengamos muchos motivos para sonreír, pero quizás sea el año en el que más apreciemos una sonrisa, tanto propia como ajena y que además la urgen más que nunca.

Es obvio que cuando nos sentimos tristes o ansiosos tenemos una mayor dificultad para sonreír, pero la sonrisa no solo sirve para expresar felicidad, también comunica presencia, amabilidad, calidez, compasión, comprensión, cortesía, esperanza… Y todo ello es justo lo que necesitamos.

Sonreír genera un proceso concreto en tu cuerpo por el que tu cerebro interpreta que si estás sonriendo es porque debes sentirte bien de alguna manera, por lo tanto, automáticamente aumentan los niveles de endorfinas y provoca un optimismo real en ti mismo y en quien te observa.

Reír supone una recompensa individual y social, la sonrisa siempre deja huella, las investigaciones han demostrado que nuestras neuronas espejo desean y recuerdan a las personas que han sido amables con nosotros.

También revelan que con una sonrisa somos más capaces de influir en los demás, intenta que sea para bien. 🙂