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Robert Moreno y su ira por la ofensa de Luis Enrique

Tras la rueda de prensa de un dolido Luis Enrique explicando por qué ya no quiere contar con Robert Moreno a su lado llega la réplica de éste.

La emoción protagonista sin duda es la ira. La función de esta emoción es la destrucción, sí suena un poco heavy, pero así lo siente nuestro cerebro, es su orden, esta destrucción puede ser física o moral, con agresividad o con palabras hirientes. Hay varios estímulos que pueden instigar la ira. Estamos ante un caso clarísimo de frustación ante una situación que consideramos injusta.

La sensación interna que experimenta Robert Moreno se filtra en su lenguaje corporal, cabeceos y movimientos impulsivos (fijaos en los fuertes golpes que realiza con el bolígrafo sobre la mesa), tensión mandibular, sequedad en la boca (constantemente se pasa la lengua por los labios compulsivamente), apertura de las fosas nasales… Todo ello se relaciona con la impaciencia, con la sensación de energía e impulsividad y la necesidad de actuar de forma intensa e inmediata.

En su aparición de 10 minutos, el mayor momento de impacto emocional que experimenta ocurre cuando habla de la reunión que tuvo con Luis Enrique, en esos minutos se observan microexpresiones de asco y desprecio (acción contractora del músculo nasolabial y elevación unilateral de la comisura labial), proyecta un intenso rechazo recordando ese instante.

Cuando relata que Luis Enrique le dice “ya no te quiero en mi staff“, se retira hacia atrás con el cuerpo, expresa sorpresa (arqueo de cejas) y sonríe nerviosamente. Es un gesto de incredulidad, aun no lo acepta ni lo comprende, realmente no se lo esperaba y le genera un sentimiento de consternación.

Finalmente alude a la explicación de Luis Enrique y, refiriéndose a las palabras que utilizó para describirle (ambicioso y desleal) dice, “he demostrado que yo no soy eso“. Se niega a repetir los adjetivos que tanta impresión le han causado, le genera tanto malestar que prefiere sustituirlas por un demostrativo indeterminado ‘eso’.

Se siente realmente agraviado en lo más profundo, al igual que en Luis Enrique, la ofensa traspasa el terreno profesional. ¿Quién dice la verdad? Sin duda, ambos. Como suele pasar, han vivido un mismo hecho de dos maneras totalmente subjetivas, cada uno tiene su versión y la cree y la defiende con convencimiento.

 

Identifica el postureo en redes sociales: no todas las sonrisas son sinceras

Vivimos en la era del ‘postureo‘ en redes sociales, nos bombardean con glamour, experiencias divertidas, viajes increíbles, cenas exquisitas y felicidad, mucha felicidad. Todo son sonrisas pero, ¿realmente es oro todo lo que reluce?

La imagen de dos aficionados de los Toronto Maple Leafs haciéndose un selfie con caras de disfrute algo cuestionable se ha convertido en el paradigma del ‘postureo’ en las redes.

Existe una forma bien sencilla de distinguir las sonrisas reales de las posadas o fingidas, y es que la alegría es una de las 6 emociones básicas, genéticas y universales de las que dispone todo ser humano y algunos mamíferos para expresarse, éstas son: alegría, ira, sorpresa, miedo, asco y tristeza. Todas ellas tienen una codificación facial específica e inevitable, aparecen sí o sí en nuestro rostro al experimentar estas seis sensaciones en nuestro interior.

Todos sabemos que la expresión de la alegría se asocia a una sonrisa, se activa el músculo cigomático y elevamos bilateralmente las comisuras labiales en mayor o menor grado, con apertura o no de la boca, pero eso no importa; realmente podemos apreciar si existe alegría sincera mirando a los ojos. Con la expresión de felicidad se produce automáticamente la acción del músculo orbicular del ojo (vemos las arruguitas en la piel, las conocidas ‘patas de gallo‘).

Si este movimiento no se produce la alegría es postiza, (lo vemos en la fotografía de los dos aficionados) lo que nos encontramos es una sonrisa social o posada y deja de proyectar naturalidad y simpatía. Sonreír sin arrugas en los ojos es un gesto incoherente, cuando vemos una imagen parecida no sabemos por qué (ahora sí) pero no logramos conectar ni creernos del todo esa apariencia, nos da la sensación de que algo no cuadra, nuestro cerebro desconfía, sabe que lo que tenemos delante no es la expresión verdadera de la felicidad, es solo una máscara postiza.

 

Emociones: Cómo ayudar a alguien triste

Las emociones básicas siempre están presentes en nuestra vida y siempre son útiles. Es imposible vivir sin ellas, forman parte de nuestra genética más profunda. La alegría, el asco, el miedo, la sorpresa, la ira, también la tristeza, son necesarias, tienen una función primordial para nuestra superviviencia y para un adecuado desarrollo adaptativo y social.

Una de las funciones más importantes de la emoción es la de preparar al organismo para que ejecute eficazmente la conducta exigida por las condiciones ambientales. El objetivo de la tristeza es la reintegración. Esto es lo primero que debemos entender. La represión o el bloqueo de la emoción jamás es saludable, debemos estar triste para superar una situación adversa, una pérdida (emocional o física).

Una buena forma de ayudar a una persona triste pasa por dar el apoyo emocional adecuado, que no pasa necesariamente por sacarla inmediatamente del estado de ánimo en el que se encuentra, esto es lo principal, ya tenemos el 80% del trabajo hecho. Este apoyo emocional puede definirse con tres componentes: no juzgar, escucha activa y afecto.

La tristeza no resulta agradable o cómoda, ni para el que la sufre ni para el que está cerca de esa persona, queremos deshacernos de ella sin aceptarla, sin asumir sus beneficios, y los tiene: La tristeza permite la cohesión social, la búsqueda de apoyo, centra la atención en uno mismo, induce a la reflexión, al autoconocimiento y a la búsqueda de soluciones, sopesar consecuencias y planificar alternativas o un nuevo comienzo.

Cada uno necesita su propio ritmo, hay personas que querrán pasar estos momentos en soledad, otros buscarán acompañamiento, hacer actividades o descender su ritmo ocioso; sea como sea, en definitiva hay que mantenerse relajado, respetar y acompañar; valorando a la tristeza como una emoción más, necesaria y sin querer eliminarla de inmediato sabiendo de los beneficios que también proporciona.

 

¿Sabrías distinguir tu estado de ánimo de tus emociones?

Suele ser una consulta habitual. Y es normal, el estado de ánimo es una de las categorías psicológicas de mayor influencia en la vida de los seres humanos. Hoy vamos a ver los factores que determinan la distinción:

La primera clave y más importante es la duración. Realmente no hay consenso sobre cuánto dura exactamente una emoción, pero sí lo hay en que los estados de ánimo duran más tiempo, según los estudios. Las emociones son más intensas, más inmediatas y muy breves, suelen durar desde segundos hasta pocos minutos, como máximo.

Los estados de ánimo, sin embargo, pueden durar horas, a veces incluso días, y pueden ser difíciles de erradicar. Si se sostienen demasiado en el tiempo (semanas o meses) e interfieren en nuestra rutina diaria pueden llegar a convertirse en un trastorno afectivo.

Otra característica es que los estados de ánimo parecen reducir el umbral necesario para despertar emociones relacionadas. Lo explico con un sencillo ejemplo, si estamos de mal humor (estado de ánimo) cualquier estímulo nos va a provocar ira reactiva (emoción) con mayor facilidad. Interpretamos el mundo de una forma más negativa de lo que realmente es, buscamos ‘oportunidades’ para complacer a nuestro estado de ánimo con una emoción relacionada.

Será más complicado regular las emociones de uno si ocurren durante o dentro de un estado de ánimo. Por tanto, una persona en un estado de ánimo irritable no podrá modular un episodio de ira tan fácil o rápidamente como lo haría de otra manera. La ira durante un estado de ánimo irritable no solo debe ser más intensa y menos controlada, sino que también debe decaer más lentamente (durar más).

Otra característica utilizada para argumentar la diferencia entre los estados de ánimo y las emociones es la expresión facialLos estados de ánimo no poseen su propia expresión facial, mientras que las emociones básicas sí, estas últimas son genéticas y universales y la codificación facial de la ira, la sorpresa, el miedo, la tristeza, el asco o la felicidad sigue un patrón único en cada una de ellas en todos los seres humanos (y algunos animales).

Podemos captar un estado de ánimo irritable si vemos en una persona expresiones faciales de ira constantemente (ceño fruncido, apertura de fosas nasales, tensión muscular en la mandíbula…) pero no hay una expresión propia del estado de irritabilidad en sí misma, ni de ningún otro estado anímico o trastorno afectivo.

Las emociones son más fáciles de identificar, con seguridad podemos especificar qué provocó una emoción, pero es más complicado con un estado de ánimo, ya que los desencadenantes pueden ser contextuales, imaginarios, adversos… En definitiva no habrá un solo estímulo bien definido.

Algunos autores relacionan esta distinción como: emociones y sentimientos, y en definitiva relacionan las primeras con las necesidades orgánicas, y los segundos, con las necesidades sociales.

*Referencia: “The Nature Of Emotion” Paul Ekman.

 

 

 

Mood vs. Emotion: Differences & Traits

¿Reconoces la amenaza en el rostro de los demás?

Podemos tener dudas a la hora de reconocer la emoción de ira en un rostro, pero tranquilos, nuestro cerebro ya lo hace por nosotros y es capaz de detectar una cara amenazante de forma inconscienteEsto puede parecer inverosímil, pero como el Dr. Harald Schupp y un equipo de investigadores descubrieron ya en el año 2004, estamos programados a un nivel evolutivo para experimentar una respuesta de miedo al detectar la amenaza percibida en otra cara. Si bien es posible que no sepamos lo que está sucediendo, a nivel fisiológico, nuestro cuerpo ciertamente reacciona.

Esta investigación está profundamente arraigada en nuestra historia evolutiva. Nuestras emociones básicas universales (alegría, sorpresa, ira, asco, miedo y tristeza) se basan en cómo evolucionaron nuestros rostros; por ejemplo, entrecerrar los ojos para desconectarnos de las imágenes repugnantes. 

La percepción de amenaza en la cara de otro está profundamente entrelazada con nuestra respuesta de miedo. Las investigaciones han descubierto que detectamos amenazas en los rostros de los demás mucho más rápidamente que las emociones positivas, y nuestros cerebros se preparan rápidamente para lo peor. El trabajo del Dr. Schupp va aún más allá, al observar la respuesta neurológica básica que se activa al percibir la amenaza en la cara de otra persona.

En el estudio, un pequeño grupo de participantes fue reclutado y posteriormente expuesto a una serie de imágenes que representan emociones básicas: amenaza/enojo, felicidad y una cara neutral. Se pidió a los participantes que calificaran cada rostro según el grado en que pareciera amistoso o amenazante, pero solo estuvieron expuestos al rostro por un breve instante, monotorizándose la actividad cerebral para detectar cambios neurológicos.

De acuerdo con sus hipótesis, el estudio encontró que el cerebro muestra una actividad marcadamente diferente casi de inmediato. Sin embargo, la diferencia entre un reconocimiento de amenaza y un reconocimiento amistoso fue mucho mayor que entre amigable y neutral, lo que sugiere que nuestros cerebros están respondiendo de manera más categórica a la amenaza que a otras expresiones faciales. Es más, nuestro reconocimiento no se detiene al detectar la amenaza como sí que lo hace cuando reconocemos un rostro amistoso. En su lugar, continúa procesando el estímulo para formular una respuesta precisa, como huír o luchar.

La comprensión de que nuestro cerebro tiene una reacción profunda e instintiva ante la amenaza nos ayuda a ser más conscientes de lo que sucede instintivamente cuando vemos una cara. Algunas caras pueden inspirar una sensación de ansiedad o consternación subconscientes, y esto perfectamente puede estar vinculado a nuestros procesos de reconocimiento neurológico.

 

 

*Fuente: Can You Spot the Anger? – Humintell

¿Cuántas emociones podemos expresar con nuestro rostro?

Es una pregunta que siempre ha inquietado a los más ilustres pensadores. Haciendo un breve repaso histórico, ya Aristóteles en el siglo IV a.C se preocupó por estudiar las expresiones emocionales en el rostro y afirmó que existían 14: ira, calma, amistad, enemistad, miedo, confianza, vergüenza, desvergüenza, indignación, envidia, emulación, desprecio y tristeza.

Esta clasificación no convenció a Duchenne, que en el siglo XIX decidió experimentar (de un modo bastante cruento) el movimiento de los músculos faciales a través de corrientes eléctricas para detectar las diferentes posibilidades que dibujaban las acciones musculares del rostro. Documentó con fotografías un recopilatorio de gestos que ya entonces denominaba un lenguaje universal e inmutable.

Charles Darwin continuó con su legado, estudiando las expresiones faciales en los animales y en el hombre, comprobando su capacidad para comunicar emociones a través del lenguaje corporal como propiedad evolutiva y de supervivencia. Llegando ya a la época actual, Paul Ekman fue quién reafirmó, a través de un minucioso estudio, la teoría de la universalidad de las 6 emociones básicas que detectó Darwin: alegría, ira, miedo, tristeza, sorpresa y asco. De naturaleza genética y universal.

Recientemente, en el año 2014, investigadores de la Universidad de Ohio (EE.UU) han conseguido identificar hasta 21 expresiones faciales en el rostro humano (pincha aquí para acceder al estudio original). Los científicos han partido de las 6 expresiones básicas (antes mencionadas) para crear otras 15 expresiones compuestas como ‘felizmente sorprendido’ o ‘tristemente enfadado’.

Imágenes de muestra de las 22 categorías en la base de datos: ( A ) neutral, ( B ) feliz, ( C ) triste, ( D ) temerosa, ( E ) enojada, ( F ) sorprendida, ( G ) disgustada, ( H ) felizmente sorprendida , ( I ) felizmente disgustado, ( J ) tristemente temeroso, ( K ) tristemente enfadado, ( L ) tristemente sorprendido, ( M ) tristemente disgustado, ( N ) terriblemente enfadado, ( O ) terriblemente sorprendido, ( P ) temerosamente disgustado, Q ) enojado sorprendido, ( R) enojado, disgustado, ( S ) asqueado sorprendido, ( T ) horrorizado, ( U ) odio, y ( V ) atemorizado.

Imágenes de muestra de las 22 categorías en la base de datos: ( A ) neutral, ( B ) feliz, ( C ) triste, ( D ) temerosa, ( E ) enojada, ( F ) sorprendida, ( G ) disgustada, ( H ) felizmente sorprendida , ( I ) felizmente disgustado, ( J ) tristemente temeroso, ( K ) tristemente enfadado, ( L ) tristemente sorprendido, ( M ) tristemente disgustado, ( N ) terriblemente enfadado, ( O ) terriblemente sorprendido, ( P ) temerosamente disgustado, Q ) enojado sorprendido, ( R) enojado, disgustado, ( S ) asqueado sorprendido, ( T ) horrorizado, ( U ) odio, y ( V ) atemorizado.

Cada una de ellas, utiliza una combinación única de músculos, reflejando una gama de emociones mucho más amplia de lo que se pensaba. Para ello, utilizaron un modelo computacional de la percepción de la cara que identificó las seis expresiones básicas con el 96,9% de precisión y las 15 expresiones compuestas con 76,9% de exactitud.

 

* Referencia bibliográfica:

Shichuan Du, Yong Tao, and Aleix M. Martinez. “Compound facial expressions of emotion”. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 31 de marzo, 2014.

 

El pueblo donde la sonrisa no es señal de alegría

Asumimos que hay expresiones faciales de emociones básicas que son genéticas y universales. Los estudios de Paul Ekman y David Matsumoto (entre otros muchos posteriormente) lo han demostrado. La alegría, la ira, la tristeza, el asco, el miedo y la sorpresa se filtran a través de nuestro rostro de idéntica forma aquí o en Pekín, independientemente del género, raza, cultura, o edad.

Las dos pruebas que son más demostativas de ello son las investigaciones realizadas con personas ciegas de nacimiento y con las imágenes de bebés aún en el vientre materno, en ambos casos no pueden aprender las expresiones por imitación, y sin embargo mostraban configuraciones faciales idénticas de las emociones antes mencionadas que el resto de personas.

Aunque según los estudios de los últimos años puede que alguna herencia cultural haya modificado esta genética de las expresiones emocionales y su significado universal. Las Islas Trobriand están en Papúa Nueva Guinea y sus habitantes no conocen la electricidad ni el agua corriente, viven de un modo muy rudimentario y se alimentan de lo que les da la tierra y el mar. Se trata de una cultura muy particular a todos los niveles, lo cuál llamó la atención del psicólogo Carlos Crivelli y del antropólogo Sergio Jarillo, del Museo de Historia Natural de Nueva York, quienes quisieron comprobar si en esta población apartada de la civilización y con sus propias reglas, expresarían y reconocerían las emociones de igual forma que el resto de las culturas.

Les mostraron a 68 niños y adolescentes de las islas seis fotografías con las expresiones faciales prototípicas de alegría, tristeza, enfado, miedo y asco, más un rostro neutro. Hicieron lo mismo con 113 jóvenes de la ciudad de Madrid. Resultó que en Trobriand, solo el 58% de los chicos asoció la sonrisa a la alegría. El 46% acertó con la tristeza. El 31%, con el miedo. El 25%, con el asco. Y solo el 7% vinculó un rostro con el ceño fruncido al enfado. En Matemo, una isla perdida de Mozambique, los investigadores obtuvieron resultados similares. En Madrid, los participantes agruparon todas las emociones básicas con sus supuestas expresiones faciales universales con un éxito que rondaba el 100%.

Parece ser que en esta cultura en concreto asocian más la sonrisa con el atractivo que con la felicidad, pero también muestran dificultades a la hora de asociar el resto de emociones básicas, especialmente la ira, habrá que profundizar ahora el porqué de estos resultados, qué significan para ellos esas caras, cuándo las expresan, si es que tuvieron problemas para reconocer los rostros, confusión o simplemente, para ellos, estas emociones se expresan de otras formas. Los porcentajes de reconocimiento no dejan de ser curiosos y solo despiertan la inquietud por seguir conociendo más de esta extravagante cultura.

 

El robot que transmite sentimientos acaba de ‘nacer’

La Universidad de Osaka se encuentra a la vanguardia de los avances en robótica. Los investigadores son muy conscientes de la importancia del comportamiento no verbal a la hora de recrear la comunicación humana, esto se ha convertido en su mayor reto. Ya en el año 2011 realizaron la primera publicación sobre unos modelos de cabezas robótizadas capaces de simular las expresiones emocionales básicas en el rostro (alegría, miedo, ira, tristeza, sorpresa y asco). Ahora en 2018 vuelven a realizar una revisión de la primera versión y el resultado es sorprendente (pincha aquí para acceder al estudio completo).

La reciente actualización hace que sus expresiones sean más infantiles y puedan transmitir sentimientos de manera efectiva. Por lo tanto, tienen una gama más alta y más profunda de emociones que pueden conducir a una mejor interacción con los humanos.

Los estudios fueron exhaustivos en la investigación de las expresiones faciales de Affeto (así se llama el ‘muñeco’ en cuestión). Para marcar las expresiones tomaron como referencia hasta 116 puntos faciales diferentes de un modo tridimensional, estudiando la deformación y contorsión facial para que el movimiento fuera más preciso. Finalmente, midieron estos movimientos a través de un modelo matemático para cuantificar los datos en patrones de movimiento.

La versión actual de esta cara de robot infantil se crea con el objetivo de mostrar las expresiones de un niño de uno a dos años. Se está utilizando para estudiar las primeras etapas del desarrollo humano en el contexto social.

Como comentamos, la recreación de este rostro se reveló por primera vez en 2011. Sin embargo, éstos no tenían una apariencia realista de la cara de un niño, por lo que afectó enormemente a la interacción. En muchos casos, las personas no podían hablar naturalmente con los robots como lo harían con los humanos. Ahora, con esta nueva cabeza androide infantil, los investigadores esperan superar este desafío y avanzar en la relación humano-robot.

No os perdáis el vídeo porque es impresionante. ¿Qué os parece? Da bastante miedito, ¿no?

 

 

*Fuente:

Universidad de Osaka

The article, “Identification and Evaluation of the Face System of a Child Android Robot Affetto for Surface Motion Design” was published in Frontiers in Robotics and AI at DOI: https://doi.org/10.3389/frobt.2018.00119.

¿Lloras con las películas? Eres una persona emocionalmente fuerte

Aunque la tristeza se considera tradicionalmente como una de las emociones básicas negativas, no siempre es contraria al placer. Existe gran variabilidad cultural e incluso algunas culturas no poseen palabras para definirla. ¿Para qué sirve la tristeza? Una de las principales funciones es la comunicación a los demás de que no te encuentras bien, esto puede generar la ayuda de los  demás, empatía o comportamientos altruistas, otra función es la cohesión con otras personas, especialmente con aquéllos que se encuentran en la misma situación.

¿Quién no se ha emocionado alguna vez con una película? Concretamente algunas encuestas apuntan a que alrededor del 92% de la población ha llorado intensamente, el resto reconoce haberse emocionado o sentir un nudo en la garganta al ver una secuencia triste.

El Dr. Jeffrey Zacks, Profesor de Psicología en la Universidad de Washington en St Louis, lo atribuye a lo que se conoce como “regla espejo” o “neuronas espejo, por ejemplo si alguien te sonríe, tu le sonríes de vuelta, si alguien muestra tristeza, el sentimiento de emoción aflora casi sin darnos cuenta. En definitiva, sentimos empatía, un aspecto esencial de la inteligencia emocional, una habilidad común entre los grandes líderes y entre los sujetos altamente exitosos.

Los personajes de ficción bien trabajados, realmente te permiten sentirte en sus zapatos y observar la realidad de una manera diferente, nos volvemos más abiertos de mente y más comprensivos, lo que nos hace cada vez más compasivos en nuestras interacciones con los demás en la realidad. Mucho de esto tiene que ver con la forma en la que está estructurado nuestro cerebro. Las películas están diseñadas para impactarnos a un nivel emocional y frecuentemente logran su objetivo.

Cuando vemos películas con un alto contenido emocional, nuestro cerebro libera oxitocina, una hormona potente que también se comporta como un neurotransmisor. La oxitocina nos ayuda a conectarnos con otros seres humanos y nos lleva a ser más empáticos, amables, confiables y desinteresados.

Paul J. Zak, un neuroeconomista de Claremont Graduate School, es reconocido mundialmente como un experto en oxitocina, y ha llevado a cabo muchas investigaciones para saber más de ella. En una de sus investigaciones, mostró a los participantes un video del Hospital de niños de St. Jude. La mitad del grupo vio un segmento del video que mostraba a un padre hablando del cáncer terminal de su hijo pequeño, Ben. La otra mitad vio un segmento donde Ben y su padre visitaban el zoológico.

El segmento que mostraba al padre discutiendo acerca del cáncer de su hijo era obviamente más difícil de ver y causaba una respuesta emocional más alta. Pero los participantes mostraron un aumento de un 47% de sus niveles de oxitocina en la sangre, lo que afectaba positivamente en su conducta.

A continuación, a todos los participantes se les pidió que tomaran decisiones que involucraran dinero y a otras personas. Los resultados mostraron que las personas que vieron el segmento más emocional del video tenían más probabilidades de ser generosos con personas que no conocían y de donar dinero a alguna acción social.

Curiosamente, aquellos que donaron dinero parecían estar más felices que aquellos que no lo hicieron. Lo que todo esto sugiere es que cuando lloramos en alguna película es debido, entre otras cosas, a la oxitocina, la cuál nos permite sentirnos más conectados con los personajes, aumenta nuestros niveles de empatía, altruismo e incluso aumenta nuestro bienestar.

 

 

*Fuente de consulta: Elite Daily 

¿Las expresiones faciales son hereditarias?

Una de las bases sobre la que se asienta el análisis de comportamiento no verbal es que existen las emociones básicas; universales y genéticas, la sorpresa, el miedo, la ira, la alegría, la triteza y el asco, se expresan de una forma determinada alrededor del mundo, su naturaleza genética es muy fuerte y su componente cultural muy débil, modulando en exclusiva su intensidad o su presencia en sociedad.

Científicos de la Universidad de Haifa en Israel, han analizado las expresiones y los gestos de 21 voluntarios ciegos de nacimiento y las de sus familias. A pesar de que los invidentes no vieron nunca las caras de sus parientes, las expresiones faciales eran extremadamente parecidas, las pequeñas diferencias que se apreciaban eran debidas a las particularidades anatómicas de cada uno, como puede ser la disposición de los músculos y los nervios, por lo que sus investigaciones sugieren que las expresiones faciales son hereditarias.

Durante la investigación se pidió a los voluntarios que recordaran y relataran experiencias en las que se habían sentido enfadados, contentos, tristes, sorprendidos, o momentos en los que habían sentido repulsión. Seguidamente les pasaban un test para conocer su expresión de concentración, les asustaron, etc.

Los investigadores se sorprendieron del gran parecido en los gestos de las personas ciegas y sus familiares, pero afirman que se parecían mucho más cuando las emociones eran negativas.
Para llegar a esta conclusión, utilizaron un programa informático de reconocimiento facial, éste analizaba la secuencia y frecuencia de los movimientos faciales usando un algoritmo estadístico. El programa pudo relacionar al 80% de los invidentes con sus familiares por las expresiones faciales.

Según el equipo de investigación, a los seis meses de edad aparecen las expresiones faciales. Algunos científicos sugieren que los genes podrían afectar a los músculos y nervios faciales creando limitaciones que provoquen esa similitud en los gestos, por eso ahora es necesario hallar los genes exactos.

Los científicos aseguran que este hallazgo puede ayudar en las investigaciones sobre el autismo, ya que las expresiones faciales tienen mucha importancia en este trastorno.

 

 

 

Fuentes de consulta:

BBC Mundo

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