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Leer las emociones en el rostro con mascarilla

Los seres humanos (y muchos animales) expresamos 6 emociones básicas con el rostro: alegría, miedo, ira, tristeza, asco y sorpresa. Su codificación facial es muy específica y universal. Una persona enfadada es fácilmente reconocible aquí y en cualquier parte del mundo. Si bien, es cierto que al llevar mascarilla (impuesta ahora por coronavirus) perdemos indicadores emocionales, también lo es que la parte más importante para el reconocimiento facial está en el tercio superior de la cara, así que no lo demos todo por perdido.

Mujer con mascarilla. Fotografía de pxfuel/Free for commercial use

Mujer con mascarilla. Fotografía de pxfuel/Free for commercial use

¿Qué emociones podemos descubrir en el otro, a pesar de que lleve mascarilla?

Realmente… ¡Todas!

Al contrario de lo que podamos pensar, sabremos si una persona está de verdad contenta si observamos sus ojos, no su boca. La sonrisa verdadera (o sonrisa Duchenne) implica la acción muscular del músculo cigomático mayor y menor de la boca (hace que se eleven las comisuras de los labios), pero además también debe activarse el músculo orbicular que rodea el ojo (hace que se eleven las mejillas y produce arrugas alrededor de los ojos, ‘patas de gallo’ más marcadas).

Esta combinación es la que realmente es genuina de felicidad, ya que la mayor parte de las personas no podemos contraer el área orbicular a voluntad.

Para detectar la emoción de asco, es cierto que la boca y el pliegue nasolabial es importante, pero también se activan unas arrugas propias de la repulsión que producen un cambio de apariencia entre los ojos, en la parte superior de la nariz. Solo tenéis que observaros en el espejo mientras posáis simulando asco.

La distinción entre el miedo y la sorpresa es compleja, ya que en ambas se produce una elevación de los párpados superiores y se arquean las cejas, en el miedo la musculatura es más tensa y enérgica que en la sorpresa, en la cuál el movimiento se describe más suave y relajado a nivel muscular, tendremos que ayudarnos del contexto para interpretar una u otra.

Con la tristeza lo tenemos super fácil, ya que su expresión típica es la de elevar la zona interior de las cejas, las esquinas sobre la nariz, formando así un triángulo con éstas, es muy difícil de fingir, os animo a que lo intentéis y veáis el movimiento.

Por último, igual ocurre con la ira. Se tensa la boca y la mandíbula, también se abren significativamente las fosas nasales, pero su gesto más reconocible es el ceño fruncido.

Vemos que no es tan difícil seguir leyendo las emociones de los más, es solo cuestión de práctica ante este nuevo panorama. La parte beneficiosa es que tener solo una visibilidad parcial del rostro nos proporciona un duro entrenamiento y aumentará nuestra habilidad, nos esforzaremos más en la observación y esto mejorará nuestras capacidades cuando nos veamos desprovistos de mascarilla por fin. Esperemos que sea muy pronto…

Y a vosotros, ¿os cuesta más ahora leer emociones?, ¿conocíais estos trucos? ¡Contádme! 🙂

 

¿Por qué sacamos la lengua cuando estamos concentrados? #MichaelJordan

Siempre repetimos en este blog que es muy importante, casi obligatorio, interpretar los gestos según un contexto determinado. Las emociones básicas en el rostro (sorpresa, ira, tristeza, alegría, miedo, asco) tienen una codificación facial específica y su significado es único y universal, aunque también pueden matizarse según la situación que acompañen, contenido verbal, gestos con las manos, etc.

Michael Jordan / Fotografía Flickr

Michael Jordan / Fotografía Flickr

Pero los gestos nunca son únicos, deben leerse según cómo ocurran. El gesto de sacar la lengua puede definirse de formas muy variopintas, puede ser un tic, puede significar que estamos nerviosos, incómodos y humedecemos los labios, también puede comunicar una actitud burlesca y pícara, cierta seducción en ocasiones, y además puede indicar concentración extrema.

Probablemente, algunos de vosotros solo lo practiquéis muy de vez en cuando, cuando te maquillas, por ejemplo, o cuando reparas algo en casa, también puedes observarlo en tu hijo cuando hace los deberes. Sin embargo, para otros es una absoluta costumbre, casi no pueden ejecutar tarea alguna sin ese acto de sacar la punta de la lengua hacia fuera, según los expertos, su cerebro quiere comunicar al exterior que está totalmente inmerso en una tarea, nos dice: “No me molestes en este momento”.

Este gesto totalmente inconsciente fue estudiado originalmente por el prestigioso etólogo inglés Desmond Morris, que lo calificó como un gesto hereditario y universal que informa a los demás de que alguien está abstraído, absorto en un quehacer muy específico que requiere de cierta atención y esfuerzo, como en los hoteles, colgamos un cartel de Please do not disturb.

Más recientemente mi colega Alan Crawley realiza una revisión del gesto y la aplica con el ejemplo de Michael Jordan. ¿Quién no ha visto a M.J. machacar el aro con la lengua fuera? Se convirtió en una de sus señas de identidad cuando jugaba en la NBA.

Un estudio de la Universidad de Westminster encontró una relación muy estrecha entre las tareas de motricidad y las áreas cerebrales del lenguaje. En resumen, los niños que participaron de este estudio hacían tareas de motricidad fina (abrir un candado), motricidad gruesa (juegos de manos) o actividades no motoras (recordar una historia).

En todas las tareas los niños sacaron la lengua, pero especialmente durante las motrices. Entonces, sacar la lengua parece ser un comportamiento muy característico de la concentración y la destreza. A pesar de que es una acción más común en infantes y la mayoría de nosotros la reprime, algunos adultos la realizan.

⛹ Lo que me parece más interesante es que el mismo Jordan reconoce que ha adquirido este gesto por herencia. Su padre dijo que su abuelo hacía este gesto cuando trabajaba y que por imitación sus descendientes la copiaron. Más curioso aún, Jordan ha reconocido que este gesto le ayuda a concentrarse, ¿será útil?

¡Contadme impresiones!

Leyendo emociones: humanos vs. máquinas

Para la vida social resulta imprescindible detectar correctamente las emociones de los demás, y según sabemos, estas se manifiestan predominantemente a través del rostro. Hasta los últimos años se creía imposible que las maquinas leyeran las emociones, pero…

¿Sabías que ya hay softwares que reconocen las emociones de la gente?

Fotografía publicada en el perfil Twitter de Affectiva

Fotografía publicada en el perfil Twitter de Affectiva

El psicólogo experto en comunicación no verbal, Alan Crawley, autor del canal ‘Sin verba‘, ha traducido e interpretado, en exclusiva para este blog, un reciente estudio (abril 2020) donde se compara experimentalmente el rendimiento para el reconocimiento facial por parte del hombre con el de la tecnología más avanzada para ello hasta el día de hoy. ¿Quién ganará, el ojo humano o el software?

Las grabaciones de vídeo de lugares tan distintos como aeropuertos, centros comerciales, supermercados y cualquier otro lugar pueden ser analizadas con estos softwares. Su uso incrementa con el paso del tiempo y se extiende a muchos contextos diferentes, aunque aún surgen algunas preguntas: ¿cómo funcionan?, ¿cuán precisos son?

La mayoría de estos softwares trabajan con lo que se conoce como las seis o sietes emociones básicas: alegría, tristeza, temor, ira, asco, sorpresa y desprecio.

Según la teoría neurocultural, éstas son emociones universales que al experimentarlas se manifiestan en el rostro con un determinado conjunto de movimientos faciales únicos e iguales en las personas de todo el mundo.

Prácticamente todos estos softwares funcionan con la misma idea principal de que el rostro es la ventana de los sentimientos reales y ciertas expresiones señalan que se siente una de estas emociones básicas.

En un estudio recientemente publicado en abril de este año 2020, los investigadores Dupré, Krumhuber, Küster, y McKeown, pusieron a prueba la precisión de 8 softwares comerciales en el reconocimiento de estas emociones. Los softwares analizaron 937 videos de expresiones faciales posadas (actuadas) y espontáneas (como respuesta a un estímulo).

Por otro lado, un grupo de 14 participantes evaluó los mismos vídeos. Para descubrir cuál de los grupos lee mejor las emociones, las personas o las máquinas, se compararon las respuestas obtenidas. ¿Qué creen que encontraron?

Las personas identificaron las emociones correctamente en un 72% de las veces en comparación con la precisión claramente menor de entre el 42% y el 62% obtenida por los softwares comerciales.

Fotografía publicada por los autores en la que muestra la comparativa de resultados

Fotografía publicada por los autores en la que muestra la comparativa de resultados

La tasa de acierto de los humanos fue notablemente superior para el reconocimiento de ambas expresiones, posadas y espontáneas, lo que demuestra la valiosa percepción humana.

Para que estos softwares se vuelvan más eficaces, sugieren los autores, deben:

  1. Incluir otras categorías mentales tales como el aburrimiento, interés, dolor y frustración.
  2. Revisar la teoría sobre la que se sustentan.
  3. Contemplar las variables e influencias contextuales.

Y tú, ¿te consideras un buen lector de emociones? ¡Cuéntanos tus experiencias! 🙂

 

*Fuentes:

Dupré D, Krumhuber EG, Küster D, McKeown GJ (2020) A performance comparison of eight commercially available automatic classifiers for facial affect recognition. PLoS ONE 15(4): e0231968. Copyright: © 2020 Dupré et al. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de Creative Commons Attribution License , que permite el uso, la distribución y la reproducción sin restricciones en cualquier medio, siempre que se acredite al autor original y a la fuente.

Softwares comerciales usados: CrowdEmotion’s FaceVideo, Emotient’s Facet, Microsoft’s Cognitive Services, MorphCast’s, EmotionalTracking, Neurodata Lab’s EmotionRecognition, VicarVison’s FaceReader and VisageTechnologies’ FaceAnalysis.

El rostro de la sorpresa genuina por un regalo de Navidad inolvidable

Los empleados de una inmobiliaria en EEUU nunca olvidarán la cena de Navidad de este año. Lawrence Maykrantz, presidente de la agencia inmobiliaria St. John Properties, ubicada en Baltimore, quiso sorprender a sus cerca de 200 trabajadores con un regalo inimaginable… 10 millones de dólares a repartir entre todos y vaya si lo consiguió.

Esta misma semana, durante la cena navideña, Maykrantz agradeció a todos sus empelados su esfuerzo y les entregó un misterioso sobre rojo. Cuando el ejecutivo finalizó su discurso de agradecimiento, pidió a su equipo que abriera el sobre y la sorpresa fue tan grande que varios rompieron en llanto.

Los rostros que podemos observar son toda una clase magistral sobre la emoción básica real de sorpresa. El asombro tan intenso dibuja una configuración facial muy específica que podemos apreciar perfectamente en las imagenes.

Recoge y analiza el momento mi compañero Aurelio Cortés, experto en coaching y comunicación no verbal: “La sorpresa es la más breve de las emociones básicas, por ello algunos científicos la califican como proto-emoción, ya que una vez que comprendemos lo que está ocurriendo, la sorpresa desaparece dando paso otras emociones como el miedo, la alegría, el alivio, la ira, etc, o también puede ocurrir que si lo que nos sorprende no tiene consecuencias, no le siga emoción alguna.”

La Sorpresa se observa en tres acciones musculares:

1º La elevación de las cejas en toda su longitud.

2º La elevación de los parpados superiores, originando la apertura total de ojos, conocido con el término cotidiano de ‘ojos como platos’.

3º La caída (descuelgue relajado) de mandíbula.

En el vídeo podéis observar la Sorpresa en los rostros de sus empleados.

“Especial interés tiene la expresión de la empleada de la foto, vemos cómo después de desplegar en su rostro la sorpresa, realiza además un ‘gesto adaptador‘, mas habitual en mujeres, al llevar su mano al hueco supraesternal de su cuello, que pretende aliviar la angustia, inseguridad, temor… originados por lo imprevisto de la situación”.

¿No os parece precioso? La magia de las emociones básicas universales… 🙂

Robert Moreno y su ira por la ofensa de Luis Enrique

Tras la rueda de prensa de un dolido Luis Enrique explicando por qué ya no quiere contar con Robert Moreno a su lado llega la réplica de éste.

La emoción protagonista sin duda es la ira. La función de esta emoción es la destrucción, sí suena un poco heavy, pero así lo siente nuestro cerebro, es su orden, esta destrucción puede ser física o moral, con agresividad o con palabras hirientes. Hay varios estímulos que pueden instigar la ira. Estamos ante un caso clarísimo de frustación ante una situación que consideramos injusta.

La sensación interna que experimenta Robert Moreno se filtra en su lenguaje corporal, cabeceos y movimientos impulsivos (fijaos en los fuertes golpes que realiza con el bolígrafo sobre la mesa), tensión mandibular, sequedad en la boca (constantemente se pasa la lengua por los labios compulsivamente), apertura de las fosas nasales… Todo ello se relaciona con la impaciencia, con la sensación de energía e impulsividad y la necesidad de actuar de forma intensa e inmediata.

En su aparición de 10 minutos, el mayor momento de impacto emocional que experimenta ocurre cuando habla de la reunión que tuvo con Luis Enrique, en esos minutos se observan microexpresiones de asco y desprecio (acción contractora del músculo nasolabial y elevación unilateral de la comisura labial), proyecta un intenso rechazo recordando ese instante.

Cuando relata que Luis Enrique le dice “ya no te quiero en mi staff“, se retira hacia atrás con el cuerpo, expresa sorpresa (arqueo de cejas) y sonríe nerviosamente. Es un gesto de incredulidad, aun no lo acepta ni lo comprende, realmente no se lo esperaba y le genera un sentimiento de consternación.

Finalmente alude a la explicación de Luis Enrique y, refiriéndose a las palabras que utilizó para describirle (ambicioso y desleal) dice, “he demostrado que yo no soy eso“. Se niega a repetir los adjetivos que tanta impresión le han causado, le genera tanto malestar que prefiere sustituirlas por un demostrativo indeterminado ‘eso’.

Se siente realmente agraviado en lo más profundo, al igual que en Luis Enrique, la ofensa traspasa el terreno profesional. ¿Quién dice la verdad? Sin duda, ambos. Como suele pasar, han vivido un mismo hecho de dos maneras totalmente subjetivas, cada uno tiene su versión y la cree y la defiende con convencimiento.

 

Identifica el postureo en redes sociales: no todas las sonrisas son sinceras

Vivimos en la era del ‘postureo‘ en redes sociales, nos bombardean con glamour, experiencias divertidas, viajes increíbles, cenas exquisitas y felicidad, mucha felicidad. Todo son sonrisas pero, ¿realmente es oro todo lo que reluce?

La imagen de dos aficionados de los Toronto Maple Leafs haciéndose un selfie con caras de disfrute algo cuestionable se ha convertido en el paradigma del ‘postureo’ en las redes.

Existe una forma bien sencilla de distinguir las sonrisas reales de las posadas o fingidas, y es que la alegría es una de las 6 emociones básicas, genéticas y universales de las que dispone todo ser humano y algunos mamíferos para expresarse, éstas son: alegría, ira, sorpresa, miedo, asco y tristeza. Todas ellas tienen una codificación facial específica e inevitable, aparecen sí o sí en nuestro rostro al experimentar estas seis sensaciones en nuestro interior.

Todos sabemos que la expresión de la alegría se asocia a una sonrisa, se activa el músculo cigomático y elevamos bilateralmente las comisuras labiales en mayor o menor grado, con apertura o no de la boca, pero eso no importa; realmente podemos apreciar si existe alegría sincera mirando a los ojos. Con la expresión de felicidad se produce automáticamente la acción del músculo orbicular del ojo (vemos las arruguitas en la piel, las conocidas ‘patas de gallo‘).

Si este movimiento no se produce la alegría es postiza, (lo vemos en la fotografía de los dos aficionados) lo que nos encontramos es una sonrisa social o posada y deja de proyectar naturalidad y simpatía. Sonreír sin arrugas en los ojos es un gesto incoherente, cuando vemos una imagen parecida no sabemos por qué (ahora sí) pero no logramos conectar ni creernos del todo esa apariencia, nos da la sensación de que algo no cuadra, nuestro cerebro desconfía, sabe que lo que tenemos delante no es la expresión verdadera de la felicidad, es solo una máscara postiza.

 

Emociones: Cómo ayudar a alguien triste

Las emociones básicas siempre están presentes en nuestra vida y siempre son útiles. Es imposible vivir sin ellas, forman parte de nuestra genética más profunda. La alegría, el asco, el miedo, la sorpresa, la ira, también la tristeza, son necesarias, tienen una función primordial para nuestra superviviencia y para un adecuado desarrollo adaptativo y social.

Una de las funciones más importantes de la emoción es la de preparar al organismo para que ejecute eficazmente la conducta exigida por las condiciones ambientales. El objetivo de la tristeza es la reintegración. Esto es lo primero que debemos entender. La represión o el bloqueo de la emoción jamás es saludable, debemos estar triste para superar una situación adversa, una pérdida (emocional o física).

Una buena forma de ayudar a una persona triste pasa por dar el apoyo emocional adecuado, que no pasa necesariamente por sacarla inmediatamente del estado de ánimo en el que se encuentra, esto es lo principal, ya tenemos el 80% del trabajo hecho. Este apoyo emocional puede definirse con tres componentes: no juzgar, escucha activa y afecto.

La tristeza no resulta agradable o cómoda, ni para el que la sufre ni para el que está cerca de esa persona, queremos deshacernos de ella sin aceptarla, sin asumir sus beneficios, y los tiene: La tristeza permite la cohesión social, la búsqueda de apoyo, centra la atención en uno mismo, induce a la reflexión, al autoconocimiento y a la búsqueda de soluciones, sopesar consecuencias y planificar alternativas o un nuevo comienzo.

Cada uno necesita su propio ritmo, hay personas que querrán pasar estos momentos en soledad, otros buscarán acompañamiento, hacer actividades o descender su ritmo ocioso; sea como sea, en definitiva hay que mantenerse relajado, respetar y acompañar; valorando a la tristeza como una emoción más, necesaria y sin querer eliminarla de inmediato sabiendo de los beneficios que también proporciona.

 

¿Sabrías distinguir tu estado de ánimo de tus emociones?

Suele ser una consulta habitual. Y es normal, el estado de ánimo es una de las categorías psicológicas de mayor influencia en la vida de los seres humanos. Hoy vamos a ver los factores que determinan la distinción:

La primera clave y más importante es la duración. Realmente no hay consenso sobre cuánto dura exactamente una emoción, pero sí lo hay en que los estados de ánimo duran más tiempo, según los estudios. Las emociones son más intensas, más inmediatas y muy breves, suelen durar desde segundos hasta pocos minutos, como máximo.

Los estados de ánimo, sin embargo, pueden durar horas, a veces incluso días, y pueden ser difíciles de erradicar. Si se sostienen demasiado en el tiempo (semanas o meses) e interfieren en nuestra rutina diaria pueden llegar a convertirse en un trastorno afectivo.

Otra característica es que los estados de ánimo parecen reducir el umbral necesario para despertar emociones relacionadas. Lo explico con un sencillo ejemplo, si estamos de mal humor (estado de ánimo) cualquier estímulo nos va a provocar ira reactiva (emoción) con mayor facilidad. Interpretamos el mundo de una forma más negativa de lo que realmente es, buscamos ‘oportunidades’ para complacer a nuestro estado de ánimo con una emoción relacionada.

Será más complicado regular las emociones de uno si ocurren durante o dentro de un estado de ánimo. Por tanto, una persona en un estado de ánimo irritable no podrá modular un episodio de ira tan fácil o rápidamente como lo haría de otra manera. La ira durante un estado de ánimo irritable no solo debe ser más intensa y menos controlada, sino que también debe decaer más lentamente (durar más).

Otra característica utilizada para argumentar la diferencia entre los estados de ánimo y las emociones es la expresión facialLos estados de ánimo no poseen su propia expresión facial, mientras que las emociones básicas sí, estas últimas son genéticas y universales y la codificación facial de la ira, la sorpresa, el miedo, la tristeza, el asco o la felicidad sigue un patrón único en cada una de ellas en todos los seres humanos (y algunos animales).

Podemos captar un estado de ánimo irritable si vemos en una persona expresiones faciales de ira constantemente (ceño fruncido, apertura de fosas nasales, tensión muscular en la mandíbula…) pero no hay una expresión propia del estado de irritabilidad en sí misma, ni de ningún otro estado anímico o trastorno afectivo.

Las emociones son más fáciles de identificar, con seguridad podemos especificar qué provocó una emoción, pero es más complicado con un estado de ánimo, ya que los desencadenantes pueden ser contextuales, imaginarios, adversos… En definitiva no habrá un solo estímulo bien definido.

Algunos autores relacionan esta distinción como: emociones y sentimientos, y en definitiva relacionan las primeras con las necesidades orgánicas, y los segundos, con las necesidades sociales.

*Referencia: “The Nature Of Emotion” Paul Ekman.

 

 

 

Mood vs. Emotion: Differences & Traits

¿Reconoces la amenaza en el rostro de los demás?

Podemos tener dudas a la hora de reconocer la emoción de ira en un rostro, pero tranquilos, nuestro cerebro ya lo hace por nosotros y es capaz de detectar una cara amenazante de forma inconscienteEsto puede parecer inverosímil, pero como el Dr. Harald Schupp y un equipo de investigadores descubrieron ya en el año 2004, estamos programados a un nivel evolutivo para experimentar una respuesta de miedo al detectar la amenaza percibida en otra cara. Si bien es posible que no sepamos lo que está sucediendo, a nivel fisiológico, nuestro cuerpo ciertamente reacciona.

Esta investigación está profundamente arraigada en nuestra historia evolutiva. Nuestras emociones básicas universales (alegría, sorpresa, ira, asco, miedo y tristeza) se basan en cómo evolucionaron nuestros rostros; por ejemplo, entrecerrar los ojos para desconectarnos de las imágenes repugnantes. 

La percepción de amenaza en la cara de otro está profundamente entrelazada con nuestra respuesta de miedo. Las investigaciones han descubierto que detectamos amenazas en los rostros de los demás mucho más rápidamente que las emociones positivas, y nuestros cerebros se preparan rápidamente para lo peor. El trabajo del Dr. Schupp va aún más allá, al observar la respuesta neurológica básica que se activa al percibir la amenaza en la cara de otra persona.

En el estudio, un pequeño grupo de participantes fue reclutado y posteriormente expuesto a una serie de imágenes que representan emociones básicas: amenaza/enojo, felicidad y una cara neutral. Se pidió a los participantes que calificaran cada rostro según el grado en que pareciera amistoso o amenazante, pero solo estuvieron expuestos al rostro por un breve instante, monotorizándose la actividad cerebral para detectar cambios neurológicos.

De acuerdo con sus hipótesis, el estudio encontró que el cerebro muestra una actividad marcadamente diferente casi de inmediato. Sin embargo, la diferencia entre un reconocimiento de amenaza y un reconocimiento amistoso fue mucho mayor que entre amigable y neutral, lo que sugiere que nuestros cerebros están respondiendo de manera más categórica a la amenaza que a otras expresiones faciales. Es más, nuestro reconocimiento no se detiene al detectar la amenaza como sí que lo hace cuando reconocemos un rostro amistoso. En su lugar, continúa procesando el estímulo para formular una respuesta precisa, como huír o luchar.

La comprensión de que nuestro cerebro tiene una reacción profunda e instintiva ante la amenaza nos ayuda a ser más conscientes de lo que sucede instintivamente cuando vemos una cara. Algunas caras pueden inspirar una sensación de ansiedad o consternación subconscientes, y esto perfectamente puede estar vinculado a nuestros procesos de reconocimiento neurológico.

 

 

*Fuente: Can You Spot the Anger? – Humintell

¿Cuántas emociones podemos expresar con nuestro rostro?

Es una pregunta que siempre ha inquietado a los más ilustres pensadores. Haciendo un breve repaso histórico, ya Aristóteles en el siglo IV a.C se preocupó por estudiar las expresiones emocionales en el rostro y afirmó que existían 14: ira, calma, amistad, enemistad, miedo, confianza, vergüenza, desvergüenza, indignación, envidia, emulación, desprecio y tristeza.

Esta clasificación no convenció a Duchenne, que en el siglo XIX decidió experimentar (de un modo bastante cruento) el movimiento de los músculos faciales a través de corrientes eléctricas para detectar las diferentes posibilidades que dibujaban las acciones musculares del rostro. Documentó con fotografías un recopilatorio de gestos que ya entonces denominaba un lenguaje universal e inmutable.

Charles Darwin continuó con su legado, estudiando las expresiones faciales en los animales y en el hombre, comprobando su capacidad para comunicar emociones a través del lenguaje corporal como propiedad evolutiva y de supervivencia. Llegando ya a la época actual, Paul Ekman fue quién reafirmó, a través de un minucioso estudio, la teoría de la universalidad de las 6 emociones básicas que detectó Darwin: alegría, ira, miedo, tristeza, sorpresa y asco. De naturaleza genética y universal.

Recientemente, en el año 2014, investigadores de la Universidad de Ohio (EE.UU) han conseguido identificar hasta 21 expresiones faciales en el rostro humano (pincha aquí para acceder al estudio original). Los científicos han partido de las 6 expresiones básicas (antes mencionadas) para crear otras 15 expresiones compuestas como ‘felizmente sorprendido’ o ‘tristemente enfadado’.

Imágenes de muestra de las 22 categorías en la base de datos: ( A ) neutral, ( B ) feliz, ( C ) triste, ( D ) temerosa, ( E ) enojada, ( F ) sorprendida, ( G ) disgustada, ( H ) felizmente sorprendida , ( I ) felizmente disgustado, ( J ) tristemente temeroso, ( K ) tristemente enfadado, ( L ) tristemente sorprendido, ( M ) tristemente disgustado, ( N ) terriblemente enfadado, ( O ) terriblemente sorprendido, ( P ) temerosamente disgustado, Q ) enojado sorprendido, ( R) enojado, disgustado, ( S ) asqueado sorprendido, ( T ) horrorizado, ( U ) odio, y ( V ) atemorizado.

Imágenes de muestra de las 22 categorías en la base de datos: ( A ) neutral, ( B ) feliz, ( C ) triste, ( D ) temerosa, ( E ) enojada, ( F ) sorprendida, ( G ) disgustada, ( H ) felizmente sorprendida , ( I ) felizmente disgustado, ( J ) tristemente temeroso, ( K ) tristemente enfadado, ( L ) tristemente sorprendido, ( M ) tristemente disgustado, ( N ) terriblemente enfadado, ( O ) terriblemente sorprendido, ( P ) temerosamente disgustado, Q ) enojado sorprendido, ( R) enojado, disgustado, ( S ) asqueado sorprendido, ( T ) horrorizado, ( U ) odio, y ( V ) atemorizado.

Cada una de ellas, utiliza una combinación única de músculos, reflejando una gama de emociones mucho más amplia de lo que se pensaba. Para ello, utilizaron un modelo computacional de la percepción de la cara que identificó las seis expresiones básicas con el 96,9% de precisión y las 15 expresiones compuestas con 76,9% de exactitud.

 

* Referencia bibliográfica:

Shichuan Du, Yong Tao, and Aleix M. Martinez. “Compound facial expressions of emotion”. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 31 de marzo, 2014.