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La canción más relajante del mundo

En el post anterior destacábamos la relación entre la música y el estrés y de cómo determinadas melodías favorecen la reducción de la ansiedad y el aumento de la eficacia en tareas concretas.

La música nos permite relajarnos a través de un proceso físico, las vibraciones melódicas se ajustan hasta lograr un mismo ritmo y podemos conseguir disminuir el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, o la tensión muscular. Incluso hay estudios que correlacionan la música con una gestión del dolor crónico más efectiva.

Neurocientíficos de Reino Unido han especificado qué melodías pueden conseguir fácilmente estos efectos en nuestro cuerpo y mente. El estudio se realizó con participantes que intentaron resolver acertijos complejos lo más rápido posible mientras estaban conectados a sensores. Los rompecabezas indujeron un cierto nivel de estrés, entonces los participantes escucharon diferentes canciones mientras los investigadores medían la actividad cerebral y los estados fisiológicos, que incluían la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la frecuencia respiratoria.

Según el Dr. David Lewis-Hodgson de Mindlab International, autor de la investigación, la siguiente canción produjo un mayor estado de relajación que cualquier otra música probada hasta la fecha. De hecho, escuchar esta única canción, “Weightless” (sin peso), resultó en una sorprendente reducción del 65% de la ansiedad general de los participantes, y en una reducción del 35% en sus tasas de descanso fisiológicas habituales.

El grupo que creó “Weightless“, lo hizo en colaboración con terapeutas de sonidoSus armonías, ritmos y líneas de bajo cuidadosamente arreglados ayudan a disminuir la frecuencia cardíaca de un oyente, reducen la presión arterial y reducen los niveles de la hormona del estrés (cortisol).

Cuando se trata de reducir la ansiedad, las apuestas no podrían ser más altas. El estrés exacerba el riesgo de problemas de salud como enfermedades del corazón, obesidad, depresión, problemas gastrointestinales, asma, etc. Aún más preocupantes son los resultados de un estudio reciente de Harvard y Stanford, que descubrió que los problemas de salud debidos solo al estrés laboral causan más muertes que la diabetes o el Alzheimer.

La ciencia es clara: si quieres que tu mente y tu cuerpo duren, debes priorizar darles un descanso. La música es una forma fácil de aliviar la presión de todo lo que pueda aumentar tu nivel de estrés. Y aquí tenéis el top ten de canciones que podrás escuchar para bajar pulsaciones:

10. “We Can Fly,” by Rue du Soleil (Café Del Mar)

9. “Canzonetta Sull’aria,” by Mozart

8. “Someone Like You,” by Adele

7. “Pure Shores,” by All Saints

6. “Please Don’t Go,” by Barcelona

5. “Strawberry Swing,” by Coldplay

4. “Watermark,” by Enya

3. “Mellomaniac (Chill Out Mix),” by DJ Shah

2. “Electra,” by Airstream

1. “Weightless,” by Marconi Union

 

*Fuente de consulta: Inc.

Descubren cuál es la música más adecuada para reducir el estrés de cada trabajo

Que la música amansa a las fieras es una realidad. La terapia del sonido ha sido popular durante siglos como una forma de relajar y restaurar la salud. Ya las culturas indígenas utilizaban la música para mejorar el bienestar y mejorar las condiciones de salud.

En los años 70, una serie de experimentos científicos reveló la relación entre la reproducción de música de fondo durante la ejecución de un trabajo repetitivo y la eficiencia en la realización de dicha tarea.

Recientemente los estudios sobre el tema siguen replicando aquellos primeros resultados, pero además establecen qué estilo de música favorece una acción en concreto, reduciendo el estrés hasta en un 65% y aumentando la eficacia y la rapidez en una determinada labor en más del 80%.

El Dr. David Lewis-Hodgson de Mindlab International solicitó a 26 participantes que resolvieran durante cinco días seguidos una serie de tareas en un ordenador mientras escuchaban distintos temas o cuando no había ningún sonido. Estas fueron sus conclusiones:

Si tienes que trabajar con cálculos numéricos o prestar atención a los detalles, lo mejor es la  música clásica. Los aciertos de los participantes se incrementaron un 12% con respecto a si ejecutaban esas tareas sin sonido alguno. La música clásica fue, además, el segundo tipo de música más valorado para la corrección ortográfica.

Si tu trabajo consiste en introducir datos o hacer correcciones ortográficas rápidas, la música más eficaz es el pop. Este sonido anima cuando se requiere velocidad. Igualmente, la música de baile impulsa este tipo de tareas. La eficacia, según el estudio, aumenta con respecto a hacerlo sin sonido de fondo. Es de suponer que si se realiza un trabajo monótono, una música que eleve el estado de ánimo ayuda a no distraerse y a hacerlo más llevadero.

Si tienes que resolver ecuaciones, la mejor música es la ambiental. Aquí se engloban aquellas melodías que escuchamos en ascensores o aeropuertos, que pasan inadvertidas, pero que tranquilizan. Un ejemplo: los temas compuestos por Brian Eno.

Si tienes que corregir o resolver problemas, la música de baile es lo tuyo. Este género ayudó a los participantes en el estudio a aumentar la precisión en los ejercicios de corrección ortográfica, ecuaciones matemáticas y velocidad de lectura hasta en un 20%.

Y mañana… descubriremos cuál es la canción  más relajante del mundo según la ciencia… no os lo perdáis!

 

 

*Referencia: Laboratorio de Felicidad 

 

 

¿Sabes cómo funciona tu cerebro con Tinder?

La revolución tecnológica tan vertiginosa que hemos vivido en la última década no solo ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás, también tiene efectos en nuestra propia neurobiología. Aplicaciones para ligar, como el conocido Tinderofrecen un ‘catalogo’ de hombres y mujeres dispuestos a encontrar el amor, o no tanto…

El funcionamiento es sencillo, a través de fotografías nosotros decidimos si nos gusta o no y, en el primer caso, entablamos una conversación. El problema es que nuestro cerebro no esta preparado para esto. Realmente estamos programados para juzgar a los demás en movimiento, necesitamos de gestos, sonrisa, forma de hablar, etc para establecer una asociación a largo plazo; estas aplicaciones, por contra, estimulan la búsqueda de aventuras amorosas cortoplacistas.

Esto no quiere decir que las aplicaciones de citas tengan la culpa de la fobia al compromiso, pero sí que facilita que este tipo de personalidades den rienda suelta a sus impulsos a través de estas ‘citas en línea’.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro? Según ha descrito Rob Henderson a partir de un estudio del Donders _Center for Cognitive Neuroimaging_ de Holanda:

«La región involucrada en el procesamiento de recompensas químicas es más activa cuando vemos caras atractivas. Esto, sumado al factor de impredecibilidad (no sabes cuando un supermatch te dará like ni cuando un match contestará a tu mensaje), aumenta todavía más el circuito de recompensas. La consecuencia de este chute químico es evidente: nos mantiene expectantes y enganchados irremediablemente. Completamente similar al funcionamiento de las adicciones.

Tinder modifica ciertas respuestas de nuestro cerebro. Inicialmente, la activación dopaminérgica —la misma que proporciona agradables sensaciones de recompensa—solo tendrá lugar si se recibe una respuesta de la persona seleccionada (en nuestro caso, un match a través de la app).

No obstante, conforme se haga mas frecuente la utilización de Tinder, el organismo acabará generando dopamina no sólo al recibir un match, sino también ante señales que predigan que la respuesta va a llegar.

Esta simplificación para recibir una recompensa química ante simples modificaciones que hagan sospechar la proximidad del match, traducido a un lenguaje más comprensible, será indicativa de que se ha instaurado una adicción. Por ello, el mejor modo de detección y prevención de esta situación, es ser consciente de ello y de las consecuencias negativas inherentes al abuso — y consecuente enganche — a cualquier red social.»

Utilizar estas apps, reduce las probabilidades de encontrar una relación estable y duradera. El deseo de establecer una relación no esporádica se desvaneceen parte debido a que en las aplicaciones, el usuario siempre encontrará nuevas y más atractivas opciones que le animarán a salir con alguien más y distinto a la persona anterior.

La consecuencias serán la predisposición a la adicción a las app y, paradójicamente, la disminución de las probabilidades de establecer una  relación sólida e intensa a la vez.

 

*Fuente de consulta: Rob Henderson – The Science Behind What Tinder Is Doing to Your Brain (2018)

Un corazón roto no debe ser menospreciado: Las emociones también duelen (literalmente)

Por horrible que parezca el dolor es necesario. Funciona como una señal de advertencia que nos dice no solo cuándo debemos evitar las amenazas físicas, sino también cuándo debemos evitar las amenazas sociales (por ejemplo, el aislamiento social , una mala relación) que pueden amenazar nuestra supervivencia. Ya hay investigaciones que demuestran que el dolor que sentimos cuando hieren nuestros sentimientos es real.

Por ejemplo, un reciente estudio concluyó que incluso la exclusión en las salas de chat en línea ya conduce a sentimientos autoinformados de ira, tortura y dolor. Pues supongo que más aún cuando te ocurre en la realidad, en situaciones como que te aparten del contacto visual directo mientras hablas, que no te respondan, acompañen, que te ignoren o peor, que recibas malas palabras que te hieran.

Y sí, duele, en el más estricto sentido de la palabra. El dolor social y físico comparten fundamentos neurológicos similares. 

Resulta que ambos daños no son tan diferentes. En el estudio de Hallmark sobre el dolor psicológico, los investigadores usaron imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) para examinar la actividad cerebral de los participantes. Encontraron que las regiones cerebrales previamente asociadas con el dolor físico se activaban durante las experiencias de rechazo emocional.

Esta misma actividad cerebral (en la corteza cingulada anterior dorsal) predijo los autoinformes de los participantes sobre el rechazo social. En otras palabras, aunque el dolor emocional y físico parezca tan diferente, los procesamos de manera similar.

Seguro que a todos nosotros nos han roto el corazón alguna vez y hemos tenido por delante la ardua tarea de intentar recomponernos. El corazón roto duele, nos duele realmente. Otro estudio ya lo demostró hace más de cinco años: Los participantes del experimento pasaron por dos tareas diferentes bajo fMRI. En la primera, diseñada para provocar dolor físico, los participantes se sometieron a “estimulaciones térmicas” en sus brazos. En la segunda tarea, diseñada para inducir dolor psicológico, los participantes vieron imágenes de los ex, con los que habían terminado su relación recientemente.

Los resultados indicaron que se activaron regiones cerebrales similares (es decir, corteza somatosensorial e ínsula posterior dorsal) en las dos condiciones. Una vez más, el dolor físico y el dolor social fueron procesados ​​de manera similar por nuestros cerebros. Un corazón roto, entonces, no debe ser trivializado.

 

*Fuente de consulta: Psychology Today

¿Existe realmente la crisis de los 40?

Un lector del blog me planteaba esta pregunta para tratarla desde el punto de vista de la psicología; porque es cierto que todos la hemos escuchado alguna vez, pero ¿tiene sustentación que cuando cumplimos 40 años nos revolucionamos y nos replanteamos nuestra existencia?

Realmente es una teoría extendida a través del cine, la literatura…. pero sí, tiene que ver con la psicología porque al parecer fue un psicólogo, Elliot Jacques, quién en 1965 determinó el concepto de ‘midlife crisis(crisis de la mitad de la vida) para referirse a “artistas y compositores que se aferraban a una imagen juvenil y huían de la idea siquiera de la edad y la muerte, pero el término se fue popularizando y una encuesta en 1994 indicaba que el 86% de los adultos jóvenes cree en estas crisis. Algo que pocos años antes ni siquiera tenía un nombre, es ahora una realidad que afecta -supuestamente- a casi todo el mundo.” Según afirma el neurobiólogo José R. Alonso.

Fotografía Pixabay Free License

Fotografía Pixabay Free License

Esta ‘supuesta crisis’ a nivel psicológico y emocional se da cuando a una determinada edad tienes la percepción de que te han pasado muy rápido los años vividos, que ya dejas de ser ‘joven’ y te planteas un balance vital para contrastar las expectativas que tenías de tu yo adulto cuando eras adolescente y valorar lo que has cumplido y lo que no. Si el resultado de este contraste te parece negativo, puede generar estrés y ansiedad y la impulsiva necesidad de realizar cambios drásticos para compensar este declive vital.

Este proceso es real y seguramente a todos nos pase en algún punto de la vida, pero en mi opinión no va ligado a una edad determinada, sí que puede ir asociado a una situación específica relativamente traumática que nos haga parar y pensar. Esto puede ser una pérdida del trabajo a los 42 años, un divorcio a los 35, la salida de los hijos del hogar a los 58 años o una enfermedad a los 47. Podemos achacarlo a la edad, pero es algo totalmente ajeno a ello en realidad.

Todos sentimos pánico conforme cumplimos años y nos alejamos de la divina juventud, porque al final, la juventud es algo vanagloriado a nivel físico y mental. Pero según el neurobiólogo antes citado: “En realidad, nadie puede negar que la edad va produciendo, lentamente, cierto deterioro físico, pero la neurociencia muestra que el cerebro maduro es más flexible y adaptable que lo que se pensaba no hace mucho tiempo. Con los años, los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro muestran mayores niveles de integración, lo que es una puerta abierta a una mayor creatividad.

La edad también atempera los sentimientos negativos, las emociones descontroladas y mejora el juego social, sabemos gestionar mejor las situaciones en las que interactuamos con personas de distintos tipos y distintas edades. Los cerebros de más años tienen codificados millones de memorias y conocimientos, una ventaja impresionante e imposible de compensar. Es posible que se pierda algo de velocidad de procesamiento en nuestros circuitos neuronales, pero nuestros datos almacenados son mucho más ricos y están mucho mejor conectados entre sí. Por lo tanto, lo que nos dicen los estudios científicos es que en la edad madura, el cerebro está dispuesto para afrontar nuevos retos, con un desarrollo máximo de su capacidad, con el refuerzo positivo de la experiencia y con todo el potencial para afrontar nuevos objetivos y conseguir alcanzarlos.”

Para quién quiera saber más desde el punto de vista biológico os dejo aquí el artículo de este experto, José R. Alonso: El mito de la crisis de los 40. Es de lo mejor que he encontrado en la red, coherente, bien documentado y además cita algunas otras fuentes adicionales muy interesantes.

La crisis está en ti y tus circunstancias (a lo Ortega y Gasset), y no en tu edad.

 

 

 

Y tú, ¿compras por el olor?

 “Érase un hombre a una nariz pegado” – Francisco Quevedo.

Los olores tienen la capacidad de activar todas las regiones emocionales de nuestro cerebro. De ahí la capacidad evocadora del olor, es el sentido más relacionado con la amígdala y el hipocampo, es decir, con la memoria. Asociar un recuerdo con un olor es lo más fácil para nosotros. Los aromas agradables permiten recordar momentos placenteros, mientras que los desagradables inhiben estos recuerdos. Los olores son directos, provocativos e inmediatos y nuestro sentido del olfato es difícil de anular (tendríamos que dejar de respirar).

Todo ello no ha pasado desapercibido para el marketing y la publicidad de alimentos y productos materiales. Una famosa tienda de comestibles de Brooklyn provocó un buen revuelo en el vecindario cuando la prensa se hizo eco de que aquel olor irresistible a pan y chocolate que emanaba del establecimiento no lo producían sus productos. Era artificial. El olor a pan recién hecho abre el apetito del consumidor y lo lleva hasta la tienda para comprar el producto.

Pero no son los únicos que recurren al sentido del olfato para atraer clientes.

En los últimos tiempos, son varias las marcas que lo han incluido en sus estrategias comerciales. La publicidad se ha basado exclusivamente en potenciar el producto a través de la vista y el oído, esto ya no sorprende y todos estamos saturados de toda la información que nos llega a través de estos dos sentidos, sin embargo trabajar el sentido del olfato se desmarca del marketing tradicional y pueda conseguir una ventaja más competitiva. Según los últimos estudios: El ser humano recuerda hasta el 35% de lo que huele, frente al 5% de lo que ve. 

Que los olores influyen en el estado anímico es innegable, cuando olemos algo que nos gusta, nuestro cuerpo se encarga de liberar endorfinas (la hormona de la felicidad). Esta influencia es aprovechada en ventas. Los empresarios descubrieron que, cuando se asocia un aroma a una marca, las ventas pueden aumentar en más de 15%. Pero es que además, el olor puede llegar a convertirse en la identidad exclusiva del producto. Por ejemplo, la marca de calzado infantil ‘Bubblegummers’, de Manisol, decidió hace más de 30 años utilizar un aroma a chicle para impregnar las suelas de los zapatos que producía ante la necesidad de darle una identidad propia al producto para diferenciarlo de la competencia.

Las marcas de coches tienen en su plantilla a químicos especializados en salvaguardar el olor a nuevo (fragancia neutra) realizando más de 400 test anuales de los materiales no metálicos en la fabricación de los automóviles. Y ya existen empresas exclusivamente dedicadas a formular aromas específicos para una marca a través del estudio de ésta, según cuál sea su objetivo, contexto, producto, qué emoción quieren potenciar; en función de todos estos factores fabrican un olor solo para tu establecimiento comercial o producto, puede ser para un evento puntual o como imagen permanente de marca. Solo hay que preguntarle a Inditex, que lo práctica desde su origen.

Este tipo de campañas hace que nos acordemos más de la experiencia generada y provoca que se almacene en nuestra memoria emocional, cuyo poder es inmenso y repercute de manera impulsiva en el proceso de compra. Tal y como decía Aristóteles “no hay nada que pase por nuestra mente, sin que antes haya pasado por nuestros sentidos”.

 

La ciencia lo confirma: Nunca te vayas a dormir enfadado

Siempre lo digo en este blog. No debemos reprimir e ignorar a las emociones negativas, son alertas necesarias, debemos hacernos autoconscientes de ellas pero tenemos que gestionarlas de manera cuidadosa para poder afrontarlas de manera constructiva, ya que con el tiempo pueden resistirse a desaparecer y afectarán peligrosamente a nuestra salud mental.

Foto Pixabay Free License

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Los investigadores de la Universidad china de Beijin mantenían la hipótesis de que la superación de las emociones negativas sería más difícil cuanto más tiempo pasara, y así lo demostraron con un estudio publicado en la revista científica ‘Nature Communications, los resultados mostraron que cuando solo había pasado media hora, los participantes habían logrado borrar de su mente las imágenes negativas (a las que anteriormente fueron expuestos) con mayor facilidad que cuando transcurrían 24 horas posteriores.

El proceso fue controlado a través de un escáner cerebral, esta prueba fue la clave para desvelar el porqué de los resultados, cuando solo habían pasado 30 minutos la actividad neuronal estaba concentrada en la zona del hipocampo (centro de la memoria del cerebro). Pero cuando habían pasado 24 horas, la zona más activa se había distribuido por la corteza cerebral. Por tanto, mientras los participantes dormían las emociones negativas se habían asentado y expandido por todo el cerebro… 

¡Nunca te acuestes enfadado!

 

*Referencia: Liu, Y. et al . La consolidación de la memoria reconfigura las vías neuronales involucradas en la supresión de los recuerdos emocionales. Nat. Comun. 7, 13375 doi: 10.1038 / ncomms13375 (2016).

Tú también puedes predecir las emociones

Detectar las emociones en los otros es importante, tanto que incluso ha sido fundamental para la supervivencia y evolución del ser humano. Con la emoción de asco, por ejemplo, nuestros antepasados comunicaban al resto que un alimento estaba en mal estado y no debían comerlo, con la alegría socializaban, organizaban grupos y procreaban, o con el miedo avisaban de un peligro inminente.

Constantemente nuestro cerebro quiere adivinar qué nos está comunicando otra persona, no solo con sus palabras sino también con sus expresiones, que son más fiables y espontáneas que los manipulables mensajes verbales.

Pero, ¿realmente somos capaces de adivinar las emociones de otros? Ciertamente ya nos supone un esfuerzo interpretar ciertas expresiones faciales con indicadores claros (se suele confundir por ejemplo el miedo con la sorpresa, o la ira con el asco y el desprecio), aún así, una investigación realizada por científicos del Dartmouth College, muestra que sí, podemos predecir las emociones gracias a la actividad de nuestro cerebro. Los autores descubrieron que existían una “firma” neural característica que ayuda a estimar con un 90% de eficacia las emociones que siente una persona.

Fotografía Pixabay Free License

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182 personas participaron en la investigación. A todos ellos se les mostraban imágenes neutras y negativas; para medir el índice de predicción, utilizaron técnicas de neuroimagen, los resultados indicaban la detección de una “firma” de emociones negativas en la actividad cerebral de los voluntarios. Concretamente en la corteza y subcorteza cerebral. Al presentar las fotografías neutrales y negativas a los participantes, los investigadores observaron un marcador neurofisiológico para las emociones inducidas por imágenes relacionadas con violencia, agresiones y odio. Es decir, las percepciones negativas quedaban de algún modo señaladas en la actividad cerebral de los participantes.

Estas conclusiones experimentales demuestran que a pesar de lo difícil que resulta ‘adivinar’ cómo se siente otra persona, existe una “firma neural” o “marcador” que se activan inconscientemente ante las emociones negativas percibidas de otra persona.

 

*Fuente: Chang LJ, Gianaros PJ, Manuck SB, Krishnan A, Wager TD (2015) A Sensitive and Specific Neural Signature for Picture-Induced Negative Affect. PLoS Biol 13(6): e1002180. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1002180

Cómo influyen las emociones de tu inconsciente

Cada día, a todas horas, recibimos una ingente cantidad de información emocional y la procesamos sin darnos cuenta. Las palabras subliminales afectan a la forma de expresarnos y de tomar decisiones, según demuestra una investigación de la Universidad Complutense de Madrid.

“Gran parte de la información emocional la procesamos de forma inconsciente y afecta a nuestra manera de pensar. Es decir, razón y emoción se combinan en nuestra vida cotidiana, sin que seamos conscientes de ello”, explica Manuel Martín Loeches, profesor de Psicobiología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y coordinador de la sección de Neurociencia del centro que ha llevado a cabo el estudio.

Según los autores del experimento, “las palabras emocionales infiltradas en una oración afectaron al procesamiento sintáctico–la estructura misma de una oración que estemos procesando y las decisiones que tomaron los individuos analizados.”

Para llegar a estas conclusiones, publicadas en Frontiers in Human Neuroscience, los investigadores midieron la actividad eléctrica del cerebro de 24 participantes. Su tarea consistía en leer cada una de las 180 oraciones presentadas en una pantalla de ordenador y a continuación decidir si la oración conscientemente percibida contenía o no un error sintáctico. Al final de la tarea, ante la sorpresa e incredulidad de los participantes, se comprobaba que éstos no habían sido conscientes en ningún momento de la existencia de dicha información emocional subliminal.

La comprensión del lenguaje, y en particular el procesamiento sintáctico, estaban influidos por la información emocional subliminal, dado que se veía afectado el patrón de actividad eléctrica cerebral más automático y temprano ligado al procesamiento de la información sintáctica (LAN).

Es decir, “sus cerebros habían procesado la información, como demuestra la aparición de un patrón de actividad eléctrica característica del procesamiento emocional”, señala Laura Jiménez Ortega, investigadora del departamento de Psicobiología de la UCM y coautora principal del trabajo. Jiménez añade que “los participantes presentaban más problemas de los habituales en decidir si la oración era incorrecta”, por lo que dedujeron que estas palabras subliminales afectan de forma directa a la toma de decisiones.

(Pincha aquí para acceder al estudio completo)

 

*Fuente: Universidad Complutense de Madrid

¿Te sueles contagiar de los bostezos ajenos o … no? Descubre por qué

Puede ser que no estemos cansados ni tengamos sueño, pero lo normal es que si tenemos enfrente a una persona bostezando nosotros también lo hagamos, contagiados automáticamente por un impulso irremediable de abrir la boca.  Más aún si vemos a seres queridos haciéndolo, hay estudios que demuestran que el contagio será mayor cuanta más relación afectiva tengamos con el otro, familiares o amigos serán más inductores de nuestro bostezo que los desconocidos. Es un acto genético e involuntario, no es una conducta aprendida, los bebés lo hacen desde el nacimiento, también otros mamíferos, como los chimpancés, los lobos, o los perros.

Pero parece ser que sí que hay gente que puede resistirse al contagio con total inmunidad. El mundo de la psicopatía no deja de sorprendernos, la investigación nos sigue demostrando hallazgos asombrosos sobre este perfil de personalidad que tanto nos inquieta. Un estudio reciente de la Universidad de Baylor (EE.UU) ha profundizado sobre los indicadores psicopáticos introduciendo un elemento novedoso hasta el momento.

La psicopatía se caracteriza por un estilo de vida antisocial con comportamientos egoístas, manipuladores, impulsivos, audaces, insensibles, dominantes y particularmente carentes de empatía. El bostezo contagioso en nuestra especie ha sido fuertemente vinculado a la empatía.

En el experimento, se expusieron a 135 estudiantes, hombres y mujeres, que completaron el Inventario de Personalidad Psicopática Revisado (PPI-R), a un paradigma que pretendía inducir un bostezo reaccionario. El caso es que encontraron que las puntuaciones en la subescala PPI-R referentes a una alta frialdad emocional predijeron significativamente una posibilidad reducida de bostezar.

Anteriormente ya se conocía que la falta de empatía se relacionaba con la inmunidad al bostezo contagioso. Se había demostrado, por ejemplo, que los niños diagnosticados en el espectro del autismo son menos propensos a contagiarse de un bostezo, pero este es el primer estudio que muestra su relación con la psicopatía. Por supuesto, este patrón no sirve como herramienta de diagnóstico para la psicopatía, pero es una conexión interesante, realmente demuestra cómo este perfil de personalidad afecta a diversos comportamientos del día a día de formas inesperadas