Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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Un prestigioso neurocientífico investiga el cerebro del psicópata y descubre que él también lo es

Está muy extendida la creencia (errónea) de que el psicópata es aquel ser despiadado que ha cometido con sus propias manos los crímenes más horribles que os podáis imaginar y vive marginado, agazapado en la oscuridad, sin integrarse en la actividad diaria de los seres humanos. Nada más lejos de la realidad; desde luego se relaciona con la delincuencia pero lo cierto es que la psicopatía no llega a ser una enfermedad mental, es un trastorno antisocial de la personalidad que se caracteriza, sobre todo, por la falta de sentimientos (anestesia afectiva), ausencia de empatía, culpa o miedo, son seres muy egoístas, fríos y manipuladores, no sienten pero sí que ‘simulan’ muy bien ciertas emociones para conseguir sus objetivos.

Foto Pixabay. Creative Commons

James Fallon, ahora lo sabe bien. Se trata de un prestigioso neurocientífico estadounidense y asesor del Pentágono, sus aportaciones a la ciencia son muy extensas, su carrera es brillante, pero nunca pensó que investigando el cerebro criminal realizaría el descubrimiento más asombroso de toda su vida. Un colega le pidió que examinara los escáneres cerebrales de varios asesinos en serie condenadosPara ello, recibió cientos de resultados de los escáneres cerebrales de una gran muestra de criminales condenados, mezclados con los de personas sin historial delictivo.

Su cometido era discernir a las personas con trastorno psicopático de la personalidad del resto de la población a través de esas imágenes. Uno de los escáneres presentaba con claridad todos los rasgos de un asesino psicópata. “Como se imaginarán, ese escáner era el mío” reconoció Fallon hace ya cuatro años en una entrevista para ‘The Verge. Su reacción inmediata fue pensar que todo era un error, él se considera buena persona y jamás ha cometido un asesinato ni tiene un pasado delictivo en cualquier forma.

No le dio mayor importancia hasta que lo comenta, meses después, con su madre y ésta le confiesa que en sus antepasados por parte de padre había habido hasta 7 asesinos (que ellos supieran). Esto despertó entonces su atención y siguió investigando esta línea. Tal y como él mismo constató, los psicópatas son bombas de relojería pero “no siempre acaban siendo asesinos. Si no sufren malos tratos durante la infancia, existe una pequeña posibilidad de que crezcan y evolucionen de forma normal”.

Fallon continúo evaluando su caso y resultó ser un psicópata secundario. “Los secundarios llevamos los genes que nos hacen psicópatas, pero, a diferencia de los primarios, necesitamos obligatoriamente un factor desencadenante para convertirnos en asesinos. Haber recibido palizas de niño es uno de ellos, pero también, por ejemplo, sufrir acoso en el colegio. Estoy convencido: Si en mi infancia no hubiese recibido un trato tan bueno por parte de mis padres y de mi entorno, difícilmente habría llegado a la adolescencia. Me habría suicidado o habría acabado matando a alguien.”.

Aún así, Fallon reconoce en él rasgos psicopáticos en su comportamiento, se describe como frío y tremendamente vengantivo. “Me gusta vengarme. Eso es algo totalmente psicopático. Puedo esperar durante años. Si alguien me pone furioso, no reacciono en ese mismo instante, pero me la guardo y, llegado el momento, respondo con una eficacia quirúrgica. Algunas personas han perdido su trabajo por mi culpa”. “Creo, sé, que amo a Diane. Pero nunca he estado vinculado emocionalmente a ella de verdad, igual que me ocurre con todos los demás”. En cuanto a sus hijos: “Al principio eran como juguetes. Más tarde, cuando se hicieron mayores, se convirtieron en amigos. Pero nunca he tenido hacia ellos los sentimientos que tienen los padres normales hacia sus hijos”.

Me parece un testimonio muy sugestivo. Nótese cómo en sus propias respuestas denota distanciamiento emocional cuando habla de su familia, en primer lugar dice que “cree” que ama a Diane, la llama por su nombre eliminando el artículo posesivo propio, no pronuncia ‘mi mujer‘, por ejemplo; por tanto se desvincula totalmente del lazo de unión entre ambos. Se refiere a sus hijos como juguetes, los cosifica como si no tuvieran vida. El lenguaje que utiliza es propio del discurso psicopático y ya nos dice efectivamente que su emocionalidad no está normalizada. No os perdáis su entrevista completa porque es un texto fascinante.

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Qué es el sincericidio

Me suelen preguntar con frecuencia si la verdad está sobrevalorada. Sin duda, sí, lo está.

Fotograma del videoclip de la canción 'Sincericidio' de Leiva.

Fotograma del videoclip de la canción ‘Sincericidio’ de Leiva.

Desde bien pequeños nos enseñan que mentir está mal, pero lo cierto es que el engaño forma parte irremediable del engranaje social de la comunicación, una vida sin mentiras sería un auténtico caos para todos. Una de las funciones más importantes de la mentira es la de ‘lubricante social’, es necesaria para no herir a los demás o para autoprotegernos; engañar ‘ligeramente’ a los demás y proyectar incluso una imagen ensalzada de ti mismo es una parte natural de la vida.

No podemos decirle, por ejemplo, a nuestra pareja que lleva toda la mañana cocinando para nosotros que la comida está asquerosa. No aporta nada bueno. Hay gente que dice “yo siempre digo lo que pienso”, primero, eso es imposible, porque no duraría en un trabajo ni 24 horas, ni tendría pareja, ni amigos; no podemos recibir constantemente críticas ni buenas ni malas. Todos nos sentimos más cómodos con la cordialidad y el respeto. Precisamente se suele decir que los niños siempre dicen la verdad por esto mismo, porque aún no han desarrollado la capacidad de empatizar y no son conscientes de que pueden hacer daño con las simples palabras.

Si bien, la mentira también puede ser dañina, maquiavélica y utilizada con fines más egoístas. Además nos causa culpa, remordimientos, ansiedad, o miedo a nosotros mismos y en este sentido, la pregunta de ‘¿la verdad está sobrevalorada?’ quizás tiene más sentido. Si es una conducta repobable y además nos hace sentir mal, ¿por qué lo hacemos? La respuesta nos la da la neurociencia, simple y concisa: Nuestro cerebro se acostumbra a mentir. Cuanto más mentimos menos nos pesan los sentimientos negativos al hacerlo, al principio las emociones de culpabilidad son muy intensas, pero van descendiendo con la práctica.

La mentira duele pero la verdad también. Al final, la verdad bien entendida debe ser honesta y constructiva. El sincericidio es destructivo, tiene más que ver con la falta de prudencia y en utilizar una verdad como un arma arrojadiza para herir al otro. La verdad es mejor que la mentira, pero no siempre la verdad aporta valor, a veces es inútil e incluso dañina y como su nombre indica podría ser un suicidio social, nadie querría relacionarse con nosotros. El sincericida es egoísta y tiene una falta de empatía total, puede hacerse incluso más daño con una verdad dañina que una mentira.

El placer de robar: Diferencia entre ladrón y cleptómano

A raíz del caso Cifuentes sois muchos los que me habéis preguntado: ¿Por qué? Cómo es que una mujer con recursos económicos, culta, con prestigio y bien posicionada a nivel laboral ‘sustrajera sin querer’ una crema con valor ínfimo para ella, algo que no necesita, que no sirve para su supervivencia, que podría pagar perfectamente si quisiera. No podría asegurar que Cifuentes sufre cleptomanía por el análisis de solo un hecho aislado, habría que profundizar mucho más para el diagnóstico. Pero vamos a ver la diferencia entre un ladrón y un cleptómano para explicar esta incógnita.

Para los cleptómanos robar se convierte en un impulso imparable no planeado. Los objetos del hurto son absurdos, cosas inútiles, de precios no muy elevados, que podrían pagarse perfectamente y que además se suelen regalar, acumular sin darle uso o tirar posteriormente. Antes del robo sienten tensión, ansiedad y una sensación de excitación creciente,  la consecuencia emocional de este acto es el placer, bienestar y alivio. Este impulso suele sentirse en lugares públicos (tiendas, centros comerciales) pero también en lugares íntimos (casas de familiares o amigos, en los que pueden llevarse u ocultar un elemento decorativo o una prenda de ropa).

Según los estudios de población, la cleptomanía es más común en mujeres que en hombres. Se actúa de modo solitario, son plenamente conscientes de lo que hacen y a menudo tienen remordimientos, experimentan sentimientos de culpa y vergüenza. La causa es desconocida, las hipótesis apuntan a niveles bajos de serotonina, asociado a la conducta impulsiva en general. También la dopamina en niveles más bajos de lo normal, otras teorías sugieren que los neurotransmisores asociados a la sensación de placer y que intervienen en otras conductas del tipo adictivo pueden estar influyendo en este trastorno. Es una alteración de la conducta sin cura, pero la terapia y la psicofarmacología pueden ayudar a disminuir la ansiedad y regular el comportamiento impulsivo.

 

 

Sexo, amor y apego, ¿todo junto o por separado? #SanValentin

Os recuerdo la frase de Antonio Damasio “Conocer la fisiología de la digestión no nos impedirá saborear un buen bistec”. No dejaremos de paladear el sentimiento más hermoso del que disponemos los humanos (y los animales) si profundizamos sobre los mecanismos cerebrales que hacen que se produzca. Porque sí amig@, el amor está en el cerebro.

Y gracias a Fisher sabemos además que no es una emoción. Helen Fisher es una de las investigadoras que más ha estudiado la neurobiología del amor. Tras sus experimentos ha reconvertido las concepciones más arraigadas sobre el amor, y repetiré mil veces la palabra amor porque no tiene sinónimos, los que aparecen en el diccionario (pasión, ternura, apego, cariño, aprecio, idolatría… etc) son otra cosa, tienen un matiz diferente que no consiguen englobar todo lo que significa el amor.

Antes se consideraba que el amor sólo implicaba una gama de distintas emociones que abarcaban desde la euforia hasta la desesperación. Tras sus investigaciones, Fisher llega a la conclusión de que el amor es un poderoso sistema de motivación, un impulso básico de emparejamiento. Pero, ¿Por qué es un impulso y no una emoción?

  • El amor romántico se centra en obtener la gratificación de una recompensa específica: el ser amado. Por el contrario, las emociones están ligadas a infinidad de objetos, tal como puede ser el miedo, que se asocia a la oscuridad, a las alturas, a la soledad, e infinitos temas de fobia.
  • No existe una expresión facial concreta para el amor, al contrario que las emociones básicas y sociales. Sí que puede contener una serie de patrones de comportamiento habituales (ya os las conté en el post: El secreto no verbal de las flechas de Cupido) pero éstos dependen de la cultura, el género, la personalidad, el aprendizaje… algo que no ocurre con las emociones.
  • Por último, el amor romántico constituye una necesidad, un ansia, un impulso por estar con el ser amado.

Para Helen Fisher, el amor romántico evolucionó en el cerebro para orientar toda nuestra atención y motivación sobre una persona específica. Pero esto no termina aquí. Para volver más complejo el amor, este sistema cerebral que genera una fuerza tan intensa como el amor romántico también se encuentra intrínsecamente relacionado con otros dos impulsos básicos para el apareamiento: el impulso sexual (deseo) y la necesidad de establecer vínculos profundos con la pareja (apego). 

Amor, deseo y apego son ‘controlados’ por tres sistemas cerebrales y circuitos neuronales distintos, también por diferentes neurotransmisores y producción de hormonas. Cada uno de estos tres sistemas cerebrales evolucionó para cumplir una función específica para el apareamiento. El deseo evolucionó para permitir la reproducción sexual con casi cualquier pareja más o menos adecuada. El amor romántico permitió que los individuos se enfocarán en una sola pareja a la vez, de tal modo que se ahorrase tiempo y energía el tiempo considerable para el cortejo. Y el apego dio lugar a que hombres y mujeres estuviesen juntos durante el tiempo suficiente para la crianza de un hijo.

Según Fisher, tales sistemas no siempre se dan en este orden, ni con una misma persona. Es posible sentir atracción sexual por una persona, amor romántico por otra y un profundo apego por otra distinta. Esta teoría abre un interrogante al intentar explicar una conducta tan interesante como la infidelidad. Pero esto da para otro post… 🙂

¡Feliz día del Amor! Libre, cómplice, propio, generoso y sin chantajes.

 

 

*Referencia: Psicología y Mente.

 

 

Bloquea tú al miedo (y no al revés)

Uno de los efectos del miedo es el bloqueo emocional y mental. Ante un suceso traumático nuestra mente inmoviliza la nitidez de los detalles del hecho en cuestión para poder ‘autoprotegernos’, por ello, es habitual que una persona que haya sufrido un episodio de intenso pánico no pueda relatar con fluidez lo padecido, se denomina shock postraumático.

Un novedoso estudio (publicado en 2018) ha hipotetizado sobre una posible solución a este fenómeno y parece haber dado con una medida… un tanto peculiar. No apta para todos los públicos, ya que este resultado pasa por presuponer que la persona conocerá una segunda lengua distinta a su idioma nativo.

La conclusión del experimento que plantearon  los autores afirmaba que “la adquisición del miedo puede verse directamente afectada por el contexto lingüístico“. Cuando la persona hablaba en una lengua extranjera los dos registros fisiológicos más asociados a la respuesta de miedo (dilatación de la pupila y sudoración de la piel) disminuían notablemente.

“La idea del estudio ha sido intentar entender cómo las personas pueden regular sus emociones de una mejor manera a través de una lengua foránea, una lengua que puede que no dominen demasiado y con la que tienen cierta distancia emocional”, explican los investigadores a La Vanguardia.

Según los autores del estudio la reactividad emocional del miedo es menor en un idioma foráneo. Al hablar en otro idioma el sujeto tomará distanciamiento emocional del hecho y podrá expresarse mucho mejor desbloqueando la experiencia crítica.

Lo destacable de este hallazgo es que sus resultados pueden tener una aplicación práctica en el campo de la psicología y la psiquiatría, pudiendo ayudar a aquellos “pacientes que tengan problemas para expresar su experiencia emocional ante hechos traumáticos”.

 

Si estás de buen humor parecerás más inteligente

La formación de las primeras impresiones está profundamente influenciada por el atractivo facial, las señales de nuestro rostro afectan directamente a los juicios que harán los demás en pocos segundos.

Todos sabemos que un estado depresivo y el cansancio afectan a la capacidades mentales e intelectuales de la persona, por tanto, es lógico pensar que la expresión facial del estado de ánimo (curvatura de la boca) y el estado de alerta (apertura de los párpados) afectará a las impresiones sobre la capacidad intelectual.

Más de 4 estudios investigaron la influencia de estas señales faciales en la percepción de la inteligencia de una persona tras conocerla. En los primeros experimentos, se demostró que la apertura de los párpados y una sonrisa sutil, pero sincera, (reflejando buen humor) mejoraron los índices de inteligencia percibidos, independientemente de si la persona objetivo era más agraciada o menos físicamente.

En la última fase, los autores examinaron los cambios en estas señales antes y después de la restricción del sueño, para evaluar si esta variable podía influir. Y así fue. Los investigadores determinaron al fin que los rostros con ojos más caídos y con mirada cansada, el ceño fruncido y una boca sin sonrisa, se perciben como menos inteligentes.

 

 

 

*Referencia: Talamas, SN, Mavor, KI, Axelsson, J., Sundelin, T., y Perrett, DI. La apertura del párpado y la curvatura de la boca influyen en la inteligencia percibida más allá del atractivo. Revista de Psicología Experimental: General, 

Si quieres causar buena impresión ofrece una taza de café bien caliente

La ‘calidez’ (psicológica) es uno de los rasgos de personalidad más poderosos en la formación de primeras impresiones. Es una característica muy positiva que todos deseamos tener. Este calor interpersonal podría definirse como la amabilidad que los demás perciben de nosotros, también se relaciona con la capacidad de voluntariedad y altruismo con los demás, así como con la cordialidad y la honestidad.

Realmente el concepto de persona cálida-fría tiene su correspondencia física con la temperatura. Y es que ponemos nombre a nuestros mundos internos y mentales por analogía con el mundo físico. Por tanto, es lógico que los investigadores se preguntasen si los objetos cálidos pueden producir los mismos estados afectivos que una persona ‘cálida’.

El primer antecedente puede encontrarse en la psicología de la memoria, ya estaba demostrado cómo los objetos y eventos se asocian en nuestra memoria provocando el mismo efecto. De esta manera, la sensación de calor cuando uno toma una taza de café caliente o toma un baño tibio puede activar recuerdos de otros sentimientos asociados con la calidez (confianza y comodidad), debido a las primeras experiencias con nuestros cuidadores que brindan calidez, abrigo, seguridad, alimento…

¿Por qué ocurre esto? Esta investigación ha revelado que la corteza insular está implicada en el procesamiento de ambas versiones del frío-calor, de la información física y de la psicológica. Por esta razón, los autores se plantearon la hipótesis de que las meras experiencias táctiles de calidez física deberían activar conceptos o sentimientos de calidez interpersonal. Más aún, esta activación debería entonces influir, de manera involuntaria, en los juicios y el comportamiento hacia otras personas sin que uno sea consciente.

Pues bien, en un sencillo experimento organizado con un helado frío, un café caliente y un test de percepción (y una buena metodología-pincha aquí para conocer los pormenores del experimento), los autores constataron que es posible ‘engañar’ los juicios de nuestro cerebro al exponernos a un estímulo de calidez. La probabilidad de que una persona A juzgue a otra B como cálida, aumenta en un 15% si A sostiene una bebida caliente, al contrario que si sostiene un alimento frío (helado).

Conclusión, si quieres crear una atmósfera propicia y resultar agradable a tu interlocutor te lo tendrás que ganar, pero puedes ayudarte de este ‘truco’ para iniciar la conversación con buen pie. 🙂

 

*Referencia: Biblioteca Nacional de Medicina de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU – PubMed Central® (PMC)

Hablar sin voz ni movimiento: la lectura de la mente ya es posible

Un grupo de científicos japoneses han desarrollado una tecnología capaz de ‘leer la mente’ analizando las ondas cerebrales que producen las sílabas antes de pronunciarse. Los investigadores de la Universidad de Tecnología de Toyohashi aspiran ahora a crear un procesador de texto que permita, según los autores “escribir por imágenes de voz” sin hablar ni usar las manos o el movimiento corporal como medio de comunicación.

De este modo, se conseguiría algo similar a ‘leer la mente’. El equipo ha estudiando las ondas cerebrales que se producen al recordar las sílabas usando un casco con electrodos. ¿En qué consistió el experimento? Los investigadores midieron las ondas de los examinados cuando los sujetos pronunciaban varios monosílabos y números y detectaron que 0,2 segundos antes de emitirlas la zona del cerebro que se iluminó variaba según la sílaba.

La detección fue más complicada cuando el sujeto no pronunciaba las sílabas, dado que las señales eran más débiles. Los investigadores crearon patrones de las ondas cerebrales y al compararlos lograron identificar sílabas con una precisión del 60% y números con una precisión del 90%.

Y ahora viene lo mejor: Esta tecnología podría ayudar a “personas con minusvalías como, por ejemplo, la miastenia -una enfermedad neuromuscular y crónica cuyos principales síntomas son la debilidad y fatiga muscular- a interactuar con un teléfono inteligente usando imágenes de voz”, aseguró el profesor a la Agencia Efe.

Es cierto que ya existían tecnologías que convertían voz en texto, pero los científicos de Toyohashi creen que ésta podría conducir al desarrollo de una interfaz que reconozca las sílabas en la mente para escribirlas directamente. Las expectativas de este grupo de investigación se inclinan por incrementar la precisión de reconocimiento y salvar obstáculos como la variación que presentan las ondas cerebrales en cada persona para llevar a buen término la aplicación práctica de la tecnología.

 

 

*Fuente de consulta: EFEfuturo

¿Por qué a los extrovertidos les gustan las fiestas y los introvertidos las evitan?

He leído auténticas barbaridades sobre la extroversión y la introversión, bueno, más bien sobre la segunda, ya que normalmente está asociada al polo más negativo y pesimista de la personalidad cuando esto no es así. Se ha desvirtuado popularmente el término introversión, relacionándose únicamente con el aislamiento social, la apatía y el malhumor, algún día (no muy lejano) os contaré (con mayor profundidad) las ventajas de ser introvertido, qué es realmente y cómo se manifiesta.

Hoy nos centraremos en un solo comportamiento: el contacto social con la multitud. Era asumido por la comunidad científica que el cerebro del extrovertido y del introvertido funcionaban de un modo muy diferente. Recientemente, un estudio publicado en la revista Frontiers in Human Neuroscience descubrió que los extrovertidos son más propensos a asociar una sustancia química (dopamina), relacionada con la sensación de bienestar, con el medio ambiente en el que se encuentran en en ese momento.

Estos hallazgos podrían ayudar a explicar por qué los extrovertidos buscan el contacto social de las multitudes, mientras que los introvertidos prefieren permanecer tranquilamente en casa. Los investigadores encontraron que los extrovertidos prefieren la gratificación inmediata y se centran más en los rostros. En el otro extremo, los introvertidos tienden a sentirse abrumados por el exceso de estimulación y prestan más atención a los detalles, lo que se refleja en un aumento de la actividad cerebral al procesar la información visual.

Para desenterrar las raíces de la extraversión, Yu Fu y Richard Depue, neurobiólogos de la Universidad de Cornell en Nueva York, realizaron test de personalidad a estudiantes de primer año seleccionando una muestra aleatoria de 70 personas con una mezcla de introvertidos y extrovertidos. Les fue administrada una sustancia generadora de dopamina y fueron posteriormente puestos a prueba en un entorno de laboratorio.
Las conclusiones del estudio fueron claras: Los extrovertidos asocian fuertemente su entorno y contexto con recompensa, mientras que los introvertidos mostraron poca o ninguna asociación entre el contexto y la estimulación.
Los resultados sugieren que los efectos de la dopamina no se tradujeron en recompensa o motivación para los introvertidos. La diferencia fundamental en la intensidad con que los introvertidos procesan las recompensas de su entorno tiene que ver con un mayor peso de la estimulación interna frente a las señales externas de motivación y recompensa.
Los resultados son un gran paso hacia adelante ya que permiten vincular un rasgo básico de la personalidad como la extraversión con un determinado conjunto de procesos del sistema nervioso, circunstancia que no se había producido anteriormente.

 

 

*Fuente: Livescience

 

Un software de reconocimiento facial diagnostica enfermedades genéticas

Imagen del estudio realizado por el NHGRI

Imagen del estudio realizado por el NHGRI

¡Sorprendente! Parece que en poco tiempo los médicos podrán utilizar una fotografía para ayudarse en el diagnóstico de ciertas enfermedades raras de carácter genético. Los investigadores del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano (NHGRI), parte del Instituto Nacional de Salud, y sus colaboradores, han utilizado con éxito un software de reconocimiento facial para diagnosticar una enfermedad genética rara padecida por africanos, asiáticos y latinoamericanos.

La enfermedad, concretamente, es el síndrome de deleción 22q11.2, más conocida como síndrome de DiGeorge y síndrome velocardiofacial, que afecta a 1 de cada 6.000 niños. . El diagnostico de los pacientes es muy difícil de relacionar con este tipo de enfermedades genéticas ya que no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. “Los síndromes que generan malformaciones se muestran diferentes según la parte del mundo en la que se den. Incluso los médicos experimentados tienen dificultades para diagnosticarlos en poblaciones no europeas” afirma Paul Kruszka, especialista en genética del NHGRI.

El objetivo del estudio, publicado recientemente en el American Journal of Medical Genetics , es ayudar a los proveedores de atención médica a reconocer adecuadamente y diagnosticar el síndrome de DiGeorge, dotándoles de la capacidad de realizar intervenciones críticas en fases tempranas, y proporcionar una mejor atención médica.

Utilizando la tecnología de reconocimiento facial para detectar enfermedades raras, los investigadores compararon a un grupo de 156 pacientes africanos, asiáticos y latinoamericanos con otras personas que no tenían la enfermedad. Basándose en 126 rasgos faciales individuales diagnosticaron correctamente el síndrome dentro de todos los grupos étnicos un 96,6% de las veces.

Además, se ha comprobado que esta tecnología también fue muy precisa en el diagnóstico precoz de síndrome de Down. El mismo equipo de investigadores se han marcado próximamente estudiar el síndrome de Noonan y el síndrome de Williams, ambas enfermedades raras, pero vistas de forma recurrente por profesionales médicos.

“Los primeros diagnósticos se traducen en un tratamiento precoz, junto con la reducción del dolor y el sufrimiento experimentado por los pacientes y sus familias”, afirma Maximilian Muenke, Director del NHGRI.