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Contar hasta 10 cuando estamos enfadados… ¡Funciona!

La ira es una emoción básica, genética, primitiva, universal; es una de las sensaciones que se viven con mayor impulsividad, aparece de 0 a 100, es una de las más intensas y genera cambios importantes en nuestra fisiología, aumenta nuestro ritmo cardíaco y la presión sanguínea, nuestra adrenalina se dispara y nos posee la impaciencia, la necesidad inmediata de resolver aquello que nos frustra.

La ira es la única emoción que consigue anular nuestra razón, nos obnubila, paraliza nuestro pensamiento más humano y nos catapulta a la conducta de actuación más ‘animal’.

Diez segundos. Aproximadamente este es el tiempo que tarda la información que percibimos desde nuestra vía del cerebro más primitiva, más emocional, a una vía más racional, a la corteza cerebral, nuestra estructura más evolucionada. Ese lapso de tiempo es el que nos separa de actuar de una manera impulsiva o que nos frena para actuar de una forma más meditada, ‘pensándolo dos veces’ antes de decir o hacer algo de lo que nos podamos arrepentir.

Este camino rápido de procesamiento de la información que nos hace actuar sin pensar puede parecer una lacra, pero nada más lejos de la realidad. Esta ‘mecha corta’ es menos precisa pero muy rápida y nos ha ayudado a sobrevivir y reaccionar de forma casi automática ante fuertes amenazas y situaciones peligrosas.

Imaginaos si nuestros antepasados cavernícolas vieran a una voraz bestia acercándose hacia ellos y se pararan a meditar y decidir sobre si ese estímulo que están viendo es malo o no, hubiera desaparecido nuestra especie. En cuanto el cerebro percibe una posible amenaza nos activa un sistema de lucha o huída instintivo que nos permite reaccionar sin necesidad de reflexión.

Por tanto, contar hasta diez antes de responder a algo que consideramos una gran afrenta o amenaza es un útil consejo que en muchas ocasiones conviene seguir, en muchas ocasiones. Sin embargo, las respuestas impulsivas se han conservado porque nos ayudan a evitar males mayores.

Fijaos que hablamos de amenazas físicas que atentan contra nuestra supervivencia, la vía corta funciona, pero, ¿qué ocurre con las amenazas psicológicas? Éstas también activan rutas parecidas que desembocan en una respuesta de lucha o huída, igual que una amenaza física. Por ejemplo, la valoración de nuestro trabajo por parte de nuestro jefe, o en el ámbito familiar, la respuesta a una crítica.

Aquí sí que conviene respirar hondo y contar hasta diez. El motivo es que, el aprendizaje emocional, la forma en la que respondemos en situaciones que consideramos amenazantes, aunque sean psicológicas, depende de rutas que no pasan por la corteza cerebral, como explica Joseph Ledoux en “El cerebro emocional”.

La corteza cerebral, también denominada neocórtex, es la estructura responsable del pensamiento, el razonamiento y la consciencia. Por eso, en estos casos, antes que contestar impulsivamente (vía amígdala), es preferible contar hasta diez y dar tiempo a que el lóbulo frontal tome las riendas y elabore una respuesta más meditada.

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*Fuente de consulta: ABC Ciencia.

Del amor al odio hay solo un paso (la ciencia lo confirma) #SanValentin

No hablo de parejas que se desgastan por la rutina, relaciones en las que el amor se desvanece poco a poco hasta que el sentimiento pasional desaparece. Hablo de dos personas que se quieren con intensidad y tras un episodio más o menos grave se instaura una semilla venenosa de odio que crece sin remedio, en forma de rabia explosiva, ira, reproches, venganzas y desprecios.

Aunque no lo parezca, odio y amor no son dos estados tan opuestos, realmente lo contrario del amor sería la indiferencia.

Cuanto más profundo es el amor, más profundo será el odio cuando la relación se rompa, así lo demuestra el estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology; y es que tanto el amor como el odio comparten algo muy importante: la intensidad emocional.

Ambos sentimientos son muy fuertes y están involucrados en el mismo procesamiento neuronal en el cerebro, conocido como el ‘efecto de excitación de la emoción‘. Esto es, las emociones más potentes y voraces comparten una misma vía de recorrido en el cerebro y por ello es sencillo ir de un extremo a otro, se procesan por el mismo circuito.

Lo vemos continuamente, del amor al odio hay sólo un paso, por lo que no es extraño que algunas de las estructuras cerebrales que se activan para el odio lo hagan también cuando las personas se enamoran románticamente. Utilizando la resonancia magnética funcional el neurocientífico Semir Zeki estudió a 17 personas elegidas por profesar odio a alguien, como a un ex-amante, a un compañero de trabajo, o incluso a un político.

Observó que estructuras como el putamen y la  ínsula se activaban en el cerebro de esas personas tanto para estímulos relacionados con el odio como para estímulos relacionados con el amor romántico, lo que podría justificar al menos en parte y biológicamente la relación entre ambos. Curiosamente, el putamen se activa también en la preparación de conductas agresivas en el contexto amoroso.

Pero no todo son coincidencias, pues también se ha observado que la corteza prefrontal asociada al juicio y razonamiento que se desactiva en el amor, no lo hace tanto cuando lo que sienten las personas es odio. Como si el odio requiriera conservar la capacidad de razonar para calcular mejor cómo proceder contra el odiado, o para mantener los pensamientos que lo alimentan y lo incrementan.
Zeki dice que, mientras en el amor romántico, el enamorado suele ser menos crítico y juzga menos al amado, es más probable que en el contexto del odio el odiador ejercite juicios y cálculos para herir, injuriar o vengarse. 
Feliz día de San Valentín enamorados y enamoradas de lo que sea o de quién sea… 🙂

Día internacional del abrazo: sus increíbles beneficios más allá de la expresión de afecto

Hoy 21 de enero es el día internacional del abrazo ¡Y es mucho mejor que celebrar el blue monday de ayer!

No podemos dejar de recordar los beneficiosos efectos de abrazarnos que la ciencia ha demostrado ya a través de numerosos estudios y publicaciones. El abrazo es mucho más que una simple demostración del afecto, en nuestro cerebro se activan conexiones neuronales relacionadas con el placer y el bienestar, desactivando así el estrés y la ansiedad.

Fijaos en que es lo primero que recibimos al nacer, nuestro primer contacto con el mundo es el abrazo de una madre, y éste es muy importante ya que ayuda a desarrollar las neuronas del bebé. El cerebro necesita afecto para desarrollarse sano, la falta de contacto puede ocasionar hasta la muerte, ya lo descubrimos en este terrible experimento.

La Organización Mundial de la Salud alude a esta forma de contacto como una asistencia en determinadas terapias y establece que “más de las ¾ partes de los bebés prematuros pueden salvarse si reciben los cuidados adecuados como favorecer el contacto piel con piel entre la madre/padre e hijo”.

El contacto físico entre seres humanos es sanador, así lo demuestra también una investigación de la Universidad de Carnegie Mellon: el abrazo refuerza el sistema inmune, protege contra el estrés y de las enfermedades derivadas del mismo. Genera un incomparable estado de bienestar, relajación y confianza. Por ejemplo, las parejas que se abrazan frecuentemente tienen niveles más altos de oxitocina y niveles más bajos de cortisol.

La bioquímica del abrazo en el cerebro es inmediata, se produce en décimas de segundo tras iniciar el contacto físico; las respuestas emocionales son inminentes por los numerosísimos receptores de la piel, eso sí, el ‘abrazo perfecto’ debería tener una duración más aproximada a los 20 segundos, es entonces cuando obtenemos al completo los efectos positivos de este gesto, así resultó en el estudio del neuroeconomista Paul J. Zak.

Lo importante es practicarlo a diario y de forma constante. Abraza mucho a tu pareja si la tienes, abraza a tus familiares y amigos en cada ocasión que puedas, abraza a tu mascota, abrazate y conecta contigo mismo.

Feliz día del abrazo 🙂

 

 

 

 

El contacto físico reduce el dolor #EstudioCientifico

El canal háptico correspondiente al lenguaje corporal (comunicarnos a través del tacto) es uno de los menos estudiados a nivel científico, aunque los pocos resultados que se van publicando no dejan de sorprendernos, dejando constancia del poder del contacto entre seres humanos. Cogernos las manos, un abrazo, una caricia, incluso un leve toque, pueden dotarnos de un vínculo inimaginable con los demás. Al final de este artículo os dejo algunos ejemplos.

Recientemente, un estudio de la Universidad de Colorado, en Estados Unidos, ha demostrado que al coger las manos de un ser querido dolorido se sincroniza la respiración de ambos, el latido cardíaco y, lo que es más importante, las ondas cerebrales, con una enorme ventaja, y es que a medida que los cerebros se sincronizan, el dolor se desvanece. Goldstein sospecha que el contacto físico empático activa mecanismos de recompensa analgésicos en el cerebro.

En el experimento, Goldstein y su equipo pusieron a prueba el ‘remedio táctil’ en 22 parejas con edades comprendidas entre 23 y 32 años, y al menos un año de relación. Y sometieron a las mujeres a un dolor en el brazo producido por exceso de calor. Comparando las respuestas en la misma habitación con y sin contacto físico con sus parejas, los investigadores llegaron a la conclusión de que sostener las manos de la persona dolorida tenía un fuerte efecto analgésico, más intenso cuanto más empático era su compañero.

A este fenómeno lo llaman tacto curativo o analgesia inducida por el tacto. Y alertan de que está en peligro en esta era “en la que hemos desarrollado muchas maneras nuevas de comunicarnos pero cada vez interactuamos menos físicamente”, en palabras de Pavel Golstein, autor del estudio.

 

Te puede interesar:

 

*Referencia: Noticias Heraldo: Por qué si me cogen las manos cuando algo me duele, el dolor se calma

 

Mirar al mar produce cambios increíbles en nuestro cerebro #EstudioCientífico

Con la nostalgia propia del fin de las vacaciones todos recordamos el mar y las sensaciones de paz y tranquilidad que nos provoca. No es ningún secreto, la mayoría de las personas experimenta una agradable sensación de calma, relajación y bienestar cuando está cerca del agua, pero ¿por qué? Los neurocientíficos demuestran que no es solo una percepción subjetiva sino que realmente se producen cambios en nuestro cerebro.

A través de un proyecto llamado BlueHealth, la investigadora Lora Fleming y su equipo de la Universidad de Exeter, en Inglaterra, demostraron el impacto que tiene el mar y sus olas en la mente humana.

De base, nuestro cerebro está sometido a una continua sobreestimulación que impide lograr un verdadero estado de relajación, admirar al profundidad del mar y escuchar su sonido nos permite entrar en una fase de desconexión momentánea, recrea una especie de burbuja alrededor y aporta unas ‘vacaciones’ verdaderas a nuestro cerebro pasando del modo ‘ocupado’ al modo ‘relajado’.

Según el estudio, el sonido de las olas del mar activan la corteza prefrontal del cerebro, un área asociada a las emociones, haciendo que la capacidad de bienestar y autoconocimiento se amplíe. Además, tienen el poder de regular los niveles de serotonina, sustancia química producida por el organismo responsable de la mejora del estado de ánimo y de la reducción de la ansiedad.

Se constató también que el cortisol, la hormona del estrés, reduce sus niveles en el organismo con el ruido de las olas del mar, que tiene patrones de volumen y frecuencia armónicos y relajantes. El sonido generado por el mar puede remitirnos a los ruidos que oímos cuando estábamos en el vientre materno, lo que genera un gran impacto emocional inconsciente en lo que se refiere a la protección y la seguridad.

El entorno en el que nos desenvolvemos está cargado de iones, tanto negativos como positivos. Se ha demostrado que los iones positivos, como los que emiten la mayoría de los equipos electrónicos, merman nuestra energía. Al contrario, los iones negativos, que son comunes en el mar, generan un estado de activación positiva. De hecho, un estudio realizado en el Mount Carmel College de Bangalore desveló que los iones negativos tienen un efecto positivo en nuestro desempeño cognitivo (memoria, atención, creatividad y toma de decisiones).

El mar inspira… ya lo decía Neruda sin saber de la ciencia que escondía: “Necesito del mar porque me enseña”.

 

 

La canción más relajante del mundo

En el post anterior destacábamos la relación entre la música y el estrés y de cómo determinadas melodías favorecen la reducción de la ansiedad y el aumento de la eficacia en tareas concretas.

La música nos permite relajarnos a través de un proceso físico, las vibraciones melódicas se ajustan hasta lograr un mismo ritmo y podemos conseguir disminuir el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, o la tensión muscular. Incluso hay estudios que correlacionan la música con una gestión del dolor crónico más efectiva.

Neurocientíficos de Reino Unido han especificado qué melodías pueden conseguir fácilmente estos efectos en nuestro cuerpo y mente. El estudio se realizó con participantes que intentaron resolver acertijos complejos lo más rápido posible mientras estaban conectados a sensores. Los rompecabezas indujeron un cierto nivel de estrés, entonces los participantes escucharon diferentes canciones mientras los investigadores medían la actividad cerebral y los estados fisiológicos, que incluían la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la frecuencia respiratoria.

Según el Dr. David Lewis-Hodgson de Mindlab International, autor de la investigación, la siguiente canción produjo un mayor estado de relajación que cualquier otra música probada hasta la fecha. De hecho, escuchar esta única canción, “Weightless” (sin peso), resultó en una sorprendente reducción del 65% de la ansiedad general de los participantes, y en una reducción del 35% en sus tasas de descanso fisiológicas habituales.

El grupo que creó “Weightless“, lo hizo en colaboración con terapeutas de sonidoSus armonías, ritmos y líneas de bajo cuidadosamente arreglados ayudan a disminuir la frecuencia cardíaca de un oyente, reducen la presión arterial y reducen los niveles de la hormona del estrés (cortisol).

Cuando se trata de reducir la ansiedad, las apuestas no podrían ser más altas. El estrés exacerba el riesgo de problemas de salud como enfermedades del corazón, obesidad, depresión, problemas gastrointestinales, asma, etc. Aún más preocupantes son los resultados de un estudio reciente de Harvard y Stanford, que descubrió que los problemas de salud debidos solo al estrés laboral causan más muertes que la diabetes o el Alzheimer.

La ciencia es clara: si quieres que tu mente y tu cuerpo duren, debes priorizar darles un descanso. La música es una forma fácil de aliviar la presión de todo lo que pueda aumentar tu nivel de estrés. Y aquí tenéis el top ten de canciones que podrás escuchar para bajar pulsaciones:

10. “We Can Fly,” by Rue du Soleil (Café Del Mar)

9. “Canzonetta Sull’aria,” by Mozart

8. “Someone Like You,” by Adele

7. “Pure Shores,” by All Saints

6. “Please Don’t Go,” by Barcelona

5. “Strawberry Swing,” by Coldplay

4. “Watermark,” by Enya

3. “Mellomaniac (Chill Out Mix),” by DJ Shah

2. “Electra,” by Airstream

1. “Weightless,” by Marconi Union

 

*Fuente de consulta: Inc.

Descubren cuál es la música más adecuada para reducir el estrés de cada trabajo

Que la música amansa a las fieras es una realidad. La terapia del sonido ha sido popular durante siglos como una forma de relajar y restaurar la salud. Ya las culturas indígenas utilizaban la música para mejorar el bienestar y mejorar las condiciones de salud.

En los años 70, una serie de experimentos científicos reveló la relación entre la reproducción de música de fondo durante la ejecución de un trabajo repetitivo y la eficiencia en la realización de dicha tarea.

Recientemente los estudios sobre el tema siguen replicando aquellos primeros resultados, pero además establecen qué estilo de música favorece una acción en concreto, reduciendo el estrés hasta en un 65% y aumentando la eficacia y la rapidez en una determinada labor en más del 80%.

El Dr. David Lewis-Hodgson de Mindlab International solicitó a 26 participantes que resolvieran durante cinco días seguidos una serie de tareas en un ordenador mientras escuchaban distintos temas o cuando no había ningún sonido. Estas fueron sus conclusiones:

Si tienes que trabajar con cálculos numéricos o prestar atención a los detalles, lo mejor es la  música clásica. Los aciertos de los participantes se incrementaron un 12% con respecto a si ejecutaban esas tareas sin sonido alguno. La música clásica fue, además, el segundo tipo de música más valorado para la corrección ortográfica.

Si tu trabajo consiste en introducir datos o hacer correcciones ortográficas rápidas, la música más eficaz es el pop. Este sonido anima cuando se requiere velocidad. Igualmente, la música de baile impulsa este tipo de tareas. La eficacia, según el estudio, aumenta con respecto a hacerlo sin sonido de fondo. Es de suponer que si se realiza un trabajo monótono, una música que eleve el estado de ánimo ayuda a no distraerse y a hacerlo más llevadero.

Si tienes que resolver ecuaciones, la mejor música es la ambiental. Aquí se engloban aquellas melodías que escuchamos en ascensores o aeropuertos, que pasan inadvertidas, pero que tranquilizan. Un ejemplo: los temas compuestos por Brian Eno.

Si tienes que corregir o resolver problemas, la música de baile es lo tuyo. Este género ayudó a los participantes en el estudio a aumentar la precisión en los ejercicios de corrección ortográfica, ecuaciones matemáticas y velocidad de lectura hasta en un 20%.

Y mañana… descubriremos cuál es la canción  más relajante del mundo según la ciencia… no os lo perdáis!

 

 

*Referencia: Laboratorio de Felicidad 

 

 

¿Sabes cómo funciona tu cerebro con Tinder?

La revolución tecnológica tan vertiginosa que hemos vivido en la última década no solo ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás, también tiene efectos en nuestra propia neurobiología. Aplicaciones para ligar, como el conocido Tinderofrecen un ‘catalogo’ de hombres y mujeres dispuestos a encontrar el amor, o no tanto…

El funcionamiento es sencillo, a través de fotografías nosotros decidimos si nos gusta o no y, en el primer caso, entablamos una conversación. El problema es que nuestro cerebro no esta preparado para esto. Realmente estamos programados para juzgar a los demás en movimiento, necesitamos de gestos, sonrisa, forma de hablar, etc para establecer una asociación a largo plazo; estas aplicaciones, por contra, estimulan la búsqueda de aventuras amorosas cortoplacistas.

Esto no quiere decir que las aplicaciones de citas tengan la culpa de la fobia al compromiso, pero sí que facilita que este tipo de personalidades den rienda suelta a sus impulsos a través de estas ‘citas en línea’.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro? Según ha descrito Rob Henderson a partir de un estudio del Donders _Center for Cognitive Neuroimaging_ de Holanda:

«La región involucrada en el procesamiento de recompensas químicas es más activa cuando vemos caras atractivas. Esto, sumado al factor de impredecibilidad (no sabes cuando un supermatch te dará like ni cuando un match contestará a tu mensaje), aumenta todavía más el circuito de recompensas. La consecuencia de este chute químico es evidente: nos mantiene expectantes y enganchados irremediablemente. Completamente similar al funcionamiento de las adicciones.

Tinder modifica ciertas respuestas de nuestro cerebro. Inicialmente, la activación dopaminérgica —la misma que proporciona agradables sensaciones de recompensa—solo tendrá lugar si se recibe una respuesta de la persona seleccionada (en nuestro caso, un match a través de la app).

No obstante, conforme se haga mas frecuente la utilización de Tinder, el organismo acabará generando dopamina no sólo al recibir un match, sino también ante señales que predigan que la respuesta va a llegar.

Esta simplificación para recibir una recompensa química ante simples modificaciones que hagan sospechar la proximidad del match, traducido a un lenguaje más comprensible, será indicativa de que se ha instaurado una adicción. Por ello, el mejor modo de detección y prevención de esta situación, es ser consciente de ello y de las consecuencias negativas inherentes al abuso — y consecuente enganche — a cualquier red social.»

Utilizar estas apps, reduce las probabilidades de encontrar una relación estable y duradera. El deseo de establecer una relación no esporádica se desvaneceen parte debido a que en las aplicaciones, el usuario siempre encontrará nuevas y más atractivas opciones que le animarán a salir con alguien más y distinto a la persona anterior.

La consecuencias serán la predisposición a la adicción a las app y, paradójicamente, la disminución de las probabilidades de establecer una  relación sólida e intensa a la vez.

 

*Fuente de consulta: Rob Henderson – The Science Behind What Tinder Is Doing to Your Brain (2018)

Un corazón roto no debe ser menospreciado: Las emociones también duelen (literalmente)

Por horrible que parezca el dolor es necesario. Funciona como una señal de advertencia que nos dice no solo cuándo debemos evitar las amenazas físicas, sino también cuándo debemos evitar las amenazas sociales (por ejemplo, el aislamiento social , una mala relación) que pueden amenazar nuestra supervivencia. Ya hay investigaciones que demuestran que el dolor que sentimos cuando hieren nuestros sentimientos es real.

Por ejemplo, un reciente estudio concluyó que incluso la exclusión en las salas de chat en línea ya conduce a sentimientos autoinformados de ira, tortura y dolor. Pues supongo que más aún cuando te ocurre en la realidad, en situaciones como que te aparten del contacto visual directo mientras hablas, que no te respondan, acompañen, que te ignoren o peor, que recibas malas palabras que te hieran.

Y sí, duele, en el más estricto sentido de la palabra. El dolor social y físico comparten fundamentos neurológicos similares. 

Resulta que ambos daños no son tan diferentes. En el estudio de Hallmark sobre el dolor psicológico, los investigadores usaron imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) para examinar la actividad cerebral de los participantes. Encontraron que las regiones cerebrales previamente asociadas con el dolor físico se activaban durante las experiencias de rechazo emocional.

Esta misma actividad cerebral (en la corteza cingulada anterior dorsal) predijo los autoinformes de los participantes sobre el rechazo social. En otras palabras, aunque el dolor emocional y físico parezca tan diferente, los procesamos de manera similar.

Seguro que a todos nosotros nos han roto el corazón alguna vez y hemos tenido por delante la ardua tarea de intentar recomponernos. El corazón roto duele, nos duele realmente. Otro estudio ya lo demostró hace más de cinco años: Los participantes del experimento pasaron por dos tareas diferentes bajo fMRI. En la primera, diseñada para provocar dolor físico, los participantes se sometieron a “estimulaciones térmicas” en sus brazos. En la segunda tarea, diseñada para inducir dolor psicológico, los participantes vieron imágenes de los ex, con los que habían terminado su relación recientemente.

Los resultados indicaron que se activaron regiones cerebrales similares (es decir, corteza somatosensorial e ínsula posterior dorsal) en las dos condiciones. Una vez más, el dolor físico y el dolor social fueron procesados ​​de manera similar por nuestros cerebros. Un corazón roto, entonces, no debe ser trivializado.

 

*Fuente de consulta: Psychology Today

¿Existe realmente la crisis de los 40?

Un lector del blog me planteaba esta pregunta para tratarla desde el punto de vista de la psicología; porque es cierto que todos la hemos escuchado alguna vez, pero ¿tiene sustentación que cuando cumplimos 40 años nos revolucionamos y nos replanteamos nuestra existencia?

Realmente es una teoría extendida a través del cine, la literatura…. pero sí, tiene que ver con la psicología porque al parecer fue un psicólogo, Elliot Jacques, quién en 1965 determinó el concepto de ‘midlife crisis(crisis de la mitad de la vida) para referirse a “artistas y compositores que se aferraban a una imagen juvenil y huían de la idea siquiera de la edad y la muerte, pero el término se fue popularizando y una encuesta en 1994 indicaba que el 86% de los adultos jóvenes cree en estas crisis. Algo que pocos años antes ni siquiera tenía un nombre, es ahora una realidad que afecta -supuestamente- a casi todo el mundo.” Según afirma el neurobiólogo José R. Alonso.

Fotografía Pixabay Free License

Fotografía Pixabay Free License

Esta ‘supuesta crisis’ a nivel psicológico y emocional se da cuando a una determinada edad tienes la percepción de que te han pasado muy rápido los años vividos, que ya dejas de ser ‘joven’ y te planteas un balance vital para contrastar las expectativas que tenías de tu yo adulto cuando eras adolescente y valorar lo que has cumplido y lo que no. Si el resultado de este contraste te parece negativo, puede generar estrés y ansiedad y la impulsiva necesidad de realizar cambios drásticos para compensar este declive vital.

Este proceso es real y seguramente a todos nos pase en algún punto de la vida, pero en mi opinión no va ligado a una edad determinada, sí que puede ir asociado a una situación específica relativamente traumática que nos haga parar y pensar. Esto puede ser una pérdida del trabajo a los 42 años, un divorcio a los 35, la salida de los hijos del hogar a los 58 años o una enfermedad a los 47. Podemos achacarlo a la edad, pero es algo totalmente ajeno a ello en realidad.

Todos sentimos pánico conforme cumplimos años y nos alejamos de la divina juventud, porque al final, la juventud es algo vanagloriado a nivel físico y mental. Pero según el neurobiólogo antes citado: “En realidad, nadie puede negar que la edad va produciendo, lentamente, cierto deterioro físico, pero la neurociencia muestra que el cerebro maduro es más flexible y adaptable que lo que se pensaba no hace mucho tiempo. Con los años, los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro muestran mayores niveles de integración, lo que es una puerta abierta a una mayor creatividad.

La edad también atempera los sentimientos negativos, las emociones descontroladas y mejora el juego social, sabemos gestionar mejor las situaciones en las que interactuamos con personas de distintos tipos y distintas edades. Los cerebros de más años tienen codificados millones de memorias y conocimientos, una ventaja impresionante e imposible de compensar. Es posible que se pierda algo de velocidad de procesamiento en nuestros circuitos neuronales, pero nuestros datos almacenados son mucho más ricos y están mucho mejor conectados entre sí. Por lo tanto, lo que nos dicen los estudios científicos es que en la edad madura, el cerebro está dispuesto para afrontar nuevos retos, con un desarrollo máximo de su capacidad, con el refuerzo positivo de la experiencia y con todo el potencial para afrontar nuevos objetivos y conseguir alcanzarlos.”

Para quién quiera saber más desde el punto de vista biológico os dejo aquí el artículo de este experto, José R. Alonso: El mito de la crisis de los 40. Es de lo mejor que he encontrado en la red, coherente, bien documentado y además cita algunas otras fuentes adicionales muy interesantes.

La crisis está en ti y tus circunstancias (a lo Ortega y Gasset), y no en tu edad.