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"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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Rajoy y Sánchez: lo que se ve y lo que no se ve, que también cuenta

Se produce el primer encuentro de esta legislatura entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, que se reunieron ayer en Moncloa durante más de dos horas. El líder del PP ha salido a recibir al secretario general del PSOE en las escalinatas del palacio, donde los dos han posado sonrientes ante los medios de comunicación y se han estrechado la mano mientras intercambiaban unas palabras.

Esta reunión nada ha tenido que ver con el ya viral ‘no saludo’ entre ambos mandatarios. En esta ocasión, el saludo y las sonrisas reflejo de un verdadero estado positivo y sintonía entre ambos son bien reales. Si vemos, en este apretón de manos hay horizontalidad, no hay dominancia ni sumisión, desprende igualdad, conexión de tú a tú, entendimiento. Podemos observar cómo hay un contacto visual directo, acompañado de una sonrisa social y rostro amable.

Sorprende la armonía no verbal que se desprenden de las imágenes. El único gesto que revela cierta ansiedad es el que realiza Rajoy en su breve conversación con Sánchez, se frota las manos, en un gesto automanipulador que denota impaciencia, ganas de iniciar algo, en este caso, se entiende que la conversación pendiente.

Y tan importante es valorar lo que se ve como lo que no se ve. Podemos ver gestos ausentes que dicen mucho. Justo en mi último post, os enseñaba un sencillo truco para detectar la hostilidad en personas que pretenden ocultarlo.

Esta señal es la de apretar la mandíbula, que por cierto, me viene genial como ejemplo señalar a Pedro Sánchez como un habitual de este gesto. En los momentos en los que tiene que afrontar una situación difícil, está tenso o incómodo siempre aprieta la mandíbula de forma muy visible. En esta ocasión no lo hace en ningún momento. Ambos están relajados, tranquilos y afables realmente. Su postura también es fluida, coherente y con un perfecto rapport.

[Off the record: No dejan de sorprenderme estas reacciones emocionales calmadas, distendidas, positivas… después de todo lo que éstos y otros se han llamado y han pasado… Hemos analizado momentos muy duros protagonizados por ambos y parece que ahora todo queda atrás… ¿qué capacidad de reponerse no?]

 

 

“Prefiero a Irene Montero que a Pablo Iglesias”. Moción de censura y gazapos no verbales

De verdad que no me gusta ser tan crítica con algo tan personal como es la comunicación no verbal. Pero es que nuestros políticos suspenden en oratoria y lenguaje corporal. Prácticamente no se salva ninguno de caer en la verborrea y artificialidad al expresar sus ideas o rebatir la posición contraria.

Pablo Iglesias ha perdido mucha fuerza, mide y racionaliza demasiado, perdiendo esa esencia espontánea y vehemente de hace años. ¿Las manos en los bolsillos? Sí, Iglesias ha intervenido en el hemiciclo, en su momento más álgido, con una mano en el bolsillo. Esta acción se asocia al pasotismo, la indiferencia, e incluso a cierta chulería, desde luego, no es la postura más idónea para dirigirse a una audiencia. Igualmente este recurso ha sido utilizado por Rafael Hernando, del Partido Popular, muy socarrón y con desprecio en sus palabras y actitud.

Mariano Rajoy, a pesar de sus ya virales lapsus linguae, se ha manifestado bastante natural para lo que nos tiene acostumbrados. En palabras del experto J.L Martín Ovejero:

“He analizado muchísimas veces tanto a Iglesias como a Rajoy, pues en esta ocasión, a nivel no verbal ha comunicado mejor Rajoy, excepcional en esta contienda cara a cara. Tampoco es que haya sido un modelo comunicativo, pero ha sido menos esclavo del papel, sus manos han estado mas libres, ha sido menos plano en su paralenguaje. Iglesias casi no levanta la mirada de los folios y su postura es muy estática, le veo el más nervioso, con el recurso al vaso de agua en cada parada, como un gesto apaciguador más que para hidratarse la garganta.”

Sin embargo, me ha sorprendido gratamente Irene Montero, ha sido sin duda la intervención más emocional, vehemente y con ira, emoción negativa, pero emoción al fin y al cabo; ha expresado la fuerza de sus convicciones, al menos su lenguaje corporal es totalmente congruente con su discurso verbal. Recordemos que en la transmisión del mensaje no es sólo importante lo que se está diciendo, sino como la voz del orador te guía y te dice como deberías sentirte.

Las palabras no son tan relevantes, puede que no recuerdes el mensaje cuando deje de hablar, pero sí que sientes algo muy potente dentro de ti asociado a una idea. Hay que evitar ciertas expresiones negativas y potenciar las positivas para completar el discurso y, en general, nos encontramos con excesivas expresiones faciales de ira y desprecio, dedos acusadores, esclavos de la lectura del papel y del bolígrafo en la mano, principales enemigos de un buen orador, de un líder.

¿Serán conscientes del poder que tiene su comunicación no verbal? Desde luego hay mucho que mejorar y un largo camino por delante…

La lectura de labios y los gestos protagonistas del debate de investidura

Lo que no se dice, o lo que se dice creyendo inaudible, adquiere cada vez mayor relevancia en los debates políticos. Me declaro fan incondicional de los micrófonos cerrados y la lectura de labios, que revelan por ejemplo el “qué sinvergüenza” de Cospedal o el “vaya gilipollas” de Rivera. Realmente eso es lo que comunica la conducta no verbal, esos calificativos suelen ser coherentes o se sustituyen por expresiones faciales de asco, desprecio, o ira, mucha ira.

Estas expresiones faciales las podemos apreciar repetidamente en el rostro de ‘todos’, no se libra nadie. Muy significativa la ira de Rivera cuando ha hecho referencia a lo que ha denominado “viejas cañerías” que se seguirán manteniendo con el nuevo Gobierno. La agresividad de Iglesias, con su ya típico ceño fruncido, gestos elevados, y mucho puño cerrado, al hablar de corrupción, por ejemplo, pero también mientras abandona el pleno de investidura (junto a sus diputados) en señal de protesta contra Ana Pastor por no darle la palabra cuando creía que le correspondía el derecho a réplica.

Mariano Rajoy ha mostrado un lenguaje corporal comprometido e implicado con su mensaje, se ha evidenciado con su gestualidad de manos congruente con lo expuesto y por los golpes de voz marcados en aquello que consideraba más importante. Aunque la ira vuelve a aparecer, en ocasiones, su dedo acusador se manifiesta en sus momentos más agresivos. Hernando fue de menos a más, comenzó muy tenso, sobre todo al referirse a la abstención y al deber que su partido tenía para con los ciudadanos. Sus brazos estirados así lo demostraban. Según fue entrando en contenidos se relajó y se le ha visto muy implicado a nivel gestual con sus palabras, muy convencido de las mismas en las críticas a Rajoy.

Merecida mención también para Pedro Sánchez, que reaparece con atuendo informal; a veces se le veía muy ido, ausente y distraído. En los aplausos dirigidos para el ahora el representante del PSOE, en ocasiones, Hernando era interrumpido por los aplausos de su grupo, y Sánchez no solo no aplaudía, sino que incluso miraba hacia otro lado. Ahora bien, al concluir su intervención sí se ha levantado e hizo lo propio.

El punto de afecto positivo se lo lleva la formación de Unidos-Podemos, que se lo ha pasado genial con las ironías de Mariano Rajoy.

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*Fuente de referencia: martinovejero.com

El lenguaje corporal delata a Mariano Rajoy al hablar de Soria

337020-944-1416El ahora ex ministro José Manuel Soria fue muy polémico por su relación con los papeles de Panamá (para ver el análisis de su comunicación no verbal en aquella decisiva comparecencia, pincha aquí), tras el escándalo, Soria ocupará el cargo de director ejecutivo en el Banco Mundial. El aluvión de esperadas críticas al PP ha provocado la forzada explicación al respecto por parte de Mariano Rajoy.

Desde luego, su comunicación no verbal no tiene desperdicio, el tiempo de argumentación ha sido muy limitado, pero sí que se filtran detalles interesantes en su comunicación más inconsciente.

La respuesta inicial que da es “no sé nada, lo único que sé es que se fue de la política” (…) “no va a volver a la política nunca más”. Desde el principio ya intenta eludir su conocimiento directo en el proceso, es como si todo lo acontecido escapara a su saber, utiliza muchos generalizadores totalitarios: nada, nunca (y más adelante: absolutamente nada más), son palabras de relleno que sirven de pantalla para no dar información o detalles concretos y no incurrir en errores o contradicciones, además intenta distanciar a Soria de su partido y de la política, quiere distanciarse del hecho, transmitir una absoluta desvinculación.

De hecho su palabra más repetida es ‘funcionario’, la pronuncia hasta la saciedad para no categorizarlo como político (que es lo que ha sido toda su vida) sino que intenta asociar la imagen de Soria como la de un civil más que ha conseguido el actual puesto ‘opositando’.

A lo largo de todo el discurso Mariano Rajoy se encoge de hombros en numerosas ocasiones (he contabilizado más de diez en pocos segundos de duración del vídeo), este gesto es un emblema de duda, filtra la inseguridad y la falta de convencimiento en lo que uno verbaliza. También se ejecuta este gesto de forma consciente con la pretensión de quitarle importancia a un tema transcendente que se debe tratar.

Captura de pantalla 2016-09-05 a la(s) 21.56.04Por último, son significativos sus gestos cortantes hacia los profesionales de prensa, quiere zanjar el asunto cuanto antes en una señal de stop intensa con el brazo, algo agresiva hacia quien le formula algunos interrogantes. Cuando escucha la incisiva pregunta, su expresión corporal indica agresividad contenida, se agarra al atril y se inclina hacia adelante, intenta sostener la mirada, pero acaba en ambas ocasiones bajando la mirada hacia sus papeles, en un ademán inútil de intentar leer algo para responder (ya que no lo necesita), por tanto denota ciertos matices emocionales de vergüenza.

Lástima que el periodista, entiendo que agobiado por una única oportunidad para intervenir, le realice dos preguntas simultáneas, una sobre Soria y otra sobre las elecciones, evidentemente Rajoy obvia la primera y se limita a responder a la segunda… por otra parte, muy reveladora esta acción también…

 

La emoción de ira, protagonista en el debate de investidura

Captura de pantalla 2016-08-31 a la(s) 16.55.58Salvando la socarronería momentánea de Mariano Rajoy que despertaba algunas sonrisas en la audiencia, sobre todo la de Pablo Iglesias, las emociones predominantes han sido muy negativas e intensas, sorprendentemente intensas. Este nivel de expresión emocional de ira da buena cuenta de que todo el cruce de acusaciones entre unos y otros es tomado como un ataque personal, que no hay una simple disparidad de opiniones entre partidos con ideologías diferentes, sino agresividad directa de un candidato a otro.

Todo ello se refleja en las expresiones faciales (ira, asco y desprecio), en la ruda gestualidad que acompañaba al discurso (puños cerrados, dedos acusadores, gestos de látigo, inclinación vehemente al hablar), y en una prosodia emocional excesivamente alta y acelerada. Esta ha sido la tónica general en la conducta observable del debate.

Mariano Rajoy fue retomando la emoción en el transcurso del encuentro y tras los ataques directos, porque antes de esto su pasión, energía, fuerza, y emoción para comunicar estaban totalmente aletargadas, se mostró muy plano, leyendo sin parar, con una total falta de espontaneidad en su expresión.

Albert Rivera pareció el más conciliador de todos, su comunicación no verbal era coherente con el rol que desempeña ahora en la coyuntura política, gestos mediadores, mantenía una calma más natural, no reprimía sus emociones y como viene siendo ya costumbre en él, su discurso era menos leído, más sentido y todo ello acompañado siempre de los gestos ilustradores, que son los que denotan sinceridad y compromiso con lo que se dice.

Captura de pantalla 2016-08-31 a la(s) 16.33.27

Foto extraída de El Mundo

Sin duda, los dos candidatos que más han adolecido de un constante ceño fruncido son Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, en el primero es un gesto más habitual en su línea base de expresión, porque también utiliza la ira como medio para canalizar la intensidad y pasión de lo expuesto. Pero me ha sorprendido especialmente la de Sánchez, es un rostro de ira de un nivel muy elevado (en un momento determinado), podemos observar la presión en los labios y la mandíbula, que indican un intento por reprimir la emoción, las aletas de la nariz muy abiertas, muestra de la agresividad contenida, y el ceño fruncido que termina por formar esta elocuente expresión hostil.

Esta emoción de ira es bastante relacional con el contexto en el que aparece, se relaciona sobre todo con la impaciencia y con una necesidad imperiosa por solucionar una circunstancia problemática. La provocan factores cómo la frustración, situaciones injustas, inmovilidad, o atentados contra los valores morales. Como podemos comprobar todos estos estímulos son congruentes con la experiencia vivida por Sánchez y por todos los candidatos en estos difíciles momentos políticos.

 

La ilusión de Albert Rivera frente a la resignación de Mariano Rajoy en el pacto de investidura

(EFE)

(EFE)

En el día de ayer se reunieron los líderes de PP y Ciudadanos para la firma de un acuerdo de cara a la próxima investidura. Para detectar las emociones reales tenemos que ir más allá de la foto, una instantánea en la que, por supuesto, ambos aparecen con una sonrisa social, posada, como haríamos todos para transmitir positivismo de cara a la galería. Analizando la secuencia completa podemos apreciar diferentes detalles espontáneos que señalan estados emocionales más auténticos.

Albert Rivera estaba como un niño con zapatos nuevos, no paraba de moverse inquieto, impaciente, deseoso de culminar el acuerdo. En su comparecencia individual sus sonrisas eran genuinas, en algunos momentos incluso reprimidas, estaba tan alegre que debía intentar serenarse y no dejarse llevar por la euforia (no entiendo por qué), en definitiva, estaba contento, ilusionado, de hecho fue el responsable de explayarse algo más en las explicaciones sobre el acuerdo.

Rivera transmitía pasión desgranando los detalles del proceso, se regocijaba en cada palabra, su prosodia emocional (velocidad, ritmo, tonalidad de la voz, etc) ha sido en esta ocasión especialmente intensa, el canal paraverbal ha sido el que más ha transmitido este entusiasmo y optimismo.

La disposición de Mariano Rajoy ha sido justamente la contraria, serio, desganado, muy neutral y poco comprometido en su discurso. Utilizaba constantemente los pronombres indeterminados, distanciándose así de su participación directa en el proyecto (“creo que se ha trabajado bien”, “que se ha hecho con intensidad”).

Además, su expresión facial no era coherente con lo expuesto, afirmó estar “muy contento” con un rostro absolutamente inexpresivo, más bien serio y sutilmente enfadado. Su lenguaje corporal así como la intensidad vocal eran totalmente planas y carentes de emoción.

Parece ser que estamos ante dos actitudes muy opuestas frente a un mismo propósito común; el deseo y la ilusión frente a la necesidad y la resignación. 

[Nota: No me olvido de la prometida segunda parte de mi último post: ¿Por qué interrumpimos a los demás? La actualidad manda, pero mañana continuaremos con las posibles soluciones para evitar estos cortes a nuestro interlocutor y trabajar más y mejor la escucha activa. Gracias a tod@s por vuestro interés. 🙂 ]

Mariano Rajoy elude su responsabilidad (no verbal) ante la posibilidad de terceras elecciones

(Captura de archivo)

(Captura de archivo)

Hay una parte muy interesante en comunicación no verbal que analiza el contenido de un discurso; los pronombres, los tiempos verbales, los adjetivos, e incluso el orden de las palabras que elegimos no son azarosas. A este estudio se dedica la Psicología del Testimonio, a través de este tipo de análisis podemos identificar ciertos patrones de pensamiento filtrados que pueden ser muy reveladores para, por ejemplo, detectar ciertos indicadores de engaño, pero también para identificar las emociones, actitudes o posturas reales sobre lo que se está declarando.

Lo primero para ello es establecer una línea base, no hay indicadores verbales/no verbales que por sí mismos signifiquen algo concreto, pero sí serán clave los cambios en la manera de expresarse o comportarse de uno mismo. Justo esta alteración del patrón ha ocurrido en las últimas declaraciones de Mariano Rajoy tras su reunión con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

En esta última intervención nos encontramos a Rajoy más nervioso e incómodo que en la cita anterior con el representante de Ciudadanos, ahora está más tenso, más inquieto, sus gestos automanipuladores son incesantes (se coloca el traje, se toca el reloj, se agarra sus manos, etc) filtran el estrés y la ansiedad de su estado emocional actual.

Lo más significativo, tal y como recoge también mi colega experto en comunicación no verbal J.L Martín Ovejero, es un detalle que se transmite a través de las palabras elegidas. Mariano Rajoy es una persona que habitualmente se compromete y deja constancia de su protagonismo en todo lo que dice, y en esta comparecencia también lo hace, “YO he convocado está reunión, “MI partido”, tanto es así que llega a decir “El Comité Ejecutivo de MI partido me ha autorizado a MI y a la dirección nacional del partido a negociar con Ciudadanos”. Se adjudica la iniciativa y los intentos de negociación a sí mismo de forma tajante y absoluta, pero además, en esta última frase incluso se cita a él mismo por delante de la Dirección.

Bien, hasta aquí como vemos, todo corresponde a un patrón repetitivo y usual en él, ¿dónde viene el cambio? Justo cuando se refiere a la repetición de unas terceras elecciones, aquí transfiere y diluye su protagonismo, y por tanto, la responsabilidad de este acontecimiento al Partido Popular en general. En este instante ya de repente desaparece la figura de Mariano Rajoy para adjudicarle el fracaso de la investidura a la formación política en el sentido amplio del concepto, sin autor de los hechos. Juzguen ahora ustedes mismos: “Si el Partido Popular no consiguiera sacar adelante la investidura lo más probable sería la repetición de elecciones“.

De esta forma podemos inferir cómo el líder del Partido Popular se atribuye directamente los méritos y éxitos de su grupo político, pero evita la responsabilidad directa de su persona ante el posible fiasco en la próxima sesión de Investidura.

Las claves no verbales de la reunión entre Mariano Rajoy y Albert Rivera

Tal y como apuntaban ayer los compañeros de Gonzoo en 20 minutos, “Mariano Rajoy se viste de Ciudadanos para su entrevista con Rivera”, y yo añadiría el viceversa, Albert Rivera se viste con la formalidad propia de Rajoy para este encuentro. Y es que nada queda a la improvisación, de estos pequeños detalles se pueden extraer singulares interpretaciones.

Es curioso que no se pongan de acuerdo, ya que en la anterior ocasión era Rivera quien se quitó la corbata y Rajoy quién la mantuvo, si bien es cierto que a lo largo de este último año el líder del PP ha roto el protocolo, con la ausencia de esta prenda, en varias ocasiones significativas tal y como analizamos en su primer vídeo de la precampaña electoral. Evidentemente la apariencia que proyecta Rajoy está más rejuvenecida con este estilo muy de Ciudadanos (camisa blanca, americana y sin corbata), es más distendida y cercana. Está claro que ambos quieren acercar posturas y esto también se aprecia en sus atuendos.

La expresión facial de Rivera en la reunión de ayer nada tenía que ver con la mostrada el día anterior, cuando exponía sus seis condiciones para votar favorablemente al Partido Popular en la sesión de investidura, en la que se mostró serio, tenso, intenso en su expresión, e incluso en algunos momentos con ira. En la cita de ambos, permuta su conducta por una gestualidad más relajada, sonrisas amplias y espontáneas, tiene un ánimo mucho más positivo. Aún así antes de la reunión se le ve tragar saliva con dificultad, removerse ansioso en su silla y con algunos gestos manipuladores (se frota las manos, se toca la chaqueta, etc) que dan cuenta de la importancia del momento para él.

El saludo entre ambos es muy correcto y horizontalmente en sintonía, no hay rol de dominancia/sumisión en ninguno de los dos, se estrechan la mano de igual a igual, no hay lucha de poder, hay conexión entre ambos. En ocasiones anteriores sí vimos una cierto halo de superioridad en Rajoy y más docilidad en Rivera (tal y como se muestra en el fotograma anterior). Parece que sus posiciones se acercan y su lenguaje corporal también lo hace.

 

Las diferentes conductas no verbales en las reuniones de Rajoy con Rivera, Iglesias y Sánchez

Mariano Rajoy ya ha culminado su primera ronda de reuniones con los principales líderes políticos del país ante la inminente sesión de investidura. Ya sabemos que en estas ocasiones nada queda a la improvisación, todos son muy conscientes de que son observados con lupa e intentan controlar al máximo cada movimiento. Aun así, esto no es del todo posible, por esto podemos observar distinciones notables que hacen peculiar cada uno de los encuentros.

Fotografía de agencia EFE

Fotografía de agencia EFE

En primer lugar Mariano Rajoy se reúne con Albert Rivera, en esta cita se observa, en general, buena sintonía, afecto, saludo distendido… Pero no estuvo exento de controversia no verbal, y es que el candidato de Ciudadanos se negó a repetir el protocolario apretón de manos ante la petición expresa de los medios de comunicación. ¿Cómo podemos interpretar esta contrariedad? Hay que tener siempre muy en cuenta la personalidad del individuo en cuestión, ya que es una variable siempre presente que condiciona cada una de las conductas que realizamos. En este caso, son sobradamente conocidos los rasgos de impulsividad, ansiedad e impaciencia de Rivera, por ello, yo apostaría más a interpretar esta negativa como producto de su ímpetu y prisas por cumplir el objetivo que por una aversión o hastío hacia ese contacto.

Fotografía de Juan Carlos Hidalgo/EFE

Fotografía de Juan Carlos Hidalgo/EFE

En el caso de Pablo Iglesias de nuevo hay que aludir a la tipología de personalidad para entender las diferentes posturas que adoptan ambos en su aparición pública. Pablo Iglesias se sienta en el sillón como si fuera el de su propio salón, si bien es cierto, que no es la primera vez que lo hace. Normalmente esta es la figura que adopta en estos encuentros, distendida, cómoda, informal, algo desaliñado mostrando la suela del zapato. Es algo que el líder del PP nunca haría, porque su condición le incapacita a perder la solemnidad, las formas reglamentarias de la política clásica. ¿Se trata entonces de un desdén hacia Rajoy? La respuesta sería afirmativa solo si estos gestos los hiciera con él, pero es que este ademán forma parte de su ser, Iglesias es indisciplinado, nada tradicional o protocolario en general y es por ello que esta pose no adquiere mayor relevancia.

Por último, lo más esperado, la cita entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, ya que en su anterior encuentro fue polémico el rechazo (con orgullo) del presidente en funciones al estrechar la mano del candidato socialista. Solo hay que ver las dos fotografías ilustrativas para corroborar que nos encontramos ahora un panorama totalmente dispar al descrito previamente. Rajoy significativamente más condescendiente y amable. Ambos líderes políticos se muestran mucho más sonrientes, relajados, con menos tensión y una postura entre ellos bastante similar, sincrónicos en sus movimientos y posiciones. Justo antes de estrechar sus manos ante los numerosos medios de comunicación se puede detectar, durante un par de segundos, una mirada y sonrisa cómplice entre los dos, parecieran que evocan en su foro interno la controversia desatada por justo aquel gesto que ahora afrontan con humor.

Cómo podemos observar el lenguaje corporal es una muestra de la personalidad pero también va evolucionando con el devenir de los acontecimientos, experiencias, motivaciones, intereses…

 

 

 

 

 

 

 

‘La buena mano’ de Obama en su visita a España

Manifestaba hace pocos días la ‘envidia carismática’ que emana Barack Obama en cada una de sus apariciones públicas. Ahora le toca el turno a España, en su breve visita, el presidente estadounidense se reunió con el monarca y principales representante políticos de nuestro país. Es curioso observar con detenimiento este tipo de encuentros y establecer las diferencias que se generan entre unos y otros en base a las distancias, gestos, posturas, etc.

La sintonía más notable la encontramos en el recibimiento de Felipe VI. Obama tiene ‘muy buena mano’ a la hora de gestionar cualquier interacción; al estrechar la mano del jefe de Estado acompaña su saludo de un toque con su mano izquierda, casi más bien, le coge el brazo. Tal y como apunta mi siempre acertado colega, Martín Ovejero: “El empleo del tacto, cuando se hace correctamente, tiene un efecto directo y muy positivo en la otra persona. En este caso, transmite interés, afecto, cordialidad, sintonía… Y como vemos en el vídeo, lo hace en dos ocasiones, primero con su mano izquierda y, al concluir el saludo, con la derecha: doble ración de afecto”.

Captura de pantalla 2016-07-10 a la(s) 21.48.54En este encuentro los gestos, posiciones y distancias denotan comodidad, sincronía, armonía en la conducta corporal de ambos, pero, ¿y en el que se produce con Mariano Rajoy? Ahí la mano de Obama refleja un estado diferente y adquiere un significado más dominante que afectuoso. En el fotograma vemos como a la entrada de Moncloa tras posar ante los medios, es Obama quien ‘empuja’ sutilmente con su mano a Rajoy para invitarle a entrar, ¿no debería ser al revés? 

Captura de pantalla 2016-07-10 a la(s) 21.51.06Ya en el interior, ambos se sientan, y de nuevo pareciera que es Obama quién está en ‘su casa’, se muestra relajado, sereno, con gestos de apertura e ilustradores contantes, sin embargo fijaos en la postura que adopta Rajoy, es una posición casi imposible, no es un gesto rápido capturado, sino de una postura prolongada en el tiempo, ésta refleja la tensión del momento.

Para alternar con la anterior postura decide colocar sus manos en forma de ojiva (juntando los dedos formando un triángulo), normalmente éste se interpreta como un gesto positivo, de confianza, seguridad y buena recepción de la conversación, pero no es un gesto ejecutado de forma relajada, aprieta los dedos, incluso a veces rompe el triángulo para entrecruzarlos, por tanto también nos vuelve a remarcar la falta de confort, nerviosismo y rigidez de la situación por su parte.

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