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Análisis no verbal: Ana Julia Quezada

Ana Julia Quezada durante la búsqueda del pequeño Gabriel. EFE/Carlos Barba

Hoy escribo con profunda tristeza uno de los análisis más duros a los que me he tenido que enfrentar. Sois muchos los que me escribisteis ayer pidiéndome que abordara el tema, que dijera algo que hubiera dado pista de la maldad oculta. También vi reproches a mis compañeros analistas diciendo que a “toro pasado” todo es muy fácil. Hay que entender que nosotros vemos ciertas expresiones o patrones de conducta que ya desde el inicio nos resultan incongruentes pero no podemos publicarlo y condenar a nadie por ello. Dentro de los cuerpos de seguridad del estado ya hay profesionales que hacen su trabajo en este sentido, su criterio es el que importa y el que es realmente útil para la investigación.

Dicho esto, en el caso de Ana Julia Quezada eran muchos los patrones de comportamiento incongruentes con la situación por la que estaba pasando. En primer lugar, uno de los indicadores que más nos llamaba la atención era su incapacidad para expresar la emoción completa de tristeza, ésta es una de las emociones primarias, genéticas y con una codificación facial específica difícil de simular, ya que el dibujo facial de la tristeza es una triangulación perfecta y significativa de las cejas. Vemos un claro ejemplo de este profundo sentimiento en el rostro de la madre del pequeño Gabriel y la comparación entre ambos fotogramas es bastante impactante. Podéis ver la diferencia en el siguiente vídeo, explicado por mi compañero José Luis Martín Ovejero.

Durante estos días he podido ver con detenimiento todas las apariciones de Ana Julia y en prácticamente todas sus intervenciones los gestos con su novio son más propios del control, la dominancia y la posesión que del consuelo. Resulta demasiado agresiva al contacto, constantemente le sujeta, le agarra, le abraza delante de las cámaras, he visto como hasta le viste y le sube la cremallera de la chaqueta, parece que su control sobre él es absoluto y continuo.

Hay expertos que también han detectado una sudoración y sequedad de la boca excesivos asociándolo al nerviosismo que realmente experimentaba. Puede ser, pero el problema de todo es que no tenemos la línea base de ella para poder defenderlo con rotundidad, pudiera ser que sea una persona que siempre suda más de lo normal.

Para mí, lo más revelador de todo lo que he podido ver está en unas declaraciones concretas a un periodista que le pregunta por ‘la casualidad’ de que Ana Julia encontrara la camiseta, a lo que ella responde “es extraño pero da igual, lo importante es que aparezca Gabriel” y desvía la mirada con una microexpresión de ira y profundo recelo hacia el periodista. Ese detalle tan importante no puede “dar igual” si realmente te importa y estás comprometido con el esclarecimiento del caso quieres profundizar sobre ello y no restarle importancia, minimizar el hecho, ni responder con evasivas para desviar la atención.

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Análisis No Verbal: Anna Gabriel y el gesto de sumisión (post ampliado)

La semana pasada analizamos el lenguaje corporal de Anna Gabriel en las declaraciones a los medios que ofreció desde Suiza (pincha aquí para leer el post). Nos centramos en analizar los patrones emocionales que desvelaran cuál era realmente su sentir ante la delicada situación, en este caso, destacaba por mucho la emoción de miedo.

Ahora he leído el análisis de mi colega de profesión José Manuel Petisco y me gustaría compartirlo con vosotros. Petisco es licenciado en psicología, profesor honorífico investigador por la UAH y experto en análisis facial, siempre es un acierto seguir sus análisis y conclusiones sobre comunicación no verbal. En el caso de Anna Gabriel se centra, además de en su apariencia, en un gesto que, según las últimas investigaciones, se asocia directamente con la afiliación, la solicitud de ayuda, la sumisión, cierto grado de victimismo y desprotección. 

Os dejo, además de un breve vídeo editado con sus comentarios, una segunda parte más amplia sobre su análisis y las base científica del trabajo realizado:

Está claro que Anna Gabriel es una mujer inteligente y sabe adoptar la apariencia que considera más adecuada para tratar de alcanzar sus objetivos. La apariencia es un canal de información no verbal muy potente que permite identificar a las personas y ella lo sabe.

Hasta ahora, a la exdiputada le ha interesado identificarse con determinada corriente política y social. Su sello de identidad ha sido vestir con esas camisetas con mensajes antisistema y lucir esos peinados y cortes de pelo “rompedores”. Pero, parece ser que ha llegado el momento de hacer como el camaleón y transformar su apariencia, probablemente porque su estrategia actual es tratar de empatizar con los ciudadanos y con las autoridades suizas. Al fin y al cabo, su futuro penal y laboral depende de ello. Su imagen pública ya no es tan coherente con las ideas que defiende, pero una cosa son las ideas y otra muy diferente la “supervivencia”.

Todos sabemos que mostrar una amplia sonrisa genera una reacción positiva en los demás. La utilizamos en múltiples situaciones sociales con la intención de ser amistosos, en otros casos como señal de apaciguamiento (por ejemplo cuando llegamos tarde a una reunión). La expresión facial en situaciones de alta activación puede mostrar emociones, pero en la mayoría de los casos está vinculada a la comunicación de intenciones, a motivos sociales. Para la Ecología del comportamiento, las conductas faciales de exhibición emocional son manifestaciones de la intencionalidad social (Fridlund, 1994). Según afirman Fernández-Dols y Crivelli (2013), diversos estudios naturalistas de tradición etológica han demostrado que las sonrisas, en lugar de ser explicadas como señales de emoción con un significado fijo, son mejor explicadas como conductas que satisfacen diversas funciones adaptativas y que tienen un valor referencial flexible.

Así, citan diversos trabajos que ponen de manifiesto múltiples funciones diferentes de la sonrisa: como una invitación sexual (Moore, 1985), en el marcado del estatus sociométrico (Cashdan, 1998), bromas ambivalentes (Keltner, Young, Heerey, Oeming y Monach, 1998), como expresión de afecto y aceptación -y unida al “flash de cejas” (elevación rápida de cejas) como invitación social (Eibl-Eibesfeldt, 1998)- o como mensajes de predisposiciones cooperativas para compartir recursos materiales (Mehu, Grammer y Dunbar, 2007).

Siguiendo la línea marcada por la Ecología de la conducta, en el caso de la entrevista ofrecida por Anna Gabriel a la cadena suiza RTS, su sonrisa cumpliría una función de expresión de afecto y aceptación, transmitiendo su deseo de ser amistosa, su disposición y deseo de afiliarse; lo que correlacionaría con su intención de residir en Suiza y retomar su carrera como profesora universitaria (intenciones laborales y, si fuera necesario, de asilo político).

En dicha entrevista ha cambiado la expresión feroz a la que, en muchas ocasiones, nos tenía acostumbrados, por una expresión más dulce y amable, llegando a dar muestras de debilidad. Ladear la cabeza es una forma de decir que está cómoda, que se muestra cordial y receptiva. Pero también puede ser una señal de sumisión y ausencia de amenaza, porque al ladearla dejamos expuesta la garganta y hace que parezcamos más pequeños de tamaño y menos amenazadores. El propio Darwin indicó que cuando la gente se siente sumisa tiene tendencia a inclinar la cabeza, con lo cual consigue un aspecto más bajo y menos amenazador.

La costumbre de bajar la cabeza como signo de sumisión es común a muchas culturas y se sigue llevando a cabo ante ciertas autoridades como reyes, emperadores y presidentes de gobierno (curiosamente en España el saludo a nuestro monarca no exige la inclinación de cabeza como señal de respeto y sumisión). También en diversas situaciones hacemos uso de ese gesto a modo de disculpas, como pidiendo perdón por los inconvenientes que hemos podido ocasionar (por ejemplo al pasar entre de dos personas que están conversando).

Muchos animales, como los perros y los lobos, ofrecen su cuello a otro animal más dominante de su misma especie en señal de sumisión; además encogen el cuerpo hasta quedar casi agazapados y simular así la altura de un cachorro (incluso suelen lamer el morro del dominante como haría un cachorro). Quizás por ello, para autores como Allan y Bárbara Pease (2006), la cabeza inclinada exhibe un cuello vulnerable y hace que la persona parezca más pequeña y más sumisa.

Anna Gabriel utiliza los gestos de ladear la cabeza y asentir con ella porque sabe, o intuye, que de esta manera su interlocutor y, por extensión toda la audiencia que va a ver esa entrevista, empezarán a sentirse confiados con ella, ya que ofrece un aspecto no amenazador. A ello contribuye también su nueva apariencia, ahora más ‘aniñada’.

En definitiva, su cambio de apariencia, ahora más acorde a la mayoría de la población, y sus muestras de cordialidad y sumisión, no son más que exhibiciones para tratar que las autoridades y población suiza empaticen con su causa.

Análisis no verbal: Arantxa Sánchez Vicario reaparece tras su separación

Foto EFE

Una separación muy controvertida, porque la relación de Arantxa Sánchez Vicario con su ahora ex marido José Santacana siempre tuvo especial interés para los medios de comunicación. Arantxa se enfrentó en el pasado a su familia, que se oponía a que contrajera matrimonio, y luchó por la relación que hoy se rompe.

La ex tenista se refugia desde entonces en la casa de su hermano y desde Miami se hacen públicas unas imagenes en el programa de corazón ‘Sálvame Deluxe‘, en las que reaparece junto a su abogado para ‘hablar’ del tema, entrecomillas porque es su asesor es realmente quien habla por ella, aún así la secuencia es bastante reveladora sobre el estado emocional de Arantxa en estos duros momentos.

En la secuencia se observa el nerviosismo y la tensión de ella a través de varios gestos manipuladores, se toca repetidamente el pelo, se sujeta a sí misma las manos y los brazos, está visiblemente incómoda e inquieta.

Realmente parece obligada a exponerse ante los medios, se pone de pie delante de su abogado, enfadada, con las manos en la cintura y los brazos en jarra, niega con la cabeza y su abogado la ‘convence’ para avanzar “relájate y vamos, empieza” con rostro de indiferencia para quitarle importancia al asunto. Este momento concreto es muy reveladora por el fuerte impacto emocional que se desprende.

Otro instante de alta tensión es en el que Arantxa realiza un gesto emblemático de amenaza al reportero, junta el dedo índice con el pulgar para advertirle de que no hablará, que no tiene por qué dirigirse a ella. Es un gesto homónimo del dedo índice acusador pero con menos agresividad explícita.

Por último, nos encontramos con un rostro muy repetido en el vídeo, aprieta fuertemente los labios y la mandíbula, es un gesto de contención de la ira, de represión de la comunicación, digamos que se calla a sí misma para no ‘meter la pata’ y decir cosas de las que luego pueda arrepentirse.

La verdad es que para no haber dicho una palabra sobre su estado de ánimo y emociones, se le ha entendido todo, no creéis..?

 

 

 

Análisis no verbal: El miedo de Anna Gabriel

La  exlíder de la CUP, Anna Gabriel, se ha ‘retirado’ a uno de los países más capitalistas del mundo, Suiza. En este sentido, son muchas las contradicciones que llaman la atención, aunque uno de los que más ha trascendido ha sido su apariencia. Ha realizado un cambio brutal pasando de una imagen muy transgresora, desenfadada, rebelde y moderna a un aspecto más formal, cuidado y tradicional.

Ha sido realmente sorprendente. La imagen personal es un patrón arraigado en nuestra seña de identidad, no es estable, ya que cambia con las modas, estados de ánimo, etc, pero no de un modo tan rápido y radical…

Anna Gabriel ofreció unas declaraciones a los medios que no tienen desperdicio alguno. Las preguntas desataban un fuerte impacto emocional en ella y las reacciones corporales eran de esperar. Mi compañero Francisco Campos Maya, autor del blog: analistas de la mentira, ha detectado una microexpresión de miedo bastante significativo ante la pregunta de si volverá a Madrid.

Tal reacción tiene tres indicadores bastante claros. El primero es la expresión facial de MIEDO o TEMOR, caracterizado por el alargamiento de la comisura izquierda de Anna Gabriel, por la apertura de los párpados y por la elevación de las cejas (con un sutil grado de tensión). 
El segundo es el acto de TRAGAR SALIVA de forma diferencialmente intensa que, junto al tercero, el aumento de la TASA DE PARPADEO, evidencia el nivel de TENSIÓN y MALESTAR que le genera la idea o imagen de ir a Madrid.

Aquí os dejo las imagenes.

Y el Goya al enfado de la noche es para…

El cantautor Leiva en la Gala de los Goya 2018

El cantautor Leiva en la Gala de los Goya 2018

El cantante Leiva!

La Gala de los Goya 2018 transcurrió sin demasiados sobresaltos ni trascendencia anecdótica. Por mi ‘de-formación’ profesional siempre ando a la caza de las emociones más intensas e impactantes de estos momentos únicos, donde las sensaciones, los nervios y los deseos o anhelos están a flor de piel.

En el año 2016 hubo bastante más juego de análisis, las reacciones de Inma Cuesta, un perdido Tim Robbins y un emocionadísimo Daniel Guzmán no tuvieron desperdicio (podéis leer el post pinchando aquí). En esta Gala de 2018 todo estuvo más comedido, sí, hubo alegría, emoción, sorpresa pero nada que destacara por su intensidad desproporcionada.

Para destacar la reacción que más ha llamado mi atención nos tenemos que remontar a la ‘pre-gala’ de los Goya, donde el cantante Leiva, uno de los premiados de la noche por su canción en la película de ‘La Llamada’, protagonizó un momento tenso con los periodistas. El cantautor es un tipo no demasiado expresivo ni cómodo en estos lares (tal y como él mismo ha admitido) pero esa noche se conviertió en foco de las atenciones por su ‘gesto’ en un momento concreto de su aparición ante los medios en el photocall.

Es muy reveladora la secuencia, ya que podemos comprobar cómo cambia su estado emocional de un polo a otro en cuestión de segundos por una pregunta.

Leiva habla entusiasmado, con alegría e ilusión sobre su proyecto pero cuando es preguntado por su vida privada y la especulación sobre su reconciliación sentimental con la actriz Macarena García, podemos observar una expresión facial de ira muy fuerte y reactiva.

En el fotograma capturado al inicio de este post se puede identificar el ceño fruncido, la mirada directa y penetrante en su interlocutor, tensión en la mandíbula y las aletas de la nariz muy abiertas. Esta hostilidad se manifiesta ante la frustración, la interrupción de una conducta motivada, situaciones injustas, o atentados contra valores morales.

Creo que Leiva en este momento sintió todas ellas…

 

 

Análisis no verbal: El ‘asesino de la catana’, ¿arrepentido?

Nos encontramos ante un insólito documental: ‘Yo fui un asesino’, en el que aparece José Rabadán, más conocido como el ‘asesino de la catana‘, diecisiete años después de asesinar a sus padres y a su hermana pequeña para contar qué sucedió, por qué lo hizo y cuál es su vida actual, totalmente reinsertado en la sociedad.

Ha suscitado bastante interés su perfil psicológico y la manera que ha tenido de relatar lo sucedido. Los expertos psicólogos forenses le han descrito como psicópata, narcisista y sádico y ‘choca’ este cambio al ver ahora a un adulto con una buena expresión, un trabajo, una familia… ¿Qué hay realmente detrás de esta imagen benevolente? ¿Siente culpa, está arrepentido? ¿Carece de emociones al recordar la historia?

En el documental se proyectan imagenes suyas en el momento de su detención y juicio que, efectivamente, contrastan con su expresión actual. En el momento pasado su actitud en todo momento es de orgullo, cabeza alta, sonrisa socarrona ante la presencia de medios, mirada fría, carente de emociones compatibles con el terrible crimen que acababa de cometer.

Ahora, durante toda su entrevista, aparece como una constante la emoción de tristeza, la podréis apreciar muy bien, porque es intensa y se describe por la elevación continua de la zona central de las cejas (éstas forman un triángulo). Habla en todo momento con una profunda tristeza, pero el quid de la cuestión es: tristeza ante qué. No podemos saber con exactitud qué estimulo le provoca realmente esa tristeza, pero hay algunos detalles a destacar que son bastante sugerentes:

  • En primer lugar, llama la atención que todo el relato periférico, es decir, el que no alude a los hechos centrales son contados con muchísimo detalle y precisión, sin embargo no recuerda la secuencia del asesinato en movimiento ni cómo, ni por qué desplazó los cadáveres, por ejemplo. “Ha quedado en mi subconsciente y no tengo la intención de sacarlo”, en este sentido parece que evita el castigo que le supone el dolor de recordar, se autoprotege. Conducta egoísta que no es compatible con la emoción de culpa.
  • Otro momento muy esclarecedor es cuando admite que “si hubiera pensado en las consecuencias no lo hubiera hecho“, está reconociendo que se arrepiente de todo lo que le ha sucedido a él después de su delito, su ingreso en prisión, en el reformatorio y a la repercusión en su vida. De nuevo, este es un pensamiento egocéntrico que no pone el foco en las víctimas sino en él mismo.
  • Recuerda a su madre y a su padre sin ninguna emoción intensa, no se rompe, no siente desgarro emocional al hablar de cómo los asesinó. Solo al hablar de su hermana pide un momento para retirarse de delante de la cámara en lo que parece un instante de llanto, pero que no podemos corroborar porque se retira.
  • Uno de los indicadores más reveladores son las palabras que utiliza en el momento justo de narrar el crimen: “Sucedió algo terrible, en ese momento no fui yo, fue muy cuerpo pero no fui yo. Levanté la espada pero no fue con la intención de atacarle y te lo digo con sinceridad y mi corazón, en ese momento no fui yo, pero la espada bajó, bajó con mis brazos, pero bajó sola. Mi cuerpo continuó atacando a mi familia”. Se aprecia perfectamente cómo elude su responsabilidad total, no admite ni acepta lo que hizo.
  • En su defecto, achaca la culpa a un ente tercero: el satanismo. El síndrome de down de su hermana hizo que se alejara de Dios y se acercó al satanismo que, según él, le llevó a realizar los actos que cometió. Proyecta, en este caso, que no fue una decisión suya, sino que entre el satanismo, los videojuegos, su imaginación y casi que la alineación de los planetas, fueron los responsables del asesinato de su familia.

Entonces, si una persona no interioriza la terrible acción ni su carga ¿realmente podemos pensar que está arrepentido o reinsertado? José Rabadán sigue disociando su persona del asesino y eso implica que hay una gran dificultad para asumir una responsabilidad. El lenguaje verbal y no verbal es un fiel reflejo de los pensamientos más internos y de las etapas no superadas…

Lo que más molestó a Maduro en su entrevista con Évole

Hay que partir de la premisa de que Nicolás Maduro pertenece a una cultura de alta comunicación, en la que se domina la palabra y la expresividad asociada con bastante solvencia. Él tiene muchas tablas, un discurso muy, muy preparado, en todos los sentidos. Es difícil hacer una valoración sobre alguien con fuertes convicciones en su mensaje.

En su discurso hay medias verdades, evasivas, omisión, minimización y exageración, pero no porque las detecte yo, sino porque son incompatibles con datos reales, relatos, informes, incluso vídeos presentados por Évole. Sin embargo, el líder de Venezuela, permanece impertérrito a la hora de afirmar lo contrario, sin apenas indicios en su comportamiento que delaten la falta de credibilidad.

Sí era muy palpable la tensión que le generaba el encuentro con el periodista español. Muchos me habéis preguntado cuál fue el instante más tenso de la entrevista. No fueron pocos los momentos incómodos para Nicolás Maduro ni las caras de circunstancia ante las ‘atrevidas’ preguntas del periodista Jordi Évole. Aunque hubo un momento que destacó entre todos los demás.

Yo me quedaría con el tema de los golpes de estado. Porque su latencia de respuesta suele ser corta, lanza las respuestas como misiles y en este instante se bloquea, hay un silencio que le debió parecer eterno, simplemente porque no sabría qué responder para no incurrir de forma tan clara en una autocontradicción.

En esta parte de la secuencia (pincha aquí para verla). Ante la pregunta de “¿Hay golpes buenos y golpes malos?” Maduro pierde el contacto visual, admite que “es una buena pregunta” y realiza un gesto automanipulador, se pasa la mano por la cara en señal de aprieto y toma tiempo para pensar, mueve el vaso (se intuye por el sonido) y cruza las manos en gesto de oración. Dice a continuación que “el golpe de estado de su movimiento político fue excepcional”, que “fue una insurrección militar,” pero que “hicieron un balance y nunca más se volverá a repetir”.

Bueno, no es necesario decir que esta angustia no verbal es coherente con el mensaje verbal al que va asociado por su falta de consistencia argumental. Este es el momento más destacable porque es de los pocos en los que se hace visible la duda y el titubeo de Nicolás Maduro.

Acabo con mi enhorabuena a Jordi Évole por una entrevista preparada y preocupada por no dejar cabo suelto.

Impactante reacción de Uma Thurman ante el acoso sexual en Hollywood

Pocas veces he podido ver una comunicación no verbal tan elocuente. Un periodista le pregunta a la actriz Uma Thurman por el escabroso tema de actualidad: el acoso sexual en Hollywood. Y es que ella ha trabajado con el productor Harvey Weinstein, acusado de ser un presunto depredador sexual.

A falta de la resolución de las denuncias, son numerosas las actrices que ahora confiesan haber sido víctimas o testigos de las proposiciones indecentes del cineasta para ‘impulsar’ carreras profesionales. Pero sin afirmarlo rotundamente, una de las declaraciones más impactantes que he podido ver es la siguiente:

El contenido del mensaje verbal se puede resumir en dos ideas claras: “Estoy esperando a sentirme menos enfadada, y cuando esté preparada, diré lo que tengo que decir” y “No tengo una respuesta clara sobre esto porque no soy una niña y he aprendido que cuando hablo enfadada normalmente me arrepiento de la manera en la que me he expresado”.

En pocos segundos pueden detectarse la coherencia/congruencia con estas palabras a través de más de una veintena de emociones intensas de ira, rabia, odio, asco, e incluso agresividad contenida. Es un ejemplo espontáneo, potente y muy real, reflejo del rostro de furia y de contención/represión conductual. Aquí tenéis algunos de los fotogramas más representativos de ello:

En un momento del vídeo mira a la cámara como queriendo dirigirse directamente a alguien, ese contacto visual describe una conducta de desafío y ausencia de miedo. La cabeza baja y los ojos cerrados se producen en un intento de ‘autocalmarse’ aunque las aletas de su nariz siguen muy abiertas, indicador universal de la emoción de ira. El asco se dibuja al arrugar la zona nasonabial del rostro.

No podemos saber exactamente qué es lo que enfada tantísimo a Thurman pero sí queda claro que el impacto emocional en la actriz es muy férreo, en pocos segundos se aprecian emociones muy vehementes. Estaré atenta a sus próximas declaraciones porque seguro que no nos dejarán indiferentes…

Xavier Trias en apuros (no verbales) #ParadisePapers

Fotografía: Alejandro García/EFE)

Fotografía: Alejandro García/EFE)

Independientemente del contenido y del mensaje verbal, la valía de estas imagenes está en la espontaneidad de la conducta, ya que es importante saber que el entrevistado, Xavier Trias, no se había preparado nada porque no sabía con antelación la temática de las preguntas del atrevido periodista. Esto no suele ser habitual y, en este caso, se filtra un lenguaje corporal muy elocuente.

El rostro de desconcierto es una constante a lo largo de toda su intervención, también lo es su nerviosismo y tensión visibles a través del movimiento incontrolable de sus piernas, además de sujetarse a sí mismo las manos con fuerza y de apretar los labios ante los sorpresivos interrogantes, todos ellos gestos de represión y contención emocional.

Niega todas las acusaciones sobre su presunta implicación en los Paradise Paperscon noes repetidos a su interlocutor, sin embargo, se aprecia cómo estas respuestas nunca van acompañadas de contacto visual, aparta la mirada y niega dudoso mediante el gesto del encogimiento de hombros.

En mi opinión, lo más revelador de este testimonio es lo que no aparece. La emoción esperada en una situación en la que se nos acusa de un hecho que no hemos cometido es la ira. Sólo es necesario empatizar y ponernos en su lugar. Si alguien nos acusara gravemente de algo que no hemos hecho nos enfadamos y, en este sentido, no puedo detectar ni una sola reacción de furia e indignación.

En cuanto al lado oscuro de las palabras ¿conocéis los indicadores estrategicos de la credibilidad? Este vídeo es un buen ejemplo donde se pueden detectar bastantes tips. Solo tenéis que leer la entrada sobre ello (pinchando aquí) para poder identificarlos con facilidad.

El lenguaje corporal de Puigdemont revela sus intenciones

Programa ‘Salvados’. Puigdemont y Évole

Charla tensa, muy tensa a mi parecer, entre Carles Puigdemont y Jordi Évole, a quien felicito como entrevistador por sus preguntas sorpresivas, por el modo en que las realiza, su insistencia y su réplica vehemente. Quizá hable/corte demasiado en algunas ocasiones pero en general su estilo de entrevista, desde luego, da pie a un buen material interpretable.

Puigdemont comienza seguro en su discurso y su corporalidad pero se desestabiliza rápidamente ante los planteamientos ‘complicados’ de Évole.

Se nota sobre todo en: la fluidez del habla (acaba prácticamente tartamudeando), en los silencios (las latencias de respuesta al principio son casi nulas y se amplían significativamente hacia el final), el contacto visual (en el inicio es constante con su interlocutor y acaba desapareciendo) y en las pistas fisiológicas (bebe constantemente agua y traga saliva, lo que indica la sequedad en la garganta producto de la tensión experimentada).

Respecto a las emociones clave durante la entrevista, destacaría las siguientes:

  • Convicción total de que “sí se va a celebrar el referéndum”, independientemente de lo que pasé el 1-O, Puigdemont siente y cree que se llevará a término, su lenguaje corporal es coherente con las respuestas verbales afirmativas en este sentido.
  • Falta de convicción, sin embargo, al hablar de las “garantías del referéndum”, su gestualidad aquí queda paralizada, su cuerpo no ilustra el mensaje, hay un cambio de actitud que genera duda.
  • Emociones muy intensas de ira cuando se refiere al gobierno español y sus acciones ante la consulta del 1-O.
  • Muy curioso, sin embargo, que cuando manifiesta la negativa de Mariano Rajoy al diálogo con él podamos apreciar en su rostro una microexpresión de tristeza (caracterizada por la elevación del músculo central de la frente, las cejas quedan formando un triángulo).
  • Microexpresiones de asco y desprecio ante la idea de la retirada de urnas por los Mossos.
  • Finalmente, emoción de miedo y postura de huida ante la pregunta de sobre su posible detención, curioso que no muestre ira y sí dudas por la elevación de hombros, podemos pensar que contempla todas las posibilidades.