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Si quieres saber qué te pasa y cómo estás atiende a tu cuerpo.

Hoy cuento con una excepcional firma invitada, María Concepción Gordo Alonso es experta en comunicación y profesora de la Universidad de Nebrija (entre otras muchas cosas), pero sobre todo escribe y transmite con una sensibilidad muy especial su conocimiento sobre las relaciones, con los demás y con nosotros mismos, en un mundo que cada vez pisa más el acelerador, invadido por el ruido y por el análisis racional de todo lo que nos rodea.

Es un gusto leerla y tomar conciencia de nuestra esencia ancestral, como dice ella: Del alma y la piel, la intuición, el instinto, la emoción.

Fotografía CCO

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En la era de la mente es más necesario que nunca escuchar a nuestro cuerpo. Somos hombres sabios, o en términos de evolución humana “homo sapiens” y ese papel nos lo hemos tomado quizá al pie de la letra.

Pensamos y pensamos constantemente convencidos como dice Jean Le Ron de que: “La razón acabará por tener razón”; pero claro, tenemos y más bien somos emociones, esas que la razón ignora porque simplemente no las entiende, como venía a expresar Blaise Pascal.

Y esas emociones, eso que percibimos en su mayoría de forma inconsciente, aquello que muchas veces menospreciamos porque no llega a través de nuestro poderoso neocórtex y por tanto no es lógico, es lo que en realidad nos da la pauta más completa de qué nos sucede y de qué les pasa a los demás.

Como dice Paul Watzlawich, en el primer axioma de la Teoría de la Comunicación humana, comunicamos siempre, pero también lo hacemos desde siempre, nos comunicamos con palabras desde hace tan sólo 80.000 años, y eso en perspectiva evolutiva es muy muy poco.

Antes de tener desarrollada el área cerebral de Broca, donde está el lenguaje, no sólo nos reproducíamos, también nos organizábamos como grupo y además nos cuidábamos y protegíamos como especie.

Como dice María Martinón Torres, directora del Centro Español de Investigación para la evolución humana, estamos en este momento de la historia porque, desde hace más de 3 millones de años, hemos sabido acoger las diferencias, entendernos y atender y asistir a los que lo necesitaban, y todo ello sin decir una sola palabra.

Obviamos nuestra intuición, eso que no sabemos por qué lo sabemos, pero lo sabemos, y olvidamos, que como decía Darwin, somos instinto y emoción, y por tanto, estamos preparados para percibir una gran parte de información de forma inconsciente, y solemos olvidar a menudo, esa sabiduría ancestral del alma y de la piel.

Apenas prestamos atención a nuestro lenguaje no verbal, a todo aquello que nuestro cuerpo revela, mientras nosotros estamos enfrascados en entender y producir palabras.

Albert Mehrabian estableció, allá por los años 60, una regla que viene a afirmar que un alto porcentaje (dependiendo del contexto) de lo que percibimos es no verbal, bien sea información gestual derivada de la expresión corporal o facial o bien paraverbal o paralingüística, es decir, cómo decimos lo que decimos.

Esto tiene un calado importante, porque no atender a nuestra comunicación no verbal y a la de nuestros interlocutores hace que nos perdamos una gran cantidad de la información que nos transmiten. Sin duda, como apunta Natalia Gironella, nuestro lenguaje no verbal no siempre es más importante pero sí más completo, más rico, más amplio y mucho más impactante.

Giovana Monterrubianesi de la Universidad de Granada, nos recuerda además que nuestro cuerpo revela el 90% de nuestra afectividad y por tanto es el fiel indicador de nuestro estado emocional. O, dicho de otro modo, si quieres saber qué te pasa y cómo estás atiende a tu cuerpo.

La clave está en observar y observarnos, leer entre líneas, atender a lo que no sabemos, podemos o queremos o quieren decirnos, en escuchar bien, no tanto lo que decimos, sino lo que callamos.

Y como refrenda el gran Antonio Damásio, uno de los más importantes neurocientíficos del siglo XX y Premio Princesa de Asturias de investigación científica y técnica 2005, ser conscientes de que nunca tuvimos que elegir entre razón y emoción porque tenemos, pero, sobre todo, somos ambos.

 

“Hagas lo que hagas, busca el latido” – Elvira Sastre.

#Comunicación #ComunicaciónNoVerbal #Emociones #GestiónEmocional #EvoluciónHumana

 

Referencias:

Mehrabian, A. (1971). Nonverbal communication. In Nebraska symposium on motivation. University of Nebraska Press.

Martinón-Torres, M. (2021). Un niño recostado delicadamente, el primer enterramiento humano de África.

Watzlawick, P., Bavelas, J. B., & Jackson, D. D. (2011). Teoría de la comunicación humana: interacciones, patologías y paradojas. Herder Editorial.

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7535677

 

 

¿Me puedo enamorar de dos personas a la vez?

¿Es esto realmente posible? ¿Podemos sentir verdadero amor por dos o más personas? Muchos aseguran que es incompatible, que si tú quieres a alguien y esa relación ‘va bien’ no podemos sentirnos atraídos o enamorarnos de una tercera persona.

Licencia CCO

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El tema es complejo porque influyen por un lado las cuestiones sociales, educativas, culturales, creencias religiosas sobre la monogamia, la culpa, el engaño, la ética y la moral, y por otro lado la pura y simple biología que también marca una tendencia de conducta y la posibilidad de que puedan ocurrir opciones invalidadas socialmente.

Hay cierto consenso por la psicología, validado por diferentes investigaciones, en afirmar que sí, que es factible estar enamorados de dos o más personas al mismo tiempo.

El amor es pura química que desencadena un sentimiento de afecto y cercanía hacia los demás, una emoción necesaria para la supervivencia del ser humano.

Nuestro cerebro no entiende de reglas sociales, cuantas más personas ‘enamorables‘ encuentre para nosotros, mucho mejor para él, porque si además es correspondido, la recompensa es tremendamente intensa y adictiva.

Profundizando un poco más, en las relaciones puede surgir:

  • Una sencilla atracción, ni que decir tiene que ésta la sentimos constantemente al mirar a otros, porque es meramente algo físico, una emoción de interés.
  • El enamoramiento, una fase impulsiva, de deseo continuo por el otro, sin objetividad (no vemos defectos ni nada negativo en la otra persona), este estado se convierte en una posesión completa de nuestro organismo, con un gasto de energía y recursos cerebrales brutal.
  • Amor maduro, un sentimiento más relajado y racional, caracterizado por la complicidad, el compromiso, la confianza, el apoyo incondicional, la comunicación y la construcción de experiencias comunes.

Estos tres procesos están controlados por tres sistemas cerebrales y neuronales distintos, por tanto es totalmente posible combinarlos con diferentes individuos (sin importar el género, por supuesto).

Según las investigaciones, sí que sería muy complicado estar en la segunda fase de enamoramiento intenso con dos o más personas a la vez, porque en ese proceso irracional solemos focalizar nuestra entera atención y disposición a uno solo. Nuestro cerebro se colapsaría con esa intensidad repetida x2 o más.

Pero sí es perfectamente posible estar enamorado de alguien y a la vez tener una relación de amor maduro con otra persona. O tener amor maduro por dos o más congéneres.

Nuestro cerebro está biológicamente preparado para generar sustancias relacionadas con el enamoramiento y el amor maduro, de forma simultánea y también es capaz de experimentar un amor maduro real con varias personas, ya que le ‘dedica’ un espacio cerebral diferente a cada uno.

Estamos preparados para vivir el amor de un modo diverso e infinito pero hemos sido educados en ciertos mitos que quizás colaboren a impedir la libertad de su desarrollo.

Por ejemplo, el concepto de ‘media naranja’, solo nos sentiremos plenos y completos si encontramos a nuestra mitad. Que nuestra felicidad amorosa dependa de que alguien encaje a la perfección con nosotros mismos es totalmente irreal y frustrante.

O que solo tenemos un único ‘amor verdadero’ en toda nuestra vida. No solo queremos una vez, puede haber cientos de amores verdaderos a lo largo de nuestra historia íntima. O el mito de la exclusividad, que apuesta porque si tu relación funciona no deberías sentir atracción por otras personas.

Estamos preparados para sentir cientos de combinaciones posibles, no hay nada más romántico que elegir de forma libre a la personas o personas que quieres amar, sin imposiciones culturales absurdas. La monogamia está fenomenal si así lo deseas, el poliamor también.

Las ‘reglas’ deben ser tan únicas y diversas como parejas existan en el mundo, ¿no crees? Comentamos en Twitter! 🙂

 

*Fuentes expertas:

María Esclapez

Juan Nieto

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El éxito del fenómeno influencer explicado por la psicología

Es indudable que las influencers triunfan ya entre diferentes generaciones y sus opiniones, recomendaciones y estilo, marcan tendencias, publicidad y ventas. ¿Pero qué tienen que engancha tanto? ¿Por qué consiguen influir en millones de seguidores?

Tanto la psicología como la comunicación no verbal tienen mucho que decir al respecto.

Tradicionalmente los líderes de opinión solían pertenecer a las clases altas de la sociedad, por su estilo de vida aspiracional y porque obviamente tenían un mayor acceso a la formación y educación más especializada, por tanto, su preparación, relaciones y conocimientos les dotaban de mayor credibilidad.

Hoy esta tendencia ha cambiado, en buena parte gracias al desarrollo de las tecnologías y la conexión que han logrado las redes sociales. El boca a boca es la nueva modalidad del marketing más eficaz.

Los estudios demuestran que ahora percibimos la publicidad convencional como una amenaza, sin embargo, si un influencer se dedica a establecer vínculos y cultivar relaciones de apego con su comunidad, esa persona nos empieza a resulta familiar, ya tomamos su ‘sugerencia’ como si fuera la de un amigo, alguien conocido, de nuestra total confianza.

Y no solo es fundamental lo que nos cuentan, también importa el cómo lo hacen.

Con un lenguaje muy cercano y coloquial, los influencers conectan contigo a través de un directo, de un vídeo, cara a cara, porque nos tienen que mostrar sus emociones, observamos rostros de placer al oler una determinada crema, o felicidad y diversión en un viaje o en tal hotel… Y además lo combinan sutilmente con días malos, también nos enseñan su tristeza, su ansiedad, su agobio o indignación con los haters, esto nos hace ponernos en su lugar, querer ayudarles, nos conectan aún más a ellos.

Casi podemos sentirlo, nos contagian emociones a través de su conducta no verbal y esa es la mejor forma de influir y convencer, pura empatía positiva. Nuestro cerebro se engancha a esa visión y querrá repetir cada día, sin perderse nada.

Porque no podemos olvidar el fenómeno del ‘deseo de pertenencia‘ para cerrar el círculo. El influencer se apoya en las aspiraciones de pertenencia de su audiencia a ese universo ‘mejor’, bello, atractivo, lujoso,  cuando recomiendan una peluquería, un perfume o un determinado restaurante. Su comunidad experimenta la necesidad de imitar en algún sentido ese estilo de vida para sentirse más cerca de ese mundo glam que proyecta.

 

 

¿Dolores de cabeza? Necesitas naturaleza para descansar la mirada

Líneas de hormigón gris, alturas, colmenas de patrones repetitivos, monótonas formas rectas, simetría y más simetría… En las ciudades hemos llegado al límite: «Nos duele mirar alrededor«.

Licencia Creative Commons

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No es una forma de hablar. Así lo determinan diversos estudios que han analizado el impacto en nuestra salud tras la construcción de los macro-entornos urbanos de los últimos 100 años, la consecuencia más significativa tiene que ver con el aumento de las migrañas severas.

Tiene sentido. Durante decenas de miles de años, el cerebro humano evolucionó para procesar con eficacia escenas del mundo natural. Pero la jungla en la que se han convertido las ciudades actuales plantea un desafío mayor para el cerebro debido a los patrones reiterativos que contiene el diseño (perfiles de la edificación, ventanas, escaleras, barandillas), esta pauta no tiene cabida en la naturaleza.

Los paisajes urbanos no son tan fáciles de gestionar, son menos cómodos de mirar. Paul Hibbard (Universidad de Essex) y Louise O’Hare (Universidad de Lincoln) demostraron que cuando el cerebro procesa imágenes que se apartan de la regla de la naturaleza, la actividad de las células nerviosas aumenta y se hace menos dispersa. Es decir, tales imágenes requieren mucho más esfuerzo para que el cerebro las procese.

Además, el uso del oxígeno es mayor cuando miramos entornos más incómodos, tales como escenas urbanas. La regla de la naturaleza no solo predice los niveles de incomodidad sugeridos anteriormente, también cuánto oxígeno consume el cerebro.

Nuestros cerebros utilizan más oxígeno cuando observamos escenarios que se apartan de la regla. Dado que los dolores de cabeza tienden a estar asociados con el uso excesivo de oxígeno, esto puede explicar el porqué de las migrañas.

De esta manera, nos damos cuenta de que no es solo una cuestión de gusto, no es que nos encante ir a la playa o a la montaña para mirar el horizonte, es que nuestro cerebro ‘lo necesita’.

*Fuente de consulta:

Cluster Salud América

*Os espero en la FERIA DEL LIBRO DE MADRID:

¿Un clavo saca otro clavo?

«Novo amore, veteram amorem, tamquam clavo clavum, eficiendum putant». (El nuevo amor saca al viejo amor, como un clavo a otro) -Cicerón-

Foto Pixabay Free to use (CC0)

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Una separación, cualquier ruptura amorosa, es muy dolorosa. Hay que pasar un duelo porque realmente una persona querida, muy presente en nuestras vidas, desaparece de nuestro mundo y esto a veces se vuelve insoportable. La emoción de tristeza es mala compañera, nos genera una sensación desgarradora, sí, pero muy necesaria.

Intentamos por todos los medios deshacernos de ese sentimiento intenso de aflicción, y entonces, buscamos atajos para no vivir el proceso natural de duelo, para no tolerar el desconsuelo que padecemos. Simplificamos el camino del desamor y solemos terminar en un callejón sin salida. Nos entregamos a una nueva relación cuando todavía nos visitan los fantasmas de la anterior.

Ciertamente este comportamiento puede tener un efecto placebo sobre el dolor de nuestras heridas, pero es un anestésico emocional tremendamente temporal, en breve aflorará el germen de la dependencia emocional o de la toxicidad de la relación, porque los cimientos no son sanos, no nacen de la voluntad y la ilusión sino de la obligación, de la soledad, del despecho, de la desesperación.

No será así el 100% de las veces, pero las excepciones contadas confirman la regla. En la mayoría de las ocasiones esta conducta es un recurso desadaptativo para no afrontar la realidad y evitar o aliviar ese sufrimiento.

Un período de transición y dolor nos sirve para olvidar, recomponernos, asimilar la pérdida, enfocar nuestro futuro y para curar nuestras heridas emocionales con el tiempo que también lo hacen las heridas físicas.

No hay nada mejor que volver a enamorarse y confiar de nuevo en alguien para compartir nuestra vida de una forma estable y madura, pero debes sentir que estás preparado para ello, es lo más justo para ti y para él/ella.

¿En cuánto tiempo se estima que estaremos listos para iniciar una nueva relación?

No hay una regla exacta, pero por ejemplo, una neurocientífica experta en el estudio de la relación cerebro-amor, Lucy Brown, explica que: «En término medio, superar una ruptura emocional puede tardar entre 6 meses y 2 años«.

En este cálculo promedio el tiempo es indeterminado porque existen multitud y diversas diferencias individuales y también de género. Según los estudios, los hombres tardan más en recuperarse, pero las mujeres sufren un impacto emocional mucho más intenso ante la ruptura.

Vivimos en una sociedad que nos empuja a ‘estar bien siempre’, a sentirnos frustrados y perdedores si nos venimos abajo, si nos frenamos en seco, si nos ocurre algo desgraciado. Eso es la vida y todos en algún momento recibimos un revés inesperado.

Permítete estar mal, de bajón, llorar, convivir con la tristeza. Nuestro cerebro también necesita momentos de calma e introspección para reconstruirse.

«Alguien dijo que el olvido está lleno de memoria» -Mario Benedetti-

 

 

 

El olor a café: un recurso poderoso

O lo amas o lo odias, pero el café es una de las bebidas más consumidas en el mundo, así que parece que tiene más seguidores que detractores. Y es que no es solo una simple bebida. El café es para muchos un medio de inspiración, una necesidad para empezar el día, el símbolo de una importante conversación, de un reencuentro, de recuerdos, el testigo de muchos comienzos o de algunos finales.

Fotografía Pixabay License

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Nuestro cerebro adora el café.

Debido a la estimulación de la dopamina, el consumo de cafeína aumenta nuestra capacidad cognitiva, mejora nuestro estado de ánimo, optimiza la atención, concentración y memoria, y tras su ingesta, nos sentimos más eficientes, vigorosos y motivados por el trabajo. Al contrario, reduce nuestra percepción de somnolencia, fatiga, cansancio y afectos negativos.

Existen centenares de estudios que avalan los ya conocidos efectos beneficiosos del café en nuestro organismo (siempre con un consumo moderado). Pero uno de ellos, publicado recientemente, va aún más allá, ya que no se centra en la ingesta, sino solamente en el poder de su olor.

El aroma a café ya es capaz de mejorar nuestras capacidades cognitivas, es decir, optimiza la atención, la capacidad de análisis, de resolución de problemas y el desempeño laboral y académico en general. Parece producto de la magia, sin embargo, la autora del trabajo, la doctora la Adriana Madzharov, destaca una cuestión tan llamativa como curiosa: se trata de un simple efecto placebo.

Basta con que una sala o una habitación desprenda olor a café, para que el 90% de las personas experimenten bienestar. «Como ya sabíamos, al cerebro le apasiona el café. La cafeína lo estimula, le genera placer y activación. Por tanto, el simple aroma también puede activar todos esos procesos debido a ese recorrido neuronal que se produce entre la corteza cerebral y el sistema límbico: nos sentimos motivados al recordar sus beneficios.»

«A menudo descuidamos el gran efecto que tiene en nosotros el sentido del olfato. Estamos ante un recurso cerebral prácticamente infrautilizado, cuando en realidad, es un vínculo directo hacia nuestras emociones y memoria, un canal excepcional capaz de conferirnos inspiración, calma o activación, de mejorar nuestra atención e introspección, de hacernos más creativos, receptivos al entorno…»

Este hecho es algo que sabe bien la industria del marketing y se está empezando a aplicar al mundo del trabajo y las organizaciones. Ya hay estudios que sugieren que, en ocasiones, basta una fragancia a vainilla, canela, café o chocolate, para mejorar el bienestar y la productividad de los trabajadores. Estamos ante un tema lleno de posibilidades.

 

 

 

*Fuentes de consulta:

El impacto del aroma a café en las expectativas y el rendimiento

Al cerebro le gusta el café

El olor a café estimula el cerebro y mejora los procesos cognitivos

 

 

¿Por qué hay un ambiente festivo en plena pandemia?

Cuando estamos viendo una película de terror agazapados en el sofá y percibimos que se acerca ‘el susto’, cerramos los ojos, es lo único que tenemos que hacer para no sentir miedo, podemos escuchar el estruendo o el grito desgarrador de la actriz, pero no nos estremecemos si no vemos lo que ocurre en la pantalla.

Fotografía EFE / SALAS

Fotografía EFE / SALAS

Este mecanismo es adaptativo, ya que el estímulo que nos asusta en el cine no es real, pero no mirar y no sentir miedo ante situaciones auténticas puede hacer que adoptemos decisiones muy arriesgadas para nuestra propia supervivencia, porque el peligro sigue ahí, delante de nosotros, no desaparece, a pesar de que apartemos la mirada.

Ignorancia, ceguera, desinformación y falta de conciencia global.

Los 4 jinetes del apocalipsis que se han adueñado del período del estado de alarma y del inicio de la desescalada tras el confinamiento.

La mejor defensa, no solo para afrontar una pandemia mundial sino para todo en la vida, sin duda, es la información. La única que nos puede mostrar qué alcance tiene lo que estamos viviendo, qué herramientas y estrategias debo adoptar para superarla, qué decisiones son las más acertadas.

Más de 25.000 muertos en nuestro país. Hemos atravesado una epidemia muy grave, con unas consecuencias devastadoras, entre aplausos, risas, música en los balcones, anécdotas bonitas, actos solidarios, juegos entre vecinos, con humor y memes en redes sociales. Proyectar todo el tiempo esa imagen no corresponde.

No lo desprecio, ni lo rechazo por supuesto, fue necesario, mejoró nuestra adaptación, ayudó a muchísimas personas que sufrían por estrés o soledad, pero esta actitud positiva, festiva, no nos puede arrastrar a una fantasía, debemos relativizar e incluso desdramatizar lo vivido pero no podemos frivolizar y perder el contacto con la realidad, sobre todo, porque esto nos pone en riesgo, que es lo que está ocurriendo ahora.

¿Cómo vamos a cumplir las nuevas normas? ¿Cómo vamos a respetar los horarios que corresponden? ¿Cómo cumplimos con las medidas de protección y prevención del contagio? 

Lo visto en medios de comunicación era parcial, con una tragedia blanqueada, como una película de terror sin sustos, ni malos, ni víctimas.

Nadie ha visto morgues, ni el sufrimiento de las familias de pacientes enfermos o de fallecidos, sin despedidas, ni funerales, nadie ha visto los hospitales, ni los casos de las personas que fueron despedidas de sus trabajos, o empresarios que tuvieron que cerrar sus negocios. No ha habido luto, ni banderas a media asta, ni crespones negros.

No se trata de dar un espectáculo televisivo, de morbo sin escrúpulos ni respeto, pero sí del derecho a la información completa, veraz, a la toma de conciencia, porque por desgracia, el ser humano no aprende por experiencia ajena, a pesar de internet, de redes sociales, de un mundo conectado.

No creemos en lo que no vemos.

Según los estudios, de hecho, el cerebro humano procesa de manera más rápida y eficaz los estímulos emocionales en situaciones de peligro. Nuestra atención, nuestro aprendizaje, nuestra memoria, todo se asienta en la carga emocional, y no la hemos tenido, porque solo hemos oído hablar de números, curvas y picos. Datos, lógica, gráficas, estudios, no vimos caras, dolor, tristeza, duelo, pérdida, pánico.

La desinformación y la controversia tienen consecuencias nefastas. No nos han dejado concienciarnos, no hemos visto el peligro, y ahora retratamos la irresponsabilidad, toca salir en banda, viajar a una segunda residencia, deportistas en grupo, no respetar los horarios, incluso botellones en la calle.

Son las consecuencias, ojo, esperables aunque no justificables. Tenemos el derecho a que nos protejan, pero, también la responsabilidad personal de contribuir a la solución, sin la inmunidad del rebaño. A pesar de todo tenemos un deber cívico que cumplir y anteponer un bien común frente a las actitudes egoístas.

 

El alcohol no es un buen aliado para la ansiedad durante el confinamiento

Sí, aclaro que el alcohol no es nunca un buen aliado. Lo contextualizamos ahora en el estado de alarma por coronavirus tras los inquietantes resultados de los estudios y estadísticas de ventas que relacionan directamente el aumento notorio de consumo de tabaco y alcohol durante el confinamiento.

Pexels.com/Fotografía de uso libre

Pexels.com/Fotografía de uso libre

Tras el acopio inicial de papel higiénico y productos de limpieza, pasamos por agotar la harina y la levadura en los supermercados (con su correspondiente efecto terapeútico), y ahora el elemento diferencial en la cesta de la compra de los últimos días lo ha marcado la cerveza (con un incremento de casi el 80% con respecto al mismo mes del pasado año), así como también el vino (superando el 62%) y demás bebidas alcohólicas (con un aumento del 36%).

Parece que las prioridades van cambiando y hemos pasado de la preocupación por los productos básicos a la ingesta del ‘capricho’.

Esto ocurre por varias razones:

Después de más de 30 días ya nos hemos cerciorado de que la alimentación y productos de necesidad siguen disponibles en nuestra tienda habitual, el terror inicial ya ha pasado, ya no hay miedo al desabastecimiento.

Nos dejamos llevar por el sistema de recompensas que nos demanda el cerebro en situaciones complicadas para así equilibrarnos y producir mayores niveles de endorfinas y sentirnos felices a ‘corto plazo’.

En segundo lugar, la propia  ansiedad, la preocupación, la incertidumbre o el aburrimiento suelen ir de la mano con un aumento en la probabilidad de fumar y beber más. Una vía de escape para el estrés.

Por último, no solemos comprar tanto alcohol para casa porque la consumición habitual de bebidas alcohólicas se realiza en un entorno social, bares, cenas con amigos, restaurantes, pubs o discotecas. Realmente ‘compensamos’ ese consumo ahora en casa, a veces con compañía en videollamada de por medio.

Las autoridades sanitarias han tenido que intervenir y recordar los peligros de refugiarnos en el alcohol y el tabaco como remedio para combatir la soledad o el estrés. Sanidad advierte que el tabaco empeora el curso de las enfermedades respiratorias como la enfermedad del Covid-19.

La euforia y bienestar que produce el alcohol será momentánea. Las grandes oleadas de dopamina le ‘enseñan’ al cerebro a buscar alcohol y a dejar de lado otras actividades y fines más sanos.

Después produce un ‘efecto rebote’ que hará que te sientas aún peor que antes de haber bebido, alterará más tus rutinas y profundidad del sueño y asumes un gran riesgo de generar en tu organismo una adicción permanente.

Por último, no olvides que el consumo de alcohol origina una fuerte e inevitable tolerancia. Alguien que abusa del consumo del alcohol termina sintiéndose sin motivación, desanimada o deprimida y no puede disfrutar de las cosas que antes le causaban placer.

Llegado ese momento, la persona necesita continuar consumiendo más cantidad para sentir apenas un nivel normal de recompensa, lo que solo empeora el problema y crea un círculo vicioso.

Esto no es ninguna broma… ¡Cuídate!

Coronavirus y harina: La repostería también tiene efectos terapéuticos

Tras el desabastecimiento del papel higiénico y de productos de limpieza (‘linkea‘ para acceder al análisis psicológico de estos comportamientos) hemos pasado a la misión imposible de encontrar harina y levadura en el supermercado.

Las reacciones ante el coronavirus son insospechadas pero todo (o casi) tiene su porqué.

Para una muestra solo hay que dar una vuelta por redes sociales. Nuestros amigos y familiares no paran de subir a sus perfiles bizcochos recién horneados, pan artesanal, tartas, magdalenas y galletas caseras…

De repente vivimos en el boom de la repostería por coronavirus.

Las estadísticas nos dan el dato: El consumo de harina se ha disparado hasta un 196% con respecto a semanas anteriores. ¿Qué nos lleva a realizar frenéticamente esta actividad durante el confinamiento?

La razón más obvia es que se trata de una actividad útil pero ociosa que ocupa nuestro tiempo y que podemos compartir en familia, puede ser entretenida y muy divertida para los más peques de la casa.

Consumir dulce (con moderación) es beneficioso para nuestra salud mental.

La repostería es una tarea relativamente sencilla, estructurada y demandante de toda tu atención.

La cocina, y la repostería en concreto, nos hace no pensar en nada más, nos focaliza plenamente en una actividad, por lo que incluso se suele recomendar practicar esta actividad como terapia psicológica para tratar ciertas enfermedades mentales.

En estos tiempos de estrés, ansiedad e incertidumbre, nuestro sistema de recompensa se dispara. Nuestro cerebro nos pide ‘caprichos’ para equilibrar la balanza de emociones y experiencias dispares.

Nos apetece comer dulces y saltarnos la dieta porque esto nos ayuda a sentirnos mejor, nos damos un premio y calmamos la ansiedad a corto plazo.

John Whaite, ganador en 2012 del reality show The Great British Bake Off y diagnosticado de trastorno bipolar desde 2005, contaba a la BBC que, aunque obviamente cocinar no cura su trastorno pero sí que le ayuda a sobrellevarlo.

“Cuando estoy en la cocina, midiendo la cantidad de azúcar, harina o mantequilla que necesito para una receta o cascando la cantidad exacta de huevos, siento que tengo el control. Esto es muy importante, porque una de las claves de mi trastorno es el sentimiento de que no tienes control”.

Así que… ¡Seguid con la repostería! Las actividades creativas nos ayudan a relajarnos, afectan positivamente a nuestras emociones y nos proporcionan una sensación de control y crecimiento personal.

Eso sí, no olvides combinar el consumo de dulce con actividad motora intensa. Practica ejercicio en casa. Ambas actividades forman la combinación perfecta para pasar lo mejor que podemos esta extravagante etapa que nos ha tocado vivir.

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*Referencia: María Arranz para Freedamedia.es

¿Por qué nos da por limpiar en casa durante el confinamiento?

Las reacciones colaterales a esto de la cuarentena durante la amenaza del coronavirus son variopintas. Además de las curiosidades que ya analizamos sobre el acopio de papel higiénico, nuestras casas están totalmente relucientes, como los chorros del oro.

¿Por qué actuamos de esta manera?

Nuestros hábitos y conductas se han visto alterados de forma repentina, esto no es fácil de gestionar. En algunos hogares se ha quedado solo una persona, en otros una pareja, pero hay viviendas que se han transformado en el refugio obligado de familias numerosas, en ocasiones, en espacios reducidos.

Y aunque la casa o el piso sean grandes… ¡qué pequeña nos parece de repente!

Para que la convivencia sea buena los espacios tienen que estar ventilados, limpios y ordenados. Nuestro cerebro necesita una armonía visual para equilibrar el caos interno de emociones y sentimientos estresantes. Por esto, organizamos nuestro hogar constantemente, mucho más de lo habitual.

La incertidumbre, la confusión ante la información contradictoria, la preocupación por la salud, por el trabajo, por la economía, generan un estado alto de ansiedad e indefensión.

Ante esta situación, de nuevo nuestro cerebro se pone en marcha, y quiere ocupar la mente, te genera la necesidad de seguir llevando una rutina, sea cual sea.

Precisamos sentirnos útiles, aprovechar el tiempo, así que no nos queda otra que reparar aquello que siempre está pendiente en casa, cocinar con dedicación y sin prisa esa receta que nunca teníamos tiempo para preparar, cambios de armario, reorganizar cajones y limpiar, limpiar mucho.

Porque además de que tenemos tiempo para ello y nos reconforta visualmente, también descargamos la inquietud por la adecuada higiene y desinfección de la casa que en este momento es tan importante y nos recomiendan. Nos da seguridad y sosiego ante esta situación agónica.

Y no nos olvidemos que, a su vez, cuando limpiamos nos activamos, movemos al cuerpo, generamos actividad motora que también nos demanda el cerebro en un intento por igualar la acción de estos días con la que hemos acostumbrado a nuestro cuerpo en la rutina habitual.

Mi querida compañera Melisa Tuya me planteaba este tema recordando un antiguo artículo suyo, éste habla sobre las mamás que durante el embarazo desarrollan un  instinto de nido, como las gallinas. Preparan la llegada del bebé hasta el último detalle y sienten el impulso de dejarlo todo limpio y ordenado. Realmente es lo mismo, puro instinto animal que no lleva a salvaguardar el bienestar de la familia, sea del tipo que sea.