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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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Un PERO en la comunicación no verbal de Inés Arrimadas

Inés Arrimadas ante los medios (GTRES).

La evolución en el lenguaje corporal de Inés Arrimadas ha sido meteórica. Tiene un perfil de personalidad introvertido emocional; a estas personas normalmente les suele costar bastante exponerse como oradores y lograr transmitir eficazmente. Aquí tenemos el claro ejemplo de su ‘antes y después’ en el momento de enfrentarse a un discurso. Su comunicación no verbal ahora es ‘casi’ perfecta pero nuestra experta en logopedia, comportamiento no verbal y fundadora de OHLaVoz, Carmen Acosta, detecta en ella una limitación importante a la hora de expresarse:

Inés Arrimadas muestra con mucha frecuencia problemas con su voz. Durante el proceso de las elecciones catalanas su voz fue deteriorándose, hasta que incluso llegó a perderla al principio de un debate en la sexta Tv.

En la actualidad suena áspera, destimbrada y forzada, es decir , padece lo que los logopedas llamamos una disfonía.

Es tanta la tensión que tiene que hasta al inspirar podemos apreciar el ruido que el aire produce al rozar en las paredes de una faringe estrecha y deshidratada. Su voz está fatigada.

Contrariamente a lo que mucha gente piensa, la voz no se estropea o se gasta por hacer un uso continuado de ella. Hablar es una actividad muscular, como caminar o escribir. ¿Acaso se nos estropean las piernas si caminamos muchas horas? No, claro que no, siempre y cuando caminemos de manera funcional y vayamos progresivamente aumentando nuestras horas de entrenamiento. Pues lo mismo ocurre con la voz, si la utilizamos adecuadamente se irá volviendo cada vez más fuerte y resistente.

Una voz disfónica es, generalmente, una voz maltratada, y eso es un grave problema, no solo porque puede dejarnos “tirados” cuando más falta nos hace, sino por el tipo de inferencias que una voz enferma puede activar en la mente de los oyentes.

Porque hablar con sobresfuerzo, lo que probablemente ha provocado la disfonía de Inés Arrimadas, es un comportamiento habitual en personas que necesitan hacerse oír, o que se han acostumbrado a que si no fuerzan la voz no se les oye, o no se les tiene en cuenta. Personas que se han acostumbrado a llamar la atención más por el volumen de su voz que por la fuerza de sus ideas.

Por si fuera poco, el sobresfuerzo genera más y más sobreesfuerzo porque el sistema se va volviendo cada vez más rígido, cada vez cuesta más trabajo hablar y cada vez exige más esfuerzo. Este círculo de rigidez creciente merma las capacidades expresivas porque provoca que el hablante sea cada vez menos capaz de matizar su habla con las emociones, por lo que aún más se verá fortalecida la idea de encontrarnos ante un orador rígido.

¿Qué nos dicen las manos de Pedro Sánchez? #LenguajeCorporal

Un tuit de Moncloa sobre las manos de Sánchez causa revuelo en las redes. Sí, la comunicación no verbal trasciende cada vez más, y os confieso que me encanta. La psicología emocional y del comportamiento está adquiriendo una relevancia insospechada, ya la merecía. Nos damos cuenta, cada vez más, de que nuestros movimientos y sentimientos expresados influyen y mucho; y esto hay que mimarlo, sobre todo, en el mundo de la política, dónde la imagen de un líder gana o pierde votos para el partido. Ahora bien, es necesario canalizar adecuadamente esta energía para que funcione.

En mi opinión, está genial que los líderes políticos se sometan a sesiones de coaching y entrenen sus habilidades de comunicación, pero bien enfocado. Hay dos formas de entrenar el lenguaje corporal: una es forzando gestos que signifiquen ‘x’, por ejemplo: hay que mostrar las palmas de las manos para proyectar credibilidad y falta de intenciones ocultas; En definitiva, hacerlo a propósito y controlar la gestualidad para aparentar lo que queremos que los ciudadanos piensen de nosotros. Otra forma, la ideal, es convencer y comprometer al político con sus ideas, que crea en sus propuestas, que defienda realmente sus posturas, que sienta lo que dice, de ese modo no hay que posar, los gestos emocionales positivos nacerán de un modo espontáneo y ahí es cuando la proyección será exitosa.

Esas manos, por sí solas, no quieren decir nada, no muestran determinación, son solo gestos sin palabras asociadas, no hay gestos buenos o malos por sí solos. Yo puedo poner la postura manual de cualquiera de esas fotografías diciendo que voy a aniquilar al planeta tierra. Siempre es necesario el contexto y comprobar si los gestos con las manos son coherentes con la expresión emocional del rostro, por ejemplo, y con el mensaje verbal. Entonces, es cuando se puede valorar un significado.

Ese tuit me resulta excéntrico y superfical, creo que no es necesario destacar los buenos gestos que hace una persona, si los hace, no hay duda de que esto se transmitirá al resto de observadores de forma natural. Desde luego la comunicación y apariencia de Pedro Sánchez han dado un giro brutal, a lo Obama, y está muy bien, va por buen camino, Obama es todo un referente en comunicación, pero hay que dejar que el lenguaje corporal fluya y contagie de emociones a los demás sin traspasar la barrera de lo robótico.

Pero ésta es solo mi opinión… ¿qué pensáis vosotros? 🙂

Los aspirantes a liderar el PP definidos por su comunicación no verbal

El Partido Popular ya se ha convertido en el partido español al que más candidatos se han presentado en su particular proceso de primarias. Hoy analizamos las principales candidaturas, las cuatro que parece que van adquiriendo más trascendencia, para valorar las luces y sombras de cada uno a través de su comunicación no verbal. Empecemos por ellas.

Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal. Foto EFE

Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal. Foto EFE

Me detendré más en Soraya Sáenz de Santamaría porque es la que más aspectos destacables tiene para perfilar y ha estado, hasta ahora, más expuesta a debates políticos (mayor carga emocional) y comparecencias públicas. Soraya es la que más está trabajando su ‘marca personal‘ para destacar en estas elecciones internas del partido. Solo tenéis que ver el eslogan que se ha marcado en sus redes sociales. “Sora ya!” Un lema simple pero con gancho, sugiere inmediatez, que ha llegado su momento. Los perfiles de Twitter de los candidatos no tienen desperdicio y también proyectan aspectos de su personalidad e intenciones… no os perdáis el análisis al respecto que hizo mi compañero José Luis Martín Ovejero (entra aquí)

Desde luego que Sáenz de Santamaría haya ostentado la vicepresidencia del gobierno es muy beneficioso para ella, el efecto halo hará su trabajo y la proyectará como ‘capaz’, con experiencia; realmente ha estado muy cerca del anterior presidente y eso le confiere una mayor cercanía funcional y emocional con ese puesto. Es una persona afectivamente discreta, no es intensa en su expresividad pero si hay que destacar en ella dos gestos claves: las sonrisas ‘de medio lado’ y el orgullo.

Esas sonrisas unilaterales, que se han convertido en una expresión identificativa de Soraya, se asocian al desprecio. No me entendáis mal. No es posible que esté ‘despreciando’ a todas horas a todo el mundo, ya que ésta es una emoción momentánea y reactiva; pero que esa sonrisa forme parte de su línea base de comportamiento puede dibujar una personalidad altiva, segura, condescendiente, en cierta medida denota arrogancia… Los niveles exactos de estos rasgos lo sabrán quienes la conozcan de verdad. PERO (no nos vengamos arriba), hay que aclarar que, por sí solos, estas características no son buenas ni malas, arraigadas a otros valores, cualidades y contextos pueden ser positivas o, todo lo contrario, insufribles…

Este aspecto de la sonrisa de ‘medio lado’ es coherente con el otro gesto corporal que también la caracteriza: el orgullo. Será frecuente que la veamos con el mentón elevado, una postura especialmente erguida y gestos de apertura y expansivos en el espacio, que demuestra también cierto grado de dominancia. Soraya tiene además habilidad y fluidez verbal, es una persona organizada y pausada, se transmite en su forma de hablar. No es tan atropellada como, por ejemplo, Mariano Rajoy y normalmente se muestra coherente entre lo que dice y expresa a través de su corporalidad, aspecto que le dota de credibilidad.

María Dolores de Cospedal es bastante plana en su comunicación gestual, el arte de la comunicación no verbal no es su fuerte, le cuesta ordenar ideas, comete errores frecuentes de repetición e incoherencia (recordemos aquello de los “pagos en diferido”) y sus gestos ilustrativos, en general, se ven forzados y desacompasados con sus palabras, en este sentido, puede generar desconfianza; Le falta la fuerza y vehemencia emocional, aspectos con los que sí cuenta su contrincante Soraya; aunque es una mujer sonriente que transmite positividad y buenas intenciones.

Pablo Casado. Fotografñia: JAVIER LIZÓN / EFE

Pablo Casado. Fotografñia: JAVIER LIZÓN / EFE

Al igual que ocurre con Sáenz de Santamaría y Cospedal, Pablo Casado y José Manuel García-Margallo son la cara y la cruz de la moneda. Ambos adversarios tienen un estilo comunicativo muy diferente, por razones obvias. Pablo Casado es la figura joven y fresca del partido, su imagen se identifica con la renovación y la modernidad pero manteniendo la estética tradicional del partido político. Tiene una apariencia y expresión muy del estilo Pedro Sánchez, gesticulan bastante, son apasionados, aunque a veces caen en la artificialidad y sus mensajes pierden fuerzan, no llegan al espectador.

García-Margallo sería la figura más parecida al predecesor en el cargo Mariano Rajoy, su apariencia proyecta sabiduría, tradición, experiencia pero alejaría al partido de la idea de renovación y transgresión por el que ahora parece que apuestan todos. Tiene un estilo comunicativo plano, neutral y carente de emociones pero sí que utiliza mucho sus manos para marcar contundentemente sus ideas y enfatizar su mensaje; también posee habilidad y fluidez verbal, un lenguaje culto y organizado que le brinda un aire de profunda sabiduría y esto genera confianza.

José Manuel García-Margallo. Foto Jorge París

José Manuel García-Margallo. Foto Jorge París

 

Insólita sumisión de Trump ante el Rey Felipe VI

El lenguaje corporal de Donald Trump siempre trasciende. Su comunicación gestual es muy potente y suele gritar más que sus propias palabras. Habitualmente nos encontramos posturas de apertura que avasallan al resto de los presentes, orgullo, desprecio, agresividad en sus gestos y movimientos, y, sobre todo, los ya famosos apretones de mano, con la palma hacia abajo y una fuerza desproporcionada que transmite la dominación y el interés por la superioridad más absoluto de Trump.

En el momento del saludo, se produce un gesto regulador de los más importantes para marcar las relaciones interpersonales desde el primer contacto. Este sencillo gesto tiene la capacidad de mediar, potenciar o arruinar la futura relación entre dos personas, conectar o desconectar la vía emocional y los vínculos de confianza entre ambos. Es un gesto muy revelador para la formación de primeras impresiones, por ello, siempre requiere de una atención especial por parte de los analistas de conducta.

Sorprendentemente, todo esto cambia con el Rey de España, Felipe VI; la atmósfera de cordialidad ha sido la protagonista en su primer encuentro en la Casa Blanca, Trump hizo de anfritión y trató a su invitado como se debe, su gestos eran pausados, afectuosos, denotaba relajación, no estaba a la defensiva ni pendiente de demostrar nada. Sus emociones eran serenas, las sonrisas sinceras…

¿Y el momento del apretón de manos? ¡Sumiso! Este fotograma es clave; vemos cómo Trump ofrece su mano con la palma hacia arriba, relajada, dejando que el Rey sea quién la sujete con fuerza desde arriba, cediendo así la posición de poder. Bueno… parece que Felipe VI ha ganado (o le han dejado ganar) la batalla por el poder gestual, Trump le respeta, por el momento, seguiremos observando… 🙂

(EFE/Chris Kleponis)

El lenguaje corporal de Maxim Huerta en su dimisión

Máxim Huerta anuncia su dimisión. RODRIGO JIMÉNEZ / EFE

Máxim Huerta anuncia su dimisión. Foto: Rodrigo Jiménez / EFE

Maxim Huerta dimite de su reciente cargo de Ministro, pasando a ser el más breve de la historia. Era un momento muy complicado, y ya sabemos que a situaciones difíciles, mayor impacto emocional, por tanto, su cuerpo habla a gritos a través de un lenguaje no pronunciado.

Las palabras fluyen leídas pero por ese impacto también lo hacen a veces sin control, y comienza su discurso con una notable contradicción, “Mirando al futuro hemos tomado una decisión, y lo he hecho de manera autónoma”. Plural y singular. Nos quedará la duda de si la decisión es suya o no…

Está claro que no asume ni un ápice de culpabilidad a lo largo de su intervención, se proclama inocente, habla de causas externas y ajenas a él para tomar la decisión, y que todo forma parte de un bien común superior a sus intereses.

En este sentido su lenguaje corporal es coherente, ya que esta idea se asocia durante toda su manifestación a la emoción de ira, nos encontramos constantemente ceño fruncido, tensión en la parte inferior del rostro, miradas directas y penetrantes, severas; sonrisas unilaterales que se corresponden con el desprecio. La ira ante una acusación es la emoción del que ‘se cree inocente’, no significa que lo sea en realidad, pero sí que está realmente convencido de su total inocencia.

No hay gestos de duda, todo su cuerpo va en consonancia en este sentido. Su sonrisa no es reflejo de la alegría sino del orgullo, la superioridad, se va con la cabeza alta, gesto que también corresponde con la identificación de la inocencia. También es importante lo que no vemos, hay una ausencia total de la emoción de tristeza, gesto que sí que apreciamos, por ejemplo, en la reciente dimisión de Cristina Cifuentes, tampoco hay vergüenza, sino todo lo contrario, se muestra vehemente, directo, agresivo (comunicacionalmente hablando), no tiene gestos manuales hostiles, pero sí lo expresa con su rostro y con su voz, utiliza los silencios y las pausas en su discurso como una herramienta enfática y combativa.

¿Veis alguna cosa más que os llame la atención? 😉

 

¿Machismo, dominancia, superioridad…? El gesto de Monedero a Soraya Sáenz de Santamaría

Lo he visto muchas veces estos días; el gesto que tuvo Juan Carlos Monedero con la ya exvicepresidenta del Gobierno ha trascendido, y con razón. En este blog siempre destacamos el protagonismo del lenguaje corporal para comunicar mucho con un solo movimiento, esta ocasión es un buen ejemplo de ello. Y también es un buen ejemplo para mostrar que los gestos por sí solos no suelen significar nada concreto, no son buenos o malos por sí mismos, no ocurre igual con las emociones primarias en el rostro (sorpresa, alegría, miedo, ira, tristeza o desprecio) que sí son universales y tienes asociación directa con un estado propio.

Los gestos deben ser analizados con su correspondiente contexto, siempre. El gesto a simple vista llama la atención, porque implicaría intimidad, relación cercana y afectuosa, hay una clara invasión del espacio personal, Monedero toca a Soraya en los hombros, una zona que delata una relación de compadreo, y que si esto no es así será incómodo y, claro, Soraya, como habréis podido adivinar, lo estaba y mucho. Pero este gesto no es malo por sí solo, imaginad que se produce entre dos hombres, futbolistas, por ejemplo, para darse ánimos tras perder un partido, el gesto sería positivo. De hecho, es un gesto bastante masculino, tosco, pero típico entre dos hombres que muestran trato frecuente.

La clave está en el mensaje verbal al que acompaña este gesto, un mensaje hostil: “Oye me alegro de que os vayáis”. En ese momento, considero que él ‘se aprovecha’ de una altura superior para enfatizar y ganar fuerza en su mensaje. Creo que no se trata tanto de un gesto machista como sí de un gesto de dominancia y condescencia, es decir, se mezcla un sentimiento de superioridad con una amabilidad mal entendida hacia la persona a la que supuestamente se intenta ‘beneficiar’, en este caso, despedir. Si hubiera sido un hombre podría haberlo hecho de igual forma, eso sí, con un hombre de una estatura inferior a la de él; ya que este gesto sería imposible con Mariano Rajoy o con Pedro Sánchez, por ejemplo.

Tal y como el mismo Monedero reconoció, no es un gesto de buen gusto, él proyecta la imagen del fuerte. Por supuesto, hay sonrisa social, pero no es signo de alegría ni de un estado positivo, no hay cordialidad, se jacta con sus palabras y posición, él no se inclina para hablar, se mantiene erguido en su postura y le habla ‘desde arriba’ y con contacto de por medio para marcar la hostilidad. En definitiva, no me parece un gesto machista pero sí un gesto inapropiado, fuera de lugar y que marca una posicion dominante y hostil por su parte, con un contacto de una duración más duradera de lo ‘normal’ para provocar incomodidad y tensión en Soraya.

Un amable y sabio lector del blog 🙂 me ha enviado esta fotografía que ejemplifica perfectamente lo que os comentaba más arriba. ¿Sabéis quién es el ganador? Gracias por tu aportación J.L.M.C… Sois geniales!

Mariano Rajoy dimite entre incómodas lágrimas #LenguajeCorporal

De nada le ha servido a Mariano Rajoy el intento de represión emocional que ha procurado mantener durante su comparecencia pública de hoy, en la que ha dimitido sin utilizar la palabra dimisión. Desde el inicio, la tensión era evidente. Evitaba el contacto visual, leía cada punto con raciocinio y plena atención pero finalmente las emociones afloran. El momento que ha desencadenado esta reacción ha sido cuando agradecía a los ciudadanos el cariño y la lealtad brindadas. La emoción dirigida a sus votantes.

Las palabras utilizadas también dan cuenta de su intención por evitar el impacto emocional de la situación, “ha llegado el momento de poner punto y final a esta etapa”, realmente es una frase azarosa, sin decisión, sin compromiso, ni implicación personal. “El PP debe seguir avanzando bajo el liderazgo de otra persona. Por dos razones: es lo mejor para mí y para el PP, y creo que también para España.” El orden de las razones es interesante, aquí sí que deja claro que dimite en primer lugar por su bien, y en segundo lugar, y con dudas (ya que solo lo cree) orienta su abandono al bien de España.

Por supuesto, sus lágrimas y conmoción son sinceras, le transforman la expresión emocional, le bloquean el habla, le modulan la tonalidad vocal y le acompaña la mirada triste. Lo ha pasado realmente mal en este momento, no era algo planeado, y ha intentado por todos los medios cortar la ovación de sus compañeros de partido y asistentes, con gestos adaptadores, contundentes y agresivos (gestualmente hablando) para acallar los aplausos.

La tristeza es la emoción que ha protagonizado su discurso, bloqueando emociones intensas negativas como la ira, el asco o el desprecio, que no aparecen en ningún momento de su aparición pública.

Moción de censura: Enfrentamiento no verbal Sánchez vs. Rajoy

Fotografia Carlos Serrano

Fotografia Carlos Serrano

Hoy se ha celebrado la moción de censura impulsada por Pedro Sánchez para acabar con el Gobierno de Rajoy. El líder socialista entra al hemiciclo triunfante, orgulloso ante los aplausos de sus compañeros. Rajoy llega con aparente tranquilidad y seguridad.

Siempre he comentado que Mariano Rajoy no es muy ducho en esto de la comunicación, el arte de la palabra y la expresión en público, gana mucho en el cara a cara pero pierde la habilidad en los debates numerosos o en sus comparecencias públicas. Si bien es cierto, que cuando la situación recobra importancia inminente, el líder Popular se crece ante la adversidad. Mantiene la serenidad dialéctica y domina su oratoria.

Hemos visto como incluso manejaba con éxito la técnica de los silencios para enfatizar las ideas principales de su mensaje, estrategia complicada y que bien utilizada da mucha fuerza a las ideas expresadas, la ha activado en el momento más importante, haciendo referencia al proceso de los ERE de Andalucía, su mayor baza para contraatacar la moción del PSOE por corrupción.

En las réplicas de Pedro Sánchez hay mucha energía, gestos ilustradores y dinamismo, está muy comprometido con su decisión, pero también nos encontramos mucha ira, expresiones muy intensas de ceño fruncido, mandíbula tensa y dedos acusadores, además de las microexpresiones de asco y desprecio constantes al hablar del gobierno del PP (rechazo profundo y superioridad moral). Toda la carga emocinal es proyectada contra Rajoy. En mi opinión, se ha focalizado bastante hacia su persona de forma exclusiva y agresiva, el momento álgido ha sido la pregunta directa al presidente del Gobierno instándole a dimitir, Mariano Rajoy le sostenía la mirada, no ha eludido el golpe, pero lo ha encajado con una ‘cara de póquer’ fascinante, no ha realizado ni la más mínima microexpresión, el control ha sido máximo en un momento de alto impacto emocional.

A menudo, Rajoy y Sánchez se han mostrado jocosos, despertando risas en un claro intento de ridiculizar al adversario; una estrategia típica en política pero efectiva a los ojos de los espectadores, que perciben la dominancia/debilidad de quién la emite/la recibe, aunque por otro lado y en exceso, puede dar la sensación de que ambos banalizan una situación importante para la ciudadanía.

El resto de miembros políticos allí presentes observaban la moción con expectación y sorpresa, el momento más interesante es cuando Pedro Sánchez anima a Mariano Rajoy a dimitir para ahorrarse este proceso, el rostro de asombro genuino de los presentes no deja lugar a dudas de que les pilló del todo desprevenidos.

Un detalle reseñable: Parece ser que Pedro Sánchez no tiene muy claro su triunfo en la Moción, puesto que habla de ello en presente pero a veces en pasado condicional, dándola por perdida: “esta moción podría haber salido adelante”, “puede que mi apoyo no sea absoluto pero sí grande”, etc. Estos lapsus dan cuenta de su inseguridad.

Evasiva, culpa, orgullo, alivio, duda… La comunicación no verbal en la dimisión de Cifuentes

Fotografía de Cristina Cifuentes en el momento de su dimisión. EFE

Fotografía de Cristina Cifuentes en el momento de su dimisión. EFE

Cristina Cifuentes ha dimitido hoy tras el escándalo del Máster y por la filtración a los medios del vídeo de una cámara de seguridad en la que aparece sacando dos cremas de su bolso en un Hipermercado, acompañada por un vigilante de seguridad que supervisa todo este proceso.

Cifuentes ha convocado a los medios en una rueda de prensa breve y sin opción a preguntas. En ésta no ha negado que ella sea la persona que aparece en el vídeo, reconoce su autoría pero manifiesta que “fue un error involuntario. Me llevé por error y de manera involuntaria unos productos por importe de 40 euros.” En esta frase reconoce que estuvo mal, que el acto no fue correcto, pero apuntilla que ocurrió de manera inconsciente, sin voluntad por su parte, lo repite en dos ocasiones seguidas para reforzar la idea. Según los estudios al respecto cuanto más repetimos una frase más veraz puede parecer a los demás, por inverosímil que sea.

“Me lo dijeron a la salida y los aboné”. En esta frase lanza una evasiva, ya que omite datos importantes para entender un hecho: el tiempo de los acontecimientos, objetos, lugares en los que se desarrolló o las personas implicadas en la interacción (vigilante de seguridad, registro en el almacén y una supuesta visita de la policía), se distancia así del impacto emocional de un supuesto robo. Según la frase parece que no hubo tensión, ni problema, que fue un simple despiste y lo pagó sin más a la salida.

Su expresión facial es muy significativa, siempre se muestra emocionalmente muy expresiva y en esta ocasión no defrauda el rostro inequívoco de la culpa. Ya lo habíamos descrito anteriormente y aquí de nuevo podemos observar otro ejemplo. Cuando renuncia a la presidencia, aparece una expresión facial de desprecio, caracterizada por la elevación unilateral de la comisura labial, que puede inferirse como superioridad moral, no hay tristeza ni ira, mantiene el orgullo hasta el último momento. Justo después convierte esta mueca en sonrisa y mira hacia arriba, este gesto se interpreta como alivio.

A lo largo de su comparecencia aparecen numerosos gestos de duda, se encoge de hombros constantemente, el momento más destacable es cuando dice tener prevista ya su dimisión para el día 2 de mayo, encoge muchísimo los hombros es un gesto de inseguridad y falta de convicción asociados a lo que pronuncia en ese momento.

He realizado este análisis según el visionado superficial de su aparición, continuaré el análisis para ‘cazar’ la aparición de algunas microexpresiones, que al final, son las que más información real nos dan sobre su estado emocional verdadero en un momento de alto impacto como este.

 

 

Análisis no verbal: Cristina Cifuentes cree y defiende su verdad

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, a su llegada a su comparecencia en un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid. ZIPI / EFE

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, a su llegada a su comparecencia en un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid. ZIPI / EFE

Cristina Cifuentes se enfrenta a uno de los momentos más tensos de su carrera política, quién le iba a decir que todo ello sería por un Máster. Existen evidencias a favor y en contra para demostrar que realmente cursó ese Máster y lo finalizó con la entrega del TFM. Al final, esos datos son los que demostrarán la validez o no del testimonio de la Presidenta de la Comunidad de Madrid.

Si analizamos su comunicación no verbal en la comparecencia de Cifuentes sobre el tema, podemos apreciar el comportamiento de alguien que defiende ‘su verdad’. Las emociones y gestos presentados son congruentes con las de alguien que se revela contra acusaciones que cree falsas e injustas. Poneos en situación, ¿cómo actuaríais vosotros si os acusan de un acto no cometido? La reacción esperada es el enfado, no con levedad, una ira significativa.

Las expresiones faciales de Cifuentes se dibujan con un ceño muy fruncido y dedo acusador que dan muestra del malestar que experimenta. No hay visos de la emoción de duda o inseguridad. Sus gestos son ilustradores del mensaje, se mueve constantemente para acompañar con su lenguaje corporal lo que dice con sus palabras con total sincronía entre ambos canales de expresión (verbal y no verbal). Cuando mentimos el cuerpo se paraliza ya que todos los recursos energéticos de nuestro cuerpo están en atención plena hacia lo que vamos a pronunciar (para no meter la pata).

El engaño va acompañado de un descenso de gestos ilustradores y de movimiento postural del tronco y extremidades. Aspecto que en este caso no observamos, pero que también puede suceder por el ensayo repetido de lo que vamos a decir. Si alguien memoriza su declaración, sus recursos cognitivos ya sí podrán estar más libres para controlar no solo el ‘qué digo’ sino el ‘cómo lo digo’. Sin embargo, cuando el discurso es aprendido no suele asignarse variablidad tonal. Cifuentes no pronuncia sus palabras de un modo lineal, da golpes de intensidad en ciertas palabras y momentos, le asigna impacto emocional, esto también es indicador de credibilidad.

En definitiva, no observo ningún indicador de engaño en su discurso, esto no quiere decir que no mienta, lo que tengo claro es que ella cree totalmente en lo que dice, mentira o verdad, ella tiene muy interiorizada esta versión, solo el tiempo y las evidencias podrán demostrar realmente lo sucedido.