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El insólito gesto de Pedro Sánchez cuando le preguntaron por su tesis

Continuamos con los polémicos másters y tesis de los políticos, tras el caso de Cifuentes, Casado, Montón, ahora llega el turno de nuestro actual presidente de Gobierno. Pedro Sánchez se exponía ayer en el Congreso de los Diputados y Abert Rivera supo aprovechar el momento para preguntarle directamente por su tesis doctoral. Fue un momento visual impactante, no solo mi amigo y experto en comunicación no verbal J.L Martín Ovejero lo detectó y me envió el fotograma con asombro, también vi diferentes reacciones en redes sociales a este instante que no pasó desapercibido por la llamativa actitud de Sánchez.

Tal y como comentamos siempre en este blog, lo más importante para analizar patrones fiables de comportamiento es detectar cambios, es la palabra clave. Si vemos la secuencia completa, Sánchez reacciona dinámico a las acusaciones de la oposición en otros temas, gesticula bastante, con movimientos de apertura, habla alto, firme y seguro, todo ello forma parte de su línea basal de corporalidad. Nos extraña mucho cuando ante un estímulo (una pregunta de gran impacto emocional) se paraliza, su lenguaje corporal queda totalmente inmóvil, encorva la espalda, baja la cabeza y la mirada, entrelaza las manos y aprieta fuertemente la mandíbula.

Es un fotograma de ese justo momento bastante elocuente y, sobre todo, una reacción muy poco habitual en Sánchez. Como sabemos los gestos no son universales y hay emociones sociales que son únicas de interpretación, todo depende del estímulo y el contexto. Frecuentemente se asocia esta secuencia de gestos a las emociones de culpa y vergüenza, ¿significa que no hizo la tesis? ¿que miente? solo él lo sabe y solo las pruebas lo demostrarán. Lo que sí puedo afirmar con seguridad es que este tema de la tesis le provoca intimidación, incomodidad y un cambio impresionante en su línea base de comportamiento.

Las hipótesis posibles sobre la actitud de Carmen Montón

A raíz de los análisis a personas del mundo de la política, sobre todo, en los casos de Cifuentes y Montón por el tema máster, muchos me preguntáis: “pero entonces, ¿dicen la verdad? ¿hicieron el máster? ¿no hubo irregularidades?” Os respondo particularmente a cada uno pero creo que es importante plantearlo aquí, para que todos sepamos entender los análisis de conducta y cómo funciona realmente el intrigante mundo de la credibilidad.

En primer lugar, y esto es sabido por todos, el territorio de la política requiere mención aparte, los políticos son entrenados y asesorados para manejar la comunicación y gestionar las emociones a conveniencia. Muchos lo consiguen y lo hacen muy bien, en general. Dicho esto, a veces nos podemos servir de la detección de ‘microexpresiones‘, breves fogonazos de expresión emocional que se escapan en nuestro rostro y que transmiten realmente lo que sentimos en ese momento. Cuando éstas son incongruentes con lo que decimos, es una alarma para la credibilidad y merecen de nuestra total confianza, ¿por qué? porque se tratan de emociones primarias que suelen producirse en momentos tensos de alto impacto emocional, son inconscientes, poco manipulables y genuinas según los músculos de la cara activados. Son indicadores bastante fiables, pero no siempre se producen.

Sí pudimos apreciarlos en el caso de Cristina Cifuentes, (puedes pinchar aquí para acceder al análisis), visos de culpabilidad, tensión, nerviosismo, desprecio… ¿hizo el máster? ¿cometió alguna irregularidad? no podemos saberlo, lo que sí que puedo decir es que sus patrones de conducta no son congruentes con los de una persona a la que se le acusa injustamente de algo, que está incómoda, tensa, que se siente culpable, pero hasta qué punto ha cometido una ilegalidad o no, no puedo asegurarlo, solo las pruebas tangibles hablarán de forma irrefutable.

Vamos ahora con el caso de Carmen Montón, (pincha aquí para acceder al análisis) donde nos encontramos todo lo contrario, aquí vemos a una persona directa, enfadada, convencida, contundente en su argumentación, sin microexpresiones de culpa, miedo… solo vemos ira, actitud congruente con alguien que dice la verdad y que se siente acusada injustamente de una acción no cometida… Hasta en su dimisión de anoche, donde todo eran sonrisas (fingidas) y actitud orgullosa, salió de la sala con la cabeza bien alta, ausencia de culpa, de miedo, de vergüenza, continuó exactamente con la misma actitud, entonces, ¿es sincera? ¿no cometió ninguna irregularidad? De igual forma, no podemos saberlo, pero por su comportamiento en este contexto podríamos plantear tres hipótesis:

  1. Ella realmente se cree inocente. La universidad le dio una pautas para cursar el máster (por ejemplo, pago de tasas, acudir al menos a dos clases presenciales y presentar un trabajo final) ella lo cumplió a rajatabla y aunque sea una situación injusta para el resto del alumnado e irregular por parte de la Universidad, ella no cree que haya cometido una ilegalidad porque hizo lo que le pidieron y quizás pensó que era habitual en la modalidad a distancia o siguió estas instrucciones a pesar de que supiera de su trato de favor. Un profesor de mi facultad lo llamaba ‘gente de ética y moral distraída‘, el umbral de la injusticia lo tienen poco delimitado y achacan estas faltas a la picaresca cotidiana, sin más.
  2. Cuenta ‘su’ verdad. Ha cometido una irregularidad consciente y voluntaria, sabe perfectamente que ha hecho mal pero hay mucho en juego, por tanto se autoconvence de lo contrario. La máxima para mentir bien, de hecho, diría que es la única forma de elaborar una mentira perfecta es creerse su propia mentira. De esta manera, si estamos totalmente convencidos y creemos en lo que decimos (no es difícil si la motivación es muy alta) nuestro cuerpo transmite efectivamente lo que pensamos y esto puede corresponderse o no con la realidad.
  3. Miente muy bien. Puede pasar, hay gente con un buen cocktail de rasgos y experiencias que le hacen tan buen mentiroso siempre que es muy difícil detectar la realidad detrás de sus palabras, exista alta motivación o no. Ya lo tratamos en este blog anteriormente en el post: ¿cómo es el mejor mentiroso?

Conclusión, no diré jamás en este blog esta persona miente o esta persona dice la verdad, me limito a analizar los patrones de conducta y detecto congruencias o incogruencias entre las emociones esperadas según el contexto y las emociones presentadas. Tras esto, solo podemos establecer hipótesis y plantear diferentes posibilidades. Os animo a que veáis ambos vídeos (caso Cifuentes y caso Montón) y sigáis las líneas de conducta para ver las diferencias y sacar vuestras propias conclusiones. Vuestras observaciones siempre son super interesantes y os agradezco que las comentéis 🙂

Análisis no verbal: salvo el traje blanco, la comparecencia de Montón nada tiene que ver con la de Cifuentes

La ministra Carmen Montón se ha visto envuelta en un nuevo escándalo por un cuestionado título de máster adquirido en la Universidad Rey Juan Carlos, polémica que recuerda inevitablemente a la del caso Cifuentes, aunque en mi opinión, y a pesar de la elección de la vestimenta en blanco impoluto de ambas, las diferencias (a nivel no verbal) son notables. La elección del blanco es una decisión apropiada, indica pureza, claridad y transparencia. Aún así, el batiburrillo de emociones contrapuestas que transmitió Cifuentes (culpa, duda, orgullo, desprecio, ira, alivio, evasivas…) nada tienen que ver con la línea emocional que ha comunicado Montón.

Comienza su intervención nerviosa e impulsiva, directa al grano: “Buenos días, voy a aclarar esta situación, no he cometido ninguna irregularidad”, su rostro es severo, no tiene ira visible porque no tiene el ceño fruncido, aunque su prosodia emocional (su forma de hablar) indica enfado a lo largo de toda su intervención.

En apariencia sí está seria, su mirada es directa, realmente lo que muestra es preocupación, sin embargo no he captado ninguna microexpresión de miedo, emoción frecuente en un testimonio falso. Tanto al inicio, como en diferentes partes de su aparición pública,  muestra las palmas de sus manos, es un gesto inconsciente que revela falta de intenciones ocultas, quiere decir “estoy limpia, no tengo nada que esconder, no soy una amenaza”.

Sus gestos, en general, son muy dinámicos, utiliza gestos ilustrativos con sus manos para ir acompañando el ritmo del mensaje, esta conducta suele asociarse con la credibilidad, o al menos, con la convicción de lo que estamos diciendo en ese momento; cuando mentimos nuestro cuerpo suele paralizarse, ya que todos nuestros recursos de energía se focalizan en la parte cognitiva (nos concentramos en elaborar la mentira y nuestros movimientos descienden visiblemente).

Sus gestos de afirmación y negación gestual también son coherentes con lo que va diciendo en este sentido, por ejemplo, cuando dice no haber solicitado convalidaciones, su lenguaje corporal ilustra tal negación. Sus gestos son contundentes, muestran rotundidad y concisión, acompañan en todo momento a su voz enfadada. Este tipo de enfado es la emoción esperada cuando a alguien se le acusa injustamente de algo, la actitud que muestra Carmen Montón sería congruente con el agravio que siente ante información falsa, en ningún momento duda o se siente insegura, tampoco encontramos expresiones de culpa.

Afirma: “Yo sí hice este máster“. Es una afirmación importante, utiliza la primera persona del singular, en lugar de la forma indeterminada o la tercera persona o la pasiva; es decir, se implica, se responsabiliza de la frase de gran impacto emocional, referida al eje central de su comparecencia, esto indica credibilidad, normalmente cuando mentimos nos distanciamos de frases así para no comprometernos tanto con algo que se sabe que no es verdad. El momento más impactante a nivel corporal ha sido cuando ha hecho una pausa, silencio, respira profundamente y grita dos veces “no todos somos iguales“, sus sentimientos atraviesan la pantalla y estremece escucharla, su enfado es notable y su afectación también, su mirada ha sido muy directa en este momento, ha sido un momento muy potente a nivel visual y sonoro.

Conclusión, el apoyo documental es lo más importante en estos casos, los datos objetivos son los protagonistas, si bien, en este caso, su lenguaje corporal me parece congruente con la defensa de su verdad, ella no cree que cometiera ninguna irregularidad, está totalmente convencida y su cuerpo lo transmite.

Los dos Pablo Iglesias

Pablo Iglesias reaparece tras su baja paternal en informativos telecinco con Pedro Piqueras, la entrevista se inicia con la temática personal para acabar hablando de la actualidad política. Y éste es un ejemplo perfecto para poder analizar las dos caras del líder de Podemos, su lado más íntimo y personal y su rol de político luchador y reivindicativo.

En estas dos partes le cambian prácticamente todos los rasgos de su morfología y comunicación, observamos cómo al inicio, al tratar temas de su vida privada, habla en un tono muy bajo, pausado, lento, casi no se le oye. Sus gestos son serenos, al igual que su rostro, relajado y sin acción muscular significativa salvo para expresar sonrisas auténticas. Se dibuja con este patrón una personalidad introvertida, tímida y recelosa a la hora de enfrentar hablar en público sobre su vida personal, se muestra más distante, inaccesible y más inseguro en este terreno.

Todo lo contrario ocurre cuando el tema cambia y se habla de política, su gesto se endurece pero también se crece y cobra una fuerza y seguridad propias de un auténtico líder. Realmente parece otra persona diferente, su expresión emocional ya no es sonriente y serena, vuelve al ceño fruncido marca registrada Pablo Iglesias, la ira le caracteriza, es su forma natural de expresar sus ideas y argumentar su posición, es vehemente y muy convencido con lo expresa en su mensaje oral. Su voz es alta y fuerte y aumenta la velocidad del ritmo, su postura gestual se yergue y se abre, volviéndose más dinámica e ilustrativa.

En definitiva, es un claro ejemplo de cómo el lenguaje corporal se modula y se adapta a lo que sentimos realmente en cada momento y ante diferentes estímulos en una misma situación.

[Puedes ver las diferentes secuencias de la entrevista pinchando aquí]

 

¿Te gusta Donald Trump? No te sientas incomprendido, tiene explicación

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. EFE

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. EFE

Puedes estar de acuerdo o no con su ideología política pero no se puede negar que Donald Trump sabe conquistar a su público (así lo manifestaron las últimas elecciones y las encuestas). Su vehemente lenguaje corporal agrada y perturba a partes iguales. Levanta pasiones y esto se debe, en gran parte, al modo único en que transmite su mensaje. La comunicación no verbal del presidente de EE.UU se rige principalmente por las siguientes claves:

En primer lugar, destaca su constante expresión facial de ira. El ceño fruncido y la boca en forma de embudo enseñando los dientes suelen ser un habitual en él. Ésta es una emoción negativa, pero es una emoción. Y es que precisamente uno de los atractivos de Trump es la de presentarse al público de una forma honesta, espontánea y transparente. Realmente es coherente entre lo que dice y lo que expresa con su cuerpo y, por tanto, sus apariciones se perciben como sinceras y auténticas. No oculta lo que siente y la gente puede identificarse con él, ya que no es una figura hiératica sin sentimientos, su mensaje es enérgico, fuerte y atrevido. Trump cree en lo que dice. La coherencia con su lenguaje corporal hace que nos fiemos de él de una forma tan férrea como sus propias convicciones.

Sus gestos también siguen este mismo patrón, suelen tener una apertura demesurada, indicando dominancia, orgullo y agresividad. En lugar de conectar y mostrarse colaborativo con sus votantes, ha optado por una postura de ‘macho alfa’ de la manada, proyectando poder, control y seguridad. Algo que le hace extraordinario y le distingue históricamente del resto de presidentes. Además, Trump se mueve mucho, utiliza numerosos gestos ilustradores del mensaje verbal para convencer, lo cuál es muy positivo. Los estudios al respecto determinan que así el espectador entenderá y recordará mucho mejor el discurso pronunciado.

Concretamente, los gestos con las manos más típicos del Presidente, son: el dedo acusador, que comunica amenaza y advertencia, un movimiento que todo orador evita menos él, pero también aporta contundencia y veracidad al mensaje, es una forma no verbal de hablar de tú y saltarse el usted. Perder las formas protocolarias le hace conectar con la gente de a pie. Otro gesto usual en Trump, es el que forma con los dedos la señal de ‘ok’, indica un pensamiento preciso, exhaustivo y disciplinado. Por último, le veremos en no pocas ocasiones los brazos extendidos y las palmas abiertas, este gesto vendría a decir un: “¡Miradme! Estoy con vosotros y no tengo nada que ocultar!”.

Para terminar, no podemos dejar de destacar el apretón de manos marca registrada de Donald Trump. Es uno de los comportamientos gestuales más insólitos que he visto. Sus fuertes sacudidas al saludar han dado la vuelta al mundo. Agarra con fuerza la mano de su interlocutor, la agita violentamente y, literalmente, le arrastra hacia él. La duración de este inquietante ritual ha llegado a durar más de 20 segundos, cuando lo habitual es no superar los 5. Es un apretón de manos muy intimidante, dominante y agresivo, parece una batalla territorial. Esto expresa su afán por quedar por delante del otro, destacar, mostrar su poder y superioridad hacia el otro, intenta someterlo, casi humillarlo, diría yo. Realmente, Donald Trump posee un concepto muy elevado de la puesta en escena. Es consciente de que estos momentos transcienden y los aprovecha para comunicar una imagen de poder al mundo. Además, creo que también utiliza este recurso gestual para ‘medir’ la personalidad, la intención y la resistencia de su interlocutor. De cualquier manera, este gesto también está en consonancia con su personalidad.

Como vemos, Donald Trump tiene luces y sombras en cuanto a comunicación no verbal se refiere, pero está claro que no dejará a nadie indiferente. O te encanta o le odias.

Pablo Casado también ganó por su lenguaje corporal a Sáenz de Santamaría

Pablo Casado. Foto EFE

Pablo Casado. Foto EFE

He de admitir que, hasta el momento, el lenguaje corporal de Pablo Casado me había pasado totalmente inadvertido e indiferente a la hora de analizar la comunicación no verbal en los discursos políticos. Ahora me fascina. En el cara a cara con Soraya Sáenz de Santamaría, luchando por el liderazgo del Partido Popular, se creció, y mucho. Soraya aparecía más artificial y controlada, más fría y preparada. Pablo se mostró tremendamente emocional y esto transmite inteligencia, credibilidad y consigue una conexión directa con el público.

Las expresiones faciales de Casado son muy positivas, estaba contento, seguro de sí mismo, disfrutando el momento, y eso se filtra a través del cuerpo de un modo muy natural. Continuamente sonreía, sus gestos eran dinámicos, fluidos, ilustrando su mensaje. Su nivel de implicación a la hora de comunicar era palpable, sus movimientos eran enérgicos, radiaba ilusión. Tal y como comenta mi colega José Luis Martín Ovejero en el análisis de su blog, Pablo Casado tiene un estilo muy Albert Rivera, así es; tienen muchos aspectos comunes, será interesante analizarlos en futuros cara a cara en los próximos debates electorales.

 

Trump asume el rol de sumisión con Putin

Encuentro de titanes, emociones a flor de piel, vigilancia y control extremo sobre cada movimiento. Trump y Putin dejan poco a la improvisación pero el dominio no verbal en situaciones relevantes de gran impacto también ejerce su labor.

Sin duda, los aspectos predominantes de su encuentro son la tensión, la rivalidad y la dominancia. Observándo la secuencia y los fotogramas del momento no podemos apreciar comodidad, tranquilidad, afabilidad, o gestos relajados, en ninguno de los dos líderes políticos.

En el esperado apretón de manos entre ambos, Trump asume el rol de la sumisión, ofreciendo su mano con la palma hacia arriba, cediendo la posición de líder a Putin, pero su semblante es serio, tosco, con mirada directa, fija y penetrante. Parece que es una declaración de buenas intenciones pero manteniendose defensivo, a la expectativa, es solo una tregua. Le respeta aunque mantiene las distancias.

El gesto entonces de Putin es insólito, le estrecha la mano, pero con la otra se agarra (literalmente) a la silla, gesto que demuestra la tensión máxima del momento, no es un movimiento natural ni cotidiano, denota descontrol, no se sentía cómodo.

Los dos mantuvieros posturas abiertas, dominantes y mentón elevado continuamente, señal de orgullo y prepotencia hacia al otro. El contacto visual entre ambos fue continúo, miradas que duraban más de lo socialmente aceptado, indica desafío, vigilancia, agresividad (intelectual) y reto.

Un PERO en la comunicación no verbal de Inés Arrimadas

Inés Arrimadas ante los medios (GTRES).

La evolución en el lenguaje corporal de Inés Arrimadas ha sido meteórica. Tiene un perfil de personalidad introvertido emocional; a estas personas normalmente les suele costar bastante exponerse como oradores y lograr transmitir eficazmente. Aquí tenemos el claro ejemplo de su ‘antes y después’ en el momento de enfrentarse a un discurso. Su comunicación no verbal ahora es ‘casi’ perfecta pero nuestra experta en logopedia, comportamiento no verbal y fundadora de OHLaVoz, Carmen Acosta, detecta en ella una limitación importante a la hora de expresarse:

Inés Arrimadas muestra con mucha frecuencia problemas con su voz. Durante el proceso de las elecciones catalanas su voz fue deteriorándose, hasta que incluso llegó a perderla al principio de un debate en la sexta Tv.

En la actualidad suena áspera, destimbrada y forzada, es decir , padece lo que los logopedas llamamos una disfonía.

Es tanta la tensión que tiene que hasta al inspirar podemos apreciar el ruido que el aire produce al rozar en las paredes de una faringe estrecha y deshidratada. Su voz está fatigada.

Contrariamente a lo que mucha gente piensa, la voz no se estropea o se gasta por hacer un uso continuado de ella. Hablar es una actividad muscular, como caminar o escribir. ¿Acaso se nos estropean las piernas si caminamos muchas horas? No, claro que no, siempre y cuando caminemos de manera funcional y vayamos progresivamente aumentando nuestras horas de entrenamiento. Pues lo mismo ocurre con la voz, si la utilizamos adecuadamente se irá volviendo cada vez más fuerte y resistente.

Una voz disfónica es, generalmente, una voz maltratada, y eso es un grave problema, no solo porque puede dejarnos “tirados” cuando más falta nos hace, sino por el tipo de inferencias que una voz enferma puede activar en la mente de los oyentes.

Porque hablar con sobresfuerzo, lo que probablemente ha provocado la disfonía de Inés Arrimadas, es un comportamiento habitual en personas que necesitan hacerse oír, o que se han acostumbrado a que si no fuerzan la voz no se les oye, o no se les tiene en cuenta. Personas que se han acostumbrado a llamar la atención más por el volumen de su voz que por la fuerza de sus ideas.

Por si fuera poco, el sobresfuerzo genera más y más sobreesfuerzo porque el sistema se va volviendo cada vez más rígido, cada vez cuesta más trabajo hablar y cada vez exige más esfuerzo. Este círculo de rigidez creciente merma las capacidades expresivas porque provoca que el hablante sea cada vez menos capaz de matizar su habla con las emociones, por lo que aún más se verá fortalecida la idea de encontrarnos ante un orador rígido.

¿Qué nos dicen las manos de Pedro Sánchez? #LenguajeCorporal

Un tuit de Moncloa sobre las manos de Sánchez causa revuelo en las redes. Sí, la comunicación no verbal trasciende cada vez más, y os confieso que me encanta. La psicología emocional y del comportamiento está adquiriendo una relevancia insospechada, ya la merecía. Nos damos cuenta, cada vez más, de que nuestros movimientos y sentimientos expresados influyen y mucho; y esto hay que mimarlo, sobre todo, en el mundo de la política, dónde la imagen de un líder gana o pierde votos para el partido. Ahora bien, es necesario canalizar adecuadamente esta energía para que funcione.

En mi opinión, está genial que los líderes políticos se sometan a sesiones de coaching y entrenen sus habilidades de comunicación, pero bien enfocado. Hay dos formas de entrenar el lenguaje corporal: una es forzando gestos que signifiquen ‘x’, por ejemplo: hay que mostrar las palmas de las manos para proyectar credibilidad y falta de intenciones ocultas; En definitiva, hacerlo a propósito y controlar la gestualidad para aparentar lo que queremos que los ciudadanos piensen de nosotros. Otra forma, la ideal, es convencer y comprometer al político con sus ideas, que crea en sus propuestas, que defienda realmente sus posturas, que sienta lo que dice, de ese modo no hay que posar, los gestos emocionales positivos nacerán de un modo espontáneo y ahí es cuando la proyección será exitosa.

Esas manos, por sí solas, no quieren decir nada, no muestran determinación, son solo gestos sin palabras asociadas, no hay gestos buenos o malos por sí solos. Yo puedo poner la postura manual de cualquiera de esas fotografías diciendo que voy a aniquilar al planeta tierra. Siempre es necesario el contexto y comprobar si los gestos con las manos son coherentes con la expresión emocional del rostro, por ejemplo, y con el mensaje verbal. Entonces, es cuando se puede valorar un significado.

Ese tuit me resulta excéntrico y superfical, creo que no es necesario destacar los buenos gestos que hace una persona, si los hace, no hay duda de que esto se transmitirá al resto de observadores de forma natural. Desde luego la comunicación y apariencia de Pedro Sánchez han dado un giro brutal, a lo Obama, y está muy bien, va por buen camino, Obama es todo un referente en comunicación, pero hay que dejar que el lenguaje corporal fluya y contagie de emociones a los demás sin traspasar la barrera de lo robótico.

Pero ésta es solo mi opinión… ¿qué pensáis vosotros? 🙂

Los aspirantes a liderar el PP definidos por su comunicación no verbal

El Partido Popular ya se ha convertido en el partido español al que más candidatos se han presentado en su particular proceso de primarias. Hoy analizamos las principales candidaturas, las cuatro que parece que van adquiriendo más trascendencia, para valorar las luces y sombras de cada uno a través de su comunicación no verbal. Empecemos por ellas.

Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal. Foto EFE

Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal. Foto EFE

Me detendré más en Soraya Sáenz de Santamaría porque es la que más aspectos destacables tiene para perfilar y ha estado, hasta ahora, más expuesta a debates políticos (mayor carga emocional) y comparecencias públicas. Soraya es la que más está trabajando su ‘marca personal‘ para destacar en estas elecciones internas del partido. Solo tenéis que ver el eslogan que se ha marcado en sus redes sociales. “Sora ya!” Un lema simple pero con gancho, sugiere inmediatez, que ha llegado su momento. Los perfiles de Twitter de los candidatos no tienen desperdicio y también proyectan aspectos de su personalidad e intenciones… no os perdáis el análisis al respecto que hizo mi compañero José Luis Martín Ovejero (entra aquí)

Desde luego que Sáenz de Santamaría haya ostentado la vicepresidencia del gobierno es muy beneficioso para ella, el efecto halo hará su trabajo y la proyectará como ‘capaz’, con experiencia; realmente ha estado muy cerca del anterior presidente y eso le confiere una mayor cercanía funcional y emocional con ese puesto. Es una persona afectivamente discreta, no es intensa en su expresividad pero si hay que destacar en ella dos gestos claves: las sonrisas ‘de medio lado’ y el orgullo.

Esas sonrisas unilaterales, que se han convertido en una expresión identificativa de Soraya, se asocian al desprecio. No me entendáis mal. No es posible que esté ‘despreciando’ a todas horas a todo el mundo, ya que ésta es una emoción momentánea y reactiva; pero que esa sonrisa forme parte de su línea base de comportamiento puede dibujar una personalidad altiva, segura, condescendiente, en cierta medida denota arrogancia… Los niveles exactos de estos rasgos lo sabrán quienes la conozcan de verdad. PERO (no nos vengamos arriba), hay que aclarar que, por sí solos, estas características no son buenas ni malas, arraigadas a otros valores, cualidades y contextos pueden ser positivas o, todo lo contrario, insufribles…

Este aspecto de la sonrisa de ‘medio lado’ es coherente con el otro gesto corporal que también la caracteriza: el orgullo. Será frecuente que la veamos con el mentón elevado, una postura especialmente erguida y gestos de apertura y expansivos en el espacio, que demuestra también cierto grado de dominancia. Soraya tiene además habilidad y fluidez verbal, es una persona organizada y pausada, se transmite en su forma de hablar. No es tan atropellada como, por ejemplo, Mariano Rajoy y normalmente se muestra coherente entre lo que dice y expresa a través de su corporalidad, aspecto que le dota de credibilidad.

María Dolores de Cospedal es bastante plana en su comunicación gestual, el arte de la comunicación no verbal no es su fuerte, le cuesta ordenar ideas, comete errores frecuentes de repetición e incoherencia (recordemos aquello de los “pagos en diferido”) y sus gestos ilustrativos, en general, se ven forzados y desacompasados con sus palabras, en este sentido, puede generar desconfianza; Le falta la fuerza y vehemencia emocional, aspectos con los que sí cuenta su contrincante Soraya; aunque es una mujer sonriente que transmite positividad y buenas intenciones.

Pablo Casado. Fotografñia: JAVIER LIZÓN / EFE

Pablo Casado. Fotografñia: JAVIER LIZÓN / EFE

Al igual que ocurre con Sáenz de Santamaría y Cospedal, Pablo Casado y José Manuel García-Margallo son la cara y la cruz de la moneda. Ambos adversarios tienen un estilo comunicativo muy diferente, por razones obvias. Pablo Casado es la figura joven y fresca del partido, su imagen se identifica con la renovación y la modernidad pero manteniendo la estética tradicional del partido político. Tiene una apariencia y expresión muy del estilo Pedro Sánchez, gesticulan bastante, son apasionados, aunque a veces caen en la artificialidad y sus mensajes pierden fuerzan, no llegan al espectador.

García-Margallo sería la figura más parecida al predecesor en el cargo Mariano Rajoy, su apariencia proyecta sabiduría, tradición, experiencia pero alejaría al partido de la idea de renovación y transgresión por el que ahora parece que apuestan todos. Tiene un estilo comunicativo plano, neutral y carente de emociones pero sí que utiliza mucho sus manos para marcar contundentemente sus ideas y enfatizar su mensaje; también posee habilidad y fluidez verbal, un lenguaje culto y organizado que le brinda un aire de profunda sabiduría y esto genera confianza.

José Manuel García-Margallo. Foto Jorge París

José Manuel García-Margallo. Foto Jorge París