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La ‘aplausitis’ toma protagonismo en la política española

La bienvenida triunfal a Pedro Sánchez tras el pacto de Bruselas ha estado protagonizada por un pasillo con sonoros vítores, aplausos y miradas de complicidad por parte de sus Ministros. Una reacción llamativa, y hasta ahora poco habitual, en la imagen política de nuestro país.

Pero es que la escena no es aislada y el aplauso intenso e interminable se volvió a repetir ayer, justo antes de comenzar la sesión de control al Gobierno en la entrada de Sánchez al hemiciclo.

Existe una expresión, en el lenguaje coloquial de los cofrades y apasionados de la Semana Santa, conocida como ‘aplausitis petalae‘, no logro averiguar la procedencia del término (espero que alguien me pueda iluminar), pero se utiliza para definir en las procesiones al comportamiento de algunos de los asistentes que recrean un ambiente folclórico cuando no toca, escandaloso, distorsionado y exagerado, en el que se grita, se hacen aspavientos y se aplaude de forma ferviente ante el paso religioso, una moda que nada gusta a los creyentes más puristas, quienes mantienen una actitud humilde, con recogimiento y respeto.

El contexto es bien diferente, pero tras lo sucedido en nuestro país y en el mundo, la consideración debería ser similar, no hay muchos motivos para batir las palmas, de hacer ruido cuando se necesita silencio, razón y reflexión.

LA PSICOLOGÍA DEL APLAUSO

Un revolucionario estudio sueco, publicado en el Journal of the Royal Society Interface, determinó que la duración o intensidad de los aplausos no tienen por qué ser prueba de la calidad de una determinada actuación. El aplauso estaría determinado por el comportamiento deliberado o no de un grupo ante la influencia o presión de la mayoría y no por la satisfacción real propia, se trata de un contagio social que trata de agradar y dar protagonismo (merecido o no) al receptor de la ovación.

En comunicación no verbal, el aplauso se entiende como la necesidad humana de expresar una opinión visible de aprobación. Pero la política es un mundo aparte en el que casi todo se corrompe, ellos reciben el elogio del aplauso normalmente como muestra de apoyo clásico o acción multiplicadora, no de aceptación o respuesta emocional sincera.

Los aplausos en política se han convertido en un cliché muy socorrido, que ya forman parte del argot del mitin político. Ya no significan nada, solo una infantil estrategia de marketing y publicidad que intenta endulzar la imagen del político de turno, recrear un momento optimista, a pesar de que sea más o menos apropiado, de que se merezca o no, de que no proceda en el contexto.

En política se aplaude a pesar de todo.

 

 

 

 

Análisis no verbal del: “¡Viva el 8M!” de Pedro Sánchez

En la sesión plenaria del Congreso de ayer, de nuevo, los reproches entre partidos continuaban. Y como no puede ser de otra manera, la controvertida celebración de la marcha feminista del pasado 8 de marzo continúa siendo el centro de las críticas al Gobierno.

Fotografía EFE

Fotografía EFE

(Aquí vídeo) Pedro Sánchez responde entonces con un reivindicativo: “Lo digo alto y claro: ¡Viva el 8 de marzo!”

Resulta que con su comunicación no verbal no lo dice ni alto, ni tampoco claro.

Su lenguaje corporal al inicio de la frase es coherente al enérgico mensaje: levanta la mirada, su rostro se torna severo, con ciertos visos de ira, en este caso, asociada a la trascendencia de lo que va a decir a continuación. Sacude fuerte el brazo para marcar contundente el “alto y claro”.

Pero finalmente, no sube la voz, de hecho, la baja sutilmente y lo que es más sorprendente, por la incoherencia con el momento, desciende la mirada y agacha la cabeza. No sostiene así la intensidad y convicción en lo que pronuncia con sus palabras. Rompe totalmente el culmen de su protesta.

Parece que hubiera algún estímulo que internamente (idea, pensamiento, recuerdo, emoción) interrumpe el disfrute emocional de tal afirmación, podemos hipotetizar sobre que es consciente de la polémica que despertará tal proclamación, arrepentimiento, culpa, vergüenza

Desde luego, lo que no vemos es orgullo, este sí sería un gesto esperado asociado a sus palabras, definido con una mirada intensa al frente, cabeza alta y postura expansiva.

De ser así, este instante hubiera quedado para la posteridad, pero tal y como lo expresó ayer, proyecta falta de convicción.

 

Análisis no verbal: Pedro Sánchez coge aire

Algunos de vosotros habéis apreciado con excepcional criterio que Pedro Sánchez ha alterado su patrón normal de respiración en las últimas comparecencias y que además, ejecuta un gesto repetido cuando debe afrontar alguna explicación controvertida o dar respuesta a alguna pregunta complicada, se trata de una leve sacudida corporal acompañada de una intensa inspiración.

Pedro Sánchez durante la rueda de prensa. EFE

Pedro Sánchez durante la rueda de prensa. EFE

Analizando la última comparecencia del pasado sábado podemos observar que confluyen tres circunstancias que sustentan la razón de este gesto.

En primer lugar, una muy simple: la cercanía de los micrófonos. El atril soporta dos micrófonos muy altos que recogen el sonido perfectamente, pero al tenerlos tan cerca y resultar tan nítidos, absorben también el ruido de la respiración, esto es muy molesto para el espectador y hace que perdamos la atención en el mensaje, funciona a modo de distractor y nos desconectan del discurso verbal.

En segundo lugar: Pedro Sánchez está muy cansado. El rostro que ya viene presentando en las últimas semanas da cuenta de su agotamiento, tanto la voz como las emociones se producen muy fatigadas. Cuando estamos agotados la respiración se vuelve mucho más intensa y sonora (a veces incluso se traduce en el conocido bostezo).

Esta respiración profunda es algo así como el sistema de ventilación de nuestro procesador central, una inyección de aire nuevo que permite al cerebro mantener el estado de alerta y un funcionamiento óptimo cuando cree que más lo necesita. 

Además, según un reciente estudio de la Universidad de Pisa, el bostezo o las inspiraciones profundas no solo se asocian con la fatiga, también lo hacen con estados de ansiedad y cuando nos sentimos amenazados, de  esta manera, también se relaciona con la necesidad de aumentar los niveles de atención.

Una explicación que también refuerza con su comunicación no verbal, ya que se observa una fuerte carga cognitiva, es decir, una muy alta concentración en lo que está diciendo, y que se traduce en un descenso notable de la gestualidad corporal (menos ilustradores con las manos, por ejemplo, que dibujen a sus palabras), en un discurso más errático y poco fluido (repleto de rectificaciones, que no suelen ser habituales en él) y en una ralentizada velocidad del habla.

Por último, ese sutil sobresalto corporal antes de responder o pronunciar un contenido verbal, complejo o que se sabe polémico, se asocia a una especie de preparación del organismo para la acción, un calentamiento antes de ‘soltar’ la cuestión crítica, con un ‘allá voy’.

Coronavirus: la nueva estrategia de comunicación política de Pedro Sánchez

Desde el principio de esta pandemia por Covid-19, Pedro Sánchez ya manifestaba alguna referencia a que esta situación se trataba de una guerra. En su última comparecencia en la tarde de ayer, directamente ya hablaba continuamente como el General que lidera un gran ejército y quiere motivar el ardor del guerrero para incentivar la lucha y el sacrificio de los combatientes.

No exagero, a continuación os dejo un vídeo con los cortes belicistas de su discurso (autor del vídeo: J.L Martín Ovejero):

No ha sido el único presidente que ha utilizado esta estrategia política. “Estamos en guerra”. Seis veces durante su discurso (el 12 de marzo), Emmanuel Macron utilizó la misma expresión tratando de tomar un tono marcial.

¿Cuál es el objetivo de adoptar este tono bélico en sus discursos políticos?

Por un lado, alentar el trabajo de los sanitarios y profesiones relacionadas, personas anímicamente destruidas tras los esfuerzos poco recompensados y protegidos.

Además de asegurar el mantenimiento del confinamiento del resto de la población. Palabra que por cierto evitan utilizar a toda costa.

Por otro lado, para tratar de conseguir una unión nacional frente a solo un enemigo común, el virus.

El objetivo es que la gente deje atrás la crítica sobre la gestión de los políticos, las medidas tardías, contradictorias y la búsqueda de culpables. Es un magistral desvío de la atención hacia solo un foco.

Tal y como analiza también mi compañero José Luis Martín Ovejero en su blog de comunicación: “Es un clásico de la estrategia política, buscar un enemigo común fuera para desviar la atención de los problemas internos. En el momento actual, se trataría de que la ciudadanía mirase más al virus que al gobierno.”

En palabras del periodista Carlos Alsina: “Esto no es una guerra, es una pandemia, no tenemos ‘armas’ para combatir el virus porque no hay tratamiento que nos lo permita. La única guerra es la que libra el sistema inmunológico de cada uno. A una epidemia se sobrevive, no se la doblega.”

No habrá día de la victoria, ni desfiles por las avenidas. No es más que un mensaje anacrónico que distorsiona a lo que nos enfrentamos.

No queremos héroes en el frente, queremos que nuestros sanitarios estén protegidos.  No somos soldados, somos ciudadanos y no podemos ser gobernados como en tiempos de guerra, no tendría sentido.

Aquí os dejo dos artículos de opinión que hablan más extensamente de este recurso bélico de la comunicación que adoptan algunos de nuestros políticos:

No, no estamos en guerra. Estamos en una pandemia. Eso es más que suficiente. – Basta!

Es una epidemia, no una guerra. – Las Provincias.

La comunicación no verbal de Iglesias y Garzón protagonista en el acto de posesión del cargo

Esta mañana, los ministros del nuevo gobierno, con Pedro Sánchez a la cabeza, han tenido que prometer el cargo ante el Rey Felipe VI en el Palacio de la Zarzuela, no ha habido grandes sorpresas y el protocolo se ha seguido con naturalidad por parte de todos.

Pero era una buena oportunidad para enviar mensajes sin palabras; al menos, así lo han considerado Pablo Iglesias, el nuevo vicepresidente, y Alberto Garzón, nuevo ministro de Consumo, que no han querido desaprovechar la ocasión para mostrar su aparente espíritu reivindicativo y rebeldía.

Y digo bien ‘aparente’ porque lo han hecho a través del canal de la apariencia, mediante dos símbolos: un pin en la solapa y la ausencia de corbata. Ambos emblemas les hacían únicos y demarcados del resto de los presentes.

El significado del triángulo rojo invertido en las chaquetas no ha pasado inadvertido y ha trascendido de inmediato a la prensa, lo recogen ya mis compañeros en este mismo medio. Un símbolo nazi que ahora se identifica con la lucha antifascista (toda una declaración de intenciones en cuanto a sus objetivos).

Ambos han sido fieles a su indumentaria informal, renuncian a guardar ‘las apariencias’ ni siquiera ante el Rey, proyectando así el mensaje de que la expresión personal tiene que ‘destronar’ a la identidad corporativa, que ya la individualidad es superior a la institución. En general, los políticos prescinden de la corbata para parecer más accesibles, cercanos, alejados de la imagen tradicional y burguesa de la política clásica, pero ojo, que esto no quiere decir que lo sean.

Por último, me sigue llamando la atención la moderación recientemente adoptada en los discursos de Pablo Iglesias, hoy de nuevo en su comparecencia tras la toma de posesión de su vicepresidencia, habla ante los medios con un estilo comunicativo que pareciera impensable en él tan solo un par de años atrás.

En el pasado, su forma de hablar guardaba una innegable semejanza con los discursos más revolucionarios característicos de países latinoamericanos, tanto en el tono, como en los gestos, como en sus expresiones faciales; era fuerte, enérgico, vehemente en su semblante, intenso e imponente con su ceño fruncido, rápido y ‘agresivo’ en los movimientos corporales.

Ahora directamente parece otra persona y a mí no me deja de fascinar el cambio, me hipnotiza, asombra y descoloca a parte iguales.

Fijaos en su tempo en el discurso, es lento, delicado, aséptico en sus emociones, con mirada profunda, con cierta tristeza en la triangulación de las cejas, postura estática y apocada, adoptando una actitud tímida y casi sermonaria. En el gesto se aprecia frecuentemente el cabeceo lateral, su significado ya lo analizamos también en el cambio de comunicación de Anna Gabriel desde Suiza, un gesto que, según las últimas investigaciones, se asocia directamente con la afiliación, la sumisión, cierto grado de victimismo y desprotección. 

¡Estoy deseando leer también vuestras opiniones! El tema da para mucho… 🙂

Pablo Iglesias celebra llorando la investidura de un contrariado Pedro Sánchez

Sin duda, la imagen más impactante de la investidura de Pedro Sánchez la ha protagonizado Pablo Iglesias, el nuevo Vicepresidente del Gobierno de España. Lo ha celebrado como nadie pero llama la atención que no lo haga con alegría y euforia, sino con un profundo llanto y una intensa tristeza en su rostro (observad la perfecta triangulación de las cejas).

¿Es una reacción esperable celebrar una victoria con tristeza? Sí, todo depende del contexto. La función principal de esta emoción básica es la reintegración, forma parte del proceso de una ‘rehabilitación emocional’.

Aunque la tristeza se considera tradicionalmente como una emoción negativa, no siempre es así. Según Seligman, la tristeza aparece después de una experiencia en la que se genera miedo debido a que la tristeza es el proceso oponente del pánico y actividad frenética. Nuestro cerebro la genera para buscar la cohesión con otras personas, especialmente con aquéllos que se encuentran en la misma situación, como puede ser el caso que nos ocupa.

Lo vemos también repetidamente en contextos deportivos, eso es porque normalmente se celebra la victoria tras un esfuerzo y pérdida de energía intensos, cuando hemos estado en tensión y luchando hasta el último momento, cuando culminas un largo proceso de estresante perseverancia en un objetivo muy concreto. El llanto y la tristeza suele ser la reacción emocional esperada.

Fijaos en el final del vídeo, Pedro Sánchez le ve en ese estado y aprieta fuertemente la mandíbula en un gesto contrariado, Pablo Iglesias le intenta retener después del abrazo y Sánchez enseguida aparta la mirada ‘huyendo’ de él (al menos, corporalmente hablando) … ¿Qué os ha parecido esta reacción?

 

 

 

Análisis no verbal: El pacto entre Iglesias y Sánchez hecho ‘cuadro’

Hace escasos días, esta fotografía realizada por Dani Gago se viralizó rápidamente en redes sociales. No es para menos; como si de un cuadro de Velázquez se tratara, la iconografía política representada no puede dejarnos indiferentes.

@DANIGAGOPHOTO

@DANIGAGOPHOTO

Recordemos que una sola escena congelada no nos aporta tanta información válida como sí que lo hace una secuencia en vídeo, aunque en este caso se ‘activan’ los dos canales de comunicación no verbal más estables en el tiempo, que sí que nos ‘hablan’ con bastante fidelidad, estos son: la próxemica (orientación, distribución y distancias entre las personas) y las posturas (gestos corporales estáticos),

La distribución semicircular se orienta claramente hacia un personaje principal, Pablo Iglesias, es quien habla ese momento y todos los presentes le observan atentamente. El rostro de Iglesias es amable y sonriente, su postura es relajada, se expone al descubierto, sin barreras.

En el polo más opuesto a este alegre estado de ánimo del líder de Podemos, observamos a María Jesús Montero, con una seriedad en el rostro impactante, mirada penetrante y brazos cruzados, no tiene por qué estar enfadada o molesta pero lo que está claro es que no está cómoda.

Adriana Lastra comparte esta misma línea de comportamiento pero además se capta una microexpresión facial en este momento de una emoción secundaria mezcla de incredulidad, escepticismo y recelo. Bastante expresiva esta revelación emocional en su rostro.

Por último, destaca la posición de Pedro Sánchez, pareciera que acaba de correr una maratón y se desploma agotado en el sillón para recuperarse y beber agua tras un gran esfuerzo con ligera indiferencia y desinterés con el resto de los presentes.

Y a vosotros… ¿qué os ha parecido?

Análisis no verbal: ¿El afecto entre Sánchez e Iglesias es sincero?

Solo el tiempo lo dirá… pero en sus encuentros públicos para firmar una coalición entre partidos, la comunicación no verbal de ambos deja entrever algunos detalles que pueden darnos pista del sentir de los dos líderes políticos y de si sus afectos personales son reales o fruto del mero interés.

Ayer se produjo un épico abrazo que sellaba un pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar gobierno, y analizamos por qué sorprendió y trascendió tanto, destacamos algunos detalles no verbales que lo hacían único y sincero, pero ¿para ambos por igual?

Respecto al abrazo, es cierto que a simple vista se ve mucho más entregado a la causa a Iglesias que a Sánchez, pero también de este último nos perdemos la visibilidad de sus manos y rostro, fundamentales para ampliar en detalle la emoción sentida.

Pero para darle contexto, sí podemos darle algo más de significado a esta supuesta íntima relación que ha surgido repentinamente entre ambos, no centrándonos solo en el abrazo, sino en el resto de intervenciones previas y posteriores, ruedas de prensa individuales y apretón de manos.

Parece que en este gesto sí hay más distancia entre ellos de la ‘normal’, de la que se da entre dos personas que se dan la mano para cerrar un acuerdo, si os fijáis casi que cabe una persona física entre ellos dos, la postura de Sánchez es la habitual en él cuando saluda a alguien, es decir, no le trata aquí de un modo exclusivo, lo hace como siempre.

Extendiendo muy poco el brazo hacia su interlocutor, lo deja muy pegado al costado, en esta imagen no aparece entrega ni un interés especial, no hace esfuerzos por acercarse al otro, no hay emoción es su rostro, solo una sonrisa social o posada, estira las comisuras labiales pero no hay alegría en sus ojos, no se activa el músculo orbicular (patas de gallo) reflejo de la alegría sincera, cara de circunstancia. Diría incluso que se expone con cierta expresión de vergüenza, sobre todo, tras finalizar el íntimo abrazo.

Acción orbicular que sí que podemos apreciar, aunque de forma sutil, en Pablo Iglesias, está más contento, se expone más orgulloso ante los medios, se orienta totalmente hacia ellos, su postura es muy abierta y expansiva, su lenguaje corporal está pletórico.

Parece que en este sentido, también reforzamos el contexto del análisis en rueda de prensa individual, ya que las palabras de Sánchez no eran muy congruentes con su comunicación no verbal: por más que repitiera que el proyecto era muy ilusionante no puede dejar de filtrar malestar, represión e ira contenida con el gesto de labios fruncidos con presión al terminar su frase, esta acción muscular no se relaciona en modo alguno con la expresión de la ilusión, la alegría, el orgullo o la esperanza, está tenso.

Os dejo también por aquí el análisis en vídeo de mi compañero José Luis Martín Ovejero, muy acertado y en esta misma línea.

¿Qué os parece? ¿Durará esta unión y este afecto entre ambos? ¿Amor sincero o compromiso? 🙂

 

El íntimo y sentido abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que tanto nos ha sorprendido

Parece que esta vez se aceleran las acciones y hoy mismo Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ya han acordado un Gobierno de coalición entre ambos.

Su encuentro no ha estado exento de polémica y ha desatado toda una oleada de reacciones y memes en redes sociales, a cuál más ingeniosa por cierto. Y es que cuando no hay palabras el cuerpo sí las tiene, se han comunicado entre ellos, y mucho, a través del lenguaje no verbal, dando protagonismo a dos canales esenciales en las relaciones interpersonales: la háptica y la proxémica; la primera hace referencia al contacto, a interpretar cómo nos tocamos y por qué lo hacemos, la segunda estudia las distancias interpersonales para valorar el grado de intimidad entre dos semejantes.

Fotografía de Paco Campos/EFE

Fotografía de Paco Campos/EFE

Y es que… hay abrazos… y abrazos. Este así como lo veis en la fotografía da para mucho. Fijaos cómo se funden en uno, Sánchez le agarra por la cintura, una zona no neutral que tocamos cuando ya hay un nivel alto de confianza con el otro (las zonas neutrales son solo dos: hombro y codo), cuando tocamos el resto de las partes de la anatomía entramos en terreno peligroso si somos dos desconocidos, ya que puede provocar bastante rechazo.

Ambos rompen cualquier barrera de aire libre, rompen la burbuja que todos tenemos a nuestro alrededor, un espacio vacío pero que consideramos de nuestra propiedad, al igual que ocurre en el reino animal, cuando se traspasa esta barrera, se produce una lucha, un ataque, o todo lo contrario, la afiliación. Aquí vemos cómo juntan por completo sus cuerpos, reduciendo el espacio proxémico al mínimo, incluso vemos como Sánchez apoya la cabeza en el hueco que queda entre el hombro y la cabeza de Iglesias.

Por parte de Iglesias, iguala esta posición de la cabeza de Sánchez y pone sus manos bien abiertas sobre la espalda del otro, y aprieta, se observa perfectamente por la presión que ejercen sus dedos, no tiene la mano ‘muerta’, ni realiza un leve toque, sino que aprieta para enfatizar el contacto háptico. Y el mejor detalle de todos: cierra los ojos mientras le abraza (no podemos ver los del líder socialista), este gesto se realiza cuando uno quiere evadirse de toda la estimulación que le rodea, de todos los presentes, de las cámaras, quiere aislarse y centrarse en lo que hace, disfrutar y sentir el abrazo.

Efectivamente, es normal que llame la atención, puesto que este tipo de abrazos está reducido a familiares, amigos muy cercanos y a nuestra pareja. Entiendo que ambos se marcan el objetivo de transmitir con la mayor de las intensidades su compromiso y confianza en el otro, tienen la voluntad de congeniar, el abrazo se convierte entonces en un sello de intimidad, de entendimiento y se comunican este pacto no solo con sus palabras sino también con el cuerpo.

¿Será verdadero? ¿Qué pensáis?

Triunfante Abascal, tristeza en Ciudadanos, el desprecio de Casado y el lapsus no verbal de Sánchez

Las primeras reacciones tras los resultados electorales son una mina no verbal. Las emociones están a flor de piel y cuando se experimenta tanta intensidad interior nuestro cuerpo no habla, grita lo que realmente está sintiendo, en este contexto es muy difícil controlar y reprimir sensaciones.

Un serio y preocupado Pablo Iglesias fue el primero en comparecer. Visiblemente enfadado (vuelve a aparecer el ceño fruncido) centra su discurso en el crecimiento de la ‘extrema derecha’, hace protagonista a Vox repitiendo este mensaje una y otra vez.

Santiago Abascal era pura euforia, apareció como el representante más exultante de todos, gestos de triunfo y las sonrisas más intensas nunca vistas en él, estaba más acelerado de lo que acostumbra, no podía controlar sus pletóricos sentimientos de victoria, su lenguaje corporal gritaba felicidad.

La reacción de Albert Rivera era la más esperada y compareció más triste que enfadado reconociendo los malos resultados, visiblemente nervioso y emocionado. Aunque las ‘caras más largas’ las apreciamos sin duda en Inés Arrimadas y Marta Rivera, ambas llegan incluso al llanto mientras escuchan el discurso del líder de Ciudadanos, sus expresiones faciales son desoladoras, la viva imagen del fracaso, posturas encorvadas, miradas perdidas, cabezas bajas, lágrimas en los ojos… Un panorama muy amargo.

Pablo Casado se deja ver alegre y animado pero comedido y prudente con el resultado. Se observan microexpresiones de desprecio (con la elevación unilateral de la comisura labial) cada vez que nombra a Pedro Sánchez, el dato de sus votantes no es mayor al del PSOE pero él sí se siente en un plano moralmente superior al líder socialista.

Por último, se manifiesta Pedro Sánchez proclamándose ganador, sonriente pero incómodo, malhumorado incluso con los asistentes, a los que abronca por no dejarle hablar, no tendría esa actitud si realmente estuviera exultante. De hecho ha sido el más breve de todos en su aparición pública, tenía prisa por acabar. Muy curiosa la incongruencia no verbal que comete: pronuncia verbalmente que “ahora va a haber Gobierno sí o sí” aunque gestualmente niega tal afirmación con la cabeza, verbaliza un sí pero su cuerpo le niega, le contradice, ¿a qué hacemos caso? ¿a su mensaje verbal o no verbal?.

No sé si finalmente lograra la formación de gobierno pero que tiene dudas hasta él, aunque diga lo contrario, está clarísimo, el lenguaje corporal no miente.