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Análisis no verbal: ¿El afecto entre Sánchez e Iglesias es sincero?

Solo el tiempo lo dirá… pero en sus encuentros públicos para firmar una coalición entre partidos, la comunicación no verbal de ambos deja entrever algunos detalles que pueden darnos pista del sentir de los dos líderes políticos y de si sus afectos personales son reales o fruto del mero interés.

Ayer se produjo un épico abrazo que sellaba un pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar gobierno, y analizamos por qué sorprendió y trascendió tanto, destacamos algunos detalles no verbales que lo hacían único y sincero, pero ¿para ambos por igual?

Respecto al abrazo, es cierto que a simple vista se ve mucho más entregado a la causa a Iglesias que a Sánchez, pero también de este último nos perdemos la visibilidad de sus manos y rostro, fundamentales para ampliar en detalle la emoción sentida.

Pero para darle contexto, sí podemos darle algo más de significado a esta supuesta íntima relación que ha surgido repentinamente entre ambos, no centrándonos solo en el abrazo, sino en el resto de intervenciones previas y posteriores, ruedas de prensa individuales y apretón de manos.

Parece que en este gesto sí hay más distancia entre ellos de la ‘normal’, de la que se da entre dos personas que se dan la mano para cerrar un acuerdo, si os fijáis casi que cabe una persona física entre ellos dos, la postura de Sánchez es la habitual en él cuando saluda a alguien, es decir, no le trata aquí de un modo exclusivo, lo hace como siempre.

Extendiendo muy poco el brazo hacia su interlocutor, lo deja muy pegado al costado, en esta imagen no aparece entrega ni un interés especial, no hace esfuerzos por acercarse al otro, no hay emoción es su rostro, solo una sonrisa social o posada, estira las comisuras labiales pero no hay alegría en sus ojos, no se activa el músculo orbicular (patas de gallo) reflejo de la alegría sincera, cara de circunstancia. Diría incluso que se expone con cierta expresión de vergüenza, sobre todo, tras finalizar el íntimo abrazo.

Acción orbicular que sí que podemos apreciar, aunque de forma sutil, en Pablo Iglesias, está más contento, se expone más orgulloso ante los medios, se orienta totalmente hacia ellos, su postura es muy abierta y expansiva, su lenguaje corporal está pletórico.

Parece que en este sentido, también reforzamos el contexto del análisis en rueda de prensa individual, ya que las palabras de Sánchez no eran muy congruentes con su comunicación no verbal: por más que repitiera que el proyecto era muy ilusionante no puede dejar de filtrar malestar, represión e ira contenida con el gesto de labios fruncidos con presión al terminar su frase, esta acción muscular no se relaciona en modo alguno con la expresión de la ilusión, la alegría, el orgullo o la esperanza, está tenso.

Os dejo también por aquí el análisis en vídeo de mi compañero José Luis Martín Ovejero, muy acertado y en esta misma línea.

¿Qué os parece? ¿Durará esta unión y este afecto entre ambos? ¿Amor sincero o compromiso? 🙂

 

El íntimo y sentido abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que tanto nos ha sorprendido

Parece que esta vez se aceleran las acciones y hoy mismo Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ya han acordado un Gobierno de coalición entre ambos.

Su encuentro no ha estado exento de polémica y ha desatado toda una oleada de reacciones y memes en redes sociales, a cuál más ingeniosa por cierto. Y es que cuando no hay palabras el cuerpo sí las tiene, se han comunicado entre ellos, y mucho, a través del lenguaje no verbal, dando protagonismo a dos canales esenciales en las relaciones interpersonales: la háptica y la proxémica; la primera hace referencia al contacto, a interpretar cómo nos tocamos y por qué lo hacemos, la segunda estudia las distancias interpersonales para valorar el grado de intimidad entre dos semejantes.

Fotografía de Paco Campos/EFE

Fotografía de Paco Campos/EFE

Y es que… hay abrazos… y abrazos. Este así como lo veis en la fotografía da para mucho. Fijaos cómo se funden en uno, Sánchez le agarra por la cintura, una zona no neutral que tocamos cuando ya hay un nivel alto de confianza con el otro (las zonas neutrales son solo dos: hombro y codo), cuando tocamos el resto de las partes de la anatomía entramos en terreno peligroso si somos dos desconocidos, ya que puede provocar bastante rechazo.

Ambos rompen cualquier barrera de aire libre, rompen la burbuja que todos tenemos a nuestro alrededor, un espacio vacío pero que consideramos de nuestra propiedad, al igual que ocurre en el reino animal, cuando se traspasa esta barrera, se produce una lucha, un ataque, o todo lo contrario, la afiliación. Aquí vemos cómo juntan por completo sus cuerpos, reduciendo el espacio proxémico al mínimo, incluso vemos como Sánchez apoya la cabeza en el hueco que queda entre el hombro y la cabeza de Iglesias.

Por parte de Iglesias, iguala esta posición de la cabeza de Sánchez y pone sus manos bien abiertas sobre la espalda del otro, y aprieta, se observa perfectamente por la presión que ejercen sus dedos, no tiene la mano ‘muerta’, ni realiza un leve toque, sino que aprieta para enfatizar el contacto háptico. Y el mejor detalle de todos: cierra los ojos mientras le abraza (no podemos ver los del líder socialista), este gesto se realiza cuando uno quiere evadirse de toda la estimulación que le rodea, de todos los presentes, de las cámaras, quiere aislarse y centrarse en lo que hace, disfrutar y sentir el abrazo.

Efectivamente, es normal que llame la atención, puesto que este tipo de abrazos está reducido a familiares, amigos muy cercanos y a nuestra pareja. Entiendo que ambos se marcan el objetivo de transmitir con la mayor de las intensidades su compromiso y confianza en el otro, tienen la voluntad de congeniar, el abrazo se convierte entonces en un sello de intimidad, de entendimiento y se comunican este pacto no solo con sus palabras sino también con el cuerpo.

¿Será verdadero? ¿Qué pensáis?

Triunfante Abascal, tristeza en Ciudadanos, el desprecio de Casado y el lapsus no verbal de Sánchez

Las primeras reacciones tras los resultados electorales son una mina no verbal. Las emociones están a flor de piel y cuando se experimenta tanta intensidad interior nuestro cuerpo no habla, grita lo que realmente está sintiendo, en este contexto es muy difícil controlar y reprimir sensaciones.

Un serio y preocupado Pablo Iglesias fue el primero en comparecer. Visiblemente enfadado (vuelve a aparecer el ceño fruncido) centra su discurso en el crecimiento de la ‘extrema derecha’, hace protagonista a Vox repitiendo este mensaje una y otra vez.

Santiago Abascal era pura euforia, apareció como el representante más exultante de todos, gestos de triunfo y las sonrisas más intensas nunca vistas en él, estaba más acelerado de lo que acostumbra, no podía controlar sus pletóricos sentimientos de victoria, su lenguaje corporal gritaba felicidad.

La reacción de Albert Rivera era la más esperada y compareció más triste que enfadado reconociendo los malos resultados, visiblemente nervioso y emocionado. Aunque las ‘caras más largas’ las apreciamos sin duda en Inés Arrimadas y Marta Rivera, ambas llegan incluso al llanto mientras escuchan el discurso del líder de Ciudadanos, sus expresiones faciales son desoladoras, la viva imagen del fracaso, posturas encorvadas, miradas perdidas, cabezas bajas, lágrimas en los ojos… Un panorama muy amargo.

Pablo Casado se deja ver alegre y animado pero comedido y prudente con el resultado. Se observan microexpresiones de desprecio (con la elevación unilateral de la comisura labial) cada vez que nombra a Pedro Sánchez, el dato de sus votantes no es mayor al del PSOE pero él sí se siente en un plano moralmente superior al líder socialista.

Por último, se manifiesta Pedro Sánchez proclamándose ganador, sonriente pero incómodo, malhumorado incluso con los asistentes, a los que abronca por no dejarle hablar, no tendría esa actitud si realmente estuviera exultante. De hecho ha sido el más breve de todos en su aparición pública, tenía prisa por acabar. Muy curiosa la incongruencia no verbal que comete: pronuncia verbalmente que “ahora va a haber Gobierno sí o sí” aunque gestualmente niega tal afirmación con la cabeza, verbaliza un sí pero su cuerpo le niega, le contradice, ¿a qué hacemos caso? ¿a su mensaje verbal o no verbal?.

No sé si finalmente lograra la formación de gobierno pero que tiene dudas hasta él, aunque diga lo contrario, está clarísimo, el lenguaje corporal no miente.

La comunicación no verbal también fue protagonista en el debate electoral

En cuanto a lenguaje corporal se refiere, anoche hubo dos debates, hasta la primera mitad los cinco representantes políticos aparecían serios, tensos, inmóviles y presos del papel y la lectura, demasiado encorsetados y preparados, pensé que se avecinaba el debate más aburrido de la historia, pero todo cambió hacia el final.

Para empezar fuerte el post, sin duda, los ganadores del debate fueron Abascal e Iglesias, ambos salieron reforzados, ahora explicaré el porqué. Casado fue el mejor orador y los que quedan al final del ranking son Sánchez y Rivera.

‘Me gustas cuando callas porque estás como ausente’ decía Neruda’. Así se mostró Pedro Sánchez. En mi opinión, el actual presidente del gobierno no puede quedarse en un segundo plano, no debería esconderse en la sombra, tiene que ‘mojarse’, luchar con energía y proyectar fuerza y seguridad. Su lenguaje corporal era el de ‘a mí todo me resbala’, es muy injusta esa posición. Mientras hablaban sobre él, bajaba la mirada, leía sus apuntes, ignoraba por completo a sus adversarios.

Solo se detectaban algunas miradas de reojo y sutiles expresiones de superioridad con la elevación unilateral de la comisura de la boca. Curiosamente cuando más reacciona, negando con la cabeza y sonriendo con desprecio, se produce cada vez que Iglesias pronunciaba el “usted y yo”, le molestaba, rechaza esa unión verbal, le incomoda escuchar esa ‘relación’. Inquietante…

Pablo Iglesias continúa con su varita mágica, sigue aferrándose a su ‘bolidependencia‘ en cada aparición pública, un recurso que le resta seguridad como orador preparado. Pero también continúa con algo más positivo para su imagen, su rol conciliador, esa nueva actitud que ya mostró en la anterior campaña y nos sorprendió a todos. Y es que su discurso fue siempre agresivo, palabras de alto impacto, voz enérgica, ceño fruncido de ira, dedos acusadores y gestos arrolladores.

De repente, parecía que no había ‘roto un plato’ en su vida. Adoptó una postura totalmente contraria, no sé si forzada o espontánea y coherente con un discurso natural más mesurado y prudente. Pero lo mantiene. Su gesto protagonista ahora son los brazos abiertos con las palmas de las manos hacia arriba, la postura de la moderación, cuando todos alzan la voz, él la baja notablemente y así ‘queda bien’, sin duda.

Pierde fuerza en su discurso aunque gana en concordia, ya no proyecta la agresividad de sus comienzos. Es el que más ha cambiado su estilo de comunicación y ha aprendido a proyectar templanza, armonía, convivencia, rasgos muy valorados y esperados en los tiempos que corren…

Iglesias se pone la corbata (de aquella manera) y Abascal se la quita. ¿Cómo podemos interpretarlo? Realmente es una decisión que se puede utilizar para diferenciarte o no del resto. El líder de Unidas Podemos ya no reniega de una imagen más tradicional en sus apariciones públicas, no le interesa desmarcarse y prefiere volver al ‘redil’. Ahora es el representante de VOX quien quiere poner ese límite diferencial, un ‘yo no soy como ellos’.

Fue el primer debate para Santiago Abascal y estaba feliz. Tiene una personalidad introvertida, de baja exteriorización emocional pero en momentos de alto impacto el cuerpo habla, grita, y pudimos apreciar la dicha que experimentaba de verse allí.

¿Por qué? Encajaba los ataques directos con sonrisas de oreja a oreja, incluso intentaba reprimirlas para que no se le notara, ya que realmente no corresponde, pero no podía evitarlo, le hacía ilusión que le nombraran, experimentaba un verdadero deleite, le agradaba sentirse por fin protagonista, que le hayan dado su sitio, haberlo conseguido, aunque sea el foco de la polémica, le da igual, está ahí, es el que más ha disfrutado y el que sale más reforzado de todos.

Pablo Casado tiene el don de la racionalidad y la buena oratoria, avasalla con datos y agilidad mental sin perder los nervios ni alterarse, es el que más controla el debate de manera natural, con maestría. Se exhibe seguro, solvente, experimentado… Las mejores cualidades que se pueden esperar ver en un líder político. Fue muy generoso en cuanto a comunicación no verbal se refiere, el más dinámico con constantes gestos ilustradores, el más expresivo en el rostro, el más expuesto y sentido, por tanto, el que se proyecta con mayor credibilidad.

Es interesante el momento con mayor intensidad emocional para él: Muestra extrema sorpresa (casi se le salen los ojos de las órbitas) cuando Rivera le discute o le ataca mínimamente, casi no puede ni creerlo, es el instante en el que se le ve más desconcertado.

Si Albert Rivera utilizara más las pausas y los silencios tendría mucho más poder en conectar con el público; se acelera demasiado, no controla el ritmo, no da sentido a las palabras con el paralenguaje (tempo, tonalidad, ritmo del lenguaje) y no interiorizamos lo que expresa.

Además, el líder de Ciudadanos sigue fiel a los recursos visuales para captar la atención del público y marcar sus ideas en la memoria de la audiencia. Por supuesto, los objetos de impacto llegan más que las palabras, es una buena estrategia, pero si abusa, en cantidad de elementos y en tiempos de exposición, le acaba restando seguridad y fuerza al contenido verbal, pareciera que ya ‘necesita’ de ese recurso para defender su discurso. Pierde seriedad, coherencia y convicción.

¡Espero vuestras opiniones! ¿Qué os pareció el debate? ¿Quién pensáis que lo hizo mejor?

Carteles electorales: Cómo tratan de convencernos

Antes del debate político programado para esta misma noche, podemos hacer un adelanto del mensaje que quieren transmitirnos los principales partidos políticos a través de sus carteles electorales.

El PSOE opta por el lema ‘Ahora sí. Ahora Gobierno. Ahora España‘. Tras los fracasos anteriores quiere ‘vender’ que ahora ya sí que sí puede ser capaz de formar Gobierno, que ésta ya es la buena, la definitiva; de esta manera su objetivo principal es intentar contrarrestar el hartazgo de los votantes por la repetición de elecciones.

Creo que no les beneficia para nada que ellos mismos ‘destaquen’ como idea protagonista el bloqueo generado y tendrían que haberle dado un enfoque más inspirador y desvinculado de toda problemática. De hecho, al hacerlo tan evidente, el resultado esperado llegó y despertó una oleada de memes en Twitter tal y como ocurrió con el anterior lema, poco acertado igualmente, ‘Haz que pase’.

El rostro de Pedro Sánchez lidera la fotografía por completo, ésta es una estrategia muy positiva para personalizar y humanizar al partido y el voto, el problema, al igual que en el cartel anterior, radica en lo gestual. El sutil movimiento hacia arriba del extremo derecho de su boca sugiere una expresión decodificada como desprecio (superioridad moral). Ese gesto no será casi percibido por quienes simpaticen con él pero podría generar distancia y rechazo en un público menos partidista.

En el PP también apuestan por el rostro de su candidato en primera plana, han elaborado distintos carteles con diferentes planos de Pablo Casado, algunos más acertados que otros, en la anterior campaña su imagen era nítida, clara y sonriente, nada preocupada, en esta ocasión apuestan por todo lo contrario, una estética más sombría, más seria, más alarmista. En definitiva más fría, racional y menos emocional que la anterior.

Todo ello se refuerza con su lema ‘Por todo lo que nos une‘. ¿No os recuerda a un brindis con familiares y amigos? Aquí sí hay un mensaje más sentido y claramente en este contexto nos quiere recordar que la unidad de España estará segura con el Partido Popular, en especial ante el desafío secesionista de Cataluña, tema cardinal en estas elecciones tras los graves incidentes provocados por radicales independentistas.

Albert Rivera repite plano americano; un recurso narrativo cinematográfico utilizado por los directores en las escenas donde hay acción. Y es justamente la acción la que caracteriza esta fotografía. El líder de Ciudadanos camina hacia adelante como tal, con energía, fuerza y determinación, pero, en esta ocasión, también ligeramente sonriente (en su anterior cartel electoral se mostraba demasiado serio).

El fondo ahora no es un mar de banderas sino de personas que le siguen, el objetivo es subrayar aún más este liderazgo y su capacidad de movilización. Hay dinamismo, el cartel cuenta una historia y su eslogan refuerza también todo lo anterior, transmite energía y una convocatoria a la acción ‘España en marcha‘. Moviliza emociones. No han arriesgado y han utilizado la estética de su anterior campaña.

Es importante destacar que la energía es uno de los dos rasgos psicológicos que los votantes mejor valoran en los líderes políticos, junto a la afabilidad. Los votantes sienten que necesitan líderes enérgicos, decididos, fuertes y esa es la imagen que comunica este cartel.

Parece ser que Unidas Podemos también se percató y en esta ocasión ha transformado por completo su imagen para ‘reproducirlo’ al estilo del anterior y actual cartel de Ciudadanos. Pablo Iglesias aparece con exactamente el mismo plano americano, pose, gesto, expresión y fondo. Mismo valioso significado pero con la pérdida de impacto que supone no ser la idea original.

Salvan la imagen de campaña por un buen eslogan ‘Un Gobierno contigo‘. Lema inteligente, ya que su significado es nítido y perspicaz, el más emocional de todos: nosotros estaremos junto a ti, es decir, no gobernaremos desde arriba, lo haremos a vuestro lado. Muy bien escogido.

En Vox tiran de auditorio repleto, ya es conocida la capacidad de convocatoria de su líder Santiago Abascal y no han querido dejar pasar la oportunidad para destacarlo, incluso en detrimento del plano en el que aparece su representante, no le favorece nada ese corte por la cintura pero el protagonismo así lo gana el panel de gentío con banderas de España que se vislumbra tras él.

España siempre‘, es su eslogan, no abandonan la costumbre de nombrar el país y el generalizador ‘siempre’, que significa incondicionalidad, es una palabra de alto impacto emocional, pase lo que pase España siempre será la prioridad. Mal elegido el plano de un, además, serio Abascal, pero muy buen lema, directo y conmovedor.

Por último, la nueva formación política de Íñigo Errejón se estrena con cartel electoral de estética totalmente publicitaria. Resulta original y llama la atención por el verde velado que cubre el rostro del representante de ‘Más país’, la fotografía es puro marketing actual, atractiva, aunque no representa emoción alguna, aparece con ‘cara de poker‘, no filtra ningún significado más allá de la identificación de Errejón. El cartel es muy estético pero no me dice nada, le falta garra y comunicación estratégica visual.

Y ahora sí, ¿preparados para el debate de esta noche? 🙂

La pregunta que provocó el impactante bloqueo de Pedro Sánchez

España tendrá que volver a las urnas tras el fracaso para formar gobierno. En el día de ayer, Pedro Sánchez compareció en La Moncloa ante los medios para exponer su propia lectura sobre lo acontecido en estos últimos meses, descarta su responsabilidad en la repetición electoral e insiste en culpar al resto de formaciones políticas.

Su discurso ha estado muy preparado, leído y poco emocional, nada llamativo se observa en su lenguaje corporal; pero hubo ronda de preguntas por parte de los periodistas tras finalizar su intervención. Mi parte favorita, la mejor para analizar reacciones espontáneas, ya que las preguntas pueden resultar inesperadas y activar emociones interesantes para profundizar en el mensaje que se quiere transmitir, más allá de las preparadas palabras.

Particularmente el vídeo me parece de una potencia emocional brutal, ya que ante la pregunta de si pediría disculpas a los españoles e incluso dimitiría como líder del PSOE si de nuevo no logra formar gobierno, Sánchez se queda literalmente paralizado, sin habla, no sabe qué decir y esto no suele ser nada habitual en él. Permanecer casi 20 segundos en silencio durante una rueda de prensa, ante una audiencia, es bastante sugerente, no se esperaba para nada esa cuestión, no se la plantea y por tanto no encuentra las palabras para dar respuesta.

A ver qué os parece el momento…

 

El instante ha sido captado por mi fantástico y siempre atento compañero José Luis Martín Ovejero 🙂

 

Las emociones de Pedro Sánchez tras la fallida investidura: de la tristeza al asco y la ira

Anoche Pedro Sánchez reaparecía en los medios de comunicación, concediendo una entrevista en los informativos de tele 5, para valorar el fracaso de la investidura y comentar su previsión para el futuro.

Como él mismo manifestó, “se siente frustrado en lo personal” y así se refleja en su lenguaje corporal, que efectivamente transmite contrariedad, frustración y tristeza. Aquí vemos un ejemplo en el fotograma (elevación triangular de la parte interna de las cejas), aunque podemos observar esta misma microexpresión de tristeza en repetidas ocasiones a lo largo de su intervención.

Ahora bien, la tristeza se difumina con las nuevas emociones que emergen al hablar de Pablo Iglesias y sus exigencias, su emoción ahora se transforma en indignación, asco (entendido ésta como rechazo) e ira. Podéis apreciar vosotros mismos el brutal cambio de comportamiento comparando los fotogramas.

 

Pedro Sánchez, la nueva víctima de los gestos dominantes de Trump

 

La comunicación no verbal siempre habla, pero con Trump grita. Todo lenguaje corporal en él está elevado a la máxima potencia, convirtiendo cada gesto en un mensaje que da la vuelta al mundo.

En el día de hoy Pedro Sánchez ha coincidido con Donald Trump en la Cumbre del G20. Fijaos bien, tal y como se observa en la imagen, el líder del PSOE está de espaldas a Trump y parece que Sánchez se da la vuelta, no sé si porque lo ve por el rabillo del ojo o porque incluso Trump llame su atención tocándole la espalda (y que no se podría apreciar porque lo taparía el propio Sánchez con su cuerpo).

La breve conversación no dura ni 5 segundos entre ambos, no podemos saber el contenido pero inmediatamente Trump señala fuertemente con el dedo índice el asiento que le correspondía a Sánchez en base a la representación española que indicaba un cartel en la mesa.

El significado del gesto se mide siempre por el contexto y la intensidad del mismo. Cuanto más rápido, inmediato y enérgico sea el movimiento más despectivo se vuelve. Y éste lo ha sido, más que déspota, es muy dominante, marca registrada del estilo Trump.

El gesto es ejecutado a modo de orden, (puede sonar impactante el ejemplo) pero es muy visual y los que tenéis animales domésticos lo reconoceréis fácilmente, el gesto es exactamente igual que el que hacemos a nuestras mascotas cuando queremos que se sienten. En mi opinión, no creo que sea algo personal contra Pedro Sánchez concretamente, sino que Trump marca con sus movimientos y gestos el orden a su alrededor.

Siempre quiere dejar constancia de que él es quien manda, el que dispone a ‘sus invitados’ a la mesa, el que controla y supervisa todo lo que ocurre en su presencia, el líder de la manada, actuando bajo el instinto más primitivo.

De hecho, Sánchez no parece tomarlo mal, se ríe de forma sincera tras el gesto.

No vemos vergüenza, ni humillación, ni cara de circunstancia (como en otras ocasiones). Realmente le hace gracia. Creo que le deja tan alucinado que lo hace sin más, le hace caso, se sienta y se ríe de sus, ya más que conocidas, salidas de tono socialmente inadecuadas.

 

Análisis No Verbal del debate de Atresmedia: Sánchez y Rivera se sacan de quicio mutuamente

Tras el análisis no verbal del primer debate a cuatro celebrado en TVE, hoy podemos compararlo con el segundo y último debate electoral en Atresmedia antes del día 28 de abril.

Ayer destacaba en el post el desconcertante cambio de comportamiento en Pablo Iglesias, anoche no solo lo mantuvo sino que lo reforzó. Aumenta aún más su rol conciliador y moderador, de hecho, su corporalidad era pacificadora, incluso instaba al resto a calmar los ánimos y hablar con respeto, con palmas abiertas y gestos apaciguadores, yo no podía evitar relacionarlo con cierto halo religioso.

A mí me parece forzado, pero igualmente acertado. Gracias a la exposición pública de los candidatos podemos perfilar la personalidad con convicción y sabemos que la parte más innata de Iglesias tiende a una comunicación vehemente, enérgica y retadora. La echo en falta en un debate pero también tiene un efecto más adaptativo, es una estrategia correcta para transmitir ‘moderación’, una palabra mágica en política.

La contienda emocional más directa se producía claramente entre Sánchez y Rivera. Vimos a un Sánchez algo más combativo pero enfocado a Rivera. Cuando hablan entre ellos la intensidad de las expresiones faciales y de los gestos se disparan. Hay una afectación más a nivel personal incluso que política. No veo esa intensidad ni siquiera cuando Sánchez ataca a Casado, líder de su tradicional partido enemigo.

Sánchez y Rivera se sacan de quicio mutuamente, se descontrolan, las risas de Sánchez desvelan la ira profusa que siente ante las intervenciones del líder de Ciudadanos, le llega a mirar con asco, indicador de un rechazo profundo que supera la puramente relación laboral. Igualmente Rivera padece una incontinencia verbal y no verbal ante casi cualquier intervención del líder socialista, está mucho más nervioso y exaltado que en el primer debate.

A Pedro Sánchez le sigue faltando espontaneidad, lo tiene todo demasiado medido. Incurre en el error de leer en exceso, sobre todo cuando habla de propuestas y medidas que ha puesto en marcha en los meses de su propia legislatura. Sánchez apuesta por no arriesgar y es entendible dada la situación, pero realmente el ciudadano aprecia la naturalidad y valoramos o perdonamos más un error humano que una apariencia preparada.

Pablo Casado es el que más ha cambiado de estrategia, anoche despertó y creo que comunicacionalmente ha evolucionado para mejor, ha liderado los gestos ilustrativos, ha participado más que ayer y ha mantenido la compostura corporal, aunque ha colaborado en los momentos broncos, esta vez destaca sobre Rivera en sosiego y templanza. Su emocionalidad ha sido más coherente y aunque sonriente, iba variando su gestualidad según el tema y la situación. Mucho más cómodo, natural y fluido que en el anterior debate.

Aún con todo, un eufórico Rivera finaliza el debate con un gesto de triunfo y energía al encontrarse con su equipo de partido.

 

Análisis no verbal del debate electoral de TVE: el ‘desconcertante’ cambio de Pablo Iglesias

Anoche se celebraba el primer debate político a cuatro antes de las elecciones del 28 de abril, hoy podremos compararlo con el segundo. Tal y como apuntaba el propio Pedro Sánchez, en varias ocasiones durante el debate, ojalá tuviéramos un detector de mentiras y verdades para saber con certeza quién miente y cuándo.

Y yo respondería, todos y ninguno. El objetivo es segmentar la información y fijar el discurso en los datos que interesan a cada uno. Por esto, todos hablan con convicción soberana. Sin embargo, sí que podemos analizar actitudes y cambios en el comportamiento de cuatro perfiles muy expuestos y por tanto muy estudiados.

En cuanto a comunicación y proyección de alto impacto destacó sobre los demás Albert Rivera, con el rol más protagonista y combativo; hábil y ocurrente recriminaba y rebatía a cada oponente, atacaba y repartía para todos. Ha evolucionado notablemente en lo que a gestualidad se refiere, en anteriores debates se apreciaba descontrolado, nervioso y perdido, pero ha adquirido tablas y ahora brilla en la contienda política.

En esta ocasión, se muestra más sereno y abierto, repleto de gestos ilustradores que le benefician en credibilidad. Dos momentos destacados, la expresión facial de desprecio muy intenso al hablar de Echenique, llamativo; y un momento de cierre y agresividad al hablar de la situación de Cataluña, es el tema que más le afecta a nivel emocional y su cuerpo reacciona cerrando los puños con fuerza, acompañados de expresiones de asco que señalan el profundo rechazo que experimenta. La proyección en la comunicación ha sido muy espontánea durante todas sus intervenciones, salvo en el minuto final, demasiado teatral y artificial, ha roto su línea de comportamiento más natural y ha dejado un mal regusto postizo al final que no le beneficia.

 

Pablo Casado ha roto con el tono elevado que ha mantenido durante toda su campaña, intuyo que para compensar, y se ha mantenido en un plano más secundario, excesivamente moderado. Muy sereno y positivo, demasiado, ya que sonreía constantemente, hasta en los momentos en los que no correspondía. Se proyectaba extraña su emocionalidad.

Si bien es cierto, que de esta manera no arriesga, no le captamos expresiones negativas, ni ira, ni asco, ni desprecio hacia sus rivales de campaña, actitud que transmite positividad, optimismo, pero sobre todo, seguridad. Eso sí, le resta naturalidad ya que cae en la incoherencia entre situación-emoción, no es lógico que si nos recriminan o acusan justa o injustamente, la respuesta sea una sonrisa.

La palabra para describir la comunicación no verbal de Pablo Iglesias es la de ‘desconcertante’. Fue el gran ausente del debate, es el que más ha cambiado su gestualidad y conducta. Su evolución ha sido bastante insólita, recuerdo a un Pablo  muy ‘cañero’ a nivel comunicacional, con emociones intensas, gestualidad marcada y tono revolucionario, marca registrada Pablo Iglesias que ha desaparecido y se echa de menos. Anoche su conducta distaba mucho de esta imagen. Si bien, de esta manera, su mensaje calaría en otro sector de la población más indeciso con Podemos.

Por un lado, el tono de voz era muy bajo y a un ritmo muy pausado, estaba sereno, defendía los mensajes con calma y tranquilidad. Este rol mediador y conciliador puede ser un papel muy positivo pero choca con la parte más innata de la personalidad de Iglesias, con su esencia, con la parte a la que estamos acostumbrados de él y llegaba y revolucionaba al votante, traspasaba la pantalla; el cambio es abrumador e inquieta al espectador. Llamativo también el gesto de la mano en el bolsillo, casi desde el principio hasta el final de su aparición, un gesto de proyección complicada, ya que no se puede interpretar de otra forma que con desidia, indiferencia y estado emocional apocado.

Realmente no le conviene perder su fuerza y energía, la imagen proyectada es derrotista, desinflada, y cansada. Sí que se mantiene fiel al ceño fruncido constante, fruto de la ira pero también de la concentración y el esfuerzo mental visible. Sorprende las numerosas referencias a la Constitución, ha abusado demasiado de este recurso que hubiera estado correcto como única vez, como una herramienta más, pero cayó en el exceso, pareciera que no tuviera más argumentario.

Pedro Sánchez estuvo repetitivo y poco fluido en el discurso verbal, se mantuvo solemne, muy presidencial, sin entrar, en general, en confrontaciones directas ni respuestas comprometidas. La ira y la represión emocional se aprecian en la tensión de la mandíbula, la apretaba sin parar cuando hablaba Pablo Casado y sus gráficas de datos. Sus intervenciones estaban demasiado encorsetadas en la preparación previa, no seguía el flujo de toma y daca propio de un debate electoral, prácticamente cayó en el mitin sin más.

El momento de más intensidad emocional de Sánchez fue su expresión emocional de asco hacia el líder de Ciudadanos, al confesar que se sentía muy decepcionado con él. Realmente lo sentía, su rostro se tornó en una gran mueca de desprecio, mirada de medio lado e ira. Profundo rechazo hacia Rivera y, efectivamente, gran decepción y enfado hacia él.

Esta noche podremos comparar, solo espero que se ‘suelten’ más y dejen de lado la férrea imagen de control y preparación excesiva. Naturalidad ante todo.

¿Y a vosotros? ¿Qué os pareció el debate? ¿Algún claro ganador o perdedor?