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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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Xavier Trias en apuros (no verbales) #ParadisePapers

Fotografía: Alejandro García/EFE)

Fotografía: Alejandro García/EFE)

Independientemente del contenido y del mensaje verbal, la valía de estas imagenes está en la espontaneidad de la conducta, ya que es importante saber que el entrevistado, Xavier Trias, no se había preparado nada porque no sabía con antelación la temática de las preguntas del atrevido periodista. Esto no suele ser habitual y, en este caso, se filtra un lenguaje corporal muy elocuente.

El rostro de desconcierto es una constante a lo largo de toda su intervención, también lo es su nerviosismo y tensión visibles a través del movimiento incontrolable de sus piernas, además de sujetarse a sí mismo las manos con fuerza y de apretar los labios ante los sorpresivos interrogantes, todos ellos gestos de represión y contención emocional.

Niega todas las acusaciones sobre su presunta implicación en los Paradise Paperscon noes repetidos a su interlocutor, sin embargo, se aprecia cómo estas respuestas nunca van acompañadas de contacto visual, aparta la mirada y niega dudoso mediante el gesto del encogimiento de hombros.

En mi opinión, lo más revelador de este testimonio es lo que no aparece. La emoción esperada en una situación en la que se nos acusa de un hecho que no hemos cometido es la ira. Sólo es necesario empatizar y ponernos en su lugar. Si alguien nos acusara gravemente de algo que no hemos hecho nos enfadamos y, en este sentido, no puedo detectar ni una sola reacción de furia e indignación.

En cuanto al lado oscuro de las palabras ¿conocéis los indicadores estrategicos de la credibilidad? Este vídeo es un buen ejemplo donde se pueden detectar bastantes tips. Solo tenéis que leer la entrada sobre ello (pinchando aquí) para poder identificarlos con facilidad.

El lenguaje corporal de Puigdemont revela sus intenciones

Programa ‘Salvados’. Puigdemont y Évole

Charla tensa, muy tensa a mi parecer, entre Carles Puigdemont y Jordi Évole, a quien felicito como entrevistador por sus preguntas sorpresivas, por el modo en que las realiza, su insistencia y su réplica vehemente. Quizá hable/corte demasiado en algunas ocasiones pero en general su estilo de entrevista, desde luego, da pie a un buen material interpretable.

Puigdemont comienza seguro en su discurso y su corporalidad pero se desestabiliza rápidamente ante los planteamientos ‘complicados’ de Évole.

Se nota sobre todo en: la fluidez del habla (acaba prácticamente tartamudeando), en los silencios (las latencias de respuesta al principio son casi nulas y se amplían significativamente hacia el final), el contacto visual (en el inicio es constante con su interlocutor y acaba desapareciendo) y en las pistas fisiológicas (bebe constantemente agua y traga saliva, lo que indica la sequedad en la garganta producto de la tensión experimentada).

Respecto a las emociones clave durante la entrevista, destacaría las siguientes:

  • Convicción total de que “sí se va a celebrar el referéndum”, independientemente de lo que pasé el 1-O, Puigdemont siente y cree que se llevará a término, su lenguaje corporal es coherente con las respuestas verbales afirmativas en este sentido.
  • Falta de convicción, sin embargo, al hablar de las “garantías del referéndum”, su gestualidad aquí queda paralizada, su cuerpo no ilustra el mensaje, hay un cambio de actitud que genera duda.
  • Emociones muy intensas de ira cuando se refiere al gobierno español y sus acciones ante la consulta del 1-O.
  • Muy curioso, sin embargo, que cuando manifiesta la negativa de Mariano Rajoy al diálogo con él podamos apreciar en su rostro una microexpresión de tristeza (caracterizada por la elevación del músculo central de la frente, las cejas quedan formando un triángulo).
  • Microexpresiones de asco y desprecio ante la idea de la retirada de urnas por los Mossos.
  • Finalmente, emoción de miedo y postura de huida ante la pregunta de sobre su posible detención, curioso que no muestre ira y sí dudas por la elevación de hombros, podemos pensar que contempla todas las posibilidades.

Rajoy y Sánchez: lo que se ve y lo que no se ve, que también cuenta

Se produce el primer encuentro de esta legislatura entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, que se reunieron ayer en Moncloa durante más de dos horas. El líder del PP ha salido a recibir al secretario general del PSOE en las escalinatas del palacio, donde los dos han posado sonrientes ante los medios de comunicación y se han estrechado la mano mientras intercambiaban unas palabras.

Esta reunión nada ha tenido que ver con el ya viral ‘no saludo’ entre ambos mandatarios. En esta ocasión, el saludo y las sonrisas reflejo de un verdadero estado positivo y sintonía entre ambos son bien reales. Si vemos, en este apretón de manos hay horizontalidad, no hay dominancia ni sumisión, desprende igualdad, conexión de tú a tú, entendimiento. Podemos observar cómo hay un contacto visual directo, acompañado de una sonrisa social y rostro amable.

Sorprende la armonía no verbal que se desprenden de las imágenes. El único gesto que revela cierta ansiedad es el que realiza Rajoy en su breve conversación con Sánchez, se frota las manos, en un gesto automanipulador que denota impaciencia, ganas de iniciar algo, en este caso, se entiende que la conversación pendiente.

Y tan importante es valorar lo que se ve como lo que no se ve. Podemos ver gestos ausentes que dicen mucho. Justo en mi último post, os enseñaba un sencillo truco para detectar la hostilidad en personas que pretenden ocultarlo.

Esta señal es la de apretar la mandíbula, que por cierto, me viene genial como ejemplo señalar a Pedro Sánchez como un habitual de este gesto. En los momentos en los que tiene que afrontar una situación difícil, está tenso o incómodo siempre aprieta la mandíbula de forma muy visible. En esta ocasión no lo hace en ningún momento. Ambos están relajados, tranquilos y afables realmente. Su postura también es fluida, coherente y con un perfecto rapport.

[Off the record: No dejan de sorprenderme estas reacciones emocionales calmadas, distendidas, positivas… después de todo lo que éstos y otros se han llamado y han pasado… Hemos analizado momentos muy duros protagonizados por ambos y parece que ahora todo queda atrás… ¿qué capacidad de reponerse no?]

 

 

Trump y Macron: el poder de un apretón de manos (y de algo más)

No es necesario especular con la intención de este viralizado saludo entre Trump y Macron. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha asegurado que sostuvo el apretón de manos de su homólogo estadounidense, durante la cumbre de la OTAN de Bruselas, para no mostrar debilidad.

Es curioso que este gesto naciera para demostrar que no se llevaban armas, como acto de cordialidad y confianza con el otro. Si bien, la forma y la intensidad de esta coreografía social siempre marcan pautas muy diferenciales, expresando cuestiones tan significativas como la sumisión, dominancia, indiferencia, afecto, respeto, simpatía… es una forma primitiva-evolucionada de marcar territorio en la que se vuelcan las verdaderas intenciones.

Las manos son importantes, tal y como se aprecia en la imagen, dan cuenta de la fuerza/presión/posición con la que se ‘marca’ el contacto con el otro. Pero siempre hay que buscar ese ‘algo más‘. Para analizar conducta no verbal debemos, siempre, tener en cuenta la totalidad de canales expresivos del cuerpo, sobre todo: postura, expresión facial (emociones) y contacto visual.

Es fundamental contextualizar y comparar la coherencia de las manos con el resto de canales, éstos son los que nos van a aportar los matices y el sentido de lo que podemos observar en las manos. En este caso, por ejemplo, se ve perfectamente cómo el rostro de ambos expresa ira, fuerza, tensión y concentración, ambos son conscientes de la ‘lucha’ que están ejecutando ante los medios para demostrar y ‘ganar’ la posición de poder. La postura tampoco es relajada ni natural, se infiere estrés en el movimiento, y por último, el contacto visual es directo, intenso y nada amigable.

 

El vínculo entre humanos y perros es muy similar al de padres e hijos

He conocido gente que se mofa y le parece exagerado el trato que algunas personas les dan a sus perros, gente que, claro está, no tiene en casa animales; solo aquél que tiene en su familia un animal sabe lo que se les llega a amar.

Estudios realizados por científicos del departamento de Ciencia Animal y Biotecnología de la Universidad Azabu, en Sagamihara (Japón), demuestran que la oxitocina, conocida popularmente como la hormona del amor, es la responsable de que la conexión que se establece entre un perro y su humano sea tan fuerte como la que se crea a nivel biológico entre padres e hijos.

Simplificando mucho, el simple contacto visual es suficiente para crear ese amor. Cuando una madre mira a su bebé a los ojos, los niveles de oxitocina del bebé aumentan, lo que hace que el bebé vuelva a mirar a los ojos de su madre y que esta a su vez libere más oxitocina, desencadenando una retroalimentación positiva que, según estudios, crea un fuerte vínculo emocional entre la madre y el niño, lo que contribuye a la supervivencia de la especie.

Los investigadores del equipo japonés liderado por Takefumi Kikusui querían averiguar si ocurría lo mismo con los perros. En el experimento, los propietarios debían mostrarse afectuosos, acariciar a sus animales, hablar con ellos y mantener contacto visual constante.

Pues bien, en este caso, los niveles de oxitocina de ambas especies también aumentaron tras el contacto visual prolongado. Cuanto más contacto visual, mayor aumento muy significativo en los niveles de la hormona en el cerebro. Las conclusiones del estudio son contundentes: “El mismo mecanismo de conexión, basado en el aumento de la oxitocina al mirarse, que fortalece los lazos emocionales entre las madres y sus hijos, ayuda a regular también el vínculo entre los perros y sus dueños.”

*Fuente: The Objective.

¿Por qué los niños se tapan los ojos para esconderse?

Solo tienes que ver estas divertidas imágenes ejemplares y confirmar las curiosas formas que encuentran los niños para esconderse de los demás, al menos es lo que ellos creen, porque para los niños el no ver ya es más que suficiente para pensar que se han vuelto invisibles. ¿A qué se debe este comportamiento?

Esta fue la pregunta inicial que se planteó un grupo de investigación de la Universidad de Cambridge, quienes trabajaron con una muestra de niños/as de entre 2 y 4 años para dar respuesta a esta incomprensible conducta para los adultos.

La exploración de esta conducta pasó por tres fases diferentes. En primer lugar, se pedía a los niños que se pusiesen una máscara con gafas oscuras que no les permitía ver, a continuación les preguntaban si la otra persona que se encontraba en la habitación los podía ver. Casi todos los niños sintieron que estaban escondidos cuando tenían puesta la máscara, y la mayoría pensó que el adulto que tenía puesta la máscara también estaba escondido. De este modo, se confirmó que los pequeños piensan que el simple hecho de que ellos no puedan ver es sinónimo de que son invisibles.

En este punto los investigadores se preguntaron si la creencia de invisibilidad estaba vinculada a la imposibilidad de ver o al hecho de ocultar los ojos. Por tanto, en una segunda versión del experimento los niños usaban las mismas máscaras con gafas oscuras pero ahora sí que podían ver (efecto gafas de sol habituales). Una vez más, los pequeños pensaron que al ocultar sus ojos, eran invisibles, lo cual indica que la sensación de invisibilidad de los niños viene del hecho de que sus ojos están ocultos, más que por el hecho de no poder ver.

Hasta ahora, cuando los niños pensaban que eran invisibles, en virtud de que sus ojos estaban ocultos, entendían sin embargo que su cabeza y cuerpo sí eran visibles. Teniendo en cuenta el hecho de que parece ser el ocultamiento de los ojos el factor crucial para sentirse escondido, los investigadores se preguntaban si su creencia de invisibilidad estaba basada en la idea de que debe haber contacto visual entre dos personas (un encuentro de miradas)para verse.

La idea recibió apoyo en un tercer estudio en el que se le preguntaba a los niños si podrían ser vistos si un investigador los mirara directamente mientras ellos (los niños) evitaban su mirada; o, contrariamente, si el investigador que evitaba la mirada, era visible mientras el niño lo miraba directamente. Muchos de los niños sintieron que estaban escondidos hasta que no encontraron la mirada directa del investigador; y dijeron que el investigador estaba oculto si su mirada estaba desviada mientras el niño lo miraba.

“…parecería que los niños aplican el principio de la atención conjunta al yo y asumen que para que alguien sea percibido, la experiencia debe ser compartida y mutuamente conocida para ser compartida, como lo es cuando dos pares de ojos se encuentran,” explican los investigadores.

 

 

*Referencia: Research Digest

El color de ojos da pistas sobre cómo somos

Científicos de la Universidad de Orebro en Suecia estudiaron a 428 sujetos para ver si su personalidad se relacionaba con el iris del ojo. Encontraron que nuestro color de ojos se ve afectado por los mismos genes que forman nuestros lóbulos frontales, por lo tanto hay comportamientos que comparten las personas con iris similares.

El Dr. Anthony Fallone de la Universidad de Edimburgo ha estudiado los vínculos entre los ojos y la personalidad.  “El ojo está tan estrechamente ligado neurológicamente al cerebro que se podría decir que es la única parte de nuestro cerebro que se puede ver desde el exterior. Parecen dar pistas vitales de nuestra función cerebral“.

(Worthy, 1999), realizó un estudio sobre el color de ojos tanto en humanos como en no humanos y llegó a la conclusión de que las personas con ojos oscuros se especializan en conductas que requieren sensibilidad, velocidad y respuestas reactivas, por ejemplo, son mejores defensas de fútbol y bateadores de béisbol.

Mientras que aquellos individuos de ojos claros se especializan en conductas que requieren vacilación, inhibición y respuestas autorreguladas, serán por ejemplo buenos jugadores de medio campo, encestadores en tiro libre en baloncesto y magníficos lanzadores de béisbol.

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¿Por qué nos cuesta mantener la mirada?

Anteriormente os preguntaba ¿Alguna vez una mirada te ha dejado sin habla? La ciencia nos dice que esto es normal, ya que la rapidez y correcta elección de las palabras parece verse mermada cuando miramos o nos miran a los ojos. Pero ¿dónde se situaría la línea que separa una mirada atenta de otra molesta, impertinente, invasiva…?

La mayoría de los animales se miran entre sí para mostrar amenaza o interés. Los seres humanos también lo hacemos, pero entre nosotros el contacto visual resulta más complicado y está lleno de matices sociales. Si es demasiado corto, podemos parecer nerviosos, evasivos o poco fiables; si es demasiado largo, podemos intimidar o exhibir una confianza o intimidad excesivas. En casos extremos, es una característica definitoria de condiciones clínicas como el autismo o la esquizofrenia. Por si no fuera suficientemente delicado, cada cual aguanta la mirada durante un tiempo diferente.

Investigadores de varias universidades británicas han querido averiguar cuál es el tiempo medio adecuado para mantener la mirada de otro, motivo por el que han realizado un curioso experimento cuyos resultados publican en la revista Open Science de la Royal Society. En su estudio, los científicos pidieron a un grupo de 498 estudiantes contemplar el vídeo de un actor que mira hacia el exterior de la pantalla. Debían pulsar un botón cuando sus miradas se encontraran durante un tiempo que resultara demasiado incómodo.

Durante la prueba, el movimiento de los ojos y el tamaño de las pupilas de los voluntarios fueron grabados con tecnología de seguimiento ocular. En promedio, los participantes tuvieron una duración de mirada preferente de 3,3 segundos. Esto no dependía de características como el género, los rasgos de la personalidad o el atractivo.

Algunos estudios establecen que el contacto visual medio ocupa un 70% de la conversación mientras escuchas, y no más del 40% cuando hablas, aunque estos porcentajes son solo orientativos. Aunque considero que no es una cuestión de cantidad sino de forma. Una mirada dulce, de admiración, de emoción más constante puede ser percibida como positiva, pero una mirada con un ceño fruncido, que transmite hostilidad, puede ser muy incómoda.

Ocurre igual con las miradas inexpresivas (cara de póker), nuestro cerebro necesita constantemente recibir información sobre los estados de ánimo de nuestro interlocutor para interpretar sus intenciones con nosotros, si no logra este análisis nos generará desconfianza.

Yo considero que el contacto visual sí que depende de muchos factores, uno importante es la tipología de personalidad que tengamos cada uno, las personas más tímidas e introvertidas suelen percibir el contacto visual directo como más negativo que las personas más sociables o extrovertidas, asimismo, tampoco les gusta (y les cuesta) mantenerlo con los demás.

Y porque, tal y como apunta el estudio que comentamos, nos gasta recursos cognitivos, hay gente que se concentrará mejor que otra haciendo una multitarea y no le resulte complicado, pero hay otras personas que no, y no piensan con claridad mientras el contacto visual se mantenga. El estudio mencionado concluye que cuando hay contacto visual, nos cuesta encontrar las palabras adecuadas para mantener una conversación. Al final es una cuestión de multitarea, hablar y mantener el contacto visual son dos tareas de procesamiento diferente, y según a que acción destinemos más recursos se nos hará más exitosa la ejecución de una u otra.

¿Y tú, cuánto aguantas la mirada? 🙂

 

 

¿Alguna vez una mirada te ha dejado sin habla?

Si la respuesta es afirmativa no te preocupes, la ciencia nos demuestra que esto es muy normal. Un estudio realizado por los psicólogos Shogo Kajimura y Michio Naumura (Departamento de psicología cognitiva de Universidad de Kyoto, Japón), y publicado recientemente en la revista Cognition, concluye que mantener contacto visual interfiere en la realización de otras actividades como mantener una conversación. La rapidez y correcta elección de las palabras parece verse mermada cuando miramos o nos miran a los ojos. El experimento deja entrever que existe la posibilidad de que ambas acciones compartan recursos cognitivos.

Pero ¿Por qué al iniciar una conversación lo correcto es mirar a los ojos al interlocutor? Es la única forma que tenemos de conectar con alguien desconocido, los ojos de una persona nos indican hacia dónde dirige la atención. El contacto visual es una de las herramientas más potentes de la comunicación no verbal, y un elemento clave de la escucha activa. Funciona como un interruptor: enciende y apaga nuestra conexión con los demás, y nos hace parecer accesibles, atentos, seguros y confiables.

Aunque parezca contradictorio el sentido de la vista resulta fundamental a la hora de escuchar realmente a los demás. La ausencia de contacto visual nos hace invisibles y transmite que no deseamos comunicarnos, muestra indiferencia, inseguridad, falta de interés o vergüenza. El contacto visual es un comportamiento regulador de la comunicación y, frecuentemente, se convierte en comunicación por sí mismo. La mirada puede ser ‘el mensaje’ y prescindir de palabras para transmitir una idea o un sentimiento, hay miradas de seducción, cómplices, pícaras, de pena, miradas que amenazan, que preguntan o responden, que nos dicen todo sin articular palabra.

¿Cuánto hay de cultural y cuánto de fisiológico? Existe un componente cultural importante, está claro que en la mayoría de culturas las personas se sienten más cómodas si la mirada es recíproca y relativamente constante durante una conversación, pero en algunas culturas el contacto visual directo se considera irrespetuoso.

Y también una raíz significativamente biológica. La zona de los ojos, en concreto, es especialmente expresiva, porque está rodeada de pequeños músculos muy sensibles que reaccionan ante cualquier reacción de nuestro sistema límbico, la parte del cerebro más relacionada con los sentimientos. Además, encontramos su importancia también en el mundo animal. Cuando nos mira un extraño durante mucho tiempo podemos percibir amenaza y experimentar ansiedad o miedo. Esta reacción es muy frecuente en los animales, que se sienten amenazados si un humano los observa fijamente a los ojos.

 

 

El simbolismo en el mensaje de Navidad del Rey Felipe VI

Definitivamente este año la Casa Real se decanta por una comunicación cargada de simbolismo, ya vimos lo que querían decir sin decir a través de la felicitación navideña protocolaria, pero tampoco han desaprovechado esta ocasión para lanzar mensajes encubiertos a la ciudadanía.

Hay que decir que el tradicional discurso del Rey la noche del 24 de diciembre evoluciona constantemente y este año han mejorado bastantes errores (no verbales) cometidos en años anteriores. En el vídeo podemos observar cómo los planos son mucho más cortos, el ambiente elegido es más cálido y familiar, y se muestra con una postura más cómoda y relajada.

En este discurso, el Rey ha logrado conectar con el público a través de tres elementos fundamentales:

  • El contacto visual. La dirección de su mirada era constante a cámara, no perdía el contacto visual, había profundidad y honestidad en ella, daba la sensación real de que te hablaba a ti.
  • La expresión facial. La línea base de expresión en Felipe VI es bastante neutral, no suele ser una persona muy emocional, sin embargo podemos comprobar cómo su expresión era congruente con los sentimientos que pronunciaba, por ejemplo, se dibujaba en su rostro una tristeza verdadera cuando hablaba de situaciones difíciles, una leve sonrisa cuando pronunciaba elementos positivos, ira para manifestar energía o cuando quería enfatizar una idea importante para él.
  • Los gestos ilustradores. Al igual que en el canal de expresión anterior, no suele ser tener un registro amplio de gestos y movimientos, esto le da una imagen antinatural, robotizada y falta de espontaneidad en sus mensajes. En esta ocasión, constantemente encontramos movilidad en sus manos, realizando gestos que acompañen e ilustren el contenido de su discurso. Aunque la mayoría de estos gestos son algo forzados, al menos dota de mayor dinamismo y frescura a su declaración.

El ambiente elegido contiene detalles preparados que indirectamente también comunican. Aparece en su despacho, para que se relacione con el trabajo, con las banderas de España y Europa; las estanterías de fondo están repletas de libros para asociar su imagen a la sabiduría, la educación y la cultura, pero todo ello, acompañado con fotografías familiares para completar esa imagen con la unión, el hogar y la vida personal, fotos actuales con su mujer y descendencia y fotos antiguas en blanco y negro de sus padres para no olvidar su procedencia.