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«No se van por el dinero»: el motivo por el que se abandona una empresa

Que trabajamos por un salario digno es una realidad. Nos quejamos de lo poco que cobramos, negociamos, peleamos, exigimos un aumento, pero esto no es la causa más habitual a la hora de decidir dejar o cambiar de trabajo.

Fotografía de uso libre: Pixabay License

Fotografía de uso libre: Pixabay License

Una publicación del MIT Sloan nos abre los ojos sobre lo que ya se denomina toda una revolución social: ‘The Great Resignation‘ (la gran renuncia). Y es que el año 2021 ha batido un récord histórico en cuanto al éxodo masivo en el entorno laboral estadounidense.

Más de 24 millones de empleados tomaron la decisión de dimitir en su trabajo, un número sin precedentes que ha llamado la atención de analistas y sociólogos. No todos los sectores se han visto dañados por igual, los más afectados fueron el retail (minoristas textiles), consultoría e internet, los menos tocados son el sector de las aerolíneas y las aseguradoras de salud.

Pues bien, después de todo el minucioso análisis (que animo a leer), por tipos de empleado, empresas, tecnología, salarios, cargos y otras tantas variables, el resultado es bien interesante y sorprendente:

El factor más significativamente relevante en la tasa de abandono fue el de ‘una cultura corporativa tóxica’.

Esta causa resultó 10 veces más importante que la retribución económica para predecir el índice de rotación.

Por cultura tóxica entendemos a aquellas compañías con falta de ética profesional, que no fomentan la promoción interna, que no promueven la diversidad, la equidad y la inclusión, en definitiva, los trabajadores se sienten poco valorados y respetados.

Comprobamos que la gestión emocional en el trabajo es clave para general sentimientos de pertenencia, seguridad y estabilidad.

Una asertiva y continua comunicación con los empleados, la movilidad lateral (no todos siempre quieren ascender, pero sí asumir nuevos retos o dinamizar sus tareas diarias), promover eventos sociales que unan a trabajadores de diferentes rangos en ambientes distendidos y fuera de la rutina y del estrés habitual, el teletrabajo o la flexibilidad horaria, pueden contribuir a revertir la ‘cultura tóxica’ de una empresa.

Love bombing, la técnica que utiliza «El estafador de Tinder»

El estafador de Tinder es un documental de Netflix que relata el caso real de Shimon Hayut, quien robó alrededor de 10 millones de dólares a diferentes mujeres utilizando la popular aplicación de citas.

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La estrategia de manipulación que utilizaba está bien clara, el love bombing. Pero este concepto no es nada novedoso, se acuñó por diferentes psicólogos y antropólogos en los años 70 para describir cómo los líderes de una secta enganchaban a sus seguidores a través de bombas de amor o sobredosis de afecto.

Así, se captan nuevos adeptos a través de la parte más débil de una persona, por ejemplo, alimentando su baja autoestima o autoconcepto con continuos halagos y bonitas palabras, de esta forma les hacen dependientes, agradecidos de forma infinita y se sentirán mal y culpables si abandonan el culto.

Años después se ha aplicado el love bombing al ámbito de las relaciones de pareja, esta técnica es aplicada normalmente por perfiles de personalidad muy inseguros, hombres o mujeres tóxicos, narcisistas, dependientes, celosos, o que no saben amar de forma libre y necesitan ‘enganchar’ a otros para engordar su propia valía personal y sentirse alguien.

Estas personas te lo dan todo para simplemente ‘tenerte ahí’. Al principio todo parece idílico, te bombardean de ‘amor’, de halagos, de interés, de cariño, de regalos, de afecto desmedido, e incluso de relaciones sexuales constantes, pero con una clara intención: generar en la otra persona un enganche emocional (tenerla ‘comiendo de la palma de su mano’).

Y lo peor es que con el tiempo se cansan y desaparecen de repente, lo que genera en su víctima una sensación horrible de culpabilidad, confusión y tristeza, pensando que ha hecho algo mal, cuando nada tiene que ver su comportamiento.

Puede pasar de pedirte matrimonio, vivir juntos, tener hijos, etc, a desaparecer directamente, o a ponerte excusas absurdas para ya no hacerlo, o decirte por un simple mensaje que ya no siente nada por ti, todo ello en muy poco tiempo.

Simplemente el ‘abusón emocional’ se cansa y encuentra a otra víctima, probablemente porque es adicto a la sensación del enamoramiento inicial y cuando este ‘subidón’ pasa en unas semanas o meses, en lugar de establecer una relación duradera y responsable, vuelve a querer la novedad de la fase inicial.

No desean ninguna responsabilidad o compromiso afectivo a largo plazo, solo sienten la necesidad de sentirse deseados y adorados, pero ellos sí que controlan de forma insana la relación.

Suelen ser excesivamente exigentes en el tiempo de dedicación hacia ellos e intentarán apartar al otro del resto de relaciones, familia, amigos, salidas nocturnas, aficiones individuales, y todo ello lo enmascaran a través del romanticismo (es que te quiero todo para mí, no me gusta compartirte con nadie, te necesito siempre conmigo, nadie te cuida como yo… y un largo etc).

Es muy difícil identificar el love bombing porque al inicio de una relación amorosa es verdad que todo es muy intenso y pasional, pero el perpetrador realmente no lo vive desde el vínculo afectivo, sino desde la necesidad. Ahí está el problema. Juegan con las emociones de los demás para conseguir un beneficio propio.

Al final, solo nos queda estar alerta con ciertas ‘banderas rojas’.

Debemos analizar la coherencia (sus palabras, actitud, opiniones, valores, intenciones, comportamientos, coinciden), las sensaciones sanas que nos proporciona (calma, tranquilidad, estabilidad, libertad, generosidad, comprensión, respeto), desconfiar de conductas fuera de contexto, tiempos demasiado acelerados a pesar de nuestra necesidad de prudencia y motivos por los que discutís y cómo gestionáis esas diferencias.

 

*Fuentes:

@María_Esclapez

Psicología y Mente

La mente es maravillosa

 

¿Por qué nos gusta escuchar nuestros propios audios de Whatsapp?

Da igual el contenido, enviamos una nota de voz e inmediatamente nos surge la imperiosa necesidad de escucharnos a nosotros mismos. Pero, ¿este comportamiento tiene algo de malo?, ¿por qué lo hacemos?

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Muchos expertos ya lo califican de autoaudiomanía y puede haber varias razones que expliquen esta curiosa costumbre.

La primera explicación puede ser bien sencilla, y es la de chequear que todo esté correcto, que se escuche adecuadamente, sin ruido de fondo, que no nos hayamos equivocado en las palabras que escogimos o equis.

Es típico de personas que están acostumbradas a realizar comprobaciones varias también en otros ámbitos, como la de revisar si cerramos bien la puerta de casa.

Puede contener, en este sentido, cierto grado de obsesión, inseguridad y/o perfeccionismo, pero también la de asegurar que la imagen personal que proyectamos a través de ese audio sea la que queremos.

También podemos querer deleitarnos con nosotros mismos, y escucharnos puede relacionarse con un rasgo narcisista de la personalidad. Tranquilo, tampoco tiene nada malo.

El concepto narcisista no siempre se refiere a un trastorno, sin llevarlo al extremo, está bien que nos gustemos, que nos agrade nuestra voz y lo que contemos, que sonriamos escuchando la parte más graciosa de nuestro mensaje. Todo ello indica un buen autoconcepto y autoestima.

Podemos aprender mucho sobre nosotros escuchándonos, si ponemos el foco en el análisis de nuestra comunicación verbal y no verbal podemos detectar imperfecciones y puntos fuertes en nuestro estilo a la hora de relacionarnos con los demás y pulir aquello que no nos gusta tanto.

No solo en lo que decimos sino en el cómo lo decimos (paralenguaje). Por ejemplo, detectar que utilizamos un tono muy elevado o casi inaudible, que hablamos demasiado rápido, que no utilizamos silencios, que repetimos mucho una misma palabra o ciertas muletillas, etc.

Escuchar nuestros propios audios solo supondría un problema si nos obsesionamos con ello, si nos limita, si nos hace sentir mal, ridículos y además tenemos también comportamientos relacionados (como ansiedad social por ejemplo) que pueden revelar un grave problema de autoestima y debería ser tratado con un profesional.

En situación habitual, la autoaudiomanía no presenta ningún inconveniente y sí muchas ventajas para interesarnos por lo que proyectamos y mejorar nuestro estilo de comunicación.

 

¿Cuánto menos caso te hace, más te atrae?

Este es un buen ejemplo de masoquismo y dependencia emocional y la oxitocina (o la hormona del amor) es la culpable de ello y de que idealicemos más de la cuenta a aquel que nos ignora o rechaza.

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No es tan raro, a todos seguramente nos ha pasado en cierta medida, nos ha gustado alguien que no nos correspondía, nos hemos enamorado de un imposible o incluso nos sentimos más atraídos por nuestra pareja cuando percibimos en el otro cierto desinterés.

Realmente este comportamiento es un acto involuntario, los estudios más recientes advierten que la oxitocina no solo aparece en situaciones de enamoramiento ideal o correspondido, sino que también se segrega en situaciones de crisis o conflictos con la pareja.

En este sentido, la hormona nos despierta la atención y la motivación hacia la relación cuando percibimos que hay una amenaza. Nos gusta más y hacemos un esfuerzo extra para no perder el vínculo con el otro.

Hasta aquí, todo correcto, pero es preciso aclarar que a pesar de lo involuntario del proceso, sí que tenemos el control sobre nuestros impulsos y la voluntad de racionalizar nuestros deseos y conductas, encajar el rechazo o la frustración y no insistir prolongadamente en afectos no correspondidos.

Porque realmente el no saber gestionar estas emociones y sentimientos pueden encubrir otras problemáticas individuales, como una baja autoestima, pensando que no somos merecedores de una entrega al 100% y que hay que ganarse el cariño de los demás para ganar valía personal (sin ti no soy nada).

También puede surgir por traumas de la infancia no resueltos, ya que parece ser que las personas que no hayan tenido cubiertas sus necesidades de afecto, seguridad y valoración en su infancia, serán más propensas a buscar y permanecer en relaciones adultas tóxicas o insatisfactorias.

Está claro que la reciprocidad en el amor no siempre está al mismo nivel, pero el interés, el respeto, o el cuidado siempre deben ser mutuos para no dañar nuestro amor propio, el más importante.

 

 

 

¿Por qué se desconfía del testimonio de Amber Heard?

Avanza el juicio de Amber Heard y Johnny Depp y aumentan las opiniones dispares sobre esta batalla legal. Ya destacamos anteriormente que la comunicación no verbal se había convertido en indiscutible protagonista y no dejan de trascender ciertos patrones conductuales, ahora, tras la declaración de Heard aun más.

¿Ha resultado creíble el testimonio de Amber Heard? Parece que en redes sociales y medios de comunicación predominan los comentarios de desconfianza sobre el relato de la actriz. Pero, ¿por qué ocurre esto?

En primer lugar, es importante aclarar que no hay un indicador directo e inequívoco de mentira que sea visible a través del lenguaje verbal o no verbal, sí que hay ciertos indicios de engaño que pueden hacer saltar las alarmas y que resultan incongruentes o extraños en base a lo que se espera en una situación similar.

Amber Heard es actriz y este es un hecho que no juega a su favor. Por su profesión, se la puede conferir cierta capacidad para simular mejor que el resto emociones complicadas, como la tristeza o el llanto a voluntad. Es cierto, pero también lo es que su habilidad no puede convertirla en mentirosa per se.

Amber Heard ha tenido un comportamiento muy singular desde el principio. Hemos podido observar muchos cambios de humor abruptos, pasaba de la risa a la tristeza, vestía de forma llamativa y espectacular y al día siguiente de una manera totalmente opuesta, proyectando estéticas contradictorias.

E incluso imitaba ciertos patrones y elementos de la vestimenta de Depp, hecho inquietante que puede desestabilizar la idea sobre su seriedad y sensatez. Pero todavía no sabemos los motivos que la llevan a ello, quizás puede ser una llamada de atención a la desesperada, una burla, una estrategia para debilitar a su ex…

Centrándonos en su declaración, las emociones que acompañaban a sus palabras fueron tristeza e ira, ambos son sentimientos esperables en un relato como el suyo; muchos piensan que no son reacciones compatibles, pero sí, son posibles y perfectamente congruentes con lo que va contando.

Si me agreden y abusan de mí puedo sentir pena y además estar enfadada. No quiero decir que por esto diga la verdad, pero tampoco la presentación de estas dos emociones de forma simultánea son indicativas de mentira.

Cientos de comentarios advertían que Heard lloraba sin lágrimas y que, por esto, su consternación era fingida. Esto tampoco es indicador de engaño directo, pero es que además hay fotografías en las que sí que se pueden apreciar lágrimas en su rostro.

Otro aspecto cuestionado ha sido el contenido de su testimonio. Amber Heard es muy detallista a la hora de dar contexto a un hecho, es decir, se explaya con la información que es más irrelevante o periférica para explicar un suceso, pero muy escueta a la hora de abordar el incidente crítico, la agresión en sí.

Esta premisa sí resulta un indicador de engaño, podría hacer saltar la alarma de la credibilidad ciertamente, pero también podría ser que tenga serias dificultades para poder recordar y relatar los detalles específicos de un episodio que experimente como doloroso, vergonzante, humillante, traumático…

Desde luego, en una entrevista terapéutica sería un buen punto para profundizar e intentar desmarañar; en un juicio, me temo que este asunto quedará así.

En definitiva, es muy complicado dictaminar o no la credibilidad de una persona a través de la mera observación de su comunicación no verbal en tan solo unos minutos.

Por supuesto, su actitud, conducta, palabras, gestos, vestimenta nos dan pista y mucha información sobre estado de ánimo, intenciones y sinceridad, pero tendríamos que escudriñar mucho más el relato para aseverar si miente o no.

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Juicio de Amber Heard y Johnny Depp: la extraña comunicación no verbal como protagonista

Es difícil saber por dónde empezar, porque el análisis psicológico de los comportamientos que se están sucediendo en la batalla legal entre Johnny Depp y su ex Amber Heard daría material suficiente para un buen libro.

GTRES

Entre las controversias más destacables se encuentra la apariencia escogida por Amber. Los detalles sobre su vestimenta no pasaron desapercibidos y de inmediato, en las redes sociales, muchos usuarios se percataron de que ella copiaba el atuendo de él en los días posteriores.

Increíble pero cierto, ya que no ha sido un hecho aislado sino que las ‘coincidencias’ se han dado en al menos tres ocasiones de forma clara. Amber usaba los mismos peinados, tonalidades de las prendas, trajes, corbatas y, por si aun alguien dudaba, se colocó hasta el mismo pin con forma de abeja.

Las hipótesis son muy numerosas, algunos expertos arguyen que Heard podría estar enviando señales a Depp de que le sigue siendo leal, que están en el mismo equipo, que su comportamiento podría ser una llamada a la empatía del actor para debilitarle emocionalmente y minimizar así sus ‘ataques’ durante el juicio.

Otros no son tan benevolentes y sentencian que la actriz pretende descolocarlo, jugar con su mente, inquietarle y ponerle nervioso para desestabilizarle, e incluso que se burla de él.

Pero también parece haber un diagnóstico mental oficial sobre Heard, realizado por la Dra. Curry, determinando un trastorno límite de la personalidad y un trastorno histriónico de la personalidad.

Las personas que padecen estos trastornos adquieren el estilo de personalidad de las personas con las que han estado, están o desean estar y son grandes imitadores de la forma en que se visten, e incluso de la forma en que hablan.

Además, presentan patrones de inestabilidad emocional, egocentrismo y constantes comportamientos de búsqueda de atención, entre otros rasgos, que podrían explicar esta imitación de Heard.

Y también podría dilucidar otro hecho en la conducta de la actriz que ha llamado la atención de todos. Y es que su expresión facial es demasiado dramática por momentos y experimenta unos cambios muy rápidos y abruptos entre emociones que no son muy coherentes entre sí.

EFE

Por ejemplo, podemos verla reír mientras habla con su abogada y, en décimas de segundo, su rostro se transforma de repente en una expresión de tristeza o incluso cierto miedo. Es impresionante observar las secuencias en vídeo.

Esta actitud le ha restado credibilidad en la audiencia, puesto que no es un patrón natural en la expresión emocional, es más propio del mundo de la interpretación, la manipulación, la simulación, el engaño… pero también del simple nerviosismo y de una alteración del ánimo en situaciones complicadas (como puede ser un juicio) o efectivamente de un trastorno de la personalidad.

Seguiremos observando…

 

*Fuente:

Daily Mail

#ComunicacionNoVerbal Reaparece un Putin asombrosamente debilitado

Últimamente la comunicación no verbal del líder ruso, Vladimir Putin, ha sido extraña. Desde que comenzara su guerra con Ucrania no han cesado los rumores sobre un posible problema de salud y en su última aparición pública parece que aumenta esta hipótesis por sus inusuales gestos.

Vladimir Putin siempre ha estado muy interesado en lo que se proyecta sobre su apariencia, controlando al más mínimo detalle que todo en él sea energía, fuerza, vitalidad y masculinidad.

Pero hay elementos de nuestro cuerpo que no se pueden controlar a voluntad y algunos medios de gran relevancia internacional, como The Telegraph o The Sun, ya han publicado, contando con la opinión de médicos expertos, las señales físicas de que Putin podría padecer una grave enfermedad.

Destacando por ejemplo sus cojeras ocasionales, su rostro notablemente hinchado como posible consecuencia de una fuerte medicación o el uso de las exageradas distancias con otros líderes políticos por el miedo a contagiarse dada la deficiencia de su sistema inmune.

Pero además, en el último vídeo saltaron todas las alarmas porque, a pesar de estar sentado en una mesa de reunión con su ministro de Defensa, de inmediato todos pudimos detectar que sus piernas estaban en constante movimiento y parecía experimentar algún tipo de incomodidad o dolor mientras se agarraba literalmente a la mesa durante al menos un cuarto de hora.

Desde el punto de vista de la comunicación no verbal, esta postura corporal es del todo poco habitual, si fuera un gesto que se realiza durante pocos segundos o escasos minutos podría suponer cierta incomodidad, estrés, ansiedad, contención, desagrado… Todo dependería del contexto y del contenido de la conversación.

Pero lo curioso es lo que ese gesto perdura estático en el tiempo, es muchísimo para que signifique algo de lo anteriormente expuesto, realmente da la sensación de que se está sujetando…

Tampoco parece que sea nerviosismo o simplemente una postura rígida inconsciente, recordemos que Putin está altamente entrenado en el manejo del lenguaje corporal por su pasado en la KGB, donde este aspecto del comportamiento era prioritario en la fase de adiestramiento militar.

Desde luego, estas imágenes solo refuerzan los rumores sobre su comentado estado de salud y más que demostrar su fortaleza y autoridad parece que ha conseguido el efecto contrario dejando en evidencia sus propias debilidades.

Seguiremos observando…

Si quieres saber qué te pasa y cómo estás atiende a tu cuerpo.

Hoy cuento con una excepcional firma invitada, María Concepción Gordo Alonso es experta en comunicación y profesora de la Universidad de Nebrija (entre otras muchas cosas), pero sobre todo escribe y transmite con una sensibilidad muy especial su conocimiento sobre las relaciones, con los demás y con nosotros mismos, en un mundo que cada vez pisa más el acelerador, invadido por el ruido y por el análisis racional de todo lo que nos rodea.

Es un gusto leerla y tomar conciencia de nuestra esencia ancestral, como dice ella: Del alma y la piel, la intuición, el instinto, la emoción.

Fotografía CCO

Fotografía CCO

En la era de la mente es más necesario que nunca escuchar a nuestro cuerpo. Somos hombres sabios, o en términos de evolución humana “homo sapiens” y ese papel nos lo hemos tomado quizá al pie de la letra.

Pensamos y pensamos constantemente convencidos como dice Jean Le Ron de que: “La razón acabará por tener razón”; pero claro, tenemos y más bien somos emociones, esas que la razón ignora porque simplemente no las entiende, como venía a expresar Blaise Pascal.

Y esas emociones, eso que percibimos en su mayoría de forma inconsciente, aquello que muchas veces menospreciamos porque no llega a través de nuestro poderoso neocórtex y por tanto no es lógico, es lo que en realidad nos da la pauta más completa de qué nos sucede y de qué les pasa a los demás.

Como dice Paul Watzlawich, en el primer axioma de la Teoría de la Comunicación humana, comunicamos siempre, pero también lo hacemos desde siempre, nos comunicamos con palabras desde hace tan sólo 80.000 años, y eso en perspectiva evolutiva es muy muy poco.

Antes de tener desarrollada el área cerebral de Broca, donde está el lenguaje, no sólo nos reproducíamos, también nos organizábamos como grupo y además nos cuidábamos y protegíamos como especie.

Como dice María Martinón Torres, directora del Centro Español de Investigación para la evolución humana, estamos en este momento de la historia porque, desde hace más de 3 millones de años, hemos sabido acoger las diferencias, entendernos y atender y asistir a los que lo necesitaban, y todo ello sin decir una sola palabra.

Obviamos nuestra intuición, eso que no sabemos por qué lo sabemos, pero lo sabemos, y olvidamos, que como decía Darwin, somos instinto y emoción, y por tanto, estamos preparados para percibir una gran parte de información de forma inconsciente, y solemos olvidar a menudo, esa sabiduría ancestral del alma y de la piel.

Apenas prestamos atención a nuestro lenguaje no verbal, a todo aquello que nuestro cuerpo revela, mientras nosotros estamos enfrascados en entender y producir palabras.

Albert Mehrabian estableció, allá por los años 60, una regla que viene a afirmar que un alto porcentaje (dependiendo del contexto) de lo que percibimos es no verbal, bien sea información gestual derivada de la expresión corporal o facial o bien paraverbal o paralingüística, es decir, cómo decimos lo que decimos.

Esto tiene un calado importante, porque no atender a nuestra comunicación no verbal y a la de nuestros interlocutores hace que nos perdamos una gran cantidad de la información que nos transmiten. Sin duda, como apunta Natalia Gironella, nuestro lenguaje no verbal no siempre es más importante pero sí más completo, más rico, más amplio y mucho más impactante.

Giovana Monterrubianesi de la Universidad de Granada, nos recuerda además que nuestro cuerpo revela el 90% de nuestra afectividad y por tanto es el fiel indicador de nuestro estado emocional. O, dicho de otro modo, si quieres saber qué te pasa y cómo estás atiende a tu cuerpo.

La clave está en observar y observarnos, leer entre líneas, atender a lo que no sabemos, podemos o queremos o quieren decirnos, en escuchar bien, no tanto lo que decimos, sino lo que callamos.

Y como refrenda el gran Antonio Damásio, uno de los más importantes neurocientíficos del siglo XX y Premio Princesa de Asturias de investigación científica y técnica 2005, ser conscientes de que nunca tuvimos que elegir entre razón y emoción porque tenemos, pero, sobre todo, somos ambos.

 

“Hagas lo que hagas, busca el latido” – Elvira Sastre.

#Comunicación #ComunicaciónNoVerbal #Emociones #GestiónEmocional #EvoluciónHumana

 

Referencias:

Mehrabian, A. (1971). Nonverbal communication. In Nebraska symposium on motivation. University of Nebraska Press.

Martinón-Torres, M. (2021). Un niño recostado delicadamente, el primer enterramiento humano de África.

Watzlawick, P., Bavelas, J. B., & Jackson, D. D. (2011). Teoría de la comunicación humana: interacciones, patologías y paradojas. Herder Editorial.

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7535677

 

 

La comunicación es el arma que convierte a Zelenski en un héroe

En un contexto de guerra, Volodomir Zelenski ha sido capaz de fabricar una extraordinaria estrategia de comunicación, consiguiendo así erigirse como un ejemplo de liderazgo político para los suyos pero también para el mundo.

Volodímir Zelenski.Henar de Pedro

El inesperado líder se ha convertido en pura inspiración a través de unas claves concretas de su personalidad, actitud y comunicación. Muchos ya le nombran como un héroe de carne y hueso de la era moderna y ciertamente la descripción no se aleja de la realidad.

Socialmente se considera héroe a aquel personaje que posee habilidades y ciertos rasgos que le permiten llevar a cabo hazañas extraordinarias para salvar a las personas de un peligro.

Siempre necesitan un antagonista, un villano que represente todo lo contrario a él, en este caso Zelenski destaca aun más porque, tal y como analizamos recientemente, Putin resulta totalmente opuesto en su estilo de liderazgo (agresivo) y en rasgos de personalidad (menos emocional, frío, distante, hierático…)

La figura heroica debe ser valiente, honesta, pensar en los demás, tener valores, ser seguro de sí mismo, y perseguir sus objetivos sin importar los obstáculos. Esta descripción del héroe coincide con la consideración que Zelenski proyecta públicamente a través de sus palabras pero también de su acciones y actitudes.

El héroe se sitúa a sí mismo, y a pesar de su superioridad, al mismo nivel de la gente común a la que aquejan los problemas. Esto es lo que hace que el héroe nos atraiga y nos identifiquemos con él. Zelenski dijo en una de sus intervenciones: «Usted es presidente de Ucrania como lo soy yo. Y yo soy un soldado más al servicio de Ucrania como los son todos ustedes».

No se esconde, se graba diariamente en Ucrania, no ha huido, se queda, lucha, como hacen todos. Esta acción es la que le dota de la fuerza del ejemplo, la coherencia y la autenticidad.

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La agresión de Will Smith en los Oscar, ¿real o fingida?


Hay galas de los premios Oscar que pasan totalmente desapercibidas y otras que serán la historia, como la de este año 2022. Will Smith se ha convertido en el indudable protagonista de la noche y no precisamente por su carrera profesional.

El momento viral en redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo ha sido la agresión que ha protagonizado el actor hacia el presentador y humorista Chris Rock, tras ‘bromear’ sobre la alopecia que sufre su mujer, Jada Pinkett Smith.

No sé qué publicará la organización al respecto, pero todo parece indicar que la violencia física ha sido totalmente real y que no formaba parte del guion para crear espectáculo.

¿Por qué?

Lo primero en lo que nos podemos fijar es el sonido, los micrófonos captan la sonora bofetada que le propina.

Si observamos el cuerpo de Will Smith, podemos apreciar la tensión muscular en los brazos y hasta como su torso se desequilibra por la fuerza ejercida.

Vemos hasta como su otro brazo se protege instintivamente y cabecea, una postura propia de la lucha en el cuerpo a cuerpo.

Si observamos a Chris Rock, su cabeza está girada completamente por el golpe y su rostro aparece desencajado, expresa dolor y cierta conmoción.

También en este fotograma vemos la mano completamente abierta de Will (no ha sido un puñetazo como algunos comentaban, sino un bofetón).

Pero desde luego, este es el vídeo definitivo, con un ángulo visible y a cámara lenta:

 

Comentaban que es impresionante y extraño cómo Rock encajaba el golpe y que es la reacción que menos congruente parecía para poder creer en la espontaneidad de este ataque, que casi no se inmuta, mantiene la compostura y ni se toca la zona golpeada.

En mi opinión, es porque tal y como muestra este ángulo no le llega a impactar con la mano completa, sino que solo acierta a golpearle con los dedos de la mano.

Tras el asalto, podemos detectar el rostro y postura de satisfacción y orgullo de Will Smith, que hasta sonríe levemente, satisfecho por su venganza en defensa de su mujer.

Ya de vuelta en su asiento, le grita al presentador para que no vuelva a nombrar a su mujer, aquí su comunicación no verbal es realmente impactante por el nivel de afectación e intensidad emocional.

En este instante, aflora el rostro de la ira intensa, llamativa por la intensidad de la mirada, la proyección de la mandíbula y la apertura de las fosas nasales, algo que ejecutamos de forma involuntaria y es difícil de simular (salvando la capacidad interpretativa de Will Smith).

Cuando esto ocurre es porque el cerebro envía la señal al organismo de dilatar las fosas nasales al experimentar una emoción ferviente de ira, de este modo obtiene una mayor cantidad de oxígeno, ya sea con el propósito de calmarnos o para ser capaces de atacar con más fuerza.

Estoy de acuerdo con que el momento es surrealista y difícil de creer… Pero todo parece indicar que sí que ha sido espontáneo. Veremos las sucesivas reacciones para tener más datos…