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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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Amor, simpatía y guerra: Las tres funciones de la sonrisa

Existen tres tipos básicos de sonrisa humana: sonrisas de “recompensa”, “afiliativas” y “dominantes”. Esto es lo que plantea un nuevo artículo de la psicóloga Magdalena Rychlowska y sus colegas.

Las sonrisas de recompensa, dicen los autores, se utilizan para expresar el disfrute/placer:

Surgen para gratificarnos a nosotros mismos o a otras personas y para comunicar experiencias o intenciones positivas. Este tipo de sonrisa puede haber evolucionado a partir de la “cara de juego” de los primates y los cánidos.

Las sonrisas afiliativas tienen un propósito más conciliador:

Facilitan la vinculación social al comunicar la accesibilidad, el reconocimiento y el apaciguamiento y, por lo tanto, pueden ser funcionalmente similares a la exhibición silenciosa de los dientes en los chimpancés que ocurre durante el acicalamiento, la solicitación sexual y la sumisión.

Las sonrisas de dominación tienen una naturaleza algo más oscura:

Sirven para mantener y negociar el estado social o moral y están asociadas con la superioridad o el orgullo, el desafío, la burla y el desprecio. A diferencia de las recompensas y las sonrisas afiliativas, se asume que las sonrisas de dominación suscitan sentimientos negativos en los observadores. No se conoce la expresión facial de nuestros homólogos primates; sin embargo, algunas expresiones faciales exhibidas por los animales agresores de alto estatus implican componentes sonrientes.

Esta tricotomía de las sonrisas no es una idea completamente nueva, ya que algunos de los autores actuales la propusieron en 2010. Pero en el nuevo estudio, Rychlowska y su equipo estudiaron exactamente lo que compone estas sonrisas en términos de movimientos musculares faciales.

A un grupo de voluntarios se le mostraron 2.400 animaciones de expresión facial generadas aleatoriamente, construidas usando un modelo de computadora del rostro humano. Para cada expresión aleatoria, los participantes tenían que decir si era una sonrisa de recompensa, afiliativa o dominante, o ninguna de las anteriores.

Las de recompensa y las sonrisas afiliativas eran bastante similares, pero sólo la sonrisa afiliativa consistía en mantener la boca cerrada y presionar los labios. Esto era difícil de ver en las caras virtuales, pero se puede ver en las fotos de los actores. La sonrisa dominante era muy diferente de las demás. En particular, se trataba de una sonrisa unilateral.

Los autores concluyen con una conclusión algo poética: nuestros resultados destacan la naturaleza versátil de la sonrisa humana, que puede usarse para múltiples tareas sociales, incluyendo el amor, la simpatía y la guerra“.

Sin embargo, este estudio tiene una gran limitación: todos los participantes eran estudiantes universitarios americanos blancos, y todas las caras virtuales también eran blancas. ¿Se aplica el modelo de las tres sonrisas a otros países y grupos culturales de todo el mundo? Eso aún está por verse…

 

 

 

*Fuente: Discover science

 

Análisis no verbal: Puigdemont y los gestos de contención en el 10-O

Fotografía EFE

Todas las miradas estaban puestas en Carles Puigdemont y su discurso en el 10-O… la mía también. Estoy algo decepcionada porque el presidente de la Generalitat se caracteriza normalmente por su espontaneidad en la comunicación, por improvisar y expresar con naturalidad sus ideas.

En esta ocasión no ha sido así, ha leído cada palabra y esto coarta bastante la posibilidad de poder expresar emociones reales. Aún así, pueden destacarse algunas claves no verbales relevantes para interpretar su estado emocional y aportar más significado al momento.

Al inicio de su intervención se produce un bloqueo gestual muy significativo si lo comparamos con su línea habitual de expresión. No encontramos a penas movimientos ilustradores del mensaje, este descenso notable en el movimiento da cuenta de un exceso de energía racional. Es decir, está tan concentrado y destina tantos recursos al mensaje verbal que su cuerpo se bloquea y no puede acompasar su discurso.

Esto ocurre cuando hay un fuerte impacto emocional en lo que vamos a pronunciar, cuando tenemos una tensión extrema, temor y estrés y/o con un importante grado de densidad en el flujo de pensamiento.

Este indicador también se refuerza si analizamos el canal fisiológico, se pasa constantemente la lengua por los labios, le cuesta tragar saliva (por la ausencia de ésta) y tiene la garganta seca, visible por la tos repetida, carraspeo y voz más aguda. La tensión y el nerviosismo es muy palpable.

Respecto a su expresión facial, ha habido un movimiento estrella, repetido en más de una treintena de ocasiones durante su alegato. Aprieta los labios, éste es un gesto de contención y represión. Se produce cuando retenemos una idea, una emoción, una reacción, etc. Se trata de una señal de tensión o una señal de intentar mantener el control sobre uno mismo. Muy coherente con el contexto en el que se produce.

Por último, no soy muy fan de esto de los micropicores y de que si me rasco en el codo o en la rodilla significa ‘x’ o ‘y’. Pero es que en esta alegación de media hora se produce un ‘picor’ en un momento tan clave que me cuesta no darle importancia. Puigdemont se rasca la sien justo antes del momento de (semi) declarar la independencia de Cataluña. No le había visto este gesto antes y no lo hace en ningún otro instante de su intervención, lo hace justo ahí, antes de pronunciar la frase más esperada por todos.

No hay nada científico que de explicación a estos micropicores, yo lo interpreto más como un gesto automanipulador, es decir, la acción de tocarse a sí mismo ante la tensión o el nerviosismo del momento. Se infiere duda, inseguridad o temor ante lo que se va a manifestar a continuación, ¿tiene sentido, no?

La réplica (no verbal) de Puigdemont al Rey Felipe VI

El presidente de la Generalitat reaparece, con una escenografía solemne y una sola bandera (la catalana), tras la intervención del Rey después de lo acontecido el 1-O. Ya vimos cómo la comunicación no verbal dotaba de un plus de significado el mensaje de Felipe VI, y de nuevo con Puigdemont le expresión emocional vuelve a dar pistas sobre la profundidad de las palabras.

En general, su comunicación ha sido más espontánea y natural que la del Rey, no estar sentado ha contribuido a esta diferencia, ya que tenía más libertad de movimiento y esta dinámica provoca que el cuerpo ‘se suelte’ y ‘hable’ más (con el riesgo de que esto nos beneficie o no…).

Sorprendentemente, me ha parecido muy relajado, su rostro aparecía sereno cuando no suele ser habitual. El ceño fruncido forma parte de su línea base de comportamiento y en este caso solo mostró ira mientras enunciaba la intervención policial en Cataluña contra el pueblo civil catalán, acompañado después de tristeza.

Su expresión gestual es muy ilustrativa, coherente con el mensaje, armónica, con lo cuál denota credibilidad y convicción total en lo que dice. Los gestos de sus manos fueron muy adecuados, juntaba los dedos en forma de pirámide, transmitiendo así reflexión, calma y seguridad. Todo marchaba en una línea positiva hasta que menciona al rey y le devuelve (inconscientemente) el gesto del dedo acusador, levanta su dedo índice y señala a cámara con su mano izquierda, con la derecha y finalmente con las dos.

Este gesto tan sutil y aparentemente inofensivo entraña un significado nada positivo, de forma no consciente nuestro cuerpo quiere culpar, obligar o señalar de forma agresiva a nuestro interlocutor. Las personas que habitualmente realizan este gesto suelen creer que están en un nivel por encima de la persona a la que señalan, pueden pensar que tienen más autoridad. Sin embargo, también puede ocurrir que las personas que con frecuencia no señalan con el dedo, lo hagan, por ejemplo, en el caso de que estén enfadadas y crean que llevan la razón o pueden apuntar con el dedo para señalar que es la otra persona la que tiene la culpa de lo ocurrido…

¿Cuál es vuestra hipótesis?

 

 

 

Análisis no verbal de la aparición de Felipe VI tras el 1-O

El Rey Felipe VI aparece para pronunciarse sobre la situación en Cataluña tras el 1-O. El mensaje verbal ha sido directo y contundente contra el Gobierno Catalán y su lenguaje corporal no ha sido menos. Su comunicación ha estado encorsetada por la lectura del telepronter, al final, no deja de ser un discurso muy, muy, preparado, medido y leído.

Esto deja poco margen para la espontaneidad de las emociones, aun así, podemos detectar algunas claves emocionales reveladoras.

Ha sido especialmente interesante la evolución de las emociones en pocos minutos. En el inicio se filtran expresiones de ira intensa, muy significativa la asociada a la palabra “ilegal”, ha sido el momento más contundente en su expresión emocional, tonalidad y gestualidad.

Pero a medida que avanza en su intervención, la ira se convierte en profunda tristeza, que se mantiene casi constante en la mitad de su discurso, sobre todo cuando habla de la irresponsabilidad de las autoridades catalanas y cuando alude a la “unidad de España”.

Respecto a sus gestos, ha utilizado muchos más ilustradores de lo que suele manifestar, lo cuál significa que está comprometido y cree en lo que dice. Se esfuerza por enfatizar sus palabras y que el mensaje llegue a través de la pantalla. Destaca especialmente la apertura de manos y brazos en señal de ofrecimiento al dirigirse al pueblo catalán.

Y a vosotros… ¿os ha convencido?

 

Análisis no verbal: Inés Arrimadas muy hundida

Foto – EFE

Se han producido numerosas reacciones en el panorama político tras el 1-O que iré analizando estos días. Algunas trascienden por su contenido verbal y otras destacan por la elocuencia en la expresión corporal. Ha sido especialmente comentada la comunicación no verbal de Inés Arrimadas durante la rueda de prensa del líder de Ciudadanos, Albert Rivera (vídeo).

Mi colega de profesión J.L Martín Ovejero calificaba a Arrimadas como “muy hundida“. Efectivamente he podido cuantificar más de una decena de microexpresiones de tristeza en pocos minutos, su mirada estaba perdida, a veces, ni parpadeaba, su actitud era pensativa, muy reflexiva en la mayor parte de su aparición ante los medios.

Es una mujer muy expresiva y filtraba también emociones variopintas mientras escuchaba al representante de Ciudadanos, por ejemplo, sonrisas irónicas y desprecio cuando Rivera se pronunciaba al respecto del gobierno catalán. Pero también orgullo cuando se llamaba a la unión de la nación y cuando se sentía satisfecha de lo pronunciado por el presidente de su partido.

Inés Arrimadas has sido la responsable de la coherencia en el discurso de Albert Rivera, con su cuerpo asentía cada palabra e ilustraba el mensaje constantemente dándole fuerza y emocionalidad. El cansancio, el estrés y la tensión padecida también se hacía visible por su asimetría facial. Mi compañero Francisco Campos Maya escribe un artículo muy interesante al respecto.

 

“No amo a mi hijos”. Soy psicópata

Tenéis a algún psicópata a vuestro alrededor, seguro. Por probabilidad puede ser vuestra madre, hermano, pareja, jefe, vecino… Están en todas partes y normalmente son personas muy influyentes (aquí 4 pruebas científicas que lo demuestran). Reconocerlos no es difícil si se sabe cómo buscar, lo primero de todo es saber qué es la psicopatía y cómo identificarla en la gente que nos rodea (pincha aquí para descubrirlo).

Realmente, hay muchos psicópatas adaptados en la vida real, conviven socialmente y además suelen ser personas de éxito. Y lo cierto es que no todos son criminales porque sí que son muy conscientes de los resultados que pueden tener sus acciones, aunque romper la ley suele ser una manera muy fácil de cumplir sus objetivos, deben ‘capear’ ciertos límites para llegar a la meta sin caer en el intento.

No reciben satisfacción social pero la autorrealización es una de las pocas necesidades de nivel superior que pueden ‘saborear’. Son capaces de llegar hasta donde sea mientras no se les pare los pies y no tienen en consideración a nadie. En esas circunstancias, es raro que una persona psicópata (desgraciadamente) no tenga éxito en su vida.

Al ser humano en general no sólo le dan miedo las consecuencias legales de sus actos, también las consecuencias sociales, pero el psicópata no tiene freno. Allá donde la ley no sea capaz de pararles los pies los psicópatas tendrán una tendencia criminal que pueda reportarle los suficientes beneficios.

El término ‘psicopatía’ está bien definido, el término ‘buena persona’ es bastante más complejo y subjetivo. La psicopatía es un síndrome genético, no aparece de repente en la edad adulta, por tanto la persona está habituada desde bien pequeña (sí, también hay niños psicópatas) a hacer daño y destruir lo que hay a su alrededor (no tiene por qué ser físicamente), sin consideración, aunque sus intenciones sean buenas.

Por supuesto muchos psicópatas se adaptan sin demasiada dificultad a la sociedad y no causan grandes problemas, pero sus métodos muchas veces nos impiden pensar que son buenas personas. Si bien es cierto que las personas con psicopatía son capaces de aprender a comportarse bien, ser educados, tener modales, pudiéndose convertir en personas ‘no perjudiciales’ para su entorno, siempre tienen un fin individual y no poseen sentimientos/emociones reales de amor, empatía, compasión, generosidad, admiración, etc, ni por sus hijos ni por nadie.

Lo define muy bien un ejemplo traído por Guillermo Jiménez en su (muy recomendable) blog ‘Lecturonauta’ y que os dejo para la reflexión y el debate:

En Quora, plantearon la siguiente cuestión: ¿Pueden los psicópatas amar a sus hijos?

Una madre diagnosticada con psicopatía nos da su respuesta:

No, yo no “amo” a mis hijos… pero ellos ciertamente creen que lo hago. Veo a mis hijos como posesiones. Esto va a “sonar mal”, pero yo los veo como una especie de mascotas o muñecas. Son míos para entrenar, educar y moldear.

  1. Les decía lo que hacer y lo hacían. Punto.
  2. Respondía a sus preguntas, pero ellos sabían preguntarlas en privado (no en público). Normalmente no mentía a la hora de responder estas preguntas…

(Por ejemplo, preguntaban “¿De dónde vienen los bebés?” y les daba la charla sobre el sexo [mi hija tenía 5 años cuando preguntó esto por primera vez, y mi hijo, 8 años]. Sin embargo, si preguntaban “Mamá, ¿nos quieres/amas?”, yo, por supuesto, les decía algo por el estilo de “¡Con todo mi corazón!” porque reconocía que tienen sentimientos y yo no los tengo, y quería que mis “mascotas” estuviesen felices y contentas. No deseo hacerles daño emocional).

  1. Nunca tuvieron permitido creer en Santa, el conejo de Pascua, el hada de los dientes, o cualquier otro sinsentido.
  2. Empezaron a aprender meditación y yoga cuando fueron muy jóvenes (hija, 2 años; hijo, 3 años).
  3. Las personas que interactuaban con mis hijos (jóvenes) no tenían permitido usar el sarcasmo cuando se comunicaban con ellos o “bromear” con ellos. Los niños jóvenes no entienden el sarcasmo y “bromear”. Les permití aprenderlo con sus compañeros en la escuela (cerca de 5º/6º curso (N. del T: Entre 10 y 12 años)).
  4. A mis hijos se les enseñó acerca de todos los tipos diferentes de religión y tuvieron permitido elegir cualquiera de ellas que sintieran que se adecuaba mejor a ellos (Mi hija eligió la Wicca y mi hijo es “espiritual”).

Mis hijos tienen buenos modales, se graduaron con honores (tanto en el instituto como en la universidad), y tienen carreras exitosas y florecientes en sus respectivos campos. Entienden como jugar al juego sin ser eclipsados o consumidos por él. Han sido entrenados para ser lobos, no ovejas.

Y aunque estoy orgullosa de que sean míos y los apruebo, no los amo.

 

Análisis no verbal: el desafío independentista catalán ¿Quién miente?

En estos días hay planteada una especie de partida de póquer entre el Govern de la Generalitat y el Gobierno Español por el referéndum independentista del 1 de octubre. Unos dicen que se va a celebrar, Puigdemont y Oriol Junqueras, por ejemplo, (aunque saben que está complicado) y otros dicen que no se va a celebrar, Mariano Rajoy y Soraya S. de Santamaría, por ejemplo, (aunque va a ser difícil gestionar la prohibición).

Entonces ¿quién miente? Sería interesante saber si la comunicación no verbal permite deducir algo de sus intenciones… Pues bien, si analizamos a las partes implicadas y tenemos que detectar quién está faltando a la verdad mi respuesta es contundente: Nadie, ninguno miente. Todos dicen la verdad, al menos, su verdad, porque todos tienen una fuerte convicción ideológica en lo que manifiestan. Todos expresan sus ideas y están convencidos de lo que dicen.

Por cierto, esa es la única clave para que no te pillen en una mentira. Podemos detectar incongruencias entre la comunicación verbal/no verbal pero tenemos que reconocer que no hay ningún método infalible para detectar mentirosos. La razón es simple de entender: las intenciones verdaderas de la conducta de una persona son, al menos de momento, inescrutables. Una de las herramientas básicas del buen mentiroso es, sin duda, hacer un esfuerzo por creerse sus propias mentiras. Y este es un claro ejemplo de ello.

Si observamos esta muestra de declaraciones sobre el tema (pinchando en el nombre de cada político), podemos ver cómo Carles Puigdemont manifiesta sus intenciones con una clara convicción en lo que cuenta, total serenidad, contacto visual, pausas y tonalidad fluidas, gestos ilustradores, etc. Está totalmente convencido de lo que dice y de lo que no, evita responder o dar detalles.

Oriol Junqueras muestra más dudas pero también porque su estilo no verbal habitual suele ser más inseguro. Se encoge de hombros, no mantiene tanto el contacto visual, baja la tonalidad de su voz y no habla con tanta fluidez. Provoca, al menos, carencias o inconsistencias en la credibilidad de su mensaje.

Mariano Rajoy es contundente, está muy enfadado con este tema especialmente, su rostro es severo, de ira y está en modo ataque, con el dedo acusador constantemente activo en su discurso. Suele ser muy plano y poco emocional en sus intervenciones y aquí se le advierte un claro impacto emocional a nivel casi personal, por el contacto visual, la fluidez en el lenguaje, las pausas, la tonalidad de la voz y los gestos.

Soraya Saenz de Santamaría ídem, pero además de ira se le detecta una microexpresión de asco cuando habla de ‘a un mes vista del ‘referendum’, que significa un total rechazo y repudio a ese acto, el asco se expresa cuando hay amenaza. Y al finalizar su intervención podemos ver como muestra orgullo, se siente orgullosa de manifestar ‘la poca vergüenza’ que, para ella, hay asociada a este acto.

Parece que por ahora todos se creen victoriosos en esta contienda, veremos a ver hasta dónde son capaces de llegar cada uno para materializar estas ideas de fuerte convicción ideológica por ambas partes…

 

¿Qué esconde la “sonrisa” de Angela Merkel?

Normalmente, la expresión facial refleja un estado de ánimo momentáneo que se corresponde con las emociones básicas o primarias (alegría, ira, miedo, asco, sorpresa, tristeza y desprecio) o a las infinitas combinaciones de éstas que dan lugar a infinitas emociones secundarias (celos, orgullo, culpa, vergüenza…)

Si bien es cierto que hay estudios científicos que demuestran que la constante repetición de una expresión facial también puede dar buena cuenta de cuál es nuestra emoción más estable, es decir, de nuestra personalidad y hasta puede configurar la morfología de nuestro rostro, por ejemplo, una persona iracunda y agresiva tendrá más arrugas entre las cejas por el constante ceño fruncido, o una persona muy risueña tendrá más ‘patas de gallo’ o arrugas en las comisuras de los labios.

Un excelente psicólogo y amigo costarricense, Marcos Cabrera Medaglia, me ‘regala’ esta fantástica composición de fotografías de Angela Merkel retratada desde sus tiempos de estudiante hasta la actualidad. En todas ellas podemos observar de forma reiterada una expresión facial de una emoción en particular… ¿Sabríais decir cuál es?

Efectivamente, cuando una expresión facial forma parte de la línea base de una persona nos puede dar pistas sobre algunos de sus rasgos de personalidad, ya que ese patrón nos muestra un ‘estilo no verbal‘, un repertorio de gestos, posturas, etc que persisten en una gran variedad de situaciones y que se mantienen a lo largo del tiempo.

Quien siga el blog con asiduidad no le habrá costado adivinar que en estas fotografías detectamos perfectamente la emoción del desprecio, que suele ser bastante habitual en los debates políticos que he analizado anteriormente.

Esta expresión se dibuja en el rostro con una elevación unilateral de la comisura labial, es decir, la sonrisa no es completa, solo hay acción muscular en un lado de la cara, lo cual supone un sentido de superioridad frente a alguien, algo o una situación. Nos indica que alguien se siente “más que”, se percibe “mejor que…”, puede indicarnos que tiene un sentido de “grandiosidad” en alguna área (sea intelectual, física, de habilidad, moral, económica, etc).

Es esencial recordar que esta es una posibilidad, detectar una expresión facial de emoción nos indica cómo se siente la persona pero nunca nos dirá por qué, para ello hay que indagar mucho más. En mi opinión, y analizando las numerosas apariciones públicas de esta política, me inclino por una de las opciones que me plantea mi compañero Marco:

“Cuando se combina la emoción de desprecio (como sentido de superioridad) con las emociones de ira y asco, se conoce como ANCONDI (ANger, CONtempt y DIsgust) y es predictor de líderes/personas autoritarias, impositivas, que pueden actuar de esa forma cuando lleguen al poder (resultados de estudios Minerva de Matsumoto, en el marco de la lucha anti-terrorista, la identificación de posibles conductas peligrosas, y el rol de la emoción en “grupos ideológicos”, investigaciones iniciadas desde el 2009, y financiadas en parte por el Departamento de Defensa de EEUU). Por ejemplo, Trump también presenta claramente ANCONDI en la mayoría de sus intervenciones públicas/mediáticas.”

Observar la Comunicación No Verbal de una persona en su línea basal nos da pistas muy relevantes de algunos rasgos posibles, es un elemento sugerente que nos permite perfilar indirectamente su personalidad y generar hipótesis, sin olvidar ser muy cauteloso y reservado a la hora de analizar imágenes, sobre todo si son estáticas y no tenemos el contexto.

¿Cómo se explica la conducta de grabar en lugar de ayudar en el atentado de Barcelona?

Parece que la sociedad abandera aquella famosa frase periodística de “No dejes que la realidad estropee un gran titular“. Y no solo ocurre en un atentado terrorista, hay precedentes de actuaciones similares en diferentes tipos de emergencias, testigos de asesinatos, robos, violaciones, etc, que no son capaces de mover un dedo por ayudar a las víctimas y sí de comentarlo con el vecino, sacar una foto o grabar en vídeo.

No es algo nuevo, tampoco debe ser del todo reprochable y suele ser más habitual de lo que pensamos. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué pasa por la mente de aquellos espectadores del terror más absoluto? Se unen varios fenómenos que pueden explicar este resultado.

Por un lado, cuando la situación es ambigua y extraña el cerebro se bloquea, no piensa de forma racional, básicamente se guía por impulsos ante el desconcierto, sólo un pequeño porcentaje de testigos es capaz de actuar de forma heroica en una emergencia o catástrofe. La parálisis suele ser la reacción más común producto del pánico inmovilizador.

Por otro lado, está la difusión de la responsabilidad o ‘efecto espectador‘, la ciencia nos demuestra que solemos prestar auxilio cuanto más solos nos encontremos en la escena, si depende sólo de nosotros ayudar a alguien lo haremos, si nos encontramos con mucha más gente esta responsabilidad se diluye en la masa, pensaremos “si no lo hago yo, ya lo hará otro“.

Además, se suma que la gente no sabe muy bien cómo puede ayudar, si no se tienen conocimientos sobre primeros auxilios preferimos no hacer nada para no empeorar el estado de los heridos o la situación en general. Pero, y ¿por qué entonces se nos ocurre grabar? Esta tendencia sí que es más novedosa, vivimos en una realidad en la que si algo no está registrado/compartido por redes sociales no existe. Tenemos la imperiosa necesidad de divulgar todo lo que nos pasa, por simple que sea, más aún si nos vemos envuelto en un suceso tan ‘importante’ como este.

Ignorancia pluralista. Será más probable que  ayudemos a la persona necesitada si presenciamos que otras personas la están ayudando, mientras que si vemos que nadie lo hace y por el contrario se dedican a sacar su teléfono móvil para filmar el momento se producirá el contagio en este sentido.

Hoy en día se produce en la mayoría una especie de ‘complejo periodista‘, y en lugar de contribuir a ayudar a las víctimas, se contribuye a difundir al mundo lo que allí está pasando, es una tendencia que sólo refleja el día a día de todos, la costumbre de compartir cada paso que damos, y en este caso, no fue muy diferente. ¿Cuestionable? No lo sé, no me atrevería a juzgar a quién se encuentre envuelto en ese horror y espero no saber nunca qué haría yo.

 

Un sencillo truco para detectar personas cabreadas (y que intentan ocultarlo)

Con las expresiones faciales completas de la emoción de ira lo tenemos muy fácil. Evidentemente si nos encontramos ante un rostro con el ceño fruncido, las aletas de la nariz notablemente abiertas y además le acompañan puños cerrados o, yendo aún más allá, grita y se mueve de forma vehemente, está claro, esa persona está muy enfadada.

Sin embargo, no siempre la expresión de rabia es tan explosiva y evidente. A veces, son los pequeños gestos los que delatan el verdadero estado emocional de nuestro interlocutor. Uno de ellos es especialmente interesante a la hora de detectar la ira contenida. Este gesto es el de apretar fuertemente la mandíbula. Revela una significativa hostilidad, tensión, incomodidad, ansiedad y, en definitiva, represión emocional.

Es puro sentido común, a mi siempre me ayuda pensar en diversas situaciones por las que todos pasamos para asociarlas a ciertos comportamientos. ¿Os imagináis a alguien que está contento, tranquilo, cómodo, pasándoselo en grande en una fiesta apretando la mandíbula?

No falla, si tenéis enfrente a alguien en el que observáis una notable tensión en la zona mandíbular algo falla, realmente está tenso, nervioso, incómodo, algo le preocupa o le enfada. Desde luego no se encuentra en un estado positivo y habrá que reconducir la situación.