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¿Leer un texto en público y resultar interesante? ¡Sí, se puede!

Tener que hablar en público nos trae a (casi) todos de cabeza pero cada vez más tenemos que hacerlo con más frecuencia, por formaciones en el trabajo, exposiciones en reuniones, charlas, o por dar un discurso para nuestro mejor amigo el día de su boda.

Lo fácil es prepararse un texto y leerlo, lo vemos constantemente en los soporíferos discursos políticos, de este modo nada se improvisa, dicen exactamente lo que quieren decir sin saltarse una coma, todo queda controlado y marcamos un mensaje sin improvisaciones indeseadas, la contra es que resta mucha expresividad emocional a nuestra voz y  gestos, siendo más complicado así despertar y mantener la atención de la audiencia.

Pero se puede. El truco está en tratar el texto como si nos sorprendiera, como si fuera la primer vez que lo leyéramos, jugar con las modulaciones de nuestra voz, si leemos, el tono se torna constante y monótono por defecto, así que tenemos que jugar con las variaciones tonales, tal y como lo haríamos si expresáramos un mensaje de forma natural. Debemos forzar ciertas pausas, respiraciones y miradas a la audiencia para conectar con ella.

Aquí os dejo un manual que os puede resultar muy útil para guiar vuestra intervención de forma exitosa 🙂

10 técnicas para leer en público y resultar interesante

¿Reconoces la amenaza en el rostro de los demás?

Podemos tener dudas a la hora de reconocer la emoción de ira en un rostro, pero tranquilos, nuestro cerebro ya lo hace por nosotros y es capaz de detectar una cara amenazante de forma inconscienteEsto puede parecer inverosímil, pero como el Dr. Harald Schupp y un equipo de investigadores descubrieron ya en el año 2004, estamos programados a un nivel evolutivo para experimentar una respuesta de miedo al detectar la amenaza percibida en otra cara. Si bien es posible que no sepamos lo que está sucediendo, a nivel fisiológico, nuestro cuerpo ciertamente reacciona.

Esta investigación está profundamente arraigada en nuestra historia evolutiva. Nuestras emociones básicas universales (alegría, sorpresa, ira, asco, miedo y tristeza) se basan en cómo evolucionaron nuestros rostros; por ejemplo, entrecerrar los ojos para desconectarnos de las imágenes repugnantes. 

La percepción de amenaza en la cara de otro está profundamente entrelazada con nuestra respuesta de miedo. Las investigaciones han descubierto que detectamos amenazas en los rostros de los demás mucho más rápidamente que las emociones positivas, y nuestros cerebros se preparan rápidamente para lo peor. El trabajo del Dr. Schupp va aún más allá, al observar la respuesta neurológica básica que se activa al percibir la amenaza en la cara de otra persona.

En el estudio, un pequeño grupo de participantes fue reclutado y posteriormente expuesto a una serie de imágenes que representan emociones básicas: amenaza/enojo, felicidad y una cara neutral. Se pidió a los participantes que calificaran cada rostro según el grado en que pareciera amistoso o amenazante, pero solo estuvieron expuestos al rostro por un breve instante, monotorizándose la actividad cerebral para detectar cambios neurológicos.

De acuerdo con sus hipótesis, el estudio encontró que el cerebro muestra una actividad marcadamente diferente casi de inmediato. Sin embargo, la diferencia entre un reconocimiento de amenaza y un reconocimiento amistoso fue mucho mayor que entre amigable y neutral, lo que sugiere que nuestros cerebros están respondiendo de manera más categórica a la amenaza que a otras expresiones faciales. Es más, nuestro reconocimiento no se detiene al detectar la amenaza como sí que lo hace cuando reconocemos un rostro amistoso. En su lugar, continúa procesando el estímulo para formular una respuesta precisa, como huír o luchar.

La comprensión de que nuestro cerebro tiene una reacción profunda e instintiva ante la amenaza nos ayuda a ser más conscientes de lo que sucede instintivamente cuando vemos una cara. Algunas caras pueden inspirar una sensación de ansiedad o consternación subconscientes, y esto perfectamente puede estar vinculado a nuestros procesos de reconocimiento neurológico.

 

 

*Fuente: Can You Spot the Anger? – Humintell

La insólita reacción de Màxim Huerta al reaparecer tras su dimisión

Hace unos días el exministro de cultura y deportes, Màxim Huerta, reaparece antre los medios de comunicación tras un período de silencio absoluto. Ahora ha retomado su actividad literaria y aparecía aparemente más calmado ante las cámaras. Respondió amable a las preguntas de la periodista pero denotaba tensión; ciertamente, es un momento interesante para analizar por su alto impacto emocional (pincha aquí para acceder al vídeo) en el que las emociones están a flor de piel.

Él mismo dijo, para dar respuesta a cómo se había sentido tras el mal trago, que “sus emociones se las guardaba para él“. La cuestión es que, al exponerse, las emociones se filtran irremediablemente a través de su rostro y todos pudimos observar sus sentimientos más profundos al hablar de su época vital y profesional más negra.

¿Qué sentiste al dimitir? (muy buena pregunta, por cierto) – tras una pausa, “Según mi madre tranquilidad”. Le cuesta hablar del tema, se queda paralizado antes de contestar, y lo hace con una clara evasiva aludiendo a una tercera persona (su madre) para expresar sus propios sentimientos, se niega a expresar sus emociones, a hablar de sí mismo en primera persona, no está preparado para hacerlo. Pero lo curioso es que continúa diciendo que “las emociones me las guardo y si necesito soltarlas me basta con haberlo contado a mis amigos y ya está”, su expresión facial en este momento es la ira y el desprecio. Por tanto, podemos hacernos una idea de lo que realmente ‘soltaría’ a su gente de confianza.

Y la segunda pregunta ‘caliente’ (muy bien elegida también): ¿Volverías a ser ministro? su reacción es impactante, tal y como se aprecia en el fotograma anterior, abre intensamente los ojos, tensa los músculos del rostro y se echa lentamente hacia atrás, es una respuesta clara de miedo y rechazo, de huida; solo de imaginarlo su cuerpo reacciona como si tuviera delante un estímulo de peligro inminente, muy locuaz. ¿Su respuesta verbal? de nuevo evasiva, no sabe qué responder y le devuelve la pregunta para tomar tiempo – ¿tú qué crees?

Tras el análisis, queda la sensación de que aún no ha curado las heridas emocionales de un período repleto de claroscuros y que todavía no sabe ni él mismo dar respuesta a sus estadíos emocionales para superar esta etapa. Para acabar en positivo, destacar también la sonrisa sincera que expresa al hablar de su madre y de lo orgullosa que se siente de él, realmente transmite que esto es así.

 

 

Lenguaje corporal: El miedo de Pedro Duque

Surge una nueva polémica en el actual Gobierno, según ‘Okdiario’, el actual ministro de Ciencia tiene una propiedad inmobiliaria a nombre de una sociedad para eludir impuestos. Pedro Duque ha dado una rueda de prensa para aclarar tal afirmación y creo que es una de las comparecencias más inverosímiles que he analizado hasta ahora.

Ante todo hay que puntualizar algo importante y es una variable determinante a la hora de interpretar el lenguaje corporal: la tipología de personalidad. Hay estilos de personalidad más extrovertidos, emocionales, otros más introvertidos, racionales y con más o menos habilidad para comunicarse en público. En el caso de Duque, parece claro que no es su fuerte esto de aparecer ante el público, más en un caso de fuerte impacto emocional, cuando se es cuestionado y cuando peligra tu cargo político.

Creo que decir que estaba muy nervioso se me queda corto. Realmente se aprecia fuera de sí, he contabilizado más de una treintena de expresiones como la que aquí os adjunto. Es el rostro propio del pánico más absoluto. La expresión emocional más repetida e intensa ha sido la del miedo. 

Esta reacción puede explicar su descontrol. El miedo se produce ante una amenaza que atenta contra nuestra integridad física, psicológica, social, laboral, personal, etc. Esta emoción nace por la ausencia de
estrategias de afrontamiento apropiadas y reduce la eficacia de los procesos cognitivos, realmente el miedo te obnubila y la sensación que experimenta la persona es de pérdida de control, esto se proyecta y se transmite inevitablemente. Con esta explicación creo que quedan claras las imágenes de su declaración. A nivel corporal, el gesto protagonista de su comparecencia ha sido el encogimiento de hombros constante. Es un gesto que se asocia a la duda, la inseguridad y la falta de convencimiento o conocimiento sobre lo que uno mismo dice.

El estímulo objetivo de este miedo no podemos saberlo, puede ser porque le han ‘pillado’ y está aterrado o puede ser porque le da pánico enfrentarse a una situación así, exponerse ante los medios y no sentirse capacitado para comunicarse como quisiera. Solo las pruebas y el tiempo responderan a estas dos hipótesis. Eso sí, os invito a que no os perdáis el vídeo y saquéis vuestras propias conclusiones y comentéis vuestras impresiones.

El contenido verbal es vago, ambiguo e incluso, en muchos momento, carente de sentido. Utiliza un lenguaje evasivo, titubeante y descontrolado, en consonancia con su lenguaje corporal, a veces hasta infantilizado, utiliza expresiones poco racionales y maduras, llegando a justificar sus acciones por si a ‘mamá’ o a ‘papá’ les ocurre algo, en un intento por dulcificar el discurso y rebajar la importancia y la transcendencia de sus palabras. Normaliza el hecho de crear una sociedad, argumenta que muchos lo hacen para escudar su implicación y desvincular su responsabilidad.

Sin más, os dejo el vídeo, ¿qué os parece?

 

 

Análisis no verbal: salvo el traje blanco, la comparecencia de Montón nada tiene que ver con la de Cifuentes

La ministra Carmen Montón se ha visto envuelta en un nuevo escándalo por un cuestionado título de máster adquirido en la Universidad Rey Juan Carlos, polémica que recuerda inevitablemente a la del caso Cifuentes, aunque en mi opinión, y a pesar de la elección de la vestimenta en blanco impoluto de ambas, las diferencias (a nivel no verbal) son notables. La elección del blanco es una decisión apropiada, indica pureza, claridad y transparencia. Aún así, el batiburrillo de emociones contrapuestas que transmitió Cifuentes (culpa, duda, orgullo, desprecio, ira, alivio, evasivas…) nada tienen que ver con la línea emocional que ha comunicado Montón.

Comienza su intervención nerviosa e impulsiva, directa al grano: “Buenos días, voy a aclarar esta situación, no he cometido ninguna irregularidad”, su rostro es severo, no tiene ira visible porque no tiene el ceño fruncido, aunque su prosodia emocional (su forma de hablar) indica enfado a lo largo de toda su intervención.

En apariencia sí está seria, su mirada es directa, realmente lo que muestra es preocupación, sin embargo no he captado ninguna microexpresión de miedo, emoción frecuente en un testimonio falso. Tanto al inicio, como en diferentes partes de su aparición pública,  muestra las palmas de sus manos, es un gesto inconsciente que revela falta de intenciones ocultas, quiere decir “estoy limpia, no tengo nada que esconder, no soy una amenaza”.

Sus gestos, en general, son muy dinámicos, utiliza gestos ilustrativos con sus manos para ir acompañando el ritmo del mensaje, esta conducta suele asociarse con la credibilidad, o al menos, con la convicción de lo que estamos diciendo en ese momento; cuando mentimos nuestro cuerpo suele paralizarse, ya que todos nuestros recursos de energía se focalizan en la parte cognitiva (nos concentramos en elaborar la mentira y nuestros movimientos descienden visiblemente).

Sus gestos de afirmación y negación gestual también son coherentes con lo que va diciendo en este sentido, por ejemplo, cuando dice no haber solicitado convalidaciones, su lenguaje corporal ilustra tal negación. Sus gestos son contundentes, muestran rotundidad y concisión, acompañan en todo momento a su voz enfadada. Este tipo de enfado es la emoción esperada cuando a alguien se le acusa injustamente de algo, la actitud que muestra Carmen Montón sería congruente con el agravio que siente ante información falsa, en ningún momento duda o se siente insegura, tampoco encontramos expresiones de culpa.

Afirma: “Yo sí hice este máster“. Es una afirmación importante, utiliza la primera persona del singular, en lugar de la forma indeterminada o la tercera persona o la pasiva; es decir, se implica, se responsabiliza de la frase de gran impacto emocional, referida al eje central de su comparecencia, esto indica credibilidad, normalmente cuando mentimos nos distanciamos de frases así para no comprometernos tanto con algo que se sabe que no es verdad. El momento más impactante a nivel corporal ha sido cuando ha hecho una pausa, silencio, respira profundamente y grita dos veces “no todos somos iguales“, sus sentimientos atraviesan la pantalla y estremece escucharla, su enfado es notable y su afectación también, su mirada ha sido muy directa en este momento, ha sido un momento muy potente a nivel visual y sonoro.

Conclusión, el apoyo documental es lo más importante en estos casos, los datos objetivos son los protagonistas, si bien, en este caso, su lenguaje corporal me parece congruente con la defensa de su verdad, ella no cree que cometiera ninguna irregularidad, está totalmente convencida y su cuerpo lo transmite.

El lenguaje corporal de Ariana Grande con el obispo gritaba miedo

La imágen de Ariana Grande con el obispo que ofició el funeral de Aretha Franklin ha dado la vuelta al mundo, ya que éste agarró a la cantante de forma férrea e inapropiada, los dedos de su mano tocan el pecho de la joven. Algunos han dudado de las intenciones del obispo, y esto efectivamente no podemos saberlo. Lo que sí que podemos afirmar con seguridad es que Ariana no se sintió bien ese momento.

Su rostro es expresivo de la emoción de miedo, los ojos están espantados, reacción propia del estado intesivo de alerta; esta emoción se refleja en el sistema límbico, que se encarga de regular las conductas relacionadas con la huida, la lucha y la conservación, normalmente a través de la parálisis, en este caso, a la cantante no le quedaba otra que la parálisis, aunque su cuerpo intentaba huir de forma involuntaria.

Esto ocurre en un lapso mínimo de tiempo. Su risa era nerviosa y de circunstancia, todo su cuerpo emanaba tensión e incomodidad. Vemos perfectamente además cómo ella intenta alejarse para poner distancia entre los dos cuerpos. Esta imágen habla por sí sola, su lenguaje corporal gritaba escapar del momento.

‘Deleite del engaño’. Qué es y por qué sucede

Os animo a que sigáis a Paul Ekman, es uno de los mayores referentes sobre comunicación no verbal y detección de la mentira, asesoró la trama de la serie ‘Lie to me‘ (muy recomendable la primera temporada) y no cesa de investigar los entresijos de la expresión emocional y el atractivo mundo de la psicología de la mentira.

Este autor destaca un concepto insólito a la par que frecuente. El deleite del engaño. Los ejemplos explicativos son maravillosos: El suboficial de la Armada John Anthony Walker, Jr. fue declarado culpable de espionaje para la Unión Soviética en 1987 y está cumpliendo cadena perpetua. El New York Times dijo que había sido el espía más dañino de la historia, ya que ayudó a los soviéticos a descifrar más de 200,000 mensajes navales encriptados. No fue el polígrafo lo que lo atrapó, ni la vigilancia de los oficiales de contraespionaje de los EE. UU. Fue su esposa Bárbara quién lo ‘entregó’ al FBI. Walker presumía de todo el dinero que estaba ganando, pero Barbara era su exmujer y él se retrasaba en los pagos de la pensión alimenticia.

¿Qué motivó a este tipo brillante y astuto a descuidar un detalle tan simple? Probablemente el deleite engañoso , la emoción casi irresistible que sienten algunas personas al tomar un riesgo y salirse con la suya. Algunas veces incluye el desprecio por el objetivo que está siendo explotado con despiadado éxito. Es difícil contener el deleite engañoso; ya que realmente deseamos fervientemente compartir los logros (aunque sean maliciosos) con otros, buscando siempre la admiración por nuestras hazañas.

Cuando Hitler logró engañar a Chamberlain, ocultando que ya había movilizado al ejército alemán para atacar a Polonia, solicitó un ‘tiempo muerto’ en la reunión con sus generales, que habían estado presenciando sus mentiras más exitosas. Entonces, Hitler entró en una antesala, donde, según los informes, saltó de alegría y, después de haber reducido su deleite engañoso, regresó a la reunión.

La presencia de otros testigos ante el farsante exitoso  intensifica, generalmente, el deleite experimentado y aumenta las posibilidades de que parte de la excitación, el placer y el desprecio se filtren en algún momento, delatando así al mentiroso. No todos tienen esta tendencia a sentir el deleite del engaño, algunas personas lo que sienten realmente es terror por ser ‘pillados’ en el engaño. Las personalidades más manipuladoras son los perfiles más vulnerables a esta emoción de embeleso y placer en la mentira. Por tanto, podemos establecer que las emociones que delatan al mentiroso pueden ser: el deleite, el miedo o la culpa, que es la tercera emoción que interviene en este proceso, el sentimiento de infracción y responsabilidad ante un engaño.

Pero cuidado, siempre hay que contextualizar y sumar indicadores. La culpa o el miedo por sí solos no acusan directamente a un sospechoso. Una persona inocente puede temer no ser creída, lo que complica la interpretación del miedo como prueba concluyente. De igual modo, las personas pueden mostrar culpabilidad por algún otro aspecto de la situación, que no sea relevante para la fechoría que el interrogador está investigando. Paul Ekman cita un caso en el que un sargento, que no asesinó a la esposa de su vecino, se sentía culpable (y así lo transmitía con su lenguaje corporal en el interrogatorio) pero por algo bien distinto (extraño pero no un delito), haberse sentido excitado sexualmente al haber descubierto el cuerpo de la mujer desnudo.

Como siempre decimos, las emociones congruentes/incongruentes son señales de alarma para identificar las mentiras en un relato, pero siempre hay que contextualizar, ir más allá, y descubrir por qué y ante qué estímulo exactamente se desencadenan esas reacciones…

El bloqueo en la víctima de La Manada tiene explicación

El juez que votó la absolución total de ‘La Manada’ aludió al lenguaje corporal de la víctima para justificar su resolución.

No sintió disgusto, rechazo, asco, sufrimiento, dolor o descontento“. “No aprecio en los vídeos cosa distinta a una cruda y desinhibida relación sexual en un entorno sórdido”. “No puedo interpretar en sus gestos, ni en sus palabras intención de burla, desprecio, humillación, mofa o jactancia de ninguna clase. Sí de una desinhibición total y explícitos actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo en todos ellos, y, ciertamente, menor actividad y expresividad en la denunciante. Y tampoco llego a adivinar en ninguna de las imágenes el deleite que describe la sentencia mayoritaria salvo que con el término se esté describiendo la pura y cruda excitación sexual”. “La expresión de su rostro es en todo momento relajada y distendida y, precisamente por eso, incompatible a mi juicio con cualquier sentimiento de miedo, temor, rechazo o negativa“, añade.

Es interesante en este caso explicar la respuesta del miedo en términos de exprexión emocional y los mecanismos de bloqueo que a veces pueden surgir en situaciones de impacto emocional intenso. Efectivamente trabajamos con emociones esperadas-emociones presentadas. Pero el miedo es una emoción reactiva muy peculiar ya que tiene 3 respuestas posibles: lucha, huída o bloqueo (inmovilidad absoluta). Es un mecanismo de defensa que ocurre también en el mundo animal, cuya función es la autoprotección ante una amenaza o peligro inminente para nuestra supervivencia.

Nuestro cerebro es capaz de paralizarnos a nivel mental y muscular, hay regiones que actúan como un importante punto de convergencia para las diferentes redes de supervivencia con el fin de reaccionar ante una situación emocionalmente difícil, capaz de ralentizar la actividad cardíaca (bradicardia) y paralizar los movimientos, incluyendo la activación expresiva de los músculos de nuestro rostro.

El miedo funciona de forma autónoma, no podemos racionalizar cuál será nuestra respuesta hacia una amenaza, nuestro sistema nervioso autónomo (apenas genera reacciones conscientes) es el que evalúa por nosotros, en décimas de segundo, si tenemos posibilidades de sobrevivir luchando, si tenemos alguna vía de escape, o si la respuesta defensiva de inmovilidad y pasividad es la más adecuada en ese momento.

Por tanto, no podemos juzgar la parálisis como una respuesta incongruente asociada al terror que sufre una víctima de cualquier tipo de agresión sexual.

 

Análisis no verbal: El miedo de Anna Gabriel

La  exlíder de la CUP, Anna Gabriel, se ha ‘retirado’ a uno de los países más capitalistas del mundo, Suiza. En este sentido, son muchas las contradicciones que llaman la atención, aunque uno de los que más ha trascendido ha sido su apariencia. Ha realizado un cambio brutal pasando de una imagen muy transgresora, desenfadada, rebelde y moderna a un aspecto más formal, cuidado y tradicional.

Ha sido realmente sorprendente. La imagen personal es un patrón arraigado en nuestra seña de identidad, no es estable, ya que cambia con las modas, estados de ánimo, etc, pero no de un modo tan rápido y radical…

Anna Gabriel ofreció unas declaraciones a los medios que no tienen desperdicio alguno. Las preguntas desataban un fuerte impacto emocional en ella y las reacciones corporales eran de esperar. Mi compañero Francisco Campos Maya, autor del blog: analistas de la mentira, ha detectado una microexpresión de miedo bastante significativo ante la pregunta de si volverá a Madrid.

Tal reacción tiene tres indicadores bastante claros. El primero es la expresión facial de MIEDO o TEMOR, caracterizado por el alargamiento de la comisura izquierda de Anna Gabriel, por la apertura de los párpados y por la elevación de las cejas (con un sutil grado de tensión). 
El segundo es el acto de TRAGAR SALIVA de forma diferencialmente intensa que, junto al tercero, el aumento de la TASA DE PARPADEO, evidencia el nivel de TENSIÓN y MALESTAR que le genera la idea o imagen de ir a Madrid.

Aquí os dejo las imagenes.

Bloquea tú al miedo (y no al revés)

Uno de los efectos del miedo es el bloqueo emocional y mental. Ante un suceso traumático nuestra mente inmoviliza la nitidez de los detalles del hecho en cuestión para poder ‘autoprotegernos’, por ello, es habitual que una persona que haya sufrido un episodio de intenso pánico no pueda relatar con fluidez lo padecido, se denomina shock postraumático.

Un novedoso estudio (publicado en 2018) ha hipotetizado sobre una posible solución a este fenómeno y parece haber dado con una medida… un tanto peculiar. No apta para todos los públicos, ya que este resultado pasa por presuponer que la persona conocerá una segunda lengua distinta a su idioma nativo.

La conclusión del experimento que plantearon  los autores afirmaba que “la adquisición del miedo puede verse directamente afectada por el contexto lingüístico“. Cuando la persona hablaba en una lengua extranjera los dos registros fisiológicos más asociados a la respuesta de miedo (dilatación de la pupila y sudoración de la piel) disminuían notablemente.

“La idea del estudio ha sido intentar entender cómo las personas pueden regular sus emociones de una mejor manera a través de una lengua foránea, una lengua que puede que no dominen demasiado y con la que tienen cierta distancia emocional”, explican los investigadores a La Vanguardia.

Según los autores del estudio la reactividad emocional del miedo es menor en un idioma foráneo. Al hablar en otro idioma el sujeto tomará distanciamiento emocional del hecho y podrá expresarse mucho mejor desbloqueando la experiencia crítica.

Lo destacable de este hallazgo es que sus resultados pueden tener una aplicación práctica en el campo de la psicología y la psiquiatría, pudiendo ayudar a aquellos “pacientes que tengan problemas para expresar su experiencia emocional ante hechos traumáticos”.