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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Lorena y el cuerpo como campo de batalla

Por Nayra Marrero (@nayramar)


Lorena era una rubia exuberante, una mujer a punto de cumplir 30 años con una sonrisa pícara y unos pechos que solían ver el sol. Lorena era guapa pero sobre todo era una mujer construida a sí misma en contra de lo que lo que la sociedad quiso imponerle.

Lorena era venezolana, era transexual y mil otras cosas que fue pero ya no es, porque el 23 de octubre de 2016, huyendo de un cliente que la amenazaba y le había apuñalado en la mano, cayó por la ventana del piso donde se prostituía.

En su historia quedó escrita la homofobia, porque a los 14 años contó que le gustaban los chicos y sufrió el castigo que en una pequeña población del norte de Venezuela supone amar a alguien de tu mismo sexo. A los 16 años fue la transfobia, porque Lorena se reconoció mujer (y por tanto heterosexual), la que le dejó marcas. Sus pocas fuentes de ingresos se fueron reduciendo y ya con 17 años y aspecto incipiente de muchacha, comenzó a dedicarse a la prostitución. Y la inseguridad y el estigma asociados al trabajo sexual también le dejaron huella.

Como prostituta recorrió Venezuela, pero con 20 años dio el salto a Madrid buscando en España un lugar mejor para ser ella, para vivir en libertad.

Las dificultades que ponemos a quienes vienen de fuera son otra hoja de su historia. Aunque quienes sufren persecución por su identidad de género en su país de origen tiene derecho a solicitar asilo político, no es un proceso con garantías y por tanto lo terminó descartando. Para obtener el permiso de residencia se casó con un amigo gallego y se fue a vivir a Orense, aunque se movía por diferentes ciudades para ofrecer sus servicios sexuales, entre ellas Santa Cruz de Tenerife, su último destino.

Lorena y sus mil trazas, tatuadas a fuego por una sociedad cruel, murió huyendo de un hombre del que sólo conocemos sus iniciales, R. R. L., y su edad, 36 años. Pero con su muerte no acabó la ansia de esta sociedad cruel por marcar a Lorena, que fue víctima también de la discriminación de quienes narraron los hechos. Emergencias anunció la muerte de un hombre, los medios de comunicación recogían que era un travesti, y respondieron mal a las indicaciones de asociaciones como el Colectivo Gamá que les pedían rectificación.

Lorena no era española por lo que no tenía derecho a la modificación de su sexo en su documentación pero quien cayó del alféizar intentando llegar al piso de un vecino no era un hombre. Era imposible ver un hombre en Lorena, dijera lo que dijera su pasaporte, e incluso sus genitales.

Quizá es el desconocimiento de los técnicos de emergencias, de los periodistas, de la población general. Pero un travesti es un señor que viste de mujer, por lo que sea. Un señor que no era Lorena, con esa cara, con ese cabello, con ese pecho. Y al dolor de quienes lloraban su muerte se sumó la rabia por el tratamiento de la noticia.

Los colectivos llamaron la atención, pero no fue hasta que el Gobierno de Canarias envió un comunicado lamentando esta nueva víctima de violencia de género llamada Lorena, no hubo rectificación. No hubo reflexión periodística. No hubo reconocimiento por parte de algunos profesionales de que no saben cómo abordar estos temas.

Las huellas que el odio dejaron sobre tu vida, Lorena, ya no podemos paliarlas. Como sociedad, no podemos compensarte, pero sí recordarte y reconocer que has hecho pedagogía con tu historia y si murieras mañana quizá los medios te trataran con más respeto, porque has luchado, nuevamente con tu cuerpo como campo de batalla, un nuevo capítulo de transfobia. Y leyendo esta noticia de La Opinión de Tenerife quiero pensar que has ganado.

2 comentarios

  1. Dice ser logo

    Tristeza y rabia.

    18 Diciembre 2016 | 12:38

  2. Dice ser Cristina

    Qué triste la historia pero más triste es que se desvirtúe hacia el género de la chica y temas intrascendentes, si es travesti., prostituta o extranjera…Es violencia de género porque el fuerte va a por la débil, en la violencia de género hay fuertes y débiles, física y mentalmente, y en este caso, Lorena era claramente la débil y la que acabó asesinada. DEP Lorena

    18 Diciembre 2016 | 12:41

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