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Ya está el listo que todo lo sabe Ya está el listo que todo lo sabe

Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Archivo de mayo, 2017

¿Sabías que los cacahuetes no son frutos secos sino una legumbre?

¿Sabías que los cacahuetes no son frutos secos sino una legumbre?

A pesar de que la mayoría de personas los identifican como frutos secos, en realidad los cacahuetes (también conocidos como maní) pertenecen a la familia de las leguminosas y más concretamente a la familia de los guisantes, siendo uno de los snakcs (aperitivos) más utilizados para consumir entre horas (viendo tranquilamente la televisión, acompañando a una cerveza en un bar o mientras se disfruta de un evento deportivo en el estadio).

Por muy raro que parezca y diferentes que sean los guisantes y los cacahuetes, estos son primos hermanos.

Es habitual incluirlos en el grupo de los frutos secos por el hecho de servirlos como snack al igual que se hace con las almendras, avellanas, anacardos, pistachos… además de ser un producto altamente perjudicial para aquellas personas que son alérgicas a los frutos secos, de ahí que también se le asocie tan estrechamente.

También cabe destacar que los cacahuetes no crecen como fruto de un árbol, al igual que la mayoría de frutos secos que conocemos, sino bajo tierra.

 

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Fuente de la imagen: pexels

Un sorprendente viaje a través de mi ADN

Un sorprendente viaje a través de mi ADN

A raíz de ganar el Premio Bitácoras 2016 al Mejor Blog de Arte y Cultura, Momondo, una de las empresas patrocinadoras de la edición, me regaló (junto al resto de galardonados) un análisis de mi ADN totalmente gratuito con el propósito de descubrir cuáles son mis orígenes y de cuántas partes de otros lugares del planeta provengo ancestralmente.

Tras realizar la prueba, enviar el kit a la empresa LivingDNA y esperar las pertinentes semanas, me llegaron los resultados en los que, tal y como se puede ver en la imagen que adjunto bajo estas líneas, el 57,8% de mi ADN proviene de la Península Ibérica y el restante 42,2% tiene los siguientes orígenes: 14,2% de la Toscana, el 9,4% del Reino Unido e Irlanda, 4,8% del País Vasco*, el 4,4% del Noroeste de Europa, 1,8% Cerdeña y un 1,2% del Norte de China.

Un sorprendente viaje a través de mi ADN

Cabe destacar que a nivel de análisis de ADN, no se engloba dentro de la Península Ibérica a Euskadi debido a la compleja genética vasca que, incluso, durante mucho tiempo fue ampliamente discutido el hecho de que los vascos descendían de una ‘raza propia’.

Es curioso comprobar cómo cada uno de nosotros podemos contener en nuestro propio ADN rastros genéticos de lugares y personas que nada tienen que ver con nuestra forma de ser y pensar.

Fue precisamente a través de la campaña publicitaria, ‘El viaje del ADN’ (The DNA Journey), puesta en marcha por el buscador de viajes Momondo a nivel internacional, en el que encuestaron a un grupo de personas que decían qué nacionalidades les causaban más rechazo. Tras realizarse una prueba de ADN la mayoría descubrieron que tenía mucho en común con aquellos a quienes tanto detestaban, llegándose a la conclusión de que si viajáramos más seriamos muchísimo menos intolerantes.

Este es el vídeo de la mencionada campaña (hay subtítulos en castellano):

Y Momondo no solo nos regaló a los ganadores del Premio Bitácoras 2016 la posibilidad de conocer nuestro rastro genético, sino que nos brinda la oportunidad de ganar a uno de nosotros un premio de 2.000 euros para poder confeccionar un viaje a aquellos países que forman parte de nuestro análisis de ADN. Tan solo había dos condiciones para poder optar a este fantástico premio: realizarse la prueba y publicar un post.

Así que deseadme suerte para que pueda ganar y poder planificar mis próximas vacaciones visitando el mayor número de lugares que aparecen en los resultados de mi análisis genético.

Si soy el afortunado que se lleva el premio tengo pensado hacer un viaje que me lleve a esos lugares y en los que aprender una nueva curiosidad o anécdota relacionada con su cultura, historia o personajes célebres, para así poder también conformar un viaje no solo a través de mi ADN sino por sus curiosidades.

Debo reconocer que soy un tardío pero apasionado viajero. No comencé a trotar por el mundo hasta hace poco más de una década, pero de momento ya he visitado los Estados Unidos, Italia, Francia, Grecia, Portugal, Reino Unido, México, Japón, Dubái, Isla Mauricio y un buen puñado de lugares de España.

Mi sueño es poder algún día dar la vuelta al mundo durante un año e ir escribiendo cada día un post en cada uno de los lugares que me encuentre, explicando alguna curiosidad relacionada con aquel lugar. Espero encontrar algún patrocinador que me ayude a financiar el proyecto y poder cumplirlo pronto 🙂

Fotos viajes Alfred López

Sí tengo suerte y Momondo cree que soy el merecedor del premio de 2.000 euros, mis siguientes vacaciones será a alguno de los lugares que forman parte de mi ADN genético ¿quizás por el Norte de China o el centro de Europa? 🙂

 

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

Suele utilizarse el término ‘mamotreto’ para referirse a algo (armatoste) que resulta un estorbo debido a su gran tamaño y peso, además de la poca utilidad que se le puede dar (habitualmente a cierto tipos de libros muy voluminosos pero insustanciales en su contenido). Algunos ejemplos de expresiones en los que se puede usar este vocablo son: ‘A ver cuándo me quitas este mamotreto de enmedio que no nos podemos ni mover’, ‘El último libro que me he comprado además de aburrido es un mamotreto que no me cabe en ningún estante del mueble’.

En su origen este término nada tenía que ver con objetos o libros sino con personas: aquellos niños que crecían grandes y rollizos. Y es que se tenía la convicción de que este tipo de niños salían así porque habían sido criados por sus abuelas o, mejor dicho, malcriados, pues se creía que aquellas que se ocupaban a la crianza de sus nietos les daban excesivamente de comer (de ahí que estuvieran regordetes) y les permitían todo tipo de caprichos (por lo que solían salir bastante vagos e inservibles para cierto tipo de labores cuando se hacían adultos).

Durante la Edad Media hubo una gran producción literaria en la que se escribieron libros que tenían una larga extensión y eran de gran volumen, motivo por el que se les acabó llamando mamotreto.

Este término se acuñó en la Antigua Grecia a raíz del vocablo ‘mammóthreptos’ (μαμμόθρεπτος) cuyo significado literal era ‘criado/alimentado por su abuela’ (mámme: abuela – thretos: criar). De ahí pasó al latín tardío ‘mammothreptus’ y posteriormente se extendió a otros idiomas con influencia latina.

En castellano la palabra mamotreto se registró por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1734 y donde se le dio como única acepción a este término: ‘El libro o quaderno que sirve para apuntar y annotar las cosas, que se necessitan tener presentes para ordenarlas después’.

 

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

 

Fuentes de consulta: Diccionario de Autoridades de 1734 / Fundeu / etimologias.dechile / Rae
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿Por qué en algunos países al bolígrafo se le llama birome?

¿Por qué en algunos países al bolígrafo se le llama birome?

En algunos países de Hispanoamérica (entre ellos Argentina, Paraguay y Uruguay) los bolígrafos son conocidos por el nombre de birome.

¿Por qué en algunos países al bolígrafo se le llama birome?En realidad birome no es el nombre de los bolígrafos, sino de la empresa que los comercializó por primera vez. El término surge como acrónimo de los apellidos de los hermanos LázlóGeorg Biró y Juan Jorge Meyne (BiroMe), socios fundadores de la empresa que comercializó los primeros bolígrafos inventados por Biró.

Lázló Biró, verdadero artífice e inventor, fue un judío de origen húngaro que tuvo que huir de la persecución de los nazis, instalándose a vivir en la próspera Argentina, donde comercializó su inventó.

Fue tal la fama alcanzada por esos bolígrafos que ya se quedó con dicho nombre a lo largo del tiempo.

Cabe destacar que son varios los países europeos e incluso de Oceanía en los que, a los bolígrafos, se les conoce como ‘Biro’.

 

 

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¿De dónde surge la creencia de que a los conejos les gusta comer zanahorias?

¿De dónde surge la creencia de que a los conejos les gusta comer zanahorias?

Bugs BunnySi pedimos a cualquier persona que asocie qué tipo de comida le gusta comer a los conejos, un tanto muy elevado de individuos contestaran, sin pensárselo dos veces, que se trata de la zanahoria.

Y en realidad esto no es así, sino un mito (como tantísimos que hay) que proviene del mundo del cine y la televisión ya que éste nació del personaje de dibujos animados ‘Bugs Bunny’.

Fue a raíz de la popularización de Bugs Bunny en la década de los años ’40. Su creador, Tex Avery, se inspiró en una escena de la película ‘Sucedió una noche’ (de 1934) en la que el protagonista masculino (interpretado por Clark Gable) saca una zanahoria del bolsillo de su gabardina y comienza a comérsela.

Sucedió una nocheTal y como indican los expertos en veterinaria, a lo conejos les gusta más las hojas verdes que hay sobre la zanahoria que la hortaliza naranja en sí.

Evidentemente, si no tiene otra cosa que comer y tiene hambre se la zampará sin pensárselo dos veces, pero si le damos a elegir entre varios alimentos (como lechuga, espinacas o zanahoria) el último que escogería sería, con toda probabilidad, la mencionada hortaliza naranja.

No se debe descartar la zanahoria de la dieta de un conejo, pero no tiene que ser parte de su alimentación principal, sobre todo porque es un alimento demasiado dulce para estos animales, lo cual provocaría que engordase más de lo deseado y abusar de él le podría producir algún daño en el hígado e intestinos.

 

 

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Fuentes de consulta: howstuffworks / tcm / cracked / strambotic / misanimales
Fuente de las imágenes: Wikimedia commons / contusion (Flickr) / Amazon

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoro

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoro

Solemos tener asociado el concepto de inodoro con el de bacterias, suciedad y posibilidad de contraer alguna infección (evidentemente, cuando éste está en un establecimiento público) y por tal motivo tomamos todas las precauciones posibles para que ninguna parte de nuestro cuerpo toque o roce en él.

Pero no solemos ser conscientes que son muchas las ocasiones en que esos servicios en establecimientos públicos suelen ser limpiados y desinfectados a conciencia varias veces a lo largo del día pudiendo ser incluso mucho más higiénico que algunos de los objetos que a diario tocamos y que, verdaderamente, sí tienen una gran cantidad de bacterias que podrían ser altamente perjudiciales para nuestra salud.

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroPosiblemente, una de las cosas que más riesgo nos podría ocasionar es el dinero. Las monedas y billetes que a diario manejamos, con las que pagamos y nos devuelven el cambio han pasado (en la inmensa mayoría de casos) por miles de manos diferentes antes de llegar a nosotros. Manos que pueden estar sucias por infinidad de motivos e incluso haber pasado –antes de llegar a nosotros- por las manos de alguna persona enferma (incluso aquejada de cualquier patología infecciosa). De ahí que no sea nada aconsejable el ir toqueteando el dinero que llevamos en los bolsillos y debemos procurar lavarnos las manos después de haberlo tocado. Afortunadamente, hoy en día son muchos los comercios que tienen a una persona manejando el dinero diferente a la que sirve la comida o alimentos, aunque todavía hay lugares donde lo realiza el mismo trabajador.

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroPero no solo el dinero en metálico es un foco de bacterias, también lo son los cajeros automáticos a los que acudimos a sacarlo. Estos aparatos dispensan billetes día y noche, muchos suelen estar a la intemperie y al alcance de cualquier tipo de persona que toca el teclado o la pantalla para introducir la clave y la operación que desea realizar, convirtiéndose en un peligroso cultivo bacteriológico.

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroOtro elemento de uso cotidiano y en el que podemos encontrarnos con un gran número de bacterias son los carritos del supermercado. Son tocados y llevados por infinidad de personas, pero no solo la barra con la que se empuja está llena de esos indeseables microorganismos, sino la cesta donde depositamos los alimentos que después vamos a ingerir. Muchos son los progenitores que acuden a realizar la compra con sus hijos y lo más cómodo para ellos es colocar al pequeño dentro de la cesta, sin tener presente que los zapatos de éstos están sucios (pudiendo haber pisado cualquier desperdicio) y cuyas suelas tocan la parte donde después irá depositada la compra. También cabe destacar que en algunas ocasiones queda abandonado algún tipo de resto alimentario en el carro (por ejemplo una hoja de lechuga) y que puede acabar descomponiéndose allí durante varios días sin ser retirado ni limpiado, sobre todo en las grandes superficies en los que hay cientos de carros dispersados por un área muy grande y no son limpiados a diario.

Pero no todos los peligros bacteriológicos están fuera de nuestro hogar. En nuestra propia casa hay tres que se podrían llevar la palma:

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroEl mando a distancia. Un objeto que es utilizado a diario por todos los miembros de la familia (o personas que convivan en la misma casa), sin mirar si uno tiene las manos limpias, lo usa mientras está comiendo e incluso estando enfermo (que es uno de los momento en los que más tiempo se mira más la tele desde la cama o el sofá). Tampoco nos preocupamos demasiado si se nos cae al suelo o nuestra mascota lo lame… no solemos limpiarlo al momento, sino que le damos con el paño de tanto en tanto, cuando toca quitar el polvo. También debemos tener en cuenta los mandos a distancia que utilizamos cuando nos alojamos en un hotel, los cuales no siempre están limpios y desinfectados como otros objetos de la habitación (sobre todo aquellos mandos que están depositados en la recepción y que no son limpiados a diario en el momento que lo hace el servicio de habitaciones).

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroLa tabla de cortar los alimentos que tenemos en la cocina es otro importantísimo foco de bacterias si no tomamos las adecuadas precauciones. Muchas son las personas que tras usarlo solo le pasan un paño húmedo o bajo el chorro del grifo, pero que no lo limpian en profundidad y a conciencia. En ocasiones quedan pequeñísimos rastros de alimentos que acaban descomponiéndose. Esto es posible porque se quedan dentro de pequeños cortes que se ha hecho en la superficie de la tabla con el uso continuado. Es recomendable que, tras cada uso de la tabla, se deje sumergido en remojo con unas gotas de detergente –a poder ser bacteriológico e incluso lejía- y después frotar o rascar la superficie. Aclarar y secar bien antes de guardar (para que no aparezca moho).

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroPor último, en esta lista con media docena de objetos con bacterias, nos encontramos con el teclado del ordenador. Al igual que ocurre con el anteriormente mencionado mando a distancia, el teclado del ordenador es un foco de microorganismos y que utilizamos a menudo sin tener presente si nos hemos lavado las manos correctamente e incluso habiendo comido algo mientras lo usamos, dejando algunos restos. Evidentemente el riesgo del teclado de nuestra casa es ínfimamente pequeño al lado de los que se encuentran en lugares públicos, como puede ser en un cibercafé, locutorio o el hall de un hotel donde son usados por docenas de personas diferentes.

 

 

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Fuentes de las imágenes: pixabay / pixabay / alishav (Flickr) / pixabay / pixabay / eunix (Flickr)

El hombre que logró popularizar el uso del casco entre los motociclistas

El hombre que logró popularizar el uso del casco entre los motociclistas

Thomas Edward Lawrence ha pasado a la Historia por su destacadísimo papel en la Primera Guerra Mundial, sobre todo durante la revuelta árabe contra el Imperio Otomano.

Más conocido con el sobrenombre de Lawrence de Arabia, este intrépido escritor, militar y arqueólogo que vivió docenas de aventuras, encontró la muerte de la manera más absurda, debido a que tuvo un accidente de moto cuando iba conduciendo tranquilamente de camino a su casa y se le cruzaron dos niños en bicicleta. Con el fin de no atropellarlos intentó esquivarlos, saliendo despedido de la motocicleta y cayendo al suelo, donde se dio un fatal golpe en la cabeza. Tras seis días en coma falleció el 19 de mayo de 1935.

Hugh Cairns fue uno de los neurocirujanos que atendió a Lawrence en el hospital y quedó enormemente afectado por el fallecimiento de ese admirable aventurero. Era consciente de que éste hubiese podido salvar su vida de haber llevado la cabeza protegida, por lo que se puso a trabajar en concienciar a los motociclistas para que usasen un casco. Para ello recurrió al invento de Eric Gardner, quien había diseñado un casco específico para motociclista y presentado en una carrera celebrada en la Isla de Man en 1914.

Cairns puso todo su empeño para popularizar el uso del casco entre los motociclistas, logrando que en la Segunda Guerra Mundial la mayoría de soldados motorizados del Ejército Británico lo llevasen. Poco a poco fue extendiéndose la costumbre, aunque no fue llevada por todos los motociclistas hasta que su uso fue obligatorio.

 

 

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¿Sabías que por el dibujo que hay en la base del corcho puedes saber qué tipo de cava estás bebiendo?

¿Sabías que por el dibujo que hay en la base del corcho puedes saber qué tipo de cava estás bebiendo?

Normalmente, a la hora de comprar una botella de cava o que nos la sirvan en un restaurante, nos fijamos en qué tipo es: Cava, Cava Reserva o Cava Gran Reserva (dependiendo del tiempo de crianza) y dentro de éstos la variedad a la que pertenece, según la cantidad de gramos de azúcar por litro que se le ha añadido al final del proceso de elaboración: Brut, Brut Nauture, Extra, Extra Seco, Seco, Semiseco y Dulce.

En la inmensa mayoría de ocasiones esa es toda la información que consultamos directamente de la etiqueta. Ahí también podremos encontrar todo tipo de info referente a la variedad de uva utilizada.

Pero no todos los cavas son ni saben igual y mucho menos algunos ‘vinos espumosos’ que en ocasiones nos sirven y/o venden como tal.

Para averiguar realmente qué tipo de elaboración ha tenido el espumoso que nos vamos a beber tan solo tenemos que observar, una vez descorchado, la base del tapón y dependiendo del dibujo que nos encontremos lo sabremos.

En la mayoría de corchos aparece una estrella de cuatro puntas (de 7 mm), lo cual nos está indicando que efectivamente se trata de cava y que ha sido elaborado respetando el método champagnoise.

Pero si lo que encontramos no es la mencionada estrella sino un rectángulo (de 7×2 milímetros) entonces nos hallamos frente a un espumoso que ha sido fermentado directamente en la botella.

Cuando es un círculo (de 7 mm de diámetro) lo que aparece, entonces se trata de ‘Granvas’, nombre que recibe el vino espumoso cuya segunda fermentación ha sido realizada en un depósito de cierre hermético, durante al menos tres semanas, y que posteriormente se transvasa a botellas para su comercialización.

Por último, si lo que hay dibujado en la base del corcho es un triángulo equilátero (7 milímetros por lado) de lo que se trata es de un vino espumoso, de calidad media y al que se le ha añadido el gas carbónico de forma artificial.

¿Sabías que por el dibujo que hay en la base del corcho puedes saber qué tipo de cava estás bebiendo? (tipos de corchos)

 

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Fuentes de consulta: institutdelcava / Consejo Regulador del Cava / diccionariogastronomico / protocolo.org / vinosalacarta
Fuente de las imágenes:  Wikimedia commons

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

Llega la novena entrega de la serie de post dedicados a traer al blog un buen número (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que conocías con otro nombre muy distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ha ocurrido con las veces anteriores.

Oblito - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Oblito: En más de una ocasión hemos leído alguna noticia relacionada con una intervención quirúrgica en la que el cirujano se ha dejado olvidado algún elemento (gasa, pinzas…) en el interior del cuerpo del paciente. Ese elemento olvidado es el que recibe el nombre de ‘oblito’.

 

Erina - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Erina: Continuamos con las operaciones quirúrgicas, porque se conoce como ‘erina’ a cada uno de los ganchos que utilizan los cirujanos para separar los tejidos (y no se toquen entre si) durante una intervención (también usado por anatomistas y forenses).

 

Gulusmear - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Gulusmear: Se conoce como ‘gulusmear’ a la acción de ir olisqueando y probando todo lo que se está cocinando, con intención de saber el punto de cocción, sal o por el simple gusto de probar la comida y saber qué se está guisando. Está compuesto por la unión de los término ‘gula’ y ‘husmear’.

 

Résped - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Résped: Así es como se llama la característica lengua de las serpientes (o cualquier tipo de víbora y culebra).

 

 

Espantagustos - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Espantagustos: Con este término es como se conoce al típico ‘aguafiestas’. Aquella persona que con su agrio y mal carácter se dedica a interrumpir los momentos de alegría y animación de los demás.

 

Lechuguino - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Lechuguino: Este curioso vocablo, que proviene de principios del siglo XIX, se comenzó a utilizar para referirse a aquellos jóvenes presumidos, a los que le gustaba ir a la moda (en su origen francesa). Posteriormente también se usó el término para señalar a aquellos muchachos (todavía en la adolescencia e imberbes) que querían aparentar ser ya hombres  hechos y derechos para galantear con mujeres mayores que ellos. El término ‘lechuguino’ proviene de la moda de vestir totalmente de verde (siguiendo la moda francesa) de aquellos jóvenes partidarios de la invasión napoleónica (conocidos comúnmente como ‘afrancesados’).

 

Rompegalas - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Rompegalas: Se conoce como ‘rompegalas’ a aquella persona que se presenta en cualquier evento o lugar mal peinada, desaliñada y con ropas que no son adecuadas para la ocasión. Debemos tener en cuenta que el término ‘gala’ no solo significa fiesta o evento, sino que también hace referencia a los trajes y vestidos elegantes que se visten en ocasiones especiales.

 

Ñáñara - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Ñáñara: Modo coloquial de decir que alguien padece de flojedad y pereza, proviniendo este término de ‘ñoño’ (cosa o persona de poca sustancia, apocada y sin fuerza). Curiosamente el vocablo ‘ñoño’ proviene del latín ‘nonnus’ cuyo significado literal era ‘anciano’.

 

Pisaverde - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Pisaverde: Actualmente está prácticamente en desuso este término, pero antiguamente se utilizaba para señalar a aquel hombre, con ademanes afeminados, que se acicalaba y perfumaba exageradamente y se dedicaba a pasear para que lo contemplaran, dijeran piropos y galanterías.

 

Vespertilio - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Vespertilio: Modo como se le llamaba también a los murciélagos, debido a que estos quirópteros son nocturnos y salían de los escondrijos donde habitan al atardecer, ‘vesper’ en latín.

 

 

Caire - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Caire: Con este término se referían, siglos atrás, al dinero ganado a través de la prostitución (ya fueran las propias prostitutas como los proxenetas). Proviene de una antigua moneda de ínfimo valor. Este vocablo está prácticamente en desuso actualmente y era utilizado antiguamente de forma jergal por individuos pertenecientes a las germanías (delincuentes y rufianes).

 

Arborecer - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [9]

 

Arborecer: Proceso en el que una pequeña planta crece para hacerse árbol.

 

 

 

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¿De dónde surgió llamar ‘malandrín’ a cierto tipo de delincuente?

¿De dónde surgió llamar ‘malandrín’ a cierto tipo de delincuente?Hoy en día está prácticamente en desuso pero durante gran parte de los últimos siglos (sobre todo desde la Edad Media hacia finales del siglo XIX) el término ‘malandrín’ era comúnmente utilizado para referirse a cierto tipo de delincuente que destacaba por realizar sus fechorías de una manera malvada y perversa.

Sin embargo la mayoría de las pocas personas que usan hoy en día este vocablo lo hacen de una manera poco despectiva, como quitándole importancia al delito que ha cometido el malhechor, en parte porque su sonoridad parece referirse a un diminutivo (cuando no es así) y no invita a hacerlo como si se tratara de una persona que ha cometido una fechoría considerable, de ahí que actualmente se relacione más el término malandrín con rateros o ladrones de poca monta.

Tal y como apunto en el párrafo anterior, el uso del vocablo malandrín se extendió a partir de la Edad Media, aunque el término existe desde la antigüedad. Al castellano llegó a través del italiano ‘malandrino’, cuyo significado era ‘salteador’, en referencia a aquellos criminales que se dedicaban a asaltar y robar en los caminos o lugares despoblados.

Para encontrar la etimología de malandrín, a partir del vocablo italiano malandrino, debemos acudir al latín ‘malandria’, término con el que en la antigüedad se describía a cierto tipo de enfermedad similar a la lepra. Aquellos que la padecían eran apartados en las poblaciones, teniendo que subsistir realizando actos delictivos (como asaltar y robar), de ahí que acabase derivando en la acepción actual.

 

 

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