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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘Diccionario de Autoridades’

¿De dónde proviene el término ‘chanchullo’?

El curioso origen del término ‘chanchullo’

Conocemos como ‘chanchullo’ a aquel acto ilícito que se hace con intención de conseguir un fin, habitualmente lucrativo, como hacer algún tipo de negocio algo turbio. Un ejemplo de su uso en una expresión podría ser: ‘Fulanito se gana la vida haciendo chanchullos’.

El término chanchullo aparece por primera vez en el Diccionario de la Rae de 1853 dándole la acepción de ‘acción de mal género hecho de oculto, estafa y robo’.  El vocablo provenía de ‘chancha’ (Embuste, mentira, engaño. Incorporado en el Diccionario de Autoridades de 1729) y éste de ‘chanza’ (Dicho burlesco, festivo, y gracioso, a fin de recrear el ánimo u de ejercitar el ingenio. Que también fue incorporada por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1729). Aquel que habitualmente hablaba en broma (como los pícaros) era llamado ‘chancero’ (todavía en uso) Al que hace chanchullos se le conoce como chanchullero.

Y para encontrar el origen del término chanza debemos dirigirnos al italiano, ya que derivó del vocablo ‘ciancia’ de idéntico significado. Al italiano llegó desde el germánico ‘zänseln’ utilizado para referirse a aquel que habla con familiaridad.

 

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Fuente de la imagen: chooselifeproject

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

Suele utilizarse el término ‘mamotreto’ para referirse a algo (armatoste) que resulta un estorbo debido a su gran tamaño y peso, además de la poca utilidad que se le puede dar (habitualmente a cierto tipos de libros muy voluminosos pero insustanciales en su contenido). Algunos ejemplos de expresiones en los que se puede usar este vocablo son: ‘A ver cuándo me quitas este mamotreto de enmedio que no nos podemos ni mover’, ‘El último libro que me he comprado además de aburrido es un mamotreto que no me cabe en ningún estante del mueble’.

En su origen este término nada tenía que ver con objetos o libros sino con personas: aquellos niños que crecían grandes y rollizos. Y es que se tenía la convicción de que este tipo de niños salían así porque habían sido criados por sus abuelas o, mejor dicho, malcriados, pues se creía que aquellas que se ocupaban a la crianza de sus nietos les daban excesivamente de comer (de ahí que estuvieran regordetes) y les permitían todo tipo de caprichos (por lo que solían salir bastante vagos e inservibles para cierto tipo de labores cuando se hacían adultos).

Durante la Edad Media hubo una gran producción literaria en la que se escribieron libros que tenían una larga extensión y eran de gran volumen, motivo por el que se les acabó llamando mamotreto.

Este término se acuñó en la Antigua Grecia a raíz del vocablo ‘mammóthreptos’ (μαμμόθρεπτος) cuyo significado literal era ‘criado/alimentado por su abuela’ (mámme: abuela – thretos: criar). De ahí pasó al latín tardío ‘mammothreptus’ y posteriormente se extendió a otros idiomas con influencia latina.

En castellano la palabra mamotreto se registró por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1734 y donde se le dio como única acepción a este término: ‘El libro o quaderno que sirve para apuntar y annotar las cosas, que se necessitan tener presentes para ordenarlas después’.

 

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de Autoridades de 1734 / Fundeu / etimologias.dechile / Rae
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El curioso origen del término ‘proxeneta’

El curioso origen del término ‘proxeneta’

Se utiliza hoy en día el término ‘proxeneta’ para referirse a aquel hombre o mujer que obtiene algún beneficio económico a través de la prostitución ejercida por otra persona.

Para encontrar el origen del término (que no de la acepción, ya que ésta es relativamente moderna) debemos ir hacia atrás hasta los tiempos de la Antigua Grecia en el que se conocía como ‘proxenētēs’ a aquel que mediaba en algún asunto o negocio, sobre todo que tenía que ver con personas extranjeras. Venía a ser como una especie de cónsul encargado de intermediar. También se le llamaba de ese modo a algunos de los comerciantes o comisionistas dedicados al negocio de la esclavitud.

En la Antigua Roma también se llamó ‘proxenēta’ al que se llevaba una comisión por realizar trabajos de mediación entre personas que necesitaban cerrar un negocio o acuerdo.

A partir de la Edad Media los proxenetas ampliaron sus negocios, siendo también intermediarios en arreglar casamientos. No aparecía con tal acepción en el Diccionario de autoridades, donde se usaba el término para dar significado a la palabra ‘corredor’ (en relación al que se dedica a la compra y venta de todo género de cosas).

No fue hasta 1788 cuando apareció por primera vez el término ‘proxeneta’ en un diccionario (concretamente en el de Esteban de Terreros y Pando) y lo hacía dándole el significado de ‘especie de oficio en la antigüedad romana, casamentero o intérprete. Intermediario para ventas, compras y casamientos’.

De hecho fue a partir de 1895 (en el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana de Elías Zerolo) cuando aparece por primera vez únicamente con el significado de ‘alcahuete’.

Ya en el siglo XX, se comenzó a señalar como proxenetas a aquellos que se dedicaban no solo a intermediar entre quienes estaban interesados en contraer matrimonio sino también entre quienes ejercían la prostitución y sus clientes, desapareciendo la acepción de ‘casamentero y alcahuete’ en el Diccionario de la RAE y dándole únicamente el significado: ‘Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona’.

 

 

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Fuente de la imagen: Captura de Youtube

¿Sabías que la expresión ‘echar pestes’ nada tiene que ver con la enfermedad ni el mar olor?

 

 

¿Sabías que la expresión ‘echar pestes’ nada tiene que ver con la enfermedad ni el mar olor?

Se conoce como ‘peste’ a una enfermedad contagiosa y de gran mortandad, además de usarse el término como sinónimo de mal olor.

Expresiones como ‘echar pestes’ o ‘hablar/decir pestes de alguien’ son frecuentemente utilizadas para referirnos a la acción que hace una persona de hablar mal de otra. Debido a la coincidencia del uso del vocablo pestes es muy común pensar que esas ‘pestes’ a la que se refiere la locución tengan que ver con decir algo maloliente o mórbido, aunque en realidad son dos vocablos de diferente origen y que nada tiene que ver entre si.

En realidad el término pestes, utilizado en dicha locución, es la evolución que se le dio, a través de los años, al vocablo ‘pésete’ el cual significaba literalmente ‘especie de juramento, maldición o execración’ y que ya recogía el Diccionario de Autoridades de 1737 en su volumen V.

El famoso lexicógrafo del siglo XVIII, Esteban Terreros y Pando, también lo recoge en su ‘Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana’ indicando que el término ‘pésete’ proviene del latín ‘pesiami/pesiati’ e incluso añade que, por aquel tiempo, execrar (maldecir) sobre alguien se decía ‘pesetear’.

No se sabe a ciencia cierta por qué ni cuando, pero el término pésete acabó diciéndose en la forma ‘pestes’, quizás como un modo más fácil de pronunciar.

El termino pésete sigue siendo recogido por el Diccionario de la RAE, aunque indica que está en desuso.

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay / mailxmail

¿De dónde proviene utilizar el término ‘potra’ para indicar que alguien tiene buena suerte?

¿De dónde proviene utilizar el término ‘potra’ para indicar que alguien tiene buena suerte?

Al contrario de lo que muchas personas creen, el término ‘potra’ no ha surgido de la jerga juvenil sino que como vocablo hay constancia de su uso desde hace varios siglos y ya aparece descrito en el Diccionario de Autoridades de 1737, aunque, en sus inicios, a la palabra no se le dio el sentido de buena suerte que se le otorga hoy.

Tal y como se describía en el mencionado diccionario y hoy en día le da la RAE (en sus dos primeras acepciones), la potra era la hernia de una víscera u otra parte blanda o en el escroto (nada que ver con la hembra del potro, cría del caballo).

Dicha dolencia otorgaba a aquel que la tenía un pequeño privilegio (o al menos eso decían quienes la padecían): sentir molestias cuando el tiempo iba a cambiar -semejante a lo que le pasa a algunas personas que tienen problemas en las articulaciones-. A pesar del inconveniente del dolor que suponía, era de apreciar ese ‘sexto sentido’ (como algunos lo llamaban) con el que podían detectar con antelación (incluso de varios días) el cambio meteorológico, la llegada de una tormenta, nevada… El saberlo con suficiente anticipación ayudaba a que muchos agricultores pudiesen salvar sus cosechas.

Así pues, a ese tipo de hernia (la potra) con el tiempo se le comenzó a considerar como algo bueno y de ahí que al que la padecía se le acabó considerando como alguien suertudo, dando lugar con los años a expresiones del tipo ‘menuda potra tiene’, ‘vaya potra he tenido’, ‘a ver si tenemos potra’…

Cabe destacar que el término ‘potra’ se aplica muy a menudo sobre todo para señalar a aquel que ha conseguido/ganado algo de pura casualidad.

 

 

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¿De dónde surge llamar despectivamente ‘gabachos’ a los franceses?

¿De dónde surge llamar despectivamente ‘gabachos’ a los franceses?A través de la página en Facebook de este blog, Vero Camarero me pregunta de dónde surge la palabra ‘gabacho’ que se utiliza para llamar de modo despectivo a los franceses.

El origen de llamar despectivamente ‘gabacho‘ a una persona de nacionalidad francesa surgió a mediados del siglo XVII, debido a que esa es la forma que adoptaron los españoles para referirse a aquellos inmigrantes de condición humilde y que provenían de las zonas colindantes a los Pirineos que llegaban a nuestro país para trabajar en los empleos más denostados y peor remunerados.

Posteriormente,  a raíz de la invasión napoleónica y Guerra de la Independencia española (1808-1814), su uso se generalizó hacia todos los franceses, tanto los que residían en nuestro país como los que no.

Hay divergencias sobre la etimología del término, encontrándonos que algunas fuentes (entre ellas el Diccionario de la RAE) apuntan que procede de ‘gavach’ cuyo significado en occitano era ‘el que habla mal’ y eso era debido a que aquellos montañeses de origen francés solían tener una mala dicción a la hora de hablar, aunque otros (unos dicen que era debido a una enfermedad típica de los montañeses que les afectaba a la garganta y otros por la falta de educación al provenir de un entorno rural, ya que se les tachaba a menudo de groseros). Esas mismas fuentes apuntan que gavach provenía de ‘gava’ cuyo significado era bocio o buche de las aves, por lo que gavach (gabacho) sería literalmente bocioso (aquel que padece un aumento, difuso o nodular, de la glándula tiroidea).

Por otro lado nos encontramos quienes apuntan que el origen del término gabacho lo encontramos en ‘gave’ (en gascón ‘gabe’, en castellano ‘gaba’) nombre genérico que se le da a los ríos y cursos de agua en los Pirineos occidentales y por tanto se designaba gavach/gabacho a aquel que provenía de aquellas zonas.

En el Diccionario de Autoridades de 1734 encontramos la siguiente y sorprendente descripción para el término gabacho:

Soez, asqueroso, sucio, puerco y ruin. Es voz de desprecio con que se moteja a los naturales de los Pueblos que están a las faldas de los Pyrenéos entre el rio llamado Gaba, porque en ciertos tiempos del año vienen al Reino de Aragón, y otras partes, donde se ocupan y exercitan en los ministerios más baxos y humildes.

Visto lo discutido que está el origen etimológico del término, de lo que no hay ninguna duda es de la zona geográfica de dónde procede.

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de la RAE / Diccionario de Autoridades de 1734 / Dictionnaire Étymologique Occitan
Fuente de la imagen: crocus08(Flickr)

¿Cuál es el origen de la expresión ‘A palo seco’?

Recibo un correo de Andrés Delgado en el que me pregunta sobre el origen de la expresión ‘A palo seco’

Posiblemente en más de una ocasión habrás dicho esta expresión a la hora de tomarte algo sin acompañamiento (una bebida si su tapa, alguna bebida alcohólica sola y sin hielo y/o agua, un alimento sin salsa o aderezo, etc…).

El origen del modismo comenzó a utilizarse en los ámbitos marineros, pero no para referirse a la ingesta de algo por parte de la tripulación, sino al hecho de navegar con las velas recogidas en un día de fuerte viento… es decir, con el mástil (palo) descubierto (seco).

En el Diccionario de Autoridades (1726-39) ya aparece el término ‘a palo seco’ para referirse al modo de navegar con las velas recogidas. Pero si viajamos hacia atrás, podemos encontrarnos con ‘diarios de a bordo’ de insignes marinos, como es el caso de Cristóbal Colón, en los que se detallaba una navegación con el ‘árbol seco’ debido a la gran tempestad del viento.

 

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Fuente de consulta: Frases con historia de José Luis García Remiro
Fuente de la imagen: Hansenit via photopin cc

¿De dónde surge que a las prostitutas también se les conozca como ‘pelanduscas’?

Entre las docenas de diferentes maneras en el que la lengua española tiene un sinónimo para la palabra ‘prostituta’ está el de ‘pelandusca’ y cuyo origen lo encontramos en un castigo ejemplarizador que se practicaba antiguamente a aquellas mozas descarriadas que andaban vagando por las calles ofreciendo sus favores sexuales a cambio de unas monedas; de acuerdo con la explicación que podemos encontrar en el Diccionario de Autoridades  de 1737 (pag. 189).

Dicho castigo no era otro que raparles el pelo al cero, de modo que se adoptó rápidamente el término ‘pelandusca’ (por ir con la cabeza pelada)  para referirse despectivamente a aquellas mujeres que practicaban la prostitución callejera.

Aunque es muy habitual encontrar esta palabra en las formas de ‘pelandrusca’‘perlandusca’ o ‘perlandrusca’ hay que advertir que son tres modos erróneos de decirla.

La popularización del término ‘pelandrusca’ en el lenguaje coloquial ha llevado a la Real Academia de la Lengua (RAE) a proponer incorporarla en el avance de su vigésimo tercera edición del diccionario, como una forma despectiva y coloquial de decir ‘pelandusca’.

 

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Fuentes de consulta: rae.es/ntlle  / historiadoreshistericos
Fuente de la imagen: Sophie Teunissen (flickr)