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¿Qué es la ‘tiña’ del famoso refrán ‘Si la envidia fuera tiña, ¡cuántos tiñosos habría!’?

El antiquísimo refrán ‘Si la envidia fuera tiña, ¡cuántos tiñosos habría!’ ha sido ampliamente utilizado a lo largo de varios siglos para indicarnos que el sentimiento de envidia en los seres humanos (deseo de algo que otra persona posee) está muy extendido entre la sociedad y, en caso de ser un trastorno, el planeta estaría repleto de enfermos por esa dolencia.

¿Qué es la ‘tiña’ del famoso refrán ‘Si la envidia fuera tiña, ¡cuántos tiñosos habría!’?

Y como ejemplo en el refrán se menciona la tiña, la cual es realmente una afección que consiste en una infección de la piel producida por ciertos parásitos que causa la aparición de unas erupciones cutáneas que llegan a ser altamente molestas (por el picor y escozor que produce) y que al rascarse provoca que queden ulceraciones y costras. También se la considera como altamente contagiosa a través del contacto directo, ya sea entre personas, animales de compañía (que también pueden padecerla) u objetos que hayan estado en contacto con alguien infectado (toallas, sabanas, ropa, peines, brochas de maquillaje…).

Al tratarse la tiña de una enfermedad que era muy común que fuese padecida por las clases más bajas y ante el prejuicio y convicción que existía, de que éstos eran por naturaleza envidiosos de lo que poseían los demás, surgió la analogía entre la enfermedad infecciosa (tiña) y el sentimiento de desear lo del prójimo (envidia).

Cabe señalar que el término tiña también existe como sinónimo de mugre o suciedad (se supone que proviene de quienes parecían la enfermedad, pues iban sucios y desaliñados) e incluso se utiliza como un equivalente a tinte o a algo que está teñido, por lo que son bastantes las personas que emplean el mencionado ‘tiñosos’ del refrán no para referirse a la infección sino al hecho de tener la piel teñida. Otras variantes del refrán son: ‘Si la envidia fuese tiña, ¡cuántos tiñosos habría!’‘Si la envidia tiña fuera, ¡qué de tiñosos hubiera!’.

 

 

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Fuente de la imagen: robbertholf (Flickr)

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoro

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoro

Solemos tener asociado el concepto de inodoro con el de bacterias, suciedad y posibilidad de contraer alguna infección (evidentemente, cuando éste está en un establecimiento público) y por tal motivo tomamos todas las precauciones posibles para que ninguna parte de nuestro cuerpo toque o roce en él.

Pero no solemos ser conscientes que son muchas las ocasiones en que esos servicios en establecimientos públicos suelen ser limpiados y desinfectados a conciencia varias veces a lo largo del día pudiendo ser incluso mucho más higiénico que algunos de los objetos que a diario tocamos y que, verdaderamente, sí tienen una gran cantidad de bacterias que podrían ser altamente perjudiciales para nuestra salud.

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroPosiblemente, una de las cosas que más riesgo nos podría ocasionar es el dinero. Las monedas y billetes que a diario manejamos, con las que pagamos y nos devuelven el cambio han pasado (en la inmensa mayoría de casos) por miles de manos diferentes antes de llegar a nosotros. Manos que pueden estar sucias por infinidad de motivos e incluso haber pasado –antes de llegar a nosotros- por las manos de alguna persona enferma (incluso aquejada de cualquier patología infecciosa). De ahí que no sea nada aconsejable el ir toqueteando el dinero que llevamos en los bolsillos y debemos procurar lavarnos las manos después de haberlo tocado. Afortunadamente, hoy en día son muchos los comercios que tienen a una persona manejando el dinero diferente a la que sirve la comida o alimentos, aunque todavía hay lugares donde lo realiza el mismo trabajador.

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroPero no solo el dinero en metálico es un foco de bacterias, también lo son los cajeros automáticos a los que acudimos a sacarlo. Estos aparatos dispensan billetes día y noche, muchos suelen estar a la intemperie y al alcance de cualquier tipo de persona que toca el teclado o la pantalla para introducir la clave y la operación que desea realizar, convirtiéndose en un peligroso cultivo bacteriológico.

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroOtro elemento de uso cotidiano y en el que podemos encontrarnos con un gran número de bacterias son los carritos del supermercado. Son tocados y llevados por infinidad de personas, pero no solo la barra con la que se empuja está llena de esos indeseables microorganismos, sino la cesta donde depositamos los alimentos que después vamos a ingerir. Muchos son los progenitores que acuden a realizar la compra con sus hijos y lo más cómodo para ellos es colocar al pequeño dentro de la cesta, sin tener presente que los zapatos de éstos están sucios (pudiendo haber pisado cualquier desperdicio) y cuyas suelas tocan la parte donde después irá depositada la compra. También cabe destacar que en algunas ocasiones queda abandonado algún tipo de resto alimentario en el carro (por ejemplo una hoja de lechuga) y que puede acabar descomponiéndose allí durante varios días sin ser retirado ni limpiado, sobre todo en las grandes superficies en los que hay cientos de carros dispersados por un área muy grande y no son limpiados a diario.

Pero no todos los peligros bacteriológicos están fuera de nuestro hogar. En nuestra propia casa hay tres que se podrían llevar la palma:

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroEl mando a distancia. Un objeto que es utilizado a diario por todos los miembros de la familia (o personas que convivan en la misma casa), sin mirar si uno tiene las manos limpias, lo usa mientras está comiendo e incluso estando enfermo (que es uno de los momento en los que más tiempo se mira más la tele desde la cama o el sofá). Tampoco nos preocupamos demasiado si se nos cae al suelo o nuestra mascota lo lame… no solemos limpiarlo al momento, sino que le damos con el paño de tanto en tanto, cuando toca quitar el polvo. También debemos tener en cuenta los mandos a distancia que utilizamos cuando nos alojamos en un hotel, los cuales no siempre están limpios y desinfectados como otros objetos de la habitación (sobre todo aquellos mandos que están depositados en la recepción y que no son limpiados a diario en el momento que lo hace el servicio de habitaciones).

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroLa tabla de cortar los alimentos que tenemos en la cocina es otro importantísimo foco de bacterias si no tomamos las adecuadas precauciones. Muchas son las personas que tras usarlo solo le pasan un paño húmedo o bajo el chorro del grifo, pero que no lo limpian en profundidad y a conciencia. En ocasiones quedan pequeñísimos rastros de alimentos que acaban descomponiéndose. Esto es posible porque se quedan dentro de pequeños cortes que se ha hecho en la superficie de la tabla con el uso continuado. Es recomendable que, tras cada uso de la tabla, se deje sumergido en remojo con unas gotas de detergente –a poder ser bacteriológico e incluso lejía- y después frotar o rascar la superficie. Aclarar y secar bien antes de guardar (para que no aparezca moho).

Media docena de objetos que tocamos a diario con más bacterias que un inodoroPor último, en esta lista con media docena de objetos con bacterias, nos encontramos con el teclado del ordenador. Al igual que ocurre con el anteriormente mencionado mando a distancia, el teclado del ordenador es un foco de microorganismos y que utilizamos a menudo sin tener presente si nos hemos lavado las manos correctamente e incluso habiendo comido algo mientras lo usamos, dejando algunos restos. Evidentemente el riesgo del teclado de nuestra casa es ínfimamente pequeño al lado de los que se encuentran en lugares públicos, como puede ser en un cibercafé, locutorio o el hall de un hotel donde son usados por docenas de personas diferentes.

 

 

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Fuentes de las imágenes: pixabay / pixabay / alishav (Flickr) / pixabay / pixabay / eunix (Flickr)

¿Sabías que el acto de poner en cuarentena no se originó por motivos médicos sino religiosos?

¿Sabías que el acto de poner en cuarentena no se originó por motivos médicos sino religiosos?

Conocemos como ‘cuarentena’ al periodo de aislamiento preventivo al que se somete a una persona, lugar o animal por razones sanitarias. Se le llama de tal modo debido a que en sus orígenes ese periodo de tiempo correspondía a 40 días.

Los motivos por los que se decide poner a alguien o algo en aislamiento son variados, pero es común encontrar que se realiza tras producirse una infección (ya sea por algún virus o bacteria) y con el fin de que no se extienda o contagie el resto de la población.

Se conoce también como cuarentena al periodo inmediatamente posterior al parto, necesario para que la mujer se recupere totalmente tras el alumbramiento y vuelva a su estado anterior al de la gestación. Este espacio de tiempo es también llamado ‘puerperio’.

Pero, tal y como ha avanzado la medicina en los últimos siglos, es de sobras sabido que tanto para el aislamiento por infección/enfermedad o tras el alumbramiento no es exactamente necesarios que sean cuarenta días los que debe durar esas cuarentenas, ya que cada patología o situación tiene su propio tiempo de recuperación.

El hecho de acuñar con el término cuarentena a ese espacio de tiempo (a partir de la palabra ‘Quaranta giorni’ -cuarenta días-) proviene de la Edad Media, cuando hicieron aparición varios brotes epidémicos (como la  ‘peste’) y los médicos de la época tuvieron que decidir aislar a los afectados para evitar que se contagiase el resto de la población (era muy común hacer pasar esa cuarentena a los barcos y pasajeros que llegaban de largos viajes transoceánicos).

Pero el motivo de que ese tiempo de aislamiento o recuperación esté vinculado al número cuarenta no fue originalmente por motivos médicos sino totalmente religiosos.

Desde la antigüedad el número cuarenta ha estado vinculado a muchos episodios que quedaron reflejados en los libros sagrados. De hecho, en la antiquísima Ley Mosaica (o de Moisés), en la que posteriormente se basan muchas otras religiones modernas, son continuas las referencias que se hace al 40: los años en que Moisés vivió como pastor en Madián; los días en el que, también Moisés, permaneció en el Monte Sinaí antes de bajar (según las Sagradas Escrituras) con las tablas de los Diez Mandamientos; los años a los que los hebreos fueron castigados a vagar por el desierto; o los días (y noches) que Jesucristo pasó de ayuno en el desierto y vivió el episodio en el que fue tentado por el diablo (por citar unos pocos ejemplos).

Esta devoción religiosa por el número cuarenta también es la responsable de la duración del tiempo de Cuaresma (periodo comprendido entre el final del Carnaval e inicio de la Semana Santa).

Pero también el tiempo de cuarentena para una mujer tras el parto proviene directamente de motivos religiosos y fue heredada dicha tradición desde la Ley Mosaica, tal y como recoge el Levítico 12:1-8 (uno de los libros bíblicos del Antiguo Testamento) en el que indica:

[…]Si una mujer da a luz a un varón, ella quedará impura por siete días, como cuando tiene su menstruación. Al octavo día se le hará al niño la circuncisión, y después la mujer debe permanecer treinta y tres días purificándose de su flujo de sangre. Ella no debe tocar nada consagrado ni entrar en el santuario hasta que se haya completado su período de purificación[…] […]Cuando se complete el período de purificación, una vez que haya dado a luz a un niño o a una niña, llevará un cordero de un año de edad como sacrificio que debe quemarse completamente, y una paloma joven o una tórtola como sacrificio por el pecado. Los llevará al sacerdote a la entrada de la carpa del encuentro. Luego el sacerdote la presentará ante el SEÑOR y la purificará completamente. Así quedará purificada de su flujo de sangre. Esta es la ley para la mujer que dé a luz. Si no puede pagar el precio del cordero, entonces llevará dos pichones o dos tórtolas; una como sacrificio que debe quemarse completamente y otra como sacrificio por el pecado, y así el sacerdote la purificará[…]

Y este hecho se refleja en los cuarenta días que tuvo que esperar la Virgen María tras dar a luz a Jesús para presentarlo a los sacerdotes del Templo de Jerusalén. De hecho, muchos son los lugares que celebran el 2 de febrero la Fiesta de la Candelaria con el que se da fin al ‘ciclo de las fiestas navideñas’, ya que, según la costumbre cristiana, esta fecha cae en los 40 días posteriores a los del nacimiento del Mesías.

Así pues, debido a la antigua y religiosa costumbre de utilizar los periodos que comprendía el cuarenta, y a la alta religiosidad que por entonces se profesaba, los médicos establecieron que ese era un buen número de cara al tiempo necesario para realizar un aislamiento preventivo.

Hoy en día, a pesar de que seguimos utilizando el término ‘cuarentena’, el periodo de tiempo varía según la patología y ya nada tiene que ver con el cumplimiento de plazos religiosos.

 

 

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