¿De dónde proviene decir que un asunto de poca importancia es ‘trivial’?

El término ‘trivial’ es utilizado para referirse a que un asunto es de escasa importancia. Proviene etimológicamente del latín ‘triviālis’, de igual significado, que procedía de ‘trivium’ y cuyo sentido era ‘tres vías’, como clara referencia de aquellos puntos en los que había una encrucijada (o sea, que se cruzaban varios caminos).

¿De dónde proviene decir que un asunto de poca importancia es ‘trivial’?

Era común que en esos cruces se dispusiesen de algún tipo de establecimiento u hospedaje en el que los viajeros paraban a descansar, comer… A menudo esas encrucijadas se convertían en puntos de encuentro entre diferentes personas (cada una procedente de un lugar).

Esos viajeros entablaban distendidas conversaciones mientras descansaban y era el carácter insustancial e insignificante de esas charlas lo que dio origen a que a aquel punto de encuentro (trívium) se le adjudicase el término ‘triviālis’ para hacer referencia a los asuntos que carecen de importancia.

Como último apunte, también cabe destacar que conocemos como ‘Trivial’ (Trivial Pursuit) a un famosísimo juego de mesa que consiste en preguntas y respuestas (de vez en cuando os traigo algún post a este blog con cuestionarios para calibrar cuánto sabéis de un tema).

 

 

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El curioso origen etimológico del término ‘inculcar’

A raíz del post publicado días atrás con la décimo segunda entrega de la serie ‘Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban’ he recibido un mensaje de Mariajo Soria en el que, a partir del término ‘conculcar’ que allí incluía, me pregunta si éste tiene que ver etimológicamente con ‘inculcar’ al ser tan parecidos.

El origen etimológico del término ‘inculcar’

Explicaba en el mencionado post que el término ‘conculcar’ es la acción de pisar para dejar la huella del pie en alguna superficie (por ejemplo en el fango, cemento fresco, arena de la playa…). Pero esta es una de las diferentes acepciones que se le puede dar a este vocablo, ya que es más común utilizarlo para referirse a la acción de incumplir una ley, obligación, norma o principio. Etimológicamente proviene del latín ‘conculcāre’ compuesto por el prefijo ‘con-‘ (unión, conjuntamente…) y la palabra proveniente de ‘calcis’ (para referirse al ‘talón’). Originalmente conculcāre se refería a la acción de aplastar u oprimir algo fuertemente con el talón del pie y, como analogía, al hecho metafórico de dar una patada para quebrantar una norma o ley.

Con el término ‘inculcar’, utilizado para indicar la acción de ‘influir e infundir una idea o conocimiento a alguien’, ocurre algo parecido que con ‘conculcar’. También proviene del latín, en este caso ‘inculcāre’, compuesto por el prefijo ‘in-‘ (hacia adentro) y el mencionado ‘calcis’ (talón), significando literalmente ‘empujar con el talón’ como referencia a aquello que se introduce o clava (por ejemplo en el suelo) presionando con la parte posterior del pie.

En la antigüedad se tenía la errónea creencia de que el conocimiento y aprendizaje no se conseguían solos y había que presionar y obligar para que alguien asimilase o memorizase algo (de ahí la desacertada idea  que dio origen a expresiones como ‘la letra con sangre entra’ tan repetidas por generaciones pasadas).

De ahí que se creó la analogía de que para influir e infundir una idea, dogma o conocimiento a alguien era necesaria la fuerza (como la que se hace cuando se empuja con el talón del pie) y de ahí que originalmente se utilizase el término inculcar, el cual, en la actualidad, ha perdido parte de su significado original y se usa como sinónimo de inspirar, aleccionar e incluso enseñar.

 

 

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¿Cuál es el número máximo de monedas con el que podemos hacer un pago?

Hace un par de años se hizo viral una noticia en la que se daba a conocer el curioso enfado de un contribuyente estadounidense, llamado Nick Stafford, quien se presentó en la correspondiente oficina de recaudación de impuestos para vehículos a motor y pagó los 2.987 dólares de los los tributos que le correspondía satisfacer de un modo singular: todo en monedas de un centavo de dólar. Se presentó a aquel lugar con cinco carretillas, las cuales contenían un total de 298.700 monedas. El pago fue admitido por los funcionarios debido a que el contribuyente se acogía a una vieja ley de 1965 que señalaba que todas las monedas de curso legal son una forma de pago admisible para cualquier tipo de deuda, impuesto y pago público. Esto provocó que los trabajadores municipales tuviesen que pasar doce horas contándolas una por una.  (Lee la noticia completa: https://www.20minutos.es/gonzoo/noticia/hombre-entrega-monedas-centavo-venganza-pagar-dolares-impuestos-3589137/0/)

¿Cuál es el número máximo de monedas con el que podemos hacer un pago?

Pero ¿esto hubiese sido posible hacerlo en España?

La respuesta es NO, pero con matices, debido a que, desde hace dos décadas, desde el Banco Central Europeo (BCE) se legisló para que, una vez entrado en curso el ‘euro’ quedase limitado cualquier pago que se efectuara (ya fuese a un estamento público, una entidad bancaria, comercio e incluso entre particulares) a un máximo de 50 monedas (dando lo mismo el valor que tuvieran éstas), siendo el receptor de las mismas quien decidía si aceptaba el abono de un pago con un número mayor a esa cincuentena de monedas.

Dicha limitación fue recogida en el “Reglamento (CE) Nº 974/98 del Consejo, de 3 de mayo de 1998, sobre la introducción del euro (DOUE de 11)” y concretamente en el artículo 11 y publicada por el Banco de España (http://app.bde.es/clf_www/leyes.jsp?id=41878#41894_13):

“A partir de sus fechas respectivas de introducción del efectivo en euros, los Estados miembros participantes acuñarán monedas denominadas en euros o en cents que se ajusten a las denominaciones y especificaciones técnicas que el Consejo podrá establecer de conformidad con el artículo 106, apartado 2, segunda frase, del Tratado. Sin perjuicio del artículo 15 y de lo dispuesto en los acuerdos monetarios que, en su caso, se celebren en virtud del artículo 111, apartado 3, del Tratado, éstas serán las únicas monedas de curso legal en los Estados miembros participantes. Excepto la autoridad emisora y las personas designadas específicamente por la legislación nacional del Estado miembro emisor, ninguna parte estará obligada a aceptar más de 50 monedas en un único pago.”

Pero ese límite de 50 monedas máximo para un solo pago no es algo aislado en España, ya que dicha ley repercutía en todos los países miembros de la Unión Europea. El mencionado reglamento de 1998 fue modificado en varios de sus puntos siete años después (mediante el Reglamento (CE) Nº 2169/2005 del Consejo, de 21 de diciembre de 2005), pero el artículo 11 se dejó tal y como estaba.

Así pues, si te presentas con calderilla para realizar un pago, puede que te encuentres que la persona/entidad receptora, acogiéndose a esa ley, se niegue a aceptarlo si llevas más de una cincuentena de monedas. Como dato curioso queda apuntar que, en base a esta norma, la cantidad mayor que se puede pagar con moneda fraccionaria es de 100 euros (con 50 piezas de 2€) y la menor sería de 50 céntimos de euro (si se realiza con una cincuentena de monedas de 1 cent.). Pero cabe destacar que se ha dado algún caso en España el que alguien se ha presentado para realizar un pago cargado de monedas y estas fuesen admitidas (como el que ocurrió en el Banco Santander de la población gerundense de Palamós en la que, el 3 de septiembre de 2010, el empresario Ricardo Batista se presentó con 40.000 monedas de 1,2 y 5 céntimos para saldar una deuda de 1.995€).

 

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Fuentes de consulta: Banco de España / Boletín Oficial del Estado (pdf) / BBVA / EUR-Lex
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¿Desde cuándo se usa el término ‘sexualidad’ como sinónimo de relación carnal?

El uso de los diferentes términos derivados de la palabra sexo, como puede ser ‘sexualidad’ (como referencia al contacto o relación carnal), no comenzó a utilizarse hasta finales del siglo XIX, debido a que originalmente el vocablo tan solo se utilizaba para diferenciar el género de las personas, tal y como te explico en el post sobre el origen etimológico del término ‘sexo’.

¿Desde cuándo se usa el término ‘sexualidad’ como sinónimo de relación carnal?

De ahí que un gran número de palabras que hoy en día utilizamos y que llevan acopladas un prefijo al vocablo sexualidad (bisexualidad, heterosexualidad, homosexualidad, transexualidad…) surgieron ya entrados en el siglo XX.

Según indican un gran número de etimólogos, no fue hasta 1929 cuando a sexualidad se le dio por primera vez, la connotación y significado de ‘relación carnal’ (relación sexual) y se señala al escritor inglés D. H. Lawrence como el primero en hacerlo (de hecho el término aparece citado en varios de sus escritos, los cuales motivaron que fuese señalado con frecuencia como ‘pornógrafo’).

Para encontrar la primera mención en lengua española que se hace en el diccionario al término sexo, como significado de genitales, debemos acudir al Diccionario de la RAE de 1984 en el que lo describían como ‘Órganos sexuales’. En la lengua inglesa ya se hacía referencia a ello medio siglo antes (en 1938).

 

 

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Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

Décimo segunda entrega de la serie de post dedicados a traer a este blog un buen número (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que, posiblemente, conocías pero con otro nombre distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ha ocurrido con las veces anteriores.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

 

Mohíno: Se trata de un estado de melancolía, tristeza o disgusto.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

 

Casmodia: Es la acción de bostezar seguida y repetidamente (incluso acompañado de algún espasmo) y que no se hace por cansancio, sueño o aburrimiento, sino debido a una afección neuronal.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

Conculcar: Es la acción de pisar para dejar la huella del pie en alguna superficie (por ejemplo en el fango, cemento fresco, arena de la playa…).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

 

Deliquio: Hace referencia al desmayo o desfallecimiento, pero también al decaimiento o pérdida del ánimo (tras una desgracia, en un momento de duelo…).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

Trasunto: Se trata de la copia (exacta) que se hace de un escrito u obra. Es lo que se hacía antiguamente (antes de la invención de la imprenta) con los libros o los textos originales. El realizar copias a mano de estos se denominaba como ‘trasuntar’.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

 

Treno: Es una lamentación tras alguna desgracia o calamidad y también hace referencia a un tipo de canto fúnebre.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

Tocón: Un tocón no solo es alguien que toca mucho sino que en este caso hace referencia a la parte de un árbol que, tras ser talado, ha quedado en el suelo unido a las raíces. También es usado para hacer referencia al muñón de un miembro amputado.

 

Noluntad - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

Noluntad: Se trata del acto de no querer hacer algo (en contraposición del término ‘voluntad’ que es la buena disposición a sí querer hacerlo).

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]Pogromo: Hace referencia a la masacre o aniquilación de un grupo de personas indefensas llevada a cabo por una multitud enfurecida (y alentada para hacerlo desde el poder). Proviene del ruso ‘pogrom’, cuyo significado literal es ‘destrucción o devastación’ y hace referencia a la persecución y matanza que padecieron los judíos (aunque hoy en día el término también es utilizado para referirse a otras culturas, religiones o grupos étnicos).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

Tirocinio: Este término suena como si se refiriese algún tipo de crimen, pero no, nada tiene que ver. En realidad el tirocinio, que es un término que está prácticamente en desuso, era sinónimo de principiante y/o aprendiz y hacía referencia al aprendizaje o noviciado en algún oficio u arte.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

Regolaje: Hace referencia al continuo estado de buen humor que tienen algunas personas (que suelen estar frecuentemente risueñas, dadas a las bromas y buen carácter).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [12]

 

Adamar: Se refiere a acto de enamorarse de alguien, cortejarla y halagarla mediante piropos o palabras que destaquen sus atractivos.

 

 

 

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La frecuente confusión en el uso de los términos ‘apoquinar’ y ‘acoquinar’

Algunas veces nos encontramos con algunas personas que, a la hora de hablar, tienden a utilizar algún término incorrectamente para referirse a algo, cuando en realidad el vocablo usado no tiene nada que ver con lo que desea expresar.

Esto es frecuente con dos palabras que se escriben prácticamente igual (solo cambia una consonante) pero que nada tienen que ver la una con la otra (no son sinónimas ni tienen el mismo origen etimológico a pesar de su similitud).Se trata de los términos ‘apoquinar’ y ‘acoquinar’.

La frecuente confusión en el uso de los términos ‘apoquinar’ y ‘acoquinar’

El primero significa ‘pagar’ y se utiliza coloquialmente para indicar que hay que realizar un pago, a veces de mala gana (por ejemplo ‘Apoquina lo que me debes’). Hay ciertas dudas sobre su origen etimológico siendo bastante los lexicógrafos que señalan que una de sus más que posibles procedencias sea el término, del latín medieval, ‘apochāre’, cuyo significado era ‘pagar como tributo o dar una garantía en dinero’. También podemos encontrar referenciado en la obra de consulta ‘Léxico del leonés actual’ (de Janick Le Men Loyer, publicado en 2002) el término ‘apochar’ que es definido como ‘pagar’ [de mala gana].

Pero algunas son las ocasiones en las que alguien utiliza el término ‘acoquinar’ para referirse al hecho de pagar algo de mala gana, pero en realidad nada tiene que ver. Algunos expertos indican que dicha confusión puede ser debida a que algunos hablantes crean que el vocablo ‘apoquinar’ tenga algo que ver con ‘poco’ y de ahí que crean que esa no es la palabra correcta que deben usar para referirse al acto de realizar un pago.

Pero el significado real y literal de ‘acoquinar’ es ‘amilanar, acobardar, hacer perder el ánimo’ y nada tiene que ver con el dinero ni los pagos. Etimológicamente proviene del francés ‘acoquiner’ de idéntico significado y que derivaba de ‘coquin’, término con el que se conocía en el medievo francés a los mendigos y bribones.

 

 

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Fuentes de consulta: RAE (1) / RAE (2) / Léxico del leonés actual de Janick Le Men Loyer / etimologias.dechile (1) / etimologias.dechile (2) / ducange.enc.sorbonne / larousse / Los galicismos en el español de los siglos XVI y XVII de Elena Varela Merino

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humano

que podemos ver, y las que no, tienen un nombre, un término por el que son conocidas. Muchas son las ocasiones en las que nombramos algunos de esos órganos y, por mucho que estemos familiarizados con su nombre, desconocemos por qué y de dónde surge el que se denominen de esa forma.

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humano

A raíz del post que publiqué días atrás, sobre el origen de los términos ‘Cadera, catedrático y catedral’,  Raúl Sainz Garrido me dejó un comentario en el que me animaba a escribir una entrada sobre el origen de otras partes  del cuerpo humano. Como bien sabéis, son numerosísimos por lo que lo haré en varias entregas y de seis en seis (con el fin de que no quede un post muy largo).

Aquí tenéis una primera tanda con el origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humano:

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoCuello: Es la parte del cuerpo que une la cabeza con el tronco y proviene del latín ‘collum’, de igual significado y que también era utilizado para referirse al tallo de una flor. Se originó dicho vocablo como clara referencia a aquello que permite girar y hacer volver a su lugar de origen algo, en este caso la cabeza (o, por ejemplo, una flor). A raíz de su anatomía (estrecho y alargado) con el paso del tiempo también se utilizó la palabra cuello para referirse a la parte superior y más estrecha de una vasija o botella.

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoNudillos: Es la parte exterior de cualquiera de las junturas de los dedos, donde se unen los huesos de que se componen. Nudillo es el diminutivo de nudo y etimológicamente proviene del latín vulgar ‘nudus’ y a su vez éste del latín clásico ‘nodus’, haciendo referencia a la parte de intersección de algo que se junta (en este caso las falanges de los dedos a la mano).

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoTobillo: Es la parte del cuerpo en donde se articula el pie con la pierna, pero también es la protuberancia de la tibia y del peroné que sobresalen respectivamente en el lado interno y externo de éste. Y es que el término tobillo proviene del latín vulgar ‘tubellum’ el cual era el diminutivo del vocablo ‘tuber’ cuyo significado literal era ‘protuberancia’ (en este caso haciendo referencia a la prominencia redondeada que se encuentra en el punto donde se une nuestra pierna con el pie).

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoAxila: Se trata de la concavidad que forma el arranque del brazo con el cuerpo. Proviene del latín ‘axilla’, de idéntico significado y este proviene del vocablo ‘axis’ el cual hacía referencia a un eje o ala. Otro modo común para referirse a la axila es ‘sobaco’, pero dicho término tiene una etimología algo desconocida y discutida (la dejo para explicarla con más detenimiento en otro post).

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoVena: Es cada uno de los conductos por los que discurre nuestra sangre, haciendo un recorrido por nuestros órganos interiores y con salida y llegada en el corazón. Proviene del término en latín, escrito del mismo modo, que era utilizado para referirse a cualquier conducto o canalillo por el que, de forma natural, circulaba cualquier líquido (agua, sangre…).

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoMuslo: Es la parte de la pierna desde la juntura de las caderas hasta la rodilla. El término es en sí una contracción del vocablo ‘músculo’, el cual proviene del latín ‘muscŭlus’ y cuyo significado era ‘ratoncillo’ (os expliqué esta curiosa etimología en un post tiempo atrás).

 

Próximamente publicaré otra tanda con el origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humano.

 

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¿Cuál es el origen etimológico del término ‘sexo’?

El origen etimológico del término ‘sexo’ lo encontramos en el latín ‘sexus’, la palabra utilizada en la antigüedad para designar la diferencia entre géneros, debido a que normalmente iba acompañada junto a los términos ‘virilis’ (hombre) y ‘mulieris’ (mujer). Al menos así aparece reflejado en los escritos anteriores al siglo XVII, donde era frecuente encontrarlo en la forma ‘sexus mulieris’ o ‘sexus virilis’ cuando se quería hacer una referencia al género al que pertenecía la persona de la que se estaba hablando.

¿Cuál es el origen etimológico del término ‘sexo’?

Etimológicamente, el vocablo latino sexus proviene de ‘sectus’ (corte) y éste de ‘secare’ (cortar) y es más que probable que se refiriera originalmente a la división de la población que existía, la cual se tenía el convencimiento de que la mitad exacta eran varones y la otra hembras. Aunque algunas fuentes indican que bien podría haberse originado de la idea de que, según se explica en los Evangelios, la primera mujer (Eva) fue creada a partir de cortar y sacar una costilla a Adán.

Por otra parte encontramos que en numerosos escritos de la Antigua Grecia también se hacía referencia al origen de los hombres y mujeres como un único y mismo ente, señalando que los humanos éramos seres andróginos (poseíamos los dos sexos en un mismo cuerpo). En la obra ‘El banquete’ de Platón (escrita alrededor del año 380 a.C.) el famoso filósofo griego explica que se debió a un castigo divino del Dios Zeus el que los seres andróginos quedasen divididos en dos (hombre y mujer).

En el Diccionario de Autoridades de 1739 (primer libro oficial en lengua española que recogía las palabras y sus definiciones) aparece la entrada ‘sexo’ dándole la siguiente acepción literal: ‘Distintivo en la naturaleza del macho, ù hembra en el animal’.

Cabe destacar que fue a finales del siglo XIX cuando aparecieron coletillas a la palabra sexo en los diccionarios para diferenciar la condición entre géneros: por ejemplo ‘Bello sexo’ con la acepción de ‘Conjunto de todas la mujeres’. En 1925 se le añadía al diccionario los términos ‘Sexo débil’ que daba como respuesta ‘las mujeres’ y ‘Sexo feo o fuerte’ que se refería a ‘los hombres’.

En una próximo post os explicaré la evolución que hizo el término sexo que pasó de ser un vocablo para referirse al género de las personas a designar las relaciones carnales (cópula).

 

 

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Reseña del libro: ‘Siempre estuvieron ellas’ de Javier Santamarta

Reseña del libro: 'Siempre estuvieron ellas' de Javier SantamartaCoincidiendo con el Día Internacional de la Mujer he querido traer al blog la reseña de un libro que tenía pendiente y que he querido esperar a esta fecha para publicarlo: ‘Siempre estuvieron ellas’ (sobre este título ya os hablé muy brevemente y os lo recomendé en mi post sobre regalos para el Día de Reyes) cuyo autor es mi buen amigo Javier Santamarta (@JaviSantamarta); quien, aparte de gran escritor y amante de la Historia, es politólogo y experto en Ayuda Humanitaria, Geopolítica, UE, y Protocolo (además de ser, últimamente, muy habitual en tertulias políticas en radio y televisión).

Su nuevo libro, que lleva como subtítulo ‘Galería histórica de hispanas memorables’, es un excelente ensayo literario que nos acerca a la vida de un puñado de mujeres que han tenido un relevante papel en la Historia de España, pero que, debido al heteropatriarcado que nos ha acompañado desde tiempos inmemoriales, no han tenido la justa recompensa y mención en los libros de Historia, tal y como merecerían.

Ojo, que nadie se asuste, el libro ‘Siempre estuvieron ellas’ no es ningún alegato al feminismo, tan de moda en los últimos tiempos, sino un sincero y justo homenaje que el autor hace hacia esas ilustres mujeres y que además eran españolas (en un momento en el que se ha abierto una absurda polémica y parece que divide a parte de la población entre enemigos de todo lo que suene a español o rancios patriotas que viven anclados en la España del yugo y la flecha).

Javier Santamarta sabe acercarnos a la vida y obra de mujeres que, de haber nacido en nuestra época, gozarían de todo el respeto y admiración de todos nosotros, pero que quedaron en el injusto semiolvido, no apareciendo en muchos de los libros que trataron sobre biografías en las que solo se mencionaba a hombres (algunos incluso menos importantes o relevantes que éstas).

Pero ya no solo tiene mérito el tema que trata el bueno de Javier Santamarta, sino cómo lo hace y explica. No es una novela, pero capítulo tras capítulo (de los trece que lo componen), dedicado a una o varias de esas ilustres hispanas, nos pone en contexto con unos diálogos y situaciones en los que, por momentos, parece que estamos leyendo una narración que parece ficción pero que se ajusta, fielmente, a lo sucedido.

La selección de personajes escogidos también ha sido un acierto, debido a que encontramos a protagonistas de todos los tiempos: desde la época de la Antigua Roma (Egeria), pasando por el Siglo de Oro (María de Zayas) y llegando hasta el siglo XX (Ángela Ruiz Robles), por poner tan solo tres ejemplos.

A destacar las numerosas notas a pie de página, que ayudan a entender y conocer mucho mejor cada una de las situaciones y protagonistas, además de la valiosa bibliografía al finalizar cada uno de los trece capítulos que componen la obra.

Reseña del libro: 'Siempre estuvieron ellas' de Javier Santamarta

Sinopsis (ofrecido por la Editorial Edaf):

España es un país femenino. Dudarlo sería no reconocer que su Historia está salpicada, y aún forjada, por mujeres que despuntaron en todos los campos en que quisieron destacar. Tanto si era posible, como si no. España es un lugar donde las mujeres han desarrollado un papel como en pocos sitios más podemos encontrar. Hay heroínas, literatas, reinas, escultoras, inventoras, científicas, santas… Mujeres avanzadas a su tiempo que se toparon con trabas e impedimentos y que, pese a todo, triunfaron. Magníficos exponentes del coraje y del empeño puesto en una causa, aunque les costara la vida. Aunque no se lo permitieran. Memoria viva cuyas vidas y hechos merecen ser recordadas y sacadas del olvido o de la ignorancia.

Hacer una selección de todas estas mujeres es complicado y, sobre todo, injusto, pues a lo largo de los siglos es difícil encontrar una actividad en la que no destaque alguna, a pesar de haberse querido ver a España siempre como un país atrasado, casi bárbaro, en su relación con las mujeres. Los retratos elegidos en este libro demuestran que no siempre se cumple ese cliché tan manido; que las mujeres hispanas han conseguido muchas cosas en detrimento de tópicos y en comparación con las de otros lares, y que, en múltiples ocasiones, fueron precursoras. Porque en España, siempre estuvieron ellas.

 

‘Siempre estuvieron ellas’ (Galería histórica de hispanas memorables) de Javier Santamarta
Editorial Edaf
ISBN: 9788441438927
http://www.edaf.net/es/libro.asp?producto=2396

 

Reseña del libro 'Siempre estuvieron ellas' de Javier Santamarta

 

No dejes de leer la reseña que publiqué sobre el libro anterior de Javier Santamarta: ‘Siempre tuvimos héroes’

Cadera, catedrático y catedral, tres palabras con un mismo origen etimológico: ‘una silla’

Cadera, catedrático y catedral, tres palabras con un mismo origen etimológico: 'una silla'

Conocemos como ‘catedrático’ (o catedrática) a aquella persona dedicada generalmente a la docencia (normalmente universitaria o de enseñanza media) y que ha alcanzado el más alto rango o status.

Por su parte una ‘catedral’ es una edificación monumental dedicada al culto religioso, siendo la iglesia principal de una diócesis y, por tanto, sede del obispado.

Y la ‘cadera’ es la parte de nuestra anatomía que está compuesta por dos partes salientes y formada por los huesos superiores de la pelvis.

Estos tres términos tienen un mismo origen etimológico (una silla o asiento), aunque los dos primeros (de ahí su similitud) provienen de una vía diferente que el referido a la parte de la anatomía humana.

‘Catedrático’ proviene del latín medieval ‘cathedraticus’ cuyo significado era ‘el que ocupa la silla o asiento’. El asiento al que se hace referencia es la ‘cátedra’, una silla o butacón elevado desde donde el maestro daba antiguamente la lección a sus alumnos o discípulos. El término cátedra a su vez provenía del latín clásico ‘cathedra’, cuyo significado era ‘silla, asiento’ y hasta ahí llegó desde el griego ‘kathédra’καθέδρα– de idéntico significado.

La ‘catedral’ recibe dicho nombre ya que era la edificación religiosa y principal en la que se encontraba el asiento del obispo de una diócesis (territorio en el que éste tiene su jurisdicción religiosa) y en el que se sentaba durante los oficios.  El término, al igual que el anterior, también proviene del latín clásico ‘cathedra’ y éste del griego ‘kathédra’.

Pero por su parte, el término ‘cadera’, proviniendo prácticamente del mismo origen etimológico, tuvo un viaje más que los dos vocablos anteriores, pasando desde al griego ‘kathédra’ al latín clásico ‘cathedra’ y desde ahí al latín vulgar ‘cathegra’ antes de convertirse en el castellano ‘cadera’. Y es que recibió ese nombre ya que es la parte de nuestra anatomía que se articula para que tomemos asiento, con la que nos podemos sentar, de ahí que tenga una etimología casi idéntica con otras palabras que, a simple vista, parece que no tengan nada que ver con ésta.

 

 

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