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El curioso origen de la expresión ‘Leer la cartilla’

El curioso y militar origen de la expresión ‘Leer la cartilla’

Se conoce como ‘leer la cartilla’ (e incluso también se conoce la expresión como ‘cantarle a uno la cartilla’) al acto de reprender a alguien y advirtiéndole sobre lo que debe hacer en algún asunto, normalmente porque ha hecho algo incorrecto o se ha saltado alguna norma.

Al contrario de lo que muchas personas piensan, la cartilla a la que se refiere la expresión no es el cuaderno con el que los niños aprenden a leer y escribir ni tampoco se refiere a la libreta bancaria en el que se anota el saldo de una cuenta de ahorro, sino a un tratado en el que venían impresas las normas de comportamiento y obligaciones de un cuerpo militar.

El hecho de leerle la cartilla a alguien era específicamente recordarle cuáles eran las normas del cuerpo y/o cuartel debido a que las habría incumplido por algún motivo.

Algunas fuentes indican  que dicha locución comenzó utilizándose en la Guardia Civil, debido a que su fundador (duque de Ahumada) encargó en 1844 elaborar un reglamento militar que inculcase a los futuros guardias los valores del cuerpo y al que se llamó ‘cartilla’, pero existe constancia de escritos en los que ya se mencionaba dicha expresión dos siglos antes de crearse el cuerpo de la Benemérita, entre ellos en la obra del año 1624 ‘El donado hablador: Vida y aventuras de Alonso, mozo de muchos amos’ una novela picaresca escrita por Jerónimo de Alcalá Yáñez y Ribera:

[…] nos fuimos los dos a la posada, y en el camino me leyó la cartilla de lo que había de hacer […]

 

 

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Fuentes de consulta: archive.org / liceohispanico / etimologias.dechile / muyinteresante / Rae
Fuente de la imagen: airman

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

Suele utilizarse el término ‘mamotreto’ para referirse a algo (armatoste) que resulta un estorbo debido a su gran tamaño y peso, además de la poca utilidad que se le puede dar (habitualmente a cierto tipos de libros muy voluminosos pero insustanciales en su contenido). Algunos ejemplos de expresiones en los que se puede usar este vocablo son: ‘A ver cuándo me quitas este mamotreto de enmedio que no nos podemos ni mover’, ‘El último libro que me he comprado además de aburrido es un mamotreto que no me cabe en ningún estante del mueble’.

En su origen este término nada tenía que ver con objetos o libros sino con personas: aquellos niños que crecían grandes y rollizos. Y es que se tenía la convicción de que este tipo de niños salían así porque habían sido criados por sus abuelas o, mejor dicho, malcriados, pues se creía que aquellas que se ocupaban a la crianza de sus nietos les daban excesivamente de comer (de ahí que estuvieran regordetes) y les permitían todo tipo de caprichos (por lo que solían salir bastante vagos e inservibles para cierto tipo de labores cuando se hacían adultos).

Durante la Edad Media hubo una gran producción literaria en la que se escribieron libros que tenían una larga extensión y eran de gran volumen, motivo por el que se les acabó llamando mamotreto.

Este término se acuñó en la Antigua Grecia a raíz del vocablo ‘mammóthreptos’ (μαμμόθρεπτος) cuyo significado literal era ‘criado/alimentado por su abuela’ (mámme: abuela – thretos: criar). De ahí pasó al latín tardío ‘mammothreptus’ y posteriormente se extendió a otros idiomas con influencia latina.

En castellano la palabra mamotreto se registró por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1734 y donde se le dio como única acepción a este término: ‘El libro o quaderno que sirve para apuntar y annotar las cosas, que se necessitan tener presentes para ordenarlas después’.

 

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de Autoridades de 1734 / Fundeu / etimologias.dechile / Rae
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