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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘Diccionario de la RAE’

¿De dónde surge llamar ‘piscolabis’ al aperitivo ofrecido en un evento?

Algunas personas son las que llaman ‘piscolabis’ al aperitivo que se ofrece en algún tipo de evento o recepción. Éste suele ser una pequeña porción que suele tomarse de un solo bocado y que, tal y como describe el diccionario de la RAE, consiste en una ‘ligera refacción que se toma, no tanto por necesidad como por ocasión o por regalo’.

¿De dónde surge llamar ‘piscolabis’ al aperitivo ofrecido en un evento?

Aunque el propio diccionario señala que es un término de origen incierto, muchos son los etimólogos que apuntan que el vocablo ‘piscolabis’ apareció hacia la primera mitad del siglo XIX, siendo común ofrecer ese tipo de refrigerios en las recepciones ofrecidas por la aristocracia.

Según indican, el término se formó a raíz de la deformación de dos palabras: ‘pizco’, que es la ‘porción mínima que se toma de algo’ (y que también se usa en la forma ‘pizca’, por ejemplo: ‘una pizca de algo’) y ‘labios’, debido a que dicha porción de alimento se depositaba delicadamente sobre el borde de la boca.

Así pues, podríamos decir que un piscolabis viene a ser una pequeña porción de alimento que se deposita con sutileza sobre el labio inferior de la boca, para ser ingerido elegantemente.

 

 

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Fuente de la imagen: Alfred López

¿De dónde surge el famoso refrán ‘En martes, ni te cases ni te embarques’?

Un refrán que lleva toda nuestra vida acompañándonos es aquel que dice ‘En martes, ni te cases ni te embarques’ que venía a ser una advertencia sobre el segundo día de la semana (en algunas culturas y calendarios es el tercero), el cual desde la antigüedad ha estado considerado como un día funesto y de infortunio.

¿De dónde surge el famoso refrán ‘En martes, ni te cases ni te embarques’?

Desde tiempos inmemoriales, el martes ha estado considerado como el día de la semana predestinado a los conflictos, guerras y a que todo lo relacionado con los negocios saliesen mal. Esa creencia se basada en que dicha jornada estaba dedicada a Marte, el Dios Romano de la Guerra, pero al igual que esta deidad proporcionaba a los ejércitos del imperio la protección (dándoles grandes triunfos en batallas y conquistas, o al menos los antiguos romanos creían que sus victorias provenían gracias a la protección que les daba esta divinidad) también sabían (o más bien creían y tenían la superstición) de que esa protección que les otorgaba el Dios Marte para las guerras se la quitaba de otros asuntos más mundanos, como podía ser el realizar negocios o cerrar un trato en un día que caía en martes.

Debemos tener en cuenta que en la antigüedad los viajes (sobre todo en barco) no se realizaban por turismo, tal y como lo concebimos hoy en día, sino para ir a realizar algún negocio. De ahí que también se evitaba embarcarse o realizar un desplazamiento en ese día cuando el fin del mismo era para cerrar un trato, pues se temía que acabaría saliendo mal.

Los antiguos romanos eran terriblemente supersticiosos y por tal motivo veían vinculaciones con el infortunio (aunque no las tuviese) en cualquier cosa relacionada con el martes de ahí que también se evitase contraer matrimonio en ese día. Debemos tener en cuenta que un casamiento, en aquella época, no se realizaba como un acto de amor entre una pareja de enamorados sino como una unión de intereses y como cierre de un trato comercial entre diferentes familias que emparejaban a sus hijos. Al tratarse de un acuerdo de carácter mercantil, la superstición de que saliera mal por realizarse en martes era lo que originó con los años los refranes y dichos que aconsejaban no realizar ciertas cosas en martes.

Cabe destacar que muchos son los historiadores que al término ‘embarcarse’ del refrán no le dan el sentido de subir en una embarcación y realizar un viaje, sino que ven en la locución una referencia al sentido de tomar parte en un negocio arriesgado (el diccionario de la RAE, da como tercera acepción de la palabra ‘embarcarse’ el siguiente significado:  ‘Hacer que alguien intervenga en una empresa difícil o arriesgada’).

A partir de la Edad Media se popularizaron este tipo de refranes en España, sobre todo por el carácter supersticioso que se le dio a este día ya no por el Dios Marte (el cual ya no tenía ningún significado pues ya se había extendido el cristianismo) sino porque según explicaban algunos cronistas se perdieron algunas batallas importantes frente a los musulmanes.

Aunque el refrán más popular es el que indica que ‘En martes, ni te cases ni te embarques’, existe una amplia gama de variantes, pudiéndonos encontrar otros que indican: ‘En martes, ni tu tela urdas ni tu hija cases’, ‘En martes y trece, ni te cases ni te embarques’, ‘En martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes’

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay

¿De dónde surge la expresión ‘Ser una perita en dulce’?

¿De dónde surge la expresión ‘Ser una perita en dulce’? Se utiliza la locución ‘Ser una perita en dulce’ para señalar que algo o alguien tiene unas excelentes cualidades (un buen producto, la notable belleza de una persona…) e incluso que una cosa puede ser un auténtico chollo o ganga (‘si sale bien este negocio será una perita en dulce’).

Aunque es común utilizar la expresión en la forma ‘perita en dulce’, cabe señalar que el diccionario de la Rae no se refiere a esta fruta con su diminutivo sino como ‘pera en dulce’, algo que ha generado cierta desavenencias por parte de algunos lingüistas y lexicógrafos.

Para encontrar el origen de la expresión la mayoría de expertos lo ubican hacia el último cuarto del siglo XIX, señalando que por aquella época se puso de moda en las mejores confiterías el comercializar fruta confitada a modo de golosinas y/o dulce, siendo la pera la que mejor reclamo tenía por parte de los compradores.

Y todo se debía no solo a su sabor (que era calificado como de exquisitez), sino a su aspecto. El azúcar caramelizado que lo recubría esas peritas (ya que eran de un tamaño más pequeño que las peras que se suelen encontrar en los comercios) le confería a la piel de esta fruta confitada un aspecto cristalizado  como si de una joya se tratase. Para rematar su acabado solía ser sellado el rabillo con lacre (cera) rojo.

Colocadas en bandejas y puestas en exposición en las vitrinas de las confiterías, las ‘peritas en dulce’ se convirtieron en objeto de deseo de todas aquellas personas que las observaban. De ahí que surgieran expresiones como ‘ser una perita en dulce’ para destacar la excedencia, belleza o categoría de algo o alguien.

 

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

Post realizado a raíz de la consulta que me hizo días atrás, en mi sección radiofónica de curiosidades en el programa ‘La Noche de Cope’, su presentador Adolfo Arjona, quien preguntó sobre el origen de la expresión ‘Ser una perita en dulce’.

Fuente de la imagen: pixabay

El curioso e histórico motivo de llamar ‘púgil’ a un boxeador

El curioso e histórico motivo de llamar ‘púgil’ a un boxeador

El boxeo es un deporte que consiste en la pelea entre dos contrincantes quienes utilizan únicamente sus puños para golpear.

Esta disciplina deportiva, tal y como la conocemos hoy en día, se comenzó a popularizar en Inglaterra hacia finales del siglo XVII, donde los miembros de las clases altas iban a contemplar cómo se peleaban a puñetazo limpio dos contendientes (que solían ser de las clases más bajas de la sociedad y era un modo de ganar unas monedas). Se puso tan de moda que incluso muchos de esos refinados caballeros ingleses se aficionaron a combatir ellos también.

El nombre de esta disciplina deportiva (boxeo) es la españolización del término inglés boxing, formado por box (caja) y el sufijo –ing con el cual se indica que el mismo se desarrolla dentro de un cuadrado –con forma de caja- y que en castellano llamamos comúnmente como ‘cuadrilátero’.

Pero al boxeo, en castellano, también se le conoce como ‘pugilismo’, aunque ambas están admitidas por igual por el Diccionario de la RAE.

Pero el hecho de llamar ‘púgil’ (e incluso ‘pugilista‘) a un boxeador es muchísimo más antigua que el vocablo inglés.

De hecho, púgil proviene del término en latín ‘pugilĭlis’ y cuyo significado literal es ‘el que utiliza los puños’ (pugil significa puño).

Y es que ya en la Antigua Roma (e Incluso en los JJOO de la Antigua Grecia) podemos encontrar a gladiadores que combatían únicamente con los puños (muy alejados a la imagen del luchador que participaba en los juegos en el coliseo o circo y lo hacía provisto de armas, redes y escudos).

Y es que a pesar de que el boxeo (o pugilismo) lo conozcamos en su fase moderna de hace poco más de trescientos años, debemos tener en cuenta que hay antiquísimos grabados de hace alrededor del año 5.000 a.C. en los que se muestran a luchadores peleando con sus puños.

El término púgil comenzó a ser utilizado en la Antigua Roma para referirse a los mencionados gladiadores que luchaban a puñetazo limpio y aunque en nuestro idioma ya se utilizaba mucho antes de la aparición del vocablo inglés bóxer (boxeador) fue este neologismo el que acabó imponiéndose en el lenguaje coloquial.

 

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¿Cuál es el origen del término ‘gorrón’ para referirse al que vive a costa de los demás?

¿Cuál es el origen del término ‘gorrón’ para referirse al que vive a costa de los demás?La expresión ‘ser un gorrón’ es utilizada para referirse a aquella persona que se dedica a comer, beber, divertirse y en definitiva a  vivir a costa de los otros.

El término ‘gorrón’ es un aumentativo de ‘gorra’, de la que han nacido muchas expresiones como ‘vivir de gorra’, ‘comer de gorra’ (y así con todas las cosas que se pueden hacer cuando el que paga es otro).

Los expertos sitúan el origen hacia finales del siglo XVI en los ambientes estudiantiles de la Universidad de Salamanca, donde muchos de los alumnos que asistían no disponían de demasiado dinero para mantenerse, por lo que se las ingeniaban de cualquier manera para poder alimentarse sin pagar.

Una de las formas de poder subsistir era trabajando al servicio de otros estudiantes pertenecientes a familias ricas y que disponían de un importante poder adquisitivo. Éstos contrataban los servicios de sus compañeros pobres para que les hicieran recados y los tuvieran atendidos (una especie de criado o asistentes) pagándoles a cambio unas monedas e incluso dejando que los acompañaran a convites y banquetes, donde los estudiantes sin recursos comían y bebían gratuitamente.

Los estudiantes adinerados vestían portando un manteo (capa larga con cuello derecho y bastante estrecho) y un bonete (especie de gorra, comúnmente de cuatro picos). Por su parte, los estudiantes sin recursos y que trabajaban al servicio de estos llevaban una capa clásica (hecha de tela barata) y una gorra. A estos sujetos se les conocía habitualmente con los términos: capigorrista, capigorra o capigorrón (términos provenientes de unir las palabras capa y gorra).

Con el tiempo el apelativo hacia ellos quedó en un simple ‘gorrón’, aunque el Diccionario de la RAE sigue manteniendo las siguientes acepciones para los tres anteriores: capigorrista y capigorra como ‘Hombre ocioso y vagabundo’ y capigorrón como ‘Que tenía órdenes menores y se mantenía así sin pasar a las mayores’ además de ‘Dicho de un hombre: Ocioso y vagabundo’.

La mayoría de expertos apuntan que del término ‘capigorrón’ acabó derivando el apelativo ‘gorrón’ para referirse a quien tiene por hábito comer, vivir, regalarse o divertirse a costa ajena.

Por otra parte, hay quien defiende que el término gorrón proviene también de esa misma época y de esos estudiantes sin recursos, pero no solo por el hecho de trabajar al servicio de sus compañeros adinerados, sino de colarse en banquetes y celebraciones de personas a quien no conocían y, siendo enormemente educados, hacían continuas reverencias con la gorra que portaban con todos con quienes se cruzaban, de este modo parecía que los conocían y que estaban invitados a tal evento.

Tampoco podemos olvidarnos de la costumbre de algunas personas de poner/pasar la gorra para que la gente le eche alguna moneda con la que subsistir, ya sea porque ha realizado una actuación callejera, ayudado a encontrar un sitio donde aparcar –los conocidos en muchos lugares como ‘gorrillas’– o simplemente para pedir una limosna.

 

 

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¿De dónde proviene el término ‘chanchullo’?

El curioso origen del término ‘chanchullo’

Conocemos como ‘chanchullo’ a aquel acto ilícito que se hace con intención de conseguir un fin, habitualmente lucrativo, como hacer algún tipo de negocio algo turbio. Un ejemplo de su uso en una expresión podría ser: ‘Fulanito se gana la vida haciendo chanchullos’.

El término chanchullo aparece por primera vez en el Diccionario de la Rae de 1853 dándole la acepción de ‘acción de mal género hecho de oculto, estafa y robo’.  El vocablo provenía de ‘chancha’ (Embuste, mentira, engaño. Incorporado en el Diccionario de Autoridades de 1729) y éste de ‘chanza’ (Dicho burlesco, festivo, y gracioso, a fin de recrear el ánimo u de ejercitar el ingenio. Que también fue incorporada por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1729). Aquel que habitualmente hablaba en broma (como los pícaros) era llamado ‘chancero’ (todavía en uso) Al que hace chanchullos se le conoce como chanchullero.

Y para encontrar el origen del término chanza debemos dirigirnos al italiano, ya que derivó del vocablo ‘ciancia’ de idéntico significado. Al italiano llegó desde el germánico ‘zänseln’ utilizado para referirse a aquel que habla con familiaridad.

 

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El sorprendente origen de ‘hacer la pelota’ como sinónimo de adular a alguien con el fin de conseguir algo

El sorprendente origen de ‘hacer la pelota’ como sinónimo de adular a alguien con el fin de conseguir algo

Estamos acostumbrados a utilizar a expresión ‘hacer la pelota’ (y sus múltiples variantes) para indicar que alguien está adulando a otra persona con unos claros fines interesados para conseguir algo o ganarse los favores de éste (dinero, un ascenso, un día de fiesta…).

Es bastante común encontrar en todas las oficinas o puestos de trabajo a alguien que adula desproporcionadamente a su superior y al que comúnmente se le conoce como pelota.

Lo curioso es el origen de la acción de hacer la pelota y que derivó en la expresión, ya que proviene de los ambientes de la prostitución callejera.

Antiguamente las prostitutas también eran conocidas con el término ‘pelota’ (y así lo recoge aún hoy en día el Diccionario de la RAE en su 8ª acepción), No se sabe a ciencia cierta por qué se les llamaba así, aunque parece ser que era porque las prostitutas iban pasando de mano en mano de los diferentes clientes.

Cuando una de estas ‘pelotas’ andaba a la búsqueda de un cliente adulaba a los viandantes que por allí pasaban, esperando que sus palabras lo convenciera y poder hacer un servicio sexual a cambio de unas monedas. También sabían que cuanto mayor fuera la lisonja que le hicieran, mayor sería el estado de satisfacción del usuario de sus servicios y mejor la retribución.

De ahí que al acto de adular a alguien, con intención de conseguir algo, acabara siendo denominado como ‘hacer la pelota’ en clara referencia a lo que hacían las prostitutas (pelotas) con los clientes.

 

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El curioso origen etimológico de la palabra murciélago

El curioso origen etimológico de la palabra murciélago Como bien sabréis, un murciélago es un quiróptero nocturno que se alimenta de insectos, habita normalmente en cuevas o lugares oscuros y que se coloca bocabajo colgado del techo. Es muy común que aparezcan en películas de terror y se le ha relacionado frecuentemente con el mito del vampirismo.

La palabra murciélago, tal y como la conocemos hoy en día, sufrió una metátesis, que es el cambio de algunas letras dentro de una palabra, ya que originariamente se le llamaba en castellano murciégalo. Esta forma es actualmente correcta y está recogida en el Diccionario de la RAE.

Para encontrar el significado y origen etimológico de murciégalo hemos de acudir al latín y está compuesto por las palabras mus que quiere decir literalmente ratón (en castellano lo transformamos en mur) y caecŭlus, cuyo significado es ciego, por lo tanto un murciélago era para los antiguos romanos un ratón ciego.

 

 

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¿De dónde surge llamar ‘free lance’ al profesional independiente que ofrece sus servicios?

¿De dónde surge llamar ‘free lance’ al profesional independiente que ofrece sus servicios?

Se utiliza comúnmente el término free lance para referirse a aquellos los profesionales independientes que realizan trabajos escritos o gráficos (habitualmente periodísticos) para posteriormente venderlos a los medios de comunicación, aunque hoy en día podemos comprobar que es usado para hacer referencia a casi cualquier trabajador autónomo que se dedica a realizar actividades laborales para diferentes empresas.

Es común ver el término escrito en una sola palabra (freelance) pero la RAE indica que debe escribirse separado y en cursiva (free lance), al tratarse de un extranjerismo crudo, y recomienda que mejor se utilice los vocablos ‘autónomo’, ‘trabajador independiente’ o ‘trabajador por libre’ para referirse a este tipo de trabajadores.

¿De dónde surge llamar ‘free lance’ al profesional independiente que ofrece sus servicios?El origen etimológico del término free lance lo encontramos en el inglés ‘freelancer’ cuya traducción es ‘lancero libre’ y hace referencia a los mercenarios (soldados independientes) que durante la Edad Media ofrecían sus servicios (gran habilidad en el uso de la lanza) a diferentes ejércitos en guerra (comúnmente ejércitos privados creados pro nobles y señores feudales) portando consigo sus propias armas (lanzas).

La primera constancia escrita que existe de la utilización de dicho término, para referirse a esos mercenarios, fue en el libro ‘The Life and Times of Hugh Miller’ de Thomas N. Brown publicado en 1809, aunque cabe destacar que son múltiples las referencias y fuentes que indican que fue Walter Scott en su famosísima novela ‘Ivanhoe’ escrita y publicada en 1820.

A partir de 1864 ya se utilizaba el término para referirse a los trabajadores independientes y en 1882 específicamente a los que realizaban trabajos periodísticos. El prestigioso ‘Oxford English Dictionary’ reconoció y recogió el término ‘freelance’, tal y lo conocemos hoy en día, en su edición de 1903.

 

 

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Post realizado a raíz de una sugerencia del amigo Daniel Fernández de Liz a través de Twitter.
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