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¿De dónde proviene la expresión ‘Eres un morral’ para insultar a alguien?

Expresiones como ‘Eres un morral’ o ‘este niño es un morral’ están prácticamente en desuso y ocasionalmente podemos escucharla pronunciar a alguna persona con bastante edad. Con ella se está tratando decir que alguien es una mala persona, no se comporta debidamente, va desaliñada e incluso que es ignorante y grosera. Antiguamente algunas abuelas se lo llamaban a sus nietos cuando estos se habían portado mal o habían hecho alguna trastada.

¿De dónde proviene la expresión ‘Eres un morral’ para insultar a alguien?

El ‘morral’ al que hacía referencia la expresión es el término con el que se conocía al saco en el que era introducido el pienso que se le daba de comer a algunos animales, el cual  llevaban, comúnmente, colgando de sus cabezas. También era el vocablo para denominar una especie de mochila (también en forma de macuto o saco) que algunas personas usaban para llevar sus provisiones (comida) o ropa y que era colgada generalmente de la espalda.

Pero la casualidad hizo que ese también fuera el apellido de un personaje que se hizo inmensamente popular a principios del siglo XX y, sobre todo, fuera señalado durante muchísimo tiempo (por parte de la sociedad) como el arquetipo de indeseable, criminal y granuja.

Se trata de Mateo Morral, un joven anarquista (nacido en Sabadell, Barcelona) quien el 31 de mayo de 1906 trató de asesinar al rey Alfonso XIII y a Victoria Eugenia de Battenberg el mismo día que contrajeron matrimonio, cuando estos se dirigían en una carroza hasta el Palacio Real (de Madrid) y, desde un balcón de la calle Mayor, les lanzó un ramo de flores que ocultaba una bomba. El monarca y su esposa salieron ilesos del intento de regicidio y el terrorista, aunque logró huir, fue atrapado dos días después cerca de Torrejón de Ardóz (la versión oficial dijo que se suicidó y las investigaciones recientes indican que fue asesinado por las fuerzas del orden).

Por tal motivo, el apellido ‘Morral’ quedó también vinculado, peyorativamente, para referirse a las personas con malas intenciones e incluso, hubo un tiempo en el que algunos progenitores o abuelos, tal y como he explicado en el primer párrafo, llamaban ‘morral’ a un niño cuando éste se portaba mal.

 

 

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El origen del término ‘rechinar’

Se conoce como ‘rechinar’ a la acción o sonido causado por el roce entre dos piezas (por ejemplo los dientes) y que produce un chirrido comúnmente desagradable.

El origen del término ‘rechinar’

Su etimología proviene de unir el prefijo ‘re’ (que en este caso se utiliza para denotar la reproducción o imitación del objeto designado o de alguna de sus propiedades) y el vocablo ‘china’ (en referencia a una piedra pequeña), siendo el significado literal de rechinar: ‘sonar como las chinas’, en clara alusión al sonido que se produce al rozarse entre sí las piedrecillas cuando son pisadas.

 

 

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¿De dónde surge llamar ‘chalado’ a alguien que no anda bien de la cabeza?

A través del perfil en Instagram de este blog (@yaestaellistoquetodolosabe2) me llega la consulta sobre el origen de llamar ‘chalado’ a alguien que no anda bien de la cabeza.

¿De dónde surge llamar ‘chalado’ a alguien que no anda bien de la cabeza?

El término chalado es habitual utilizarlo, de un modo más desenfadado que formal, para indicar que alguien no anda bien de la cabeza o está falto de juicio.

Su procedencia la encontramos en el idioma caló (la lengua hablada por el pueblo gitano) en la que el vocablo ‘chalar’ significa literalmente ‘ir’ (en referencia a la acción de desplazarse de un lugar a otro). Y fue a raíz de ese significado que comenzó a utilizarse para referirse a aquellas personas que estaban perdidamente (locamente) enamoradas de alguien, ya que a estas se les solía ‘ir la cabeza’ por culpa del amor pasional que sentían (‘estar ido‘).

No tardó en utilizarse en el castellano como uno más de lo muchos sinónimos del término ‘loco’ y fue incorporado al Diccionario de la RAE en 1884 con la acepción: ‘Alelado, falto de seso o juicio’ (la misma que hoy en día sigue teniendo).

De ahí surgieron otras variantes al uso del término, como ‘chaladura’,  la cual es habitual utilizar como clara referencia a un enamoramiento (recogida de ese modo por la RAE, a partir de 1983, además de significar ‘extravagancia’, ‘locura’ y ‘manía’).

 

 

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Cuando en los jardines se plantaba albahaca para despertar el deseo sexual de la persona amada

Científicamente está por demostrar el poder afrodisíaco de numerosos alimentos, especias y compuestos que se presentan como potenciadores de la libido y en los que, alrededor de éstos, hay más leyenda y mitos que demostraciones empíricas, soliendo influir a menudo en ello el efecto placebo o el efecto ‘a mí me funciona’ .

Cuando se plantaba albahaca en los jardines para despertar el deseo sexual

Una de las plantas a la que se le otorga un gran poder afrodisíaco es la albahaca y esa creencia nos viene de siglos atrás, cuando en la cultura musulmana se tenía el convencimiento de que era una planta que atraía el amor (o deseo sexual) gracias a su potente olor.

Por tal motivo muchas eran las casas en las que en su jardín se plantaban, o colocaban macetas en el alfeizar de la ventana, con el fin de atraer y retener a los amantes.

Pero otra de las razones eran las medicinales, debido a que con la albahaca se realizaban infinidad de medicinas y ungüentos, pues se tenía el convencimiento de que su olor penetraba en el cerebro y curaba la dolencia.

De hecho, el término albahaca proviene del árabe hispánico ‘al-ḥabáqa’ (ḥabáqa era el nombre genérico que le daban a todas las plantas medicinales).

La creencia de que eran plantas afrodisíacas fue tal que, incluso, durante muchísimos siglos estuvo prohibida su utilización en la cocina de los conventos religiosos e incluso plantar en sus jardines.

 

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¿De dónde surge llamar ‘tragaldabas’ a alguien que come vorazmente?

El término ‘tragaldabas’ ha sido utilizado durante mucho tiempo para referirse a aquellas personas tragonas y que suelen comer vorazmente (los que no dejan ni una miga en el plato), aunque cada vez es menos usada y sustituida por otros vocablos como puede ser tragón, comilón, zampón o glotón.

¿De dónde surge llamar ‘tragaldabas’ a alguien que come vorazmente?

Durante el periodo conocido como ‘Siglo de Oro’ (XVI y XVII) aparecen las primeras menciones a tragaldabas como sinónimo de persona tragona o con un hambre descomunal y nace de juntar los términos ‘tragar’ (acción de ingerir un alimento o líquido) y ‘aldaba’ (pieza de hierro colocada en las puertas que servía para llamar golpeando con ella).

El ingenio de los literatos del Siglo de Oro creó este curioso vocablo con la clara intención de señalas el hambre o buen apetito que tenía alguien y como clara alusión de que ‘se comería hasta las puertas’ (teniendo en cuenta que las aldabas eran de hierro y, normalmente, grandes).

En 1739 el Diccionario de Autoridades incorporó el término ‘tragaldabas’ con la acepción. ‘La persona que come mucho, ò es mui tragón’. Fue a partir del 1925 cuando en el Diccionario de la RAE se le modificó el significado por ‘Persona muy tragona’, que todavía sigue vigente en la actualidad.

 

 

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Destripando mitos: La ‘Casa Blanca’ no recibe ese nombre por haber sido pintada de ese color tras el incendio de 1814

Numerosas son las publicaciones que corretean por la red e incluso que se pueden encontrar en algunos libros (tanto de Historia como de educación) en los que se indica que el edificio del 1600 de la Avenida Pensilvania de Washington D.C., en el que trabaja y reside el Presidente de los Estados Unidos, recibe el nombre de ‘Casa Blanca’ debido a que tuvo que ser pintado de ese color tras el incendio que se produjo en agosto de 1814, por parte del soldados del ejército inglés, durante la guerra anglo-estadounidense (desde junio de 1812 a febrero de 1815).

Destripando mitos: La ‘Casa Blanca’ no recibe ese nombre por haber sido pintada de ese color tras el incendio de 1814

A causa del efecto devastador de las llamas, el edificio sufrió numerosos desperfectos y tuvo que ser rehabilitado y vuelto a pintar (de blanco). Pero ese color ya era el que tenía previamente, tal y como fue construido (las obras duraron entre 1790 y 1800) siendo encalado toda su fachada (por aquel entonces no se utilizaba pintura para el exterior de la edificaciones).

Consta en un documento datado el 18 de marzo de  1812 (dos años de que se produjese el mencionado incendio) una mención al edificio presidencial como ‘White House’ (Casa Blanca) por parte del congresista Abijah Bigelow, quien envió n dicha fecha una carta a un colega suyo explicándole novedades sobre su estancia en Washington, así como noticias de la vida política en la capital (faltaban tres meses para el inicio de la guerra anglo-estadounidense).

Varias son las iniciativas para que, en un gran número de libros de Historia e incluso entre los guías turísticos que trabajan en Washington, se corrija el error de atribuir a la quema y posterior rehabilitación del edificio el hecho de llamarse ‘Casa Blanca’, cuando en realidad se le empezó a denominar de ese modo desde un inicio, cuando finalizaron las obras de construcción en 1800.

Cabe destacar que fue en octubre de 1901 cuando el vigesimosexto presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, nombró oficialmente al edificio presidencial como ‘White House’. A este mandatario también se le debe la ampliación y construcción de la famosa ‘ala oeste’ en el que se encuentra el ‘despacho oval’, en el que, desde entonces, han trabajado y reunido todos los presidentes estadounidenses.

 

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El curioso origen del término ‘calma’

Se conoce como ‘calma’ a un estado o momento de quietud, paz y sosiego, pero, curiosamente, este término deriva etimológicamente de algo que nada tenía que ver con su actual definición: el calor sofocante o bochorno que hace en los días de verano.

El curioso origen del término ‘calma’

El vocablo llegó al castellano (está documentado hacia mediados del siglo XIII) desde el latín ‘cauma’ y a este desde el griego ‘kaûma’ (καῦμα) cuyo significado era ‘quemadura’ y/o ‘que está quemando’ (tras la unión de ‘kaio’,  quemar, y el sufijo ‘-ma’, utilizado para indicar el resultado de una acción).

Lo curioso es que el término ‘calma’ nos llegó a través de la náutica, como clara referencia a aquellos días de calor en los que el mar estaba tranquilo a causa de la falta de viento. Ese estado de tranquilidad fue lo que hizo que dicho vocablo acabase siendo utilizado como sinónimo de tranquilidad, paz, quietud, reposo, sosiego, placidez o apacibilidad. De ahí nace también expresiones tan comunes como ‘estar el mar en calma’ o ‘calma chicha’ (esta última, según el Diccionario de la RAE, significa: ‘Especialmente en la mar, completa quietud del aire’).

Como nota curiosa, indicar que aquellos remedios medicinales (ungüentos, pomadas…) que servían para apaciguar y rebajar el dolor que se sentía tras una quemadura, recibieron el nombre de ‘calmante’.

 

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Si en Japón gusta tanto el sexo ¿por qué pixelan los genitales en las películas pornográficas?

Se calcula que la industria del porno japonés produce anualmente más de 30.000 películas de alto contenido sexual, en las que se toca todo tipo de parafilias y fetichismos, no dejando ni un solo tema sin explotar. Pero, curiosamente, todas aquellas producciones que se realizan y comercializan desde Japón llevan una característica marca: los genitales aparecen pixelados (tanto de mujeres como de hombres).

Si en Japón gusta tanto el sexo ¿por qué pixelan los genitales en las películas pornográficas

Esto es algo que llama poderosamente la atención y más proviniendo de uno de los países en el que más pornografía se consume. (Te puede interesar leer el post: La curiosa y ancestral afición de Japón hacia la pornografía)

Hasta bien entrado el siglo XIX las ilustraciones pornográficas (llamadas Shunga) fueron ampliamente divulgadas. Eran dibujos de prácticas sexuales sin ningún tipo de censura. Pero todo cambió a partir de 1868 cuando se produjo la restauración de la Era Meiji, la cual destacó por un conservadurismo social, político y religioso de la sociedad japonesa, a la vez que el país intentaba su occidentalización.

Un halo de puritanismo gubernamental provocó que, a pesar de estar tan arraigada la sexualidad en la sociedad japonesa, disminuyera drásticamente las publicaciones y quedase todo lo relacionado con el sexo en un entorno más privado.

Todo lo que tenía que ver con la visión de los genitales se consideraba impúdico e incluso se prohibía exhibir alguna imagen en la que se pudiera ver el vello púbico. Ello era recogido en el polémico artículo 175 del código penal japonés por el cual marcaba aquello que era considerado como obsceno.

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, Japón sufrió una serie de transformaciones hacia la modernización del país, pero aquellas siete últimas décadas de represión habían hecho mella en la sociedad nipona y por muy dados a la pornografía de los ciudadanos, estos han seguido teniendo en vigor el mencionado artículo 175 y, por tanto, viendo como algo impúdico la exhibición de genitales y vello púbico, de ahí que a pesar de seguir consumiendo gran cantidad de material pornográfico siguen censurándolo (hace unas décadas con un punto negro y ahora a través de pixeles).

Eso sí, hay una industria pirata y paralela que produce en Japón material pornográfico para ser comercializado en occidente y que no utiliza el pixelado genital. También cabe destacar que hoy en día existen una serie de programas y aplicaciones móviles que hacen desaparecer el pixel de una imagen censurada.

 

 

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La curiosa y ancestral afición de Japón hacia la pornografía

El País del Sol Naciente es sin ninguna duda donde más material pornográfico se consume (y genera) de todo el planeta y el lugar en el que más fetichistas sexuales se pueden encontrar por metro cuadrado.

La curiosa y ancestral afición de Japón hacia la pornografía

De prácticamente todo se hace alguna variante pornográfica en Japón, existiendo un mercado que genera miles de millones de yenes anualmente.

Pero así como la llegada de internet benefició el negocio sexual japonés, cabe destacar que la afición de los nipones por el sexo viene de muy lejos e innumerables son las ilustraciones y relieves que hoy en día perduran que provienen de hace más de quince siglos en los que se muestran ancestrales costumbres sexuales.

Dibujos, conocidos como ‘Shunga’, mostrando todo tipo de prácticas y representaciones sexuales entre señores feudales y alguna ‘Oiran’ (como se conoce a las prostitutas de cierto rango en Japón) fueron muy populares en el país durante el Periodo Edo (entre los siglos XVII y XIX).

Cabe destacar que, comúnmente, en occidente suele utilizarse el término ‘Geisha’ de forma errónea para referirse a cierto tipo de prostituta japonesa, pero en realidad se trata de mujeres jóvenes que se dedican únicamente al entretenimiento (cantando, bailando, recitando…) y que nada tienen que ver con el comercio sexual.

 

 

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El curioso e histórico origen del término ‘hecatombe’

Se conoce como ‘hecatombe’ a una catástrofe, desgracia, calamidad o desastre de grandes dimensiones, pero, originalmente, el sentido con el que se utilizaba dicho vocablo era muy diferente.

El curioso e histórico origen del término ‘hecatombe’

En la Antigua Grecia, tras la llegada del solsticio de verano (hoy en día se situaría entre finales de junio y principios de julio) se realizaba unas fastuosas ceremonias en honor de Apolo y Atenea (dos de las principales deidades de la mitología griega). Dentro de los múltiples homenajes que se les hacía sobresalía un ritual conocido como ‘hekatómbē’ y en el que se llevaba a cabo el sacrificio de un centenar de bueyes, como forma de expiación de todos los males, culpas y desdichas que se había estado padeciendo a lo largo del año, tanto a nivel colectivo como individual (algo muy similar a lo realizado por el pueblo judío con la tradición del ‘chivo expiatorio’).

De ahí que a lo largo de todo un mes fueran múltiples y numerosos los sacrificios de reses que se realizaban, ya fuese por personas particulares o clanes familiares (o de intereses en común).

De ahí que a aquel periodo de tiempo (de un mes de duración), en el que se realizaba los mencionados sacrificios, durante el periodo en el que se homenajeaba a las deidades de Apolo y Atenea, acabase siendo denominado con el nombre de ‘hecatombeón’.

Y es que el significado del término ‘hekatómbē’ era literalmente ‘sacrificio de cien bueyes’ (aunque también se le dio la acepción ‘sacrificio de cien reses vacunas’).

Con el paso del tiempo, al hecho de tener que ofrendar a los dioses a ese elevado número de bueyes fue adquiriendo la connotación de catástrofe, ya que no todo el mundo podía permitirse perder esa gran cantidad de animales y el tenerlos que sacrificar les suponía una importante pérdida económica que acababa convirtiéndose en una auténtica desgracia de grandes dimensiones.

 

 

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