Entradas etiquetadas como ‘Antigua Grecia’

La discutida etimología del término ‘clítoris’

Se conoce como clítoris al pequeño y carnoso órgano que sobresale sobre la vulva femenina y que está considerado como uno de los puntos que mayor placer sexual puede proporcionar a muchas mujeres (no todas se consideran ‘clitorianas’).

La discutida etimología del término ‘clítoris’

Se sabe que el término clítoris proviene del griego y más concretamente del vocablo ‘kleitorís’ (κλειτορίς) pero en lo que no se ponen de acuerdo los expertos y lingüistas es sobre el origen etimológico del mencionado término kleitorís.

De un lado nos encontramos con quienes defienden que proviene de la palabra ‘kleis’, que significa ‘llave’; debido a que en la Antigua Grecia se tenía el convencimiento que esa pequeña parte de la anatomía femenina era la llave que abría las puertas del placer.

Por otra parte están los que señalan que deriva de ‘kleitýs’, vocablo con el que se designaba a las colinas, pues dicha protuberancia recordaba a la elevación redondeada del terreno semejante a un montículo.

 

 

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¿Por qué el sexo anal también es conocido con el término ‘griego’?

Dentro de la amplia nomenclatura que existe para referirse de un modo no explícito a las diferentes posturas y prácticas sexuales (hacer una cubana, echar un polvo, practicar el francés…) nos encontramos que para el sexo anal se utiliza el término ‘griego’.

¿Por qué el sexo anal también es conocido con el término ‘griego’?

Muchos son quienes señalan que el origen de llamarlo de ese modo proviene de la Antigua Grecia, época en la que las prácticas homosexuales estaban permitidas durante los tiempos de guerra (como es el caso del conocido como ‘Batallón Sagrado de Tebas’).

Pero el término griego (como referencia al coito anal) no solo se refiere al realizado por homosexuales, sino también al practicado por cualquier pareja siendo la persona pasiva (penetrada) tanto hombre como mujer.

Y aunque la referencia del gentilicio de Grecia tiene mucho que ver con las ancestrales prácticas sexuales de los helenos, cabe destacar que el término ‘griego’ para referirse al sexo anal no comenzó a ser utilizado hasta a última mitad del siglo XIX cuando en algunos sofisticados burdeles (algunas fuentes indican que eran parisinos) los adinerados clientes deseaban penetrar analmente a la prostituta (o prostituto, evidentemente) y para referirse a ello sin sonar soeces se comenzó a utilizar ese término en referencia a la mencionado forma de tener sexo en la Antigua Grecia.

También hay quien indica que estos establecimientos estaban decorados con cuadros en los que se representaban diferentes posturas sexuales y civilizaciones siendo el que correspondía a los griegos uno de los señalados por los clientes para indicar cuál era el servicio que deseaba recibir.

 

 

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El curioso e histórico origen del término ‘hecatombe’

Se conoce como ‘hecatombe’ a una catástrofe, desgracia, calamidad o desastre de grandes dimensiones, pero, originalmente, el sentido con el que se utilizaba dicho vocablo era muy diferente.

El curioso e histórico origen del término ‘hecatombe’

En la Antigua Grecia, tras la llegada del solsticio de verano (hoy en día se situaría entre finales de junio y principios de julio) se realizaba unas fastuosas ceremonias en honor de Apolo y Atenea (dos de las principales deidades de la mitología griega). Dentro de los múltiples homenajes que se les hacía sobresalía un ritual conocido como ‘hekatómbē’ y en el que se llevaba a cabo el sacrificio de un centenar de bueyes, como forma de expiación de todos los males, culpas y desdichas que se había estado padeciendo a lo largo del año, tanto a nivel colectivo como individual (algo muy similar a lo realizado por el pueblo judío con la tradición del ‘chivo expiatorio’).

De ahí que a lo largo de todo un mes fueran múltiples y numerosos los sacrificios de reses que se realizaban, ya fuese por personas particulares o clanes familiares (o de intereses en común).

De ahí que a aquel periodo de tiempo (de un mes de duración), en el que se realizaba los mencionados sacrificios, durante el periodo en el que se homenajeaba a las deidades de Apolo y Atenea, acabase siendo denominado con el nombre de ‘hecatombeón’.

Y es que el significado del término ‘hekatómbē’ era literalmente ‘sacrificio de cien bueyes’ (aunque también se le dio la acepción ‘sacrificio de cien reses vacunas’).

Con el paso del tiempo, al hecho de tener que ofrendar a los dioses a ese elevado número de bueyes fue adquiriendo la connotación de catástrofe, ya que no todo el mundo podía permitirse perder esa gran cantidad de animales y el tenerlos que sacrificar les suponía una importante pérdida económica que acababa convirtiéndose en una auténtica desgracia de grandes dimensiones.

 

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

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El curioso motivo por el que llamamos ‘ático’ al último piso de un edificio

Muchos son los edificios en el que las diferentes alturas de los pisos se nombran de manera numeral (primer piso, segunda planta…) pero que al llegar al último a ese se le denomina como ‘ático’ (e incluso en algunos hay hasta sobreático).

El curioso motivo por el que llamamos ‘ático’ al último piso de un edificio

El motivo de llamarlos de ese modo no es moderno ni se originó con la construcción de los edificios de varias plantas sino que nos lleva hasta ‘Ática’, región montañosa del sur de Grecia situada en la parte más alta del país (en la que se encuentra Atenas) y que durante la Antigua Grecia tuvo una gran relevancia.

Pero fueron los antiguos romanos quienes empezaron a denominar con el término latino ‘attĭcus’ al punto más alto de algún lugar (entre ellas las edificaciones) en clara referencia al griego Attikós.

 

 

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¿De dónde surge la expresión ‘el perro de Alcibíades’?

A través de la página en Facebook de este blog, Jesús Ramirez me hace llegar un mensaje en el que me consulta sobre la procedencia de la expresión ‘el perro de Alcibíades’ y me cuenta cómo su padre suele pronunciarla a menudo para referirse a las maniobras de distracción que hacen algunos políticos cuando se les pregunta sobre alguna cuestión y quieren fijar la atención en otro tema.

Y es que el significado de este modismo (que comienza a estar algo en desuso) es precisamente ese, el intentar desviar la atención sobre un asunto del que no conviene hablar y que se hable de otros mucho más superfluos y livianos.

¿De dónde surge la expresión ‘el perro de Alcibíades’?

Según los cronistas, la expresión surge de una anécdota acontecida en la Antigua Grecia protagonizada por el militar ateniense Alcibíades Clinias Escambónidas  (siglo V a.C.).

Alcibíades destacó por ser un gran estadista y estratega militar pero también por ir cambiando de bando según le iba interesando (traicionó a los atenienses con los espartanos y a éstos con los persas).

No se sabe a ciencia cierta el momento exacto en el que se produjo la anécdota que dio origen a la expresión (o si ésta realmente ocurrió), pero según cuentan la inmensa mayoría de cronistas (cada uno con una versión diferente) en cierta ocasión Alcibíades compró un perro por el que pagó una importante suma de dinero y acto seguido mandó cortarle el rabo (que era una de las peculiaridades más llamativas del can).

Parece ser que dicho acto lo hizo para que en el consejo (otras versiones cuentan que lo ciudadanos) no hablasen de las corrupciones de su gobierno y estuviesen entretenidos criticando la acción de haberle cortado el rabo al pobre perro.

 

 

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¿Sabías que en la antigüedad creían que la capacidad de pensar no se encontraba en el cerebro sino en el corazón?

El cerebro es posiblemente la estructura más compleja de nuestro organismo y del que todavía no se conoce totalmente todas sus funciones y capacidades. Sabemos que es el encargado de transmitir una serie de mensajes al resto de nuestros órganos (a través de múltiples y diversos estímulos)  y que es el responsable de hacernos razonar, pensar y recordar.

¿Sabías que en la antigüedad crecían que la capacidad de pensar no se encontraba en el cerebro sino en el corazón?

Y es precisamente a partir de esta última función (tirando del hilo de su etimología) de lo que quiero hablar hoy en este post.

Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón [Eduardo Galeano]Tal y como decía Eduardo Galeano en su famosa y multicompartida cita: ‘Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón’. No le faltaba razón al célebre escritor uruguayo, debido a que ese es el origen exacto de dicho término, pero debo hace una puntualización sobre el mismo.

En la antigüedad (en las civilizaciones como la Antigua Roma y Grecia) se tenía el convencimiento de que el órgano encargado de hacernos pensar, sentir y recordar estaba situado en el pecho, o sea, era el corazón y no el cerebro.

Por tal motivo existen tantos vocablos que hacen referencia al corazón, entre ellos ‘recordar’. Pero el sentido original del mismo para referirse al acto de evocar algo ya sucedido no lo implicaban como un sentimiento sino como algo que provenía de la mente (situada, según los antiguos, en el pecho). Así pues, ese ‘volver a pasar por el corazón’ que alude la etimología del término recordar/recuerdo a lo que hacía alusión original y realmente era a ‘volver a pasar por la mente’, la cual se encontraba en el corazón.

Otras palabras como ‘acordar’, ‘desacuerdo’, ‘concordia’, ‘discordia’, ‘cordialidad’ o ‘concordato’ provienen de la misma raíz ‘cordis’ (corazón).

 

 

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¿Desde cuándo y por qué celebramos los cumpleaños?

La inmensa mayoría de historiadores concuerdan en datar el origen de realizar una celebración alrededor de un cumpleaños aproximadamente en el año 3000 a.C., señalando a los egipcios como los precursores de dicha tradición, aunque originalmente lo que se celebraba no era cada año de vida que cumplía una persona sino que se contaba desde el momento en que un faraón era coronado. A partir de ahí cada año se realizaba una conmemoración la cual tenía una simbología mística y ocultista. Coincidiendo con el aniversario se concedía fiesta a todos los trabajadores y se realizaban unas faustas celebraciones que giraban alrededor de la figura del faraón y que se realizaban con el objetivo de desearle al soberano prosperidad, una larga vida y ahuyentar de él los malos espíritus, debido a que existía la convicción de que la muerte acudía en tal fecha para robarle el alma.

¿Desde cuándo y por qué celebramos los cumpleaños?

Según fueron transcurriendo los siglos otros pueblos y culturas tomaron la costumbre de celebrar algún tipo de anualidad o aniversario (muchos por el carácter astrológico que la ceremonia adquiría). Babilonios y antiguos griegos ampliaron las celebraciones a sus deidades, homenajeando a éstas e iniciando la tradición de servir una tarta (en esos tiempos torta a base de harina, cereales y miel) que debía ser redonda como la Luna, ante la creencia de que ese satélite era uno de los que más influencia tenía en sus vidas. Fueron los griegos los que también añadieron unos cirios (velas) alrededor de la mencionada torta, los cuales no se soplaban como hay en día es tradición sino que se debía dejar consumir por si solas. Cuanto más tardase en apagarse más prosperidad para esa deidad y sus súbditos.

Una de las deidades a quien más se veneró de ese modo fue a Artemisa (hija de Zeus y Leto y hermana de Apolo) y diosa en la mitología griega, entre otras muchas cosas, de los nacimientos. Posiblemente ese fue el punto en el que las celebraciones por cumplir años se trasladase también a parte de la población, pero sobre todo al llegar a la Antigua Roma, donde los romanos comenzaron a celebrar la fecha de nacimiento de sus emperadores y se amplió con el tiempo a cónsules, senadores (solo a varones)…

Cabe destacar que la aparición del Cristianismo hizo que se considerada como una tradición pagana y no se permitiera la celebración del cumpleaños, sino que lo que esa nueva religión conmemoraba (en sus orígenes) era los aniversarios de la fecha de fallecimiento de Jesucristo, los Apóstoles, Santos y Mártires  (de ahí que actualmente haya algunas religiones que prohíben la celebración del cumpleaños, como es el caso de los Testigos de Jehová).

Cuando en el siglo IV se inició la cristianización de la sociedad romana por parte del emperador Constantino el Grande y el papa Julio I se dieron cuenta que no solo bastaba con sustituir una fiesta pagana por una cristiana sino que también debían hacer concesiones y entre ellas estuvo el admitir la celebración de los años desde el nacimiento, porque de ese pudieron introducir una nueva festividad que fue la Navidad o nacimiento de Jesús (en un principio se celebraba el 6 de enero –coincidiendo con la Epifanía de los Reyes Magos– y posteriormente lo trasladaron al 25 de diciembre, aunque está demostrado que tal fecha no coincide históricamente con el natalicio del Mesías).

La evangelización de los pueblos de Centroeuropa durante la Edad Media llevó consigo las tradiciones cristianas y entre ellas ya se encontraba la celebración del cumpleaños y fue en lo que hoy en día conocemos como Alemania donde en lugar de poner los cirios alrededor de la torta se colocaron dentro de la misma y empezó la costumbre de apagar las velas soplando (sobre todo porque si se dejaban consumir la cera estropearía el dulce).

La tradición de celebrar los cumpleaños fue adaptándose y actualizándose a los nuevos tiempos según iban transcurriendo los siglos, incorporándose costumbres de otros pueblos (como el tirar de las orejas, originario de Oriente) o cantar al homenajeado. Eso sí, para un gran número de personas el celebrar su cumpleaños y toda la parafernalia que le acompaña es considerado como un acto de superstición (el hecho de pensar un deseo antes de soplar las velas y si éste se le concederá o no dependiendo de si las apaga de un solo soplido).

 

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El curioso e histórico motivo de llamar ‘púgil’ a un boxeador

El curioso e histórico motivo de llamar ‘púgil’ a un boxeador

El boxeo es un deporte que consiste en la pelea entre dos contrincantes quienes utilizan únicamente sus puños para golpear.

Esta disciplina deportiva, tal y como la conocemos hoy en día, se comenzó a popularizar en Inglaterra hacia finales del siglo XVII, donde los miembros de las clases altas iban a contemplar cómo se peleaban a puñetazo limpio dos contendientes (que solían ser de las clases más bajas de la sociedad y era un modo de ganar unas monedas). Se puso tan de moda que incluso muchos de esos refinados caballeros ingleses se aficionaron a combatir ellos también.

El nombre de esta disciplina deportiva (boxeo) es la españolización del término inglés boxing, formado por box (caja) y el sufijo –ing con el cual se indica que el mismo se desarrolla dentro de un cuadrado –con forma de caja- y que en castellano llamamos comúnmente como ‘cuadrilátero’.

Pero al boxeo, en castellano, también se le conoce como ‘pugilismo’, aunque ambas están admitidas por igual por el Diccionario de la RAE.

Pero el hecho de llamar ‘púgil’ (e incluso ‘pugilista‘) a un boxeador es muchísimo más antigua que el vocablo inglés.

De hecho, púgil proviene del término en latín ‘pugilĭlis’ y cuyo significado literal es ‘el que utiliza los puños’ (pugil significa puño).

Y es que ya en la Antigua Roma (e Incluso en los JJOO de la Antigua Grecia) podemos encontrar a gladiadores que combatían únicamente con los puños (muy alejados a la imagen del luchador que participaba en los juegos en el coliseo o circo y lo hacía provisto de armas, redes y escudos).

Y es que a pesar de que el boxeo (o pugilismo) lo conozcamos en su fase moderna de hace poco más de trescientos años, debemos tener en cuenta que hay antiquísimos grabados de hace alrededor del año 5.000 a.C. en los que se muestran a luchadores peleando con sus puños.

El término púgil comenzó a ser utilizado en la Antigua Roma para referirse a los mencionados gladiadores que luchaban a puñetazo limpio y aunque en nuestro idioma ya se utilizaba mucho antes de la aparición del vocablo inglés bóxer (boxeador) fue este neologismo el que acabó imponiéndose en el lenguaje coloquial.

 

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El curioso e histórico motivo por el que los diamantes se pesan en quilates

El curioso e histórico motivo por el que los diamantes se pesan en quilates

Cuando se habla de joyas, estamos habituados a escuchar decir que cierta piedra tiene equis quilates lo cual le confiera mayor o menor valor.

Se conoce como ‘quilate’ al término que describe la masa de piedras preciosas, gemas y perlas.

Dicho vocablo llegó al castellano desde el árabe ‘qiráṭ’ (de idéntico significado) y éste provino de griego ‘κεράτιον’ (kerátion) que significaba ‘algarroba’.

Y es que en la Antigua Grecia se dieron cuenta que las semillas del algarrobo tenía una peculiaridad: todas eran asimétricas y tenían un mismo peso, por lo que no se tardó en crear una medida de peso en la que una semilla de algarroba pesaba 200 miligramos.

Por tanto, los tan nombrados diamantes de 24 quilates pesan en total 4,8 gramos (más la estructura en la que vaya insertado, evidentemente).

Cabe destacar que, cuando nos referimos a las piedras preciosas, el símbolo de quilate se escribe ‘cq’ y nunca ‘k’, ya que este está reservado para determinar los quilates de pureza del oro pues el símbolo proviene del término ‘katharótita’ que significa pureza.

Muchas son las personas que están convencidas de que el vocablo quilate proviene de kilo, motivo por el que escriben el término en la forma ‘kilate’, pero nada tiene que ver (tal y como os explicado unos párrafos arriba) por lo que eta grafía es incorrecta y no está aceptada por la RAE.

 

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El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

Suele utilizarse el término ‘mamotreto’ para referirse a algo (armatoste) que resulta un estorbo debido a su gran tamaño y peso, además de la poca utilidad que se le puede dar (habitualmente a cierto tipos de libros muy voluminosos pero insustanciales en su contenido). Algunos ejemplos de expresiones en los que se puede usar este vocablo son: ‘A ver cuándo me quitas este mamotreto de enmedio que no nos podemos ni mover’, ‘El último libro que me he comprado además de aburrido es un mamotreto que no me cabe en ningún estante del mueble’.

En su origen este término nada tenía que ver con objetos o libros sino con personas: aquellos niños que crecían grandes y rollizos. Y es que se tenía la convicción de que este tipo de niños salían así porque habían sido criados por sus abuelas o, mejor dicho, malcriados, pues se creía que aquellas que se ocupaban a la crianza de sus nietos les daban excesivamente de comer (de ahí que estuvieran regordetes) y les permitían todo tipo de caprichos (por lo que solían salir bastante vagos e inservibles para cierto tipo de labores cuando se hacían adultos).

Durante la Edad Media hubo una gran producción literaria en la que se escribieron libros que tenían una larga extensión y eran de gran volumen, motivo por el que se les acabó llamando mamotreto.

Este término se acuñó en la Antigua Grecia a raíz del vocablo ‘mammóthreptos’ (μαμμόθρεπτος) cuyo significado literal era ‘criado/alimentado por su abuela’ (mámme: abuela – thretos: criar). De ahí pasó al latín tardío ‘mammothreptus’ y posteriormente se extendió a otros idiomas con influencia latina.

En castellano la palabra mamotreto se registró por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1734 y donde se le dio como única acepción a este término: ‘El libro o quaderno que sirve para apuntar y annotar las cosas, que se necessitan tener presentes para ordenarlas después’.

 

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de Autoridades de 1734 / Fundeu / etimologias.dechile / Rae
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