Entradas etiquetadas como ‘Antigua Roma’

¿De dónde proviene decir que un asunto de poca importancia es ‘trivial’?

El término ‘trivial’ es utilizado para referirse a que un asunto es de escasa importancia. Proviene etimológicamente del latín ‘triviālis’, de igual significado, que procedía de ‘trivium’ y cuyo sentido era ‘tres vías’, como clara referencia de aquellos puntos en los que había una encrucijada (o sea, que se cruzaban varios caminos).

¿De dónde proviene decir que un asunto de poca importancia es ‘trivial’?

Era común que en esos cruces se dispusiesen de algún tipo de establecimiento u hospedaje en el que los viajeros paraban a descansar, comer… A menudo esas encrucijadas se convertían en puntos de encuentro entre diferentes personas (cada una procedente de un lugar).

Esos viajeros entablaban distendidas conversaciones mientras descansaban y era el carácter insustancial e insignificante de esas charlas lo que dio origen a que a aquel punto de encuentro (trívium) se le adjudicase el término ‘triviālis’ para hacer referencia a los asuntos que carecen de importancia.

Como último apunte, también cabe destacar que conocemos como ‘Trivial’ (Trivial Pursuit) a un famosísimo juego de mesa que consiste en preguntas y respuestas (de vez en cuando os traigo algún post a este blog con cuestionarios para calibrar cuánto sabéis de un tema).

 

 

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¿Sabías que originalmente el término ‘lujuria’ nada tenía que ver con el sexo?

Se conoce como lujuria al ‘deseo excesivo del placer sexual’, tal y como lo describe el diccionario de la RAE (además de añadir como segunda acepción: ‘Exceso o demasía en algunas cosas’).

¿Sabías que originalmente el término ‘lujuria’ nada tenía que ver con el sexo?

Etimológicamente el término proviene del latín ‘luxuria’ cuyo significado original era ‘lujo desmedido’ y ‘derroche excesivo’, pero nada tenía que ver con connotación alguna relacionada con el sexo.

Luxuria provenía de ‘luxus’ (lujo) y de ahí que todo lujo desmedido (sobre todo el de las personas poderosas de la Antigua Roma) fuese calificado de ese modo.

Fue con la llegada del cristianismo a los estamentos gubernamentales romanos (a partir del siglo IV) cuando se modificó el término para referirse a todo tipo de derroche desmedido realizado por los más ricos, comparando estos excesos con los vicios y perversiones sexuales llevadas a cabo por quienes más poder y dinero tenían.

De ahí que se modificara la acepción del vocablo dando lugar el significado de lujuria como ‘desenfreno sexual’ y aquellas personas dadas a la entrega desmedida de los placeres carnales se les comenzó a conocer como ‘lujuriosas’.

 

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‘Bordiona’, el término en desuso con el que se conocía a cierto tipo de prostitutas en el Medievo

Posiblemente, de la gran cantidad de vocablos que existen para referirse a una prostituta, el de ‘bordiona’ quizá no lo hayas escuchado nunca. Y es que este antiquísimo término lleva en desuso mucho tiempo pero fue frecuente su uso durante la Edad Media.

‘Bordiona’, el término en desuso con el que se conocía a cierto tipo de prostitutas en el Medievo

La bordiona era la prostituta que ejercía en un burdel y de ahí su etimología. Pero, ojo, si acudes al diccionario de la RAE (dependiendo de la edición) podrás encontrar que los más recientes (a partir de 1992) dan como origen al término bordiona el vocablo ‘borde’.

Pero que ello no te lleve a confusión, ya que esa locución borde a la que se refiere es la misma palabra que nos llegó del occitano y provenía del término latino ‘burdus’ del que nacieron vocablos como burdel (lugar donde se ejerce la prostitución), borde (en referencia a la persona antipática, no al extremo de una cosa) o burdo (algo basto o grosero).

Cabe destacar que el término ‘burdus’ se utilizaba en la Antigua Roma para referirse a los bastardos (hijos nacidos fuera del matrimonio) y a aquellas plantas que brotaban sin haber sido cultivadas o injertadas.

 

 

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¿De dónde surge llamar ‘tosco’ a alguien de escasa educación o refinamiento?

En la Antigua Roma numerosos fueron los pueblos y culturas que migraron hasta la que se convirtió en la próspera capital del imperio. Muchos eran los barrios que se crearon y poblaron con esos nuevos habitantes y uno de ellos fue el denominado ‘Vicus tuscus’ (cuya traducción literal era ‘Barrio etrusco’).

¿De dónde surge llamar ‘tosco’ a alguien de escasa educación o refinamiento?

El Vicus tuscus se convirtió en un lugar de obligado paso para muchísimas personas que iban desde el Foro Romano hasta el Circo Máximo los días que se realizaban espectáculos o sacrificios, por lo que aparecieron todo tipo de negocios callejeros, entre los que se encontraba la prostitución masculina (que, según el escritor romano Tito Maccio Plauto, se ejerció en aquellas calles).

Esto propició que el barrio etrusco (Vicus tuscus) fuese frecuentado por todo tipo de personas pero, especialmente, de las clases más bajas, por lo que no se tardó en generalizar y nombrar a aquel tipo de hombres con el topónimo del barrio: ‘tuscus’ (toscos).

 

 

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El curioso e histórico origen etimológico del término ‘pabellón’

El curioso e histórico origen etimológico del término ‘pabellón’

Conocemos como ‘pabellón’ a la edificación (generalmente aislada) que forma parte de un conjunto de edificios (pabellón contiguo, pabellón de deportes, pabellón psiquiátrico…).

El término llegó al castellano desde el francés medieval ‘paveillon’ (cuyo significado era ‘tienda de campaña’) y este provenía del latín ‘papilio’, vocablo utilizado en la Antigua Roma para referirse a las mariposas y que con el tiempo se utilizó como referencia a cierto tipo de carpas utilizadas por las legiones romanas que era el lugar donde se realizaban las reuniones de los mandos militares (generales).

El curioso e histórico origen etimológico del término ‘pabellón’Esas tiendas de campaña no eran las típicas cerradas que servían para dormir o descansar sino que consistían en una estructura central de la que salían la tela (hacia cada lado) que hacía de techo las cuales recordaban por su forma las alas de una mariposa.

De ahí que a ese tipo de tienda comenzara a designarse como ‘papilio’ (mariposa) quedando el término, con el paso de los siglos con dicha definición.

Con el transcurrir del tiempo esos papilios (pabellones en castellano) en los que se trataban los asuntos de la guerra se iban realizando con estructuras cada vez más sofisticadas (guerras de la Edad Media, las Cruzadas…) por lo que acabaron siendo, en muchas ocasiones, auténticas obras arquitectónicas.

De ahí que el término pabellón acabase siendo utilizado para referirse a edificaciones tan diferentes destinadas a diversos servicios (deportivo, médico, almacenaje…)

 

 

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¿Sabías que en la antigüedad creían que la capacidad de pensar no se encontraba en el cerebro sino en el corazón?

El cerebro es posiblemente la estructura más compleja de nuestro organismo y del que todavía no se conoce totalmente todas sus funciones y capacidades. Sabemos que es el encargado de transmitir una serie de mensajes al resto de nuestros órganos (a través de múltiples y diversos estímulos)  y que es el responsable de hacernos razonar, pensar y recordar.

¿Sabías que en la antigüedad crecían que la capacidad de pensar no se encontraba en el cerebro sino en el corazón?

Y es precisamente a partir de esta última función (tirando del hilo de su etimología) de lo que quiero hablar hoy en este post.

Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón [Eduardo Galeano]Tal y como decía Eduardo Galeano en su famosa y multicompartida cita: ‘Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón’. No le faltaba razón al célebre escritor uruguayo, debido a que ese es el origen exacto de dicho término, pero debo hace una puntualización sobre el mismo.

En la antigüedad (en las civilizaciones como la Antigua Roma y Grecia) se tenía el convencimiento de que el órgano encargado de hacernos pensar, sentir y recordar estaba situado en el pecho, o sea, era el corazón y no el cerebro.

Por tal motivo existen tantos vocablos que hacen referencia al corazón, entre ellos ‘recordar’. Pero el sentido original del mismo para referirse al acto de evocar algo ya sucedido no lo implicaban como un sentimiento sino como algo que provenía de la mente (situada, según los antiguos, en el pecho). Así pues, ese ‘volver a pasar por el corazón’ que alude la etimología del término recordar/recuerdo a lo que hacía alusión original y realmente era a ‘volver a pasar por la mente’, la cual se encontraba en el corazón.

Otras palabras como ‘acordar’, ‘desacuerdo’, ‘concordia’, ‘discordia’, ‘cordialidad’ o ‘concordato’ provienen de la misma raíz ‘cordis’ (corazón).

 

 

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¿Cuál es el origen del término ‘asesor’?

Usamos el término asesor para referirnos a aquella persona que se dedica (profesionalmente) a dar consejo a alguien sobre un asunto (ya sea legal, financiero, amoroso…).

¿Cuál es el origen del término ‘asesor’?

El origen del vocablo lo encontramos en tiempos de la Antigua Roma debido a que ya entonces se creó la figura del consultor que en cualquier asunto (normalmente legal o comercial) se sentaba junto a su cliente y le aconsejaba sobre qué decisión tomar (incluso muchos eran los magistrados que consultaban a un experto antes de dictar un veredicto).

Y es justamente al hecho de sentarse junto a alguien para dar su opinión y consejo lo que originó el término ya que éste proviene del latín ‘assessor’ (el que asiste) y a su vez de ‘assidēre’ cuyo significado literal es ‘sentado junto a’.

 

 

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¿Por qué el término salario es sinónimo de sueldo?

Hay numerosos términos para referirse a la retribución que percibe una persona en concepto de pago por un trabajo realizado: sueldo, jornal, paga, remuneración, mensualidad, emolumento, nomina, estipendio, haberes, honorarios o salario.

¿Por qué el término salario es sinónimo de sueldo? El término salario tiene su origen en la Antigua Roma y más concretamente de la ‘Vía Salaria’, un camino (calzada) que partía desde Roma hacia la población de Castrum Truentinum, a orillas del Mar Adriático. Dicho camino recibía este nombre debido a que era la ruta por la que se llevaba los cargamentos de sal.

Tanto a los soldados encargados de custodiar dicha Vía Salaria, como a los trabajadores  que la trasportaban, se les pagaba con sal, y de ahí que la retribución que percibían recibiese el nombre de ‘salarium’, el cual derivó al castellanizado salario.

Cabe destacar que la sal, por aquellos tiempos, era considerada como el oro blanco’, gracias al  gran valor y utilidad que se le daba: con la sal se conservaban los alimentos (debido a que no existían los frigoríficos y por tanto los alimentos se estropeaban antes). También era un perfecto antiséptico con el que curar las heridas.

Una importante parte de la economía, tratos y negocios de la época se basaba en el trueque, y con la sal recibida como sueldo, se podía ir al mercado y pagar la compra de alimentos, ropas…

Por cierto, el término ‘sueldo’ proviene de la palabra latina ‘solĭdus’, una antigua moneda de oro que comúnmente valía 25 denarios.

 

 

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¿De dónde surge el famoso refrán ‘En martes, ni te cases ni te embarques’?

Un refrán que lleva toda nuestra vida acompañándonos es aquel que dice ‘En martes, ni te cases ni te embarques’ que venía a ser una advertencia sobre el segundo día de la semana (en algunas culturas y calendarios es el tercero), el cual desde la antigüedad ha estado considerado como un día funesto y de infortunio.

¿De dónde surge el famoso refrán ‘En martes, ni te cases ni te embarques’?

Desde tiempos inmemoriales, el martes ha estado considerado como el día de la semana predestinado a los conflictos, guerras y a que todo lo relacionado con los negocios saliesen mal. Esa creencia se basada en que dicha jornada estaba dedicada a Marte, el Dios Romano de la Guerra, pero al igual que esta deidad proporcionaba a los ejércitos del imperio la protección (dándoles grandes triunfos en batallas y conquistas, o al menos los antiguos romanos creían que sus victorias provenían gracias a la protección que les daba esta divinidad) también sabían (o más bien creían y tenían la superstición) de que esa protección que les otorgaba el Dios Marte para las guerras se la quitaba de otros asuntos más mundanos, como podía ser el realizar negocios o cerrar un trato en un día que caía en martes.

Debemos tener en cuenta que en la antigüedad los viajes (sobre todo en barco) no se realizaban por turismo, tal y como lo concebimos hoy en día, sino para ir a realizar algún negocio. De ahí que también se evitaba embarcarse o realizar un desplazamiento en ese día cuando el fin del mismo era para cerrar un trato, pues se temía que acabaría saliendo mal.

Los antiguos romanos eran terriblemente supersticiosos y por tal motivo veían vinculaciones con el infortunio (aunque no las tuviese) en cualquier cosa relacionada con el martes de ahí que también se evitase contraer matrimonio en ese día. Debemos tener en cuenta que un casamiento, en aquella época, no se realizaba como un acto de amor entre una pareja de enamorados sino como una unión de intereses y como cierre de un trato comercial entre diferentes familias que emparejaban a sus hijos. Al tratarse de un acuerdo de carácter mercantil, la superstición de que saliera mal por realizarse en martes era lo que originó con los años los refranes y dichos que aconsejaban no realizar ciertas cosas en martes.

Cabe destacar que muchos son los historiadores que al término ‘embarcarse’ del refrán no le dan el sentido de subir en una embarcación y realizar un viaje, sino que ven en la locución una referencia al sentido de tomar parte en un negocio arriesgado (el diccionario de la RAE, da como tercera acepción de la palabra ‘embarcarse’ el siguiente significado:  ‘Hacer que alguien intervenga en una empresa difícil o arriesgada’).

A partir de la Edad Media se popularizaron este tipo de refranes en España, sobre todo por el carácter supersticioso que se le dio a este día ya no por el Dios Marte (el cual ya no tenía ningún significado pues ya se había extendido el cristianismo) sino porque según explicaban algunos cronistas se perdieron algunas batallas importantes frente a los musulmanes.

Aunque el refrán más popular es el que indica que ‘En martes, ni te cases ni te embarques’, existe una amplia gama de variantes, pudiéndonos encontrar otros que indican: ‘En martes, ni tu tela urdas ni tu hija cases’, ‘En martes y trece, ni te cases ni te embarques’, ‘En martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes’

 

 

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¿De dónde surge llamar ‘lustro’ a los periodos de cinco años?

Sabemos que una década la compone diez años porque el propio término ya nos está dando una pista sobre la misma (proviniendo de decenio, diez). Lo mismo ocurre con el vocablo ‘trienio’ y su significado de ‘periodo de tres años’.

¿De dónde surge llamar ‘lustro’ a los periodos de cinco años?Pero sin embargo es muy habitual encontrar que para referirse al periodo de cinco años es más frecuente utilizar el término ‘lustro’ (que aparentemente nada tiene que ver con el número cinco) en lugar de hacerlo con el de ‘quinquenio’ (el cual da muchas más pistas sobre su significado).

El hecho de decir ‘lustro’ para referirnos a un quinquenio proviene de tiempos de la Antigua Roma (a partir del siglo VI a.C.) donde se realizaba una ceremonia conocida como ‘lustratio’ y que tenía lugar cada cinco años.

El lustratio consistía en un acto de purificación de los habitantes del Imperio (etimológicamente lustratio significa purificar) mediante un rito por el cual se lanzaba agua sobre la cabeza de cada romano con la ayuda de una rama de laurel (incluso con la de un olivo).

Dicha ceremonia, a la que era obligatorio asistir a todos los habitantes de Roma, también servía para realizar el censo de ciudadanos y, de ese modo, saber oficialmente el número de habitantes, nacimientos y defunciones que se habían dado en el transcurso de los últimos cinco años.

A lo largo de varios siglos se mantuvo la tradición del lustratio, quedando asociado el periodo que transcurría entre una ceremonia y otra (cinco años) con el término ‘lustrum’ (lustro).

 

 

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Fuentes de consulta: etimologias.dechile / elcastellano / curistoria / rae