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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘Antigua Roma’

El curioso e histórico origen etimológico del término ‘pabellón’

El curioso e histórico origen etimológico del término ‘pabellón’

Conocemos como ‘pabellón’ a la edificación (generalmente aislada) que forma parte de un conjunto de edificios (pabellón contiguo, pabellón de deportes, pabellón psiquiátrico…).

El término llegó al castellano desde el francés medieval ‘paveillon’ (cuyo significado era ‘tienda de campaña’) y este provenía del latín ‘papilio’, vocablo utilizado en la Antigua Roma para referirse a las mariposas y que con el tiempo se utilizó como referencia a cierto tipo de carpas utilizadas por las legiones romanas que era el lugar donde se realizaban las reuniones de los mandos militares (generales).

El curioso e histórico origen etimológico del término ‘pabellón’Esas tiendas de campaña no eran las típicas cerradas que servían para dormir o descansar sino que consistían en una estructura central de la que salían la tela (hacia cada lado) que hacía de techo las cuales recordaban por su forma las alas de una mariposa.

De ahí que a ese tipo de tienda comenzara a designarse como ‘papilio’ (mariposa) quedando el término, con el paso de los siglos con dicha definición.

Con el transcurrir del tiempo esos papilios (pabellones en castellano) en los que se trataban los asuntos de la guerra se iban realizando con estructuras cada vez más sofisticadas (guerras de la Edad Media, las Cruzadas…) por lo que acabaron siendo, en muchas ocasiones, auténticas obras arquitectónicas.

De ahí que el término pabellón acabase siendo utilizado para referirse a edificaciones tan diferentes destinadas a diversos servicios (deportivo, médico, almacenaje…)

 

 

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Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons (1)  / Wikimedia commons (2)

¿Sabías que en la antigüedad creían que la capacidad de pensar no se encontraba en el cerebro sino en el corazón?

El cerebro es posiblemente la estructura más compleja de nuestro organismo y del que todavía no se conoce totalmente todas sus funciones y capacidades. Sabemos que es el encargado de transmitir una serie de mensajes al resto de nuestros órganos (a través de múltiples y diversos estímulos)  y que es el responsable de hacernos razonar, pensar y recordar.

¿Sabías que en la antigüedad crecían que la capacidad de pensar no se encontraba en el cerebro sino en el corazón?

Y es precisamente a partir de esta última función (tirando del hilo de su etimología) de lo que quiero hablar hoy en este post.

Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón [Eduardo Galeano]Tal y como decía Eduardo Galeano en su famosa y multicompartida cita: ‘Recordar: del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón’. No le faltaba razón al célebre escritor uruguayo, debido a que ese es el origen exacto de dicho término, pero debo hace una puntualización sobre el mismo.

En la antigüedad (en las civilizaciones como la Antigua Roma y Grecia) se tenía el convencimiento de que el órgano encargado de hacernos pensar, sentir y recordar estaba situado en el pecho, o sea, era el corazón y no el cerebro.

Por tal motivo existen tantos vocablos que hacen referencia al corazón, entre ellos ‘recordar’. Pero el sentido original del mismo para referirse al acto de evocar algo ya sucedido no lo implicaban como un sentimiento sino como algo que provenía de la mente (situada, según los antiguos, en el pecho). Así pues, ese ‘volver a pasar por el corazón’ que alude la etimología del término recordar/recuerdo a lo que hacía alusión original y realmente era a ‘volver a pasar por la mente’, la cual se encontraba en el corazón.

Otras palabras como ‘acordar’, ‘desacuerdo’, ‘concordia’, ‘discordia’, ‘cordialidad’ o ‘concordato’ provienen de la misma raíz ‘cordis’ (corazón).

 

 

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Fuente de las imágenes: publicdomainpictures / creatufrase

¿Cuál es el origen del término ‘asesor’?

Usamos el término asesor para referirnos a aquella persona que se dedica (profesionalmente) a dar consejo a alguien sobre un asunto (ya sea legal, financiero, amoroso…).

¿Cuál es el origen del término ‘asesor’?

El origen del vocablo lo encontramos en tiempos de la Antigua Roma debido a que ya entonces se creó la figura del consultor que en cualquier asunto (normalmente legal o comercial) se sentaba junto a su cliente y le aconsejaba sobre qué decisión tomar (incluso muchos eran los magistrados que consultaban a un experto antes de dictar un veredicto).

Y es justamente al hecho de sentarse junto a alguien para dar su opinión y consejo lo que originó el término ya que éste proviene del latín ‘assessor’ (el que asiste) y a su vez de ‘assidēre’ cuyo significado literal es ‘sentado junto a’.

 

 

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Fuente de la imagen: wicker-furniture (Flickr)

¿Por qué el término salario es sinónimo de sueldo?

Hay numerosos términos para referirse a la retribución que percibe una persona en concepto de pago por un trabajo realizado: sueldo, jornal, paga, remuneración, mensualidad, emolumento, nomina, estipendio, haberes, honorarios o salario.

¿Por qué el término salario es sinónimo de sueldo? El término salario tiene su origen en la Antigua Roma y más concretamente de la ‘Vía Salaria’, un camino (calzada) que partía desde Roma hacia la población de Castrum Truentinum, a orillas del Mar Adriático. Dicho camino recibía este nombre debido a que era la ruta por la que se llevaba los cargamentos de sal.

Tanto a los soldados encargados de custodiar dicha Vía Salaria, como a los trabajadores  que la trasportaban, se les pagaba con sal, y de ahí que la retribución que percibían recibiese el nombre de ‘salarium’, el cual derivó al castellanizado salario.

Cabe destacar que la sal, por aquellos tiempos, era considerada como el oro blanco’, gracias al  gran valor y utilidad que se le daba: con la sal se conservaban los alimentos (debido a que no existían los frigoríficos y por tanto los alimentos se estropeaban antes). También era un perfecto antiséptico con el que curar las heridas.

Una importante parte de la economía, tratos y negocios de la época se basaba en el trueque, y con la sal recibida como sueldo, se podía ir al mercado y pagar la compra de alimentos, ropas…

Por cierto, el término ‘sueldo’ proviene de la palabra latina ‘solĭdus’, una antigua moneda de oro que comúnmente valía 25 denarios.

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay

¿De dónde surge el famoso refrán ‘En martes, ni te cases ni te embarques’?

Un refrán que lleva toda nuestra vida acompañándonos es aquel que dice ‘En martes, ni te cases ni te embarques’ que venía a ser una advertencia sobre el segundo día de la semana (en algunas culturas y calendarios es el tercero), el cual desde la antigüedad ha estado considerado como un día funesto y de infortunio.

¿De dónde surge el famoso refrán ‘En martes, ni te cases ni te embarques’?

Desde tiempos inmemoriales, el martes ha estado considerado como el día de la semana predestinado a los conflictos, guerras y a que todo lo relacionado con los negocios saliesen mal. Esa creencia se basada en que dicha jornada estaba dedicada a Marte, el Dios Romano de la Guerra, pero al igual que esta deidad proporcionaba a los ejércitos del imperio la protección (dándoles grandes triunfos en batallas y conquistas, o al menos los antiguos romanos creían que sus victorias provenían gracias a la protección que les daba esta divinidad) también sabían (o más bien creían y tenían la superstición) de que esa protección que les otorgaba el Dios Marte para las guerras se la quitaba de otros asuntos más mundanos, como podía ser el realizar negocios o cerrar un trato en un día que caía en martes.

Debemos tener en cuenta que en la antigüedad los viajes (sobre todo en barco) no se realizaban por turismo, tal y como lo concebimos hoy en día, sino para ir a realizar algún negocio. De ahí que también se evitaba embarcarse o realizar un desplazamiento en ese día cuando el fin del mismo era para cerrar un trato, pues se temía que acabaría saliendo mal.

Los antiguos romanos eran terriblemente supersticiosos y por tal motivo veían vinculaciones con el infortunio (aunque no las tuviese) en cualquier cosa relacionada con el martes de ahí que también se evitase contraer matrimonio en ese día. Debemos tener en cuenta que un casamiento, en aquella época, no se realizaba como un acto de amor entre una pareja de enamorados sino como una unión de intereses y como cierre de un trato comercial entre diferentes familias que emparejaban a sus hijos. Al tratarse de un acuerdo de carácter mercantil, la superstición de que saliera mal por realizarse en martes era lo que originó con los años los refranes y dichos que aconsejaban no realizar ciertas cosas en martes.

Cabe destacar que muchos son los historiadores que al término ‘embarcarse’ del refrán no le dan el sentido de subir en una embarcación y realizar un viaje, sino que ven en la locución una referencia al sentido de tomar parte en un negocio arriesgado (el diccionario de la RAE, da como tercera acepción de la palabra ‘embarcarse’ el siguiente significado:  ‘Hacer que alguien intervenga en una empresa difícil o arriesgada’).

A partir de la Edad Media se popularizaron este tipo de refranes en España, sobre todo por el carácter supersticioso que se le dio a este día ya no por el Dios Marte (el cual ya no tenía ningún significado pues ya se había extendido el cristianismo) sino porque según explicaban algunos cronistas se perdieron algunas batallas importantes frente a los musulmanes.

Aunque el refrán más popular es el que indica que ‘En martes, ni te cases ni te embarques’, existe una amplia gama de variantes, pudiéndonos encontrar otros que indican: ‘En martes, ni tu tela urdas ni tu hija cases’, ‘En martes y trece, ni te cases ni te embarques’, ‘En martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes’

 

 

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¿De dónde surge llamar ‘lustro’ a los periodos de cinco años?

Sabemos que una década la compone diez años porque el propio término ya nos está dando una pista sobre la misma (proviniendo de decenio, diez). Lo mismo ocurre con el vocablo ‘trienio’ y su significado de ‘periodo de tres años’.

¿De dónde surge llamar ‘lustro’ a los periodos de cinco años?Pero sin embargo es muy habitual encontrar que para referirse al periodo de cinco años es más frecuente utilizar el término ‘lustro’ (que aparentemente nada tiene que ver con el número cinco) en lugar de hacerlo con el de ‘quinquenio’ (el cual da muchas más pistas sobre su significado).

El hecho de decir ‘lustro’ para referirnos a un quinquenio proviene de tiempos de la Antigua Roma (a partir del siglo VI a.C.) donde se realizaba una ceremonia conocida como ‘lustratio’ y que tenía lugar cada cinco años.

El lustratio consistía en un acto de purificación de los habitantes del Imperio (etimológicamente lustratio significa purificar) mediante un rito por el cual se lanzaba agua sobre la cabeza de cada romano con la ayuda de una rama de laurel (incluso con la de un olivo).

Dicha ceremonia, a la que era obligatorio asistir a todos los habitantes de Roma, también servía para realizar el censo de ciudadanos y, de ese modo, saber oficialmente el número de habitantes, nacimientos y defunciones que se habían dado en el transcurso de los últimos cinco años.

A lo largo de varios siglos se mantuvo la tradición del lustratio, quedando asociado el periodo que transcurría entre una ceremonia y otra (cinco años) con el término ‘lustrum’ (lustro).

 

 

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Fuentes de consulta: etimologias.dechile / elcastellano / curistoria / rae

¿Sabías que originalmente el término ‘plagio’ no tenía nada que ver con el hecho de copiar una obra ajena?

Conocemos como plagio a la acción de copiar una obra o parte de ella (ya sea de literatura, música e incluso actualmente relacionada con contenido original publicado en redes sociales) y atribuírselo como propia.

Suele ser una de las prácticas más criticadas y, sobre todo, en los últimos años donde a través de las redes sociales se está generando mucho contenido original y que al mismo tiempo es copiado por otros.

¿Sabías que originalmente el término ‘plagio’ no tenía nada que ver con el hecho de copiar una obra ajena?

Famosos han sido algunos casos en los que se ha denunciado a músicos y escritores (o aspirantes a ello) de haber robado la propiedad intelectual de otra persona, siendo acusados de plagio.

Y es que este término lleva mucho tiempo asociado a ese tipo de apropiación indebida del trabajo de otros, pero en su origen el vocablo ‘plagio’ no era usado para tal fin (básicamente porque en la antigüedad pocos eran los que creaban e ínfima la posibilidad de que alguien les copiase).

Etimológicamente la palabra ‘plagio’ proviene del latín ‘plagium’, cuyo significado literal era: ‘acción de robar esclavos’. Pero lo curioso que solo se aplicaba cuando quienes habían sido robados (o sea, secuestrados) eran ‘libertos’ o, lo que es lo mismo, antiguos esclavos que habían conseguido ser libres.

En la Antigua Roma existía un fructífero negocio de compra y venta de esclavos, por lo que algunos de esos mercaderes se dedicaban a capturar personas libres para comercializar con éstas.

El vocablo latino plagium provenía a su vez del griego ‘plágios’ (πλάγιος) que, entre otras acepciones, significaba ‘secuestrar’.

Fue a partir del siglo XVII cuando comenzó a ser utilizado genéricamente el término plagio para referirse a aquel que secuestraba o robaba las ideas literarias de otros. Aunque cabe destacar que en el siglo I d.C. el poeta Marcus Valerius Martialis (nacido en Bílbilis, lo que hoy en día es la población de Calatayud) se quejó amargamente que otro poeta coetáneo suyo le había ‘secuestrado’ (plagiāre) algunos de sus versos.

Como nota curiosa, debo añadir que existe un fenómeno conocido como ‘criptomnesia’ y que afecta a algunas personas y por el cual, sin ser conscientes de ello, utilizan creaciones de otras personas creyendo que han surgido de su propia inspiración. Parece ser que ello es debido a que nuestro cerebro va guardando recuerdos de todo aquello que vemos, leemos o escuchamos pero al quedar almacenado nos olvidamos por completo de ello. De repente un día acude a nuestra mente una brillante idea y lo que realmente está ocurriendo es que hemos recuperado aquel recuerdo de aquello que ni tan siquiera éramos conscientes que habíamos visto/leído/escuchado.

 

 

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¿Cuál es el origen de la ‘cesta de Navidad’?

¿Cuál es el origen de la ‘cesta de Navidad’?

Unos días antes de la llegada de las fiestas navideñas es costumbre de muchas empresas obsequiar a sus empleados o clientes con una ‘cesta’ (también llamado ‘lote’) compuesta de diversos productos (la mayoría para consumir durante esas fechas).

Aunque el concepto de ‘cesta de Navidad’, tal y como lo conocemos hoy en día, es relativamente reciente (se empezó a entregar junto a las gratificaciones navideñas o paga extra a partir de la segunda mitad del siglo XX), podemos encontrar que hace un par de milenios ya existía la costumbre de agasajar a los súbditos que habían estado al servicio de un patrón durante todo el año con un aguinaldo que podía ser con dinero en metálico o bien en especies (como alimentos para pasar parte del invierno que se avecinaba). Esto solía realizarse los días previos al Solsticio de Invierno y la celebración de las Saturnales, la fiesta más importante en la Antigua Roma.

Entre las diferentes gratificaciones que realizaban los patronos estaba la ‘sportula’, una cesta de comida y víveres que se entregaba a los clientes. Ojo, el término ‘cliente’ en la Antigua Roma no tenía el mismo significado que le damos actualmente (persona que compra en un comercio o requiere de los servicios de un profesional) sino que era un vocablo utilizado para referirse a los ciudadanos que se ponían al servicio de los patrones.

Estos clientes se encargaban de realizar recados y encargos (no eran sirvientes ni esclavos) y uno de sus cometidos era el ir cada mañana a despertar al patrón y desearle los buenos días (‘salutatio matutina’). Por decirlo de algún modo, se encargaban de rendirles pleitesía, regalarle los oídos con adulaciones o simplemente hacerles la pelota. A cambio recibían la mencionada sportula. Cada cliente tenía varios patrones a los que atendía, así que la recolecta de productos era diversa y les ayudaba a subsistir gran parte del invierno con ello.

Cabe destacar que en los países anglosajones existe la costumbre del ‘boxing day’, la cual consiste en hacer regalos y donaciones a las personas más necesitadas en 26 de diciembre y los presentes suelen ser en forma de comida, ropa, juguetes o dinero.

 

 

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¿De dónde surge el término ‘desflorar’ para referirse a la pérdida de la virginidad?

¿De dónde surge el término ‘desflorar’ para referirse a la pérdida de la virginidad?

Todavía quedan algunas personas que utilizan el término ‘desflorar’ cuando quieren referirse a que alguien ha perdido su virginidad. Aunque hoy en día suene como algo propio de ser dicho por alguien cursi o anticuado, originalmente encontramos que ese modo de referirse al hecho de dejar atrás el estado de ‘pureza’ era denominado genéricamente por la mayoría de personas.

Y es que en muchas culturas de la antigüedad (y muy concretamente en la Antigua Roma) se creó un paralelismo entre el concepto de virginidad (pureza, inocencia, castidad, pudor e ingenuidad) y las flores, debido a que estaban convencidos de que no existía nada más puro, bello, efímero e inocente que una ‘flor’.

Ese simbolismo hacia la flor es lo que propició que surgieran locuciones como ‘en la flor de la vida’ y que esta tuviera la connotación de estar alguien en el mejor momento de su existencia (por ejemplo las expresiones: ‘murió en la flor de la vida’, ‘está en la flor de la vida’).

De ahí que también se creara el término en latín ‘deflorāre’ (que dio el mencionado ‘desflorar’ en castellano) y que venía a  significar: ‘quitar/arrebatar a alguien su flor’; pero sobre todo se usó durante largo tiempo con un sentido totalmente negativo de que la pérdida de la virginidad (desvirgar) siendo algo considerado como impuro (sobre todo si se había producido fuera del matrimonio).

Cabe destacar que, en la traducción realizada por Jerónimo de Estridón de la Biblia (del hebreo al latín vulgar) en el siglo IV, en el conocido como ‘Código Deuteronómico’ (Antiguo Testamento, Deuteronomio 22: 28,29) donde cambió el término ‘humilló’ (que aparecía originalmente) por la palabra ‘desfloró’, apareciendo de este modo en la mayoría de versiones de la Vulgata (que es como fue conocida la versión de las Sagradas Escrituras realizada por San Jerónimo):

[…]Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos;
entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la desfloró (humilló); no la podrá despedir en todos sus días.[…]

 

 

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¿Desde cuándo y por qué celebramos los cumpleaños?

¿Desde cuándo y por qué celebramos los cumpleaños?

A través del apartado de contacto recibo un correo de José Rivas en el que me consulta sobre el origen y motivo por el que se celebran los cumpleaños y si hay algún pueblo, cultura o religión que no realice dicha tradición.

La inmensa mayoría de historiadores concuerdan en datar el origen de realizar una celebración alrededor de un cumpleaños aproximadamente en el año 3000 a.C., señalando a los egipcios como los precursores de dicha tradición, aunque originalmente lo que se celebraba no era cada año de vida que cumplía una persona sino que se contaba desde el momento en que un faraón era coronado. A partir de ahí cada año se realizaba una conmemoración la cual tenía una simbología mística y ocultista. Coincidiendo con el aniversario se concedía fiesta a todos los trabajadores y se realizaban unas faustas celebraciones que giraban alrededor de la figura del faraón y que se realizaban con el objetivo de desearle al soberano prosperidad, una larga vida y ahuyentar de él los malos espíritus, debido a que existía la convicción de que la muerte acudía en tal fecha para robarle el alma.

Según fueron transcurriendo los siglos otros pueblos y culturas tomaron la costumbre de celebrar algún tipo de anualidad o aniversario (muchos por el carácter astrológico que la ceremonia adquiría). Babilonios y antiguos griegos ampliaron las celebraciones a sus deidades, homenajeando a éstas e iniciando la tradición de servir una tarta (en esos tiempos torta a base de harina, cereales y miel) que debía ser redonda como la Luna, ante la creencia de que ese satélite era uno de los que más influencia tenía en sus vidas. Fueron los griegos los que también añadieron unos cirios (velas) alrededor de la mencionada torta, los cuales no se soplaban como hay en día es tradición sino que se debía dejar consumir por si solas. Cuanto más tardase en apagarse más prosperidad para esa deidad y sus súbditos.

Una de las deidades a quien más se veneró de ese modo fue a Artemisa (hija de Zeus y Leto y hermana de Apolo) y diosa en la mitología griega, entre otras muchas cosas, de los nacimientos. Posiblemente ese fue el punto en el que las celebraciones por cumplir años se trasladase también a parte de la población, pero sobre todo al llegar a la Antigua Roma, donde los romanos comenzaron a celebrar la fecha de nacimiento de sus emperadores y se amplió con el tiempo a cónsules, senadores (solo a varones)…

Cabe destacar que la aparición del Cristianismo hizo que se considerada como una tradición pagana y no se permitiera la celebración del cumpleaños, sino que lo que esa nueva religión conmemoraba (en sus orígenes) era los aniversarios de la fecha de fallecimiento de Jesucristo, los Apóstoles, Santos y Mártires  (de ahí que actualmente haya algunas religiones que prohíben la celebración del cumpleaños, como es el caso de los Testigos de Jehová).

Cuando en el siglo IV se inició la cristianización de la sociedad romana por parte del emperador Constantino el Grande y el papa Julio I se dieron cuenta que no solo bastaba con sustituir una fiesta pagana por una cristiana sino que también debían hacer concesiones y entre ellas estuvo el admitir la celebración de los años desde el nacimiento, porque de ese pudieron introducir una nueva festividad que fue la Navidad o nacimiento de Jesús (en un principio se celebraba el 6 de enero –coincidiendo con la Epifanía de los Reyes Magos– y posteriormente lo trasladaron al 25 de diciembre, aunque está demostrado que tal fecha no coincide históricamente con el natalicio del Mesías).

La evangelización de los pueblos de Centroeuropa durante la Edad Media llevó consigo las tradiciones cristianas y entre ellas ya se encontraba la celebración del cumpleaños y fue en lo que hoy en día conocemos como Alemania donde en lugar de poner los cirios alrededor de la torta se colocaron dentro de la misma y empezó la costumbre de apagar las velas soplando (sobre todo porque si se dejaban consumir la cera estropearía el dulce).

La tradición de celebrar los cumpleaños fue adaptándose y actualizándose a los nuevos tiempos según iban transcurriendo los siglos, incorporándose costumbres de otros pueblos (como el tirar de las orejas, originario de Oriente) o cantar al homenajeado. Eso sí, para un gran número de personas el celebrar su cumpleaños y toda la parafernalia que le acompaña es considerado como un acto de superstición (el hecho de pensar un deseo antes de soplar las velas y si éste se le concederá o no dependiendo de si las apaga de un solo soplido).

 

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