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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

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El curioso e histórico motivo de llamar ‘púgil’ a un boxeador

El curioso e histórico motivo de llamar ‘púgil’ a un boxeador

El boxeo es un deporte que consiste en la pelea entre dos contrincantes quienes utilizan únicamente sus puños para golpear.

Esta disciplina deportiva, tal y como la conocemos hoy en día, se comenzó a popularizar en Inglaterra hacia finales del siglo XVII, donde los miembros de las clases altas iban a contemplar cómo se peleaban a puñetazo limpio dos contendientes (que solían ser de las clases más bajas de la sociedad y era un modo de ganar unas monedas). Se puso tan de moda que incluso muchos de esos refinados caballeros ingleses se aficionaron a combatir ellos también.

El nombre de esta disciplina deportiva (boxeo) es la españolización del término inglés boxing, formado por box (caja) y el sufijo –ing con el cual se indica que el mismo se desarrolla dentro de un cuadrado –con forma de caja- y que en castellano llamamos comúnmente como ‘cuadrilátero’.

Pero al boxeo, en castellano, también se le conoce como ‘pugilismo’, aunque ambas están admitidas por igual por el Diccionario de la RAE.

Pero el hecho de llamar ‘púgil’ (e incluso ‘pugilista‘) a un boxeador es muchísimo más antigua que el vocablo inglés.

De hecho, púgil proviene del término en latín ‘pugilĭlis’ y cuyo significado literal es ‘el que utiliza los puños’ (pugil significa puño).

Y es que ya en la Antigua Roma (e Incluso en los JJOO de la Antigua Grecia) podemos encontrar a gladiadores que combatían únicamente con los puños (muy alejados a la imagen del luchador que participaba en los juegos en el coliseo o circo y lo hacía provisto de armas, redes y escudos).

Y es que a pesar de que el boxeo (o pugilismo) lo conozcamos en su fase moderna de hace poco más de trescientos años, debemos tener en cuenta que hay antiquísimos grabados de hace alrededor del año 5.000 a.C. en los que se muestran a luchadores peleando con sus puños.

El término púgil comenzó a ser utilizado en la Antigua Roma para referirse a los mencionados gladiadores que luchaban a puñetazo limpio y aunque en nuestro idioma ya se utilizaba mucho antes de la aparición del vocablo inglés bóxer (boxeador) fue este neologismo el que acabó imponiéndose en el lenguaje coloquial.

 

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El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonio

El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonio

Actualmente es una práctica cada vez más en desuso y considerada por muchos como obsoleta y arcaica (aunque todavía hay quien lo sigue realizando), pero hasta hace apenas unas décadas era común e imprescindible que cuando un hombre quería contraer matrimonio con una mujer se presentara frente al padre de ésta (o tutor en caso de faltar)  y le pidiera oficial y formalmente su mano.

Quien decidía si la muchacha se casaba o no era la figura del progenitor y así ha sido (y lamentablemente continua siendo) en la mayoría de las culturas y religiones a lo largo de la Historia.

Pero el concepto de ‘pedir la mano’, tal y como lo conocemos hoy y que se ha practicado durante tantísimo tiempo, proviene de una antigua tradición recogida en el Derecho Romano, por el cual las mujeres tenían una serie de derechos (en muchos aspectos muy amplios), pero la potestad sobre éstas pertenecía al padre, bajo un precepto conocido como ‘manus’ (vocablo latino que significa mano) y que vendría a designar el poder judicial que un varón tenía sobre una hembra (hija o esposa).

El acto de pedir la mano (o sea, el ‘manus’) era para que le fuera transferido al pretendiente ese control sobre la mujer con la que se iba a casar. A partir del momento que se hacía tal petición, si era aceptada por el progenitor, el prometido pasaba a tener la potestad sobre la novia y quedaba sellado el acuerdo a través de una celebración previa al matrimonio conocida como ‘esponsales’ (fiesta de compromiso cuyo término proviene del vocablo en latían ‘sponsus’ –usado para referirse a aquel que asumía un compromiso- y de donde derivó también el término ‘esposa’ y el significado que se le da a las manillas (esposas) que usa la policía).

Por tanto, el hecho de pedir a un padre la mano de su hija para contraer matrimonio traía implícito el solicitar el control y potestad jurídica sobre ésta, un acto y tradición machista que hoy en día todavía sigue estando vigente en algunas culturas (afortunadamente cada vez menos).

El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonioCabe destacar que este post trata sobre el acto de pedir la mano (permiso para casarse) al progenitor, no del hecho de que un novio ‘hinque rodilla’ y proponga matrimonio a su novia.

Y ya para finalizar, y como nota curiosa, indicar que el término ‘manus’ -como sinónimo de potestad sobre alguien- no solo se aplicaba para las mujeres, sino también para referirse a los esclavos y personas en propiedad de alguien; por lo que una ‘manumisión’ en la Antigua Roma era el acto de liberar/dejar libre a un esclavo o sirviente.

 

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El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

Suele utilizarse el término ‘mamotreto’ para referirse a algo (armatoste) que resulta un estorbo debido a su gran tamaño y peso, además de la poca utilidad que se le puede dar (habitualmente a cierto tipos de libros muy voluminosos pero insustanciales en su contenido). Algunos ejemplos de expresiones en los que se puede usar este vocablo son: ‘A ver cuándo me quitas este mamotreto de enmedio que no nos podemos ni mover’, ‘El último libro que me he comprado además de aburrido es un mamotreto que no me cabe en ningún estante del mueble’.

En su origen este término nada tenía que ver con objetos o libros sino con personas: aquellos niños que crecían grandes y rollizos. Y es que se tenía la convicción de que este tipo de niños salían así porque habían sido criados por sus abuelas o, mejor dicho, malcriados, pues se creía que aquellas que se ocupaban a la crianza de sus nietos les daban excesivamente de comer (de ahí que estuvieran regordetes) y les permitían todo tipo de caprichos (por lo que solían salir bastante vagos e inservibles para cierto tipo de labores cuando se hacían adultos).

Durante la Edad Media hubo una gran producción literaria en la que se escribieron libros que tenían una larga extensión y eran de gran volumen, motivo por el que se les acabó llamando mamotreto.

Este término se acuñó en la Antigua Grecia a raíz del vocablo ‘mammóthreptos’ (μαμμόθρεπτος) cuyo significado literal era ‘criado/alimentado por su abuela’ (mámme: abuela – thretos: criar). De ahí pasó al latín tardío ‘mammothreptus’ y posteriormente se extendió a otros idiomas con influencia latina.

En castellano la palabra mamotreto se registró por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1734 y donde se le dio como única acepción a este término: ‘El libro o quaderno que sirve para apuntar y annotar las cosas, que se necessitan tener presentes para ordenarlas después’.

 

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de Autoridades de 1734 / Fundeu / etimologias.dechile / Rae
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El histórico origen de la expresión ‘Hablar largo y tendido’

El histórico origen de la expresión ‘Hablar largo y tendido’

Se utiliza el término ‘hablar largo y tendido’ para hacer referencia a aquellas conversaciones alrededor de un tema de suma importancia y que debe ser tratado extensamente.

Se origina en base a cómo eran muchas de las reuniones que se celebran en la antigüedad (civilizaciones romana, griega, egipcia…) en la que era común que los asistentes a las mismas estuvieran recostados mientras hablaban de sus asuntos. Una postura que les permitía estar largo tiempo de conversación, mientras les eran servidas bebidas y comida.

Muchas eran las ocasiones en las que en esas reuniones se trataban asuntos de gran interés político y el hecho de realizarse estando tumbados (tendidos) y dialogar extensamente (largo) fue lo que dio origen a la expresión con el propósito de señalar la importancia de conversar sobre un asunto de manera pormenorizada.

 

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Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [8]

Octava entrega de la serie de post dedicados a traer al blog un buen número (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que conocías con otro nombre muy distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ha ocurrido con las veces anteriores.

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Asueto: Jornada de fiesta que se toma una persona en sus obligaciones laborales o estudios, en un día que no es festivo, normalmente utilizado para arreglar ‘asuntos propios’ como ir al banco, hacer recados o simplemente descansar. Entre los funcionarios españoles se conoce este día también como ‘moscoso’ en referencia al exministro Javier Moscoso.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Cuesco: Nombre que recibe los huesos de la fruta; como el de la ciruela, cereza, nectarina. También se llama de este modo a la ventosidad (pedo) ruidosa, debido a que esa flatulencia recuerda al sonido de uno o varios huesos caer al suelo.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Saltatriz: Término que proviene del latín y que se usaba en la Antigua Roma para referirse a la mujer que tenía como oficio saltar y bailar, con el fin de entretener al público.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Chozno: Cuando alguien nombra a un chozno se está refiriendo a un nieto en cuarta generación o, para decirlo de otro modo, es el hijo del tataranieto de una persona.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Cabrillas: Las cabrillas son aquellas manchas coloradas que aparecen en las piernas cuando se está mucho tiempo al lado del fuego de una chimenea, hoguera…

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Intonso: Se usa el término intonso para referirse a una persona inculta o que nunca ha leído. Dicho término proviene de llamar así a dos páginas de un libro que siguen unidas y cuyo pliego no ha sido cortado.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Efélide: Modo en el que también se le llama a las ‘pecas’ (manchitas que salen en la piel)

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Siguemepollo: Se trata de una cinta de adorno que colgaba en la parte trasera del vestido de una mujer. Solía usarse en los vestidos elegantes usados en fiestas y actos sociales en los que siempre había algún joven muchacho (llamados antiguamente pollos) que iba detrás de alguna dama con el fin de cortejarla. Había todo un código de lenguaje no verbal en la forma de llevar dicha cinta, que indicaba las intenciones de la muchacha respecto al ‘pollo’

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Vidajenear: Fisgonear, cotillear, chafardear sobre la vida ajena de otras personas.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Diastema: Se trata del espacio que queda entre dos dientes (por ejemplo entre los incisivos central superior)

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Escrúpulo: Medida de peso utilizada antiguamente por los boticarios (farmacéuticos) que correspondía al equivalente a 1,55517384 gramos. Dicha medida se calculaba mediante 24 granos de piedra debido a que el término ‘escrúpulo’ proviene del latín y quiere decir ‘piedrecilla’.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban
Maridillo: Se conocía como ‘maridillo’ a un pequeño brasero que se utilizaba antiguamente y que servía para calentar los pies, muy usado por amas de casa mientras realizaban tareas sentadas. Existía el dicho (hoy en día totalmente desfasado y machista) que indicaba que estos pequeños braseros mantenían calientes los pies de la mujer durante el día al igual que lo hacía el marido en la cama durante la noche.

 

 

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El curioso origen del término ‘ladrón’

El curioso origen del término ‘ladrón’

Para encontrar el origen etimológico del término ladrón hemos de viajar hasta la Antigua Roma en la que se usaba la palabra en latín latro para señalar a los soldados que realizaban labores de escolta del Emperador o se les había encomendado custodiar alguna mercancía de valor (estos últimos también llamados mercenarios).

El verbo latrocinare significaba «servir en el ejército», pero algunos de esos servidores del ejército solían tener la mano larga, por lo que de vez en cuando robaban alguna de las mercancías que vigilaban, cogiendo tan mala fama que con el tiempo a aquel que robaba se le comenzó a llamar latro o latronis que terminó en el vocablo ladrón que hoy en día conocemos.

 

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El curioso origen del término ‘proxeneta’

El curioso origen del término ‘proxeneta’

Se utiliza hoy en día el término ‘proxeneta’ para referirse a aquel hombre o mujer que obtiene algún beneficio económico a través de la prostitución ejercida por otra persona.

Para encontrar el origen del término (que no de la acepción, ya que ésta es relativamente moderna) debemos ir hacia atrás hasta los tiempos de la Antigua Grecia en el que se conocía como ‘proxenētēs’ a aquel que mediaba en algún asunto o negocio, sobre todo que tenía que ver con personas extranjeras. Venía a ser como una especie de cónsul encargado de intermediar. También se le llamaba de ese modo a algunos de los comerciantes o comisionistas dedicados al negocio de la esclavitud.

En la Antigua Roma también se llamó ‘proxenēta’ al que se llevaba una comisión por realizar trabajos de mediación entre personas que necesitaban cerrar un negocio o acuerdo.

A partir de la Edad Media los proxenetas ampliaron sus negocios, siendo también intermediarios en arreglar casamientos. No aparecía con tal acepción en el Diccionario de autoridades, donde se usaba el término para dar significado a la palabra ‘corredor’ (en relación al que se dedica a la compra y venta de todo género de cosas).

No fue hasta 1788 cuando apareció por primera vez el término ‘proxeneta’ en un diccionario (concretamente en el de Esteban de Terreros y Pando) y lo hacía dándole el significado de ‘especie de oficio en la antigüedad romana, casamentero o intérprete. Intermediario para ventas, compras y casamientos’.

De hecho fue a partir de 1895 (en el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana de Elías Zerolo) cuando aparece por primera vez únicamente con el significado de ‘alcahuete’.

Ya en el siglo XX, se comenzó a señalar como proxenetas a aquellos que se dedicaban no solo a intermediar entre quienes estaban interesados en contraer matrimonio sino también entre quienes ejercían la prostitución y sus clientes, desapareciendo la acepción de ‘casamentero y alcahuete’ en el Diccionario de la RAE y dándole únicamente el significado: ‘Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona’.

 

 

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¿De dónde surge decir que alguien es ‘Árbitro de la elegancia’ para señalar su distinción y estilo?

¿De dónde surge decir que alguien es ‘Árbitro de la elegancia’ para señalar su distinción y estilo?En los entornos más refinados y dedicados a la moda, protocolo y buen uso de la etiqueta, es habitual escuchar el término ‘Árbitro de la elegancia’ para referirse a una persona distinguida, ‘savoir faire’, buen gusto, elegante y con gran estilo social (hay quien en el lenguaje de nuestros días podría calificar de ‘Trend’ o ‘Trendy’ –que marca tendencia en la moda-).

Pero el término ‘Árbitro de la elegancia’ no es algo que haya surgido en las últimas décadas (ni tan siquiera últimos siglos) sino que es una locución que originalmente tiene cerca de dos mil años (proviene de la Antigua Roma) siendo el propio emperador Nerón quien otorgó el cargo de ‘Arbiter elegantiae’ a Cayo Petronio, político y escritor (su obra más conocida es ‘El Satiricón’) que ya en su época marcó tendencia y distinción en su forma de vestir las togas y quien era un gran amante de disfrutar de los placeres que la vida le ofrecía, acudiendo elegantemente ataviado a cuantos actos sociales era invitado.

El de Arbiter elegantiae era un cargo que podríamos equiparar con el de ‘consejero de elegancia y estilo’ y el cometido de Petronio fue el de asesorar e indicar en la corte de Nerón cómo había que comportarse socialmente, así como qué ropas vestir para cada ocasión (evidentemente, aunque la vestimenta básica en tiempos de la Antigua Roma eran las togas, existían diversos tipos y modos de llevarlas).

¿De dónde surge decir que alguien es ‘Árbitro de la elegancia’ para señalar su distinción y estilo?

 

 

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El curioso e histórico origen del término ‘proletario’

El curioso e histórico origen del término ‘proletario’

Conocemos como ‘proletario’ a aquel individuo que forma parte de la clase social obrera (o como también se define: trabajadores que obtienen sus ingresos a través del trabajo que realizan para otros, siendo en la mayoría de ocasiones explotados por la sociedad industrial).

Tal y como conocemos hoy la acepción que se le da al término fue utilizada a mediados del siglo XIX por Karl Marx y Friedrich Engels quienes incorporaron dicho vocablo en su manifiesto comunista.

Pero este término, hasta entonces prácticamente en desuso, lo habían recuperado de un concepto que se tuvo en el Imperio Romano y que  era conocido como ‘proletarii’ el cual consistía en que las clases más bajas de la sociedad dotasen de soldados al ejército.

Proletarii  proviene de  ‘proles’, que era el término en latín para referirse a los hijos (todavía hoy en día se utiliza este vocablo para referirse a la descendencia de alguien: ‘el matrimonio se marchó de vacaciones con toda su prole’).

En la Antigua Roma se dieron cuenta que para hacer más grande el imperio éste debía ser dotado de un gran número de soldados, algo que chocaba con los estrictos requisitos que se exigían para formar parte del ejército. No fue hasta la reforma realizada por el general y cónsul romano Cayo Mario, quien llevó a cabo una importante reforma del ejército en el año 107 aC.

Hasta entonces aquellos jóvenes que pertenecían a las clases más bajas que no poseían bienes ni tierra alguna no podían ser reclutados por la legión romana. Sin embargo la reforma trajo consigo la eliminación de esa norma y, por tanto, a partir de aquel momento muchas fueron las familias romanas sin recursos que aportando hijos al ejército como forma de pago de impuestos al Estado.

 

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El curioso e histórico origen del término ‘nefasto’

El curioso e histórico origen del término ‘nefasto’

Utilizamos el término ‘nefasto’ para indicar que algo o alguien es pésimo o detestable (‘ha sido un día nefasto’, ‘es un gobernante nefasto’…).

El origen del vocablo lo encontramos en tiempos de la Antigua Roma en el que a una serie de días se les asignó un rol especial, entre ellos por ejemplo, las calendas que eran el primer día de cada mes (surgiendo de ahí el término calendario). Los días que estaban especialmente indicados para hacer negocios y tratar temas legales con la justicia eran conocidos como ‘fastos’, del laín ‘fasti’ y cuyo significado etimológico era ‘lo que es lícito’.

Por el contrario había otros días conocidos como ‘nefasti’ que estaban destinados a lo opuesto: jornadas en las no era aconsejable hacer negocios y en los que no se podía administrar justicia. El término nefasti (que derivó en nuestro vocablo ‘nefasto’) estaba compuesto por la negación ‘ne’ y el mencionado ‘fasti’, por lo que su traducción era ‘lo que no es lícito’.

Los días nefasti o nefastos estaban reservados para venerar a las divinidades y en algunos casos para rememorar días de lutos o efemérides en las que había acontecido alguna desgracia, de ahí que con el tiempo el término ‘nefasto’ acabase adquiriendo la connotación negativa y usándose también para señalar una desgracias o algo triste y/o funesto.

 

 

 

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