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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘Antigua Roma’

¿Cuál es el origen de la ‘cesta de Navidad’?

¿Cuál es el origen de la ‘cesta de Navidad’?

Unos días antes de la llegada de las fiestas navideñas es costumbre de muchas empresas obsequiar a sus empleados o clientes con una ‘cesta’ (también llamado ‘lote’) compuesta de diversos productos (la mayoría para consumir durante esas fechas).

Aunque el concepto de ‘cesta de Navidad’, tal y como lo conocemos hoy en día, es relativamente reciente (se empezó a entregar junto a las gratificaciones navideñas o paga extra a partir de la segunda mitad del siglo XX), podemos encontrar que hace un par de milenios ya existía la costumbre de agasajar a los súbditos que habían estado al servicio de un patrón durante todo el año con un aguinaldo que podía ser con dinero en metálico o bien en especies (como alimentos para pasar parte del invierno que se avecinaba). Esto solía realizarse los días previos al Solsticio de Invierno y la celebración de las Saturnales, la fiesta más importante en la Antigua Roma.

Entre las diferentes gratificaciones que realizaban los patronos estaba la ‘sportula’, una cesta de comida y víveres que se entregaba a los clientes. Ojo, el término ‘cliente’ en la Antigua Roma no tenía el mismo significado que le damos actualmente (persona que compra en un comercio o requiere de los servicios de un profesional) sino que era un vocablo utilizado para referirse a los ciudadanos que se ponían al servicio de los patrones.

Estos clientes se encargaban de realizar recados y encargos (no eran sirvientes ni esclavos) y uno de sus cometidos era el ir cada mañana a despertar al patrón y desearle los buenos días (‘salutatio matutina’). Por decirlo de algún modo, se encargaban de rendirles pleitesía, regalarle los oídos con adulaciones o simplemente hacerles la pelota. A cambio recibían la mencionada sportula. Cada cliente tenía varios patrones a los que atendía, así que la recolecta de productos era diversa y les ayudaba a subsistir gran parte del invierno con ello.

Cabe destacar que en los países anglosajones existe la costumbre del ‘boxing day’, la cual consiste en hacer regalos y donaciones a las personas más necesitadas en 26 de diciembre y los presentes suelen ser en forma de comida, ropa, juguetes o dinero.

 

 

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¿De dónde surge el término ‘desflorar’ para referirse a la pérdida de la virginidad?

¿De dónde surge el término ‘desflorar’ para referirse a la pérdida de la virginidad?

Todavía quedan algunas personas que utilizan el término ‘desflorar’ cuando quieren referirse a que alguien ha perdido su virginidad. Aunque hoy en día suene como algo propio de ser dicho por alguien cursi o anticuado, originalmente encontramos que ese modo de referirse al hecho de dejar atrás el estado de ‘pureza’ era denominado genéricamente por la mayoría de personas.

Y es que en muchas culturas de la antigüedad (y muy concretamente en la Antigua Roma) se creó un paralelismo entre el concepto de virginidad (pureza, inocencia, castidad, pudor e ingenuidad) y las flores, debido a que estaban convencidos de que no existía nada más puro, bello, efímero e inocente que una ‘flor’.

Ese simbolismo hacia la flor es lo que propició que surgieran locuciones como ‘en la flor de la vida’ y que esta tuviera la connotación de estar alguien en el mejor momento de su existencia (por ejemplo las expresiones: ‘murió en la flor de la vida’, ‘está en la flor de la vida’).

De ahí que también se creara el término en latín ‘deflorāre’ (que dio el mencionado ‘desflorar’ en castellano) y que venía a  significar: ‘quitar/arrebatar a alguien su flor’; pero sobre todo se usó durante largo tiempo con un sentido totalmente negativo de que la pérdida de la virginidad (desvirgar) siendo algo considerado como impuro (sobre todo si se había producido fuera del matrimonio).

Cabe destacar que, en la traducción realizada por Jerónimo de Estridón de la Biblia (del hebreo al latín vulgar) en el siglo IV, en el conocido como ‘Código Deuteronómico’ (Antiguo Testamento, Deuteronomio 22: 28,29) donde cambió el término ‘humilló’ (que aparecía originalmente) por la palabra ‘desfloró’, apareciendo de este modo en la mayoría de versiones de la Vulgata (que es como fue conocida la versión de las Sagradas Escrituras realizada por San Jerónimo):

[…]Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos;
entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la desfloró (humilló); no la podrá despedir en todos sus días.[…]

 

 

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¿Desde cuándo y por qué celebramos los cumpleaños?

¿Desde cuándo y por qué celebramos los cumpleaños?

A través del apartado de contacto recibo un correo de José Rivas en el que me consulta sobre el origen y motivo por el que se celebran los cumpleaños y si hay algún pueblo, cultura o religión que no realice dicha tradición.

La inmensa mayoría de historiadores concuerdan en datar el origen de realizar una celebración alrededor de un cumpleaños aproximadamente en el año 3000 a.C., señalando a los egipcios como los precursores de dicha tradición, aunque originalmente lo que se celebraba no era cada año de vida que cumplía una persona sino que se contaba desde el momento en que un faraón era coronado. A partir de ahí cada año se realizaba una conmemoración la cual tenía una simbología mística y ocultista. Coincidiendo con el aniversario se concedía fiesta a todos los trabajadores y se realizaban unas faustas celebraciones que giraban alrededor de la figura del faraón y que se realizaban con el objetivo de desearle al soberano prosperidad, una larga vida y ahuyentar de él los malos espíritus, debido a que existía la convicción de que la muerte acudía en tal fecha para robarle el alma.

Según fueron transcurriendo los siglos otros pueblos y culturas tomaron la costumbre de celebrar algún tipo de anualidad o aniversario (muchos por el carácter astrológico que la ceremonia adquiría). Babilonios y antiguos griegos ampliaron las celebraciones a sus deidades, homenajeando a éstas e iniciando la tradición de servir una tarta (en esos tiempos torta a base de harina, cereales y miel) que debía ser redonda como la Luna, ante la creencia de que ese satélite era uno de los que más influencia tenía en sus vidas. Fueron los griegos los que también añadieron unos cirios (velas) alrededor de la mencionada torta, los cuales no se soplaban como hay en día es tradición sino que se debía dejar consumir por si solas. Cuanto más tardase en apagarse más prosperidad para esa deidad y sus súbditos.

Una de las deidades a quien más se veneró de ese modo fue a Artemisa (hija de Zeus y Leto y hermana de Apolo) y diosa en la mitología griega, entre otras muchas cosas, de los nacimientos. Posiblemente ese fue el punto en el que las celebraciones por cumplir años se trasladase también a parte de la población, pero sobre todo al llegar a la Antigua Roma, donde los romanos comenzaron a celebrar la fecha de nacimiento de sus emperadores y se amplió con el tiempo a cónsules, senadores (solo a varones)…

Cabe destacar que la aparición del Cristianismo hizo que se considerada como una tradición pagana y no se permitiera la celebración del cumpleaños, sino que lo que esa nueva religión conmemoraba (en sus orígenes) era los aniversarios de la fecha de fallecimiento de Jesucristo, los Apóstoles, Santos y Mártires  (de ahí que actualmente haya algunas religiones que prohíben la celebración del cumpleaños, como es el caso de los Testigos de Jehová).

Cuando en el siglo IV se inició la cristianización de la sociedad romana por parte del emperador Constantino el Grande y el papa Julio I se dieron cuenta que no solo bastaba con sustituir una fiesta pagana por una cristiana sino que también debían hacer concesiones y entre ellas estuvo el admitir la celebración de los años desde el nacimiento, porque de ese pudieron introducir una nueva festividad que fue la Navidad o nacimiento de Jesús (en un principio se celebraba el 6 de enero –coincidiendo con la Epifanía de los Reyes Magos– y posteriormente lo trasladaron al 25 de diciembre, aunque está demostrado que tal fecha no coincide históricamente con el natalicio del Mesías).

La evangelización de los pueblos de Centroeuropa durante la Edad Media llevó consigo las tradiciones cristianas y entre ellas ya se encontraba la celebración del cumpleaños y fue en lo que hoy en día conocemos como Alemania donde en lugar de poner los cirios alrededor de la torta se colocaron dentro de la misma y empezó la costumbre de apagar las velas soplando (sobre todo porque si se dejaban consumir la cera estropearía el dulce).

La tradición de celebrar los cumpleaños fue adaptándose y actualizándose a los nuevos tiempos según iban transcurriendo los siglos, incorporándose costumbres de otros pueblos (como el tirar de las orejas, originario de Oriente) o cantar al homenajeado. Eso sí, para un gran número de personas el celebrar su cumpleaños y toda la parafernalia que le acompaña es considerado como un acto de superstición (el hecho de pensar un deseo antes de soplar las velas y si éste se le concederá o no dependiendo de si las apaga de un solo soplido).

 

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El curioso e histórico origen etimológico del término ‘familia’

El curioso e histórico origen etimológico del término ‘familia’

El origen etimológico de la palabra familia lo encontramos en el latín famulus, un término utilizado en la Antigua Roma para designar a los sirvientes (y en muchas ocasiones también utilizado para llamar así a los esclavos).

El conjunto de criados (famulus) que alguien poseía y tenía a su servicios (y por tanto conviviendo bajo el mismo techo) normalmente estaba constituido por personas emparentadas entre sí (esposos, hijos, hermanos), motivo por el que con el transcurrir del tiempo se siguió utilizando el término famulus para denominar a aquellos que tenían consanguineidad y vivían en una misma casa aunque nada tuvieran que ver con las tareas de servidumbre.

 

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El curioso e histórico motivo de llamar ‘púgil’ a un boxeador

El curioso e histórico motivo de llamar ‘púgil’ a un boxeador

El boxeo es un deporte que consiste en la pelea entre dos contrincantes quienes utilizan únicamente sus puños para golpear.

Esta disciplina deportiva, tal y como la conocemos hoy en día, se comenzó a popularizar en Inglaterra hacia finales del siglo XVII, donde los miembros de las clases altas iban a contemplar cómo se peleaban a puñetazo limpio dos contendientes (que solían ser de las clases más bajas de la sociedad y era un modo de ganar unas monedas). Se puso tan de moda que incluso muchos de esos refinados caballeros ingleses se aficionaron a combatir ellos también.

El nombre de esta disciplina deportiva (boxeo) es la españolización del término inglés boxing, formado por box (caja) y el sufijo –ing con el cual se indica que el mismo se desarrolla dentro de un cuadrado –con forma de caja- y que en castellano llamamos comúnmente como ‘cuadrilátero’.

Pero al boxeo, en castellano, también se le conoce como ‘pugilismo’, aunque ambas están admitidas por igual por el Diccionario de la RAE.

Pero el hecho de llamar ‘púgil’ (e incluso ‘pugilista‘) a un boxeador es muchísimo más antigua que el vocablo inglés.

De hecho, púgil proviene del término en latín ‘pugilĭlis’ y cuyo significado literal es ‘el que utiliza los puños’ (pugil significa puño).

Y es que ya en la Antigua Roma (e Incluso en los JJOO de la Antigua Grecia) podemos encontrar a gladiadores que combatían únicamente con los puños (muy alejados a la imagen del luchador que participaba en los juegos en el coliseo o circo y lo hacía provisto de armas, redes y escudos).

Y es que a pesar de que el boxeo (o pugilismo) lo conozcamos en su fase moderna de hace poco más de trescientos años, debemos tener en cuenta que hay antiquísimos grabados de hace alrededor del año 5.000 a.C. en los que se muestran a luchadores peleando con sus puños.

El término púgil comenzó a ser utilizado en la Antigua Roma para referirse a los mencionados gladiadores que luchaban a puñetazo limpio y aunque en nuestro idioma ya se utilizaba mucho antes de la aparición del vocablo inglés bóxer (boxeador) fue este neologismo el que acabó imponiéndose en el lenguaje coloquial.

 

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El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonio

El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonio

Actualmente es una práctica cada vez más en desuso y considerada por muchos como obsoleta y arcaica (aunque todavía hay quien lo sigue realizando), pero hasta hace apenas unas décadas era común e imprescindible que cuando un hombre quería contraer matrimonio con una mujer se presentara frente al padre de ésta (o tutor en caso de faltar)  y le pidiera oficial y formalmente su mano.

Quien decidía si la muchacha se casaba o no era la figura del progenitor y así ha sido (y lamentablemente continua siendo) en la mayoría de las culturas y religiones a lo largo de la Historia.

Pero el concepto de ‘pedir la mano’, tal y como lo conocemos hoy y que se ha practicado durante tantísimo tiempo, proviene de una antigua tradición recogida en el Derecho Romano, por el cual las mujeres tenían una serie de derechos (en muchos aspectos muy amplios), pero la potestad sobre éstas pertenecía al padre, bajo un precepto conocido como ‘manus’ (vocablo latino que significa mano) y que vendría a designar el poder judicial que un varón tenía sobre una hembra (hija o esposa).

El acto de pedir la mano (o sea, el ‘manus’) era para que le fuera transferido al pretendiente ese control sobre la mujer con la que se iba a casar. A partir del momento que se hacía tal petición, si era aceptada por el progenitor, el prometido pasaba a tener la potestad sobre la novia y quedaba sellado el acuerdo a través de una celebración previa al matrimonio conocida como ‘esponsales’ (fiesta de compromiso cuyo término proviene del vocablo en latían ‘sponsus’ –usado para referirse a aquel que asumía un compromiso- y de donde derivó también el término ‘esposa’ y el significado que se le da a las manillas (esposas) que usa la policía).

Por tanto, el hecho de pedir a un padre la mano de su hija para contraer matrimonio traía implícito el solicitar el control y potestad jurídica sobre ésta, un acto y tradición machista que hoy en día todavía sigue estando vigente en algunas culturas (afortunadamente cada vez menos).

El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonioCabe destacar que este post trata sobre el acto de pedir la mano (permiso para casarse) al progenitor, no del hecho de que un novio ‘hinque rodilla’ y proponga matrimonio a su novia.

Y ya para finalizar, y como nota curiosa, indicar que el término ‘manus’ -como sinónimo de potestad sobre alguien- no solo se aplicaba para las mujeres, sino también para referirse a los esclavos y personas en propiedad de alguien; por lo que una ‘manumisión’ en la Antigua Roma era el acto de liberar/dejar libre a un esclavo o sirviente.

 

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El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

Suele utilizarse el término ‘mamotreto’ para referirse a algo (armatoste) que resulta un estorbo debido a su gran tamaño y peso, además de la poca utilidad que se le puede dar (habitualmente a cierto tipos de libros muy voluminosos pero insustanciales en su contenido). Algunos ejemplos de expresiones en los que se puede usar este vocablo son: ‘A ver cuándo me quitas este mamotreto de enmedio que no nos podemos ni mover’, ‘El último libro que me he comprado además de aburrido es un mamotreto que no me cabe en ningún estante del mueble’.

En su origen este término nada tenía que ver con objetos o libros sino con personas: aquellos niños que crecían grandes y rollizos. Y es que se tenía la convicción de que este tipo de niños salían así porque habían sido criados por sus abuelas o, mejor dicho, malcriados, pues se creía que aquellas que se ocupaban a la crianza de sus nietos les daban excesivamente de comer (de ahí que estuvieran regordetes) y les permitían todo tipo de caprichos (por lo que solían salir bastante vagos e inservibles para cierto tipo de labores cuando se hacían adultos).

Durante la Edad Media hubo una gran producción literaria en la que se escribieron libros que tenían una larga extensión y eran de gran volumen, motivo por el que se les acabó llamando mamotreto.

Este término se acuñó en la Antigua Grecia a raíz del vocablo ‘mammóthreptos’ (μαμμόθρεπτος) cuyo significado literal era ‘criado/alimentado por su abuela’ (mámme: abuela – thretos: criar). De ahí pasó al latín tardío ‘mammothreptus’ y posteriormente se extendió a otros idiomas con influencia latina.

En castellano la palabra mamotreto se registró por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1734 y donde se le dio como única acepción a este término: ‘El libro o quaderno que sirve para apuntar y annotar las cosas, que se necessitan tener presentes para ordenarlas después’.

 

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de Autoridades de 1734 / Fundeu / etimologias.dechile / Rae
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El histórico origen de la expresión ‘Hablar largo y tendido’

El histórico origen de la expresión ‘Hablar largo y tendido’

Se utiliza el término ‘hablar largo y tendido’ para hacer referencia a aquellas conversaciones alrededor de un tema de suma importancia y que debe ser tratado extensamente.

Se origina en base a cómo eran muchas de las reuniones que se celebran en la antigüedad (civilizaciones romana, griega, egipcia…) en la que era común que los asistentes a las mismas estuvieran recostados mientras hablaban de sus asuntos. Una postura que les permitía estar largo tiempo de conversación, mientras les eran servidas bebidas y comida.

Muchas eran las ocasiones en las que en esas reuniones se trataban asuntos de gran interés político y el hecho de realizarse estando tumbados (tendidos) y dialogar extensamente (largo) fue lo que dio origen a la expresión con el propósito de señalar la importancia de conversar sobre un asunto de manera pormenorizada.

 

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Fuente de la imagen: Captura Youtube (serie Yo, Claudio)

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [8]

Octava entrega de la serie de post dedicados a traer al blog un buen número (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que conocías con otro nombre muy distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ha ocurrido con las veces anteriores.

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Asueto: Jornada de fiesta que se toma una persona en sus obligaciones laborales o estudios, en un día que no es festivo, normalmente utilizado para arreglar ‘asuntos propios’ como ir al banco, hacer recados o simplemente descansar. Entre los funcionarios españoles se conoce este día también como ‘moscoso’ en referencia al exministro Javier Moscoso.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Cuesco: Nombre que recibe los huesos de la fruta; como el de la ciruela, cereza, nectarina. También se llama de este modo a la ventosidad (pedo) ruidosa, debido a que esa flatulencia recuerda al sonido de uno o varios huesos caer al suelo.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Saltatriz: Término que proviene del latín y que se usaba en la Antigua Roma para referirse a la mujer que tenía como oficio saltar y bailar, con el fin de entretener al público.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Chozno: Cuando alguien nombra a un chozno se está refiriendo a un nieto en cuarta generación o, para decirlo de otro modo, es el hijo del tataranieto de una persona.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Cabrillas: Las cabrillas son aquellas manchas coloradas que aparecen en las piernas cuando se está mucho tiempo al lado del fuego de una chimenea, hoguera…

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Intonso: Se usa el término intonso para referirse a una persona inculta o que nunca ha leído. Dicho término proviene de llamar así a dos páginas de un libro que siguen unidas y cuyo pliego no ha sido cortado.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Efélide: Modo en el que también se le llama a las ‘pecas’ (manchitas que salen en la piel)

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Siguemepollo: Se trata de una cinta de adorno que colgaba en la parte trasera del vestido de una mujer. Solía usarse en los vestidos elegantes usados en fiestas y actos sociales en los que siempre había algún joven muchacho (llamados antiguamente pollos) que iba detrás de alguna dama con el fin de cortejarla. Había todo un código de lenguaje no verbal en la forma de llevar dicha cinta, que indicaba las intenciones de la muchacha respecto al ‘pollo’

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Vidajenear: Fisgonear, cotillear, chafardear sobre la vida ajena de otras personas.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Diastema: Se trata del espacio que queda entre dos dientes (por ejemplo entre los incisivos central superior)

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Escrúpulo: Medida de peso utilizada antiguamente por los boticarios (farmacéuticos) que correspondía al equivalente a 1,55517384 gramos. Dicha medida se calculaba mediante 24 granos de piedra debido a que el término ‘escrúpulo’ proviene del latín y quiere decir ‘piedrecilla’.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban
Maridillo: Se conocía como ‘maridillo’ a un pequeño brasero que se utilizaba antiguamente y que servía para calentar los pies, muy usado por amas de casa mientras realizaban tareas sentadas. Existía el dicho (hoy en día totalmente desfasado y machista) que indicaba que estos pequeños braseros mantenían calientes los pies de la mujer durante el día al igual que lo hacía el marido en la cama durante la noche.

 

 

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El curioso origen del término ‘ladrón’

El curioso origen del término ‘ladrón’

Para encontrar el origen etimológico del término ladrón hemos de viajar hasta la Antigua Roma en la que se usaba la palabra en latín latro para señalar a los soldados que realizaban labores de escolta del Emperador o se les había encomendado custodiar alguna mercancía de valor (estos últimos también llamados mercenarios).

El verbo latrocinare significaba «servir en el ejército», pero algunos de esos servidores del ejército solían tener la mano larga, por lo que de vez en cuando robaban alguna de las mercancías que vigilaban, cogiendo tan mala fama que con el tiempo a aquel que robaba se le comenzó a llamar latro o latronis que terminó en el vocablo ladrón que hoy en día conocemos.

 

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