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El curioso origen etimológico del término ‘efímero’

Se utiliza el término ‘efímero’ para indicar que algo es breve, pasajero, fugaz y que tiene una corta duración.

El curioso origen etimológico del término ‘efímero’

Etimológicamente el vocablo nació del griego bizantino ‘ephḗmeros’ (ἐφήμερος) cuyo significado literal es ‘de un día’ o ‘alrededor de un día’, refiriéndose a que alguna cosa tiene la duración de una jornada. Está compuesto por el prefijo ‘epi’ (alrededor, sobre) y ‘hemera’ (día).

Pero cabe señalar que al castellano no llegó directamente desde el griego bizantino sino a través de la forma latina ‘ephemērus’ (y también en la forma ‘ephemēros’), que los médicos de la antigüedad utilizaban para señalar aquellas fiebres o dolencias pasajeras cuya duración no era superior a la de un día.

 

 

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¿Cuál es la etimología del término ‘exhumar’?

¿Cuál es la etimología del término ‘exhumar’?

El origen etimológico del término ‘exhumar’ lo encontramos en el latín y está formado por el prefijo ‘ex’ (fuera) y ‘humus’ (tierra, suelo) y su traducción literal vendría a ser ‘sacar/sacado de la tierra’ y, por tanto, significa exactamente lo mismo que el término desenterrar.

A la hora de hablar sobre la acción de abrir una fosa, tumba o cualquier otra sepultura, con el fin de extraer unos restos, podría ser válido el uso del término ‘desenterrar’, pero se considera como cultismo utilizar las formas ‘exhumación’/’exhumar’ a la hora de redactar y/o hablar en la prensa de ello.

 

 

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¿Sabias que los términos ‘ladrar’ y ‘latir’ tienen el mismo origen etimológico?

Conocemos como ‘latido’ a cada uno de los golpes producidos por el movimiento alternativo de dilatación y contracción del corazón contra la pared del pecho, o de las arterias contra los tejidos que las cubren (tal y como recogen los diccionarios).

Por otra parte, el ‘ladrido’ es el sonido que emite un perro (su voz), que puede ser de mayor o menos intensidad dependiendo de lo que el animal quiere expresar.

¿Sabias que los términos ‘ladrar’ y ‘latir’ tienen el mismo origen etimológico?

Los dos términos tienen cierta similitud en su forma de ser escritos, aunque a primera vista sus significados nada tienen que ver el uno con el otro (o eso es lo que creemos), debido a que curiosa y originalmente tienen la misma procedencia etimológica.

Y es que ‘latir’ proviene del latín ‘glattīre’ cuyo significado literal era ‘dar ladridos agudos’ y hacía referencia a los gruñidos que emitían los cachorros de perro y nada tenía que ver con el movimiento del órgano muscular que tenemos en el pecho.

Como los ladridos de los pequeños canes solían ser leves y temblorosos, con el tiempo quedó asociado el término al acto de temblar algo y de ahí pasó al movimiento que producía un órgano (en este caso el corazón) que recordaba a un temblor.

Por tanto, etimológicamente hablando, un latido de nuestro corazón no deja de ser un ladrido leve y tembloroso de un cachorro de perro.

 

 

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El curioso origen etimológico del término ‘despotricar’

Conocemos como ‘despotricar’ al acto de hablar mal de alguien y, sobre todo, criticándolo, llegando a utilizar algún insulto sin tener reparos ni consideración.

El curioso origen etimológico del término ‘despotricar’

El origen etimológico del término lo encontramos en la unión del prefijo ‘des’ y ‘potro’ (la cría del caballo durante su infancia, aproximadamente hasta los cuatro años y medio de edad).

Ya en la antigüedad se tenía el convencimiento que un potrillo, hasta el momento de alcanzar la edad adulta y ser domado, se comportaba de un modo irracional y díscolo, pudiendo saltar sobre alguien de manera violenta, por el hecho de no estar todavía educado.

Cuando una persona se comportaba de un modo insensato, entrando fácilmente en la provocación y utilizando aspavientos y movimientos violentos a la hora de discutir o hablar mal de alguien, se decía que estaba comportándose como un potro, por lo que se utilizó la forma ‘despotrar’ (que acabaría en la forma ‘despotricar’) para indicar la mala conducta del mencionado individuo.

Esta etimología es muy parecida a la del término ‘insultar’ para referirse al agravio verbal que se realiza contra alguien y que os expliqué en otro post: https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/de-donde-proviene-el-termino-insultar-para-referirse-al-agravio-verbal-que-se-realiza-contra-alguien/

 

 

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El curioso origen etimológico del término ‘acelga’

Conocemos como acelga a un tipo de hortaliza de hoja verde y tallo comúnmente blanco (aunque se puede encontrar en otras tonalidades), considerada como una de las más saludables e idóneas para realizar dietas gracias a ser rica en vitaminas y fibra, su alto contenido de agua (aproximadamente el 48%) y su mínimo aporte calórico.

El curioso origen etimológico del término ‘acelga’

La etimología del término ‘acelga’ es la mar de curiosa ya que llegó al castellano a través del árabe hispánico ‘assílqa’ y a éste desde el árabe clásico ‘silqah’. Pero los árabes no fueron quienes acuñaron ese nombre para dicha hortaliza, sino que ellos la adaptaron desde el griego clásico ‘sikelḗ’ (σικελή) y cuyo significado literal era ‘la siciliana’.

Y es que en la Antigua Grecia se tenía el convencimiento de que esa verdura era originaria de la isla de Sicilia, motivo por el que se referían a la misma de ese modo.

También cabe destacar que los antiguos romanos tenían otro modo de referirse a las acelgas y era ‘Beta’ (su nombre científico es ‘Beta vulgaris var. Cicla’). El hecho de que en latín se le denominase de ese modo era porque cuando sus tallos crecían se doblaba las puntas y quedaba de forma que parecía la letra B (β beta).

El término acelga fue recogido en español, por primera vez, en 1494, en el diccionario ‘Vocabulario español-latino’ del famoso humanista y gramático Antonio de Nebrija. En 1726 aparece en el primer diccionario publicado por la Real Academia Española de la Lengua (conocido como ‘Diccionario de Autoridades’).

Durante el Siglo de Oro (siglos XVII y XVIII) se hizo inmensamente popular la expresión ‘Cara de acelga amarga’, con la que referirse al semblante pálido y macilento (flaco, descolorido) que presentaba una persona por el cansancio o tras haber trasnochado. Con los años la referencia ‘amarga’ desapareció’ de dicha locución y, todavía hoy, sigue siendo utilizada en el modo ‘Cara de acelga’.

 

 

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Fuentes de consulta: 300 historia de palabras de Juan Gil (Editorial Espasa) / RAE /  etimologias.dechile / Diccionario de Autoridades (1726)
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El curioso origen etimológico del término ‘inculcar’

A raíz del post publicado días atrás con la décimo segunda entrega de la serie ‘Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban’ he recibido un mensaje de Mariajo Soria en el que, a partir del término ‘conculcar’ que allí incluía, me pregunta si éste tiene que ver etimológicamente con ‘inculcar’ al ser tan parecidos.

El origen etimológico del término ‘inculcar’

Explicaba en el mencionado post que el término ‘conculcar’ es la acción de pisar para dejar la huella del pie en alguna superficie (por ejemplo en el fango, cemento fresco, arena de la playa…). Pero esta es una de las diferentes acepciones que se le puede dar a este vocablo, ya que es más común utilizarlo para referirse a la acción de incumplir una ley, obligación, norma o principio. Etimológicamente proviene del latín ‘conculcāre’ compuesto por el prefijo ‘con-‘ (unión, conjuntamente…) y la palabra proveniente de ‘calcis’ (para referirse al ‘talón’). Originalmente conculcāre se refería a la acción de aplastar u oprimir algo fuertemente con el talón del pie y, como analogía, al hecho metafórico de dar una patada para quebrantar una norma o ley.

Con el término ‘inculcar’, utilizado para indicar la acción de ‘influir e infundir una idea o conocimiento a alguien’, ocurre algo parecido que con ‘conculcar’. También proviene del latín, en este caso ‘inculcāre’, compuesto por el prefijo ‘in-‘ (hacia adentro) y el mencionado ‘calcis’ (talón), significando literalmente ‘empujar con el talón’ como referencia a aquello que se introduce o clava (por ejemplo en el suelo) presionando con la parte posterior del pie.

En la antigüedad se tenía la errónea creencia de que el conocimiento y aprendizaje no se conseguían solos y había que presionar y obligar para que alguien asimilase o memorizase algo (de ahí la desacertada idea  que dio origen a expresiones como ‘la letra con sangre entra’ tan repetidas por generaciones pasadas).

De ahí que se creó la analogía de que para influir e infundir una idea, dogma o conocimiento a alguien era necesaria la fuerza (como la que se hace cuando se empuja con el talón del pie) y de ahí que originalmente se utilizase el término inculcar, el cual, en la actualidad, ha perdido parte de su significado original y se usa como sinónimo de inspirar, aleccionar e incluso enseñar.

 

 

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El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humano

De los pies a la cabeza y por fuera o por dentro, todas aquellas partes de nuestro organismo que podemos ver, y las que no, tienen un nombre, un término por el que son conocidas. Muchas son las ocasiones en las que nombramos algunos de esos órganos y, por mucho que estemos familiarizados con su nombre, desconocemos por qué y de dónde surge el que se denominen de esa forma.

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humano

A raíz del post que publiqué días atrás, sobre el origen de los términos ‘Cadera, catedrático y catedral’,  Raúl Sainz Garrido me dejó un comentario en el que me animaba a escribir una entrada sobre el origen de otras partes  del cuerpo humano. Como bien sabéis, son numerosísimos por lo que lo haré en varias entregas y de seis en seis (con el fin de que no quede un post muy largo).

Aquí tenéis una primera tanda con el origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humano:

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoCuello: Es la parte del cuerpo que une la cabeza con el tronco y proviene del latín ‘collum’, de igual significado y que también era utilizado para referirse al tallo de una flor. Se originó dicho vocablo como clara referencia a aquello que permite girar y hacer volver a su lugar de origen algo, en este caso la cabeza (o, por ejemplo, una flor). A raíz de su anatomía (estrecho y alargado) con el paso del tiempo también se utilizó la palabra cuello para referirse a la parte superior y más estrecha de una vasija o botella.

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoNudillos: Es la parte exterior de cualquiera de las junturas de los dedos, donde se unen los huesos de que se componen. Nudillo es el diminutivo de nudo y etimológicamente proviene del latín vulgar ‘nudus’ y a su vez éste del latín clásico ‘nodus’, haciendo referencia a la parte de intersección de algo que se junta (en este caso las falanges de los dedos a la mano).

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoTobillo: Es la parte del cuerpo en donde se articula el pie con la pierna, pero también es la protuberancia de la tibia y del peroné que sobresalen respectivamente en el lado interno y externo de éste. Y es que el término tobillo proviene del latín vulgar ‘tubellum’ el cual era el diminutivo del vocablo ‘tuber’ cuyo significado literal era ‘protuberancia’ (en este caso haciendo referencia a la prominencia redondeada que se encuentra en el punto donde se une nuestra pierna con el pie).

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoAxila: Se trata de la concavidad que forma el arranque del brazo con el cuerpo. Proviene del latín ‘axilla’, de idéntico significado y este proviene del vocablo ‘axis’ el cual hacía referencia a un eje o ala. Otro modo común para referirse a la axila es ‘sobaco’, pero dicho término tiene una etimología algo desconocida y discutida (la dejo para explicarla con más detenimiento en otro post).

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoVena: Es cada uno de los conductos por los que discurre nuestra sangre, haciendo un recorrido por nuestros órganos interiores y con salida y llegada en el corazón. Proviene del término en latín, escrito del mismo modo, que era utilizado para referirse a cualquier conducto o canalillo por el que, de forma natural, circulaba cualquier líquido (agua, sangre…).

El origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humanoMuslo: Es la parte de la pierna desde la juntura de las caderas hasta la rodilla. El término es en sí una contracción del vocablo ‘músculo’, el cual proviene del latín ‘muscŭlus’ y cuyo significado era ‘ratoncillo’ (os expliqué esta curiosa etimología en un post tiempo atrás).

 

Próximamente publicaré otra tanda con el origen etimológico de media docena de partes del cuerpo humano.

 

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¿Cuál es el origen etimológico del término ‘sexo’?

El origen etimológico del término ‘sexo’ lo encontramos en el latín ‘sexus’, la palabra utilizada en la antigüedad para designar la diferencia entre géneros, debido a que normalmente iba acompañada junto a los términos ‘virilis’ (hombre) y ‘mulieris’ (mujer). Al menos así aparece reflejado en los escritos anteriores al siglo XVII, donde era frecuente encontrarlo en la forma ‘sexus mulieris’ o ‘sexus virilis’ cuando se quería hacer una referencia al género al que pertenecía la persona de la que se estaba hablando.

¿Cuál es el origen etimológico del término ‘sexo’?

Etimológicamente, el vocablo latino sexus proviene de ‘sectus’ (corte) y éste de ‘secare’ (cortar) y es más que probable que se refiriera originalmente a la división de la población que existía, la cual se tenía el convencimiento de que la mitad exacta eran varones y la otra hembras. Aunque algunas fuentes indican que bien podría haberse originado de la idea de que, según se explica en los Evangelios, la primera mujer (Eva) fue creada a partir de cortar y sacar una costilla a Adán.

Por otra parte encontramos que en numerosos escritos de la Antigua Grecia también se hacía referencia al origen de los hombres y mujeres como un único y mismo ente, señalando que los humanos éramos seres andróginos (poseíamos los dos sexos en un mismo cuerpo). En la obra ‘El banquete’ de Platón (escrita alrededor del año 380 a.C.) el famoso filósofo griego explica que se debió a un castigo divino del Dios Zeus el que los seres andróginos quedasen divididos en dos (hombre y mujer).

En el Diccionario de Autoridades de 1739 (primer libro oficial en lengua española que recogía las palabras y sus definiciones) aparece la entrada ‘sexo’ dándole la siguiente acepción literal: ‘Distintivo en la naturaleza del macho, ù hembra en el animal’.

Cabe destacar que fue a finales del siglo XIX cuando aparecieron coletillas a la palabra sexo en los diccionarios para diferenciar la condición entre géneros: por ejemplo ‘Bello sexo’ con la acepción de ‘Conjunto de todas la mujeres’. En 1925 se le añadía al diccionario los términos ‘Sexo débil’ que daba como respuesta ‘las mujeres’ y ‘Sexo feo o fuerte’ que se refería a ‘los hombres’.

En una próximo post os explicaré la evolución que hizo el término sexo que pasó de ser un vocablo para referirse al género de las personas a designar las relaciones carnales (cópula).

 

 

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Portada del libro "Ya está el listo que todo lo sabe de SEXO" de Alfred López

 

 

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El curioso origen etimológico del término ‘delirio’

Se conoce como ‘delirio’ al estado de confusión mental que se caracteriza por alucinaciones y/o pensamientos absurdos e incoherentes.

El curioso origen etimológico del término ‘delirio’

El término proviene del latín ‘delirium’ y que literalmente significaba ‘no hacer un surco’, el cual tiene una curiosa explicación y origen.

Antiguamente entre las muchas pruebas que le podían hacer a un individuo para calibrar su estado de enajenación (ya fuese transitorio o producido por un trastorno mental) era pedirle que hiciese un surco en la tierra ayudado por una vara. Dependiendo de cómo saliese ésta se determinaba su capacidad y a aquel que no pudiese trazarlo de modo correcto se le tachaba como ‘delirium’.

Dicho término señalaba el comportamiento anormal o extravagante de esa persona y etimológicamente se componía del prefijo ‘de’ (separación, negación), el vocablo ‘lira’ (cuyo significado era ‘surco’) y el sufijo ‘ius’ (resultado).

 

 

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El curioso origen etimológico del término ‘acaparar’

Llamamos acaparador a aquel individuo que egoístamente (o por algún tipo de beneficio) hace acopio de la mayor parte (e incluso todo) de alguna cosa (por ejemplo adquirir compulsivamente un gran número de productos que están rebajados de precio).

El curioso origen etimológico del término ‘acaparar’

Etimológicamente el término acaparar nos llegó al castellano desde el francés ‘accaparer’ cuyo significado literal era ‘comprar dejando arras’. Y es que al idioma galo llegó desde el italiano ‘accaparrare’ (asegurar un contrato dejando arras).

Existe constancia de que dicho vocablo ya era utilizado en el siglo XVI (aunque no se incorporó al diccionario en España hasta tres siglos después) y en su origen se usaba para señalar a aquel comerciante que apalabraba la adquisición de una mercancía dejando una paga y señal: las arras (además de ser las monedas que se entregan los desposados durante la ceremonia del matrimonio, también se refiere a la señal entregada como garantía en algún contrato mercantil).

El hecho de depositar esas arras como garantía con el fin de que el vendedor dejase dicha mercancía reservada, imposibilitaba ser adquirida por otros posibles compradores interesados, por lo que, con el tiempo, el término ‘acaparar’ empezó a adquirir la connotación negativa que suele darse al vocablo.

 

 

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