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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘Destripando Mitos’

Destripando mitos: La ‘sangre azul’ de los reyes no proviene del color de las venas sino de una referencia al cielo

A la hora de consultar el origen de la expresión ‘ser de sangre azul’, atribuida a las personas pertenecientes a la realeza, en un 99 por ciento de ocasiones nos dará como resultado a esa búsqueda que dicha referencia proviene del hecho de que antiguamente a los miembros de las Casas Reales no les daba el sol y, por tanto, tenían la piel muy pálida dejando traslucir las venas y predominando las azules, que realmente no son de ese color sino que es provocado por un efecto óptico de la luz  de onda corta la cual se refleja en las venas que están más cerca de la superficie de la piel, situadas a 0’5 milímetros por debajo de la epidermis.

Destripando mitos: La ‘sangre azul’ de los reyes no proviene del color de las venas sino de una referencia al cielo

Pero en realidad esa referencia a la sangre real y el color con el que se traslucen las venas no deja de ser un mito provocado por un error de traducción o, mejor dicho, una interpretación errónea de unos antiguos textos del historiador romano Cornelio Tácito (vivió entre los siglos I y II d.C.) realizadas por humanistas españoles a inicios del siglo XVII.

Resulta que, tal y como explicó hace ya varias décadas, el célebre lingüista de origen rumano, Eugen Coșeriu, los mencionados humanistas cometieron un error a la hora de interpretar unos textos del historiador latino en los que cuando se refería a emperadores y reyes de su época lo hacía utilizando la expresión ‘caelesti sanguine (ortam)’ (‘nacido de sangre celestial’), debido a que se aludía a la procedencia divina y celestial (del cielo) de aquellos descendientes y del mismo linaje que Cayo Octavio Turino, más conocido como ‘Augusto’ (primer emperador romano y a quien se le ‘divinizó’).

Fue precisamente ese término ‘calaesti’ (celestial) el que llevó a confusión en el siglo XVII y se transformó de la noche a la mañana en ‘celeste’ (azul claro, cuya denominación proviene precisamente de eso: el color del cielo). No tardó en difundirse, ya en castellano, el término ‘sangre celeste’ en lugar de ‘sangre celestial’, por lo que con los años esa referencia al celeste pasó a ser denominada azul y, de ahí, al término ‘sangre azul’.

El uso popular de esta nueva locución, ayudada de interpretaciones confusas de la misma y que iban variando con el tiempo debido a la transmisión oral de una generación a otra es lo que hizo que hoy en día esté tan extendida la errónea explicación de la sangre azul de los miembros de las familias reales y el color de sus venas por no haber tomado el sol, en lugar de aludir a la procedencia divina y celestial que, originalmente, explicó Cornelio Tácito en su obra ‘Ab Excessu divi Augusti Historiarum Libri’ (Libros de historias desde la muerte del divino Augusto), la cual comprendía en una treintena de libros la historia generacional desde Augusto (siglo I a.C.) hasta Tito Flavio Domiciano (siglo i d.C.).

Pero también debo entonar un ‘mea culpa’ debido a que hasta hace unos años yo mismo estaba convencido de que la popular explicación era la correcta, pero a finales de 2015 llegó a mis manos un concienzudo trabajo publicado en 2011 por Jairo Javier García Sánchez , Profesor Titular del Departamento de Filología de la Universidad de Alcalá (UAH), quien daba las claves para ir tirando del hilo sobre lo sugerido por Eugen Coșeriu a mediados del siglo XX y corroborar esa otra explicación.

Cabe destacar que al principio (antes de leer el mencionado trabajo) fui algo escéptico en cuanto a lo planteado en él e incluso llegué a intercambiar algunos correos email con el propio profesor Jairo Javier García. Tras la lectura y haber comprobado uno por uno las diferentes fuentes propuestas, he podido llegar a la conclusión de que el origen celestial del término ‘sangre azul’ es el correcto y que hemos estado equivocados durante muchísimos años (no he podido terminar de investigar a fondo sobre el tema hasta ahora debido a la falta de tiempo, pues me encontraba inmerso en la escritura de mi último libro “Ya está el listo que todo lo sabe de SEXO”.

Podéis leer el trabajo del profesor Jairo Javier García Sánchez en el siguiente enlace: http://bit.ly/2qSN6YP

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

No, al zumo no se le escapan las vitaminas. Deborah García Bello te desmiente este mito y muchos más en su nuevo libro

‘Tómate el zumo rápido, que le escapan las vitaminas’ es una de las frases que, posiblemente, nos han dicho y repetido nuestras madres y abuelas a la hora del desayuno a lo largo de nuestra vida. Pero no, a un zumo de naranja recién exprimido nunca se le van a escapar las vitaminas (en este caso la Vitamina C) por la sencilla razón de que ésta no se queda frotando o pululando sobre ese jugo de fruta sino que está disuelta en el líquido (lo que es conocido como ‘hidrosoluble’) y es imposible que se evapore en cuestión de minutos, tal y como nuestras mayores nos aseguraban, siendo éste uno de los mitos más famosos que existen y que más personas creen a pies juntillas.

No, al zumo no se le escapan las vitaminas. Deborah García Bello te desmiente este mito y muchos más en su nuevo libro

Quienes sois lectores habituales de este blog conocéis mi empeño por intentar destripar mitos y bulos que corren por la red o que han llegado hasta nosotros a través del boca a boca generacional. Este es el motivo por el que me haya alegrado tanto de la aparición de un nuevo libro que se dedica a desenmascararlos y explicar de una manera sencilla, pero muy rigurosa, las razones lógicas (y sobre todo científicas) sobre una gran cantidad de hechos que habitualmente damos como válidos y que realmente son invenciones (la mayoría sin fundamento) que llevan décadas entre nosotros.

¡Que se le van las vitaminas! de Deborah García BelloEl libro en cuestión se titula ‘¡Que se le van las vitaminas! (Mitos y secretos que solo la ciencia puede resolver)’ escrito por Deborah García Bello (@deborahciencia), una de las divulgadoras españolas de mayor proyección en los últimos años (lleva ganados unos cuantos premios por su labor), a la que admiro enormemente además de profesar un cariño muy especial (me siento muy orgulloso de contar entre mis amistades con personas de tan extraordinario nivel profesional y personal).

Dividido en 24 capítulos, nos explica y pone al descubierto una serie de mitos que llevan mucho tiempo compartiéndose como ciertos y es que muchos de ellos no nos ha tocado más remedio que creérnoslos debido a lo que se conoce como ‘argumento de autoridad’, o sea, la identidad de aquella persona que nos lo transmitió (en muchos casos nuestros propios progenitores –como es el caso de la mencionada pérdida de vitaminas del zumo-, pero en otros porque venía avalado por la opinión de un experto –como un ganador de Premio Nobel- que aseguraba algo que después ha sido desmentido).

Otro de los grandes enemigos de la salud y que provoca que acabemos creyéndonos mitos sin fundamento alguno es el ‘A mí me funciona’ (conocido como ‘amimefuncionismo’) o lo que es lo mismo: personas que aseguran que algo les va bien (como puede ser el caso de la recomendación de que Vitamina C va bien para curar el refriado, un mito ampliamente desmentido pero que sigue estando muy presente).

¡Que se le van las vitaminas! de Deborah García BelloA través de su libro, Deborah nos habla, entre otros, de mitos alrededor de la homeopatía, las vacunas, la radiación de antenas o Wi-Fi, las estelas dejadas en el cielo por los aviones o las cremas solares (por cierto, en esa entrada aparezco citado en las fuentes de consulta).

Tanto si estas interesado en el tema como si conoces a alguien que se traga todo tipo de bulos y mitos,  ‘¡Que se le van las vitaminas!’ de Deborah García Bello es un libro que debes comprar, porque, sinceramente, te va a abrir los ojos respecto a muchos temas de los que estabas convencido que eran ciertos.

 

¡Que se le van las vitaminas! de Deborah García Bello
Editorial: Ediciones Paidós
ISBN: 9788449334061
https://www.planetadelibros.com/libro-que-se-le-van-las-vitaminas/262247
http://dimetilsulfuro.es

 

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay / planetadelibros / Alfred López

La leyenda urbana sobre Albert Einstein y sus malas notas de estudiante

La leyenda urbana sobre Albert Einstein y sus malas notas de estudiante Uno de los virales que más tiempo lleva correteando por las redes sociales y los blogs es el relato que explica que Albert Einstein de pequeño padecía tartamudez, tenía cierto retraso psicomotriz y problemas de aprendizaje (asegurándose que sacó unas pésimas notas durante su periodo de estudiante).

Pero en realidad el genio de la física y padre de la teoría de la relatividad (ganador del Premio Nobel de Física de 1921) no padeció ninguno de esos problemas, todo lo contrario, siempre fue un muy buen estudiante que sacaba unas notas más que aceptables.

No tuvo problemas de tartamudez, aunque sí que es cierto que empezó a hablar más tarde de lo que lo hacen otros niños, pero los expertos han confirmado que no se trataba de un retraso, sino un reflejo de su carácter introvertido, observador y reservado. Mientras otros hablaban el pequeño Einstein observaba, aprendía y memorizaba.

Entonces ¿de dónde surge que sacaba malas notas? Pues del modelo de calificación que se empleaba en Suiza, donde se trasladó para realizar sus estudios superiores. En el país transalpino se calificaba del uno al seis (siendo el uno la nota más baja y seis la más alta). Albert era de los que sacaban todo con seis y excepcionalmente algún cinco. Por el contrario, en Alemania (de donde era originario) la calificación en las escuelas era totalmente a la inversa: el uno era la nota más alta y el seis la más baja.

De ahí que sin tener en cuenta el método de calificación suizo, alguien (muchos años después) al ver las notas de Einstein llena de seises y algún cinco, pensó que había sido un pésimo estudiante y ahí nació el mito de las malas notas que en realidad nunca sacó.

 

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Portada Vuelve el listo que todo lo sabe

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

Destripando mitos: la orina no alivia la picadura de una medusa

Destripando mitos: la orina no alivia la picadura de una medusa

En septiembre de 1997 (hace ya la friolera de 20 años) se emitía el primer capítulo de la cuarta temporada de la serie ‘Friends’, posiblemente la mejor sitcom que se ha emitido por televisión y que mejores resultados de audiencia ha tenido. Llevaba por título ‘El de la medusa’ y la trama se sitúa en que durante la estancia en la playa Mónica ha sufrido la picadura de una medusa y para mitigar el dolor Chadler orinó en ella, debido a que habían visto en Discovery Channel que era un remedio eficaz (al pie de este post tenéis un vídeo de YouTube con la mencionada escena).

Pero este famoso y conocido remedio no surgió de la mencionada serie (a pesar de que la mayoría de su millonaria audiencia así lo creyera y decidiera seguir el consejo a partir de entonces), sino que se trata de una costumbre que prevalece desde hace muchísimo tiempo (siglos) y que hemos heredado de los entornos más rurales, en los que antiguamente se le atribuía una serie de propiedades altamente curativas a la orina y que en realidad no era tan eficaz ni servía para todo (tal y como nuestros antepasado creían).

El hecho de orinar sobre la picadura de una medusa en realidad no sirve para nada y, según en qué ocasiones, incluso podría ser hasta contraproducente hacerlo (además de antihigiénico).

Por un lado hay que indicar que en la mayoría de los casos las medusas no pican, sino que el dolor nos lo produce el simple hecho de haber rozado nuestra piel con uno de sus tentáculos, los cuales van cargados de veneno que al contacto con la piel humana se convierte en tóxico.

El orinar sobre la herirá (que se localiza alrededor de la parte que ha entrado en contacto con el tentáculo y que produce un fuerte dolor y picor muy semejante a un quemazón) puede llegar a provocar que, al mezclarse con la toxina que la medusa ha dejado en nuestra piel, haga una reacción química que empeore y aumente el dolor.

Otra de las cosas que no debemos hacer es echar agua dulce ya que ésta puede provocar que los nematocistos adheridos a la piel, tras la picadura o roce de la medusa, liberen más tóxico, por eso es muy importante intentar quitar todo tipo de resto de tentáculos que pueda haber quedado pegado en nuestra piel, pero no debe realizarse frotando con un paño o con lo dedos sino intentar hacerlo con la ayuda de unas pinzas.

Tras haber recibido la picadura de una medusa lo primero que hay que hacer es salir del mar (con el fin de evitar un shock anafiláctico que podría provocarnos un ahogamiento). El siguiente paso será limpiar la herida con suero salino o en su defecto agua de mar (nunca agua dulce) y aplicar un poco de frío a través de hielo, el cual debe estar envuelto en un paño (jamás en contacto directo con nuestra piel).

Afortunadamente la presencia de personal de socorro en las playas es cada vez más numeroso y la rápida intervención de un socorrista puede mitigar en gran medida el dolor.

 

 

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Fuentes de consulta: scientificamerican / livescience / socorrismo.com / mapama.gob.es
Fuente de la imagen: apes_abroad (Flickr)

¿De dónde surge el mito que indica que el ‘alma’ pesa 21 gramos?

¿De dónde surge el mito que indica que el ‘alma’ pesa 21 gramos?Existe la creencia de que el peso del alma es de 21 gramos. Al menos así lo señalan aquellos defensores de esta teoría, asegurando que esos gramos son los que exactamente se pierden en el momento posterior al fallecimiento.

Evidentemente se trata de una teoría avalada mayoritariamente por aquellas personas, colectivos y religiones que defienden que todo ser humano está constituido por un cuerpo y una esencia inmortal (llamada alma o espíritu) y que está sale del organismo una vez llegada la muerte del individuo.

A pesar de tratarse de un supuesto pseudocientífico ampliamente refutado, este es uno de los mitos en los que más personas creen en él, existiendo la errónea convicción de que el alma pesa 21 gramos. De hecho está tan incorporada en la cultura popular que incluso se filmó una película en el año 2003 que llevaba por título ’21 gramos’ y que fue dirigida por Alejandro González Iñárritu.

Para encontrar de dónde surge este mito hemos de trasladarnos hasta principios del siglo XX, época en la que el médico estadounidense Duncan MacDougall, doctor en biología, realizó una serie de experimentos con seis personas moribundas a las que pesó e inmediatamente después del fallecimiento de éstas anotó lo que pesaban.

Con todo lo anotado hizo una sencilla operación matemática con la que le salió la media de 21 gramos (por lo que no todos los fallecidos dieron el mismo resultado).

Una vez determinado que cada persona perdía como media esa cantidad de gramos el siguiente paso era averiguar cuál era la causa, a lo que el doctor MacDougall en lugar de buscar respuestas científicas y pruebas que demostrasen que podía ser debido a la pérdida de fluidos corporales, incluso del aire o gases contenido en el organismo una vez exhalado, prefirió tirar por el camino de la creencia religiosa y avalar la teoría de que los seres humanos poseemos alma.

Cabe destacar que finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX fue una época en la que tuvo una gran influencia el espiritismo y todo lo relacionado con los temas paranormales sobre almas, muerte y el más allá.

El doctor Duncan MacDougall dio a conocer sus conclusiones a través de un comunicado a la prensa a principios de 1907, por lo que  The New York Times publicó un artículo titulado ‘Soul has weight, physician thinks’ (El alma tiene peso, el facultativo piensa) el 11 de marzo de aquel mismo año, haciéndose eco del ‘descubrimiento’ del médico. El 11 de mayo en el ‘Journal of the American Society for Psychical Research’ (publicación de la organización de parapsicología de la que formaba parte MacDougall) publicó el artículo firmado por el propio médico: ‘Hypothesis concerning soul substance together with experimental evidence of the existence of such substance’ (Hipótesis relativa a la sustancia del alma junto con evidencia experimental de la existencia de tal sustancia).

Desde entonces (y gracias a la gran influencia que tuvo este tipo de temas en la sociedad) se ha tenido la convicción en ciertos sectores de que el alma pesa exactamente 21 gramos.

Como nota curiosa cabe destacar que el propio Duncan MacDougall hizo el experimento con quince perros, a los que pesó antes y después de morir, no dándole apenas variación en el peso, por lo que determinó que los perros no tenían alma, otro de los mitos también ampliamente difundido y rebatido en su día por el también médico Augustus P. Clarke, quien apuntó que las conclusiones de su colega eran erróneas debido a que en el momento de la muerte se produce un repentino incremento de la temperatura corporal a causa de que los pulmones dejan de enfriar la sangre y que el consecuente incremento de la sudoración podría explicar fácilmente los 21 gramos de menos defendido por MacDougall, además de que hay que tener en cuenta que los perros carecen de glándulas sudoríparas por lo que no es de extrañar que el peso de estos animales no sufriera ningún cambio súbito en el momento de morir.

 

 

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Fuentes de consulta: xatakaciencia / cienciadesofa / pseudociencia.wikia / snopes / nytimes (pdf) / diogenesii (pdf)
Fuente de la imagen: pixabay

Destripando mitos: ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado?

Destripando mitos: ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado?

Hoy en día, cuando alguien ha recibido un golpe y le está saliendo un hematoma, uno de los remedios más efectivos y rápidos es ponerse algo frio en la zona golpeada (como una bolsita de gel guardad previamente en el congelador, hielo dentro de una bolsa o envuelto en un paño, guisantes congelados en una bolsa…) y posteriormente aplicar una pomada que contenga ‘pentosano polisulfato’ (comercializada como ‘Thrombocid’), que ayuda a mejorar la irrigación sanguínea de la zona afectada, previniendo la formación de trombos.

Pero muchas son las ocasiones en las que, ya sea a través del cine, la televisión, la literatura e incluso por trasmisión oral, hemos visto que como remedio para bajar el hinchazón y el hematoma (comúnmente de un ojo morado) era colocando un bistec de carne crudo sobre la zona amoratada.

Hoy en día esto tiene poco sentido de hacerlo. Si alivia algo el poner la carne sobre un ojo morado es por el frío del bistec, que es conservado en un frigorífico, pero si realmente se quiere aplicar algo que por su baja temperatura ayude a bajar un hinchazón lo que hay que hacer es usar uno de los productos mencionados al inicio de este post.

El hecho de poner el bistec sobre el moratón fue una costumbre que se popularizó sobre todo a mediados del siglo XX, siendo un recurso frecuente utilizado en innumerables películas y series de la época. Esto es así no por la efectividad del remedio, sino porque visualmente la escena quedaba mucho más impactante de cara al espectador que si se colocaba una bolsa con hielo.

Pero también cabe destacar que no fue un recurso inventado por la ficción cinematográfica, sino que viene de mucho más atrás.

Hoy en día todas las neveras disponen de una parte con congelador donde se produce hielo o se almacenan productos congelados, pero hace varias décadas atrás muchos eran los refrigeradores que tan solo tenían la propiedad de enfriar los alimentos, por lo que era más frecuente tener un bistec guardado ahí que unos cubitos de hielo. Éste solía venderse ambulantemente y en bloques, por lo que salía mucho más barato y fácil utilizar carne para aplicar a un hematoma que hielo.

Pero el hecho de que se pensara que aplicar un bistec era un buen remedio no surgió de la nada y porque fuese uno de los productos más frescos que se tenían, sino que era una costumbre heredada desde la antigüedad.

Muchísimos son los tratados médicos de hace varios siglos en los que se indica que la carne era un buen remedio para aliviar los golpes y, de hecho, durante la Edad Media se realizaba una ‘cataplasma de carne’ en la que se mezclaban varias hierbas medicinales con carne previamente machacada (picada) y que se aplicaba ya no solo en un hematoma, sino sobre heridas, llagas, úlceras, etc.

Actualmente esto estaría totalmente contraindicado, debido a que aplicar carne cruda sobre una herida abierta infectaría ésta de bacterias y, sobre todo, teniendo en cuenta que siglos atrás no existía la higiene de hoy en día.

Esto se hacía no porque la carne estuviera fría (que por aquel entonces no lo estaba) sino porque se había recibido como enseñanza médica desde la época de la Antigua Grecia en la que el médico Hipócrates de Cos (que vivió entre el 460 a.C y el 370 a.C) formuló su ‘Teoría de los humores’ en la que catalogaba la personalidad de cada individuo en cuatro estados: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático; cada estado producía un tipo de fluido (humores) y tenía un modo diferente de sanarse.

Los hematomas se englobaban en el ‘sanguíneo’ y el remedio para curarlos era aplicando carne de vacuno, ya que, al ser roja y sangrienta, atraería la hinchazón.

De ahí que durante la mayor parte de la Historia (hasta bien entrado el siglo XIX) la teoría humoral fuese la más extendida y difundida entre los médicos.

En resumida cuentas ¿sirve de algo poner un bistec crudo sobre un ojo morado? Hoy en día tiene poco sentido hacerlo pero si no se tiene nada más a mano y esa carne se saca del frigorífico sí que puede aliviar un poco la hinchazón, pero no porque la carne tenga propiedades curativas, sino por el hecho de aplicar algo frío sobre el golpe. Eso sí, si la herida está abierta es totalmente desaconsejable aplicar un bistec crudo (por las bacterias que contiene éste y la infección que podría causar).

 

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Fuente de la imagen: Captura vídeo dailymotion (episodio ‘The Apology’ -9×09- de la serie ‘Seinfeld’)

Destripando mitos: En la película Casablanca no dicen la frase ‘Tócala otra vez, Sam’

Destripando mitos: En la película Casablanca no dicen la frase ‘Tócala otra vez, Sam’

Si hiciéramos una encuesta sobre cuál es la frase más famosa de la película Casablanca (protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman) muy posiblemente la respuesta mayoritaria sería ‘Tócala otra vez, Sam’, pero en realidad se trata de una frase que no forma parte del guion.

Sí es cierto que el personaje que interpreta Bergman (Ilsa) le pide al pianista Sam que toque la canción, pero del siguiente modo: ‘Tócala, Sam. Toca As Time Goes By’. Tras acceder a la petición en una escena posterior hace acto de presencia Rick (Bogart) diciendo lo siguiente al solicito Sam: ‘La tocaste para ella, la puedes tocar para mí. Si ella pudo soportarlo, yo puedo. ¡Tócala!’.

Así que en ningún momento (ni siquiera en la versión original) se pronuncia el famoso y ya mítico ‘Tócala otra vez, Sam’.

Donde sí aparece es en el título original de la película protagonizada por Woddy Allen y estrenada en España como Sueños de un seductor, que en su versión original se llamaba Play It Again, Sam [Tócala otra vez, Sam].

 

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Fuente de la imagen: captura Youtube

Destripando mitos: si te muerde una serpiente nunca se debe chupar y succionar el veneno

Ante la picadura de una serpiente nunca se debe chupar y succionar el veneno

Es muy común escuchar que en caso de que te muerda una serpiente venenosa lo que hay que hacer es chupar la herida, para así succionar el veneno. Este consejo se ha convertido en uno de los mitos más populares y compartidos que se conocen, habiendo un gran número de personas que creen a pies juntillas que es correcto hacerlo.

Pero eso de chupar y succionar el veneno es algo que no se debe hacer, por mucho que veamos continuamente cómo lo dan por válido en programas de televisión, películas, blogs, viralizado en redes sociales e incluso en algunos manuales de primeros auxilios escritos por supuestos expertos.

Antes de llegarnos esta desinformación a través de todos esos medios un modo de transmitirnos este tipo de advertencias erróneas era el cine… ¿quién no recuerda aquellas viejas películas del Oeste en las que una serpiente mordía a alguien y el protagonista se sacaba el cinturón, hacía un torniquete, cortaba la herida con su navaja y chupaba el veneno?

Pero no, craso error, eso es algo que no debe hacerse nunca (sobre todo el torniquete y lo de intentar succionar el veneno con la boca). Lo único correcto de todo ello era lo de hacer un corte en la herida, pero no todo el mundo sabría hacerla con precisión sin montar una escabechina (depende de dónde o cómo se corte se puede incluso provocar que lo peligroso sea desangrarse y no el veneno de la mordedura).

Según apuntan los expertos (los de verdad, los que sí saben del asunto), lo que se debe hacer en caso de que a alguien le pique o muerda un animal venenoso es, sobre todo, mantener la calma. Eso es fundamental.

Sí, es muy fácil decirlo pero muy difícil poder guardar la serenidad cuando has sido mordido por algún tipo de víbora, pero este consejo tiene una razón específica: cuanto más nervioso se ponga uno más rápido latirá nuestro corazón provocando que el veneno se extienda más rápidamente por nuestro organismo. Así, que  eso de pegar saltos cuando os muerda no lo hagáis.

Lo siguiente que hay que hacer es una pequeña incisión en el mismo lugar y misma dirección de la mordedura… esto no se realiza para que pueda ser succionado el veneno sino para evitar que la herida se cierre. Es fundamental que permanezca abierta hasta el momento de ser atendido por algún especialista sanitario.

Uno de los motivos por los que se desaconseja totalmente que se succione el veneno de una mordedura es para evitar que el veneno nos afecte a nosotros. Existen muchos tipos de venenos que están clasificados en neurotóxicos y hemotóxicos.

Los primeros afectan al sistema nervioso, pero los hemotóxicos a los tejidos con los que entran en contacto. Si un veneno hemotóxico entra en contacto con nuestra lengua ésta podría llegar a caerse, al igual que nuestros dientes.

Posiblemente, y debido sobre todo a la cinematografía, se tiene la convicción de que la mayoría de las serpientes son venenosas, pero dentro de las más de dos mil especies de serpientes que existen tan solo el 15% pueden considerarse peligrosas y no todas ellas son venenosas.

 

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Parte de esta información (de un modo muy resumido) formó parte de la charla que ofrecí sobre venenos y sus curiosidades, el pasado 16 de septiembre, en el evento de divulgación científica Naukas Bilbao 2016 y que puedes visionar en el siguiente enlace: http://www.eitb.eus/es/divulgacion/naukas-bilbao/videos/detalle/4391088/naukas-bilbao-2016–alfred-lopez/
Ante la picadura de una serpiente nunca se debe chupar y succionar el veneno
Fuentes de consulta: medtempus / I Lol Ciencia (Big Van) / botanical-online / wikihow / elcomercio
Fuente de las imágenes: Captura del vídeo de la película ‘Susuz Yaz’ / J.J. Gallego @Raven_neo

¿Has soñado con este hombre? [La leyenda urbana que fue inventada por un creativo publicitario]

¿Has soñado con este hombre? [La leyenda urbana que fue inventada por un creativo publicitario]

Incalculables son las historias y leyendas urbanas que corretean por internet siendo compartidas de una red social a otra por cientos de miles de personas sin que en ningún momento se planteen la veracidad de lo que allí se explica, por muy inverosímil que parezca.

De la mayoría de ellas poco o nada se sabe de su procedencia, surgiendo muchas de la noche a la mañana o siendo el resultado de la adaptación a nuestros tiempos de antiquísimos relatos.

A otras, sin embargo, se les puede seguir fácilmente el rastro y averiguar cuál es la verdadera historia que se esconde tras ella y que a tanta gente ha engañado (numerosos son los post que he publicado en este blog destripando leyendas urbanas).

Y este es el caso de esta entrada, en el que os explicaré la curiosa historia que se esconde tras una famosísima leyenda urbana, compartida por miles de personas en redes sociales, blogs y que incluso ha sido protagonista de un gran número de programas de televisión y radio. Se trata de la conocida como ‘El rostro del hombre con el que miles de personas sueñan’:

El retrato robot con el rostro de un hombre lleva recorriendo internet desde hace siete años cuando de repente alguien planteó una pregunta a la red: EVER DREAM THIS MAN? (¿Has soñado alguna vez con este hombre?) y que remitía a responder a esta cuestión en la web thisman.org.

En esta site se explicaba que trataban de localizar a todas aquellas personas que alguna vez en su vida se les hubiera aparecido ese rostro en alguno de sus sueños. Argumentaba que la razón de esa búsqueda era encontrar paralelismos con lo sucedido en 2006 a una paciente de un famoso psiquiatra de Nueva York, quien aseguraba tener sueños recurrentes con un hombre que se aparecía para aconsejarla. A petición del facultativo, la paciente realizó un retrato robot el cual quedó sobre el escritorio del psiquiatra.

Según la web, días después, mientras realizaba terapia con otra paciente, ésta se fijó en el dibujo que había sobre la mesa del psiquiatra y señalo que ella había soñado en más de una ocasión con ese rostro. Consultó el especialista con varios colegas y obtuvo como resultado que al menos cuatro personas habían reconocido haber soñado con él.

A partir de esta historia y la creación de la mencionada web en 2009, miles son las personas que han compartido en las redes sociales sus experiencias diciendo que ellas también han soñado con ese hombre. Desde cualquier punto del planeta han llegado mensajes a la dirección email info@thisman.org relatando cómo eran sus sueños e incluso había quien aseguraba que conocía a un tipo con los mismos rasgos faciales.

Docenas son las teorías con las que los amigos de los temas paranormales y las pseudociencias comenzaron a especular, habiendo quien veía en ello un mensaje del más allá, el rostro de extraterrestres que se encuentran entre nosotros e incluso a la cara de Dios.

Ha habido quien ha imprimido carteles y los ha enganchado en comercios y por la calle. Pero esto no ha sido una cosa aislada, ya que muchas son las poblaciones en las que alguien lo ha colgado (Barcelona, Nueva York, Río de Janeiro, Tokio…).

¿Has soñado con este hombre? [La leyenda urbana que fue inventada por un creativo publicitario]

Pero en realidad, detrás de esta leyenda urbana que lleva compartiéndose desde 2009 y se ha viralizado en la red, se encuentra Andrea Natella, un creativo publicitario experto en crear campañas de impacto sociológico.

El propio Andrea Natella enlaza la web thisman.org como uno de sus trabajos en su porfolio profesional www.andreanatella.it (además que si se realiza una búsqueda a través del Whois para saber quién es el titular del dominio ‘thisman.org’ aparece el nombre del mencionado Andrea Natella).

Durante mucho tiempo el creativo se negó a dar cualquier tipo de info respecto a la supuesta campaña que escondía tras esa web y su autoría tras la leyenda urbana, pero finalmente acabó reconociéndolo en varias entrevista (entre ellas en vice.com).

¿Has soñado con este hombre? [La leyenda urbana que fue inventada por un creativo publicitario]

 

 

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Las imágenes que ilustran este post han sido obtenidas en la web thisman.org, un pantallazo de la web www.andreanatella.it y mis propias redes sociales.