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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Varios nidos impiden derribar un edificio en ruinas

Vamos por el buen camino en el respeto a los animales. Hace un año ya os hablé de la multa de 36.000 euros a una constructora de El Campello (Alicante) por destruir 14 nidos de una pequeña golondrina, el avión zapador (Riparia riparia).

Hoy me he llevado una nueva alegría pues ha sido la propia Policía Local de Málaga la que, tras consultarlo con la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, ha paralizado el derribo de un viejo edificio de propiedad municipal. Y todo porque en sus aleros y grietas existe una pequeña colonia de aviones comunes (Delichon urbica), integrada por 43 nidos, junto con varias decenas más de parejas de vencejo (Apus sp.).

Según indicó la propia Junta en un comunicado, se recuerda que ambas especies se encuentran catalogadas como “de interés especial” por el Real Decreto 439/90 de 30 de marzo por el que se regula el Catálogo Nacional de Especies Protegidas, además de la Ley 4/89 de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre del Estado, y de la Ley 8/2003 de 28 de octubre de la Flora y Fauna Silvestre de la Junta de Andalucía. La legislación establece la prohibición tanto de “dar muerte” como de “capturar, dañar, perseguir o molestar” a estos animales, así como perturbar o “quitar de forma intencionada nidos o huevos”.

La reanudación de la demolición deberá solicitarse a Medio Ambiente a finales de agosto, cuando finalice la época de nidificación.

La noticia me da pie para recordar a todos precisamente esto, que no se pueden destruir los nidos de los aviones, y menos ahora que ya están con pollos. Las oscuras golondrinas cantadas por Bécquer, esas que en los balcones sus nidos ponen a colgar, también pueden mancharlos lo suyo, pero esas molestias no son nada para el beneficio que nos reportan como eficaces insecticidas naturales. Y las multas por acabar con sus casas de barro a escobazos pueden ser muy altas.

No sé tú, pero a mi me encantaría poder tener a estas preciosas aves criando en mi casa. El problema es que son siempre ellas las que eligen. Y si te eligieron a ti, no deberías rechazarlas.