Entradas etiquetadas como ‘ceño fruncido’

Cristiano Ronaldo no solo despierta celos profesionales (y qué no cuadra en esta imagen)

Y es que existen muchos tipos de celos: infantiles, de autorrealización, laborales, de pareja… Todos ellos con un denominador común, por un lado, un sentimiento de que cada pequeño éxito del resto de personas es un agravio a nuestra propia autoestima; desconfianza, ira, desprecio, miedo, envidia, son muchas las emociones que se entremezclan en un cóctel explosivo de hostilidad. Y aquí viene la frase más repetida en este blog: todo ello debe filtrarse en nuestro lenguaje corporal inevitablemente.

Ya vimos anteriormente cómo leer la emoción de celos a través del lenguaje corporal, pero aquí hay algo que no cuadra… Como apreciamos en la fotografía, un simple gesto, un saludo, una sonrisa pícara o simplemente cortesía pueden desatar todo un huracán emocional alrededor. C.Ronaldo saluda a la mujer de Messi, pero este hecho tampoco deja indiferente a Neymar (que en principio, ‘ni pincha ni corta’).

En estos casos, el patrón expresivo de género suele estar invertido, es decir, en el caso de los hombres, éstos se vuelven más expresivos al experimentar la sensación de celos, sobre todo, es común que muestren el ceño fruncido, en las mujeres su expresividad emocional decae, mostrando un rostro más neutral que no deje entrever sus sentimientos.

Observamos algo peculiar, en el caso de Messi, no parece estar celoso, más bien adopta una corporalidad incómoda, sonrisa nerviosa, mirada tímida, y se toca la oreja, un gesto automanipulador que sí demuestra nerviosismo, tensión e inquietud, pero poco más.

La reacción emocional de Neymar sería más propia del ‘marido celoso’, mirada penetrante, inclinación significativa (se prepara para el ataque), ceño fruncido y postura tensa. ¿Curioso verdad? Realmente el compañero de equipo de Messi es quien más parece estar molesto y disgustado con la situación. Desde luego, otra cosa no será, pero empático sí, mucho.

 

 

La sonrisa de Hillary Clinton eclipsó a la agresividad de Donald Trump en el primer debate

(Foto EFE)

Quedé gratamente sorprendida con Hillary Clinton en el primero de los tres debates presidenciales con Donald Trump, (pincha aquí para acceder al análisis del contenido), ya que si nos centramos en el análisis comparativo que hice previamente entre Clinton y Obama la imagen de la actual líder demócrata siempre quedaba en un segundo plano, superada por la imponente figura de su predecesor, pero está claro que Hillary se crece ante la adversidad y ha superado con creces las expectativas expresivas para este significativo momento político.

Se le atribuye a Shakespeare la frase: “Es más fácil conseguir lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada”. Y Clinton dio buen ejemplo de ello, las emociones positivas eclipsan la fuerza y fiereza de las negativas, una sonrisa transmite mucho más, proyecta acercamiento y apertura al público, reconforta y está asociada a la inocencia, la pureza y la bondad. Nos anima a que nos aproximemos a ella, creando un ambiente acogedor y confiado.

Lo cierto es que Trump estuvo más calmado ‘de lo normal‘, sobre todo en la primera parte, pero creo que precisamente le hizo ir descontrolándose esa calma y buen estado emocional de su rival, pareciera que le sacara de quicio la sonrisa relajada que él no conseguía ejecutar. El líder del partido republicano entró en ataques personales, repletos de expresiones emocionales de ira, asco y desprecio, su ceño fruncido y la sonrisa de medio lado fueron los protagonistas en sus intervenciones. Estaba nervioso e impertinente, interrumpiendo constantemente a su oponente y al moderador. Su proyección era tosca, poco amistosa, provocando rechazo en el observador, nos impulsa a alejarnos.

1528256Los gestos igualmente iban en consonancia y armonía con el estado emocional de cada uno de ellos. Los gestos de Clinton eran dinámicos pero serenos, apuntillados, ilustrando mucha concisión y claridad de ideas. Los gestos de Trump eran bastante más agresivos, más rápidos, descontrolados y expansivos, acaparaba mucho espacio para dominar la situación y utilizaba gestos de látigo y dedos acusadores que señalaban contundentemente a su adversaria. Es destacable cómo le daba pequeños toques por la espalda a Hillary para dominarla, hacía constar que él dirigía la situación y la controlaba, mostrando superioridad.

La apariencia de Clinton no fue nada arbitraria, han transcendido sus complicaciones de salud y está claro que ha querido superar esa supuesta debilidad con una imagen imponente, de un rojo pasión, asociado primitivamente al fuego y la sangre, es un color tradicionalmente bélico que evoca poder y masculinidad, energía, atracción, salud y belleza.

Parece que todas las encuestas dan como ganadora del encuentro a Hillary Clinton, y seguramente mucho tenga que ver su expresión emocional y gestual ante los ataques de Trump. Demostró que se había preparado el debate y estaba lista para cualquier comentario de su rival, ella misma lo reconocía así: “Trump solo me acusa de haberme preparado el debate. ¿Y sabes para qué más me he preparado? Para ser presidente”. Así es, Hillary Clinton se mostró más presidencial que su adversario Donald Trump.

 

Comparecencias 26J: la elocuencia corporal de Errejón, la culpa de Sánchez, la conformidad de Rivera y la euforia de Rajoy

Los líderes de los principales partidos políticos comparecen tras una nueva campaña electoral y después de unos nuevos resultados electorales. Se trata de un momento interesante para el análisis de conducta puesto que es un instante que aunque ‘preparen’, todo lo que puedan y más, la situación posee un impacto emocional muy intenso, difícil de controlar. En este enlace también os dejo el análisis de las comparecencias tras los resultados de las pasadas elecciones para establecer diferencias y evolución (pinche aquí).

(Foto EFE)

Alberto Garzón, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en su comparecencia tras los resultados del 26J. (Foto EFE)

En Unidos Podemos desaparecen las sonrisas por las que abogaban, rostros serios, muy serios; regresa el ceño fruncido en Pablo Iglesias, fruto de la carga cognitiva (concentración y esfuerzo por declarar) y también por la ira producto de la decepción y el abatimiento. Alberto Garzón, aparece con cara de circunstancia, inquieto, aunque intentando mantener la compostura. Pero si hay que destacar una comunicación no verbal muy elocuente, esa es la de Íñigo Errejón, y no ha sido la primera vez, ya hemos visto en momentos anteriores cómo su expresión le da significados interesantes a ocasiones importantes. En la noche de ayer apareció visiblemente afligido, y mientras posa ante los medios su rostro expresa un abanico de emociones muy amplio, aunque todas apuntan en la misma dirección: mirada perdida, suspirando profunda y frecuentemente, tragando saliva con dificultad, con el ceño fruncido por momentos en señal de enfado, con tristeza y decepción en otros y apretando la mandíbula en señal de tensión contenida.

Lo relevante en este sentido además no es que detectemos con dificultad todos estos elementos, es que se ven superficialmente a la perfección. Nos encontramos expresiones faciales completas, auténticas, bien ejecutadas, duraderas, repetidas, intensas, no son breves ni se intentan reprimir, es decir, Errejón está muy enfadado, triste y tenso con la situación, y lo más importante, quiere expresarlo, transmitirlo a conciencia, que todos lo sepamos.

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Gana la comunicación no verbal de Albert Rivera en el segundo debate de investidura

Albert Rivera durante su intervención en el debate de investidura del líder socialista. (EFE/Zipi)

Albert Rivera durante su intervención en el debate de investidura del líder socialista. (EFE/Zipi)

El claro protagonista en el segundo debate de investidura fue sin duda el comportamiento no verbal, nos encontramos con constantes gestos de asentimiento o desaprobación que da buena cuenta de los acuerdos o no que existen entre partidos. Y si hay que que señalar a un representante político concreto, gana el lenguaje no verbal de Albert Rivera, que con su intervención rebajó la tensión creada momentos antes en el hemiciclo.

Y es curioso, porque normalmente él es una persona muy nerviosa y muy inestable emocionalmente, lo vimos muy descontrolado en los debates durante la campaña electoral. Pero en estas jornadas de investidura está muy relajado, su tono es conciliador, el discurso pausado y tranquilo, utiliza las pausas y los silencios adecuadamente, su corporalidad es natural y espontánea, repleta de gestos ilustradores de su mensaje que hacen que se perciba como creíble, sus palabras se transmiten producto de la convicción y la sinceridad. No ha entrado al trapo del tono bronco que había adquirido el debate hasta el momento, no hay agresividad en su actitud. Y sobre todo, y lo más importante para resultar triunfante en su intervención, es que aún teniendo ésta una duración considerable, no lee, esto es uno de los aspectos fundamentales para conectar con el espectador, la percepción que despierta en el observador será de seguridad, honestidad  y la sensación de que no habla para sí mismo, para brillar soltando un mensaje rimbombante sin más, sino que demuestra su afán por abrirse a una comunicación efectiva, crear conexiones, se esfuerza por convencer.

Pedro Sánchez, en la primera sesión de investidura estaba muy nervioso, denota la importancia de ese momento para él, estaba tenso, se balanceaba. En esta segunda jornada estaba mucho más tranquilo y sereno, aunque como es habitual sus gestos y ritmo del discurso resultan demasiado artificiales, están encorsetados y ensayados y como casi siempre peca de falta de naturalidad.

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