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Insólita sumisión de Trump ante el Rey Felipe VI

El lenguaje corporal de Donald Trump siempre trasciende. Su comunicación gestual es muy potente y suele gritar más que sus propias palabras. Habitualmente nos encontramos posturas de apertura que avasallan al resto de los presentes, orgullo, desprecio, agresividad en sus gestos y movimientos, y, sobre todo, los ya famosos apretones de mano, con la palma hacia abajo y una fuerza desproporcionada que transmite la dominación y el interés por la superioridad más absoluto de Trump.

En el momento del saludo, se produce un gesto regulador de los más importantes para marcar las relaciones interpersonales desde el primer contacto. Este sencillo gesto tiene la capacidad de mediar, potenciar o arruinar la futura relación entre dos personas, conectar o desconectar la vía emocional y los vínculos de confianza entre ambos. Es un gesto muy revelador para la formación de primeras impresiones, por ello, siempre requiere de una atención especial por parte de los analistas de conducta.

Sorprendentemente, todo esto cambia con el Rey de España, Felipe VI; la atmósfera de cordialidad ha sido la protagonista en su primer encuentro en la Casa Blanca, Trump hizo de anfritión y trató a su invitado como se debe, su gestos eran pausados, afectuosos, denotaba relajación, no estaba a la defensiva ni pendiente de demostrar nada. Sus emociones eran serenas, las sonrisas sinceras…

¿Y el momento del apretón de manos? ¡Sumiso! Este fotograma es clave; vemos cómo Trump ofrece su mano con la palma hacia arriba, relajada, dejando que el Rey sea quién la sujete con fuerza desde arriba, cediendo así la posición de poder. Bueno… parece que Felipe VI ha ganado (o le han dejado ganar) la batalla por el poder gestual, Trump le respeta, por el momento, seguiremos observando… 🙂

(EFE/Chris Kleponis)

Los novedosos detalles en el mensaje navideño del Rey Felipe VI

El rey Felipe VI durante su discurso. (EFE)

El rey Felipe VI durante su discurso. (EFE)

Un año más el discurso navideño del Rey Felipe VI trasciende por su contenido pero también por el argumentario no verbal que rodea el mensaje. Se han producido cambios importantes, pero, como siempre, no ha sido recibido a gusto de todos.

Este año el interés residía en las palabras que pudiera pronunciar al respecto de la delicada situación en Cataluña. Y sí, se pronunció, pero con un discurso muy diferente al que realizó tras el 1-O, en aquel transmitió una ira intensa y una profunda tristeza, gesticuló muchísimo, todo reflejaba un gran impacto emocional; se esforzaba por enfatizar sus palabras y que sus ideas traspasaran la pantalla.

En esta ocasión, en general, su alegato se ha percibido bastante más frío. Ha perdido gesticulación, emocionalidad y fuerza en su comunicación. En particular, al hablar del tema catalán esta conducta se ha mantenido sorprendentemente. Dictaba su posición de un modo sereno, sosegado, cordial, amable, con gestos abiertos y conciliadores.

Eso sí, destacan algunos detalles innovadores este año: una bandera europea mucho más visible que en años anteriores (por supuesto, junto a la española) y un plano insólitamente corto para el Monarca, en mi opinión, este primer plano constante es muy acertado, ya que de esta forma puede conectarse mucho más con el espectador, aparece muy favorecido, cercano, empático y comprometido con lo que dice.

Ojo también al contenido verbal. El año pasado, la palabra más citada por el Rey fue “sociedad”, este año las más repetidas han sido “España” y “convivencia”

La réplica (no verbal) de Puigdemont al Rey Felipe VI

El presidente de la Generalitat reaparece, con una escenografía solemne y una sola bandera (la catalana), tras la intervención del Rey después de lo acontecido el 1-O. Ya vimos cómo la comunicación no verbal dotaba de un plus de significado el mensaje de Felipe VI, y de nuevo con Puigdemont le expresión emocional vuelve a dar pistas sobre la profundidad de las palabras.

En general, su comunicación ha sido más espontánea y natural que la del Rey, no estar sentado ha contribuido a esta diferencia, ya que tenía más libertad de movimiento y esta dinámica provoca que el cuerpo ‘se suelte’ y ‘hable’ más (con el riesgo de que esto nos beneficie o no…).

Sorprendentemente, me ha parecido muy relajado, su rostro aparecía sereno cuando no suele ser habitual. El ceño fruncido forma parte de su línea base de comportamiento y en este caso solo mostró ira mientras enunciaba la intervención policial en Cataluña contra el pueblo civil catalán, acompañado después de tristeza.

Su expresión gestual es muy ilustrativa, coherente con el mensaje, armónica, con lo cuál denota credibilidad y convicción total en lo que dice. Los gestos de sus manos fueron muy adecuados, juntaba los dedos en forma de pirámide, transmitiendo así reflexión, calma y seguridad. Todo marchaba en una línea positiva hasta que menciona al rey y le devuelve (inconscientemente) el gesto del dedo acusador, levanta su dedo índice y señala a cámara con su mano izquierda, con la derecha y finalmente con las dos.

Este gesto tan sutil y aparentemente inofensivo entraña un significado nada positivo, de forma no consciente nuestro cuerpo quiere culpar, obligar o señalar de forma agresiva a nuestro interlocutor. Las personas que habitualmente realizan este gesto suelen creer que están en un nivel por encima de la persona a la que señalan, pueden pensar que tienen más autoridad. Sin embargo, también puede ocurrir que las personas que con frecuencia no señalan con el dedo, lo hagan, por ejemplo, en el caso de que estén enfadadas y crean que llevan la razón o pueden apuntar con el dedo para señalar que es la otra persona la que tiene la culpa de lo ocurrido…

¿Cuál es vuestra hipótesis?

 

 

 

Lo que los Reyes dicen sin decir en su felicitación navideña

La fotografía que acompaña la felicitación navideña de la Familia Real. CASA DE S.M. EL REY

La fotografía que acompaña la felicitación navideña de la Familia Real. CASA DE S.M. EL REY

La fotografía familiar que utiliza la Casa Real cada año para felicitar la Navidad es una buena ocasión para comunicar al mundo un discurso sin palabras, la escenografía y cada detalle se escogen cuidadosamente para transmitir sensaciones.

En primer lugar, reaparecen como familia. El año pasado desaparecieron los Reyes de la imagen dejando a sus hijas como únicas protagonistas, hecho que personalmente se me hizo extraño y me pareció inadecuado, puesto que pierde el sentido del mensaje.

Ahora posan los cuatro miembros unidos, muy unidos, en primer lugar porque comparten expresión facial, todos sonríen ampliamente, transmitiendo positividad, energía y felicidad del núcleo familiar. También porque el contacto es bastante significativo, Leonor y su padre aparecen unidos entrelazando sus manos y Sofía arropada por los brazos de su madre. Todo ello transmite cercanía, seguridad en los vínculos de apego y conexión.

Sin duda, la Princesa Leonor representa la figura central de la imagen, siendo la única que no mira fijamente a cámara y que no tiene detalle alguno en color burdeos. Por estos detalles, por su posición y el espacio que ocupa en la escenografía está claro que la intención es que ella destaque ligeramente por encima del resto, su importancia se hace palpable, no olvidemos que por ahora sería la futura sucesora del Rey, y parece que quieren dejar buena constancia de ello.

 

La proxémica habla: el saludo distante entre Doña Letizia y Rita Barberá en el besamanos

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Captura de la retransmisión en TVE

Ha sido polémico el tradicional besamanos a Sus Majestades Don Felipe VI y Doña Letizia, que tuvo lugar el pasado jueves, día en que se celebró el acto de apertura de la legislatura en la Cámara Baja. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha señalado que su formación no asistió a este besamanos porque “le da asco” hacer cola con la exalcaldesa de Valencia y senadora Rita Barberá (imputada en un importante caso de corrupción) para darle la mano al Rey Felipe VI.

Todos los focos estaban puestos en Barberá, cada gesto, cada mirada, su saludo con los reyes, su expresión facial, todo cuenta para tratar de identificar si hay en ella preocupación, o si ha perdido la aceptación de su círculo político y social. En este caso nos da la pista el canal proxémico, es decir, la organización del espacio en la comunicación lingüística; el estudio de las relaciones, de proximidad, de alejamiento, etc, entre las personas y los objetos durante la interacción, las posturas adoptadas y la existencia o ausencia de contacto físico.

No podemos valorar el saludo entre Rita Barberá y el Rey Felipe VI, ya que justo en ese momento (casualidad o no) cambiaron de plano en la emisión a uno más general. Pero sí se ha captado esa instantánea con la Reina, y como vemos en la imagen, su valor no verbal es muy potente.

En primer lugar, destaca el ángulo formado por el brazo derecho de Doña Letizia. Teniendo en cuenta que, si el brazo de la persona se extiende más hacia su interlocutor, la actitud es más positiva que si se extiende menos, ésta es una postura muy significativa. Se trata de la diferencia del ofrecimiento de uno mismo hacia el otro, es decir, el interés por mostrar dicha actitud se vería reflejado, en parte, por la mayor o menor extensión del brazo.

Como podemos apreciar en este caso, no es que el brazo de la Reina se extienda poco, es que más bien se retrotrae detrás de la vertical, no hay ofrecimiento ni proximidad alguna por su parte. Podría ser una conducta habitual en Doña Letizia, pero si observamos el resto de interacciones con el resto de asistentes, este gesto no se ejecuta de esta forma con nadie más.

Pero hay un segundo punto importante que reforzaría también esta interpretación de rechazo. Fijaos en qué comportamiento tiene la mano. En la fotografía con Rita Barberá, la mano de Doña Letizia no está cerrada, en un gesto antinatural para esta acción, no coge la mano de la otra persona.

 

 

*Fuentes de consulta:

http://analistasdelamentira.blogspot.com.es/

Hall, E. T. (1994). Proxémica. La nueva comunicación. Barcelona. Kairós. 199-299.