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Solo una sonrisa puede hacer que te precipites al vacío (literalmente)

Existe un estudio psicológico muy antiguo (EE.UU. 1957) sobre el poder de la sonrisa. Éste marcó todo un hito en la psicología experimental, ya que comenzó a demostrar cómo la comunicación no verbal, en este caso, entre una madre y su bebé puede ser más poderosa de lo que se creía hasta entonces.

Los científicos observaron que en circunstancias normales, los bebés de aproximadamente 1 año de vida gateaban hacia sus madres independientemente de la expresión facial que éstas tuvieran mientras tanto. Pero modificando estas condiciones de seguridad, la situación cambiaba por completo. Colocaron a los bebés en el extremo de un acantilado visual (una superficie segura pero transparente y en altura), en el otro extremo, se situaba la madre de cada bebé.

Las criaturas, por supuesto, tenían la sensación de que si avanzaban hacia sus madres se precipitarían al vacío. Si las madres se mantenían serias, con gestos de miedo o enfado, los bebés no traspasaban la plataforma, pero todo cambiaba cuando la madre le miraba sonriendo, los bebés superaron la desconfianza y cruzaban la superficie (que simulaba un abismo) hacia ella.

Aquí podéis observar parte de la secuencia:

 

 

A pesar de las sonrisas, Pedro Sánchez no está contento con las elecciones

El rey de las sonrisas del panorama político siempre ha sido Pedro Sánchez, sonrisas además bien ejecutadas, de esas sonrisas bonitas y creíbles. Pero como ya sabemos, las sonrisas nunca son aisladas y se interpretan en un contexto, que en el caso de anunciar las elecciones, no fue muy positivo.

El actual presidente del Gobierno intentó gestionar las emociones positivas para transmitir optimismo y confianza y no parecer alterado o enfadado. Pero es difícil. Finalmente cuando se relajó se filtraron emociones que no iban en consonancia con la auténtica expresión sincera de la alegría.

Lo que más destaca es la represión emocional, el control más absoluto de su lenguaje corporal; visible por la presión continua en su mandíbula y labios, los aprieta con fuerza casi a lo largo de toda su intervención, lo cuál proyecta tensión y contención.

Tal y como detecta mi compañero y amigo José Luis Martín Ovejero en su blog, hay tres momentos de intensidad emocional muy negativa: Ira, cuando anuncia la fecha de las elecciones. Tristeza, cuando habla del bloqueo de sus presupuestos y desprecio cuando dice que “vivimos en un país en el que cabemos todos”.

Podréis observar cómo a veces las sonrisas son solo un decorado de nuestro estado emocional, y por más que intentemos que sea nuestra carta de presentación, es difícil mantener el control en una situación de alto impacto emocional.

Tu bebé sabe cuándo mientes

Si crees que puedes fingir emociones con tu bebé estás equivocado. Investigadores de la Universidad de Concordia descubrieron en el año 2013 que los bebés de 18 meses ya pueden darse cuenta de que algo no encaja cuando  los sentimientos y las reacciones no se alinean.

Las implicaciones de este estudio son significativas, especialmente para los cuidadores. “Nuestra investigación muestra que no se puede engañar a los bebés para que crean que, por ejemplo, algo que causa dolor resulta en placer. Los adultos a menudo tratan de proteger a los bebés de la angustia poniendo una cara feliz después de una experiencia negativa. Pero los bebés saben la verdad: desde los 18 meses, pueden entender implícitamente qué emociones van asociados con qué eventos “, declaró el profesor de psicología Poulin-Dubois.

Fotografía Pixabay

Para realizar el experimento, ella y su candidata al doctorado Sabrina Chiarella reclutaron a 92 bebés con 15 y 18 meses de edad. En un entorno de laboratorio, los bebés observaron cómo un actor pasaba por varios escenarios en los que las reacciones emocionales iban con o en contra de las experiencias. En un caso, el investigador expresó una emoción que no coincidía, estar triste cuando se le presenta un juguete deseado. En otra, ella expresó una emoción que acompañaba a la experiencia, reaccionando con dolor al fingir lastimarse el dedo.

A los 15 meses, los bebés no mostraron una diferencia significativa en las reacciones a estos eventos, mostrando empatía a través de sus expresiones faciales a todos los rostros tristes/de dolor. Esto indica que la comprensión del vínculo entre una expresión facial después de una experiencia emocional es una habilidad que aún no se ha desarrollado en esa etapa.

A los 18 meses, sin embargo, los bebés detectaron claramente cuando las expresiones faciales no coincidían con la experiencia. Pasaron más tiempo mirando la cara del investigador y se reunieron con el cuidador en la sala para que pudieran evaluar la reacción de una fuente confiable. También mostraron empatía hacia la persona solo cuando su rostro compungido estaba justificado.

Chiarella explica que la indiscriminada muestra de preocupación por los rostros tristes en los bebés más pequeños es un comportamiento adaptativo. “La capacidad de detectar la tristeza y luego reaccionar de inmediato tiene una implicación evolutiva. Sin embargo, para funcionar de manera efectiva en el mundo social, los niños necesitan desarrollar la capacidad de comprender los comportamientos de los demás al inferir lo que está sucediendo internamente para quienes los rodean”.

Adorables… ¡Aquí tenéis la muestra! 🙂

 

*Fuentes de consulta:

Universidad de Concordia. “Los bebés saben cuando estás fingiendo, según muestran los investigadores de psicología”. Ciencia diaria. ScienceDaily, 16 de octubre de 2013. <www.sciencedaily.com/releases/2013/10/131016145638.htm>.

https://www.sciencedaily.com/