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¿Por qué es tan difícil cambiar de opinión? La política también crea fieles adeptos

Cabe hacerse esta pregunta en el panorama político en el que nos encontramos ahora.

He escuchado, no en pocas ocasiones, que el voto electoral a un partido u otro se hace por tradición, por costumbre, incluso por el gusto o afecto hacia un representante político en concreto (obviando el resto del envoltorio), “yo es que soy muy de Pedrito”, “en mi familia siempre se ha votado al PP y yo hago igual”, “he votado siempre al PSOE y pase lo que pase lo seguiré haciendo”.

La política también nos fideliza y nos anula el pensamiento crítico, negamos nuestra capacidad para analizar y cambiar de opinión si es que algo de lo que estamos viendo en ‘nuestro partido político’ no nos gusta.

¿Qué nos ocurre? Ceder, negociar o incluso replantearte algo que consideras parte de tu esencia es traicionarte. La resistencia al cambio es una evidencia, y no es un hecho subjetivo, renunciar a una postura o asimilar una idea contraria es un proceso que resulta realmente agresivo para nuestro cerebro.

Cuando nuestros argumentos y pensamientos son confrontados (da igual que sea por hechos contrastados) la química de nuestro cerebro experimenta los mismos mecanismos que cuando nos sentimos amenazados o en peligro. En este momento el sistema límbico toma el control sobre la parte racional de nuestro cerebro, y no importa cuan valiosa sea la nueva idea que tengamos delante o lo evidente que pueda resultar, ya que nuestro cerebro se encuentra en modo defensivo.

Así, cambiar de opinión requiere de un esfuerzo de reflexión y en ocasiones, hasta supone un verdadero acto de voluntad. Interpretamos la realidad no como es, sino como nos conviene, así que no es de extrañar que insconscientemente, al igual que sentimos rechazo por ideas que no compartimos, busquemos refugio en opiniones parecidas a las nuestras, que refuercen lo que creemos. Es entonces cuando nos adentramos en el concepto de ‘sesgo de confirmación‘, es decir, tendemos a aceptar mucho más fácilmente las ideas que ya corresponden con nuestra visión de la realidad.

Al contrario que ocurre cuando nuestras ideas son cuestionadas, cuando nuestras opiniones son valoradas de forma positiva o coinciden con la de nuestros semejantes, en el cerebro se activan los sistemas de recompensa en los que la dopamina serotonina -dos neurotransmisores que regulan las sensaciones del placer, el bienestar y la felicidad- cumplen su función haciéndonos sentir más importantes y afectando positivamente a nuestra autoestima.

La conclusión inmediata parece desoladora. ¿Renunciamos a la información? ¿Desistimos de modificar una idea que ahora vemos equivocada para no desvincularnos de nuestra comunidad cognitiva? Como indica Sloman, no hay soluciones únicas y definitivas, pero eso no significa que no haya cosas que podamos hacer. Él sugiere obligarnos a explicar cómo funcionan las cosas en lugar de describir qué nos parecen. Eso nos haría ser más conscientes de la limitación de nuestro propio conocimiento y por lo tanto más abiertos a aceptar argumentos distintos.

 

 

*Fuente: National Geographic/Ciencia

Los dos criterios que más valoramos en un líder político

Nuestro cerebro juzga constantemente a los demás, no puede dejar de hacerlo, sobre todo con desconocidos.

Es un patrón evolutivo que conservamos de nuestros antepasados cavernícolas, ya que entonces, era cuestión de pura supervivencia, era crucial averiguar si tu prójimo se mostraba confiable o no, podía matarte, robarte o ayudarte, querer formar parte del grupo a través de la afiliación emocional y todo ello se tenía que percibir e interpretar a través de la comunicación no verbal.

En nuestros días ya existe un lenguaje desarrollado y complejo para dar y recibir información, pero nuestro cerebro sigue fiándose más de las sensaciones de los primeros minutos de exposición, ya que sabe que el mensaje verbal, nuestras palabras, no es íntegro; es controlable y manipulable a voluntad.

Todos realizamos valoraciones en cuestión de segundos, en política con mayor empeño si cabe para tratar de acertar en nuestra importante ‘apuesta’, pero ¿qué es lo que analizamos exactamente?

La profesora de Harvard, Amy Cuddy, ha realizado estudios longitudinales durante más de 15 años y los primeros resultados son claros, los dos rasgos que queremos ver en los demás, sobre todo si va a gobernar nuestro país, son la ‘calidez’ y la ‘competencia’. Nuestro cerebro trata de indagar continuamente si tiene estos dos rasgos a través de dos preguntas: ¿Puedo confiar en esta persona? y ¿puedo respetar a esta persona?

Podríamos pensar que la segunda dimensión, ser competente, podría ser la principal sobre todo en política o en un contexto laboral, al fin y al cabo queremos que sea lo suficientemente inteligente y capaz de manejar la presidencia. Pero lo cierto es que la calidez, o la confianza, es el factor más importante en la forma en que la gente evaluamos.

También es evolutivo, nuestros antepasados preferían confiar en alguien que no fuera a matarles que confiar en alguien que hiciera bien el fuego.

La competencia es importante y una cualidad muy valorada pero sólo se apreciará después de que ya se establezca la confianza, por tanto, que nuestros políticos se esfuercen en exceso en mostrar sus fortalezas, poderes y habilidades puede llegar a ser incluso contraproducendente, nos resultarán distantes e inaccesibles.

La psicóloga Amy Cuddy lo sintetiza así: “Si alguien a quien estás tratando de influenciar no confía en ti, no vas a llegar muy lejos; de hecho, es posible que hasta despiertes sospechas porque parezcas un manipulador. Una persona cálida y digna de confianza que también es fuerte suscita admiración, pero sólo después de haber establecido la confianza, su fuerza se convierte en un regalo y no en una amenaza“.

¿Lo lograrán?

¿Sabías que no hay dos gritos iguales y por qué lo hacemos?

Tenemos claro que en el reino animal, las distintas especies utilizan el grito como una forma útil de comunicarse, asustar, intimidar, atacar a un posible depredador o, en animales sociales, de reclutar ayuda cuando están en problemas. Sorprendentemente, se sabe mucho menos acerca de cómo funcionan los gritos humanos en la comunicación, o cómo son los gritos humanos de similares o diferentes a los de otras especies.

En el lado opuesto del silencio, que llama a la relajación, el grito es una expresión (no verbal) destinada a alertar. A veces sobre algo positivo, pero casi siempre sobre un hecho no tan agradable. Por lo general, un grito expresa descontrol, desbordamiento de las emociones.

Los seres humanos gritamos porque no encontramos o no queremos encontrar otra manera de expresar lo que sentimos o deseamos. En situaciones felices, el grito es liberador. Permite dar rienda suelta a un sentimiento, sin una razón diferente a la satisfacción de expresarlo. El ejemplo más potente de ello es el gol, ese momento único en donde hay un grito de júbilo casi siempre compartido. También nace de lo inesperado, del dolor, del miedo o de la agresividad, nos ‘carga’ de energía para reaccionar, huir o luchar.

Cuando oímos un grito, nuestro cerebro no lo procesa como cuando escucha un sonido propio de la comunicación verbal, como un fonema, sino que el grito viaja directamente desde el oído hasta la amígdala cerebral, encargada de recibir los ruidos con esas modulaciones y de procesar la información de peligro.

Para ayudar a desentrañar los secretos de los gritos humanos, el profesor de psicología Harold Gouzoules y sus estudiantes en la Universidad de Emory realizaron varias investigaciones sobre el tema, y los resultados fueron sorprendentes.

La mayoría de los voluntarios confundió el sonido de un silbato con un grito humano. Los investigadores descubrieron que los sonidos que se clasificaban con mayor frecuencia como gritos compartían ciertos factores acústicos, entre ellos un tono alto (agudo), así como una gran rugosidad. Extrañamente, hubo un sonido decididamente que no era de grito, un silbato, que el 71% de los participantes calificó como un grito. «Esto tenía sentido, sin embargo, cuando analizamos las cualidades acústicas del silbato, ya que tenía muchos de los rasgos que generalmente se asociaban con los gritos», como el tono alto, el llamado arco, y la rugosidad moderada-alta.

Las vocalizaciones de personas identificadas como gritos provienen de una amplia gama de contextos emocionales, explica Schwartz. «Algunas tenían miedo, mientras que otras estaban enfadadas, sorprendidas o incluso emocionadas», dijo. «En casi todas las demás especies, los gritos están reservados para una situación particular, como un ataque de un depredador o rival; con los seres humanos no ocurre lo mismo».

No hay dos gritos iguales.

El equipo de Gouzoules encontró una gran variación acústica entre los gritos humanos, es decir, no hay dos que suenen igual. Esto plantea la pregunta: ¿Los humanos usan gritos de diferentes sonidos en diferentes situaciones, y podemos discriminar esos gritos e interpretarlos? «En el futuro, planeamos incorporar imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para examinar los fundamentos neurológicos de las reacciones de las personas a los gritos», dice Gouzoules.

«Los gritos son vocalizaciones intrínsecamente interesantes, pero también hay aplicaciones potenciales de la salud humana en la investigación de gritos, ya que existen múltiples trastornos psiquiátricos que involucran el comportamiento de gritar», concluye Gouzoules.

 

 

*Fuente: Información de Agencia – MADRID, 16 May. 2019 (EUROPA PRES) –

Mirar al mar produce cambios increíbles en nuestro cerebro #EstudioCientífico

Con la nostalgia propia del fin de las vacaciones todos recordamos el mar y las sensaciones de paz y tranquilidad que nos provoca. No es ningún secreto, la mayoría de las personas experimenta una agradable sensación de calma, relajación y bienestar cuando está cerca del agua, pero ¿por qué? Los neurocientíficos demuestran que no es solo una percepción subjetiva sino que realmente se producen cambios en nuestro cerebro.

A través de un proyecto llamado BlueHealth, la investigadora Lora Fleming y su equipo de la Universidad de Exeter, en Inglaterra, demostraron el impacto que tiene el mar y sus olas en la mente humana.

De base, nuestro cerebro está sometido a una continua sobreestimulación que impide lograr un verdadero estado de relajación, admirar al profundidad del mar y escuchar su sonido nos permite entrar en una fase de desconexión momentánea, recrea una especie de burbuja alrededor y aporta unas ‘vacaciones’ verdaderas a nuestro cerebro pasando del modo ‘ocupado’ al modo ‘relajado’.

Según el estudio, el sonido de las olas del mar activan la corteza prefrontal del cerebro, un área asociada a las emociones, haciendo que la capacidad de bienestar y autoconocimiento se amplíe. Además, tienen el poder de regular los niveles de serotonina, sustancia química producida por el organismo responsable de la mejora del estado de ánimo y de la reducción de la ansiedad.

Se constató también que el cortisol, la hormona del estrés, reduce sus niveles en el organismo con el ruido de las olas del mar, que tiene patrones de volumen y frecuencia armónicos y relajantes. El sonido generado por el mar puede remitirnos a los ruidos que oímos cuando estábamos en el vientre materno, lo que genera un gran impacto emocional inconsciente en lo que se refiere a la protección y la seguridad.

El entorno en el que nos desenvolvemos está cargado de iones, tanto negativos como positivos. Se ha demostrado que los iones positivos, como los que emiten la mayoría de los equipos electrónicos, merman nuestra energía. Al contrario, los iones negativos, que son comunes en el mar, generan un estado de activación positiva. De hecho, un estudio realizado en el Mount Carmel College de Bangalore desveló que los iones negativos tienen un efecto positivo en nuestro desempeño cognitivo (memoria, atención, creatividad y toma de decisiones).

El mar inspira… ya lo decía Neruda sin saber de la ciencia que escondía: “Necesito del mar porque me enseña”.

 

 

¿Sabes cómo funciona tu cerebro con Tinder?

La revolución tecnológica tan vertiginosa que hemos vivido en la última década no solo ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás, también tiene efectos en nuestra propia neurobiología. Aplicaciones para ligar, como el conocido Tinderofrecen un ‘catalogo’ de hombres y mujeres dispuestos a encontrar el amor, o no tanto…

El funcionamiento es sencillo, a través de fotografías nosotros decidimos si nos gusta o no y, en el primer caso, entablamos una conversación. El problema es que nuestro cerebro no esta preparado para esto. Realmente estamos programados para juzgar a los demás en movimiento, necesitamos de gestos, sonrisa, forma de hablar, etc para establecer una asociación a largo plazo; estas aplicaciones, por contra, estimulan la búsqueda de aventuras amorosas cortoplacistas.

Esto no quiere decir que las aplicaciones de citas tengan la culpa de la fobia al compromiso, pero sí que facilita que este tipo de personalidades den rienda suelta a sus impulsos a través de estas ‘citas en línea’.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro? Según ha descrito Rob Henderson a partir de un estudio del Donders _Center for Cognitive Neuroimaging_ de Holanda:

«La región involucrada en el procesamiento de recompensas químicas es más activa cuando vemos caras atractivas. Esto, sumado al factor de impredecibilidad (no sabes cuando un supermatch te dará like ni cuando un match contestará a tu mensaje), aumenta todavía más el circuito de recompensas. La consecuencia de este chute químico es evidente: nos mantiene expectantes y enganchados irremediablemente. Completamente similar al funcionamiento de las adicciones.

Tinder modifica ciertas respuestas de nuestro cerebro. Inicialmente, la activación dopaminérgica —la misma que proporciona agradables sensaciones de recompensa—solo tendrá lugar si se recibe una respuesta de la persona seleccionada (en nuestro caso, un match a través de la app).

No obstante, conforme se haga mas frecuente la utilización de Tinder, el organismo acabará generando dopamina no sólo al recibir un match, sino también ante señales que predigan que la respuesta va a llegar.

Esta simplificación para recibir una recompensa química ante simples modificaciones que hagan sospechar la proximidad del match, traducido a un lenguaje más comprensible, será indicativa de que se ha instaurado una adicción. Por ello, el mejor modo de detección y prevención de esta situación, es ser consciente de ello y de las consecuencias negativas inherentes al abuso — y consecuente enganche — a cualquier red social.»

Utilizar estas apps, reduce las probabilidades de encontrar una relación estable y duradera. El deseo de establecer una relación no esporádica se desvaneceen parte debido a que en las aplicaciones, el usuario siempre encontrará nuevas y más atractivas opciones que le animarán a salir con alguien más y distinto a la persona anterior.

La consecuencias serán la predisposición a la adicción a las app y, paradójicamente, la disminución de las probabilidades de establecer una  relación sólida e intensa a la vez.

 

*Fuente de consulta: Rob Henderson – The Science Behind What Tinder Is Doing to Your Brain (2018)

La ciencia lo confirma: Nunca te vayas a dormir enfadado

Siempre lo digo en este blog. No debemos reprimir e ignorar a las emociones negativas, son alertas necesarias, debemos hacernos autoconscientes de ellas pero tenemos que gestionarlas de manera cuidadosa para poder afrontarlas de manera constructiva, ya que con el tiempo pueden resistirse a desaparecer y afectarán peligrosamente a nuestra salud mental.

Foto Pixabay Free License

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Los investigadores de la Universidad china de Beijin mantenían la hipótesis de que la superación de las emociones negativas sería más difícil cuanto más tiempo pasara, y así lo demostraron con un estudio publicado en la revista científica ‘Nature Communications, los resultados mostraron que cuando solo había pasado media hora, los participantes habían logrado borrar de su mente las imágenes negativas (a las que anteriormente fueron expuestos) con mayor facilidad que cuando transcurrían 24 horas posteriores.

El proceso fue controlado a través de un escáner cerebral, esta prueba fue la clave para desvelar el porqué de los resultados, cuando solo habían pasado 30 minutos la actividad neuronal estaba concentrada en la zona del hipocampo (centro de la memoria del cerebro). Pero cuando habían pasado 24 horas, la zona más activa se había distribuido por la corteza cerebral. Por tanto, mientras los participantes dormían las emociones negativas se habían asentado y expandido por todo el cerebro… 

¡Nunca te acuestes enfadado!

 

*Referencia: Liu, Y. et al . La consolidación de la memoria reconfigura las vías neuronales involucradas en la supresión de los recuerdos emocionales. Nat. Comun. 7, 13375 doi: 10.1038 / ncomms13375 (2016).

El ‘síndrome de Cotard’: cuando todo carece de significado y crees que estás muerto

Sí, suena terrorífico y lo es. El síndrome de Cotard se trata de una enfermedad mental en la que el sujeto cree estar muerto (tanto figurada como literalmente), estar sufriendo la putrefacción de los órganos o simplemente no existir.

Quería compartirlo con vosotros aquí porque precisamente la afectación cerebral se asocia a un error en la gestión de las emociones; el procesamiento de la información que proviene del exterior es correcto, son capaces de ver su propio cuerpo realmente y en un espejo sin alteración visual pero lo notan como algo extraño, como si no existieran.

Realmente, lo que falla es la respuesta emocional de la que debería acompañarse este procesamiento, ya que, para ellos todo carece de significado. El paciente padece alteración en la intensidad de sus emociones, pierde energía vital y es dominado por la negatividad. Al parecer, la raíz principal de este delirio se encuentra en el funcionamiento anómalo de la parte del encéfalo asociada al procesamiento de las emociones: el sistema límbico, en la base del cerebro, hiperactividad en la amígdala y una reducción significativa en los receptores de dopamina.

Este trastorno mental hace que quien lo padece llegue a cuestionarse su propia existencia. Los afectados pierden la capacidad racional y lógica que todos tenemos y les lleva a negar hasta las cosas más obvias, como que están vivos. Sufren una despersonalización, pueden tener alucinaciones y estados de depresión muy severos. El final de casi todos estos pacientes suele ser trágico, ya que suele ser frecuente que se automutilen, por pensar que sus miembros se están descomponiendo o incluso llegar al suicidio, ya que se creen inmortales, pueden saltar al vacío que creen que no les va a pasar nada porque ‘ya están muertos’.

Hasta ahora, este síndrome es denominado como uno de los trastornos psiquiátricos más misteriosos y peculiares que existen. Todavía hay muy pocos estudios al respecto en nuestro país y, en general, tampoco abunda la literatura científica a nivel internacional. Su presentación es infrecuente y su incidencia real no se conoce, tampoco su evolución exacta.

Lo que nos enseña esta terrible enfermedad es que el cerebro humano lleva a cabo tareas muy complejas y variadas para que podamos percibir e interpretar cómodamente la realidad. Que este proceso sea automático y la mayoría de las veces salga bien no significa que alguna de las piezas del engranaje no pueda llegar a fallar, dejándonos con unos ojos, orejas, narices y bocas que informen correctamente sobre un mundo sin significado.

 

Tú también puedes predecir las emociones

Detectar las emociones en los otros es importante, tanto que incluso ha sido fundamental para la supervivencia y evolución del ser humano. Con la emoción de asco, por ejemplo, nuestros antepasados comunicaban al resto que un alimento estaba en mal estado y no debían comerlo, con la alegría socializaban, organizaban grupos y procreaban, o con el miedo avisaban de un peligro inminente.

Constantemente nuestro cerebro quiere adivinar qué nos está comunicando otra persona, no solo con sus palabras sino también con sus expresiones, que son más fiables y espontáneas que los manipulables mensajes verbales.

Pero, ¿realmente somos capaces de adivinar las emociones de otros? Ciertamente ya nos supone un esfuerzo interpretar ciertas expresiones faciales con indicadores claros (se suele confundir por ejemplo el miedo con la sorpresa, o la ira con el asco y el desprecio), aún así, una investigación realizada por científicos del Dartmouth College, muestra que sí, podemos predecir las emociones gracias a la actividad de nuestro cerebro. Los autores descubrieron que existían una “firma” neural característica que ayuda a estimar con un 90% de eficacia las emociones que siente una persona.

Fotografía Pixabay Free License

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182 personas participaron en la investigación. A todos ellos se les mostraban imágenes neutras y negativas; para medir el índice de predicción, utilizaron técnicas de neuroimagen, los resultados indicaban la detección de una “firma” de emociones negativas en la actividad cerebral de los voluntarios. Concretamente en la corteza y subcorteza cerebral. Al presentar las fotografías neutrales y negativas a los participantes, los investigadores observaron un marcador neurofisiológico para las emociones inducidas por imágenes relacionadas con violencia, agresiones y odio. Es decir, las percepciones negativas quedaban de algún modo señaladas en la actividad cerebral de los participantes.

Estas conclusiones experimentales demuestran que a pesar de lo difícil que resulta ‘adivinar’ cómo se siente otra persona, existe una “firma neural” o “marcador” que se activan inconscientemente ante las emociones negativas percibidas de otra persona.

 

*Fuente: Chang LJ, Gianaros PJ, Manuck SB, Krishnan A, Wager TD (2015) A Sensitive and Specific Neural Signature for Picture-Induced Negative Affect. PLoS Biol 13(6): e1002180. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1002180

¿Reconoces la amenaza en el rostro de los demás?

Podemos tener dudas a la hora de reconocer la emoción de ira en un rostro, pero tranquilos, nuestro cerebro ya lo hace por nosotros y es capaz de detectar una cara amenazante de forma inconscienteEsto puede parecer inverosímil, pero como el Dr. Harald Schupp y un equipo de investigadores descubrieron ya en el año 2004, estamos programados a un nivel evolutivo para experimentar una respuesta de miedo al detectar la amenaza percibida en otra cara. Si bien es posible que no sepamos lo que está sucediendo, a nivel fisiológico, nuestro cuerpo ciertamente reacciona.

Esta investigación está profundamente arraigada en nuestra historia evolutiva. Nuestras emociones básicas universales (alegría, sorpresa, ira, asco, miedo y tristeza) se basan en cómo evolucionaron nuestros rostros; por ejemplo, entrecerrar los ojos para desconectarnos de las imágenes repugnantes. 

La percepción de amenaza en la cara de otro está profundamente entrelazada con nuestra respuesta de miedo. Las investigaciones han descubierto que detectamos amenazas en los rostros de los demás mucho más rápidamente que las emociones positivas, y nuestros cerebros se preparan rápidamente para lo peor. El trabajo del Dr. Schupp va aún más allá, al observar la respuesta neurológica básica que se activa al percibir la amenaza en la cara de otra persona.

En el estudio, un pequeño grupo de participantes fue reclutado y posteriormente expuesto a una serie de imágenes que representan emociones básicas: amenaza/enojo, felicidad y una cara neutral. Se pidió a los participantes que calificaran cada rostro según el grado en que pareciera amistoso o amenazante, pero solo estuvieron expuestos al rostro por un breve instante, monotorizándose la actividad cerebral para detectar cambios neurológicos.

De acuerdo con sus hipótesis, el estudio encontró que el cerebro muestra una actividad marcadamente diferente casi de inmediato. Sin embargo, la diferencia entre un reconocimiento de amenaza y un reconocimiento amistoso fue mucho mayor que entre amigable y neutral, lo que sugiere que nuestros cerebros están respondiendo de manera más categórica a la amenaza que a otras expresiones faciales. Es más, nuestro reconocimiento no se detiene al detectar la amenaza como sí que lo hace cuando reconocemos un rostro amistoso. En su lugar, continúa procesando el estímulo para formular una respuesta precisa, como huír o luchar.

La comprensión de que nuestro cerebro tiene una reacción profunda e instintiva ante la amenaza nos ayuda a ser más conscientes de lo que sucede instintivamente cuando vemos una cara. Algunas caras pueden inspirar una sensación de ansiedad o consternación subconscientes, y esto perfectamente puede estar vinculado a nuestros procesos de reconocimiento neurológico.

 

 

*Fuente: Can You Spot the Anger? – Humintell

Cómo influyen las emociones de tu inconsciente

Cada día, a todas horas, recibimos una ingente cantidad de información emocional y la procesamos sin darnos cuenta. Las palabras subliminales afectan a la forma de expresarnos y de tomar decisiones, según demuestra una investigación de la Universidad Complutense de Madrid.

“Gran parte de la información emocional la procesamos de forma inconsciente y afecta a nuestra manera de pensar. Es decir, razón y emoción se combinan en nuestra vida cotidiana, sin que seamos conscientes de ello”, explica Manuel Martín Loeches, profesor de Psicobiología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y coordinador de la sección de Neurociencia del centro que ha llevado a cabo el estudio.

Según los autores del experimento, “las palabras emocionales infiltradas en una oración afectaron al procesamiento sintáctico–la estructura misma de una oración que estemos procesando y las decisiones que tomaron los individuos analizados.”

Para llegar a estas conclusiones, publicadas en Frontiers in Human Neuroscience, los investigadores midieron la actividad eléctrica del cerebro de 24 participantes. Su tarea consistía en leer cada una de las 180 oraciones presentadas en una pantalla de ordenador y a continuación decidir si la oración conscientemente percibida contenía o no un error sintáctico. Al final de la tarea, ante la sorpresa e incredulidad de los participantes, se comprobaba que éstos no habían sido conscientes en ningún momento de la existencia de dicha información emocional subliminal.

La comprensión del lenguaje, y en particular el procesamiento sintáctico, estaban influidos por la información emocional subliminal, dado que se veía afectado el patrón de actividad eléctrica cerebral más automático y temprano ligado al procesamiento de la información sintáctica (LAN).

Es decir, “sus cerebros habían procesado la información, como demuestra la aparición de un patrón de actividad eléctrica característica del procesamiento emocional”, señala Laura Jiménez Ortega, investigadora del departamento de Psicobiología de la UCM y coautora principal del trabajo. Jiménez añade que “los participantes presentaban más problemas de los habituales en decidir si la oración era incorrecta”, por lo que dedujeron que estas palabras subliminales afectan de forma directa a la toma de decisiones.

(Pincha aquí para acceder al estudio completo)

 

*Fuente: Universidad Complutense de Madrid